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Temperamentvm

versión On-line ISSN 1699-6011

Temperamentvm vol.20  Granada  2024  Epub 04-Abr-2025

https://dx.doi.org/10.58807/temperamentvm20246740 

ARTÍCULOS

El Reglamento de Hospitales Militares y ambulancias del Ejército en la I República, a propósito de la sublevación cantonal

The regulation of military hospitals and ambulance in the I Spanish republic, about the cantonal war

Eduardo Carrión-García (orcid: 0000-0002-9354-2284)1  , José Siles-González (orcid: 0000-0003-3046-639X)2  , Ana Noreña-Peña (orcid: 0000-0002-5997-493X)2 

1Facultad de Enfermería, Universidad Católica San Antonio de Murcia. España

2Facultad de Enfermería, Universidad de Alicante. España

Resumen

El objetivo principal de este estudio es el de describir cómo se realizaban los cuidados de los pacientes en instalaciones militares españolas durante el periodo de la Primera República española (1873-1874). La investigación se ha realizado recuperando y estudiando mediante categorización el Reglamento de Hospitales Militares y ambulancias del Ejército del 19 de mayo de 1873 y refutando su aplicación con fuentes primarias del Archivo Naval de la Armada en Cartagena y otras fuentes bibliográficas. El Reglamento de hospitales y ambulancias de 1873 incorporó novedades en cuanto a la gestión hospitalaria militar y definía las competencias de cada categoría profesional y escalafón militar en cuanto a la atención sanitaria del paciente.

Palabras clave: Historia; Enfermería; Medicina; Hospital; Ambulancia; Militar

Abstract

The main objective of this study is describe how patient care was carried out in Spanish military facilities during the period of the First Spanish Republic (1873-1874). The research has been carried out by retrieving and studying by categorisation the Reglamento de Hospitales Militares y Ambulancias del ejército of May 19, 1873 and refuting its application with primary sources from the Archivo Naval de la Armada in Cartagena and other bibliographic sources. The 1873 Reglamento de Hospitales Militares y Ambulancias del ejército incorporated new developments in military hospital management and defined the competencies of each professional category and military rank in terms of patient care.

Keywords: History; Nursing; Medicine; Hospital; Ambulance; Military

Introducción

El 12 de julio de 1873, comienza en la ciudad de Cartagena un alzamiento popular apoyado por la población civil y militar cuyo fin era el de instaurar una república de carácter federal en España. Rápidamente, la sublevación fue extendiéndose a otras poblaciones a lo largo de todo el país, pero en cuestión de semanas, el Ejército leal al gobierno de Madrid consiguió que la sublevación viera reducida su supervivencia únicamente a la propia ciudad de Cartagena.1-3 Cartagena se enfrentó a un asedio desde agosto de 1873 hasta enero de 1874 por parte del Ejército de la República en el que se estima que cayeron sobre la ciudad más de 30.000 proyectiles de artillería,4 donde fallecieron cientos de personas y solamente quedaron en pie 27 edificios en toda la plaza.5,6

Realizando otra investigación paralela acerca de la asistencia sanitaria en dicho conflicto, se alcanza a conocer que el grueso de la atención sanitaria en aquellos meses recayó en el Hospital Militar al quedar inutilizado el único hospital civil que existía en Cartagena en aquel entonces, el Hospital de Caridad.7-8

Saber cómo fue la atención sanitaria dentro del Hospital Militar de Cartagena durante la sublevación cantonal, ha supuesto realizar una amplia revisión bibliográfica previa sobre el estado de la cuestión, pero también ha permitido trabajar de manera directa con fuentes primarias del Archivo Naval de la Armada en el Arsenal de Cartagena, donde algunas fuentes documentales hacían referencias directas al reglamento en cuestión por el que se regían los sanitarios para desarrollar sus funciones en dicho establecimiento.

