Me he permitido la licencia de titular este editorial de la misma manera que lo hace el profesor Ronald Harden en un reciente número de Medical Teacher [1] en el que reflexiona sobre las conclusiones de la conferencia internacional que tuvo lugar en noviembre de 2022 en Miami sobre este tema y que fue liderada por el Dr. Julius Frenk, reconocidísimo experto en el campo de la educación médica y autor de un informe publicado en 2010 en Lancet que llevaba por título 'Health professionals for a new century: transforming education to strengthen health systems in an interdependent world'. [2]. Harden nos redirige a un artículo publicado en el mismo número de Medical Teacher en el que Issenberg y Chandran abordan los Proceedings de la Conferencia [3].
Es conveniente repasar las principales conclusiones de la conferencia en un momento en que la educación médica a nivel global se enfrenta a nuevos retos de futuro derivados de los cambios que se están produciendo en los sistemas de salud y en la atención sanitaria, determinados por el enorme desarrollo del conocimiento biomédico y tecnológico, los cambios demográficos y sociales, epidemiológicos y medioambientales, los cambios organizativos de los sistemas de salud y los condicionantes económicos.
Por otra parte, en nuestro país estamos asistiendo, desde hace ya unos años, a un incremento espectacular de nuevas facultades de medicina y de ciencias de la salud tanto de titularidad pública como privada, así como al consiguiente aumento del número de alumnos admitidos en las facultades ya existentes, y todo ello justificado por el posible déficit de médicos y, sobre todo, de enfermeras. No me queda claro, sin embargo, que de forma general las facultades de medicina y ciencias de la salud, tanto las antiguas como las nuevas, sean totalmente conscientes de los nuevos retos a que se enfrenta la formación de los profesionales sanitarios.
Debemos ser conscientes de que los profesionales sanitarios que empiezan a formarse ahora ejercerán su profesión de forma autónoma como muy pronto de aquí a 10 años en el caso de los médicos y de 4-6 años en el caso de las enfermeras. Por ello, las facultades de medicina y ciencias de la salud no pueden seguir formando a los profesionales como lo están haciendo hasta ahora, con los mismos principios, metodologías y contenidos, sino que los programas formativos han de contemplar los nuevos retos a que se enfrenta hoy en día la educación médica, pero también deberían asumir el riesgo de predecir qué áreas del conocimiento, actualmente no priorizadas, serán esenciales para los profesionales en el futuro. Por ello, si seguimos creando nuevas facultades para hacer lo mismo o las ya existentes siguen haciendo lo mismo, no será posible dar respuesta adecuada a los retos de futuro.
Las conclusiones derivadas de la citada conferencia constituyen una buena guía para reflexionar sobre la formación de nuestros futuros profesionales de salud.
De forma resumida, mencionaremos algunas de ellas. En primer lugar, se señalan las repercusiones que ha tenido la reciente pandemia de COVID-19 en la educación médica y de la necesidad de saber aprovechar los desarrollos que ésta ha inducido; entre ellos, el paso de la formación presencial a la no presencial, y la aparición de nuevos entornos y metodologías de aprendizaje, que deberían aprovecharse. Por otra parte, la colaboración multidisciplinar e interprofesional en la clínica que se dio en el momento de la pandemia hace más patente la necesidad de ir hacia una formación más generalista y no tan especializada como ocurre todavía en nuestras facultades y, de forma muy especial, a un modelo en el que, cada vez más, distintas profesiones sanitarias que van a trabajar juntas aprendan juntas, compartiendo entornos y momentos de aprendizaje comunes. Todo ello es válido no sólo para médicos y enfermeras, sino para otras profesiones sanitarias bajo el nuevo paradigma de 'una sola salud' [4].
Otro punto que destaca el artículo es la necesidad de formar profesionales capaces de afrontar no sólo los retos actuales de salud, sino también los emergentes, y adaptar las competencias a las necesidades de la sociedad, asegurando que los graduados sean capaces de responder a los cambios y los nuevos determinantes de salud. En lugar de un sistema cerrado y fuertemente estructurado como el nuestro, en el que los estudiantes avanzan desde la admisión hasta el aprendizaje y la graduación de forma muy dirigida, convendría que las facultades apostaran por modelos más abiertos para satisfacer las necesidades cambiantes de los profesionales a lo largo de sus carreras y más adaptadas a las necesidades individualizadas de los estudiantes. El sistema tradicional estandarizado de enseñanza y aprendizaje, que comienza con el estudio de las ciencias biomédicas y continúa con la formación clínica, se beneficiaría si se potenciara el contacto precoz con la clínica, el life-long learning, el aprendizaje de los valores del profesionalismo y de las competencias transversales, y se pusiera énfasis en la propia responsabilidad del alumno en su proceso de aprendizaje.
El informe plantea también la necesidad de que la atención primaria de salud impregne los currículos de los profesionales sanitarios y no se limite a ocupar espacios secundarios y cerrados. En nuestro país, donde es de dominio público la falta de interés de nuestros profesionales por la atención primaria y comunitaria, en parte por su desconocimiento, la responsabilidad social que deben asumir las instituciones docentes debería hacer que éstas afrontasen estos cambios lo antes posible.
Finalmente, se incide en otros aspectos que se deben tener en cuenta, como el uso adecuado de las nuevas tecnologías, el papel de la inteligencia artificial en la educación médica y la innovación en los sistemas de evaluación en educación médica.
Estos cambios no son fáciles de abordar y no se pueden hacer de forma rápida, porque muchas veces las prisas conducen al fracaso, por la tradicional resistencia al cambio existente en nuestras instituciones educativas. Por ello, es adecuado establecer un proceso progresivo que permita pasar de la situación actual a la deseable, durante el cual las facultades pudiesen generar los perfiles competenciales que den respuesta a las nuevas demandas y expectativas de la sociedad.
Desde este editorial, invitamos a todos los lectores a que repasen estos artículos que figuran en las referencias para tener una visión más completa y a que reflexionen sobre los aspectos que se describen.










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