INTRODUCCIÓN
Warfarina es el anticoagulante oral más usado para prevenir y tratar enfermedades cardiovasculares (ECV) como, trombosis venosa profunda (TVP), embolismo pulmonar, fibrilación auricular (FA) y reemplazo de válvulas cardíacas1-3. Las ECV son la principal causa de defunción en el mundo, incrementando de 2 millones de defunciones en 2000 a 17.9 millones en 20204.
La terapia anticoagulante con warfarina está indicada para prevenir complicaciones tromboembólicas, con dosis de mantenimientos entre 4-11 mg al día5-7, usándose como control del efecto el valor de INR (International Normalized Ratio), siendo la meta terapéutica mantener valores de INR entre 2,0-3,0 valores menores o mayores conllevan eventos embólicos o hemorrágicos 8,9. Las reacciones adversas medicamentosas (RAM) y complicaciones terapéuticas son frecuentes, asociadas a factores como la edad, sexo, raza, escolaridad, comorbilidades, polimedicación10-15, consumo de ciertos alimentos, tabaco o alcohol, aumentado la morbilidad, discapacidad, mortalidad y costos sanitarios de la atención 16-20 reportada hasta en 10% de pacientes ambulatorios y 10-20% de pacientes hospitalizados21. Las hemorragias son la RAM más frecuente asociadas al uso de warfarina, reportada hasta en 41 % de pacientes5.
Debido a su bajo costo y eficacia terapéutica, la warfarina, aún está incluida en la lista de medicamentos esenciales de la OMS y ampliamente utilizada en servicios públicos de varios países 22. En Nicaragua, pese a que las ECV con la quinta causa de enfermedad crónica y es el anticoagulante de primera elección para profilaxis de FA y TVP 23 no se han realizado estudios científicos sobre su uso, razón por la cual este estudio describe el uso de warfarina en pacientes ambulatorios con indicaciones de terapia anticoagulante.
MATERIAL Y MÉTODOS
Es un estudio descriptivo, transversal, realizado entre julio y diciembre de 2021 en la clínica de anticoagulación del hospital de referencia nacional Manolo Morales, en Managua, Nicaragua. La muestra fue 108 pacientes, a partir de 44.962 pacientes con ECV23, con una prevalencia entre 2,524 y 4,8%25 para FA, seleccionados a conveniencia, estudiando todos los pacientes atendidos en la clínica hasta completar la muestra.
Cien pacientes cumplieron con criterios de inclusión: tratados con warfarina, mayores de 18 años, expedientes clínicos completos, que incluye datos generales, diagnóstico, dosis, INR, y firma de consentimiento informado previo. Se excluyeron pacientes con hepato y nefropatías. Las variables estudiadas corresponden a datos demográficos, diagnostico, comorbilidades, dosis, relación normalizada internacional (INR), reacciones adversas medicamentosas (RAM), consumo de ciertos alimentos y drogas.
La fuente de información es primaria, a partir de entrevistas con los pacientes, realizadas por la investigadora principal, utilizando un cuestionario diseñado, validado y ajustado. Se revisaron los expedientes clínicos para completar la información referida al diagnóstico, medicación, comorbilidades, pruebas de laboratorio. La información se tabuló y procesó con el programa estadístico SPSS 25, utilizando estadísticos descriptivos para variables cuantitativas y frecuencias absolutas y relativas en porcentaje para las variables cualitativas. Las enfermedades se clasificaron siguiendo el sistema de Clasificación Internacional de Enfermedades, Onceava Revisión (CIE-11). El protocolo fue aprobado por el Comité de Bioética de la Universidad.
RESULTADOS
En cuanto a las variables sociodemográficas, de los 100 pacientes, 55% fueron mujeres y 45% hombres, con una media de edad de 63 ± 15,52 y 61 ± 14,21 años respectivamente. La mayoría, 57 % eran mayores de 60 años. El 98 % se auto reportaron como mestizos, 1% afrodescendientes y 1% Matagalpa. El 43% tenían escolaridad primaria, 27% secundaria, 18% analfabetos, 11% universitarios y el 1% técnico (Tabla 1).
El diagnóstico principal fue FA (67%), TVP (14%) y cardiopatía valvular (5%). En menor proporción se reportaron cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular y síndrome antifosfolipídico (3% cada uno), fibrosis pulmonar (2%), cardiopatía hipertensiva, hipertensión pulmonar por disfunción diastólica y cardiomiopatía (1% cada uno) (Tabla 1).
El 82% presentaba comorbilidades, con 237 casos reportados, de estos los porcentajes se distribuían en HTA (34,2%), enfermedades de las cavidades cardíacas (28,7%), Diabetes Mellitus (7,6%), gastritis e hipercolesterolemia (7,1% cada una), dolor (5,9%), trastornos psicológicos (3,8%); neoplasia maligna de próstata, insuficiencia venosa periférica crónica e hipertiroidismo (1,3% cada uno), insuficiencia hepática (0,84 %), lupus eritematoso y gota (0,4% cada uno). El síndrome metabólico representa casi la mitad de las comorbilidades (Tabla 1).
