INTRODUCCIÓN
El envejecimiento se puede definir como el proceso biológico y natural que implica la acumulación paulatina de una serie de cambios que son responsables de la susceptibilidad individual a un grado variable de morbilidad y de mortalidad (Harman, 1981), especialmente en edades tardías, cuando existe una mayor prevalencia de deterioro cognitivo leve (DCL) y de demencia, dos de las afecciones neurocognitivas más comunes (Manly et al., 2022).
El DCL se define como una etapa temprana de pérdida de memoria, o de otra función cognitiva, en personas que suelen mantener la capacidad de realizar de manera independiente la mayoría de las actividades diarias (Smith et al., 2022; Waring et al., 2017). Por ello, el DCL se ha descrito como un estado de funcionamiento cognitivo que está por debajo de los patrones tipificados, pero que no alcanza la gravedad de la demencia (Feldman & Jacova, 2005; Petersen, 2004). Aun así, el DCL puede menoscabar sustancialmente el desempeño cotidiano de un individuo, y se ha relacionado con el riesgo de progresión o conversión a una demencia (Eshkoor et al., 2015; Martin & Velayudhan, 2020; Petersen, 2016).
La demencia representa cualquier deterioro de la cognición lo suficientemente significativo como para interferir de forma drástica con el funcionamiento diario del individuo (Gale et al., 2018). Existen diferentes tipos de demencia (Smits et al., 2015), como la frontotemporal o la demencia con cuerpos de Lewy, pero el tipo de demencia más frecuente es la provocada por la enfermedad de Alzheimer (EA) (Breijyeh & Karaman, 2020). El desarrollo de un trastorno neurocognitivo está influido por factores genéticos, fisiológicos y psicosociales (Apóstolo et al., 2016), de manera que el cauce de su progresión está sujeto a los estilos de vida particulares y a otros determinantes externos. Debido a que las etiologías clínicas de estos trastornos son altamente heterogéneas, se recomienda la intervención no farmacológica como tratamiento de primera línea en pos de prevenir y tratar sus síntomas (Sikkes et al., 2021).
Conforme el número de personas mayores aumenta en la sociedad, también se ven incrementadas aquellas iniciativas destinadas a fomentar su bienestar y calidad de vida (Borrego-Ruiz & Bustillos-López, 2024; Livingston et al., 2020). A este respecto, el envejecimiento saludable consiste en el proceso dirigido a desarrollar y mantener las capacidades que permiten la autonomía y el bienestar en la vejez (WHO, 2015). Dentro del marco del envejecimiento saludable, la estimulación cognitiva (EC) constituye una de las herramientas no farmacológicas más utilizadas para prevenir y tratar los trastornos neurocognitivos (Chen et al., 2022; Gavelin et al., 2020; Gómez-Soria et al., 2023a), así como para preservar las facultades mentales de los adultos mayores cognitivamente sanos (CS) (Calatayud et al., 2020). Los programas de EC pueden presentar una amplia variabilidad de enfoques y métodos, pero todos se caracterizan por fundamentar su eficiencia en la potencial plasticidad del cerebro (Mora, 2013; Park & Bischof, 2013), pues la falta de actividad acelera el deterioro funcional (Woods et al., 2012). A tal efecto, su práctica se basa en tareas que involucran el procesamiento intelectivo en un contexto generalmente social (Apóstolo et al., 2019). El término EC se suele utilizar de forma genérica e indistinta para denominar a los programas orientados a la promoción del funcionamiento mental de un individuo o grupo, pero se diferencia del entrenamiento cognitivo en que éste se dirige a mejorar funciones específicas, y de la rehabilitación cognitiva en que ésta utiliza un enfoque individualizado, favoreciendo el desempeño cotidiano mediante objetivos preseleccionados (Gómez-Soria et al., 2023b). Asimismo, existen otras alternativas a la EC que se han aplicado en el contexto gerontológico (Chalfont et al., 2020; Kooijmans et al., 2024), como la terapia de reminiscencia (Cammisuli et al., 2022; Woods et al., 2018) o la estimulación magnética transcraneal (Cotovio et al., 2022; Iriarte & George, 2018; Liao et al., 2015).
