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FEM: Revista de la Fundación Educación Médica

On-line version ISSN 2014-9840Print version ISSN 2014-9832

FEM (Ed. impresa) vol.23 n.3 Barcelona Jun. 2020  Epub Sep 21, 2020

 

Editorial

Repercusión de la COVID-19 en la educación de los médicos: de la formación al aprendizaje (I)

Impact of COVID-19 on medical education: from teaching to learning (I)

Arcadi Gual1  2  3 

1Director del Departamento de Biomedicina, Universitat de Barcelona.

2Director de SEAFORMEC- SMPAC.

3Patrón de la Fundación Educación Médica.

Las grandes contingencias -nadie dudará que así podemos calificar la pandemia de COVID-19-, generan tanto 'cambios por necesidad' como 'cambios en la aceleración' de procesos que estaban en transformación. Podemos dar por incuestionable que la COVID-19 afectará a la educación de los médicos introduciendo ambos tipos de cambios, tanto los de 'necesidad' como los de 'aceleración', y además estos cambios afectarán a las tres etapas clásicas de la educación médica: el grado, la formación especializada y la formación continuada. Y muy especialmente a la primera, el grado, y a la última, la continuada.

Desde la Fundación Educación Médica (FEM) queremos reflexionar sobre la escasa renovación que en nuestro país han sufrido los contenidos, las metodologías, las estrategias docentes, los métodos de evaluación e incluso el análisis de las necesidades de la ciudadanía en la educación de los médicos. Si somos honestos, podemos detectar grandes lagunas en cada uno de los apartados citados. A lo largo del tiempo, nos hemos ido convenciendo de que nuestros médicos son excelentes, que nuestro sistema sanitario es extraordinario y que el examen MIR es un ejemplo de equidad. Y a base de repetirlo y vanagloriarnos, no hemos actualizado ni los contenidos, ni las metodologías, ni los instrumentos, ni las estrategias, ni hemos analizado las necesidades de la ciudadanía. Valga un solo ejemplo que la COVID-19 ha evidenciado: la formación de grado, la formación especializada o la formación continuada, ¿habían puesto el acento en la salud pública? Y no será porque modestamente desde la FEM, pero principalmente por expertos de la Universidad de Harvard y de otras prestigiosas instituciones, no se haya venido señalando la necesidad de reorientar los currículos en aspectos de medicina preventiva y de salud pública.

Que nadie piense que vamos a proponer -ni siquiera suponer- que nuestros médicos son malos, que naturalmente no lo son. Tampoco osaremos sugerir que nuestro sistema sanitario no es excelente, que aunque costoso, es de gran calidad. Y tampoco insinuaremos que el examen MIR no es equitativo, ya que no se puede poner en duda que distribuye con justicia a los futuros médicos residentes. Pero como expertos en educación medica, o simplemente por el deber propio de intelectuales forjados en el mundo académico, nos admiramos de no haber formulado colectivamente preguntas como: ¿nuestros médicos pueden ser aún mejores?, ¿nuestro sistema sanitario puede cubrir mejor las necesidades de la ciudadanía?, ¿la distribución justa y equitativa de los graduados que entran en el programa de formación especializada podría hacerse mejor? Y la respuesta es sí a todo. Sí podemos formar mejores médicos, sí podemos reorientar el sistema sanitario (entre otros, en los ámbitos de salud pública o de la diversidad funcional) y sí podemos mejorar el examen MIR.

Antes de la pandemia de COVID-19, la FEM no tenía duda de que era necesario mejorar la educación de los médicos en los tres periodos, grado, formación especializada y formación continuada, pero la próxima 'normalidad' pospandemia aún lo hace más necesario.

La intención de la FEM no es otra que intentar que, tras la pandemia de COVID-19, emerja con vigor el debate sobre la educación de los médicos. Entendemos que, para afrontar la 'nueva normalidad', es nuestra obligación sugerir, estimular y provocar un debate sobre la educación de los médicos en las facultades de medicina. Es nuestra obligación no cantar más alabanzas del examen MIR y poner en evidencia sus puntos débiles con el mejor ánimo de mejorarlo y, en ningún caso, de buscar responsables. Y, finalmente, es nuestra obligación afrontar los puntos de mejora en la formación médica continuada para que se adapte a las nuevas necesidades, los nuevos requisitos, las nuevas metodologías y las nuevas estrategias. En relación con la formación médica continuada, déjenme hacer memoria de un posicionamiento especialmente alejado de la realidad en unos tiempos no tan lejanos y que su recuerdo debería sorprendernos. Durante la creación del Sistema Nacional de Acreditación de la formación médica continuada en el año 1999, proceso que viví en primera persona, se dejó para posterior estudio la acreditación de la formación a distancia, ya que reputados y conocidos colegas argumentaron con vehemencia que no se podían acreditar actividades de formación a distancia. ¿Cómo creen que será buena parte de la formación médica continuada pospandemia? No lo duden: a distancia. Quisiera dejar constancia de que los reputados colegas a los que acabo de referirme no pecaron por defender lo que se ha constatado como un error, simplemente, si en algo pecaron, fue en no prever el futuro de las tecnologías de la información y la comunicación.

En el título de este editorial, al final aparece '(I)', premonitorio de la intención de que en números posteriores aparezcan otros editoriales con el mismo título, pero planteando cambios concretos pospandemia en diferentes aspectos de la educación médica. Valga este primer editorial para introducir el tema de los cambios en la educación médica, ya que en próximos números profundizaremos sobre posibles cambios en el grado (II), en la formación continuada (III) o en otros aspectos relevantes. Cualquier sugerencia o réplica, cualquier pregunta o aportación, serán bienvenidos y sin duda enriquecedores.

Quisiera terminar estas líneas con una última reflexión. En los últimos años, en la práctica médica hemos aprendido a respetar la primacía del paciente. El paciente es dueño de su salud y, por tanto, de las decisiones que le afectan. El médico ya no es el único protagonista en decidir lo que es bueno o malo para el paciente. Pues bien, en la educación médica queda por asumir con plenitud que, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el sujeto protagonista es el que aprende. Que lo importante es que el aprendiz aprenda y que el profesor sea el mejor guía, el mejor compañero en el proceso de aprender a ser médico. Antes de la COVID-19 hablamos de 'mejorar la educación' de los médicos. Nos gustaría que después de la COVID-19 nos preocupara sobre todo 'mejorar el aprendizaje' de los médicos. Ayúdennos a reflexionar sobre ello.

E-mail: agual@ub.edu

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