Introducción
La Organización Mundial de la Salud (OMS) denominó a la COVID-19 como una pandemia el 11 de marzo del 20201. El SARS-CoV-2 mutó conforme pasaron los meses, y algunos de estos cambios influyeron en su capacidad de propagación, la severidad, la precisión de las pruebas diagnósticas y la eficacia de las vacunas, así como, en el impacto de las medidas de salud pública. Inicialmente se estableció que el tiempo entre la exposición al virus (contagio) y la aparición de los síntomas fue en promedio entre cinco y siete días2,3,4. Además, se determinó la condición «presintomático», referido a las personas infectadas con SARS-CoV-2 que pueden contagiar desde uno a tres días antes de que aparezcan síntomas5.
El trabajo remoto en nuestro país se estableció como una medida excepcional y temporal debido al estado de emergencia sanitaria por la pandemia de la COVID-19, desde el 16 de marzo del 2020 (Decreto de Urgencia Nº 026-2020) hasta el 21 de diciembre del 2022 (Decreto de Urgencia Nº 115-2021)6,7. En todo este periodo la crisis sanitaria conllevó a una crisis económica y social para todos los países, tanto para los empleadores como para trabajadores y las familias de ambos. Los gobiernos intentaron encontrar el equilibrio entre la salud, los objetivos económicos y sociales de sus realidades8,9. Las sucesivas oleadas de contagios debido a las variantes de la COVID-19 afectaron la actividad productiva10,11,12,13. Según los investigaciones en el inicio de la pandemia, los frentes de obra donde se desarrollaban la actividad económica de la construcción se convirtieron en focos de propagación de la COVID-19 en el ámbito laboral y para la comunidad, siendo necesario implementar medidas preventivas, de vigilancia y control en el ámbito laboral; tanto a nivel gubernamental como del empleador14,15,16,17,18.
En este contexto, la realización del trabajo no presencial para la empresa donde se realizó el estudio fue una modalidad de trabajo novedosa. Considerando ello, era necesario conocer la efectividad de esta medida, entre otras implementadas para la prevención del contagio de COVID-19. Los puestos de trabajo de la actividad económica de construcción fueron considerados de nivel bajo y medio de riesgo ocupacional para contagio de COVID-1913,19, sector con un aporte significativo en el Producto Bruto Interno (PBI) del país y que genera el 50% de la fuerza laboral formal de Lima Metropolitana, por lo que, era importante evaluar la efectividad de cualquier medida de prevención en salud10.
Por lo expuesto, el estudio tuvo como objetivo determinar el riesgo de contagio de COVID-19 en trabajadores que realizaron trabajo presencial comparado con aquellos que realizaron trabajo no presencial, en una empresa del sector construcción de Lima Metropolitana (2020-2022). Además, se analizaron los factores asociados al riesgo de contagio.
Material y Métodos
El estudio fue cuantitativo, observacional y de cohorte retrospectivo, en base al análisis de la base de datos de seguimiento clínico de casos de COVID-19 de la empresa, donde se consideró como el factor de exposición haber trabajado presencialmente, lo que fue comparado con haber trabajado no presencialmente (no expuestos), y el evento o desenlace fue contagiarse de COVID-19.
La población de estudio estuvo constituida por los 963 trabajadores que laboraron en el proyecto de construcción, entre junio del 2020 y marzo del 2022, es decir, posterior a la segunda fase de reactivación económica del país y durante la pandemia por la COVID-19. De ellos, 866 (90%) realizaron el trabajo presencial y 97 (10%) de manera no presencial. Tomando en cuenta que se contagiaron el 66,0% de quienes trabajaron no presencialmente y el 39,4% de quienes sí trabajaron presencialmente, se calculó el poder del estudio con el programa Stata, utilizando el comando “sampsi”, obteniéndose una potencia estadística del 100%.
Según el cronograma de reactivación económica del Perú, la empresa donde se realizó el estudio, retomó su proceso constructivo en junio del 2020, lo que significó el retorno de la población trabajadora a la presencialidad en los diversos frentes de obra para la construcción del primer metro subterráneo de Lima. Sin embargo, en el contexto del marco normativo, para mitigar la propagación de la COVID-19, se implementó la promoción del trabajo remoto. De esta manera, los puestos de trabajo operativos y de supervisión continuaron con el trabajo presencial mientras que los puestos de trabajo administrativos lo hicieron de manera remota o no presencial. El estudio utilizó la definición de caso normada por el Ministerio de Salud peruano: casos sospechoso, probable y confirmado, tanto para quienes realizaron trabajo presencial como quienes realizaron trabajo remoto.