Considerando el desafío que representan los trastornos neurocognitivos para la salud pública, debido al progresivo crecimiento y envejecimiento demográfico, es imperativo centrar el foco en las intervenciones que se dirigen a prevenir y tratar estas afecciones. La EC alberga particular relevancia al ser una herramienta frecuentemente empleada en ámbitos gerontológicos y por equipos multidisciplinares. Evaluar la efectividad de esta práctica puede ofrecer evidencia sólida con implicaciones significativas para las políticas de salud relacionadas con el envejecimiento de la población. Sin embargo, es de rigor que los estudios orientados a dicho fin permitan su replicación (Kolanowski et al., 2012), y también presenten la calidad metodológica suficiente como para garantizar pruebas concluyentes de los resultados atribuidos a la intervención (Cafferata et al., 2021). A tal efecto, es plausible afirmar que la eficacia de la EC se ha puesto en tela de juicio en relación con la mejora de la cognición de los adultos mayores con demencia (Orrell et al., 2017), mientras que un considerable número de estudios presentan múltiples limitaciones (Saragih et al., 2022), que pueden explicarse en base a distintos aspectos contribuyentes, como un tamaño de muestra insuficiente, bajo poder estadístico, el empleo de diferentes tipos de escalas de evaluación, y una baja confiabilidad de las medidas de resultado (Cao et al., 2023).
En los últimos años, diversos trabajos de revisión han evaluado la potencial eficacia de la estimulación cognitiva en poblaciones de adultos mayores pertenecientes a diferentes entornos geográficos (Aguirre et al., 2013; Gomes et al., 2020; Gómez-Soria et al., 2023a; Rodríguez-Mora & Calvario, 2023; Silva & Seabra, 2020; Sun et al., 2022; Woods et al., 2012). Pese a ello, ninguna revisión se ha centrado en evaluar los parámetros de calidad de los estudios seleccionados, o en que éstos se seleccionaran atendiendo a un contexto determinado. Respondiendo a la necesidad de obtener una comprensión contextualizada de este marco de actuación, resulta pertinente el examen de aquellos estudios clínicos y de investigación que comparten el componente lingüístico y cultural característico de la comunidad hispanohablante. Asimismo, conviene analizar la potencial eficacia de la estimulación cognitiva no solo en función los hallazgos obtenidos, sino también de acuerdo con la calidad descriptiva y metodológica de los estudios que sustentan dichos hallazgos.
El objetivo del presente trabajo fue realizar una revisión crítica a través del análisis de una selección de estudios recientes, escritos en lengua castellana, y destinados a evaluar la eficacia de un programa de EC en una población de adultos mayores. Como objetivos específicos se establecen los siguientes: [1] examinar comparativamente las características descriptivas y metodológicas, así como los objetivos, resultados y limitaciones, de los distintos estudios seleccionados; y [2] evaluar la selección de estudios a través de ocho indicadores de calidad expresamente diseñados para tal fin. En relación con los objetivos planteados, se hipotetiza que los estudios analizados mostrarán resultados que respalden la eficacia de la estimulación cognitiva; sin embargo, se esperan encontrar limitaciones metodológicas, y/o en otros parámetros, que puedan afectar la validez de dichos resultados.
MÉTODO
La tipología de la presente revisión se corresponde con la revisión crítica, enfocada en investigar la literatura para evaluar críticamente su calidad. A diferencia de la revisión sistemática (Parums, 2021), la revisión crítica no precisa necesariamente de un procedimiento sistemático o estandarizado (Grant & Booth, 2009), pudiendo admitir protocolos de revisión más flexibles.
