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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Alteraciones emocionales y necesidades psicológicas de pacientes en una Unidad de Cuidados Intensivos]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Consorcio Hospital General Universitario de Valencia Servicio de Anestesia, Reanimación y Terapéutica del Dolor Unidad Multidisciplinar del Dolor]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[From the time when a disease whose treatment is going to require hospitalization for a surgical intervention is diagnosed, both the patient and his/her family members or primary caretakers are involved in a process that may involve the experience of several emotional alterations. This work focuses on the description of the different psychological problems and needs manifested by the patients who require, as part of the treatment process and recovery control, admission to an Intensive Care Unit (ICU). During the patient's stay in the ICU, the emotional alterations mentioned most frequently by them are anxiety, stress, depression or the so-called intensive care syndrome, during which factors such as excessive noise that may make sleeping and rest difficult, pain, the methods used for ventilation that prevent the patients from communicating adequately, etc. Furthermore, the patients generally develop a feeling of loss of self-control, the main needs described being the sensation of safety and «knowing what is happening». The experiences lived may continue to produce emotional alterations even months after hospital discharge, with the development of a Posttraumatic Stress Disorder. This justifies a follow-up in order to detect them and treat them adequately. It seems to be appropriate for the treatment of these patients to be multidisciplinary, attending to both the physical needs related with the disease as well as the psychological ones.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Psicología]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>REVISIÓN</b></font>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2">    <BR></font><font face="Verdana" size="4"><B><a name="TOP"></a>Alteraciones emocionales y necesidades  psicológicas de pacientes en una Unidad de Cuidados Intensivos</B></font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="4"><B>Emotional disorders and psychological  needs of patients in an Intensive Care Unit</B></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>P  Gómez-Carretero <SUP>a</SUP>, V Monsalve <SUP>b</SUP>, JF Soriano <SUP>c</SUP>, J  de Andrés <SUP>d</SUP></b></font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><SUP>a </SUP>Investigación. FUNDOLOR.<SUP>    <br> </SUP><SUP>b </SUP>Unidad  Multidisciplinar para el Tratamiento del Dolor.<SUP>    <br> </SUP><SUP>c </SUP>Departamento de  Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos. Facultad de Psicología de  Valencia.<SUP>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </SUP><SUP>d </SUP>Servicio de Anestesia, Reanimación y Terapéutica del  Dolor. Unidad Multidisciplinar del Dolor. Consorcio Hospital General  Universitario de Valencia. Valencia. España.</font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><u><a href="#back">Dirección para correspondencia</a></u></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left">&nbsp;</p> <hr size="1">     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Desde el momento  en que se diagnostica una enfermedad cuyo tratamiento va a requerir un ingreso  hospitalario para la realización de una intervención quirúrgica, tanto el  paciente como sus familiares o cuidadores primarios se ven implicados en un  proceso durante el cual pueden experimentar diversas alteraciones emocionales.  El objetivo de este trabajo se centra en la descripción de los diferentes  problemas psicológicos y las necesidades manifestadas por los pacientes que  precisan, como parte del proceso de tratamiento y control de la recuperación,  ser ingresados en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).    <br> Durante su estancia en la UCI, las alteraciones emocionales  citadas con mayor frecuencia por los pacientes son la ansiedad, el estrés, la  depresión o el denominado síndrome de cuidados intensivos, en cuyo desarrollo se  encuentran implicados factores como el ruido excesivo que puede dificultar el  sueño y el descanso, el dolor, las medidas empleadas para la ventilación que  impiden que los enfermos se puedan comunicar adecuadamente, etc. Además, los  pacientes suelen desarrollar un sentimiento de falta de control de sí mismos,  siendo las principales necesidades manifestadas la sensación de seguridad y  «saber qué está pasando». Las vivencias experimentadas pueden continuar  produciendo alteraciones emocionales incluso varios meses después del alta  hospitalaria llegando a desarrollar un trastorno por estrés postraumático, lo  que justifica un seguimiento con el objetivo de detectarlas y tratarlas  adecuadamente. Parece adecuado que el tratamiento de estos pacientes sea  multidisciplinario, atendiendo tanto las necesidades físicas relacionadas con la  enfermedad, como las psicológicas.&nbsp;</font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b> Palabras clave</b>: Psicología, UCI, intervención  multidisciplinar, información.</font></p> <hr size="1">     <P align=left><b><font face="Verdana" size="2">ABSTRACT</font></b>      <P align=left><FONT face=Verdana size=2>From the time when a  disease whose treatment is going to require hospitalization for a surgical  intervention is diagnosed, both the patient and his/her family members or  primary caretakers are involved in a process that may involve the experience of  several emotional alterations. This work focuses on the description of the  different psychological problems and needs manifested by the patients who  require, as part of the treatment process and recovery control, admission to an  Intensive Care Unit (ICU).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> During the patient's stay in the ICU, the emotional alterations  mentioned most frequently by them are anxiety, stress, depression or the  so-called intensive care syndrome, during which factors such as excessive noise  that may make sleeping and rest difficult, pain, the methods used for  ventilation that prevent the patients from communicating adequately, etc.  