INTRODUCCIÓN
La realización de actividad física conlleva una serie de beneficios fisiológicos y psicológicos (Rodríguez Torres et al., 2020; Ávila-García et al., 2021). Esta se ha relacionado con mayores niveles de bienestar físico, social, emocional y mental (Acebes et al., 2019), así como la prevención de lesiones o problemas osteoarticulares, y una mayor esperanza de vida (Molanorouzi et al., 2014). En los últimos años, se ha incrementado notablemente el número de publicaciones de carácter científico que relacionan variables como la motivación o el rendimiento en el ámbito deportivo con la Inteligencia Emocional (Yücel y Özdayi, 2019). La mayoría de los estudios concluyeron que existe una correlación positiva entre el rendimiento, el éxito deportivo y la Inteligencia Emocional (Castro et al., 2019; Dumčienė, 2020; Ramos et al., 2020).
La Inteligencia Emocional o IE, es un constructo que ha cobrado relevancia en las dos últimas décadas. Según Salovey y Mayer (1990), la IE estaría conformada por un conjunto de habilidades como la percepción, la asimilación, la comprensión y la regulación de emociones, tanto propias como ajenas. Numerosas investigaciones han demostrado la importancia que tiene la IE para los seres humanos, especialmente en el periodo de la adolescencia, al ser una de las etapas más complejas en la vida de todo ser humano, debido a los diversos cambios físicos, hormonales y psicológicos que se producen (Vaquero-Solís, et al., 2020; Sánchez-Gómez et al., 2020; Rodríguez-Romo et al., 2023).
Las personas con elevados niveles de competencia emocional conocen cómo pueden llegar a sentirse los demás, tomando ventaja de estas situaciones en todos los dominios y contextos de su vida (Goleman, 1996), además, un desarrollo estable de las emociones condiciona una mejor percepción del rendimiento (Duque-Ramos et al., 2020). A su vez, con intervenciones físico-deportivas, como el Programa Basado en el Modelo de Educación Deportiva (Luna et al., 2019), se pueden lograr mejoras significativas de la IE, aumentando los estados emocionales positivos y reduciendo los negativos, lo que impacta de forma considerable en el bienestar y la salud. Igualmente, la IE predice positivamente la motivación autónoma, influyendo de forma óptima en la resiliencia (Trigueros et al., 2019; Martí et al., 2020). La mayoría de atletas y deportistas experimentan o han experimentado emociones displacenteras durante sus entrenamientos o en competición (Teijon, 2020). Estas pueden estar provocadas por: temor al fracaso, expectativas, lesiones, desmotivación, críticas...
Los deportistas con altos niveles de IE, poseen una serie de recursos y herramientas que les permiten afrontar esas dificultades con resiliencia (Torregrossa et al., 2019; Mitić et al., 2020). Desde el modelo de Inteligencia Emocional propuesto por Mayer et al., (2000) se proponen la autorregulación y la adaptabilidad como unos de sus componentes principales. La práctica deportiva enfrenta a la persona a una presión competitiva y a un determinado estrés durante el entrenamiento que le obliga a percibir, comprender y regular tanto las emociones propias como ajenas. De este modo, la autorregulación emocional y la adaptabilidad se convierten en elementos clave en la práctica deportiva (Pinelo-Trancoso y Ardura, 2022). Dichas habilidades permiten a los atletas evaluar de forma efectiva y eficaz los diversos tipos de situaciones a las que pueden enfrentarse en el terreno deportivo, considerando los riesgos como oportunidades, tomando generalmente buenas decisiones y evolucionando como deportistas (Sukys et al., 2019).
El objetivo del presente trabajo consistió en verificar, mediante la realización de una revisión sistemática, si la práctica deportiva realmente influye en los niveles de IE presentados por los deportistas jóvenes. De igual forma, este trabajo pretende abrir nuevas líneas de investigación sobre esta temática actualmente emergente, brindando a los investigadores información sobre el estado de la misma durante los últimos años.