Estrategia de búsqueda y selección
El procedimiento de búsqueda y selección se basó en las instrucciones que figuran en la guía PRISMA (Page et al., 2021). Con la finalidad de obtener artículos escritos en lengua castellana, las fuentes bibliográficas consultadas fueron las siguientes: Cuiden, Dialnet y SciELO. Entre el 15 y el 30 de septiembre de 2023 se realizó una búsqueda en cada una de las bases de datos con las palabras clave: «intervención» y «mayores» y «estimulación cognitiva». No se aplicó ningún filtro ni restricción de búsqueda. Los criterios de exclusión establecidos fueron: [1] artículos no originales (capítulos de libro, tesis doctorales, revisiones o meta-análisis); [2] artículos publicados antes del año 2020 (para obtener una selección de artículos actualizada); [3] artículos no escritos en castellano; [4] artículos no disponibles o no accesibles; [5] artículos cuyo objeto de estudio no son las personas mayores. Por otra parte, se fijaron los siguientes criterios de inclusión: [1] estudios que contemplan una intervención de EC para estimar resultados en la cognición; [2] estudios que evalúan la efectividad o eficacia de la intervención aplicada; [3] estudios que emplean pruebas estadísticas para determinar los resultados de la intervención. Tras la identificación de artículos, se reconoció el conjunto y, por orden, se descartaron aquellos no originales, publicados antes del año 2020, escritos en idiomas distintos al castellano y duplicados. Posteriormente, se cribaron los artículos por medio de la lectura del título y del resumen, y se descartaron aquellos que no cumplían con los criterios establecidos. Después se examinaron los artículos restantes a través de la lectura del contenido íntegro de los mismos, y se desestimaron aquellos que no satisfacían las pautas de elegibilidad. Por último, se seleccionaron los artículos que habían superado el proceso de cribado para que formaran parte de la revisión, y se organizaron en función de su año de publicación, y también por orden alfabético, de acuerdo con la autoría del trabajo.
Criterios de evaluación
Con la finalidad de evaluar la selección de estudios, se elaboraron ocho indicadores basados en los criterios CONSORT (Moher et al., 2010) y en otros trabajos de análisis (Rychetnik et al., 2002). Estos indicadores se exponen en la Tabla 1. La información descriptiva de los artículos seleccionados se determinó en función de varias de las pautas de codificación de datos incluidas en la guía PRISMA (Page et al., 2021). En el diseño de una investigación se debe considerar a priori el tamaño de muestra a utilizar, dado que afecta directamente a la potencia estadística del estudio (Akobeng, 2016). Sin embargo, es frecuente que dicho paso sea omitido. En tales casos, es importante exigir el cálculo de la potencia estadística post hoc. Para ello, se ha utilizado el software G*Power, estableciéndose el parámetro de alfa en .05 y un tamaño de efecto mediano.
Tabla 1. Indicadores utilizados para evaluar la selección de estudios.

Nota.GE: Especifica la distribución por género. ED: Calcula la edad media. CO: Declara el contexto geográfico. DE: Describe el programa. SE: Expne las características de las sesiones. TI: Refleja el tiempo transcurrido entre el inicio y el término de la intervención. IN: Utiliza instrumentos validados. PE: Obtiene una potencia estadística post hoc adecuada.
RESULTADOS
En la Figura 1 se representa una síntesis del proceso de búsqueda y selección de artículos incluidos en esta revisión. Se seleccionaron e incluyeron un total de 11 artículos, cuya información descriptiva se especifica en la Tabla 2.
Tabla 2. Información descriptiva de los estudios evaluados.

NotaNE: No especificado; MEC: Mini-Examen Cognoscitivo. GDS-15: Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage Abreviada. NEUROPSI: Batería de Evaluación Neuropsicológica Breve en español. EAA: Escala de Ansiedad Abreviada. Set-test: Evaluación de la fluidez verbal. IB: Índice de Barthel. MoCA: Montreal Cognitive Assessment. L-B: Escala de Lawton y Brody. MMSE: Minimental State Examination. EAM: Escala de Alteración de la Memoria. PCL: Prueba Cognitiva de Leganés. ACE: Addenbrook's Cognitive Examination. Token: Test para evaluar el lenguaje comprensivo. EMAPSI: Inventario de Maltrato Psicológico al Mayor. GDS-30: Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage. LSI-A: Life Satisfaction Index-A. TMA: Test de Memoria Autobiográfica.