Furthermore, the patients generally develop a feeling of loss of self-control,  the main needs described being the sensation of safety and «knowing what is  happening». The experiences lived may continue to produce emotional alterations  even months after hospital discharge, with the development of a Posttraumatic  Stress Disorder. This justifies a follow-up in order to detect them and treat  them adequately. It seems to be appropriate for the treatment of these patients  to be multidisciplinary, attending to both the physical needs related with the  disease as well as the psychological ones.&nbsp;</FONT>      <P align=left><FONT face=Verdana size=2><b>Key words</b>: Psychology, ICU,  multidisciplinary intervention, information.</FONT> <hr size="1">     <P align=left>&nbsp;      <P align=left><B><font face="Verdana" size="3">Introducción</font></B>     <P><FONT face=Verdana size=2>Desde el momento en que se diagnostica una  enfermedad cuyo tratamiento va a requerir un ingreso hospitalario para la  realización de una intervención quirúrgica, tanto el paciente como sus  familiares o cuidadores primarios se ven implicados en un proceso durante el  cual pueden experimentar diversas alteraciones emocionales.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Centrándonos en los pacientes, actualmente  parece ampliamente reconocido el hecho de que el ingreso en un hospital para la  realización de una intervención quirúrgica puede producir cierto grado de estrés  o ansiedad en los mismos<SUP>1,2</SUP>, pero además, aquellos que requieren ser  ingresados en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) tras la intervención,  pueden presentar diversas alteraciones psicológicas como consecuencia de la  adaptación a la nueva situación, en la cual los pacientes se encuentran en un  ambiente extraño o desconocido, que les priva de sus interacciones y sensaciones  habituales, mientras les asaltan constantemente estímulos sensoriales  extraños<SUP>1,3,4</SUP>. Por este motivo, se considera que el ambiente propio  de la UCI afecta psicológicamente a los pacientes de un modo  negativo<SUP>5</SUP>. Además, tienen que abandonar, al menos temporalmente, los  roles que previamente desempeñaban (familia, trabajo, etc.)<SUP>3,6</SUP> y  adoptar un rol pasivo y dependiente hacia el equipo médico del hospital y las  máquinas y equipamiento que les rodean. Como consecuencia, puede ser difícil  lograr y mantener la identidad y la integración social de estas personas que no  se encuentran en un ambiente familiar, y que, a menudo, escuchan conversaciones  sobre ellos pero que no les incluyen<SUP>4,6</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Por otro lado, pese a que cabría esperar  que, superado el período crítico, el traslado de la UCI a una sala de cuidados  generales fuera considerado como un paso positivo en el proceso de recuperación  de los pacientes, también en este caso pueden aparecer temores producidos por la  alteración de las rutinas y/o los procedimientos de monitorización<SUP>7</SUP>,  que pueden afectar su estado emocional.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Del mismo modo, las reacciones psicológicas  adversas experimentadas por los pacientes en estas Unidades pueden continuar  causando distrés muchos meses después del alta hospitalaria<SUP>8</SUP>,  llegando a constituir un trastorno por estrés postraumático (PTSD).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Si nos basamos en el modelo  biopsicosocial<SUP>9</SUP>, resulta relevante la detección, evaluación y  tratamiento de este tipo de problemas manifestados por los pacientes, ya que se  considera necesario un abordaje integral de los mismos que incluye tanto la  atención de las necesidades físicas, como de las psicológicas por parte de un  equipo multidisciplinario, formado por profesionales de distintas áreas de la  Salud que aportan un abordaje técnico diferente pero complementario.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El objetivo de este trabajo se centra en la  revisión y descripción de los diferentes problemas psicológicos y las  necesidades manifestadas por los pacientes que precisan, como parte del proceso  de tratamiento y control de la recuperación, ser ingresados en una  UCI.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="3">Ingreso en el hospital : ansiedad prequirúrgica</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El ingreso en un hospital puede provocar  sentimientos de estrés y ansiedad en muchos pacientes, especialmente en aquellos  a los que se les va a realizar una intervención quirúrgica importante. La  ansiedad prequirúgica experimentada por estos pacientes puede causar problemas  fisiológicos que lleven a una curación más lenta de las heridas, una disminución  de la respuesta inmune y un incremento del riesgo de infecciones<SUP>1</SUP>.  Además, puede exacerbar el dolor experimentado en el postoperatorio, dañar  significativamente el bienestar psicológico y la cooperación con las actividades  de autocuidado<SUP>1</SUP> y propiciar una recuperación más lenta y  difícil<SUP>10</SUP>. Moix<SUP>2</SUP> señala que en relación con la influencia  de la ansiedad prequirúrgica en la recuperación postquirúrgica pueden intervenir  tanto mecanismos conductuales como fisiológicos. Respecto a los conductuales,  indica la posibilidad de que los pacientes más ansiosos manifiesten más quejas y  reciban por ello más analgésicos, expresen de forma más acusada sus  preocupaciones sobre su estado y retrasen, de este modo, la decisión de los  médicos respecto al alta, sigan peor las instrucciones de los médicos y tarden  más en recuperarse, etc. En cuanto a los mecanismos fisiológicos, según  Moix<SUP>2</SUP>, partiendo de que la ansiedad corre paralela a una activación  fisiológica de los sistemas autonómico, neuroendocrino e inmunitario, se podría  decir que la ansiedad afecta a la recuperación a través de esta activación, y  aunque todavía son pocas las investigaciones que han intentado comprobar esta  hipótesis, esta autora sostiene que los resultados hallados parecen  corroborarla. Asimismo, señala que la aplicación de técnicas psicológicas al  paciente quirúrgico parecen ser efectivas para reducir la ansiedad prequirúrgica  y facilitar la recuperación, pudiendo emplearse técnicas cognitivas,  conductuales, informativas o combinadas.