<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0210-4806</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Actas Urológicas Españolas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Actas Urol Esp]]></abbrev-journal-title>
<issn>0210-4806</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Asociación Española de Urología]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0210-48062005000400001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Litiasis urinaria: Presente y futuro]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lancina Martín]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.A.]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<volume>29</volume>
<numero>4</numero>
<fpage>339</fpage>
<lpage>344</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0210-48062005000400001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0210-48062005000400001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0210-48062005000400001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p><i><font size="4"><b>EDITORIAL</b></font></i></p>       <p>&nbsp;</p>       <p align="center"><b><font size="4">Litiasis urinaria. Presente y futuro</font></b></p>       <p align="center"><b>J.A. Lancina Martín</b></p>       <p align="center"><i>Coordinador Nacional de Litiasis de la Asociación Española de Urología (2000-2004).</i></p>       <p>&nbsp;</p>       <p align="left">Ya se han cumplido más de veinte años desde que se introdujera en la práctica clínica el uso de la litotricia extracorpórea por ondas de choque (LEOC). Efectivamente esta modalidad técnica, que revolucionó el tratamiento de la litiasis urinaria, ya ha cumplido su mayoría de edad. Lejos quedan aquellas noticias que nos venían llegando desde el Departamento de Urología de la Universidad de Munich, en donde Chaussy y su equipo estaban investigando un    procedimiento capaz de fragmentar los cálculos    urinarios mediante la aplicación de una energía    externa, que era transmitida a través del propio    organismo sin ocasionar daño tisular, mediante   la  colocación de un acoplador sobre la superficie    cutánea. Aún recuerdo la incredulidad inicial de    algunos colegas cuando empezaron a llegar las    primeras informaciones de los buenos resultados    conseguidos con el nuevo método en los primeros    pacientes tratados a comienzos del año 1980.   Esta  sorpresa inicial estaba más que justificada    porque la tecnología médica de entonces apenas   hacía  presagiar que pudiera diseñarse un prototipo   de  estas características y que fuera seguido   de  tan buenos resultados. En cierto modo, este    descubrimiento se adelantó a su época y tuvo   una  trascendencia tal que fue más allá del ámbito   de la  propia Urología e incluso del propio estamento    medico, haciéndose eco la noticia en todos   los  medios de comunicación del mundo.</p>      <p>Pero aquellos años  80 no significaron solamente   la  introducción de la LEOC en el tratamiento   de la  litiasis urinaria sino que, en un    tiempo ligeramente anterior, ya se habían incorporado   las  llamadas técnicas de cirugía mínimamente    invasiva (CMI) como la nefrolitotomía percutánea   (NLP),  difundida por Alken y Wickham de   forma  independiente, y la ureterorrenoscopia   (URS),  difundida por Pérez-Castro. Todo ello contribuyó   a un  cambio radical en la forma de tratar   la  litiasis. Hasta entonces sólo era posible la    cirugía abierta tradicional, que había alcanzado   un  grado de desarrollo sorprendente. La técnica    quirúrgica, con aportaciones como la pielolitotomía    ampliada de Gil-Vernet y la nefrolitotomía    anatrófica de Smith y Boyce, permitía abordar   con  éxito litiasis complejas de gran masa litiásica.    También supusieron avances técnicos notables   los  métodos de preservación de la función renal    (hipotermia, inosina intraarterial, etc.) para minimizar   los  efectos de la isquemia durante el clampaje   de la  arteria renal, los métodos de localización    intraoperatoria de fragmentos litiásicos (radiología   de  contacto, ecografía, nefroscopia, etc.)   y la  aplicación de ingeniosos sistemas de extracción   de  los fragmentos alojados en cálices inaccesibles   (como  la pielolitotomía por coágulo de   Dees).  