El tamaño muestral de los distintos estudios osciló entre 14 (Hernández-Ulloa et al., 2023) y 201 (Calatayud et al., 2021), aunque en un 54.5% de las intervenciones participaron menos de 30 mayores (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Gómez-Soria et al., 2021; Hernández-Ulloa et al., 2023; Ríos-Silva, 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020). Con respecto a las características de la muestra, los estudios incluyeron tanto hombres como mujeres, siendo la participación de éstas mayor que la de los varones, pero en el estudio de Ríos-Silva (2023) este parámetro no fue definido. La edad de los participantes osciló entre los 55 y los 97 años. En un 36.4% de las intervenciones se utilizó una muestra compuesta por mayores con DCL (Gómez-Soria et al., 2021; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Hernández-Ulloa et al., 2023; Justo-Henriques et al., 2021), en un 18.2% por mayores CS (Calatayud et al., 2021; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020), en un 18.2% por mayores con EA (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022), en un 18.2% por mayores CS y con DCL (Duque et al., 2022; Ríos-Silva, 2023), y en un 9.1% por mayores CS, con DCL y con EA (Villasán-Rueda et al., 2023). El número de sesiones por programa osciló entre 10 (Calatayud et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2021) y 88 (Justo-Henriques et al., 2021), pero en un 36.4% de los estudios no se establece numéricamente este dato (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Duque et al., 2022; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022). La frecuencia semanal de las sesiones no fue especificada en un 27.3% de los estudios (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Ríos-Silva, 2023), mientras que tampoco lo fue la duración de las mismas en un 36.4% de los estudios (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Duque et al., 2022; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Ríos-Silva, 2023). Un 27.3% de las intervenciones tuvieron una duración de dos meses (Calatayud et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2021; Villasán-Rueda et al., 2023), un 18.2% de tres meses (Duque et al., 2022; Hernández-Ulloa et al., 2023), un 9.1% de seis meses (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020), un 9.1% de siete meses (Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022), un 18.2% de doce meses (Justo-Henriques et al., 2021; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022), y en un 18.2% de los estudios no se expone este parámetro (Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020; Ríos-Silva, 2023). Un 27.3% de las intervenciones se realizaron en España (Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Calatayud et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2021), un 18.2% en Cuba (Hernández-Ulloa et al., 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020), y un 9.1% en cada uno de los siguientes países: Argentina (Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022), Colombia (Duque et al., 2022), México (Villasán-Rueda et al., 2023), Perú (Ríos-Silva, 2023) y Portugal (Justo-Henriques et al., 2021). El 9.1% restante corresponde al estudio de Balea-Fernández & Alonso-Ramírez (2020), donde no se revela esta información, aunque por la filiación institucional de los autores se infiere que la intervención pudo haberse realizado en España.
Los estudios seleccionados poseían objetivos afines, aunque con ciertos matices diferenciales, determinados por aspectos como el tipo de intervención, el diseño o los parámetros a evaluar. A este respecto, los estudios utilizaron distintos enfoques y algunos de ellos se alejaban de la EC tradicional, pero sus propósitos y procedimientos contemplaban la práctica de ejercicios intelectuales para prevenir o tratar el declive mental propio de la senescencia. Respecto a los resultados, todos los estudios enfocados en evaluar la eficacia de la EC concluyeron que la intervención implementada ejerció un efecto positivo sobre el estado cognitivo de los participantes. Tan solo en un 63.6% de los estudios se declararon posibles limitaciones (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Calatayud et al., 2021; Duque et al., 2022; Gómez-Soria et al., 2021; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Hernández-Ulloa et al., 2023; Justo-Henriques et al., 2021), principalmente relacionadas con falta de información clínica (Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Calatayud et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2021), con debilidades metodológicas (Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Calatayud et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2021; Justo-Henriques et al., 2021) o con un tamaño de muestra insuficiente (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Duque et al., 2022; Gómez-Soria et al., 2021; Hernández-Ulloa et al., 2023). La información previamente descrita se muestra en la Tabla 3.
Tabla 3. Objetivos, conclusiones y limitaciones declaradas de los estudios evaluados.