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="3">Ingreso en la unidad de cuidados intensivos</font></B></P>     <P><B><FONT face=Verdana size=2>Ansiedad, estrés, depresión, síndrome de  cuidados intensivos tras el ingreso</FONT></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Tras determinados tipos de intervención  quirúrgica, los pacientes pasan rutinariamente el postoperatorio inmediato en  una UCI, donde pueden manifestar diversas alteraciones psicológicas.  Hewitt<SUP>8</SUP> destaca la ansiedad, el estrés y la desesperación como los  principales desórdenes afectivos manifestados por los pacientes críticos  ingresados en una UCI, siendo su necesidad primaria la sensación de seguridad.  Además, afirma que las drogas sedantes desempeñan un rol importante en la  aparición de los estados confusionales (desorientación y alteraciones  perceptivas como ilusiones, delirios, alucinaciones visuales y táctiles,  etc).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Fenner y Michels<SUP>11</SUP> llevaron a  cabo un estudio en el que evaluaron, durante las primeras 48 horas de su ingreso  en la UCI, a 134 pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio agudo.  Para ello emplearon el inventario del autoinforme Lista de Síntomas-90-Revisado  (SCL-90-R)<SUP>12</SUP>. Los resultados mostraron, en pacientes con un nivel  social bajo, puntuaciones elevadas en las escalas de somatización, depresión y  ansiedad, siendo también elevado el índice de severidad global, tomado como una  medida del distrés psicológico global.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Las vivencias experimentadas por los  pacientes durante su estancia en la UCI pueden exacerbar los sentimientos de  ansiedad producidos por la intervención y, consecuentemente, disparar las  anomalías psicológicas conocidas como «síndrome de cuidados  intensivos»<SUP>1</SUP>, cuyos síntomas consisten en una fluctuación de los  niveles de conciencia, pobre orientación, ilusiones y alucinaciones, anomalías  en el comportamiento que incluyen agresión, pasividad y negativismo y  alteraciones de la memoria<SUP>8,13</SUP>, los cuales pueden llegar a  incrementar la duración de la estancia hospitalaria<SUP>14</SUP>. Los mecanismos  patogénicos del síndrome/delirio UCI todavía no se comprenden bien y continúa  siendo un problema controvertido. Sin embargo, el desarrollo del síndrome parece  depender de una compleja interacción entre los problemas psicológicos previos de  los pacientes, el trauma psicológico infligido por la enfermedad, el estrés  inducido por el ambiente y el tratamiento y cuidado de la UCI<SUP>14</SUP>.  Hewitt<SUP>8</SUP> señala la importancia de valorar a los familiares y amigos de  los pacientes como un recurso en la prevención de estas alteraciones, ya que  pueden ayudar a mantener la orientación de los mismos durante su estancia en la  UCI. No obstante, también pueden verse afectados por la situación, por lo que  sería conveniente realizar una valoración de sus necesidades y alteraciones  psicológicas con el objetivo de proporcionarles un apoyo adecuado que les  permita ofrecer este tipo de ayuda a los pacientes, aunque estas cuestiones  relacionadas específicamente con los familiares o cuidadores primarios de los  pacientes ingresados en una UCI no sean tratadas en esta revisión.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Verdana size=2>Ambiente de la Unidad de Cuidados  Intensivos: estresores y necesidades psicosociales de los  pacientes</FONT></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>El ambiente de la UCI puede resultar  extraño o desconocido para los pacientes, privándoles de sus interacciones y  sensaciones habituales, mientras les asaltan constantemente estímulos  sensoriales extraños<SUP>1,3,4</SUP> que pueden afectarles de un modo  negativo<SUP>5</SUP>. Entre los estresores presentes en este tipo de ambiente,  Hewitt<SUP>8</SUP> destaca la deprivación sensorial, definida como una reducción  en la cualidad o cantidad de estimulación. Asimismo, identifica 5 tipos de  alteraciones ambientales que pueden conducir a un comportamiento anormal: una  reducción en la cantidad y variedad de estimulación, pequeñas variaciones en los  estímulos, ruido excesivo, aislamiento físico y social y restricciones de  movimiento. Respecto del ruido, la autora identifica las alarmas, los equipos de  aspiración dejados en funcionamiento tras su utilización y los teléfonos como  factores que contribuyen al malestar de los pacientes. Además las conversaciones  del equipo de la UCI también se han considerado una fuente de ruido y confusión,  ya que como no es posible valorar adecuadamente su nivel de conciencia, puede  que lleguen a entender parcialmente esas conversaciones y les produzcan miedo y  ansiedad. Por otro lado, la ausencia de ciertos ruidos «normales», como la  televisión, la radio, el tráfico, conversaciones con amigos, etc., pueden ser  identificados como causa de estrés por algunos pacientes. Estos niveles de ruido  pueden tener un impacto significativo en la cantidad y calidad del sueño de los  pacientes, que puede convertirse en otro tipo de estresor. No obstante, aunque  estos estresores se hallen presentes en el ambiente propio de la UCI,  Hewitt<SUP>8</SUP> afirma que el dolor es lo que más preocupa a los  pacientes.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Novaes et al<SUP>4</SUP> correlacionaron  estresores físicos y psicológicos presentes en la UCI con diferentes variables  demográficas. Seleccionaron aleatoriamente a 50 pacientes de la UCI, los cuales  debían cumplir ciertos requisitos: estar conscientes, permanecer en la UCI  durante un período de tiempo superior a 24 horas e inferior a una semana, tener  más de 18 años y aceptar participar en la investigación. Los resultados  extraídos a partir de las puntuaciones de los pacientes en la escala de  estresores ambientales de la UCI (ICUESS)<SUP>15</SUP> mostraron que «tener  dolor» fue considerado el principal estresor, seguido de la «incapacidad para  dormir» y «tener tubos en la nariz o la boca», lo cual limita la comunicación y  la capacidad de comer, y añade estrés a las privaciones ya experimentadas por  los pacientes. El «sentimiento de no tener control de uno mismo» fue considerado  el cuarto estresor, siendo el primero desde el punto de vista psicológico. Según  los autores, esta falta de independencia puede generar angustia y sensación de  desamparo, y podría ser considerada la principal causa de inestabilidad  psicológica en este contexto. El quinto estresor mencionado por los pacientes  entre los más importantes fue el «estado de verse atado por los tubos»,  situación que se contradice con el estado natural de libertad de movimiento.  