En relación a los aspectos farmacológicos, la dosis media administrada fue de 30,34 mg/semana, sin diferencias estadísticamente significativas por sexo, 30,8 para mujeres y 29,78 para hombres (p=0.55) (Tabla 2).
En cuanto al INR, el 76 % presentó valores no óptimos: 46% se encontraron en valores sub terapéuticos (0-2); y 30% en valores supra terapéuticos (11 % de 3,01-4,0 y 19% > 4-10). Solo 24% tenían un INR adecuado, entre 2 y 3. El rango osciló entre 1.0 y 10. No se observaron diferencias estadísticamente significativas en relación al sexo (p=0.12) siendo la media de INR en mujeres 2,65 y 3,16 en hombres (Tabla 2).
Se estudió el consumo de medicamentos, alimentos y otras sustancias que interactúan con la warfarina. El 49% de los pacientes estaban polimedicados, con más de 4 medicamentos, siendo más frecuente entre mujeres que en hombres (58% mujeres y 38% hombres). De los 65 medicamentos reportados, 17 (26%) son reconocidos por interactuar con la warfarina. El 74% de pacientes (89% en mujeres y 55% eh hombres), usó estos medicamentos, 13% usaron medicamentos inhibidores y 61% potenciadores). En cuanto a los potenciadores, su consumo más frecuente fue en mujeres 69%, comparado con 51% en hombres. El tipo de medicamentos potenciadores eran antihipertensivos, hipolipemiantes, analgésicos, psicofármacos, y otros anticoagulantes. En cuanto a los inhibidores, también su uso fue más frecuente en mujeres, 11%, que, en hombres, 4%, siendo diuréticos y anticonvulsivantes). Solo el 26% de pacientes usaban medicamentos sin interacción conocida (Tabla 3).
En relación con el consumo de alimentos que interactúan con la Warfarina, el 31% (22% mujeres, 42% hombres) consumía este tipo de alimentos, de forma frecuente, de 2 a 3 veces por semana. De ellos, el 18% consumía alimentos con efectos inhibitorios conocidos (15% mujeres y 22% en hombres), siendo los principales alimentos reportados aguacate, soya y pescado. El 13% de pacientes consumía alimentos potenciadores (7% mujeres y 20% hombres), entre ellos, mango, toronja y hojas verde. En cuanto al consumo de otras sustancias solamente el 3% consumían tabaco (0% mujeres y 7% hombres); y el 2% (igual para ambos sexos) consumían alcohol. (Tabla 3).
Se reportaron 278 RAM de 13 tipos (promedio de 2,8/paciente, 3,3/mujeres y 2,2/hombres), 39,9% neurológicas, 38,1% hemorrágicas, 14,0 % respiratoria, 6,1 % dermatológica 1,8 % inespecífica. Las más frecuentes dentro de la población fueron: parestesias (72%), hematomas (55%), vértigo y disnea (39% cada una) y alopecia (17%), esta última poco reportada en la literatura. El 76% indicó presentar más de dos RAM, 13% presentaba una RAM y el 11% expresó no presentar ninguna. Se observa una mayor frecuencia en todas las RAM reportadas en las mujeres, excepto en la frecuencia de gingivorragias y hematemesis que fue más alta en hombres; y tres RAMS con frecuencias similares, rectorragia, parestesias y vértigo. (Tabla 4).
DISCUSIÓN
Este es el primer estudio realizado en pacientes ambulatorios con indicación de anticoagulación con warfarina de Nicaragua que describe con detalle el manejo terapéutico. La distribución por sexo de los pacientes, es similar a la reportada por Lindh y col 9, coincidiendo con el 55 % de mujeres identificado en este estudio. El condicionamiento de género determina diferentes formas de vivir, enfermar y morir, las mujeres tienen una esperanza de vida al nacer superior a la de los hombres, por lo que esta longevidad se relaciona con mayor número de años de vida con enfermedades crónicas que tienden a complicarse con el incremento de edad13.
La mayoría de los individuos que reciben terapia anticoagulante son pacientes mayores de 60 años, lo cual coindice con la población en estudio (57 %). Berezniccki et al10, Ghaswalla et al26 y Henderson et al27 expresa que el desgaste propio del organismo por la edad, la polimedicación y las comorbilidades incrementan la incidencia de tromboembolismo y sangrado en pacientes mayores.
El 98 % de los pacientes en estudio se identificó como mestizos, correspondiendo con el perfil étnico de Nicaragua, con predominancia mestiza y baja proporción de poblaciones originarias y afrodescendientes28. Las variaciones genéticas entre las etnias contribuyen a requerimientos diferentes de dosis de warfarina entre estas poblaciones18.
