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Index de Enfermería

versión On-line ISSN 1699-5988versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.13 no.46 Granada oct. 2004

 

ARTÍCULOS ESPECIALES


TEORIZACIONES

 

La enfermería vista desde el género

Ana Mª García Bañón1,2, Ana Sainz Otero1,3, Manuel Botella Rodríguez4

 

 

1Enfermera y Antropóloga. 2Profesora de la Escuela de Enfermería del Servicio Andaluz de Salud de Cádiz. 3Profesora de la Escuela de Ciencias de la Salud de Cádiz. 4Licenciado en Filología Inglesa. Profesor de la Escuela de Ciencias de la Salud de Cádiz, España.

CORRESPONDENCIA:
 Ana Mª García Bañón. Golondrina, 18. 11500 El Puerto de Santa María, Cádiz, España. angarba@ono.com

Manuscrito aceptado el 5.03.04

[Vinculado a monográfico]

 

Resumen Abstract

La Enfermería, desde sus inicios, ha estado influida por las consideraciones de género al ser una actividad eminentemente femenina. Esto ha condicionado su evolución y desarrollo, dando lugar a una profesión que no ha podido alcanzar las metas previstas. En la actualidad, en que teóricamente deberíamos haber superado los roles sexistas, vemos que de diversas formas se sigue marginando la profesión y dando una imagen devaluada de las actividades que realizan las enfermeras, a pesar de la importancia social de su labor. En este artículo hacemos un análisis, tanto histórico como metodológico, de las causas que hacen que la Enfermería ocupe la posición que ocupa y posibles alternativas que mejoren esta situación.

NURSING AND SEX DISCRIMINATION: CONSIDERATIONS ON GENDER

Being mainly a women's activity, nursing has been influenced by gender considerations from its very beginning. This circumstance has conditioned its evolution and development and has made this profession not reach its expected goals.  Nowadays, although sexist roles  should have been overcome, we can observe that this profession is underestimated, and activities related to it have a devalued image in spite of their social importance. In this paper, we make a historical and methodological review of the reasons which have caused  this situation and we propose some alternatives to improve it.

 

Introducción

Hablar de enfermería es hablar de mujer, es más, el término enfermera (femenino) es reconocido internacionalmente y podría compararse dicho reconocimiento, al que ostenta el término "hombre" (masculino) cuando se hace referencia al género humano, es decir, a la condición de persona humana. Desde 1860, cuando Florence Nigthingale cambia la enfermería de una actividad totalmente doméstica a un nivel de profesión, hasta nuestros días, la función de las enfermeras en las instituciones de salud obedece al estereotipo del género femenino. Es decir, son "esposas, madres y empleadas domésticas" al mismo tiempo. "Esposa" del médico en su función de ayudante, " madre" de los pacientes en su curación y cuidado y "servidora doméstica" de las instituciones de salud.

La femineidad, ha estado siempre ligada a las prácticas humanas en relación a la salud, de hecho, en la mayoría de las culturas de la antigüedad "el cuidado" de los niños, las parturientas y los enfermos en general, ha sido responsabilidad de las mujeres, mientras que el tratamiento de la enfermedad o "curación", generalmente fueron asignados a determinados "hombres" de la medicina o sacerdotes. Históricamente partimos del supuesto teórico, verificado empíricamente, que la profesión de enfermería es propia de mujeres. Hemos asociado el acto de cuidar con el género femenino, en muy diversas sociedades y culturas, y a través del tiempo. Esta visión de la enfermería como profesión eminentemente femenina ha estado marcada históricamente por dos ideologías predominantes: una concepción religiosa sobre el cuidado y un discurso sexista sobre el rol social de la mujer.

Si hacemos un breve repaso a la historia de la enfermería, vemos como la práctica profesional ha sido tradicionalmente función de las mujeres. Mientras la condición de las mujeres ha tenido una condición de reclusión, de invisibilidad, de subordinación y de ningún prestigio ni poder social, la enfermería como profesión no ha existido. Se ha identificado la enfermería con poca valoración y prestigio, a pesar de su importancia social. No podemos olvidar que en diferentes épocas, prácticamente siempre, la profesión enfermera "propia de mujeres", ha estado subordinada a la profesión médica más "propia de hombres". Es más, en un documento de la OMS de 19881 puede leerse: "en las sociedades occidentales, el estereotipo masculino incluye características tales como la ambición, la competitividad, la agresividad, la dominación, la racionalidad y la objetividad, mientras que el estereotipo femenino se caracteriza por la sumisión, la pasividad, la dependencia, el cuidado de los demás, la emotividad y la subjetividad", en clara referencia a atributos femeninos y masculinos a médicos y enfermeras. El rol de cuidar se ha presentado como secundario al rol de curar, sin tenerse en consideración la complementariedad de las dos tareas. No sería posible curar sin cuidar.