Además, Novaes et al<SUP>4</SUP> identificaron una de las necesidades más  importantes de estos pacientes: «saber qué está pasando». Muchos de ellos  consideraron que no estaban recibiendo explicaciones sobre el tratamiento y no  saber qué iba a pasar se convertía en un estresor, por lo que los autores  consideran que cuando los pacientes se encuentran conscientes y bien adaptados  prefieren conocer y participar en todas las decisiones del equipo médico.  Respecto a la relación entre la puntuación total de estrés de cada paciente con  las variables demográficas, no se hallaron correlaciones estadísticamente  significativas con el sexo, el nivel de educación, el tratamiento (clínico o  quirúrgico), ni con la gravedad de la enfermedad valorada mediante el <I>Acute  Physiology And Chronic Health Evaluation</I> (APACHE II)<SUP>16</SUP>. En  función de estos resultados, los autores concluyen que las intervenciones deben  ir dirigidas hacia el alivio del dolor de los pacientes y la promoción de una  atmósfera en la que sea posible el descanso, con menos luces, ruido y las  menores interrupciones posibles. Respecto a la falta de control de sí mismo,  consideran que se debe ofrecer asistencia psicológica a los pacientes, así como  una mayor cantidad de información sobre el tratamiento por parte de un equipo  multidisciplinar, que les permita participar y sentirse involucrados en el  proceso.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Por otra parte, Hupcey<SUP>17</SUP>, para  tratar de describir las necesidades psicosociales de los pacientes críticos,  realizó un estudio en el que participaron 45 pacientes ingresados en una UCI  médica o quirúrgica durante un mínimo de tres días. Los datos fueron recogidos  mediante la grabación de entrevistas no estructuradas con los pacientes una vez  que se encontraban estabilizados en la UCI o inmediatamente después de su  traslado a la sala de cuidados generales. Los resultados mostraron que la  necesidad más importante para los pacientes fue «sentirse seguro», y que la  percepción de seguridad de los mismos podía verse influenciada por los  familiares y los amigos, el equipo de la UCI, las creencias religiosas y la  sensación de saber, la recuperación del control, la esperanza y la confianza.  Además, la autora concluye que los pacientes describen sentimientos de distrés  cuando no se sienten seguros, por lo que la intervención debe dirigirse a  promover los sentimientos de seguridad en los pacientes críticos.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Centrándose en el sueño, Nicolás et  al<SUP>18</SUP> desarrollaron un estudio en el que se planteron como objetivos  describir cómo perciben los pacientes quirúrgicos su sueño nocturno en una UCI,  comparar la percepción subjetiva de los pacientes con el registro realizado por  enfermería y analizar el grado de acuerdo entre ambas valoraciones. Los  participantes, 104 pacientes postquirúrgicos con una estancia en la UCI de entre  24 y 48 horas, completaron el cuestionario de sueño de  Richards-Campbell<SUP>19</SUP>, cuyos ítems fueron construidos en forma de una  escala análoga visual graduada de 0 (peor sueño) a 100 (sueño óptimo). También  se recopilaron los comentarios de 96 pacientes en los que reflejaban las causas  por las cuales pensaban que su descanso no había sido adecuado. El período de  sueño nocturno se consideró desde las 23 horas hasta las 7 horas de la mañana  siguiente. Los resultados mostraron que el 27,89% de los pacientes valoraron su  sueño en la UCI como bueno, el 46,15% como regular y el 25,96% como malo, y  comparando esta valoración con la que hicieron respecto a su patrón de sueño  previo, el 54,8% consideraron que durmieron peor en la UCI, el 32,7% igual y el  12,5% mejor. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre  las puntuaciones totales en el cuestionario y la edad, sexo y tipo de cirugía de  los pacientes, así como tampoco con la frecuencia de realización de cuidados. En  relación con el tipo de analgesia administrada a los pacientes, los que  recibieron analgesia no opiácea valoraron peor su sueño que los que fueron  tratados con opiáceos mediante analgesia controlada por el paciente, endovenosa  o epidural, siendo esta diferencia estadísticamente significativa. Respecto a la  valoración realizada por enfermería, describieron que el sueño había sido bueno  en el 38,61% de los pacientes, regular en el 49,51%, y malo en el 11,88%. El  análisis de varianza realizado mostró un acuerdo relativo entre las valoraciones  del sueño llevadas a cabo por los pacientes y las de enfermería. Los autores  concluyen que se puede afirmar que el perfil de sueño de los pacientes de la UCI  analizada se ha caracterizado por ser ligero, con despertares frecuentes y que  generalmente cuando se despertaban o les despertaban les costaba relativamente  poco volver a dormirse. Además, los resultados indican que los pacientes  quirúrgicos perciben que el sueño nocturno en la UCI es insuficiente,  coincidiendo la valoración realizada por enfermería con la de los mismos en  bastantes ocasiones, y cuando existía discrepancia, la enfermería sobreestimaba  el sueño del paciente. Entre los factores señalados por los pacientes como  causantes de su mal descanso destacan el ruido, el dolor y las incomodidades  debidas a la postura, la presencia de tubos, etc., así como a la preocupaci&amp;  oacute;n por la propia enfermedad, siendo todas estas cuestiones susceptibles de  ser mejoradas, según los autores del estudio, mediante una buena coordinación  entre los distintos miembros del equipo  multidisciplinar<SUP>18</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>También se ha citado como otro factor  estresante, recogido en la literatura revisada, la dificultad de este tipo de  pacientes para comunicarse como consecuencia de las técnicas de ventilación  empleadas, lo cual puede producirles sentimientos de rabia y desánimo, que a su  vez pueden reducir la interacción con los familiares y cuidadores y tener un  impacto en cuanto a la participación activa del paciente en su recuperación.  