Se incluyeron los registros de trabajadores con contrato laboral vigente, independiente de su modalidad de trabajo, prestando servicios al empleador y cumpliendo un horario de trabajo, durante el periodo de estudio. El estudio excluyó a los trabajadores de las empresas subcontratistas.
Antes del inicio de la investigación, se obtuvo la aprobación del Comité Institucional de Ética en Investigación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y la autorización de la empresa. Para obtener la información del estudio se accedió a los registros de la vigilancia de la salud de los trabajadores en relación al COVID-19 de la empresa. Toda la información que se analizó se basó en las bases de datos recolectadas durante el proceso de vigilancia de la salud de los trabajadores. Además, para acceder a los datos sobre la salud de las personas se respetó el anonimato de los trabajadores, de esta manera, el estudio no incluyó identificadores ni datos personales del trabajador. El acceso a las bases de datos fue obtenido del responsable de la vigilancia de la salud de los trabajadores.
Para la operacionalización de las variables se consideró trabajo presencial como trabajador que desarolló labores en la modalidad de trabajo presencial al momento de ser identificado como caso confirmado de COVID-19 y como trabajo no presencial el trabajador que desarrolló trabajo remoto al momento de ser identificado como caso confirmado de COVID-19.
Los datos de las variables recolectadas sobre presencialidad en el lugar de trabajo, caso confirmado de COVID-19, centro de trabajo, lugar de residencia, edad, sexo, tiempo de trabajo en el proyecto, etapa educativa, medios de transporte al trabajo, modos de transmisión y puesto de trabajo, fueron agregados dentro de una hoja Excel del programa Microsof Office 365 (versión 2019). Se realizó control de calidad de la información sobre datos incompletos y consistencia por un magíster en epidemiología.
Luego de recolectada la información, se analizó la misma con el programa estadístico Stata versión 18. Se generó las frecuencias y porcentajes para cada una de las variables categóricas, para las dos variables cuantitativas (la edad y los años que llevaba en el trabajo) se las analizó con la prueba Shapiro Wilk, luego de eso se las describió con la mediana y el rango intercuartílico. Se generó una tabla donde se cruzó la variable dependiente versus cada una de las variables independientes, es aquí donde se obtuvo los valores p, con la prueba del chi cuadrado (variables categóricas) o suma de rangos (para la edad y los años en el trabajo). Luego se realizó el análisis bivariado y multivariado considerando como variable dependiente la positividad para COVID-19 y la presencialidad de trabajo como variable independiente. Se usó modelos lineales generalizados (familia Poisson, función de enlace log y modelos para varianzas robustas). Con eso se obtuvo los riesgos relativos (RR), intervalos de confianza al 95% (IC95%) y valores p. Para que una variable ingrese al modelo final al menos debió tener un valor p <0,30 (las variables que ingresaron al modelo ajustado fueron si el trabajo fue presencial, el sexo, la edad, los años que lleva en el trabajo, la sede donde laboraba, el lugar de residencia y el medio de transporte que usaba para llegar a su casa). Para considerar la significancia estadística el punto de corte fue 0,05.
Resultados
De los 963 trabajadores evaluados, 84,2% (811) fueron hombres, la mediana de edad fue 39 años (rango intercuartílico -RIQ-: 33-46 años), 24,1% (232) tenían estudios superiores. Fueron 2 años la mediana de tiempo laboral (RIQ: 1-3 años), 63,9% (588) usaba transporte público y 56,1% (540) eran trabajadores operativos. El 89,9% (866) realizaron trabajo presencial y 10,1% (97) realizó trabajo no presencial (remoto). Tabla 1.
El 39,4% (341) de los que hicieron trabajo presencial se contagiaron, en cambio, el 66,0% (64) de los que no hicieron trabajo presencial enfermaron por COVID-19. Otras variables asociadas fueron edad, años en el trabajo, medio de transporte utilizado y puesto laboral. Tabla 2.