Tras finalizar la guerra en enero de 1874, Manuel Bhesio, que firma las fuentes primarias con las que se ha trabajado como Capitán General del Departamento Marítimo envía en marzo al ministro de la Guerra una Memoria estadísticaI en la que comenta cómo los cuatro médicos que hubo en el hospital, trabajaron en aquellos días y, entre otros muchos datos, afirma que los médicos permanecieron en su puesto no por fidelidad a la sublevación, sino por lealtad al artículo 3 del nuevo Reglamento de Hospitales Militares y ambulancias del Ejército de mayo de 1873 que decía lo siguiente:

Art. 3º. El servicio de los Hospitales militares se considerará como de órden preferente, no debiendo nunca abandonarse por los encargados de prestarle, ni aún en casos de guerra, motín o sublevación, que obligue a las autoridades y fuerzas de la guarnición a evacuar el punto en que se hallase establecido el Hospital; en el concepto de que esta circunstancia deberá servirles de un mérito especial en sus carreras, en proporción a los riesgos y penalidades que hubiesen tenido que arrostrar.

El conocimiento de dicho artículo fue desconocido durante la investigación de la asistencia sanitaria en el Cantón de Cartagena, pues el Reglamento no se pudo localizar ni en Archivos Militares, ni en la Biblioteca Nacional ni en ningún otro lugar hasta que se supo de la existencia de un original en un anticuario de Zaragoza, que fue adquirido, utilizado para realizar esta investigación y la de la asistencia sanitaria cantonal, y posteriormente donado al Archivo Municipal de Cartagena.

Las principales fuentes primarias empleadas para la realización de este estudio han sido principalmente halladas en el Archivo Naval de Cartagena, ya que, evidentemente, es dicho archivo militar el que guarda la información oportuna sobre el hospital militar en cuestión. La relación de legajos consultados ha sido la siguiente:

  • M XII

  • M II I. Legajo 1 bis

  • Sección A1 de funcionarios

  • Sección B1 de correspondencia de sanidad

  • Sección B4 B16

  • Sección B6 sobre operarios hospitalizados

  • Sección B12 de Almacén General

  • Sección C2

  • Sección C12 sobre suministros de alimento al Hospital de Caridad

  • Sección C13 sobre suministro a las familias

Reglamento de Hospitales y ambulancias de 1873

Coincidiendo con la época del alzamiento cantonal, la Sanidad Militar española vivía una época de profundos cambios y reformas. El Ministerio de la Guerra, aprobaba el 19 de mayo de 1873 el Reglamento de Hospitales y Ambulancias del Ejército (Imágenes 1, 2, 3 y 4) como consecuencia del informe favorable de la Junta de Generales emitido en julio de 1869 y tras los presupuestos aprobados en 1872 para 1873. Dicho reglamento entraría en vigor el 1 de julio de 1873, justo en los albores del inicio del Cantón y que conocemos gracias a la carta al ministro de Guerra de Manuel Bhesio que, en base a este reglamento, actuaron los sanitarios militares del Hospital Militar de Cartagena durante el conflicto.

Imagen 1. Portada y primera página del original donado al Archivo Municipal de Cartagena del Reglamento para el servicio de los Hospitales Militares y ambulancias del Ejército de 1873. 

Imagen 2. Portada y primera página del original donado al Archivo Municipal de Cartagena del Reglamento para el servicio de los Hospitales Militares y ambulancias del Ejército de 1873. 

Fuente: Región de Murcia Digital e imagen propia

Imagen 3. Imagen del Hospital Militar de Cartagena en 1904 y en la actualidad. 

Fuente: Región de Murcia Digital e imagen propia

Imagen 4. Imagen del Hospital Militar de Cartagena en 1904 y en la actualidad. 

