Introducción
La escalada es un deporte multidisciplinar cuyo objetivo principal es alcanzar el punto más alto de una pared rocosa o el final de una vía establecida1,2. Se distinguen diferentes modalidades3,4: la escalada deportiva y la tradicional, en las que el escalador llega a la “reunión” o cima de la vía y desciende. En la escalada deportiva se emplean anclajes fijos, mientras que en la tradicional el propio escalador protege la caída colocando anclajes en la roca 1,2,3. En particular, la escalada deportiva ha ganado popularidad de forma exponencial en los últimos años, posiblemente por el aumento de competiciones y su inclusión como deporte olímpico en los Juegos Olímpicos de Tokio (2020) (4.
Este auge conlleva un incremento proporcional de lesiones. Sus causas incluyen factores intrínsecos (propios del individuo) y extrínsecos, como técnica deficiente, uso o elección inadecuada del material y, en el caso del pie, la falta de conocimiento sobre la selección del calzado deportivo apropiado5,6.
La escalada implica movimientos acíclicos para desplazar el cuerpo, con un compromiso activo de manos y pies. En el tren inferior, varios gestos técnicos buscan aproximar el centro de gravedad a la pared. El heel hook (gancho de talón) consiste en apoyar el talón sobre un apoyo; el toe hook (gancho de punta del pie), en presionar con el dorso del pie. Para estos gestos se requiere calzado técnico específico denominado “pies de gato” (6,7. Los pies de gato son calzado técnico especializado para escalar, tanto en roca natural como en rocódromos7. Son muy ligeros, flexibles y adherentes gracias a una goma específica en suela, bandas laterales y puntera, lo que aporta agarre y precisión. Inicialmente eran de cuero; con los avances industriales se emplean materiales técnicos que aportan nuevas prestaciones, si bien el cuero mantiene adeptos por precio, durabilidad y adaptabilidad. Rasgos como la curvatura que presiona los dedos y la asimetría que concentra la carga en el hallux son elementos básicos del diseño moderno (Figura 1) (7,8.
La mayoría de las lesiones del pie en escalada se deben a pies de gato de forma no natural o de talla inadecuada. La reducción de la capacidad interna fuerza la compresión del pie, alterando morfología y función de sus estructuras8. El pie “acorta” por supinación y contracción de estructuras plantares9. En el antepié, las articulaciones interfalángicas proximales (y con frecuencia las distales) flexionan, mientras que las articulaciones metatarsofalángicas hiperextienden, resultando en dedos en garra8,9,10.
La literatura sobre el pie del escalador señala que la mayoría ha sufrido algún dolor o deformidad durante la práctica de este deporte, ya sea en el pie o en el tobillo(10,11,12,). Las deformidades y lesiones más comunes son: deformidades digitales, hallux limitus, hematoma subungueal y hallux valgus (Figura 2) (11. Aunque un pie de gato bien ajustado puede ayudar biomecánicamente a prevenir trastornos crónicos, la talla cobra especial relevancia. El diseño busca un ajuste “de segunda piel” y, para lograrlo, muchos escaladores aceptan dolor durante y después de escalar10,11,12. Se ha descrito el uso de pies de gato extremadamente ceñidos, incluso hasta 4 tallas por debajo de la talla real10.
Publicaciones recientes describen alteraciones del pie directamente relacionadas con el uso de pies de gato; predominan las lesiones traumáticas(11,12,13,14,15,). El objetivo de esta investigación parte de dicha premisa: observar la relación entre la talla del pie de gato y la aparición de lesiones en los pies derivadas de su uso.
Pacientes y métodos
Diseño y población de estudio
Se realizó un estudio descriptivo, transversal y prospectivo (febrero-noviembre de 2021) con escaladores usuarios habituales del rocódromo CerezaWall (Plasencia) y que pertenecían a la FEXME (Federación Extremeña de Montaña y Escalada).
Se realizaron encuestas de cribado entre voluntarios para obtener una muestra aleatoria codificada por números. Tras las encuestas, se aplicaron criterios de inclusión/exclusión para conformar la muestra final (Tabla 1).
Mediciones
Se realizaron exploraciones físicas y diagnósticos mediante pruebas clínicas: medición de longitud y anchura de ambos pies y del calzado. También se recogieron variables del cuestionario inicial (edad, sexo, años de experiencia, talla y modelo del pie de gato) y, en la inspección clínica, alteraciones morfo-estructurales (hallux valgus, hallux limitus, dedos en garra), dermatológicas (ampollas, problemas ungueales, patrones hiperqueratósicos, hematomas) y ungueales.
El diagnóstico se basó en signos y síntomas determinados por 2 exploradores entrenados para minimizar el sesgo entre examinadores16. Las mediciones se tomaron antes de escalar. Las variables cuantitativas (longitud/anchura del pie y del calzado) se midieron con cinta métrica (Figura 3); la longitud del calzado se midió por el exterior. La amplitud articular de la articulación interfalángica del hallux se midió con goniómetro (Figura 4). Todas las mediciones las realizaron ambos examinadores por triplicado para obtener la media aritmética y minimizar el sesgo intraobservador17.