En el modelo multivariado se encontró que, los que habían hecho trabajo presencial tuvieron menos riesgo de contagio por COVID-19 (RRa: 0,53; IC95%: 0,40-0,70; valor p<0,001), también hubo menos riesgo entre los de mayor edad (RRa: 0,987; IC95%: 0,979-0,996; valor p=0,003); por el contrario, hubo más riesgo de contagio en los hombres (RRa: 1,34; IC95%: 1,07-1,68; valor p=0,012) y según el tipo de transporte que usó para llegar al trabajo (todos los valores p<0,003), ajustado por los años que está en el trabajo, la sede laboral y el lugar de residencia. Tabla 3.
Discusión
En nuestro estudio se encontró que los trabajadores que hicieron la labor presencial tuvieron menor riesgo de contagio de la COVID-19. Este hallazgo difiere de investigaciones iniciales de frentes de obra de construcción, que describieron mayor contagio de COVID-19 en el ámbito laboral y convertirse en focos para la comunidad. Una revisión por ocupación en los Estados Unidos evidenció que los trabajadores de la construcción tenían tasas de transmisión sintomática de 10,1%, solo superadas por los trabajadores penitenciarios con 12% 20, mientras que el 5,7% que tuvieron una infección asintomática, siendo mayor incluso que grupos laborales de sectores denominados esenciales; como del servicio de alimentos con 3,8%21. Sin embargo, Ganz-Lord et al. (2023), también encontraron mayor frecuencia de trasmisión del SARS-CoV-2 en el hogar para trabajadores sanitarios de un hospital de Nueva York22.
Otros investigadores plantearon que el uso de medidas de prevención y protección podrían ayudar a controlar sobre todo los brotes epidémicos desde el lugar de trabajo15,16,17. En nuestro estudio, se verificó que la organización implementó durante el periodo de estudio varios controles como el tamizaje clínico con fichas sintomatológicas en todos los ingresos de sus frentes de obra y oficinas; la colocación de barreras físicas en ambientes donde se congregaban los trabajadores, como vestuarios, oficinas, comedores y servicios higiénicos; la disposición de uso obligatorio de respiradores o doble mascarilla en todos los ambientes de trabajo, la difusión de boletines y capacitaciones virtuales y presenciales mensuales; la implementación de lavatorios de manos en todos los ingresos a los frentes de obra y la entrega regular de respiradores y mascarillas; siendo necesario mayores estudios sobre el rol de cada una en la prevención de brotes de COVID-19. Para Ko y col. (2022), las barreras físicas sirvieron como un simbolismo para seguir las otras pautas de prevención por los trabajadores del sector construcción; además, afirma que al reducir las reuniones de los funcionarios hubo más tiempo para monitorear la salud y lugar de trabajo23. Por lo tanto, las medidas implementadas podrían haber contribuido en un control de la transmisión, fomentando una adecuada actitud preventiva de los trabajadores frente a la COVID-1924,25.
Por otro lado, los hallazgos podrían ser consecuencia del comportamiento humano; habitualmente las personas no viven solas. El ser humano es un ser social por naturaleza, por lo tanto, se expresa a través de la asistencia a reuniones sociales, su presencia en actividades religiosas, reuniones familiares, etc, y prácticas como saludarse con besos, estrecharse las manos, compartir bebidas con un mismo vaso, etc26. Entonces, el incumplimiento del autocuidado y la exposición al riesgo durante el trabajo remoto también podría ser una explicación de nuestro hallazgo, requiriendo mayores estudios. Sin embargo, Błaszczyk y col. (2022), concluyeron que el trabajo remoto puede desempeñar un papel protector y ansiolítico para los trabajadores y, por lo tanto, evitaron la exposición a un posible contagio al quedarse en casa27. Asimismo, las preocupaciones sobre la infección por COVID-19 están disminuyendo entre los datos de 2020 y 202228,29.
En relación a la edad, algunos estudios sostienen que la experiencia que se adquiere en relación al autocuidado, expectativas de vida y proyectos personales y las responsabilidades como las familiares y laborales, podrían explicar porque los mayores tuvieron menos contagios de la COVID-19 en la población evaluada30. Sin embargo, mayores estudios son necesarios.