Esta normativa era novedosa, pues era la primera vez que el servicio de hospitales y ambulancias pasaba a cargo y responsabilidad del cuerpo de Sanidad Militar, el cual veía la publicación de su Reglamento orgánico por el que se regulaba su organización el 1 de septiembre de 1873. También suponía una novedad en cuanto a que se llevaba en torno a cien años sin emitirse ninguna reglamentación en cuanto a la atención que se prestaba a los pacientes de instalaciones sanitarias militares tal y como citaba el coronel del cuerpo militar don Luis Alfonso Arcarazo en su conferencia sobre el segundo aniversario del Hospital Militar de Zaragoza.9

Para entender el funcionamiento de los hospitales militares hasta el momento hay que diferenciar dos cuerpos: por un lado, el personal sanitario y por otro el administrativo. El Reglamento de Hospitales de 1873, fue la primera vez que se otorgaba la responsabilidad de dirección al cuadro médico militar, pues hasta el momento, los encargados de la gestión hospitalaria eran de la Administración militar, la cual también vio publicado su propio reglamento de intervención y contabilidad el 27 de junio de ese mismo año.10 El capítulo II del Reglamento de Hospitales y ambulancias, cita textualmente en su artículo 4 que "El Director de cada Hospital lo será un Jefe Médico del Cuerpo, nombrado expresamente para este cargo, siendo responsable del gobierno y servicio sanitario y administrativo del establecimiento […]".

El Reglamento de Hospitales militares y ambulancias de 1873 se distingue en su estructura por dos títulos principales dedicados, uno a la organización de los hospitales y otro al de las ambulancias, con doce capítulos para la organización hospitalaria y cinco para la de las ambulancias.

Funcionamiento de los Hospitales Militares

Antes de comenzar a estudiar el Reglamento de Hospitales y Ambulancias del Ejército, es importante saber que se publicó en la misma época, otro reglamento importante para entender la organización del personal sanitario del Cuerpo de Sanidad y que nos ayudará a entender el papel de los diferentes sanitarios que se nombran en las fuentes primarias sobre la sublevación cantonal. El Reglamento Orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar de 1º de septiembre de 1873, mostraba la clasificación del personal del Cuerpo. En su primer capítulo, art. 4º(p5), distinguía entre Plana mayor y Plana menor.11

La Plana mayor ingresaba en el cuerpo por oposición y su clasificación jerárquica se correspondía con la del resto del Ejército de la siguiente forma:

  1. Médico o Farmacéutico segundo, asimilado a Teniente.

  2. Médico o Farmacéutico primero, asimilado a Capitán.

  3. Médico o Farmacéutico mayor, asimilado a Comandante.

  4. Subinspector de segunda clase médico o farmacéutico, asimilado a Teniente Coronel.

  5. Subinspector de primera clase médico o farmacéutico, asimilado a Coronel.

Por otro lado, el resto de personal que no fuera médico o farmacéutico, formaba la Plana menor, también llamada Brigada sanitaria, que comprendía en su jerarquía desde soldados hasta el cargo de Subayudante de primera clase.

El Reglamento de Hospitales militares y ambulancias de 1873 comienza en su primer capítulo haciendo referencia al personal que está al cargo de los hospitales. Su organización está directamente bajo la responsabilidad del Cuerpo de Sanidad Militar.

El personal con el que contaban las instalaciones hospitalarias era de:

  • Jefe Médico con el papel de Director del centro.

  • Jefes y Oficiales Médicos y Farmacéuticos

  • Individuos de la Brigada Sanitaria que fueran necesarios

  • Un Comisario de Guerra interventor

  • Un Oficial de Administración Militar. Aquí la novedad comentada anteriormente respecto a normativas anteriores.

  • Un Pagador encargado de caudales y efectos

  • Peones de confianza, sirvientes, cocineros, etcétera que podría ser personal civil en caso de no poder suplirse con personal militar.

