Introducción
Los gangliones representan las tumoraciones benignas más frecuentes de las partes blandas en extremidades superiores e inferiores, aunque su incidencia exacta en el pie y el tobillo es relativamente baja en comparación con la muñeca1. Se caracterizan por ser quistes sinoviales llenos de contenido gelatinoso, frecuentemente asociados a cápsulas articulares, vainas tendinosas o estructuras periarticulares. A pesar de su benignidad, su localización puede producir síntomas significativos, incluyendo dolor, limitación funcional, compresión de estructuras neurovasculares y dificultades con el calzado, factores que motivan la intervención quirúrgica2,3.
Los gangliones intratendinosos constituyen una variante poco frecuente, con implicación directa del tendón afectado y potencial para comprometer la función digital. Estos quistes pueden desarrollarse de manera espontánea o tras traumatismos repetitivos o procedimientos quirúrgicos previos, como se ha descrito en casos asociados a liberación del ligamento para dedo en gatillo, donde se observó la formación de múltiples gangliones a lo largo del tendón flexor digital4. Su diagnóstico requiere una evaluación cuidadosa mediante estudios de imagen, siendo la ecografía y la resonancia magnética las herramientas más utilizadas para determinar la relación con estructuras tendinosas y articulares, así como para planificar el abordaje quirúrgico5,6.
El tratamiento conservador de los gangliones incluye aspiración percutánea y, en algunos casos, infiltración con corticosteroides. Sin embargo, la evidencia indica que estas estrategias presentan altas tasas de recurrencia debido a la persistencia del pedículo sinovial o de lesiones satélite adyacentes7,8,9. Estudios recientes han subrayado que la resección quirúrgica completa, incluyendo pedículo y cápsula asociada, es fundamental para minimizar la recurrencia y garantizar la resolución clínica1,4,8. La cirugía abierta sigue siendo la técnica más empleada en localizaciones distales o de difícil acceso, mientras que los abordajes endoscópicos o artroscópicos se reservan para gangliones con localización favorable y cirujanos experimentados, ofreciendo ventajas como menor invasividad y recuperación funcional más rápida6,8.
Aunque la mayoría de los casos publicados se concentran en gangliones del hallux, mediopié y tendones flexores, los gangliones intratendinosos de los extensores digitales, especialmente en dedos menos frecuentes como el 4.º dedo, son escasamente reportados, lo que limita la evidencia sobre manejo quirúrgico específico y pronóstico funcional6,7,8,10. Esto justifica la importancia de la documentación de casos clínicos y series pequeñas que permitan consolidar estrategias terapéuticas seguras y efectivas, mejorar la comprensión de la anatomía quirúrgica, y reducir la recurrencia y complicaciones postoperatorias. Este trabajo presenta un caso clínico de ganglión intratendinoso en el que se realizó extirpación quirúrgica del mismo con posterior confirmación histopatológica.
Caso clínico
Varón de 54 años que acudió a consulta por tumoración en el dorso del pie derecho, dolorosa con el uso de calzado cerrado y de aparición tras traumatismo directo en la zona. El cuadro presentaba 7 meses de evolución, con dolor leve de tipo mecánico, más referido como presión / molestia que como dolor agudo, sin eritema, calor ni secreción.
El paciente no presentaba alergias medicamentosas conocidas ni antecedentes médicos de interés. No se registraron antecedentes familiares de patología musculoesquelética relevante.
La inspección (Figura 1) mostró una tumoración nodular de 2/2.5 cm de diámetro en el dorso del pie derecho, sobre el trayecto del tendón extensor largo del 4.º dedo, sin signos inflamatorios ni alteraciones cutáneas. A la palpación, la masa era elástica, fluctuante, móvil respecto a la piel, pero fija a planos profundos, con dolor leve a la presión. La movilidad articular estaba conservada, con ligera molestia en la dorsiflexión forzada de los dedos menores. Pulsos pedios y tibiales posteriores conservados y sensibilidad íntegra.
En la exploración biomecánica se objetivó pronación leve del retropié. Durante la marcha, el paciente completaba fases de apoyo y propulsión, con dolor al tensionar el tendón extensor del 4.º dedo. Se constató dificultad para el uso de calzado cerrado, con alivio al utilizar calzado amplio o abierto.
La evaluación mediante cuestionarios estandarizados mostró una afectación leve en la función y la calidad de vida del paciente. En el cuestionario SF-36 se evidenció una limitación discreta en los dominios de dolor corporal y función física. Por su parte, el Foot Function Index (FFI) obtuvo una puntuación de 32/100, lo que indica una limitación funcional leve, fundamentalmente asociada al uso de calzado cerrado.