Todos estos avances consiguieron que    pudieran ser tratados quirúrgicamente la mayoría   de  los cálculos, por muy complejos que fueran,    respetando en lo posible el principio de conservación   del  parénquima y el funcionalismo    renal, sin que por ello se descuidase el objetivo de    conseguir la total eliminación del cálculo. Este    objetivo se hacía especialmente muy necesario en   la  litiasis coraliforme infectiva si se quería evitar   la  recidiva, el crecimiento de fragmentos residuales   o la  misma persistencia de la infección    urinaria. En el postoperatorio siempre existía la    posibilidad de disolver los cálculos residuales    mediante la irrigación de sustancias quimiolíticas   a  través de una sonda de nefrostomía dejada al   final  de la intervención. Pues bien, cuando estaba    perfectamente establecido el tratamiento quirúrgico   de la  litiasis urinaria, de forma repentina se   tuvo  que cambiar el modo de tratar los cálculos   con  el advenimiento de la CMI y la LEOC.</p>      <p>Desde que en el  año de 1984 se introdujo el    litotriptor extracorpóreo Dornier HM3 (conocido    popularmente como <i>la bañera</i> por la necesidad   de  tener que sumergir al paciente en un contenedor   lleno  de agua) realmente pocos cambios se   han  producido en la tecnología que se hayan traducido   en  una mejoría significativa de los resultados.   De  hecho, el modelo HM3 se sigue considerando   el <i>gold-standard</i> al que deben seguir    comparándose los nuevos prototipos que salen al    mercado. Los cambios producidos en los litotriptores,    llamados de segunda y después tercera    generación, han ido más bien en la dirección de    conseguir equipos más fácilmente manejables   para  los médicos y más confortables para los    pacientes, prescindir de la anestesia, costes de    adquisición y mantenimiento inferiores, uso más    restringido de materiales desechables y menores    necesidades de espacio para su instalación y de    mantenimiento. Es indudable que todos estos    cambios han producido mejoras funcionales en   las  Unidades de Litotricia, pero este hecho no ha    repercutido necesariamente en unos mejores    resultados en cuanto a limpieza de cálculos. Más   bien  al contrario, los nuevos equipos consiguen    resultados inferiores al primitivo Dornier HM3.   Las  limitaciones que este modelo tenía para el    tratamiento de la litiasis ureteral fueron superadas   por  los litotriptores de segunda generación.   Con  la introducción del Lithostar de Siemens y el    Dornier MFL 5000 fue posible tratar todos los    cálculos, independientemente de su localización,    mejorando notablemente la manejabilidad técnica   y  además sin tener que sumergir en agua al    paciente aunque, sin embargo, todo ello a costa   de  conseguir unos resultados inferiores a los    obtenidos previamente.</p>      <p>De los sistemas  que inicialmente se propusieron   para  la generación y transmisión de las   ondas  de choque: el sistema electrohidráulico   (que  incorporó el HM3 de Dornier), el electromagnético   (que  incorporó el Lithostar de Siemens) y el    piezoeléctrico (que incorporó el LT01 de Edap), el    desarrollo de los acontecimientos ha derivado en   el  triunfo del sistema electromagnético, a tal   punto  que ha sido adoptado por la misma    Dornier en sus nuevos prototipos. El éxito de este    sistema se debe a la mayor sencillez de manejo,   mayor  duración de los componentes, buena    energía en punto focal para conseguir fragmentación    adecuada, posibilidad de integración fácil en    equipos multifuncionales y menores necesidades   de  mantenimiento. El sistema electrohidráulico    precisa del cambio frecuente de electrodos y su    manejo y mantenimiento son más complejos. El    sistema piezoeléctrico tiene los peores resultados   de  eficacia litofragmentadora, con mucha necesidad   de  retratamientos, aunque es el sistema   que  ocasiona menos dolor. Por todas estas consideraciones,   la  mayoría de los fabricantes se    inclinan actualmente por el diseño de equipos   con  sistema electromagnético.