Además, las dificultades para comunicarse con los pacientes pueden resultar  frustrantes para los miembros del equipo multidisciplinar responsables de su  cuidado<SUP>20</SUP>. Los intentos de comunicación no verbal de estos pacientes  tampoco suelen ser exitosos, causándoles sentimientos de frustración,  despersonalización e inseguridad<SUP>8</SUP>. Magnus y Turkington<SUP>20</SUP>  realizaron un estudio en el que participaron 9 miembros de equipos  multidisciplinarios (enfermería, médicos y fisioterapeutas) y 8 pacientes  trasladados a la sala de cuidados generales tras un ingreso en UCI superior a 8  días. En primer lugar, los pacientes y los miembros del equipo multidisciplinar  valoraron la facilidad de comunicarse en la UCI mediante una escala de 1  (difícil) a 5 (fácil) puntos. A continuación, se realizó una entrevista  semiestructurada con ambos grupos para conocer sus percepciones y experiencias  de comunicación en la UCI. Los resultados mostraron diferencias estadísticamente  significativas respecto a la facilidad de comunicación valorada por los  pacientes y el equipo multidisciplinar, siendo valorada como más difícil por los  pacientes. El análisis de las respuestas a las preguntas semiestructuradas  permitió identificar 7 categorías:</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. Respuestas emocionales  negativas.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>2. Respuestas emocionales  positivas.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>3. Ayudantes de la comunicación (familiares  y estrategias para la comunicación).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>4. Barreras para la  comunicación.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>5. <I>Insights</I> reflejos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>6. Información recibida.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>7. Roles (referente únicamente al equipo  multidisciplinar, cuyos miembros afirmaron que el manejo de la comunicación era  un rol que debía ser desempeñado bien por el personal de enfermería junto con un  logopeda, bien por un logopeda, o por todo el equipo  multidisciplinar).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Las autoras concluyeron que estos  resultados resaltaban el impacto de las dificultades en la comunicación, siendo  necesaria una coherencia en el cuidado de pacientes con dificultades de  comunicación. Además, identificaron la importancia de un entrenamiento apropiado  y unos métodos adecuados para proporcionar información y hacerlo en el momento  oportuno.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Verdana size=2>Valoración y manejo de síntomas por  parte del personal de enfermería de la Unidad de Cuidados  Intensivos</FONT></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Varios estudios se centran en la valoración  de los criterios que utiliza el equipo de la UCI (principalmente enfermería)  para detectar este tipo de alteraciones en los pacientes, así como las  estrategias que llevan a cabo para aliviarlas.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>En el estudio de Price<SUP>5</SUP>,  relacionado con el cuidado psicológico de los pacientes de la UCI, se valoraron  las experiencias de 12 enfermeras que trabajaban en estas Unidades, con las  necesidades psicológicas de los pacientes mediante una entrevista  semiestructurada. El análisis de los datos dio lugar al desarrollo de 6  categorías sobre cuestiones de cuidado psicológico: a) efectos en los pacientes  (las participantes resaltaron los efectos físicos y emocionales de los pacientes  durante su estancia en la UCI, que se manifestaron a través de estados de  depresión y agitación/ansiedad); b) factores ambientales (la deprivación  sensorial, el ruido excesivo o repentino y la luz, los cuales, en opinión de las  participantes, podrían ser evitados); c) educación y actitudes de las enfermeras  (las participantes sintieron que las enfermeras son, generalmente, poco capaces  de reconocer y tratar las necesidades psicológicas de los pacientes y que las  actitudes del personal pueden afectar al cuidado psicológico. Además, también  consideraron que la formación en la UCI tendía a focalizarse en los aspectos  técnicos del cuidado, dejando pocas oportunidades de explorar las necesidades  psicológicas); d) factores que afectan a la valoración psicológica (las  participantes consideraron que los métodos de valoración &#091;instrumentos  específicos&#093; y la información proporcionada por los familiares ayudaban en la  valoración, mientras que el estado emocional del paciente y los factores  dependientes del personal tendían a entorpecerla); e) factores que afectan la  comunicación (las participantes creyeron que la comunicación es importante tanto  para pacientes conscientes como inconscientes y que una buena comunicación  podría mejorar el síndrome UCI); f) efectos de la familia (se enfatizó la  importancia de los familiares en comunicarse con el paciente y tranquilizarle, y  las participantes consideraron que era positivo involucrar a los familiares en  el cuidado). Las implicaciones para la práctica propuestas por la autora de este  estudio incluirían la consideración del importante rol de los familiares, así  como la necesidad de mejorar la comunicación y la concienciación del equipo de  la UCI.