La ecografía musculoesquelética (Figura 2) reveló imagen polinodular hipoecoica, homogénea, con refuerzo acústico posterior, dependiente de la vaina del tendón extensor largo del 4.º dedo, compatible con ganglión sinovial. La radiografía simple (anteroposterior y lateral) descartó alteraciones óseas, calcificaciones o erosiones.
El diagnóstico de sospecha correspondió a un ganglión dependiente de la vaina sinovial del tendón extensor largo del 4.º dedo del pie derecho, localizado en posición distal respecto a la articulación metatarso-cuboidea del 4.º radio, cuya caracterización ecográfica permitió descartar patología articular asociada.
Respecto al manejo terapéutico, en mayo de 2024 se realizó un procedimiento mínimamente invasivo consistente en drenaje percutáneo ecoguiado de la lesión, con aspiración del material gelatinoso característico e infiltración intralesional de corticoesteroide (Trigon Depot®), con el objetivo de reducir la recurrencia. La evolución clínica resultó insatisfactoria, persistiendo la tumoración y la sintomatología asociada.
Dado el fracaso del tratamiento conservador, en agosto de 2025 se indicó exéresis quirúrgica ambulatoria (Figura 3). El procedimiento se efectuó bajo anestesia local mediante bloqueo nervioso periférico (5 ml de mepivacaína al 3 %) y bajo isquemia mediante torniquete neumático a nivel de tercio distal de la pierna, con presión de 250 mm de Hg. Se utilizó 5 mg de Diazepam® a modo de sedación y profilaxis antibiótica intraoperatoria con 2 g de cefazolina intravenosa. Se practicó una incisión longitudinal sobre el trayecto del tendón extensor largo del 4.º dedo, procediéndose a disección roma cuidadosa hasta la identificación de la cápsula quística. Posteriormente, se realizó resección completa del ganglión junto con su pedículo y la porción de vaina sinovial asociada, preservando las estructuras tendinosas adyacentes. El cierre se efectuó por planos: planos profundos con sutura reabsorbible (Vicryl 3/0®) y cierre cutáneo intradérmico con Monocryl 5/0®.
El manejo postoperatorio incluyó analgesia oral pautada (paracetamol 1 g y metamizol 575 mg), curas seriadas semanales y descarga parcial con zapato postoperatorio durante 2 semanas, avanzando posteriormente a carga completa tras la adecuada cicatrización. La evolución transcurrió sin complicaciones infecciosas ni mecánicas.
El estudio histopatológico de la pieza quirúrgica confirmó el diagnóstico de quiste sinovial (ganglión), compuesto por fragmento blanquecino de 2.3 x 1.8 cm con pared fibrosa carente de revestimiento epitelial y contenido de naturaleza mucinosa-gelatinosa.
En la revisión (Figura 4) al año postquirúrgico (septiembre de 2025), el paciente presentaba ausencia de recidiva tumoral, cicatriz estable, movilidad conservada y reincorporación completa a la actividad habitual, incluyendo el uso de calzado cerrado sin molestias, evidenciándose además una mejoría significativa en las escalas funcionales, con normalización en los dominios de dolor corporal y función física del SF-36, y un FFI de 5/100, sin limitación funcional.
Discusión
Los gangliones y quistes sinoviales representan una de las causas más frecuentes de tumoraciones benignas en el pie y el tobillo, con una prevalencia que varía ampliamente según las series publicadas. Se estima que hasta un 10-12 % de las tumoraciones de partes blandas en esta localización corresponden a gangliones, siendo más habituales en el dorso del pie y en relación con vainas tendinosas o cápsulas articulares11,12. A pesar de su carácter benigno, su presentación clínica puede ser variable: desde asintomáticos y de hallazgo casual hasta lesiones dolorosas, limitantes o incluso responsables de fenómenos compresivos sobre estructuras óseas y nerviosas13,14.
En el caso presentado, el ganglión se desarrolló a nivel de la vaina del tendón extensor largo del 4.º dedo, una localización excepcional que plantea dificultades diagnósticas diferenciales con otros tumores benignos del pie, tales como angioleiomiomas o lipomas15,16. La ecografía constituye una herramienta inicial de gran utilidad por su accesibilidad y capacidad para diferenciar lesiones quísticas de lesiones sólidas, mientras que la resonancia magnética se reserva para casos de duda diagnóstica o de planificación quirúrgica compleja17.