El Director del Hospital era el responsable del gobierno, servicio sanitario y administrativo del centro, aunque para esto último tuviera como novedad un oficial para su gestión. Sobre la dirección hospitalaria, su máxima autoridad en la jerarquía era la del Director-Subinspector de Sanidad Militar del distrito o Ejército. Las funciones del Director están claramente desglosadas en el reglamento y comprenden desde la gestión del personal, vigilar las condiciones higiénico-sanitarias del hospital, asegurar que el personal médico cumplía con las visitas a los enfermos, que se realizaban los cuidados de los enfermos de manera adecuada, la alimentación, presidía las juntas donde se tomaban decisiones económicas, que haya un adecuado aprovisionamiento de material sanitario, etc.; en definitiva, cuenta con varias páginas donde se desglosan sus competencias, que no distan en absoluto, de las que hoy en día, salvando las distancias con la época y el entorno civil, puede tener un jefe de servicio de cualquier unidad en cualquier hospital de nuestro país.

El Reglamento era claro en cuanto a la organización del espacio, indicando que debían establecerse estancias, también llamadas "clínicas", para atender a jefes y oficiales, otras para medicina, otra para cirugía, sifilíticas, oftálmicas, cutáneas, enajenaciones mentales, presos y otra para observaciones y convalecencia. Textualmente el número de enfermos de cada sala, decía estar en relación con su capacidad métrica, debiendo haber entre cama y cama la distancia de al menos un metro y "resultar por cada una de ellas 100 metros cúbicos de aire atmosférico". Se recomendaba en el artículo 9, que cada clínico o enfermería no debía exceder en 40 enfermos la de cirugía y en 60 la de Medicina. Cada sala debía tener el suficiente número de ventanas para la debida claridad y ventilación, con sus correspondientes cristales.

Sobre cada clínica, se designaba un médico como responsable de las visitas de esta, es decir, el encargado de la gestión de la clínica y de visitar a los enfermos y establecer tratamientos. El reglamento establecía hasta cómo debían de realizar la burocracia de las visitas, de establecer tratamientos y pautas alimenticias, así como de informar al Director de la situación de cada clínica. Los pacientes tenían una hoja clínica y libreta individual para días pares y otra para días impares en la que antes de cada visita, un sargento de la Brigada sanitaria leía el tratamiento y alimento que el paciente tenía del día anterior y anotaba los cambios que se ordenaran.

La Plana menor cuenta también con su apartado de organización en el reglamento. La Brigada sanitaria eran los encargados de ejecutar el servicio que ordenaran en las clínicas los médicos de visita. En cada clínica, ordenaba el reglamento, que debía haber un sargento y un cabo primero, otro cabo segundo, cuatro sanitarios y dos mozos civiles para desempeñar todo el servicio de la clínica.

Los cabos y sanitarios tenían las competencias de la realización de curas menores, administración de medicación y alimentación en los horarios establecidos y de trasladar a la Farmacia los cambios que se anotaran en las libretas de los pacientes. Incluso tenían protocolizados los vendajes en base a unas plantillas estandarizadas por Sanidad Militar que no ha podido ser encontrada. Por otro lado, los mozos o sirvientes, tenían un papel más parecido al del actual personal técnico auxiliar de enfermería y subalterno; se encargaban de la movilización de enfermos, traslados, recoger el material de las curas, asear enfermos, hacer limpiezas de salas, organización de almacenes, etc.

En cada clínica existía un personal de guardia de manera constante que lo formaban un sanitario y un mozo, que por la descripción del texto podemos suponer que entraban por la tarde en la hora de las visitas, se quedaban toda la noche "de imaginaria" hasta que eran reemplazados por el personal que entrara por la mañana. Como curiosidad, el mozo tenía derecho a descansar durante la noche sin quitarse el uniforme y siempre disponible para cuando el sanitario le requiriese, el cual no podía descansar. En todo el hospital, había también de guardia un Oficial Médico, un Subayudante, un sargento y un cabo de la Brigada Sanitaria.

La normativa también exigía el mínimo de material con el que debía contar cada centro hospitalario para realizar operaciones quirúrgicas, disecciones anatómicas, autopsias, exploraciones de enfermos, curas, aparatos ortopédicos para el tratamiento de fracturas, hernias, contracturas, deformaciones, etc.