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>En esta línea de investigación Moser et  al<SUP>3</SUP> se propusieron identificar los indicadores clínicos que la  enfermería de la UCI considera atributos definitorios de la ansiedad en los  pacientes críticos, y esbozar las intervenciones que realizan para aliviar la  ansiedad en estos pacientes. Para alcanzar estos objetivos, los autores enviaron  por correo un instrumento desarrollado por ellos mismos (el <I>Critical Care  Nurse Anxiety Identification and Management Survey</I>) a 2.500 profesionales de  enfermería que trabajaban en áreas de cuidados críticos, de los cuales 593  (<I>ratio</I> de respuesta 31,6%) lo completaron y devolvieron. El análisis de  los datos mostró que, respecto a la valoración de la ansiedad de los pacientes  críticos, los participantes identificaron 70 indicadores, que fueron agrupados  en 4 categorías: a) indicadores físicos/fisiológicos (signos y síntomas del  sistema cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal, sistema nervioso  autónomo y dolor); b) indicadores comportamentales (agitación/ tensión, falta de  cooperación con el cuidado y cambios en la expresión verbal); c) indicadores  psicológicos/cognitivos (alteraciones cognitivas, expresión de ansiedad de los  pacientes y pensamientos negativos); d) indicadores sociales (búsqueda de  consuelo, necesidad de atención o compañía, o interacciones limitadas). En  cuanto a las estrategias utilizadas por el personal de enfermería para manejar  la ansiedad detectada en los pacientes, informaron del uso de 61 estrategias que  posteriormente fueron agrupadas en tres categorías: a) técnicas de cuidado  (intervención médica o farmacológica, confort físico/ambiental, empatía en el  contacto físico, valoración de las causas de la ansiedad e incremento de la  sensación de control de los pacientes); b) mejora del conocimiento y la  comunicación (proporcionar información, comunicación y establecer una relación  enfermería-paciente positiva); c) apoyo (proporcionar apoyo emocional, alentar  el apoyo de la familia, la presencia del personal de enfermería y proporcionar  apoyo espiritual). De este modo, según los autores del estudio, los resultados  revelan que el personal de enfermería de cuidados críticos identificó una amplia  variedad de indicadores de la ansiedad, lo cual dificulta la realización de una  descripción fidedigna de las características de la ansiedad de estos pacientes,  argumentando que es probable que tanto la diversidad de manifestaciones de la  ansiedad en los pacientes críticos, como la ausencia de un lenguaje común y de  instrumentos de medida estandarizados, contribuyan a la obtención de estos  resultados, por lo que consideran necesaria la adopción y uso consistente de  este tipo de herramientas por parte del equipo clínico, así como el desarrollo  de nuevas investigaciones que comparen la valoración de ansiedad realizada por  enfermería, psicólogos y los propios pacientes.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="3">Traslado a la sala de cuidados generales: ansiedad por traslado</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El traslado de la UCI a una sala de  cuidados generales no siempre es percibido como un paso positivo, y a menudo  provoca temor tanto en los pacientes como en los familiares. Según  Coyle<SUP>7</SUP> la evidencia sugiere que el alta de áreas de cuidado  especializado puede ser realmente tan traumática como el ingreso, fenómeno  conocido como ansiedad por traslado, desplazamiento, etc., el cual puede  aparecer en los pacientes, especialmente cuando se alteran o se cesan las  rutinas, los ambientes y/o los procedimientos de monitorización invasivos sin  que se les proporcione una explicación adecuada o se les prepare para ello. Un  traslado repentino, que puede ser debido entre otras causas al ingreso urgente  de otros enfermos graves, no da a los pacientes la oportunidad de prepararse  adecuadamente para el traslado, y esta situación puede exacerbar los  sentimientos de abandono, pérdida e inseguridad, de modo que experimentan miedo  por las implicaciones de su enfermedad, así como por la anticipación de  abandonar la seguridad de la UCI<SUP>21</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>McKinney y Deeny<SUP>22</SUP>, en su  estudio con 6 pacientes entrevistados antes y después del traslado de una UCI  hallaron resultados que apoyarían estas afirmaciones. Antes del traslado los  participantes manifestaron un deseo de normalidad, e identificaron la ausencia  del equipo de la UCI como el componente más negativo del traslado. Los autores  concluyen que la experiencia de la UCI parece tener un impacto después del  traslado, así como que el traslado de estas Unidades puede ser problemático para  algunos pacientes, por lo que consideran necesario mantener una continuidad en  los pacientes en recuperación de una enfermedad crítica.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Odell<SUP>23</SUP> también entrevistó  mediante un instrumento semiestructurado a 6 pacientes ingresados en una UCI  durante 4 días como mínimo, tras su traslado a una sala de cuidados generales.  El traslado había sido planeado como parte del proceso de recuperación de la  enfermedad crítica de los participantes, sin embargo fue considerado como una  experiencia traumática por los pacientes, quienes la percibieron como confusa,  estresante y agotadora. Concretamente, el análisis de los datos permitió  identificar tres temas principales tras agrupar las respuestas de los  pacientes:</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. Retraimiento, que incluyó sentimientos  de indiferencia respecto al traslado, ausencia de recuerdos o conocimiento sobre  los sucesos como consecuencia de la ambigüedad y ausencia de recuerdos o  conocimiento como un mecanismo de afrontamiento.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>2. Resignación, sentimientos de los  pacientes de estar inmersos en un sistema y una cadena de eventos sobre los  cuales tienen escaso o ningún control.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>3. Mezcla de emociones, consideración tanto  de aspectos positivos (el traslado de la UCI significa que se ha producido una  mejoría de la enfermedad), como negativos respecto al traslado por parte de los  pacientes.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Odell<SUP>23</SUP> concluye que se podría  argumentar que los pacientes no estaban preparados para algunos de los  sentimientos evocados por el traslado. Los aspectos psicológicos de los  pacientes concernientes al traslado de la UCI a la sala son complejos, y a  menudo se entrecruzan con diferentes emociones conflictivas. Por ello, según  Odell<SUP>23</SUP> se debe preparar al paciente para el traslado.