En un intento de arrojar algo de luz en el panorama de la profesión enfermera, analizaremos algunos de los elementos que, desde nuestro punto de vista, podría permitirnos ver los hechos que han marcado y marcan el ejercicio de la enfermería, como son: las dualidades naturaleza/cultura, doméstico/público y trabajo productivo/trabajo improductivo, que constituyen el marco teórico de desarrollo del trabajo.

Naturaleza/cultura

"La mujer es una enfermera instintiva, formada por la madre naturaleza"2 (Robinson V, 1946, citado por Donahue). Aunque sólo la fisiología es aquello que diferencia universalmente a hombres y mujeres, las implicaciones que conllevan dichas diferencias fisiológicas hacen que la mujer presente una exclusiva y específica función procreadora/reproductora que la sitúa cercana a la naturaleza. El lazo que se establece entre madre e hijo durante este período de tiempo se considera "natural" y se prolonga de hecho naturalmente hasta que la niña o el niño adquiera un cierto grado de habilidad o raciocinio que le permita "valerse" en términos relativos por sí mismo.

El aspecto de la crianza se ha identificado durante mucho tiempo con la enfermería. La enfermería tiene su origen en el cuidado materno e incluso el término inglés "nurse" tiene sus raíces en el vocablo latino "nutrire" (nutrir), que significa madre que cría. Este origen de la enfermera como madre perpetuó la idea de que la enfermería sólo podía ser ejercida por mujeres ya que su "instinto maternal" era el que proporcionaba el fuerte impulso o motivación necesario para cuidar a aquellos que sufrían o estaban desamparados. Las mujeres, debido a su instinto maternal, visto como parte de su naturaleza, han sido consideradas enfermeras natas, tal como evoca la imagen de la enfermera de Domínguez Alcón, con "sus principios tradicionales de vocación, caridad, altruismo, feminidad, nobleza, maternal..."3. El hombre por el hecho de estar liberado fisiológicamente de esta condición reproductora parece quedar libre de toda relación con la naturaleza y por tanto circunscribirse al ámbito cultural, volcándose de lleno en éste a través del cual y a modo de instrumento puede: "...trascender las condiciones de la existencia natural, doblegarlas a sus propósitos y controlarlas de acuerdo a sus intereses..."4.

Si nos fijamos en esta frase de Sherry B. Ortner, vemos que las acciones aparecidas son las de "trascender", "doblegar" y "controlar". La cultura puede así trascender, doblegar y controlar la naturaleza. Si la mujer por su rol reproductor es asociada por el propio hombre a la naturaleza y éste por el mismo concepto se asocia a sí mismo con el ámbito de la cultura, la relación que nace entre ambos estará determinada por la misma relación: el hombre ejercerá su dominio y control sobre la mujer la cual pasará a adoptar un papel de sumisión.

Doméstico/público

Las definiciones sobre el concepto "doméstico" llevan implícitas una clara relación de subordinación a la vez que unen el término con el concepto de "casa" en tanto que ésta es sede de la familia y por extensión del núcleo procreativo. La maternidad reduce durante un tiempo determinado la movilidad de la mujer circunscribiéndola al círculo doméstico.

La esfera de lo público y lo doméstico conlleva una clara división de roles y por lo tanto de las tareas que cada uno de los sexos debe llevar a cabo. La procreación está natural y exclusivamente asociada a la mujer, por lo tanto resulta fácil unir doméstico/familiar/mujer y circunscribir casi exclusivamente como tarea principal de ésta el cuidado de sus miembros. Este trabajo doméstico que las mujeres de-sarrollan no ha sido nunca contemplado como un trabajo productivo. En contraposición con el trabajo productivo de-sarrollado por los hombres, carece de valor si se limita al ámbito doméstico/familiar.

Al igual que la cultura llega a dominar la naturaleza, la esfera de lo público confiere un estatus social y una autoridad incuestionablemente superior o de dominio sobre la esfera doméstica. No es pues de extrañar, que si históricamente la mujer ha estado confinada rigurosamente por imposiciones sociales al hogar, que la enfermería naciera adoptando un carácter de arte doméstico. Su trabajo se orientó inicialmente como recursos dirigidos a su propia familia y posteriormente se extendió al cuidado de los ancianos e individuos que enfermaban en su comunidad. Es precisamente esta orientación doméstica, el factor que determina la posición social de la mujer y por extensión de la enfermería.