Sobre el sexo, el rol de la mujer en la sociedad es bastante diverso, incluso fuera del ámbito laboral. Según la OMS, para muchas familias, el cierre de las instituciones educativas como colegios y las medidas de distanciamiento social han aumentado la carga de trabajo doméstico que llevan a cabo las mujeres en el hogar, pudiendo afectar su autocuidado, significando una mayor exposición al riesgo, como realizar las compras para el hogar, trámites financieros, entre otros31. Sin embargo, en nuestro estudio fueron los hombres los que más contagiaron de COVID-19, pudiendo explicarse el hallazgo por la predominante presencia de los hombres en la actividad económica de construcción. De manera similar, Atergeleh y col. (2021), concluyeron en un estudio longitudinal realizado en una población entre 50 y 74 años que, los hombres, diabéticos y con IMC mayor a 25 fueron menos cumplidores de los protocolos frente a la COVID-1932. Asimismo, se deben considerar las prácticas de autocuidado según género, por ejemplo, algunos estudios identificaron que los hombres tenían más probabilidades de minimizar la gravedad de la pandemia y menos probabilidades de evitar las grandes reuniones públicas o el contacto físico cercano33,34,35.
Finalmente, los sistemas de transporte terrestre son un componente vital para el desarrollo económico, social y ambiental de toda sociedad, como se observó durante la pandemia36. Diversos estudios han demostrado que los principales factores para contagio de COVID-19 son la duración del viaje, la ventilación y la aglomeración de personas, así como, las conversaciones a corta distancia sin mascarillas propician el contagio de la COVID-19, pero éstas deben ocurrir en forma conjunta36,37,38. En nuestro estudio, se recolectó el medio de transporte principal referido por los trabajadores; pero no se pudo tener precisión de los factores previamente mencionados, con lo cual serían mayores estudios para evaluar el impacto de esta variable.
La información recolectada y analizada contribuirá a la elaboración de planes de emergencia y contingencia para futuras situaciones relacionadas con la COVID-19 u otras similares que puedan afectar la salud de los trabajadores en el ámbito laboral. Sin embargo, es importante aclarar que los resultados de este estudio no son necesariamente extrapolables a otras empresas, incluso aquellas de la misma actividad económica. Esto se debe a que, durante el periodo del estudio, pudieron haber ocurrido cambios en el riesgo de contagio, como la virulencia de las cepas, la definición de casos, el tipo y la disponibilidad de pruebas diagnósticas, entre otros factores. Sin embargo, se considera que cualquier cambio de este tipo afectó de manera similar a ambos grupos estudiados. Además, los trabajadores que realizaron trabajo presencial reportaron sus síntomas a través de un tamizaje clínico, mientras que los trabajadores que realizaron trabajo remoto reportaron sus casos por vía telefónica o correos electrónicos. Esto podría introducir variaciones debido a la subjetividad en la identificación de algunos síntomas. A pesar de haber utilizado un diseño de cohorte retrospectiva, es importante interpretar con cautela cualquier posible relación causal debido a sesgos inherentes previamente mencionados. Otra limitación a considerar, común en la mayoría de los estudios epidemiológicos y clínicos, son los contagios relacionados con casos asintomáticos. También debemos tener en cuenta que, durante el periodo de estudio, no se disponía de vacunas para la COVID-19 en nuestro país. A pesar de ello, consideramos que los resultados no fueron afectados, dado que el impacto beneficioso de las vacunas se relaciona más con la severidad de la enfermedad que con el riesgo de contagio.
Nuestro estudio concluyó que hubo mayor contagio de COVID-19 en quienes realizaron trabajo remoto en comparación con aquellos que realizaron trabajo presencial. Por otro lado, el sexo masculino, la menor edad y el medio de transporte fueron factores de riesgo para contagiarse de COVID-19. La responsabilidad de los empleadores para la protección de los trabajadores, la promoción de la salud y la búsqueda del bienestar en el lugar de trabajo puede constituir un determinante social de la salud, siendo necesario más investigaciones. A pesar de los resultados de nuestro estudio, es necesario aún comprender cómo piensan, sienten y hacen los individuos como trabajadores ante la exposición al SARS-CoV-2 u otros agentes biológicos en el ámbito laboral. El trabajo remoto es una alternativa de trabajo que parece presentar ventajas para el trabajador, como mayor flexibilidad laboral, reducción en los desplazamientos, conciliación de la vida laboral y familiar, etc, pero necesita mayores estudios para considerar que sea de ayuda frente a los riesgos de la salud de los trabajadores ante los riesgos biológicos de transmisión comunitaria.
