En cuanto al manejo terapéutico, la literatura destaca múltiples estrategias que van desde la observación clínica hasta la aspiración percutánea con o sin infiltración de corticosteroides, pasando por técnicas quirúrgicas abiertas o endoscópicas18,19,20. La aspiración y la infiltración con triamcinolona, como se aplicó inicialmente en este paciente, se asocian a una elevada tasa de recurrencia, reportada entre el 50 y el 70 %, debido a la persistencia del pedículo sinovial y a la comunicación con la articulación o vaina tendinosa17,18. De hecho, Muramatsu y cols. (21 describieron la persistencia de quistes satélites tras tratamientos conservadores, subrayando la dificultad de erradicar el origen sinovial sin un abordaje quirúrgico completo.
La exéresis quirúrgica abierta continúa siendo el tratamiento de elección en la mayoría de los casos sintomáticos, con tasas de recurrencia significativamente menores que las obtenidas mediante aspiración. Series recientes en gangliones del pie y del tobillo refieren recurrencias entre el 5 y el 15 % tras resección completa, dependiendo de la localización y de la técnica empleada22,23. En el caso descrito, la exéresis incluyó la resección del pedículo y de la porción de vaina sinovial asociada, lo cual entendemos como fundamental para minimizar la recidiva. Estudios como el de Papanastassiou y cols. (23 confirman que la resección completa del quiste junto a su pedículo es un factor pronóstico clave para la reducción del riesgo de recurrencia.
Por otra parte, en los últimos años han cobrado protagonismo las técnicas endoscópicas y artroscópicas, especialmente en gangliones del mediopié y del hallux. Estas técnicas permiten una resección menos invasiva, con recuperación más rápida y mejor resultado estético24,25,26. Sin embargo, requieren experiencia quirúrgica y no siempre son factibles en localizaciones distales o muy próximas a estructuras neurovasculares. Harries y Lui19 mostraron buenos resultados con resecciones endoscópicas en gangliones complejos en herradura del hallux, aunque advierten que la curva de aprendizaje y la selección adecuada del paciente son determinantes. En comparación, la cirugía abierta, como en el caso aquí presentado, ofrece una visualización directa y mayor seguridad en zonas anatómicamente estrechas como la vaina de los extensores digitales.
Las complicaciones postoperatorias descritas en la literatura son infrecuentes, aunque pueden incluir infección superficial, dehiscencia, rigidez articular o daño nervioso. En nuestro paciente no se registraron incidencias, concordando con las tasas bajas de complicaciones reportadas en series amplias14,15,22. El control del dolor postoperatorio, la carga progresiva con zapato postquirúrgico y las curas periódicas se alinean con las recomendaciones actuales de protocolos ambulatorios en cirugía ambulatoria del pie.
Otro aspecto relevante es la importancia del análisis histopatológico. Como subrayan Gerstner Saucedo y cols. (16, lesiones aparentemente compatibles con gangliones pueden corresponder a otras entidades tumorales benignas o incluso a lesiones raras como angioleiomiomas. Por tanto, la confirmación anatomopatológica es indispensable para establecer el diagnóstico definitivo y descartar diagnósticos diferenciales.
En términos de pronóstico, los resultados funcionales tras la exéresis quirúrgica de los gangliones del pie son favorables, con mejoría del dolor, reducción de la limitación funcional y escasas recurrencias24,25. En nuestro caso, la resolución clínica fue completa tras la cirugía, sin recidiva en el seguimiento inicial, lo que se alinea con la evidencia de la literatura sobre la efectividad de la exéresis abierta en lesiones bien delimitadas y accesibles.
En conclusión, el presente caso clínico ilustra que los gangliones localizados en la vaina de los tendones extensores del pie, aunque infrecuentes, pueden generar limitaciones funcionales relevantes y dificultades con el uso del calzado. El drenaje percutáneo ecoguiado con infiltración de corticoides constituye una opción terapéutica inicial, pero presenta una elevada tasa de recurrencia, como se evidenció en este paciente. La exéresis quirúrgica completa, incluyendo el pedículo y la porción de vaina sinovial asociada, se confirma como la alternativa más eficaz para resolver la sintomatología, minimizar el riesgo de recidiva y permitir la reincorporación funcional plena. El seguimiento clínico y la confirmación histopatológica resultan imprescindibles para garantizar un abordaje integral y descartar otras lesiones que pueden simular un ganglión.










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