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un inconveniente  de los nuevos litotriptores es   la  menor calidad de imagen de los sistemas de    localización del cálculo. Efectivamente, tanto el    sistema de localización radiológica como ecográfica,    precisan de una calidad de imagen muy alta   para  permitir una adecuada focalización para la    emisión de las ondas de choque. El éxito del tratamiento    reside en gran parte en conseguir este    objetivo. La carrera de bajada de precios, que han    seguido las distintas compañías en el diseño de    nuevos litotriptores, ha derivado en una menor    calidad de los sistemas de localización, lo que ha    reducido las prestaciones y, consecuentemente,   los  resultados respecto a los primeros litotriptores.</p>      <p>Por otra parte,  desde la aparición de los litotriptores   de  segunda generación se propuso prescindir   de la  anestesia porque los nuevos prototipos   eran  pretendidamente indoloros. Como consecuencia   de  esta nueva situación, las Unidades   de  Litotricia, donde inicialmente se realizaban    anestesias por ser imprescindibles con la HM3,    comenzaron a desplazar a los anestesiólogos. El    tiempo ha venido a demostrar lo equivocado de   esta  nueva orientación. El disconfort que se produce   en la  mayoría de los pacientes durante el    tratamiento ha obligado a introducir técnicas de    sedo-analgesia intravenosa que, en muchos casos,   es  asumida por los mismos urólogos responsables   de la  litotricia. Un planteamiento que    debemos hacernos en el futuro inmediato es la    necesidad de que cada Unidad de Litotricia    cuente permanentemente con anestesista para el    soporte de la analgesia del paciente. Por muy    simples que sean las medidas para controlar el    dolor, esta responsabilidad debe ser asumida por   el  anestesista y no por el urólogo. En la distribución    actual de tareas para la atención integral del    paciente, que la dinámica hospitalaria impone,    implica que el anestesiólogo sea el responsable   del  control del dolor. Indudablemente esto va a    suponer un aumento de los costes del procedimiento.</p>      <p>El litotriptor  ideal sería aquel que pudiera    alcanzar el nivel de potencia necesario en el   punto  focal para conseguir la fragmentación del    cálculo en partículas lo más diminutas posibles   para  facilitar su eliminación, sin por ello producir   daño  tisular, reduciendo en lo posible la necesidad   de  retratamientos, que tenga un manejo    sencillo y que disponga de un buen sistema de    localización del cálculo, que sea confortable para   el  paciente y no requiera de la aplicación de anestesia,   que  no suponga altos costes en adquisición   ni  programas de mantenimientos frecuentes y un   uso  restringido de materiales desechables, con   tasas  altas de limpieza de cálculos y mínimas    complicaciones. Este litotriptor aún no está disponible,   pero  debemos confiar en que las investigaciones    puestas en marcha conduzcan en los    próximos años al diseño de equipos que se aproximen   a las  características comentadas.</p>      <p>La CMI tuvo un  gran desarrollo en la Urología   como  consecuencia de su aplicación precisamente   en la  litiasis urinaria. La NLP y la URS    supondrán el primer intento con éxito de la incorporación   de  las técnicas de mínima invasión en la    Urología. Su introducción fue en tiempo anterior   a la  LEOC y, antes de que ésta fuera una realidad,   estás  técnicas tuvieron una extraordinaria    difusión, desplazando en buena parte a la cirugía    convencional. La llegada de la LEOC supuso un    brusco frenazo para el desarrollo de estas técnicas.   Poco  tiempo después se puso de manifiesto   que  la LEOC tenía limitaciones para la resolución   de  determinado tipo de cálculos, ya fuera por su   gran  tamaño, por su extraordinaria dureza o por   la  dificultad de eliminación de los fragmentos a consecuencia de una anatomía desfavorable.</p>      <p>La facilidad que suponía administrar la LEOC redujo radicalmente las indicaciones de la CMI aunque, en muchos casos, no encontraba debida justificación. Las litiasis complejas no podían ser resueltas completamente con la LEOC o, en el mejor de los casos, lo conseguía después de aplicar múltiples sesiones, con lo que se prolongaba excesivamente el tiempo de resolución. Si bien la URS compitió con la LEOC en los cálculos de uréter pelviano, la NLP vio disminuidas sus indicaciones a la mínima expresión. Sin embargo, en el momento actual existe una tendencia a aumentar las indicaciones de estas técnicas en perjuicio de la LEOC.</p>      <p>Por otra parte, se  pudo comprobar desde el    principio el beneficio de la utilización de varios    procedimientos para la resolución de casos complejos.   Así,  el uso de la NLP y la LEOC en la litiasis    coraliforme conseguía mejorar los resultados que   cada  técnica conseguía individualmente, con una    aceptable morbilidad. También en ciertas complicaciones   de la  LEOC, como la calle-litiásica ureteral,   podía  aplicarse la URS u otras técnicas    endourológicas con finalidad desobstructiva,   como  la nefrostomía percutánea o el cateterismo    ureteral. La colocación de un catéter doble J previamente   a la  LEOC en pacientes con cálculos    voluminosos podía minimizar los efectos de la    impactación de los fragmentos litiásicos en uréter    durante su eliminación.</p>      <p>La NLP apenas ha sufrido evolución desde los inicios de la técnica. La dilatación del trayecto percutáneo, clásicamente realizada con los dilatadores coaxiales telescopados de Alken o los dilatadores teflonados de Amplatz, va ganando adeptos en el uso de los balones de dilatación, que permiten en un solo tiempo dilataciones de hasta un calibre de 30 Fr. Otra novedad ha sido la introducción de la técnica minipercutánea <i>mini-perc</i>) consistente en el uso de mininefroscopios de 18  Fr que permiten su introducción a través de una vaina de Amplatz de 20 Fr. Esta técnica puede encontrar algunas indicaciones cuando sea posible minimizar el acceso percutáneo. La posibilidad de introducir instrumentos flexibles por el abordaje percutáneo ha mejorado   las  expectativas de eliminación de cálculos caliciales   de  difícil acceso. No se ha extendido mucho   el  uso de varios accesos percutáneos en una   misma  sesión quirúrgica debido a la invasividad   del  procedimiento. Tampoco ha sido bien considerado   el  acceso por el cáliz superior debido al    elevado riesgo de lesión pleural.</p>      <p>Los instrumentos  utilizados para la URS han    experimentado continuas evoluciones en sus    diseños, desde los primitivos ureteroscopios    rígidos de grueso calibre (14 Fr) hasta el miniureteroscopio    semirrígido de Dretler (7,5 Fr), con el   fin  de facilitar el avance del instrumento a través   del  uréter sin necesidad, en muchas ocasiones,   de  dilatar el orificio meatal y ni siquiera precisar   de  anestesia. La miniaturización de los ureteroscopios   se ha  visto beneficiada por la incorporación   de  nuevas fuentes de energía externa para la    litotricia intracorpórea, en particular el láser,   cuyas  finas fibras pasan fácilmente por los    canales de trabajo de estos ureteroscopios. Otro    cambio notable ha sido la introducción de ureteroscopios    flexibles con una visión aceptable y    manejo cómodo, permitiendo un avance fácil por   todo  el uréter e incluso llegar hasta las cavidades    renales. Esta nueva posibilidad técnica nos permite    eliminar cálculos caliciales de difícil acceso percutáneo.</p>      <p>Donde se han  producido más novedades ha   sido  en las fuentes de energía para litotricia    intracorpórea. Desde las primeras fuentes disponibles   de  litotricia electrohidráulica, abandonada   en  parte por la posibilidad de lesión tisular, y los    ultrasonidos, se consiguió un gran avance con la    introducción del láser colorante Candela que se   ha  visto superado por el láser de holmium. Este    último láser necesita poco tiempo para su puesta   a  punto y tiene un mantenimiento relativamente    sencillo, utiliza una fina fibra flexible que puede   ser  introducida por finos instrumentos, rígidos o    flexibles, consiguiendo un poder de fragmentación   muy  elevado sin producir apenas desplazamiento   de  los cálculos. Su mayor inconveniente   es el  elevado coste de adquisición. En el momento    actual, el láser holmium supone la fuente de    energía de elección para la litiasis ureteral.</p>      <p>La aparición de la  litotricia neumática (Swiss    Lithoclast) también supuso un avance notable   por  la extraordinaria sencillez en su manejo, precisando   de  pocos recursos para su puesta en funcionamiento    (solamente el aire comprimido del    quirófano), sin necesidad de piezas desechables y   bajo  coste de adquisición. Su mayor inconveniente    radica en el desplazamiento que provoca   sobre  el cálculo con cada pulsación, lo que ha    limitado su aplicación en la litiasis ureteral. Sin    embargo, en la actualidad se considera, junto a la    litotricia ultrasónica, como la fuente de energía   de  primera elección para la litiasis renal y vesical.    Posteriormente han ido apareciendo nuevas    fuentes de energía, algunas de gran utilidad   como  la litotricia electrocinética, pero que aún no   han  conseguido extenderse demasiado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La LEOC sigue  siendo el tratamiento de elección   para  la litiasis renal, suponiendo aproximadamente   el  80-85% de las indicaciones iniciales.   En  general, los cálculos de tamaño inferior a 2   cm  son una buena indicación para la LEOC. Los    cálculos de mayor tamaño, en particular los cálculos    coraliformes y aquellos que por razones    anatómicas tienen evidentes dificultades en la    eliminación de los fragmentos (ángulo infundíbulopélvico    inferior reducido, estrechez infundibular, anomalías anatómicas, cambios postquirúrgicos de la vía, etc.) deben ser tratados mediante NLP. La cirugía abierta debe ser reservada para menos del 5% de los casos.</p>      <p>Antes de decidir un tratamiento con LEOC en una litiasis compleja debemos plantearnos dos cuestiones fundamentales: qué previsión tendremos de que exista una litiasis residual y cuántas sesiones creemos que precisará para su resolución. Evidentemente no siempre es fácil conocer de antemano la respuesta a estas dos preguntas, pero en muchos casos podemos hacer una estimación. En aquellos pacientes que se prevea una litiasis residual superior al 30% y aquellos que precisen de más de 3 sesiones para su resolución, debería ser cuestionada la indicación de una LEOC como tratamiento único.</p>      <p>En algunos casos será preciso el tratamiento combinado de diversos procedimientos. Unos serán planteados de forma estratégica, en particular cálculos renales de tamaño grande o coraliformes, en donde se puede comenzar con una cirugía percutánea y, para aquellos cálculos alojados en cálices no accesibles a la percutánea, se puede aplicar la LEOC en un segundo tiempo. También, de forma alternativa, se puede aplicar la URS transuretral con ureteroscopio flexible y láser de holmium, particularmente en cálculos alojados en cálices inferiores. En otras ocasiones el fracaso de una LEOC inicial, con litiasis residual significativa, deberá seguir de una cirugía percutánea o incluso URS transuretral, dependiendo de las características de cada caso.</p>     <p>Para la litiasis  ureteral, la LEOC sigue siendo   el  tratamiento de elección para la gran mayoría   de  los cálculos localizados en uréter superior,    siempre que su tamaño no exceda de 2 cm. En    cálculos de mayor tamaño se impone la URS, en    particular si tienen carácter obstructivo. Existe   una  mayor controversia para los cálculos localizados   en  uréter inferior, donde la LEOC y la URS    compiten por ser el tratamiento de elección. Si   bien  la URS es la indicación apropiada para cálculos   de  tamaño superior a 2 cm, la discusión se    produce para cálculos de menor tamaño. En este   tipo  de cálculos, ambos procedimientos son    igualmente eficaces con un porcentaje de éxitos    superior al 80-90%. Con la URS se consigue la    resolución con una sola sesión quirúrgica en la    mayoría de los pacientes, mientras que con la   LEOC  hasta en un 25% de los casos necesita más   de  una sesión, lo que prolonga el tiempo de resolución   del  cálculo. Sin embargo, la URS precisa   de  hospitalización y del uso de anestesia, aunque   en  algunos casos pueden ser evitadas (particularmente   en  mujeres). Las complicaciones,    aunque reducidas en ambos procedimientos,    tienen una mayor relevancia en la URS. No está   claro  tampoco la ventaja de un procedimiento   sobre  otro en términos de coste-efectividad. Para    aquellas unidades que cuenten con todo el armamentario    terapéutico, la LEOC puede ser más    coste-efectiva.</p>      <p>La CMI está  ganando protagonismo en el tratamiento   de la  litiasis urinaria en los últimos   años,  y es posible que esta tendencia se consolide   en el  futuro. Esta situación viene derivada de los    fracasos que se obtienen con la LEOC en determinado   tipo  de cálculos (consistencia dura, voluminosos,    coraliformes, asociados a malformaciones   o  cambios postquirúrgicos severos), en   donde  la litiasis residual supera al 30% de los    casos. Es por ello que la tendencia actual es favorable a la aplicación de técnicas quirúrgicas desde el principio en cálculos con estas características, reservando a la LEOC como un tratamiento secundario ante una posible litiasis residual. La falta en la progresión de los nuevos litotriptores, que pudieran mejorar los resultados históricos conseguidos hasta el momento, junto al avance producido en el diseño de los instrumentos endoscópicos y la incorporación de nuevas fuentes de energía para litotricia intracorpórea, han posibilitado mayores indicaciones para la CMI.</p>      <p>Los cálculos de  consistencia más dura (oxalato    cálcico monohirato, brushita y cistina) ofrecen   más  resistencia a la LEOC, incluso aunque tengan   un  pequeño tamaño, y, por lo tanto, con frecuencia   serán  indicaciones para la CMI. Los cálculos   de  ácido úrico puro deberán ser sometidos    inicialmente a tratamiento médico disolvente pues   se  consigue su disolución en la mayoría de los    casos. Cuando estos cálculos alcanzan un gran    tamaño o cuando está asociada otra composición,    pueden precisar de la aplicación de LEOC para    facilitar su eliminación, a la vez que permite    exponer más superficie del cálculo para favorecer   el  efecto del tratamiento disolvente.</p>      <p>La progresión  imparable de la laparoscopia en   el  campo de la Urología ha podido encontrar también    indicaciones para la litiasis urinaria,    aunque posiblemente con menor impacto que en   otras  patologías. La razón de este hecho debemos    encontrarla en que la laparoscopia no entra en    competición con la cirugía abierta en la litiasis,   como  sucede en otras parcelas, sino que lo hace    directamente con la NLP, la URS y la LEOC, todas   ellas  consideradas técnicas mínimamente invasivas   como  la misma laparoscopia. No obstante,   se  vislumbran en el futuro inmediato indicaciones   de la  laparoscopia en la litiasis que    pueden desplazar a la NLP y URS. Con la NLP   puede  entrar en dura competición en los cálculos    piélicos, en particular cuando están alojados en    pelvis amplias o extrasinusales, porque así se    evitaría el daño sobre el parénquima renal    durante la dilatación del trayecto percutáneo.   Otra  indicación posible de la laparoscopia serían   los  cálculos alojados en divertículos caliciales.    Contrariamente la laparoscopia tendrá mayores    dificultades para competir con la URS, aunque   puede  ser una buena indicación en cálculos de    uréter superior con un tamaño superior a 2 cm o   en  donde ya ha fracasado la LEOC.</p>      <p>La cirugía abierta  debe quedar relegada al    mínimo (no más del 5% de los casos) cuando    tenemos a nuestra disposición todos los procedimientos    terapéuticos. Efectivamente aún quedan    algunos casos en que la cirugía abierta puede   estar  indicada como en litiasis complejas (cálculos   de  gran volumen, grandes malformaciones,    alteraciones severas de la vía urinaria, etc.) y, por    supuesto, cuando fracase la LEOC y la CMI. La    laparoscopia puede competir con algunas de las   pocas  indicaciones que aún quedan para la    cirugía abierta, como por ejemplo la nefrectomía    parcial en litiasis calicial inferior con <i>foco litógeno</i> y atrofia parenquimatosa.</p>      <p>El tratamiento  quimiolítico por irrigación    directa de sustancias a través de catéteres de    nefrostomía o ureterales solamente es posible   para  cálculos compuestos de estruvita, ácido   úrico  o cistina, pero esta modalidad terapéutica   está  actualmente en desuso debido a que exige    hospitalizaciones largas, provocan gran disconfort   a los  pacientes y existe posibilidad de complicaciones    infecciosas y de toxicidad sistémica. Por ser una técnica costosa, molesta y fácilmente sustituible por la LEOC o CMI, la quimiólisis por irrigación tienen un reducido campo de aplicación en la actualidad.</p>      <p>La litiasis  vesical debe ser abordada por    extracción endoscópica transuretral, o percutánea    transvesical en algunos casos, donde también   será  necesaria, la mayoría de las veces, la    resolución conjunta del proceso obstructivo   (HBP,  esclerosis cervical, etc.) que es la causa de   su  formación o el motivo que impide su eliminación.    Cuando el factor causal precise de cirugía    abierta (por ejemplo HBP de gran tamaño), la    litiasis será extraída en el mismo acto quirúrgico    abierto. La LEOC puede estar indicada en cálculos   no  excesivamente grandes y en donde,    además, no esté presente factor causal orgánico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de los  mensajes que se han venido    repitiendo en los últimos años acerca del potencial   de  recidiva de la litiasis (superior al 50% a   largo  plazo) y la posibilidad de reducir esta tasa   de  recidivas, incluso con simples medidas profilácticas,   el  urólogo sigue mostrando cierta resistencia   al  estudio de los factores de riesgo litogénico   y,  por ende, de la adopción de medidas    activas de prevención de la recidiva.</p>      <p>En los últimos  años se han producido notables    avances en el estudio de la influencia que tienen    algunos factores en la formación de los cálculos    urinarios como el rol de factores genéticos, la    influencia de algunos componentes de la dieta y   de  otros factores medio-ambientales. Los estudios    prospectivos del grupo de Curhan en la Universidad   de  Harvard, siguiendo poblaciones de    cohortes con muchos individuos durante periodos    largos de tiempo, muestran una prevalencia de la    litiasis en torno al 8%, y han revelado el efecto    favorecedor que para la formación de cálculos    oxalocálcicos tiene la reducción del calcio de la    dieta. Este hallazgo ha tenido un gran impacto   entre  los urólogos, pues ha supuesto un cambio    notable en la práctica clínica. La restricción del    contenido cálcico de la dieta, que clásicamente se    recomendaba a los pacientes con litiasis cálcica,   debe  ser abandonada por el efecto negativo que   tiene  esta medida en los pacientes. Otras revelaciones    interesantes de estos estudios han sido   que  el riesgo de formación de cálculos disminuye   con  un mayor consumo de líquidos y alto contenido de potasio en la dieta, y aumenta con un mayor consumo de proteínas de origen animal y de carbohidratos (aunque éste último factor solamente fue observado en el grupo de mujeres).</p>      <p>La evaluación de los factores de riesgo para cada paciente debe comenzar con una buena historia clínica (antecedentes familiares de urolitiasis, hábitos dietéticos, factores medio-ambientales, ingesta de fármacos, existencia de enfermedades sistémicas, etc.) y el estudio de composición del cálculo (evaluación de historia clínica y análisis el cálculo). Solamente los pacientes con especial riesgo litogénico deben ser sometidos a una evaluación más ampliada. Este estudio, conocido como estudio metabólico-mineral, se ha simplificado mucho en los últimos años de forma que es muy fácilmente realizable por la mayoría de los laboratorios. Se debe determinar el calcio, fósforo ácido úrico, sodio, cloro, potasio y creatinina en sangre y orina de 24 horas, también el oxalato, citrato y el magnesio en orina de 24 horas que, junto con la determinación de la diuresis diaria y el pH de orina, nos puede dar una estimación aproximada de la capacidad litogénica de la orina. Toda alteración morfológica y funcional del sistema excretor (malformaciones, dilatación, obstrucción, lesión tisular, etc.) debe ser considerada como potencial factor favorecedor de la litogénesis.</p>     <p>Las medidas de prevención generales (ingesta líquida, consejos dietéticos, modificación de hábitos de vida, etc.) son aconsejables en todos los pacientes. En aquellos que existan alteraciones metabólicas marcadas y con litiasis recurrente deben ser sometidos a tratamiento farmacológico selectivo (tiazidas en hipercalciuria, alopurinol en hiperuricemia, citrato potásico en hipocitraturia, etc.). Con estas simples medidas correctoras se consigue reducir la recidiva litiásica por debajo del 25% a largo plazo.</p>     <p>En conclusión, en los albores del siglo XXI el tratamiento integral de la litiasis implica el conocimiento y adiestramiento por parte del urólogo de varios procedimientos: la LEOC, la NLP, la URS, la laparoscopia y la cirugía abierta. La identificación y la posterior corrección de factores de riesgo litogénico consigue reducir considerablemente la posibilidad de recidiva litiásica.</p>        ]]></body>
</article>