Trabajo productivo/trabajo improductivo

Karen Sacks5 realizó un análisis del trabajo de los hombres y mujeres como determinantes de su estatus, explicando de una forma coherente el origen de la división sexual del trabajo. Propone que el alejamiento de las mujeres de la producción social se debe precisamente al no ser su trabajo considerado dentro de la esfera público-social. De esta forma son relegadas a roles circunscritos a la esfera doméstica, es decir, rol de esposas, madres y por supuesto, cuidadoras. Estos roles no suponen un valor de intercambio, sino simplemente un valor de consumo interno o privado. De esta concepción a la infravaloración del trabajo realizado por las mujeres sólo hay un paso, de éste a la subordinación, ninguno.

Cuando ha sido necesario aumentar la producción social, sin que este aumento haya podido ser asimilado por los hombres, los estados no han dudado en ningún momento en incorporar a las mujeres masivamente a la producción, pero esta participación no ha servido para crear una base de igualdad, porque automáticamente el trabajo realizado era categorizado como trabajo femenino y con ello desvalorizado por completo. Las mujeres han asumido aquellos trabajos considerados por el propio hombre como trabajos de "segundo orden".

La historia de la enfermería nos muestra la influencia que tuvo el Cristianismo al impulsar conductas dirigidas al cuidado de los enfermos como un medio para garantizar la salvación eterna, que impregnó a la enfermera vocacional de una ideología polémica. Como recuerda Donahue: "se relaciona con la religión y las órdenes religiosas, la disciplina se convirtió en un modo de vida. Quienes se dedicaban al cuidado debían ser adiestrados en la docilidad, pasividad, humildad y desprecio total por sí mismo. Se promulgó la obediencia incontestable al sacerdote o médico. El criterio individual y la responsabilidad de la enfermera en la toma de decisiones fueron olvidados y ajenas a la enfermería durante mucho tiempo".2

Con el paso del tiempo se puso de manifiesto que el amor y la dedicación no bastaban por sí solos y que era preciso desarrollar unas habilidades, actitudes y conocimientos, por lo que se crean escuelas de formación, pero siempre supeditadas al control de los médicos que eran los que tenían el conocimiento y el poder.

La Enfermería en España

En España, además de todos los condicionantes vistos anteriormente, nos encontramos con que la enfermería ha presentado otros, intrínsecos a su historia, que ha condicionado la concepción actual de la misma. Desde la creación de la primera Escuela de Enfermeras en España, en el año 1896 hasta la unificación de los estudios en 1952 (ATS), tuvimos tres títulos diferentes: enfermera, practicante y comadrona, con diferente orientación de enseñanza, de competencia y de funciones. Añadiendo a esto la creación de los Colegios Profesionales que conservaron y perpetuaron estas diferencias. Es decir, 56 años de desunión, con la Guerra Civil en medio.

E. Alonso y García-Sierra, en su libro "Las carreras Auxiliares Médicas",  y que fue citado por Ventosa Esquinaldo en su libro de Historia de la Enfermería, dice textualmente: "hay una enorme diferencia entre un practicante y un enfermero y que debe hacerse resaltar para que aquellos sepan hacer sus derechos. El practicante es una persona perita, con un título profesional, de esfera más limitada, pero tan respetable como otra cualquier carrera oficial, que ejecuta las prescripciones del médico con arreglo a ciencia. La enfermera es cualquier persona que hace lo que el médico ordena, con arreglo a la práctica".6

A partir de 1952 en que teóricamente se unió la profesión, lo que realmente se hizo fue aumentar las desigualdades entre los profesionales masculinos y femeninos y entre éstos y el resto de los profesionales del mundo desarrollado. Las ATS femeninas prácticamente todas tenían el internado como obligatorio, del cual eran excluidos los varones que no estaban sometidos a dicho requisito ni control, puesto que estos internados estaban destinados, no a cubrir problemas de residencia, sino a asegurar la vida ordenada y casi clerical de las estudiantes de enfermería7. Las diferencias en formación también fueron evidentes, ya que los objetivos de las primeras eran fundamentalmente: "sumisión, obediencia, abnegación y altruismo..."8, además del estudio y la profundización teórica, práctica y técnica; mientras en los planes de estudio de las estudiantes femeninas tenían una asignatura denominada "enseñanzas de hogar", los alumnos masculinos estudiaban "autopsia médico-legal". La convalidación de los antiguos títulos se realizó a los varones pero no se dio a las mujeres la posibilidad de convalidar hasta el final de la etapa. Todo esto unido a la persistencia de separación colegial.

