Comienzo esta reseña con un agradecimiento: a Teresa por regalarme este libro, por abrirme las puertas de tu casa, por hacerme sentir parte de tu hermosa familia. Yo soy enfermera y madre al igual que tú y aunque mis hijos no tienen ninguna discapacidad, estas madres que se presentan en este foto-libro hacen de sus historias las nuestras, las lágrimas han rodado por mi rostro durante cada una de las 170 páginas que tiene, la empatía por la fuerza, por la lucha por ser como dice su título “Madres sin Límites” y por la culpa de unas carencias en mi trabajo que pensaba que no tenía y que habéis hecho entre todas que abra los ojos.
Pienso que debería de ser un libro de obligada lectura, no solo para cualquier madre sino también para cualquier profesional en salud, ya que en demasiadas ocasiones se nos olvida que detrás de un paciente o de una enfermedad hay una desgarradora historia que va más allá de unos simples cuidados, de una simple lucha.
38 mujeres generosas han abierto su interior para hacernos partícipes de sus sentimientos, de lo vivido, escribiéndose una carta a sí mismas en un proceso terapéutico de autoayuda a su yo del pasado, a esa mujer que acaba de ser madre o que acaba de recibir el diagnóstico de la discapacidad de su hijo o hija que marcará un antes y un después en sus vidas. Junto con unas fotografías llenas de luz y claridad, sin otra imagen que una madre como eje principal y a ellas y ellos, sus hijos, el motor de sus vidas a excepción de alguna que sin querer adelantar nada diré que marcan su destino. Fotografías limpias que te adentran en sus miradas, en sus sonrisas, haciendo spoiler a mí misma las he observado antes de leerme cada una de las cartas y después, y tras cada una de ellas he podido sentirme pequeña ante mujeres valientes, poderosas, que han podido, como dice en el prólogo la autora, ser capaces de abrir una ventana a la intimidad de sus vidas, de sus sentimientos.
En la actualidad ya son más de 100 mujeres de diferentes lugares que forman la comunidad de Mujeres sin Límites, charlas, actividades y encuentros tanto virtuales como presenciales donde conectar y compartir experiencias con otras madres.
A lo largo de mi carrera como profesional de enfermería tengo que reconocer que siempre he tenido miedo a enfrentarme a familias con hijos con discapacidad, ya que me encuentro vulnerable, ahora que trabajo en Atención Primaria y que mis usuarios son como parte de mi familia después de algunos años en que sus relatos son parte de mí, libros como este no solo sirven para otras madres donde se ven reflejadas, donde su historia es la historia de muchas, sino para mí misma como enfermera ya que somos parte importante en el proceso de acompañamiento, de apoyo ante una situación en las que a madres sin ninguna experiencia en el mundo de la salud las hacen convertirse en expertas cuidadoras, abordando de manera ejemplar todas las áreas. Tenemos la obligación de estar como parte de su proceso de normalización, no solo de la atención de su hijo o hija, como también de ellas y de las personas que las rodean como parte fundamental de los cuidados, “cuidar a los cuidan”.
En el epílogo, nos hace una llamada de atención o de acción, como dicen, un tirón de orejas a todos y todas ya que se les ha preguntado a las participantes qué cambios desearían ver en su entorno, siendo una de las respuestas tan simple como un cómo estas o en qué te puedo ayudar, entre otras afirmaciones que hacen replantarnos nuestra profesionalidad como estandartes de unos cuidados a los que llamamos de calidad.
Quiero acabar insistiendo en la lectura de este sobrecogedor libro, es una enseñanza tanto a nivel profesional, como personal, te enriquece en cada una de sus palabras. Te hace reflexionar en nuestro quehacer diario haciéndonos responsables de un sentimiento común de las 38 mujeres, la soledad. La enfermería no solo son técnicas, son cuidados, es algo más, es escoltar en el proceso de la enfermedad o en sus vidas, somos privilegiadas, pero hemos de ser conscientes de la importancia de nuestra profesión y comprometidas con el papel que nos toca, sin dejar de mirar atrás, a los lados o al frente, porque el camino acompañado suele ser más llevadero y esa es nuestra mayor responsabilidad. Gracias Teresa por tu regalo y por hacerme abrir los ojos y superar mis miedos día a día.













