Pompas de jabón. Jean Simeon Chardin, 1733/34
La vida, por qué no decirlo, es frágil como una pompa de jabón. Hablando de pomposos, o pomposas: ha habido críticos que ven en este cuadro un canto a favor de la proxesia. Dicho en castellano: de la atención.
No está de más, aunque sea a través un recurso iconográfico, defender el hecho de “prestar atención”. Aunque el destinatario de nuestro esfuerzo sea algo tan endeble e intrascendente como una esfera vacía compuesta por agua y jabón, y que cobra cuerpo con un hondo soplido. Miren ustedes el embelesamiento curioso del niño, que admira el nacimiento de la dichosa pompa como si fuera un pequeño milagro. Llámenlo como prefieran: cuadro cursi o ingenuidad hermosa. (Figura 1)