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>A este respecto, McKinney y  Melby<SUP>21</SUP> exponen que la literatura existente parece apoyar la idea de  que una buena preparación y una intervención temprana podría facilitar el  traslado de los pacientes desde la UCI a las salas de cuidado general, pudiendo  realizarse programas de enseñanza previos al traslado, así como proporcionar  información escrita sobre el mismo con el objetivo de ayudar a los pacientes a  interpretarlo como un paso positivo, y aumentar tanto la sensación de control  como de capacidad para afrontar la nueva situación.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="3">Alta hospitalaria: trastorno por estrés postraumático</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Como señala Hewitt<SUP>8</SUP>, las  reacciones psicológicas adversas experimentadas por los pacientes en estas  Unidades pueden continuar causando distrés muchos meses después del alta  hospitalaria. Concretamente, pueden aparecer cambios en la personalidad, pérdida  de habilidades sociales, disfunciones sexuales, alteraciones en la imagen  corporal, pesadillas y deprivación de sueño, <I>flashbacks</I>, etc. Todo ello  podría llegar a constituir un PTSD.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>Con el objetivo de determinar la incidencia  y severidad de los síntomas relacionados con el diagnóstico de PTSD en pacientes  que habían estado ingresados en una UCI, Cuthbertson et al<SUP>24</SUP>  realizaron un estudio en el que evaluaron a 78 pacientes tres meses después del  alta de la UCI. Contactaron telefónicamente con los pacientes, quienes  completaron el <I>Davidson trauma scale</I> (DTS)<SUP>25</SUP>, una escala que  incluye la evaluación de los grupos de síntomas principales del PTSD  (pensamientos intrusivos, evitaciones e hiperactivación). El análisis de los  datos mostró que el 14% de los pacientes cumplían los criterios diagnósticos del  PTSD. La puntuación total de la escala no se correlacionó con el sexo, la  duración de la estancia en la UCI ni la gravedad de la enfermedad (APACHE  II)<SUP>16</SUP>, pero se halló una relación negativa de la misma con la edad, y  positiva con la duración de la ventilación mecánica requerida durante la  estancia en la Unidad. Esta puntuación total también se relacionó con el hecho  de que el paciente hubiera visitado a su médico de cabecera o a profesionales de  salud mental debido a problemas de distrés psicológico previos al ingreso en la  UCI. Los autores concluyen que los resultados obtenidos sugieren que un gran  número de pacientes sufren síntomas psicológicos severos y debilitantes tras una  enfermedad crítica, los cuales pueden no ser identificados en la práctica  clínica rutinaria, y por tanto no se les ofrece una ayuda psicológica adecuada.  Además, consideran importante la identificación de los estresores presentes  antes del ingreso en UCI, así como la valoración del ambiente de recuperación de  los individuos (por ejemplo dolor o pérdida de trabajo), ya que los pacientes  con estos factores de riesgo, y probablemente aquellos con altas puntuaciones en  la escala DTS en el momento del alta hospitalaria, deberían ser seguidos para  evaluar el posible desarrollo de un PTSD.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Kvale et al<SUP>26</SUP> recopilaron los  recuerdos que tenían 136 pacientes 7-8 meses después del alta de la UCI a través  de una entrevista semiestructurada. El 57% de los mismos afirmó tener algún  recuerdo sobre su estancia en la Unidad, aunque únicamente pudo manifestar los  recuerdos desagradables el 49%. El 69% de pacientes entrevistados estuvo  ventilado artificialmente un tiempo durante su estancia y, aunque tenían menos  recuerdos que el 31% restante, que no habían sido ventilados artificialmente,  eran más desagradables. Las experiencias más frecuentemente recordadas por estos  pacientes incluyeron alucinaciones, pérdida de control, problemas de  comunicación, aspiración traqueal, etc., siendo el dolor la experiencia más  desagradable recordada por los pacientes no ventilados mecánicamente. La  duración de la estancia no pareció influir en el grado de recuerdo en el  seguimiento. La mayoría de los pacientes estuvieron despiertos al menos un  tiempo durante su estancia en la UCI, y aunque recibieron información sobre su  estado en repetidas ocasiones por parte de médicos y enfermería, sólo el 16%  recordó haber recibido este tipo de información cuando se les entrevistó 7-8  meses después, lo cual, según los autores, demostraría que la información  proporcionada a los pacientes aparentemente despiertos en la UCI es pobremente  recordada, y que probablemente necesitarían información tras el alta de la misma  que les permitiera adquirir una visión realista de la recuperación. Kvale et  al<SUP>26</SUP> señalan como un punto débil del estudio no haber valorado  específicamente el PTSD, la depresión o la ansiedad, con lo cual, aunque  identificaron dos pacientes que en la entrevista presentaban recuerdos o  <I>flashbacks</I> que interferían en sus vidas, no pudieron establecer un  diagnóstico.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Por otro lado, los resultados del estudio  realizado por Russell<SUP>12</SUP> indican que algunos de los problemas  psicológicos experimentados tras el alta de la UCI podrían haberse prevenido  mediante una mejor comunicación entre el equipo de la Unidad y los pacientes. En  esta investigación participaron 298 pacientes, de los cuales 212 completaron un  cuestionario que les fue remitido por correspondencia, y 86 fueron entrevistados  para conocer sus recuerdos sobre la estancia en una UCI. En ambos casos habían  transcurrido 6 meses desde el alta de la Unidad. El análisis de la información  proporcionada por los participantes mostró que mientras algunos pacientes eran  capaces de describir sus recuerdos vívidamente, otros presentaban recuerdos  distorsionados. Los recuerdos de los pacientes incluían una pobre comunicación,  ausencia de intimidad, miedo, dolor, ruido, etc., los cuales, según  Russell<SUP>12</SUP>, podrían ser potencialmente causantes de problemas  psicológicos después del alta de la UCI. Por este motivo, sería necesario  realizar un seguimiento de los pacientes con el fin de detectar alteraciones,  como un PTSD, que de otro modo no serían reconocidas ni tratadas adecuadamente.  