MÉTODO
Diseño del estudio
El estudio realizado es una revisión sistemática de la literatura científica referente a la influencia de la IE en la práctica deportiva. El diseño de la investigación es de tipo teórico (Ato et al., 2013). Para el desarrollo de este estudio se ha utilizado la metodología PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analysis) con el propósito de ayudar a mejorar la presentación y calidad de este trabajo; Dicha metodología se compone esencialmente de una lista de 17 ítems que deben cumplir las revisiones sistemáticas y un diagrama de flujo constituido por cuatro fases: identificación, selección, elegibilidad e inclusión (Moher et al., 2015). Se empleó el protocolo PICO para mejorar la especificidad y claridad conceptual del problema a estudiar, así como para realizar búsquedas que arrojen resultados con mayor calidad y precisión (Landa-Ramírez & Arredondo-Pantaleón, 2014).
El periodo de análisis elegido se sitúa desde el uno de enero de 2013 hasta el 31 de marzo de 2022. Se ha elegido esta etapa debido al incremento de la práctica deportiva en jóvenes en los últimos años, así como por el creciente interés de la comunidad científica y el aumento de publicaciones sobre esta temática (Castro et al., 2019; López et al., 2020).
Estrategia de búsqueda
Para la selección de los artículos presentes en esta investigación se han consultado las bases de datos Web of Science (WOS), Scopus y PubMed. La búsqueda fue realizada en octubre de 2021, usando los siguientes descriptores: Inteligencia Emocional (Emotional Intelligence), deporte (sport), jóvenes (youths), intervención (intervention), competencia emocional (emotional competence), todos ellos acompañados del operador booleano AND.
Criterios de inclusión y exclusión
Los criterios de inclusión empleados para obtener la muestra final han sido: (1) estudios cuyo objetivo se centre en analizar la influencia de la IE en la práctica deportiva, (2) los participantes son adolescentes o adultos jóvenes; (3) el idioma es inglés o español; (4) es un artículo; (5) se encuentra en acceso abierto; (6) el documento ha sido publicado entre 2013 y marzo de 2022. Por otro lado, los criterios de exclusión aplicados fueron los siguientes: (1) el estudio incluye una muestra inferior a 30 participantes, la cual se considera como una muestra pequeña o poco representativa (Cubo et al., 2011), (2) el título o abstract no se adecúa al objetivo de la investigación y (3) no posee un índice de calidad superior al 50% según el método propuesto por Law et al. (1998).
Calidad de los artículos
Para analizar la calidad de los estudios seleccionados, se utilizó el método propuesto por Law et al. (1998). El resultado del análisis de confiabilidad entre codificadores se obtuvo calculando el Índice de Kappa, cuyo valor fue de 0.89 (p<.05), lo que puede traducirse como un elevado nivel de concordancia entre los observadores. Los criterios de calidad de los estudios seleccionados fueron los siguientes: el promedio del puntaje de la calidad metodológica fue del 81.25%; ninguno de los artículos presentes en este estudio, alcanzó la puntuación máxima; dieciocho estudios alcanzaron una calificación de >75% (excelente calidad metodológica); veinte artículos obtuvieron un puntaje que osciló entre el 50% - 75% (buena calidad metodológica); y cuatro estudios presentaron una puntuación por debajo de 50% , quedando excluidos de esta investigación.
Respecto a los ítems, se identificaron algunas discrepancias entre los observadores, concretamente en los ítems 9, 12, 14 y 15, mostrando, sin embargo, un porcentaje superior al 75% de concordancia, mientras que los ítems 1, 2, 4, 5 y 13, obtuvieron un coeficiente de kappa = 1. Los criterios Q1 - "¿El propósito del estudio se indicó correctamente?" y Q2 - "¿Se revisó la literatura de fondo relevante?" fueron los únicos que presentaron la puntuación máxima para los observadores. Por último, solamente dos criterios reflejaron principalmente deficiencia metodológica, siendo el Q13 - "¿Se informó de abandonos?" (25%) y el Q16 - "¿Las limitaciones del estudio fueron descritas y reconocidas por sus autores?