Nota.NE: No especificado. GI: Grupo de intervención. GC: Grupo de control.
Tras aplicar los indicadores de calidad, se obtuvieron los siguientes resultados: en un 9.1% de los estudios no se establece la distribución de los participantes por género (Ríos-Silva, 2023); en un 36.4% no se calcula la edad media de los participantes (Duque et al., 2022; Hernández-Ulloa et al., 2023; Ríos-Silva, 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020); en un 9.1% no se declara el contexto geográfico donde se realizó la intervención (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020); en un 45.4% no se comparte una descripción detallada del programa (Duque et al., 2022; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Hernández-Ulloa et al., 2023; Ríos-Silva, 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020); en un 45.4% no se especifica el número de sesiones, o la frecuencia o duración de las mismas (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Duque et al., 2022; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Ríos-Silva, 2023); en un 18.2% no se concreta el tiempo transcurrido entre el inicio y el término de la intervención (Ríos-Silva, 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020); en un 100% se utilizan instrumentos validados para evaluar los efectos del tratamiento; y únicamente en un 36.4% de los estudios se obtiene una potencia estadística adecuada (Calatayud et al., 2021; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022; Justo-Henriques et al., 2021; Villasán-Rueda et al., 2023), por lo que los estudios restantes presentan una alta probabilidad de haber incurrido en errores tipo II, es decir, que en los mismos no se ha rechazado la hipótesis nula cuando ésta era falsa. En Tabla 4 se muestra el cálculo de la potencia estadística post hoc.
Tabla 4. Cálculo de la potencia estadística post hoc.

Nota. *Se utiliza prueba t-student para muestras independientes.
De esta forma, tan solo un 27.3% de los estudios cumple con los ocho criterios evaluados (Calatayud et al., 2021; Justo-Henriques et al., 2021; Villasán-Rueda et al., 2023), mientras que un 9.1% cumple con siete (Gómez-Soria et al., 2021), un 18.2% con seis (Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Hernández-Silvera & Leonardelli, 2022), un 18.2% con cinco (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Hernández-Ulloa et al., 2023), un 18.2% con cuatro (Duque et al., 2022; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020), y un 9.1% con dos (Ríos-Silva, 2023). En la Tabla 5 se exponen los resultados tras aplicar los indicadores.
Tabla 5. Evaluación de la selección de estudios mediante los indicadores elaborados.

Nota.GE: Especifica la distribución por género. ED: Calcula la edad media. CO: Declara el contexto geográfico. DE: Describe el programa. SE: Expone las características de las sesiones. TI: Refleja el tiempo transcurrido entre el inicio y el término de la intervención. IN: Utiliza instrumentos validados. PE: Obtiene una potencia estadística post hoc adecuada.
DISCUSIÓN
La eficacia de los programas de EC para mejorar la cognición, así como para prevenir o tratar las consecuencias derivadas de los trastornos neurocognitivos, ha sido objeto de debate y se ha intentado demostrar por medio de múltiples investigaciones en diversos contextos geográficos (Aguirre et al., 2013). Sin embargo, muchos estudios presentan sesgos y debilidades metodológicas que conducen a la sobreestimación del efecto del tratamiento y que dificultan la atribución concluyente de las mejoras observadas tras la intervención (Cafferata et al., 2021; Cao et al., 2023), lo cual resalta el hecho de que todavía se necesitan experimentos mejor controlados que proporcionen pruebas más convincentes. En el presente trabajo se han revisado once estudios recientes, escritos en lengua castellana y focalizados en evaluar programas dirigidos a estimular la cognición. La relativa convergencia entre sus objetivos sugiere cierta homogeneidad en la intención investigativa. Además, todos los estudios seleccionados concluyen que las intervenciones implementadas demostraron ser una buena alternativa para preservar la cognición de adultos mayores CS, así como para mejorar el DCL y la EA. Estos resultados coinciden con los encontrados en otros estudios y revisiones previas, que reportaron mejoras en el funcionamiento cognitivo de participantes mayores CS, con DCL, y también con demencia, lo cual sugiere una tendencia generalizada que ha sido observada en distintos contextos y poblaciones (Aguirre et al., 2013; Cafferata et al., 2021; Gómez-Soria et al., 2023a; Kim et al., 2017; Saragih et al., 2022; Sun et al., 2022; Wong et al., 2021; Woods et al., 2012). A su vez, Woods et al. (2023) evaluaron la efectividad de la EC en mayores con diferentes grados de deterioro cognitivo, incluyendo la demencia, así como los efectos negativos sobre la cognición y sobre otros parámetros de calidad de vida. En los 37 estudios que fueron revisados, estos autores encontraron un alto nivel de inconsistencia en relación con los resultados cognitivos y los parámetros relativos a la calidad de vida. En los análisis exploratorios de subgrupos, no se identificó un efecto de la modalidad de la intervención (grupal versus individual) o para el número total de sesiones grupales. Sin embargo, estos autores encontraron que las mejoras en la cognición fueron mayores cuando aumentaba la frecuencia de las sesiones grupales, y en función de la gravedad de la demencia entre los participantes al inicio de la intervención (leve versus moderada).