También se recogen otros aspectos de la gestión de la Farmacia, sobre la Junta Económica, que era la que decidía sobre las cuestiones administrativas y económicas, sobre la relación con el Laboratorio Central de Madrid y otros diversos aspectos no tan estrechamente relacionados con la atención sanitaria.

Funcionamiento de las ambulancias

El segundo título del Reglamento está dedicado a la organización de las ambulancias del Ejército. El concepto de ambulancia del siglo XIX es parecido al que tenemos hoy en cuanto a una atención sanitaria extrahospitalaria. Hoy en día entendemos por ambulancia un vehículo que traslada y/o atiende a pacientes. En la época de estudio, se entiende por ambulancia a todo el conjunto de elementos que intervenían de manera directa o indirecta en el traslado o atención de pacientes. Ambulancia era la camilla en la que se trasladaba un soldado herido desde el frente de batalla como también lo era la tienda que hacía las veces de hospital de campaña donde se le iba a atender. Cabe destacar que, antes de publicarse el Reglamento de Hospitales y Ambulancias del Ejército de 1873, las ambulancias militares, contaban con un plan general de 26 de diciembre de 1868 que no ha podido ser encontrado y utilizado para comparar novedades respecto al de 1873.

El servicio de ambulancias, al igual que los hospitales, estaba a cargo del Cuerpo de Sanidad militar y estaban formadas por Jefes y Oficiales de Sanidad destinados a los ejércitos de operaciones, de los cuales, al frente de la ambulancia se designaba a un Director-Subinspector de Sanidad militar; por Brigada Sanitaria de Campaña, Comisarios de Guerra, Oficiales del cuerpo Administrativo que desempeñaban funciones de Interventores y Pagadores, pero también contaba con conductores contratados por la administración, o pertenecientes a un cuerpo característico del Ejército como era el Cuerpo especial de tren, y cuyas funciones era la de trasladar tanto heridos, como todo el material e infraestructura de la ambulancia.

Cuando se componía una ambulancia, era bajo la orden al Director-Subinspector de un General en jefe. Las ambulancias procuraban instalarse a retaguardia de la última línea de fuego, en entornos seguros, fuera del alcance de artillería enemiga. Al entrar las fuerzas en combate, la Brigada Sanitaria era la encargada de realizar la evacuación y atención de heridos, estableciendo escuadras formadas por entre cinco y siete soldados camilleros. El sargento, cabo o sanitario que mandara una escuadra, era el encargado en base a sus conocimientos de realizar los vendajes, torniquetes, tortor y medicamentos de aplicación externa. Estos portaban "la bolsa de ambulancia", y los soldados camilleros, aparte de la camilla, llevaban botas con agua y vinagre para apagar la sed a los heridos y atender cualquier otra necesidad.

Durante la batalla, el Jefe de Sanidad de la Brigada se situaba en algún punto estratégico para visualizar el movimiento de tropas y poder coordinar los movimientos de la Brigada Sanitaria. Le acompañaban un ayudante médico y un mínimo de dos miembros de la dotación de la ambulancia, un cabo o sargento y un sanitario, provistos de bolsas de ambulancia para acudir de inmediato en caso necesario, a reforzar los puntos de la batalla donde fueran necesarios.

Acabada la batalla, los médicos de los cuerpos realizaban con el modelo adjunto señalado con el número 2º en el anexo del Reglamento para el servicio de Hospitales y ambulancias, una relación de la situación de militares heridos, nombres, clase, descripción de las heridas, etc.

Las ambulancias, tenían el fin de suplir la función de un hospital militar, y debían contar con dos clínicas, una de Medicina y otra de Cirugía. En la Imagen 5, se puede observar cómo se realizaba la distribución del campamento de la ambulancia. Contaba con una tienda cuadrilonga de 12 metros cuyo fin era albergar heridos en los días de batalla, y contaba con otras auxiliares de 5 metros cuadrilonga o algunas cónicas de 6 metros.

Fuente: Reglamento de Hospitales Militares y Ambulancias del Ejército de 1873.