Análisis estadístico
El análisis estadístico se realizó con el programa SPSS v21.0 para iOS®. Las variables cualitativas se expresaron como frecuencias simples y las variables cuantitativas se expresaron como medias y desviaciones estándar. Se realizó una prueba de contraste de hipótesis utilizando el 5 % (p < 0.05) como valor para rechazo de la hipótesis nula. Se comprobó que los datos no seguían los patrones de normalidad (p < 0.05; Kolmogórov-Smirnov), por lo que se aplicaron pruebas no paramétricas para las variables cuantitativas (Wilcoxon, Friedman y U de Mann-Whitney) y la prueba de la χ2 para el contraste de las variables cualitativas.
Resultados
La muestra final estuvo compuesta por un total de 53 escaladores (n = 53): 32 hombres y 21 mujeres con una media de edad de 27.5 ± 1.76 años y un índice de masa corporal (IMC) de 21.41 ± 0.32 (Tabla 2).
No hubo diferencias significativas entre la longitud del pie de gato derecho y el izquierdo, ni entre la longitud de ambos pies (p > 0.05; Wilcoxon), por lo que ambos pies y ambos pies de gato se comportaron de manera similar (Tabla 3).
Casi el 70 % de los escaladores utilizaba un pie de gato más corto que su pie, con diferencia significativa entre la longitud del pie y del calzado (p = 0.010; Wilcoxon), equivalente a casi dos tallas menos.
Al correlacionar años de experiencia y presencia de lesiones, también se observó diferencia significativa (p < 0.05; Wilcoxon): a mayor tiempo de práctica con pies de gato pequeños, mayor incidencia de lesiones (Figura 4).
Por último, se constató que quienes usan pies de gato demasiado pequeños sufren más lesiones que quienes usan calzado ajustado a su pie (p < 0.05). Las más comunes fueron contusiones, callosidades, HAV y hallux limitus; este último estuvo presente en el 60 % de los escaladores (Figura 5).
Discusión
Las publicaciones sobre la distribución de lesiones entre extremidades superiores e inferiores son poco consistentes18, ya que muchos artículos en escalada son series de casos o se centran en lesiones de la mano19,20,21,22, por lo que no permiten analizar adecuadamente la distribución. Largiadèr y cols. informaron, en 332 escaladores, que el 34.4 % sufrió lesiones y el 34.6 % de estas afectó al pie23. Otro estudio reciente sobre lesiones en escalada en roca refiere que el 50 % de todas las lesiones son traumáticas de miembro inferior (pie, dedos y tobillo), frente al 36 % en miembro superior24. Además, la incidencia de problemas crónicos del pie aumenta en niveles altos de escalada deportiva25,26,27.
La mayoría de las lesiones del pie se deben a pies de gato de forma no natural o demasiado pequeños7,8. La flexión plantar de las cabezas metatarsales tensa la fascia plantar8,9. Los escaladores de alto rendimiento presentan más deformidades y lesiones que los de menor rendimiento, por el uso habitual de pies de gato más pequeños que el calzado de calle12,13. Schöffl ya describió una diferencia media de 2 cm entre la longitud del pie y la del pie de gato utilizado20. Entre el 80 % y el 90 % refirió dolor en el pie durante la práctica asociado al uso del pie de gato, dolor que aceptan para mejorar el rendimiento28.
En este estudio, la longitud del pie y del pie de gato se midió en centímetros (sistema métrico internacional). Si bien un calce laxo puede comprometer la adherencia, existen otros factores no ligados al ajuste (materiales, diseño y morfología) que también influyen en la adhesión durante la escalada y, por ende, en el éxito del gesto deportivo25,24. Todo ello no solo influye en el ajuste, sino también en la adherencia a la pared durante la escalada y, por tanto, una buena elección determina el éxito del gesto deportivo.
Este estudio viene a confirmar que el 70 % usa pies de gato por debajo de su talla habitual, lo cual coincide con estudios previos como el de McHenry (2015), que basó la comparativa en la talla de calzado10. Con independencia de si se usa talla nominal o longitud en centímetros, puede afirmarse que el pie de gato se emplea con dimensiones muy por debajo de lo recomendable para un desarrollo morfológico y funcional adecuado del pie10. Se debe tener en cuenta, además, la diferencia entre longitud externa e interna del calzado. La medición externa es sencilla; la interna, menor y difícil de cuantificar. Por tanto, la capacidad interna que alojará el pie será incluso menor que la longitud medida por fuera del calzado10,11,12,20.
Un desajuste de talla provoca presiones nocivas en áreas concretas del pie (especialmente antepié). El diseño moderno (puntera estrecha y asimétrica) predispone a problemas digitales, con extensión metatarsofalángica y flexión interfalángica. Las lesiones más comunes son hiperqueratosis, infecciones del lecho ungueal, marcas de presión, neuropatías y hematomas subungueales11,14,21. A largo plazo, el uso de pies de gato ceñidos puede conducir a hallux valgus o hallux limitus24,25,26,27,28. Nuestros resultados concuerdan con la relación directa entre años de práctica y aparición de trastornos del antepié por mala elección de talla.
En conclusión, los datos del presente estudio ayudan a confirmar que los escaladores emplean pies de gato menores que su talla habitual y ese uso progresivo y continuado (70 % de la muestra) contribuye a deformidades del pie. Cuantos más años de práctica, mayor probabilidad de lesión; la más frecuente es el hallux limitus.










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