Los resultados positivos en relación con la EC que fueron obtenidos en los estudios analizados en la presente revisión respaldan la eficacia de este tipo de intervención en ciertas áreas y sugieren una tendencia alentadora, pero no definitiva. Al respecto, se han encontrado debilidades que pueden condicionar la validez de estos hallazgos. Solo el 63.6% de los estudios declara posibles limitaciones, lo cual pone de relieve la necesidad de una mayor transparencia y autocrítica, así como de un mayor cuidado en la evaluación. En un estudio empírico es fundamental garantizar el rigor en relación con la información descriptiva que se expone, dado que la interpretación, categorización y potencial transferibilidad de los resultados de la investigación son factores directamente sujetos a estos datos (Rychetnik et al., 2002), que contribuyen a ilustrar cómo los distintos grupos de población experimentan el fenómeno o tratamiento objeto de estudio. Por ende, los parámetros asociados al programa implementado deben ser claros, posibilitando la replicación de la intervención y contribuyendo a su verificación independiente. La revisión de estudios muestra que, proporcionalmente, los indicadores de calidad evaluados que han sido satisfechos en mayor medida son la especificación de la distribución por género (90.9%), el cálculo de la edad media (72.7%), la concreción del contexto geográfico (90.9%), la declaración del tiempo transcurrido entre el inicio y el término de la intervención (81.8%), y el uso de instrumentos validados (100%). Por otra parte, no puede considerarse un buen grado de cumplimiento el obtenido en los indicadores relativos a la descripción de la intervención (54.5%) y a la especificación de las características de las sesiones (54.5%). Estas carencias u omisiones pueden limitar la comprensión de los mecanismos subyacentes al efecto observado, pero lo más importante es que imposibilitan la replicabilidad de las intervenciones implementadas, obstaculizando el desarrollo de conocimientos en torno a la problemática estudiada.
La potencia estadística de un estudio se traduce como la probabilidad de que se detecten diferencias en la muestra intervenida, siempre que éstas existan (Mascha & Vetter, 2018). Un estudio cuya potencia estadística se encuentre por debajo de .80 es altamente susceptible de incurrir en un error tipo II (Cárdenas-Castro & Arancibia-Martini, 2014), que constituye la no desestimación de la hipótesis nula cuando no es verdadera. De los estudios seleccionados, un 63.6% presenta un tamaño de muestra insuficiente (Balea-Fernández & Alonso-Ramírez, 2020; Barrientos-García & Barrera-Algarín, 2022; Duque et al., 2022; Gómez-Soria et al., 2021; Hernández-Ulloa et al., 2023; Ríos-Silva, 2023; Salazar-Pérez & Mayor-Walton, 2020), lo cual pone en duda su capacidad para detectar efectos confiables en la población utilizada. En cuanto al cumplimiento global de los indicadores aplicados, se puede afirmar que varios de los estudios evaluados presentan aspectos vinculados a la calidad que son susceptibles de mejora, por lo que deben considerarse en futuras investigaciones.
