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Anales de Medicina Interna

versión impresa ISSN 0212-7199

An. Med. Interna (Madrid) vol.19 no.12  dic. 2002

 

HUMANIDADES MÉDICAS

Rudolph Virchow en el I centenario de su muerte

J. S. Mazana


Inmunólogo y Académico. Santa cruz de Tenerife

 

Se celebran los primeros 100 años de la desaparición del médico alemán Rudolph Virchow (Schivelbein, Pomerania, 13 de octubre de 1821-Berlín, 4 de enero de 1902), fundador de la anatomía patológica macro y microscópica. Sus investigaciones pioneras en este campo le llevaron a formular durante su estancia en la universidad de Würzburg una "patología celular" que tomó como punto de partida su aforismo universal "Omnis cellula e cellula" (toda célula proviene de otra preexistente), que constituye el principio fundamental de la citogénesis. La patología y la fisiología se subordinan ahora a la histología, y las células y los tejidos son los que enferman. La teoría celular que había sido enunciada por uno de sus pupilos, Theodor Schwann, ponía el énfasis fisiopatológico en la membrana celular, el programa doctrinal de Virchow dará protagonismo etiopatogénico al núcleo y al citoplasma. Con él la Medicina se convierte definitivamente en una ciencia basada en la observación y experimentación, abandonando por obsoletos los planteamientos neohumoralistas (teoría de la crasis sanguínea) de su contemporáneo Carl von Rokitansky. 

 



En su concepción de la patología y en sus investigaciones se deja notar la influencia de sus maestros: Johannes Peter Müller (1801-1858) cuyas contribuciones al estudio de los tumores dejarán en él indeleble impronta; y Lukas Schönlein (1793-1864) cuyas aportaciones se centraron en la mejora de los métodos de la enseñanza y la práctica de la medicina clínica. Su producción bibliográfica y editorial en revistas médicas especializadas es muy notable: Archives for Pathological Anatomy & Physiology & Clinical Medicine, The Medical Reform, Collected Essays on Scientific Medicine, Handbook of Special Pathology & Therapeutics, y Cellular Pathology. 

 



Todo su monumental edificio teórico gira, pues, en torno a la patología, y su lexicografía es especialmente rica en términos básicos plenamente vigentes: degeneración grasa, sustancia conjuntiva, degeneración tuberculosa y caseosa, inflamación parenquimatosa, embolia, piemia, leucemia, degeneración amiloide. Sus investigaciones se centraron en la patología tumoral y ósea, inflamación y tuberculosis, flebitis, coagulación, fibrina y trombosis. La respuesta inflamatoria en la concepción seminal de Virchow, es la base de la patología y corresponde a una lesión celular por tumefacción que tiene su origen en alteraciones nutritivas o tróficas y no en influjos vasculonerviosos. Identificó el infiltrado inflamatorio celular con los leucocitos. 

Se doctoró en Medicina en 1843. Fue el primer profesor ordinario de anatomía patológica de la universidad alemana en 1845 y al año siguiente sucede a Robert Froriep (1804-1861) como prosector de la Charité berlinesa. En 1847 fue nombrado Privatdozent. En 1856 se le encarga la dirección del primer instituto de patología en Berlín, siendo uno de sus ayudantes Felix Hoppe-Seyler, que es a la sazón director del laboratorio de química concebido como apoyo a la patología. En 1858, tras la muerte del profesor Hemsbach, gana la cátedra de patología de la Universidad Humboldt de Berlín. Este mismo año, Virchow publicó su influyente obra Die Cellularpathologie (Patología celular), que supuso una revolución paradigmática en el seno de la comunidad científica internacional y singularmente en la patología y medicina modernas. La colosal obra de Virchow se continuó con la de sus discípulos, cuyos nombres llenan páginas gloriosas de la patología en una época dorada de la Medicina: Carl Gegenbaur, Ernst Haeckel, Adolf Kussmaul, Hugo von Ziemssen, Carl Gerhardt, Theodor Edwin Klebs, Georg Rindfleisch, Julius Cohnheim, Friedrich von Recklinghausen. Virchow no aceptó la teoría microbiana de Pasteur, dedicándose al final de su vida a la antropología y las excavaciones arqueológicas. Colaboró en la famosa excavación de Troya que organizó su amigo el prestigioso arqueólogo Heinrich Schliemann. 

 



Profundamente comprometido con la política de su tiempo y de su país, sus ideales liberales le obligaron a tomar parte activa en las mejoras sociales propugnando una constitución y una democracia, el autogobierno y una reforma fiscal, desterrando el feudalismo anquilosado y atávico. En 1880, fue elegido al Reichstag alemán donde destacó por su oposición frontal al canciller Bismarck.

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