Imagen 5. Esquema del Campamento de una Brigada de Ambulancia del Reglamento de Hospitales Militares y Ambulancias del Ejército de 1873. 

El establecimiento del campamento de la ambulancia debía realizarse bajo aprobación de los Comandantes en lugares adecuadamente ventilados, próximos a corrientes, pozos o fuentes de agua potable, incluso, si se reunían varias divisiones con sus correspondientes ambulancias, se estudiaba el establecerlas juntas o por separado.

El objetivo al atender enfermos en las ambulancias era que estuvieran el menor tiempo posible en ellas, por eso, también se procuraba instalar las ambulancias a distancias prudentes de vías férreas, puertos, bahías, calas o fondeaderos por donde fuera posible realizar una rápida evacuación de heridos por tren o por mar.

Para realizar el traslado de los heridos hacia el hospital de apoyo, el General o Comandante oportuno designaba todo el personal que iba a realizar el traslado, la hora, material y ganado con el que se realizaría. Se formaba una columna donde por medio de mulas con artolas (véase Imagen 6), se transportaba a los heridos de manera ordenada, en convoy sin dejar espacios. Cuando el número de heridos era muy elevado se utilizaban furgones y carruajes donde se llevaba a los enfermos más graves y soldados camilleros. Se realizaban todos los traslados que fueran precisos siempre y cuando las circunstancias lo permitieran.

Fuente: historiaenelclara.files.wordpress.com

Imagen 6. Traslado de heridos en artolas en el Rif. 

Como las distancias podrían variar desde las ambulancias hasta el hospital de destino, el convoy de traslado contaba con el apoyo de un botiquín o furgón de Cirugía para atender cualquier urgencia, así como víveres, medicinas, caldos condensados, vino común, botas llenas de agua y vinagre y odres en los carruajes con agua potable. Además, si el convoy tenía que pernoctar en el camino, se proveía de jergones y material de alojamiento.

La Enfermería en el contexto de la I República.

El periodo histórico del estudio, sucede casi a la par que las grandes reformas educativas que regularon las profesiones sanitarias españolas. A mediados del siglo XIX, la situación de las titulaciones sanitarias en España era cuanto menos confusa, existiendo multitud de titulaciones sanitarias expedidas por Universidades, Escuelas de Medicina y Colegios de Cirugía de lo más variado. Desde Licenciados en Medicina a Médicos Puros, cirujanos, bachilleres o practicantes.12

Durante el siglo XIX se producen progresivamente avances en los conocimientos sanitarios, lo que contribuye a que se vayan, poco a poco, perfilando los diferentes perfiles de las profesiones sanitarias mediante la ordenación académica. Valga por ejemplo, cómo la técnica de la sangría fue disminuyendo su utilización e importancia, a la par de los que la realizaban, los sangradores. Se creó entonces, en torno a 1846, un nuevo perfil sanitario, los denominados "ministrantes", que la clase médica prefirió denominar popularmente como "practicante", ya que era quienes realizaban técnicas de cirugía menor y que surgió oficialmente como tal años más tarde.13

El Reglamento de Ministrantes publicado en 1846 señalaba las condiciones que los candidatos a Ministrantes debían tener, tanto para los estudios necesarios como exámenes y tribunales evaluadores de los mismos. Uno de los requisitos para ser Ministrante consistía en tener una experiencia mínima como practicante de cirugía de dos años o más en hospitales de un mínimo de cien camas, tener conocimientos sobre flebotomías, uso y manejo de apósitos, tener experiencia de al menos seis meses con un cirujano dentista en la limpieza de dentadura y extracción de dientes y muelas. Además, se abría la puerta a poder "convalidar" titulación, si se disponía de cuatro años de experiencia en un hospital de más de cien camas y tener aprobado algún curso de cirugía en los colegios de Medicina y cirugía.13

No fue hasta 1857, quince años antes de la llegada de la I República, que se creó oficialmente el perfil del Practicante, profesional sanitario con conocimiento del ejercicio de la cirugía menor en domicilios y hospitales, aunque preferentemente en entorno extrahospitalario, y que realizaba curas o administraba fármacos, sin precisar de la presencia del médico para ejecutar sus tratamientos.12

La enfermería militar de Cartagena durante la sublevación cantonal.