Variables del estudio
Las variables seleccionadas han sido: tipo de deporte practicado, número de participantes, sexo, tipo de inteligencia evaluada, si la investigación presenta un cuestionario sobre IE, el año de publicación y el incremento o mejora de la IE con la práctica deportiva. Estas variables, fueron operativizadas y categorizadas. El procedimiento se ha completado con tablas para identificar las relaciones existentes entre las diferentes variables.
RESULTADOS
Selección de los estudios
La Figura 1 muestra el proceso de selección de los artículos. Estos se incluyeron siempre que presentaran una serie de requisitos de inclusión. Para dicho proceso se tuvieron en cuenta cuatro fases: (a) identificación, (b) selección, (c) elegibilidad y (d) inclusión.
La búsqueda inicial identificó 467 resultados de acceso abierto y clasificados como "artículos". Estos datos se exportaron a una base de datos y se procedió a eliminar aquellos registros duplicados, siendo 11 en este caso. De los 456 documentos restantes, 140 de ellos fueron evaluados para la elegibilidad, excluyendo 316 tras la lectura del resumen. Por último, 38 estudios cumplieron con los criterios de elegibilidad y se incluyeron en los resultados de esta revisión, suprimiendo 102 documentos por no contener los criterios de inclusión.
Características de los estudios
Para registrar las diferentes características de los estudios se completó la Tabla 1.
Existe una progresión lineal en la producción de estos artículos, siendo creciente en el período analizado (r2 = 0.364). El 85% de los estudios se presentó en inglés y el 15% en español.
En la tabla 2, se presenta un análisis de las asociaciones de las variables analizadas en el estudio en función del método de investigación, paradigma y tipo de estrategia de investigación.

Tabla 2. Tabla de contingencia de las variables tipo de participación y deporte en función del paradigma y la estrategia de investigación.
Para la medición de la IE en un 77.5% de los estudios se empleó un cuestionario. De estos, los más empleados fueron el TMMS-24 y la escala de Inteligencia Emocional. Entre los estudios que no emplearon el cuestionario, 22.5% de ellos utilizaron instrumentos como el Sport Climate Questionnaire, el GPAQv2 o el Kidscreen-10 Index, específicos para el deporte.
En función al paradigma utilizado, el 92.5% de las investigaciones se enmarcan dentro de la investigación cuantitativa; no se observaron investigaciones cualitativas; y un 7.5% poseen diseños mixtos. En cuanto al tipo de metodología utilizada, los tipos de estrategia más utilizados, según Ato et al. (2013) fueron: la estrategia asociativa de corte transversal (42.5%) y retrospectivo (2.5%); la estrategia manipulativa cuasiexperimental longitudinal (17.5%) y transversal (10%); la estrategia manipulativa experimental longitudinal (7.5%) y transversal (2.5%); la estrategia descriptiva (15%) y la estrategia instrumental (2.5%). La mayoría de los trabajos (77%), utilizaron cuestionarios para recoger la información y el 23% optó por otros medios diferentes. El tipo de deporte realizado fue clasificado en cuatro categorías: invasión, contacto, oposición y no especifica (N.E). De esta forma, los deportes de oposición fueron los más practicados con un 38.4%, seguidos por los de invasión (20.6%) y contacto (12.8%). Un 33.3% de los estudios no indicaron el tipo de deporte o bien no encajaron en las tres categorías descritas anteriormente. La inteligencia emocional, se encontró prácticamente en la totalidad de los artículos analizados, no obstante, de forma transversal, se estudiaron otros tipos de inteligencia entre los que cabe destacar: la intrapersonal (43.7%), interpersonal (33.3%) y en menor medida la lingüística (12.8%) y la kinésica (10.2%). Por último, un 84.6% de las publicaciones establecen relaciones positivas entre la práctica deportiva y la IE, frente a un 15.4% que no logró encontrarlas.