León Bernard, citado en un libro de Françoise Colliére, decía textualmente: "señoras, se os ha dado una instrucción, unas nociones técnicas indispensables; evitad tener un excesivo orgullo. Seguid siendo mujeres y enfermeras; pensad que no hay tareas viles, y que al contrario, de su simple aceptación obtendréis todo el prestigio que necesitáis. Respetad al médico aunque penséis que no se lo merece. El médico siempre debe ser considerado por la enfermera como su jefe".9

En esta etapa se consiguió que las funciones delegadas por los médicos fueran vistas y vividas como las verdaderas y únicas funciones de enfermería en nuestro país, justo cuando Hildegard Peplau publicaba sus Teorías de Enfermería (1952) y algo más tarde Virginia Henderson daba su definición de "enfermera" y sus "Principios básicos de los cuidados de enfermería" (1960), en que ya se habla de funciones de corresponsabilidad (observación de síntomas y tratamiento médico) y de responsabilidad enfermera (movilizar el potencial de salud y gestión de cuidado).

La entrada en la universidad de los estudios en Enfermería en el año 1977, estuvo marcada por un carácter igualitario, ya que desaparecían los distintos planes de estudio en función del género, así como la colegiación profesional que por fin se unifica. Sin embargo, en el sistema sanitario español actual, el poder de la enfermería, a pesar de sus avances, se ve restringido al menos en tres aspectos importantes10.  El primero es la restricción de la  comunicación. Se realiza fundamentalmente a través de la obstaculación del intercambio de información entre enfermeras al no asignárseles lugar ni horarios. Porque si bien los médicos sí tienen sus espacios específicos, ¿dónde están los espacios y los tiempos de intercambio de información entre enfermeras?. El segundo obstáculo al poder enfermero es la dificultad de acceso real a los puestos de verdadero poder, cerrándose el paso a las enfermeras a través del simple mecanismo de establecer un nivel de titulación que excede el suyo (el A frente al B) y mientras tanto deniegan la licenciatura al colectivo. La tercera traba es lo que hemos denominado la devaluación de las ideas y soluciones aportadas. Como consecuencia del escaso prestigio que tienen las enfermeras en el seno del sistema sanitario, muy frecuentemente se produce una percepción minimizada de las ideas y soluciones que ellas producen. Dicha minimización les obliga, en ocasiones, a buscar "transmisores" de sus ideas a fin de que éstas aparezcan como menos "ofensivas", menos rompedoras con el orden establecido, como dice Scott11, cayendo en el a veces útil pero siempre peligroso, juego de la "madre y Salomón": da igual quien se atribuya la idea, lo que importa es que salga...

Según Mª Paz Mompart12 esta es la consecuencia lógica de la educación recibida y que se continúa recibiendo en muchos sitios, como auxiliares de otros profesionales, manipuladoras de técnicas cuyo dominio y responsabilidad no nos pertenecen totalmente, ya que tienen que ser prescritas y poseedoras de unos conocimientos que vemos en inmensa mayoría, vinculados a otra disciplina dominante. Si a esto unimos la visión de una porción de la sociedad que se complace en recrear una imagen de las enfermeras que oscila entre considerarlas como "santas" o "ángeles de la guarda" hasta como mujeres de "vida ligera", pero en pocas ocasiones como profesionales cualificadas que realizan un trabajo, tenemos una imagen marcada por el género total y definitivamente, a pesar de los grandes logros conseguidos en los últimos treinta años.

Bibliografía

1. OMS. Función de las mujeres en la asistencia sanitaria. Ginebra. Organización Mundial de la Salud 1988, nº 65.         [ Links ]

2. Donahue, P. Historia de la Enfermería. Barcelona: Doyma. 1985.         [ Links ]

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5. Sacks K. Engels revisitado: las mujeres, la organización de la producción y la propiedad privada. En Harris O, Young K (eds). Antropología y Feminismo. Anagrama. Barcelona. 1979.         [ Links ]

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8. Dominguez Alcón C. La infermeria a Catalunya. Ediciones ROL S.A. Barcelona. 1981.         [ Links ]

9. Colliére MF. Promover la vida.Interamericana. Madrid, 1982: p.12-13.         [ Links ]

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