Los hospitales, no eran el único emplazamiento militar donde se brindaban cuidados de salud. Estudios previos, sugieren que también contaban con presencia de médicos y practicantes las embarcaciones de la Armada como fragatas, diversas unidades militares, o los propios Arsenales. En la Cartagena cantonal no debía haber más de cincuenta profesionales de la salud en la plaza, incluyendo médicos, practicantes y personal auxiliar. Rolandi Sánchez-Solís14 detallaba los nombres y destinos de algunos de esos profesionales, como médicos o practicantes.

Ciertamente en la Cartagena cantonal pueden encontrarse los perfiles del practicante y del enfermero con su correspondiente clasificación en primera, segunda y tercera clase en diversas fuentes documentales del Archivo Naval, con presencia en el Arsenal y en el Hospital Militar, corroborando así que se cumplía con el Reglamento Orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar.

Conclusiones

La Enfermería durante la I República no padeció cambios directos en cuanto a currículum formativo o cartera de competencias de los practicantes, como sí se había venido produciendo en las dos décadas previas.

Dentro de la variedad de profesiones sanitarias con competencias enfermeras en el momento, el Cuerpo de Sanidad Militar contaba en sus hospitales con la presencia tanto de practicantes como de enfermeros. Ambos eran miembros de la llamada Brigada Sanitaria, auxiliar de la Plana mayor formada por médicos y farmacéuticos.

Los practicantes eran clasificados como ayudantes de primera, segunda y tercera clase. Sin embargo, los enfermeros eran auxiliares sin clasificación alguna.

El Reglamento de Hospitales y Ambulancias de 1873, otorgaba por primera vez la responsabilidad de este servicio al Cuerpo de Sanidad Militar que, a su vez, regulaba como director de los centros hospitalarios y ambulancias militares a personal médico y no puramente administrativo como se estaba realizando hasta el momento.

En cuanto a la atención de los pacientes, este reglamento era novedoso, pues pretendía mejorar la calidad de la atención sanitaria. El nuevo reglamento emitido durante la I República estipulaba en todo momento cómo debía de prestarse la atención al paciente, tanto a nivel hospitalario como a nivel extrahospitalario por medio de las ambulancias.

Bibliografía

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2. Rolandi Sánchez-Solís, Manuel. Historia revisada y documentada de la sublevación cantonal española de 1873. Segunda parte. Volumen I (capítulos 9- 13): la etapa expansiva del cantón murciano. Madrid: Centro de Investigaciones y Estudios Republicanos, 2017. [ Links ]

3. Rolandi Sánchez-Solis, Manuel. Historia revisada y documentada de la sublevación cantonal española de 1873. Segunda Parte. Volumen II (capítulos 14-18): el final de la etapa expansiva del cantón murciano. Madrid: Centro de Investigaciones y Estudios Republicanos, 2017. [ Links ]

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14. Rolandi Sánchez-Solís, Manuel. El Departamento Marítimo de Cartagena y su Arsenal Naval durante la sublevación cantonal de 1873-1874. Cartagena:VI Jornadas sobre fortificaciones de AFORCA. Progreso y evolución de las armas, fortificaciones y buques de guerra durante el siglo XIX (desde la guerra de la independencia al reinado de Alfonso XII), 2006. https://aforca.org/antigua/jornadas/ponen06.htm. [ Links ]

Fuentes archivísticas

IArchivo Naval de Cartagena. Sección M II I. Legajo 1 bis.

Recibido: 17 de Julio de 2023; Aprobado: 01 de Abril de 2024

Correspondencia: ecarrion071@ucam.edu (Eduardo Carrión García)

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