DISCUSIÓN
Numerosas investigaciones realizadas recientemente, han llegado a la conclusión de que la práctica deportiva tiene efectos positivos en los niveles de inteligencia emocional. (Luna et al., 2019; Rodríguez-Romo et al., 2021). Esta asociación positiva puede verse, por ejemplo, en estudios donde niveles altos de IE permiten anticipar las consecuencias emocionales relacionadas con una actividad deportiva, ayudando así a tomar mejores decisiones y asumir menos riesgos en el juego (Vaughan et al., 2019). Igualmente, altos niveles de práctica deportiva se asocian positivamente con el autoconcepto físico (Conde et al., 2021). Por otro lado, la práctica deportiva influye en las habilidades sociales y en el comportamiento prosocial de los jóvenes deportistas (Akelaitis y Lisinskiene, 2018; Trujillo-Santana et al., 2022). Además, la participación en programas deportivos puede resultar útil para mejorar los niveles de IE, más concretamente en lo referente a la reparación y atención emocional, lo que supone una mejora del bienestar subjetivo y la reducción de estados displacenteros como la ansiedad, así como dotar de habilidades para desglosar, identificar y catalogar emociones fácilmente (Luna et al., 2020; Guedeat, C., & Bossio, R., 2021).
En cuanto a la evolución de los estudios sobre esta temática, se ha observado una tendencia creciente en las tres bases de datos utilizadas, lo que hace pensar en la importancia que cada vez más autores, así como la sociedad en general, le otorgan a los factores que influyen en la práctica deportiva de los jóvenes (Peña et al., 2019; Castañeda, et al., 2020). Por consiguiente, ha aumentado el número de investigaciones sobre este tema para tratar de dar respuesta a aquellas cuestiones que están relacionadas con este sector de la población (Castro et al., 2019; López et al., 2020).
Sin embargo, cabe destacar que la situación provocada por la pandemia pudo haber influido en el descenso de publicaciones en los dos últimos años al no poderse realizar investigaciones de campo.
Entre la literatura revisada en este estudio, la mayoría de los documentos se corresponden con el paradigma cuantitativo, concretamente con la estrategia asociativa de corte transversal. Esto puede ser debido a varias razones: problemas para controlar las variables extrañas; el bajo coste económico; la obtención de una mayor validez externa; o la imposibilidad de distribuir a los sujetos con muestreos aleatorios en los diferentes grupos que componen la investigación; ya que son características más asequibles para los estudios (White y Sabarwal, 2014).
Respecto a la motivación, los estudios analizados confirman que los climas motivacionales orientados a la tarea deportiva influyen positivamente en los niveles de Inteligencia Emocional y ansiedad, especialmente en los deportes de contacto (Martín de Benito et al., 2018; Castro-Sánchez, 2019; Zhao et al., 2022). Además, Méndez-Giménez et. al. (2020), incluye en su investigación la importancia de los mediadores motivacionales en los alumnos deportistas para lograr su desarrollo psicosocial y bienestar emocional. En esta línea, Moreno et al. (2009), afirma que ciertas conductas que se relacionan con la motivación intrínseca se sustentan por la satisfacción, el placer y la diversión que genera el realizar actividades físico-deportivas.
En relación a la perspectiva de género, en el presente estudio se observa una notable diferencia respecto a la muestra. Seis de los estudios analizados incluyeron únicamente a hombres (Ajilti, et al., 2019; Acebes et al., 2021), mientras que la mayoría de documentos son mixtos o no especifican su muestra. Pero lo verdaderamente llamativo es que ninguna de las investigaciones contemplaba una muestra formada solamente por mujeres, evidenciando así ciertos sesgos y una escasa validez externa (Piedra, 2019). Contrastando esta información, otros estudios resaltan la ruptura necesaria con las percepciones estereotipadas de algunos deportes como el fútbol, considerado como una actividad masculina (Rutkowska y Bergier, 2015). Se observan además diferencias en los beneficios del deporte para la IE en función del género, siendo los hombres que entrenan más y que tienen un nivel competitivo más alto, los que presentan más probabilidades de mostrar una regulación emocional más alta, además de tener más habilidades desarrolladas de autoconciencia y autorregulación si el deporte es en equipo (Akelaitis y Malinauskas, 2018; Rodríguez-Romo et al., 2021). Sin embargo, son las mujeres las que obtienen mayores beneficios a nivel emocional con la práctica deportiva (Merino et al, 2019; Gallardo et al., 2019; Merino et al., 2020).