En relación a los niveles educativos, un porcentaje significativo de la población no contaba con estudios o tenía un nivel de primaria, lo cual coincide con lo reportado por Hernández et al14, que expresa que un nivel educativo bajo puede influir negativamente en el correcto manejo de terapias, tener dificultades con horarios de toma de medicamentos, presentar interacciones medicamentosas, ingesta de alimentos y sustancias que interfieren con el metabolismo de la warfarina.
Según, Navarro et al12 y Oral et al1, FA, TVP y cardiopatías valvulares son las indicaciones más frecuentes para la terapia anticoagulante con warfarina, coincidiendo con lo reportado en este estudio, de 67 % para FA, 14 % TVP y 5 % para cardiopatías valvulares.
Asimismo, se identificó la HTA como la comorbilidad más frecuente, seguida de las cardiopatías y en tercer lugar la Diabetes Mellitus, similar a lo reportado por Oral et al1, Endogan et al2 y Shireman et al3.
Según Wadelius et al6 y García et al7, la dosis de mantenimiento oscila entre 28 a 77 mg a la semana. La dosis media semanal registrada en los pacientes en estudio fue de 30,34 mg, coincidiendo con lo recomendado por Kimmel5 y lo registrado por Oral et al1, quien además demostró un riesgo de sangrado mínimo a estas dosis.
El 46% de la población en estudio registró valores de INR en un rango de 0-2, lo cual está asociado a mayor riesgo de tromboembolismo según Hylek et al8, relacionándose con dosis sub terapéuticas. Por otra parte, el 30% de la población registró valores de INR > 3 que se traduce en un incremento significativo de riesgo de sangrado (dosis supra terapéuticas). Landefeld et al29 demostraron que el incremento de 1 unidad en el valor de INR aumenta 40 veces el riesgo de sangrado.
En este estudio, los pacientes ingerían un menor número de medicamentos, un promedio de 4 (49% de la población) en comparación con 5 (68% de la población) y 10 reportados por los estudios de Oral et al1 y Colet et al16. La polimedicación debe considerarse durante la terapia anticoagulante con warfarina ya que incrementa los riesgos de eventos adversos. Al igual que lo reportado por Colet et al16, los pacientes estudiados consumían otros medicamentos con interacciones potenciales con la warfarina como otros anticoagulantes, diuréticos, inhibidores de la bomba de protones, analgésicos y antiinflamatorio, antihipertensivos, hipolipemiantes y psicofármacos.
En cuanto a hábitos alimenticios, encontramos que casi un tercio de pacientes consumía alimentos que interactúan con la warfarina, del tipo estudiado por Chock et al17, porcentaje superior al registrado por Oral et al1, 21,6 %.
En este estudio, la frecuencia de consumidores de alcohol y tabaco fue muy baja y no se registraron casos clínicos puntuales que tuvieran relación con ajustes de dosis. Aun cuando el consumo de alcohol y tabaco, ha sido asociado al incremento del efecto anticoagulante de la warfarina al interactuar en la unión a proteínas plasmáticas y disminuir el metabolismo de este, los estudios de Colucci et al18 y Efird et al19, demostraron que no había diferencias significativas en cuanto al ajuste de dosis en pacientes fumadores que además consumen bebidas alcohólicas.
En relación a las RAM, en este estudio, aunque se presentaron manifestaciones de RAM hemorrágicas, principalmente hematomas, no se identificaron sangrados fatales ni mayores, posiblemente asociado con la alta frecuencia de niveles sub óptimos de INR. En contraste, Navarro et al12 y Narváez22, reporta sangrados menores como hematuria, epistaxis y hemoptisis y desenlaces fatales dentro de esos grupos. Según Hanley et al20, las hemorragias son las complicaciones más peligrosas asociadas al uso de warfarina, con una incidencia de casos fatales de 1% en la población. En este estudio no se exploró la frecuencia de hospitalizaciones de emergencia debido a RAM relacionada a terapia con warfarina.
CONCLUSIONES
El estudio confirma que los datos demográficos, diagnósticos, comorbilidades y dosis, son similares a lo reportado en la literatura. Los valores de INR en rangos sub o supra terapéuticos son mucho más altos que lo encontrando en otros estudios, reflejando limitaciones del manejo y el no alcance de los objetivos terapéuticos, aumentando el riesgo de RAM, principalmente hemorrágicos. A lo largo de todo el estudio es evidente las diferencias de género en casi todas las variables, notándose una mayor prevalencia de polimedicación, uso de fármacos que interactúan y RAM, lo cual amerita un estudio a profundidad de las diferencias de género en este tema.
Los pacientes anticoagulados con warfarina, requieren un monitoreo adecuado y constante de valores de INR. El abordaje de los efectos adversos debe de tratarse individualmente. Debe estudiarse las interacciones medicamentosas considerando el antecedente de polimedicación, incluyendo fármacos que interactúan, muy frecuente en el tipo de pacientes que requieren este fármaco.

