Además, los datos indicaron que los pacientes identificaron la falta de una  comunicación adecuada como un estresor, el cual no sólo causó ansiedad durante  la estancia del paciente en la UCI, sino que también contribuyó a una peor  recuperación después del alta. En este sentido, la autora sostiene que se podría  afirmar que proporcionar una información adecuada no sólo disminuiría los  sentimientos de ansiedad, sino que también favorecería que los pacientes se  involucraran en la toma de decisiones sobre su cuidado.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Del análisis de revisión realizado se  desprende que, dentro del proceso de tratamiento y recuperación de una  enfermedad crítica, hay diversos momentos en los que se podría llevar a cabo una  intervención para el tratamiento de las alteraciones emocionales manifestadas  por los pacientes, pero además, la realización de valoraciones previas podría  ser útil en el sentido de que podrían ayudar a detectar el riesgo de desarrollar  algún tipo de trastorno con posterioridad e intentar prevenirlo. Por ejemplo, en  el estudio de Cuthbertson<SUP>24</SUP> se halló una relación positiva entre el  distrés psicológico de los pacientes previo al ingreso en la UCI y el desarrollo  de un PTSD tres meses después del alta de la Unidad, lo cual lleva a plantearse  si hubiera sido apropiado tratar el distrés manifestado con anterioridad al  ingreso en la Unidad.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>A modo de síntesis planteamos las  siguientes conclusiones:</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. El estado emocional previo al ingreso en  la UCI de los pacientes parece influir sobre el proceso de  recuperación.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>2. Durante la estancia en la UCI los  pacientes pueden desarrollar diversas alteraciones emocionales (ansiedad,  depresión, síndrome de cuidados intensivos, etc.).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>3. El traslado a una sala de cuidados  generales una vez superado el período crítico puede provocar ansiedad en los  pacientes, motivada por el abandono de un ambiente en el que se ha realizado un  control continuo de su estado.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>4. El impacto emocional de este proceso  puede estar presente en los pacientes incluso meses después del alta  hospitalaria, llegando a desarrollar un PTSD.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>5. En función de esta evidencia se  considera necesaria la integración de profesionales en atención psicológica en  el equipo multidisciplinar de cuidados de la UCI para la atención integral del  paciente, puesto que cuentan con una formación que les dota de las herramientas  necesarias para la intervención en los diferentes momentos del proceso  descritos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B><FONT face=Verdana size=2>Declaración de conflicto de  intereses</FONT></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los autores han declarado no tener  ningún conflicto de  intereses.</font></P>      <P><FONT face=Verdana size=2>Este estudio ha sido realizado gracias al  apoyo de la Sociedad Valenciana para el Estudio y Tratamiento del Dolor (FUNDOLOR).</FONT></P>      <P>&nbsp;</P>      <P><font face="Verdana" size="3"><b>Bibliografía</b></font></P>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Scott A. Managing  anxiety in ICU patients: the role of pre-operative information provision. Nurs  Crit Care. 2004;9:72-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845712&pid=S0210-5691200700060000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Moix J. Emoción y cirugía. Anales de Psicología.  1994;10: 167-75.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845713&pid=S0210-5691200700060000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Moser DK, Lee Chung M, McKinley S, Riegel B, An K,  Cherrington CC, et al. Critical care nursing practice regarding patient anxiety  assessment and management. Intensive Crit Care Nurs. 2003;19:276-88.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845714&pid=S0210-5691200700060000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4.  Novaes MAFP, Aronovich A, Ferraz MB, Knobel E. Stressors in ICU: patients'  evaluation. Intensive Care Med. 1997;23:1282-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845715&pid=S0210-5691200700060000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Price AM. Managing the  anxiety in ICU patients: the role of pre-operative information provision. Nurs  Crit Care. 2004;9:72-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845716&pid=S0210-5691200700060000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><BR>6. Martín A, Pérez MA. Psychosocial adaptation in  relatives of critically injured patients admitted to an intensive care unit.  Span J Psychol. 2005;8:36-44.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845717&pid=S0210-5691200700060000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Coyle MA. Transfer anxiety: preparing to  leave intensive care. Intensive Crit Care Nurs. 2001;17:138-43.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845718&pid=S0210-5691200700060000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Hewitt J.  Psycho-affective disorder in intensive care units: a review. J Clin Nurs.  2002;11:575-84.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845719&pid=S0210-5691200700060000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Engel GL. The need for a new medical model: a challenge  for biomedicine. Science. 1977;196:129-36.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845720&pid=S0210-5691200700060000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Moix J, Casas JM, López E,  Quintana C, Ribera C, Gil A. Facilitación de la recuperación postquirúrgica a  través del suministro de información y del apoyo psicológico. Control de Calidad  Asistencial. 1993;8:13-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845721&pid=S0210-5691200700060000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Fenner E, Michels G. