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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Comunicando malas noticias en Medicina: recomendaciones para hacer de la necesidad virtud]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital General de la Defensa San Carlos Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Breaking bad news is one of physician's most difficult duties. In spite of this, communication skills are considered a minor professional ability. Bad news is defined as any news that drastically and negatively alters the patient's view of his/her future. Patients never forget where, when and what bad news they were told. The factors that make communicating bad new difficult may come from the sociocultural setting of the patient or the doctor. Randomized studies have shown that communication learning skills may cause a positive impact on the person giving and receiving the bad news. In order to facilitate this task, a practical and dynamic 6-step protocol, described by Baile and Buckman, that may be useful for this task, is described.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[malas noticias]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[habilidades de comunicación]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><B><font face="Verdana" size="2"><a name="top"></a>PUNTO DE VISTA</font></B></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><B><font face="Verdana" size="4">Comunicando malas noticias en Medicina: recomendaciones para hacer de la necesidad virtud</font></B></p>      <p><B><font face="Verdana" size="4">Breaking bad news in medicine: strategies that turn necessity into a virtue</font></B></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>&nbsp;</p>      <p><B><font face="Verdana" size="2">F. García Díaz</font></B></p>       <p><font face="Verdana" size="2">Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias. Hospital General de la Defensa San Carlos. San Fernando. Cádiz. España.</font></p>       <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Dirección para correspondencia</a></font></p>       <p>&nbsp;</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>   <hr size="1">       <P><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></P>     <p><font face="Verdana" size="2">Comunicar malas noticias es una de las tareas más difíciles que deben enfrentar los médicos, a pesar de lo cual ha  sido considerada como una competencia menor. Podemos definir la mala noticia  como aquella que drástica y negativamente altera la propia perspectiva del  paciente en relación con su futuro. Los receptores de malas noticias no olvidan  nunca dónde, cuándo y cómo se les informó de ella. Los factores que dificultan  la comunicación de malas noticias pueden provenir del ambiente sociocultural,  del paciente o del propio médico.    <br> Estudios aleatorizados han demostrado que el  aprendizaje de habilidades de comunicación puede producir un impacto positivo  tanto en el dador como en el receptor de malas noticias. Con el fin de facilitar  esta tarea se describe un protocolo práctico y dinámico de 6 pasos, descrito por  Baile y Buckman, que puede ser de utilidad para cumplir esta tarea.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2"><B>Palabras clave</B>: relación médico-enfermo, malas noticias, habilidades de comunicación.</font></p>   <hr size="1">       <P><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font></P>      <p><font face="Verdana" size="2">Breaking bad news is one of physician's most difficult duties. In spite of this, communication skills are considered a minor  professional ability. Bad news is defined as any news that drastically and negatively alters the patient's view of his/her future. Patients never forget where, when and what bad news they were told. The factors that make  communicating bad new difficult may come from the sociocultural setting of the  patient or the doctor.    <br> Randomized studies have shown that communication learning  skills may cause a positive impact on the person giving and receiving the bad  news. In order to facilitate this task, a practical and dynamic 6-step protocol,  described by Baile and Buckman, that may be useful for this task, is described.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2"><B>Key words</B>: physician-patient relationship, breaking bad news, communication skills.</font></p>   <hr size="1">       <P>&nbsp;</P>       ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">«No hay mentira mayor    <BR> que una verdad mal comprendida»    <BR> <I>Williams James</I></font></P>       <P>&nbsp;</P>       <P><B><font face="Verdana">Introducción</font></B></P>       <P><font face="Verdana" size="2">Muchos médicos han experimentado alguna vez el sentimiento de no haber sabido  transmitir bien la gravedad de un paciente a unos familiares atribulados por el  sufrimiento y la incertidumbre. Es un sentimiento frustrante, porque haciendo  las cosas técnicamente bien el paciente y/o la familia no lo percibe de la misma  manera. Estas disfunciones en la comunicación, especialmente cuando se comunican  malas noticias, erosionan la confianza de las familias y están en el origen de  los recelos, incomprensiones, desencuentros, quejas o incluso demandas  judiciales que vemos con creciente frecuencia en nuestros  centros<SUP>1</SUP>.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Comunicar malas noticias es una frecuente y difícil tarea con la que tienen  que enfrentarse los profesionales sanitarios, a pesar de lo cual ha sido  considerada como una competencia menor comparada con los otros aspectos técnicos  de la práctica médica, y para lo que no se ha previsto una formación específica  de comunicación en los planes curriculares, tanto de pre como de postgrado. Los  profesionales no se sienten preparados para esta compleja y desagradable tarea,  y esto es fuente de ansiedad. La respuesta a este reto no ha sido mejorar la  formación pregraduada y/o desarrollar cursillos sobre habilidades de  comunicación, sino el progresivo desarrollo de los Departamentos de gestión de  quejas hospitalarios. De hecho, la gran mayoría de las quejas recibidas en estos  departamentos están relacionadas con la calidad de la información, y menos con  otros aspectos de la asistencia médica<SUP>2</SUP>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los receptores de malas noticias no olvidan nunca dónde, cuándo y cómo se les  informó de ella<SUP>3</SUP>. El objetivo de este artículo es exponer un enfoque  protocolizado, que pueda facilitar la comunicación de malas noticias en los  diferentes contextos y situaciones de la Medicina actual.</font></P>      <P>&nbsp;</P>      <P><B><font face="Verdana">¿Qué es una mala noticia en medicina?</font></B></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Podemos definir la mala noticia como aquella que drástica y negativamente  altera la propia perspectiva del paciente, o sus familiares, en relación con su  futuro. El resultado es un desarreglo emocional o de comportamiento que persiste  un tiempo después de que la mala noticia es recibida. Podemos ejemplificar todo  lo dicho anteriormente en la vivencia recordada en las memorias del ciclista  Lance Armstrong del día en que recibió la noticia de que padecía un cáncer  testicular metastático: «Yo salí de casa esa mañana del 2 de octubre de 1996  siendo una persona y regresé siendo otra muy distinta»<SUP>4</SUP>.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">La reacción de un paciente determinado ante una mala noticia va a depender  básicamente de su personalidad, creencias religiosas, apoyo familiar percibido y  el marco antropológico-cultural en el que vive. Es por tanto un fenómeno  individual modulado en la perspectiva sociocultural. En nuestras actuales  sociedades, cada vez más multiculturales, este último factor empieza a tener una  importancia creciente.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Existe, sin duda, una gradación en las malas noticias. No es lo mismo tener  que decir a unos padres que el hijo accidentado presenta una lesión cerebral  irreversible o la revelación de un diagnóstico de cáncer de pulmón a un adulto  de mediana edad, que comunicar a la familia que el comportamiento extravagante  del abuelo es debido a un Alzheimer.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">En ocasiones la cualidad adversa de una noticia médica tiene que ver más con  la inoportunidad biográfica de la misma o con una incompatibilidad laboral que  con la gravedad del caso en sí mismo. Sendos ejemplos de esto último serían: la  necesidad de una intervención quirúrgica coincidente con la fecha de la boda de  una hija o el diagnóstico de una arritmia a un piloto de aviación.</font></P>      <P>&nbsp;</P>      <P><B><font face="Verdana">Dificultades y barreras en la comunicación de malas noticias</font></B></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Superado en las últimas décadas el modelo paternalista/proteccionista de la  relación médico-enfermo, el paciente tiene el derecho reconocido, por principios  éticos y legales, de solicitar al médico que le explique su enfermedad, sus  posibilidades de curación, etc., para poder ser copartícipe de las decisiones  terapéuticas<SUP>5</SUP>.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">No obstante, una parte significativa de pacientes no desean conocer la verdad  de su diagnóstico, y esto obliga al médico a la tarea añadida de identificar a  este subgrupo de pacientes antes de plantearse la revelación de cualquier  diagnóstico adverso.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, la gran complejidad de la Medicina actual, altamente  tecnificada, requiere de los profesionales sanitarios el esfuerzo adicional de  explicar conceptos complicados de una forma comprensible para el paciente y la  familia.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Comunicar malas noticias es una tarea estresante para los médicos por  variadas razones. Una de las más importantes es la creencia generalizada de que  el desvelamiento de un diagnóstico sombrío afectará negativamente a la evolución  del paciente o a su colaboración con el plan terapéutico. Otra razón es el temor  a enfrentarse a sus reacciones emocionales o preguntas incómodas, sobre todo  cuando se es consciente de que no se posee un mínimo entrenamiento para manejar  situaciones de gran tensión emocional<SUP>6</SUP>.</font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Los factores que dificultan la comunicación de malas noticias pueden provenir  del ambiente sociocultural, del paciente o del propio médico.</font></P>      <P><B><font face="Verdana" size="2">Factores socioculturales</font></B></P>      <P><font face="Verdana" size="2">En una época como la actual en que la juventud y la salud son considerados  valores de primer orden identificados con la riqueza y el triunfo social,  aquellos que no «atesoran» estos valores pueden sentirse de alguna manera como  marginales: viejos, enfermos y pobres. Siguiendo esta lógica, la comunicación de  un diagnóstico adverso a una persona es como decirle que su valor social se está  depreciando en el «mercado» de la vida. Esta sensación de desvalorización social  puede ser aún más dolorosa cuando la mala noticia lleva implícita el riesgo de  morir.</font></P>      <P><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, la agresiva mercadotecnia de los sistemas sanitarios,  prestigiando en exceso la Medicina de alta tecnología, propende a suscitar entre  los usuarios unas expectativas terapéuticas exageradas o quiméricas, que les  hace difícil la asunción de situaciones irreversibles. La pedagogía de que la  Medicina actual, a pesar de sus avances, no lo puede curar todo, es otra tarea  médica muy necesaria en la actual sociedad avanzada del  bienestar<SUP>7</SUP>.</font></P>      <P><B><font face="Verdana" size="2">Factores del paciente</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Es muy difícil para el médico estimar el impacto que una enfermedad grave va  a tener sobre un determinado paciente desde su propio conocimiento de esa  enfermedad. Muchos pacientes asumen con total naturalidad enfermedades o  minusvalías que para nosotros serían muy duras de sobrellevar.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Un aspecto importante a tener en cuenta a la hora de informar es la edad del  paciente. Los ancianos con una menor capacidad para asimilar información  compleja con mucha frecuencia tienden a malinterpretar los mensajes  suministrados por el médico.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Existe una gama de «pacientes-problema», cuyo anómalo perfil psicológico  puede significar un auténtico hándicap no sólo para la comunicación de malas  noticias, sino meramente para entablar una razonable relación médico-enfermo: el  agresivo, el manipulador, el litigante, el no cooperador o el drogadicto. Por  esto, es muy importante que el médico, antes de comenzar a hablar, explore qué  sabe, qué está dispuesto a saber y cuál es el estado de ánimo del paciente ante  el anuncio de su dolencia. Existen técnicas que se detallarán más adelante que  pueden facilitar esta incómoda tarea<SUP>8</SUP>.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Factores del médico</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Constituidos principalmente por los temores que experimentan los  profesionales sanitarios ante las eventuales repercusiones que la comunicación  de una mala noticia puede desencadenar en el tándem  médico-enfermo<SUP>9</SUP>.</font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"><I>1. Temor a causar dolor:</I> un documento tan antiguo como el juramento Hipocrático ya refleja la obligación ética de no producir o evitar todo dolor al paciente. Los médicos tienen tan interiorizado por formación el principio de <I>primun non nocere</I> que la idea de infligir dolor, tanto físico como moral, les resulta algo rechazable. Esto puede inducir en los médicos actitudes evasivas respecto a comunicar diagnósticos adversos o la de minimizar peligrosamente la gravedad de los mismos. Lamentablemente, no existen analgésicos para aliviar el dolor que provoca una mala noticia.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>2. Temor al fracaso terapéutico:</I> como se apuntó en el apartado de «Factores socioculturales», este temor es una consecuencia directa de la ilusión de que "todo tiene cura y hay una cura para todo" generada en la sociedad por los impresionantes avances que han tenido en las últimas décadas las técnicas de diagnóstico y tratamiento. Por todo ello muchos médicos, especialmente los más jóvenes, pueden vivir la ausencia o insuficiencia del tratamiento como un fracaso profesional. Como ocurre con el temor a causar dolor, el temor al fracaso terapéutico puede crispar la relación con el paciente y comprometer su grado de colaboración. La no aceptación del médico de la ineficacia de un tratamiento puede conducir al llamado «encarnizamiento terapéutico» (perseverar en la administración de una terapia a pesar de su constatada futilidad) o a probar con otros tratamientos, ya experimentales o no suficientemente probados, con el consiguiente riesgo para el paciente («cobayismo»).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3. Temor legal:</I> el aumento de las demandas a médicos por parte de pacientes ha sido progresivo desde los años setenta en los países avanzados. La presencia de los abogados a las puertas de los hospitales ha dejado de formar parte del «imaginario cinematográfico» de Hollywood para convertirse en una auténtica realidad que conocen bien las empresas aseguradoras. Hoy se consideraría una temeridad inexplicable que un cirujano plástico o un anestesista trabajasen sin la cobertura de un buen seguro de responsabilidad civil profesional. Lo que, sin duda, sirve a su vez para incitar la voracidad de los pacientes litigantes y algunos ambiciosos letrados. La «judicialización» de la Medicina tiende a generar en la sociedad actual el convencimiento de que todo ciudadano tiene derecho no sólo a la asistencia sanitaria, sino también a ser curado, y que cualquier fracaso terapéutico siempre se debe a un error o negligencia (ya sea humana o del sistema) que merece castigo penal y resarcimiento civil.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>4. Temor</I> a expresar las propias emociones: los profesionales de la salud (especialmente los médicos) tienen dificultades para expresar sus propios sentimientos ante los pacientes. Estas trabas provienen de su formación específica. Son entrenados para permanecer en calma, para poder pensar de forma clara y lógica, incluso en las situaciones más urgentes. Así, una mayoría de médicos consideran cualquier reacción emocional (enojo, ansiedad excesiva, etc.) como una actuación poco profesional capaz de debilitar nuestra «imagen» frente al paciente o la familia. Dado que la conexión empática con el paciente requiere la participación emocional del médico, la dificultad para expresar sentimientos actuará a modo de barrera comunicativa.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">¿Cómo se deben comunicar las malas noticias en medicina?</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los oncólogos han sido los especialistas que más se han ocupado del problema  de la mejora de las habilidades de comunicación. Al igual que se usa un  protocolo para tratar patologías complejas, como la parada cardíaca o la  cetoacidosis diabética, un grupo de oncólogos, liderados por Walter F. Baile y  Robert Buckman, tuvieron la idea de aplicar un protocolo a la comunicación de  malas noticias en Medicina. Basándose tanto en encuestas como en la propia  experiencia, elaboraron un protocolo de actuación, escalonado en 6 pasos, con el  propósito de guiar con éxito al médico en su entrevista con el  paciente<SUP>10</SUP>. Como ocurre en cualquier protocolo médico, cada paso debe  ser completado previamente para poder así continuar con el siguiente.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El protocolo que se describe a continuación es un procedimiento práctico,  ágil y dinámico, pensado para su utilización en el día a día y que está planeado  para conseguir un cuádruple objetivo:</font></P>     <blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>1.</I> Reunir toda la información disponible del enfermo y de su  enfermedad. Esto permitirá al médico determinar lo que sabe el paciente y sus  expectativas con respecto al diagnóstico adverso.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"><I>2.</I> Suministrar información inteligible en consonancia con las  necesidades y deseos del paciente.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3.</I> Aportar habilidades de comunicación que permitan reducir el impacto  emocional que la mala noticia tiene sobre el receptor.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>4.</I> Consensuar un plan de tratamiento que permita un alto grado de  cooperación del paciente.</font></P> </blockquote>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 1: preparación de la entrevista</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Antes de nada repase los detalles de la historia clínica y confirme el  diagnóstico revisando todas las pruebas realizadas. Llévela consigo al lugar de  la entrevista por si es necesario aclarar algún punto de la misma con el  paciente. Prepare mentalmente lo que tiene que decir y la manera de decirlo.  Disponga de un lugar privado, tal como una consulta o una sala de reuniones, y  asegúrese de que no va a ser molestado: apague el móvil y el buscapersonas. Si  no es posible tener un lugar privado y se encuentra, por ejemplo, en un box de  Urgencias o Cuidados Intensivos, eche las cortinas o cierre la puerta. Esto dará  cierta sensación de privacidad.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La mayoría de los pacientes desean tener cerca en esos momentos a ciertos  familiares. Pregunte al paciente si quiere acompañarse por algún familiar, y en  caso afirmativo pídale que elija uno o dos representantes de la familia.  Asegúrese del tipo de parentesco existente entre el enfermo y los familiares  presentes.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Siéntese e invite e sentarse al grupo. Estar sentado relaja al binomio  paciente-familiar, y con este gesto se transmite la sensación de que no se tiene  prisa, favoreciendo un ambiente de interés y respeto. Inicie la entrevista con  un saludo y si no conoce personalmente al paciente preséntese usted mismo.  Valore iniciar la conversación con alguna broma inocente para «romper el hielo».  El humor mejora la comunicación rebajando la tensión y aliviando la  ansiedad<SUP>11</SUP>.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 2: descubriendo qué sabe el paciente</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Este paso está orientado a averiguar cuánto sabe el paciente de su problema y  cumple con un axioma clave del protocolo de Baile-Buckman: «antes de hablar,  preguntar». Comience la entrevista con una pregunta franca, tal como: «¿qué se  le ha dicho de su problema hasta el momento?, o bien ¿está usted preocupado por  lo que le está pasando?»</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Ocasionalmente un paciente, o un padre si el paciente es un niño, puede  mostrarse silencioso, abatido e incapaz de responder a estas preguntas. Intente  desbloquear la situación incitando un diálogo que le permita averiguar lo que le  angustia: en muchas ocasiones es un malentendido o un asunto secundario o  logístico que puede resolverse (por ejemplo, si debe llamar a una hija que se  encuentra en el extranjero). Identifique algún familiar ausente en el que confíe  el paciente para ayudar a resolver su inhibición. Si lo anterior no es efectivo  y el paciente permanece silencioso, considere posponer la entrevista y valore  solicitar apoyo psicológico.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Aproveche esta etapa para estimar el nivel cultural del paciente a través del  vocabulario que utiliza. También intente interpretar la carga emocional de sus  palabras para así descifrar de qué tipo de cosas el enfermo no quiere  hablar.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Conviene fijarse en la comunicación no verbal del paciente. Se entiende por  ella: las posturas, expresión facial, tono de voz, aspecto físico, etc. Es  necesario identificar contradicciones entre el lenguaje verbal y no verbal, pues  ayuda a desvelar dificultades en la comprensión del mensaje.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 3: reconociendo cuánto quiere saber el paciente</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En esta etapa se trata de definir qué grado de información quiere tener el  paciente sobre lo que le está pasando. Dicho de otro modo, el objetivo es hacer  concordar, en lo posible, lo que queremos decirle al paciente con lo que éste  quiere saber acerca de su enfermedad. Las personas se enfrentan a las malas  noticias de forma diferente dependiendo de su cultura, raza, creencias  religiosas o nivel socioeconómico. Aunque la mayoría de los pacientes querrán  conocer todos los detalles sobre su enfermedad y pronóstico, otros no mostrarán  ningún interés y presentarán típicas conductas de evitación. Esto no deberá  preocuparnos, porque es un derecho del enfermo declinar recibir información y  porque se considera un mecanismo de defensa psicológicamente comprensible.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Las siguientes son ejemplos de preguntas para completar el objetivo de este  paso:</font></P>     <blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>1.</I> ¿Qué quiere saber sobre su enfermedad?</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>2.</I> ¿Le gustaría que le dijese todos los detalles de su proceso? En  caso contrario, ¿hay alguien a quien preferiría que yo se lo contase?</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3.</I> ¿A usted qué le interesa saber del procedimiento a que va a ser  sometido?</font></P> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 4: comunicando la información al paciente</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Utilice un lenguaje sencillo y adecuado al nive l intelectual y cultural del  paciente. Antes de citar el diagnóstico adverso conviene emplear una frase  introductoria del tipo de: «Me temo que su evolución no es la que esperábamos».  Esto dará tiempo al paciente para prepararse para el golpe y aliviará el impacto  emocional de la mala noticia.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Evite utilizar terminología técnica, eufemismos o jerga médica, con  frecuencia malinterpretada por parte del enfermo. Use un castellano directo, no  afectado. Según el sociólogo americano Peter<SUP>12</SUP>, «la persona que  utiliza muchas palabras pomposas no está procurando informar, está procurando  impresionar». Por ejemplo, use «defensa» en vez de «inmunidad». Otro ejemplo  sería decir: «su padre está conectado a un aparato que le ayuda a respirar», en  vez de: «su padre está siendo sometido a ventilación mecánica».</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Suministre la información en pequeñas porciones para dar tiempo a que el  receptor las asimile. Deje pausas entre las frases para permitir fluir las  emociones del paciente y familia. Sea lo más realista posible con el contenido  del mensaje: si minimiza la información en exceso el paciente no captará la  gravedad real de su problema.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Usar un lenguaje sencillo no garantiza del todo la comprensión. A veces el  médico puede decir: «existen posibilidades de curación» y entenderse: «se va a  curar». Para obviar este riesgo compruebe a lo largo de la conversación el grado  de comprensión preguntando a los interlocutores si le han entendido. Si le  quedan dudas solicite con tacto que le expliquen con sus propias palabras lo que  entendieron. Invite a ser interrumpido sobre la marcha si surgen dudas. Ayúdese  de material gráfico o vídeo si lo tiene a su disposición.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">No use bajo ningún concepto argumentaciones tremendistas del tipo: «si fuera  mi padre yo no le conectaría a un respirador», porque además de un razonamiento  acientífico suponen una coerción ilícita que sólo consigue acentuar el miedo y  la confusión en el familiar<SUP>13</SUP>.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 5: respondiendo a las reacciones del paciente</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Ante un diagnóstico funesto se puede reaccionar de muy diversas formas:  estallido emocional, enfado, incredulidad, abatimiento, etc. Ante una  determinada respuesta del paciente/familiares el médico debe plantearse las  siguientes cuestiones:</font></P>     <blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>1.</I> ¿Es socialmente aceptable la reacción del paciente/familiares?  Llorar es una reacción socialmente aceptada, pero amenazar al propio médico  («matar al mensajero») o romper cosas no lo son. Frente a una reacción no  aceptable debe mantener la calma e instar al paciente o familiar lo más  firmemente posible a controlarse debidamente. Evite responder a su vez con  agresividad pues ésta sólo soliviantará aún más los ánimos y será utilizada por  los oponentes para justificar retrospectivamente sus insultos o amenazas  iniciales. No entre bajo ningún concepto en esa dinámica. En general, si logra  mantener la calma, la reacción inicial pierde pronto fuerza y suele  autolimitarse. Si esto no ocurriera pida ayuda a colegas o llame al personal de  seguridad.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"><I>2.</I> ¿Es la reacción una manera de adaptación para el paciente? Es  decir, la reacción está ayudando a aliviar o a sobrellevar el problema (es parte  de la solución) o no está ayudando a sobrellevar la situación (la reacción es un  nuevo problema añadido).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3.</I> ¿Es la reacción modificable? Si la reacción emocional del paciente  está aumentando el grado de ansiedad del mismo, ¿existe alguna intervención que  puede ayudar?</font></P> </blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2">La forma más eficaz de contrarrestar las reacciones de los pacientes es  ofreciendo apoyo y solidaridad mediante una respuesta empática. El diccionario  María Moliner define empatía como la capacidad de una persona de participar  afectivamente en la realidad de otra<SUP>14</SUP>. Una típica respuesta empática  consta de 4 etapas:</font></P>     <blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>1.</I> Intente identificar la emoción principal que embarga al paciente  atendiéndole detenidamente.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>2.</I> Si está silencioso o conturbado pregúntele directamente cómo se  siente: «¿qué piensa de lo que acabo de decirle?»</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3.</I> Acérquese físicamente al enfermo y si es posible tóquele el brazo o  la mano. Haga un comentario para transmitirle que sus sentimientos y reacciones  son legítimos y comprensibles. Utilice un comentario solidario del tipo: «no se  preocupe, entiendo sus sentimientos. Es natural que reaccione así».</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>4.</I> Deje pasar suficiente tiempo para que el paciente exprese  libremente sus sentimientos y emociones. Tenga siempre a mano pañuelos de papel  que son una cortesía muy práctica. Aproveche esta etapa para recopilar  información de sus temores o preocupaciones concretas: le será muy útil para  «negociar» con el paciente el plan de tratamiento a seguir.</font></P> </blockquote>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Paso 6: diseñando un plan terapéutico a seguir</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En este punto de la entrevista el paciente suele sentirse abatido, confuso y  muy preocupado por su expectativa de vida. La capacidad de ayudar a organizar y  dar una solución al problema del paciente es lo que distingue a un profesional  de un amigo bien intencionado. Los dos objetivos fundamentales de esta etapa  son: demostrar al paciente que usted está de su lado y elaborar, con la  complicidad del mismo, un plan terapéutico a seguir. Para ello tenga en cuenta  los siguientes aspectos:</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>1.</I> Si el paciente pregunta por su pronóstico infúndale una esperanza  realista. Es muy importante asegurarle que los síntomas pueden ser aliviados  eficazmente.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>2.</I> Tenga siempre en cuenta las opiniones y puntos de vista del  paciente y sus familiares. Sobre todo si éstas están llenas de sensatez y buen  juicio.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>3.</I> Tenga sensibilidad para discutir temas conflictivos o íntimos con  delicadeza dentro de un marco de máxima reserva.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>4.</I> Explique y justifique las pruebas y tratamientos pendientes de  realizar, especificando sus incomodidades y posibles efectos secundarios.  Organice, contando en lo posible con las disponibilidades del enfermo, un  cronograma de las mismas. Esto reducirá significativamente el grado de  incertidumbre del paciente y garantizará su colaboración.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>5.</I> Establezca planes alternativos por si un tratamiento o una prueba  no dan el resultado esperado. Esta estrategia de seguridad ayudará a consolidar  la confianza en la relación médico-enfermo.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>6.</I> Intente transmitir el mensaje al binomio paciente-familia de que no  van a ser abandonados a su suerte y que usted está activamente comprometido con  el plan terapéutico diseñado.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><I>7.</I> Termine haciendo un resumen final: compendie lo dicho durante la  reunión y aclare las dudas que hayan podido surgir. Acuerde la fecha para la  siguiente cita.</font></P> </blockquote>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Comunicando malas noticias en el ámbito de la medicina intensiva</font></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Aproximadamente la mitad de los familiares de pacientes ingresados en la  Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) experimentan dificultades de comunicación  con los médicos<SUP>15</SUP>. Aunque el protocolo Baile-Buckman comentado  previamente es de aplicación general dentro del hospital, la UCI presenta  aspectos específicos que afectan a la aplicación de dicho protocolo en el ámbito  de la Medicina Intensiva. Estos aspectos son los siguientes:</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">El papel de la familia en la Unidad de Cuidados Intensivos</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La familia del paciente crítico sufre la angustia que supone la amenaza de su  muerte inminente, está bajo el impacto emocional de su pérdida brusca de salud  («¡pero si mi padre estaba bien ayer!») y apenas entiende lo imprevisible de su  evolución clínica en cortos períodos de tiempo («¿pero no me dijo usted que  estaba mejor esta mañana?»). Debemos ser conscientes de que el ingreso en la UCI  de un paciente ya es considerado por su familia como una mala noticia, y que el  ambiente lleno de aparatos y cables de estas Unidades puede ser muy  intimidatorio para los ya de por sí abrumados familiares. En este contexto es  capital una comunicación franca y fluida entre los responsables del cuidado del  paciente crítico y su familia. El cumplimiento escrupuloso de los pasos del  protocolo de Baile-Buckman, descrito previamente, es una herramienta fundamental  para conseguir este objetivo. Especialmente útil es emplear un lenguaje  sencillo, sin tecnicismos, gastar el tiempo necesario y realizar la entrevista  en una estancia suficientemente confortable y con el nivel de privacidad  adecuado.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Con el fin de que el contenido de la información sea lo más coherente  posible, se procurará que el mismo médico sea el que informe diariamente a la  familia. También se cuidará de la puntualidad en el horario de la información  médica, pues su ausencia, difícilmente justificable por la realización de  determinadas técnicas, es una fuente obvia de ansiedad en familiares ya de por  sí angustiados.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La incertidumbre con respecto al pronóstico de todo paciente crítico debe ser  manejada de forma sensata, estableciendo objetivos terapéuticos modestos y a  corto plazo («primero vamos a controlar la infección de la sangre, después  intentaremos averiguar su origen, ¿de acuerdo?») y sobre la consecución de éstos  reelaborar diariamente el pronóstico. Es crucial hacer ver a la familia que  existe un plan terapéutico a seguir, y que en caso de que los resultados no sean  los adecuados existen planes alternativos. Esta adecuación del paso 6 del  protocolo reforzará la confianza de la familia en el equipo asistencial y  aliviará su angustia.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Todas las intervenciones terapéuticas urgentes que se planteen, especialmente  las consideradas «sensibles» a la familia, como: la intubación traqueal, la  restricción física por agitación, etc., deberán ser comunicadas y explicadas  puntualmente, pues las sorpresas en este sentido suelen ser, comprensiblemente,  muy mal asumidas por los allegados y son fuente segura de conflictividad.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Se ha demostrado que es de suma utilidad que la enfermería se implique en  labores de información a las familias. Las encuestas a familiares en la  UCI<SUP>16</SUP> confirman repetidamente que los familiares valoran muy  positivamente la información de enfermería, que incluye aspectos tan apreciados  para éstos como: estado de ánimo, calidad del sueño, apetito, etc. En algunos  pacientes seleccionados los familiares podrán involucrase en ciertos aspectos  del cuidado del familiar, siempre bajo la supervisión del equipo de enfermería.  Esta implicación les hará sentirse útiles y reforzará a su vez la comunicación  con el equipo asistencial.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otra reivindicación de las familias, que suele recogerse recurrentemente en  las encuestas de satisfacción, es la necesidad de la adecuación de los horarios  de visita a las necesidades individualizadas de cada núcleo familiar, a pesar de  lo cual algunas UCI mantienen todavía unos horarios muy isitante» de la UCI,  sino que considere que forma parte integral del equipo asistencial del enfermo  crítico<SUP>17</SUP>.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Toma de decisiones con respecto a la suspensión del soporte vital</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La capacidad de decisión del paciente crítico puede estar ausente (estados de  coma o sedación) o estar muy mermada por alteraciones fisiopatológicas  subyacentes (hipoxia, acidosis, hipotensión, etc.). Incluso en pacientes  ingresados en la UCI aparentemente estables y conscientes se han apreciado  dificultades en la capacidad para resolver tareas complejas y, por lo tanto, con  dudosa capacidad para la toma de decisiones difíciles como aceptar o rechazar  determinadas técnicas o tratamientos. Esta situación hace bascular hacia la  familia el protagonismo en el proceso de toma de decisiones, pues es evidente  que son los familiares los que mejor conocen las preferencias y deseos del  paciente.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">De un 30-50% de los pacientes en la UCI mueren tras decisiones de  limitación/retirada de las medidas de soporte vital, y esas decisiones son  difíciles de tomar y deberán ser consensuadas entre los médicos y los familiares  más directos. En este contexto una buena comunicación entre ambas partes es  clave para la toma de decisiones<SUP>18</SUP>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La introducción en nuestro país del documento de voluntades anticipadas o  testamento vital, si el paciente lo ha cumplimentado y registrado, es un  elemento que ayudará a médicos y familiares en el proceso de la toma de  decisiones sobre limitaciones del esfuerzo terapéutico. En condiciones ideales  en el documento debería consignarse el familiar nombrado como representante  legal del paciente. No obstante, hasta el momento en Europa son minoría los  ciudadanos que han formalizado el documento<SUP>19</SUP>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En el caso que se decida la retirada del soporte vital, una buena  comunicación con la familia permitirá al médico explicar la secuencia de  retirada del mismo y de las medidas de sedación/analgesia emprendidas para  garantizar la ausencia de sufrimiento del paciente terminal<SUP>20,21</SUP>.</font></P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Petición de órganos para trasplante</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El rendimiento de un programa de trasplantes descansa críticamente en el  delicado momento que supone la entrevista con la familia para la solicitud de  órganos tras el fallecimiento del ser querido. La mayoría de los donantes  potenciales de órganos se producen en las UCI.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Para solventar con éxito estas entrevistas se requiere, además de seguir los  pasos del protocolo de Baile-Buckman, cumplir con dos requisitos previos: el  primero es que debemos dejar pasar un cierto tiempo entre la comunicación del  fallecimiento y la petición de donación para que la familia pueda reaccionar y  así liberar su carga de emotividad. El segundo es la necesidad de que las  personas encargadas de conducir la entrevista, con frecuencia intensivistas,  tengan una preparación específica en donación debido a las dificultades  especiales de la tarea. Dado que los pacientes con muerte encefálica son los  proveedores mayoritarios de órganos, es clave saber explicar bien esta situación  a los familiares, pues no es una noción fácil de captar para legos. Es muy  importante conseguir transmitir la idea de que vamos a retirar los órganos a un  paciente que ya está muerto. Además de esta preparación, las campañas  concienciadoras en los medios de comunicación son un complemento esencial para  facilitar esta labor<SUP>22</SUP>.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">¿Cómo pueden aprenderse las habilidades de comunicación?</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La forma más habitual de aprendizaje de habilidades básicas de comunicación  sería fijándose en cómo lo hacen los compañeros más experimentados en estas  lides, muchos de ellos responsables de nuestra formación médica (aprendizaje  «por ósmosis»). No obstante, esta enseñanza es típicamente no sistematizada y  muy dependiente de la cualidades comunicativas del «maestro». Aunque la forma  más natural de aprender estas habilidades sería dentro de la formación de  pregrado, se ha demostrado que éstas suelen perderse si no se actualizan o se  desarrollan posteriormente durante la etapa de ejercicio  profesional<SUP>23</SUP>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Estudios aleatorizados<SUP>24,25</SUP> han demostrado la eficacia de cursos  intensivos de 2-3 días de duración integrando la teoría psicológica con  dramatizaciones, grabadas en vídeo, con actores representando a los pacientes y  familiares en las diferentes situaciones prácticas; por ejemplo: dando la  noticia de un fallecimiento, discutiendo con familiares la no indicación de  medidas extraordinarias en un paciente terminal, etc. Este método facilita la  crítica constructiva entre los participantes y los instructores, la detección de  fallos o momentos de bloqueo en la comunicación y las posibles alternativas para  su resolución<SUP>26</SUP>.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Las actuales herramientas informáticas, internet y multimedia (CD-ROM y DVD),  pueden servir de vehículo para la docencia de las habilidades de comunicación y  para reunir una buena casuística de entrevistas complejas, correctamente  resueltas, que estarían a disposición de los profesionales para la consulta y  actualización diaria<SUP>27,28</SUP>.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Reflexión final</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Aunque la comunicación de malas noticias es un asunto difícil e incómodo para  los médicos, existe evidencia de que la utilización de un enfoque humanístico y  protocolizado, como el comentado de Baile-Buckman, y el aprendizaje de ciertas  habilidades de comunicación, pueden mejorar significativamente esta tarea y,  como resultado, el modo en que el binomio paciente/familia se enfrentará al  proceso morboso. La Universidad, la Administración, las Sociedades Científicas y  las Asociaciones de Pacientes son todos agentes involucrados a colaborar en la  mejora de este aspecto crucial de la práctica médica. Los límites de la Ciencia  hacen que los pacientes no siempre puedan ser curados. Estos son los momentos en  que un enfoque humanístico y profesionalizado puede proporcionar el efecto  salutífero que los medicamentos ya no pueden dar.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Sin duda, queda mucho por hacer para la mejora de nuestras capacidades de  comunicación. Además, los profesionales de la salud encontrarán una enorme  gratificación al poder ayudar mejor a los pacientes en los momentos en que más  lo necesitan. No podemos defraudarlos. Pongámonos ya a la tarea.</font></P>      <p><font face="Verdana" size="2"><b>Declaración de conflicto de intereses</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los autores han declarado no tener ningún conflicto de intereses</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><B><font face="Verdana">Bibliografía</font></B></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Buckman R. Communications and emotions. Skills and effort are key. BMJ. 2002;325:672.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822847&pid=S0210-5691200600090000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Núñez Díaz S, Martín-Martín AF, Rodríguez Palmero I, González Hernández I, Antolín Arias I, Hernández González R, et al. Identificación de problemas de calidad en la información clínica a usuarios de un servicio de urgencias hospitalario. Rev Clin Esp. 2002;202:629-34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822848&pid=S0210-5691200600090000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Finlay I, Dallimore D. Your child is dead. BMJ. 1991;302: 1524-5.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822849&pid=S0210-5691200600090000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Armstrong L. It´s not about the bike: my journey back to life. New York: Putman; 2000. p. 22.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822850&pid=S0210-5691200600090000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Martín Santos F, Navarro Izquierdo A. Relaciones en Medicina Intensiva. Med Intensiva. 1991;15:235-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822851&pid=S0210-5691200600090000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Fallowfield L. Living sad and bad news. Lancet. 1993;341: 476-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822852&pid=S0210-5691200600090000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Alves de Lima A. ¿Cómo comunicar malas noticias a nuestros pacientes y no morir en el intento? Rev Argent Cardiol. 2003;71:217-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822853&pid=S0210-5691200600090000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Hawken SJ. Strategies for dealing with the challenging patient. N Z Fam Physician. 