Los deportistas con altos niveles de IE, poseen una serie de recursos y herramientas que les permiten afrontar ciertas dificultades (temor al fracaso, expectativas, lesiones, desmotivación, críticas…) con resiliencia (Mitić, et al., 2020; Chu et al., 2022). Otros estudios como el de Gatsis et al. (2021) muestran que altos niveles de IE se asocian con un rendimiento deportivo más eficaz. De forma opuesta, en la práctica deportiva, bajos niveles de IE se asocian con emociones displacenteras, como problemas sociales, agresividad o depresión...(Gallardo-Peña et al., 2019) durante los entrenamientos o competiciones de atletas y deportistas (Teijon, 2020). En los estudios analizados, la participación en actividades deportivas se mostró útil para mejorar los niveles de atención, claridad y autonomía, así como en la obtención de mejores puntuaciones en IE, concretamente en reparación y atención emocional. Igualmente, la práctica deportiva influye en las habilidades sociales y en el comportamiento prosocial, y permite desglosar, identificar y catalogar las emociones con mayor facilidad (Acebes-Sánchez et al., 2019; Luna et al., 2019).
Existen programas formativos en el ámbito de la educación física y el deporte que podrían mejorar la IE, tales como el Modelo de Educación Deportiva (Luna et al., 2019), con los que se pueden lograr mejoras significativas en el rasgo de la IE, aumentando los estados emocionales positivos y reduciendo los negativos, lo que impacta de forma considerable en el bienestar y la salud (Batista et al., 2022). Igualmente, la IE predice positivamente la motivación autónoma, produciendo un incremento de la resiliencia (Trigueros et al., 2019; Wang et al., 2020).
No se puede finalizar este estudio sin mencionar la actual crisis socioeconómica, política y sanitaria que estamos viviendo. La propagación del Covid-19 ha alterado el deporte, obligando a muchos de los deportistas a entrenar en casa; este período de aislamiento ha generado reducciones en el volumen e intensidad del entrenamiento y una disminución en la calidad del sueño (Roberts y Lane, 2021). Roberts y Lane (2021), señalan que las restricciones y cambios que acompañaron al COVID-19 se asociaron con un aumento sustancial de las emociones displacenteras, desmotivación y reducción de la actividad física, proponiendo que la autorregulación emocional activa y el autocuidado se incluyan en programas de entrenamiento para ayudar a los deportistas a regular sus estados de ánimo cuando se enfrenten a cambios situacionales graves.
Por último, este estudio se encontró con la dificultad para poder acceder a algunas investigaciones por no estar en acceso abierto y no poder ser adquiridas desde el servicio de documentación de la universidad o redes sociales de documentación científica.
CONCLUSIONES
Las principales conclusiones que se extraen de este estudio son las siguientes: de la búsqueda total de documentos con los descriptores seleccionados (467), tan solo el 9.43% de los artículos cumplen con los criterios de inclusión y versan sobre el tema. Del total de artículos analizados, se comprobó que el 84.6% demostraron que la práctica deportiva ayudaba a mejorar los niveles de IE, así como que la IE influía en la práctica deportiva, permitiendo así dar respuesta al objetivo principal de este estudio.
APLICACIONES PRÁCTICAS
Uno de los propósitos principales de esta investigación fue el de abrir nuevas líneas de investigación en este campo, que se encuentra actualmente en auge, brindando a los investigadores, estudiantes o profesores información actualizada, veraz y de calidad sobre el estado de la cuestión, facilitando el acceso a un gran volumen de contenidos sobre la relación existente entre la práctica deportiva y la IE con el objetivo de generar planteamientos o preguntas que podrían suponer el inicio de nuevas líneas temáticas e investigaciones. Algunas de ellas podrían ser: indagar qué dimensión de la IE se reporta más reforzada tras la práctica de deporte, qué deportes muestran mayor influencia sobre la IE o cómo la práctica deportiva puede influir en la fortaleza mental de los atletas, así como analizar estas variables en otros estratos poblacionales.

















