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Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología

versión impresa ISSN 0365-6691

Arch Soc Esp Oftalmol vol.78 no.4  abr. 2003

 

EDITORIAL


EL MAESTRO, EL MÉTODO Y LA MEMORIA

THE MAESTRO, THE METHOD AND THE MEMORY

GONZÁLEZ DE LA ROSA M1

Si bien en otros tiempos la lentitud en la evolución de los conocimientos hacía perdurar el recuerdo de los maestros, en nuestros días la velocidad con la que evoluciona la Ciencia los relega rápidamente al olvido.

Hace unos años, un colega de otra disciplina se lamentaba de lo frecuente que resulta que algunos individuos, que corren por el pasillo de un autobús, se crean atribuidos del mérito de ir más deprisa que el propio vehículo. Yo le recordaba que no es raro que la vanidad produzca este tipo de espejismos, pero que resulta más triste aún que los espectadores también se lo crean.

En el campo científico al que me dedico, resulta sorprendente releer los artículos clásicos de Goldmann o de mi maestro más próximo, el profesor Fankhauser. En muchos de ellos se encuentran la mayoría de los conceptos y conocimientos actuales en el campo de la perimetría y de su automatización (1). Sin embargo, pocos autores repasan actualmente a sus antecesores más lejanos. Tal parece que antes de MedLine no existía Ciencia ni Pensamiento. A modo de ejemplo me remito a un intento reciente de una empresa del ramo, de patentar el intervalo adaptativo de la secuencia de presentación de los estímulos perimétricos en función de la velocidad de respuesta y reflejos del paciente. Todos estos conceptos están desarrollados en el trabajo previamente citado e implementados desde entonces en instrumentos de uso clínico universal, pero su origen e incluso su existencia han sido olvidados. No están en MedLine y, en consecuencia, no constituyen Ciencia basada en la Evidencia.

Otro de los maestros del arte al que me refiero fue sin duda el Prof. Krakau de la universidad de Lund. Había desarrollado un adaptómetro automático allá por 1966 (2) y posteriormente fabricó el perímetro automático Competer, coincidiendo con los diseños de los años 70 de Koch, Chaplin, Anderson, Fankhauser, Pashley y Grignolo. Una vez más, como ocurrió en la descripción de la tabla periódica de los elementos, los conocimientos científicos y el desarrollo tecnológico permitieron que varios investigadores coincidieran en la búsqueda de soluciones a un mismo problema. Como en cualquier carrera, estos procesos producen vencedores y derrotados, aunque no siempre de la manera más justa, y el Prof. Krakau no fue precisamente uno de los ganadores.

El motivo principal de su falta de éxito fue, posiblemente, que no consiguió uno de los desarrollos más eficientes, pero también influyeron cuestiones comerciales y el hecho de que su imagen quedó injustamente eclipsada por la de otros colegas. Aunque figura en los trabajos iniciales sobre este instrumento como segundo autor, el hecho de que fue el principal motor en el desarrollo del Competer está certificado no sólo por su historial científico previo, sino por el testimonio que se desprende de algunos testigos próximos como el Jefe del Departamento de Neuro-Oftalmología de su propio hospital, en uno de cuyos trabajos (3) puede leerse «An automatic computerized perimeter was designed by Krakau et al».

La historia no ha sido precisamente justa con el Prof. Krakau, cuyas magníficas ideas nunca han sido suficientemente reconocidas. Yo he tratado de no caer en la misma ingratitud y he citado reiteradamente en mis trabajos que una de mis fuentes de inspiración fue un artículo suyo (4) en el que sugería la idea de que resultaba mucho más eficiente, de cara a medir la evolución del glaucoma, el análisis reiterado y frecuente de un reducido número de puntos que la búsqueda de precisión por medio de largas y tediosas exploraciones. De nuevo quiero aprovechar la ocasión que me brinda esta revista para refrescar nuestra memoria científica y agradecer a quien corresponde que nos haya puesto en el camino en el que nos encontramos.

Otra de las publicaciones que orientó mis trabajos desde un principio también pertenece al mismo autor. En aquel artículo (5) el Prof. Krakau nos ponía en guardia respecto a algunas falacias y sofismas científicos que pueden construirse alrededor de un experimento mal planteado o por culpa de un análisis matemáticamente sesgado. Los años que pasé colaborando con el Instituto de Astrofísica de Canarias me enseñaron también que hay que perseguir continuamente el error metodológico. Ellos tienen el Universo como objeto de investigación y raramente están presionados por esa premura que impregna nuestros trabajos. No es previsible que las cosas cambien muy rápidamente en las galaxias que nos rodean y, si lo hacen, de poco nos va a servir la Ciencia. Estoy seguro de no haber aprendido en este sentido todo lo necesario, porque el error se mete en nuestros huesos como el reuma, pero es una obligación intentarlo en la medida de nuestras posibilidades.

Recientemente he tenido la oportunidad de analizar los resultados obtenidos por un grupo de perimetristas trabajando sobre sujetos normales. Los datos obtenidos por algunos de ellos tenían una total coherencia y los de otros no la poseían en absoluto. Un cuarto de siglo después de haberse inventado la perimetría automática, continuamos cayendo en el error de pensar que el aparato es tan listo que el perimetrista no tiene que realizar ningún esfuerzo. De la misma manera creemos que sus resultados son una especie de certificado oficial y no el producto de la actividad subjetiva de un individuo, sujeto a variabilidad fisiológica, emociones, cansancio, distracciones condicionadas por sus problemas, particularidades relativas a su capacidad de comprensión, entrenamiento, etc.

Conozco trabajos publicados en revistas de reconocido prestigio que han sido realizados sobre pacientes sin experiencia perimétrica, por perimetristas que acostumbran tomarse un café mientras el paciente y el perímetro trabajan sin vigilancia, o utilizando los cristales habituales en nuestras cajas de lentes, con un amplio marco de plástico.

Es necesario y conveniente releer a nuestros maestros, cuidar la sistemática de trabajo y, además, no dispersar el pensamiento en múltiples líneas de investigación para adquirir una visión de conjunto de nuestra parcela, que reduzca la probabilidad de reproducir errores ya superados. Opinaba Bertrand Russell que un pensamiento obsesivo es fundamental para tener éxito en las tareas de creación.

Si se me permite una recomendación adicional diría que, el conocimiento, la constancia y el método tienen que estar acompañados de períodos de alejamiento y de reflexión para contemplar los problemas desde una cierta perspectiva. Una realidad muy a tener en cuenta es que raramente surgen, en la cabeza de alguien, ideas innovadoras fuera de los períodos vacacionales o de descanso.


1 Santa Cruz de Tenerife. España.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Fankhauser F. Problems related to the design of automatic perimeters. Doc Ophthalmol 1979; 47: 89-139.

2. Krakau CET, Öman R. An automatic adaptometer. Försvarsmedicin 1966; 4: 184-189.

3. Bynke H. Krakau’s computerized perimeter in Neuro-ophthalmology. Neuro-ophthalmol 1989; 1:45-52.

4. Krakau CET. Visual field testing with reduced sets of test points. A computerized analysis. Doc Ophthalmol 1989; 73: 71-80.

5. Krakau CET. A statistical trap in the evaluation of visual decay. Acta Ophthalmol 1985; 173: 19-21.

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