2005;32:266-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822854&pid=S0210-5691200600090000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Fallowfield L, Jenkins V. Communicating sad, bad, and difficult news in medicine. Lancet. 2004;363:312-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822855&pid=S0210-5691200600090000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Baile WF, Buckman R, Lenzi R, Glober G, Beale EA, Kudelka AP. SPIKES-A six-step protocol for delivering bad news: Applications to the patients with cancer. The Oncologist. 2000;5:302-11.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822856&pid=S0210-5691200600090000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Sanz Ortiz J. El humor como valor terapéutico. Med Clin (Barc) 2002;119:734-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822857&pid=S0210-5691200600090000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Peter LJ. Las fórmulas de Peter. Barcelona: Ed. Plaza y Janés SA; 1975. p. 81.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822858&pid=S0210-5691200600090000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Ordóñez Gallego A, García Girón C. La información médica al familiar: un aprendizaje. Med Clin (Barc). 1987;88:719-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822859&pid=S0210-5691200600090000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Diccionario de Uso del Español María Moliner. Edición Electrónica (versión 2.0), Madrid: Ed Gredos SA; 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822860&pid=S0210-5691200600090000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Azoulay E, Chevret S, Leleu G, Pochard F, Barboteu M, Adrie X, et al. Half the families of intensive care unit patients experience inadequate communication with physicians. Crit Care Med. 2000;28:3044-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822861&pid=S0210-5691200600090000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Pérez Cárdenas MD, Rodríguez Gómez M, Fernández Herranz AI, Catalán González M, Montejo González JC. Valoración del grado de satisfacción de los familiares de los pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos. Med Intensiva. 2004;28:237-49.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822862&pid=S0210-5691200600090000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Randall Curtis J. Communicating with patients and their families about advance care planning and End-of-Life Care. Respir Care. 2000;1385-94.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822863&pid=S0210-5691200600090000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Rubenfeld GD. Withdrawing life-sustaining treatment in the intensive care unit. Respir Care. 2000;45:1399-407.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822864&pid=S0210-5691200600090000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Ley 41/2002 Básica reguladora de la autonomía del paciente y los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica (noviembre 2002). BOE 15 noviembre de 2002.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822865&pid=S0210-5691200600090000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Fassier T, Lautrette A, Ciroli M, Azoulay E. Care at the end of life in critically ill patients: The European perspective. Curr Opin Crit Care. 2005;11: 616-23.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822866&pid=S0210-5691200600090000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. White DB, Randall Curtis J. Care near the end-of-life in critically ill patients: a North America perspective. Curr Opin Crit Care. 2005;11:610-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822867&pid=S0210-5691200600090000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Truog RD, Cist AFM, Brackett SE, Burn JP, Curley MAQ, Danis M, et al. Recommendations for end-of-life care in intensive care unit: The Ethics Committee of the Society of Critical Care Medicine. Crit Care Med. 2001;29:2332-48.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822868&pid=S0210-5691200600090000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Garg A, Buckman R, Kason Y. Teaching medical students how to break bad news. Can Med Assoc J. 1997;156:1159-64.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822869&pid=S0210-5691200600090000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Baile WF, Aaron J. Patient-physician communication in oncology: past, present, and future. Curr Opin Oncol. 2005;17: 331-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822870&pid=S0210-5691200600090000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Fallowfield L, Jenkins V. Farawell V. Enduring impact of communication skills training: results of a 12-month follow-up. Br J Cancer. 2003;89:1445-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822871&pid=S0210-5691200600090000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26. Epstein RM, Alper BS, Quill TE. Communicating evidence for participatory decision-making. JAMA. 2004;291:2359-66.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822872&pid=S0210-5691200600090000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">27. Buckman R, Baile WF, Korsch B. A practical guide to communications skills in clinical practice. Toronto: Medical Audio-Visual Communication, 1998. (Available as CD ROM set or videos).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822873&pid=S0210-5691200600090000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">28. <a href="http://www.breakingbadnews.co.uk" target="_blank">www.breakingbadnews.co.uk</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2822874&pid=S0210-5691200600090000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>    <p>&nbsp;</p>    <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/medinte/v30n9/seta.gif" width="15" height="17"> </a> <a name="bajo"></a><b>Dirección para correspondencia:</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Dr. F. García Díaz.    <br> Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias.    <br> Hospital General de la Defensa San Carlos.    <br> Paseo Capitán Conforto, s/n.    <br> 11100 San Fernando. Cádiz.    <br> Correo electrónico: <a href="mailto:gramal@telefonica.net">gramal@telefonica.net</a></font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">Aceptado: 29.05.2006</font></p>     ]]></body><back>
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