Si hay algo que tenemos en común todos los seres humanos es que nuestro trayecto vital transcurre entre dos momentos únicos: nuestro nacimiento y nuestra muerte. Sin embargo, la representación social de estas dos circunstancias vitales ha tenido un desarrollo absolutamente desigual. Mientras que la muerte es, probablemente, uno de los acontecimientos de la vida sobre los que más se ha escrito, pintado, rodado, hablado…, el nacimiento ha permanecido casi en la oscuridad, aun cuando uno de sus sinónimos sea «dar a luz».
Efectivamente, a pesar de los aproximadamente 117 billones de bebés que se estima que las mujeres han dado a luz desde los inicios de la Humanidad, hace aproximadamente 200.000 años…,1 aunque todos los personajes célebres -casi todos hombres- que aparecen en los libros de historia han nacido de mujer, como diría Adrienne Rich (1929-2012),2 algo tan consustancial a la especie humana apenas ha dejado vestigios materiales hasta tiempos recientes. La experiencia del proceso también ha tenido escasa repercusión en la historiografía, especialmente aquella centrada en el punto de vista de la propia embarazada o parturienta.
Tal vez la explicación a este desequilibrio la podamos encontrar en la sociedad que hemos creado, en la que la cultura patriarcal de la violencia está generalizada y en la que todo lo relacionado con el universo femenino está desvalorizado. Por otro lado, la gestación, el nacimiento y la crianza han pertenecido al ámbito de lo doméstico y lo íntimo hasta prácticamente el siglo XX. Durante mucho tiempo parece que la historia se basó en reinados, guerras y batallas, y la vida cotidiana no era una parte digna de contarse junto a tan elevadas hazañas. Precisamente, en los últimos años algunas investigaciones empiezan a aportar un poco de luz sobre esta parte ignorada de la historia. En el caso del nacimiento, los trabajos se han centrado especialmente en la transformación cultural tan crucial que favoreció el cambio de escenario del lugar del nacimiento, desde la casa al hospital. Proceso paralelo al desplazamiento de las profesionales tradicionales de la atención al parto, las parteras y matronas, para ser subordinadas y casi sustituidas por especialistas médicos; así como la pérdida de autonomía en la toma de decisiones sobre su propio parto por parte de las principales protagonistas del parto, las mujeres. Y cómo no, son numerosos los estudios en los últimos años sobre las repercusiones de la tecnificación de la asistencia al parto en la salud física y mental de las parturientas y sus bebés (tanto desde un punto de vista positivo como negativo). Pero todavía hay muchos interrogantes que se nos plantean sobre el pasado que hay que contestar.
Para contribuir a arrojar un poco de luz sobre el tema, acaba de nacer, nunca mejor dicho, LVCINA: Sociedad Española de Historia del Nacimiento.3 Y para no repetir los errores que solemos cometer al omitir hablar de los orígenes de las instituciones, voy a contar su, hasta ahora, breve historia. Cuando defendí mi tesis doctoral en 2012, y como consecuencia de las conclusiones de esta, me propuse varios objetivos: dado que no existía ningún libro que recogiese la historia de las matronas en nuestro país, a diferencia de lo que sucedía en los países vecinos, el primero fue suplir esta ausencia. Me costó diez años poder convertir esta idea en realidad, pero en septiembre de 2022, editado por la editorial Guadalmazán, vio la luz el libro Historia de las Matronas en España, que va por su segunda edición tras agotar la primera tirada de 1.600 ejemplares.4 Y aquí debo recordar con inmenso cariño a uno de los más queridos colaboradores de Temperamentvm, Francisco Herrera Rodríguez, fallecido poco tiempo después de que concluyese la reseña titulada «La esperada historia de las matronas», dedicada a mi libro, y publicada en la revista Index de Enfermería.5-7
El segundo objetivo que me había propuesto era impulsar una sociedad de Historia del Nacimiento, similar a otras con las que he tenido oportunidad de colaborar a lo largo de estos años, como la británica «De Partu. History of Midwifery and Childbirth Research Group»8 o la francesa «Société d'Histoire de la Naissance».9
Pero para poder emprender esta aventura hacía falta contar con un mínimo de personas interesadas en la materia. La oportunidad surgió en el transcurso de un seminario, organizado en Viena por el profesor Wólfram Aichinger, que es uno de los vocales de la Junta Directiva. Este fue el germen de lo que hoy es LVCINA, y debo agradecer la buena acogida que tuvo por el resto de personas que nos constituimos como socios y socias fundadores: el profesor Jesús M.ª Usunáriz Garayoa, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Navarra (secretario de la Junta Directiva), el profesor Alberto Gomis Blanco, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá (tesorero) y el profesor Carlos Varea González, profesor Titular del Área de Antropología en la Universidad Autónoma de Madrid (vocal). Todos ellos con una larga trayectoria en el tema y cuyas publicaciones recomiendo encarecidamente estudiar. Recientemente se nos ha unido el doctor José Luis Bartha Rasero, catedrático de Obstetricia y Ginecología en la Universidad Autónoma de Madrid, jefe de servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad del Hospital Universitario La Paz de Madrid y licenciado en Historia del Arte. Como se puede ver, un equipo multidisciplinar, como no puede ser de otra manera en un tema tan complejo como la Historia del Nacimiento, al que esperamos pronto se puedan unir otros perfiles que enriquezcan aún más este núcleo original.
LVCINA tiene la intención de estudiar el nacimiento en el sentido más amplio posible, incluyendo aspectos relacionados con la concepción, gestación, parto, puerperio, crianza y lactancia; incluso de otros aspectos biológicos, sociales y culturales asociados, como la infertilidad, el aborto y la pérdida perinatal, el abandono de bebés, el papel de los avances técnicos en el parto o el de la familia extensa en la crianza. Además de realizar publicaciones sobre la temática, el propósito de LVCINA es desarrollar proyectos de investigación y promover actividades científicas (congresos y seminarios) tanto nacionales como internacionales. LVCINA se presentó oficialmente el pasado 21 de octubre en la Universidad de Alcalá.
El tercer objetivo todavía está pendiente, y parece mucho más complicado que pueda hacerse realidad. Se trata de conseguir un grado universitario independiente para las matronas, como está establecido en la mayor parte de Europa. En realidad, no es más que una deuda histórica que pretende recuperar la tradición de la profesión en España (recordemos que las matronas fueron las primeras que pudieron matricularse en la universidad en nuestro país).10 Pero esta demanda también es muy necesaria, dado que el sistema de especialización actual es absolutamente insuficiente para suplir la avalancha de jubilaciones que se nos viene encima en los próximos años. Esta propuesta, que al principio mucha gente no veía clara, cada vez cuenta con más apoyos, aunque parece que numerosos obstáculos impiden que pueda empezar a vislumbrarse como una potencial realidad en un futuro próximo.11
Para concluir, aunque el nacimiento y la muerte son aspectos centrales de la vida humana, hace falta cambiar el paradigma y empezar a repensar el proceso maravilloso que nos hace llegar a ser lo que somos en la vida. Os deseo un feliz año 2025, lleno de nacimientos felices y con menos muertes violentas.