Al igual que en cualquier otro trabajo de revisión, una posible limitación recae en la no inclusión de artículos indexados en bases de datos distintas a las consultadas. No obstante, la principal limitación de esta revisión viene determinada por la heterogeneidad de los estudios seleccionados. Esta variabilidad dificulta la comparación directa entre ellos, y los resultados obtenidos podrían estar influenciados por dicho factor. Sin embargo, la diversidad metodológica no es excesivamente sustancial, por lo que la discrepancia encontrada no debería ejercer un impacto significativo, dada la convergencia en los aspectos esenciales. Adicionalmente, otra posible limitación de esta revisión es la relacionada con su tipología; aunque el proceso vinculado al método se ha sistematizado en base a directrices estandarizadas (PRISMA), es importante reconocer que la naturaleza del presente trabajo no ha seguido el protocolo de manera estricta. Por último, otra limitación de la revisión radica en la falta de diferenciación entre los resultados inmediatos post-intervención y los efectos a largo plazo de la estimulación cognitiva. Aunque se reconoce la importancia de esta distinción, la comparación general de los efectos no permite un análisis detallado de cómo la duración del seguimiento podría influir en la efectividad de la intervención.
CONCLUSIONES
En esta revisión actualizada, se identificaron beneficios cognitivos a corto plazo en personas mayores CS, con DCL y con EA, que participaron en programas de EC. En algunos de los estudios analizados se encontraron mejoras clínicamente relevantes en la comunicación y en la interacción social, así como ligeros beneficios en una variedad de resultados que incluyen la calidad de vida, el estado de ánimo y el comportamiento. Los parámetros que parecen influir más significativamente en los resultados de las intervenciones con EC son: el número de sesiones y la extensión temporal de la intervención (Chen et al., 2019), y la personalización de las actividades en función de las características de los participantes (Calatayud et al., 2022; Félix et al., 2020).
No obstante, la presente revisión arroja luz sobre una tendencia previamente discutida en el panorama gerontológico. Algunos estudios que evalúan la eficacia de la EC en adultos mayores presentan deficiencias que generan dudas sobre el conjunto más amplio de conocimientos en relación con la temática en cuestión. Aunque los potenciales beneficios de la EC parecen ser evidentes, considerando la ingente cantidad de estudios realizados, se debe priorizar el rigor y el compromiso en el desarrollo de la investigación, a fin de garantizar la confiabilidad de los resultados obtenidos, preservar la calidad metodológica, y agregar aplicaciones funcionales al bagaje práctico existente. En consecuencia, se ha de fomentar la exhaustividad científica, además del pensamiento crítico, en el desarrollo de intervenciones. Al respecto, cabe resaltar la necesidad de realizar estudios longitudinales que empleen una muestra de participantes amplia. Asimismo, se debe impulsar la realización de estudios que permitan su replicación y que respondan satisfactoriamente a las demandas de investigación actuales.
Consiguientemente, la literatura científica existente sobre la EC refleja que aún se han de mejorar ciertos aspectos en términos de profundidad y de amplitud de investigación. Estas carencias resaltan que, para avanzar en este campo, se deben integrar enfoques multidisciplinarios que permitan discernir los parámetros óptimos para la implementación de este tipo de intervenciones, incluyendo los contenidos específicos, la frecuencia ideal, o la duración óptima. Además, resulta crucial investigar más a fondo los potenciales beneficios a largo plazo de estos programas y su viabilidad como intervención terapéutica en diversas poblaciones. Para abordar estos propósitos, los estudios futuros deben emplear metodologías rigurosas y bien diseñadas, cuya divulgación sea precisa y clara, a fin de fomentar su posible replicación y constatación empírica. Así pues, la exigüidad actual de evidencia respecto a los potenciales efectos beneficiosos de la EC en distintas poblaciones de mayores subraya que solo a través de un compromiso continuo con la investigación se puede obtener una compresión completa del verdadero potencial clínico de esta alentadora estrategia de intervención.














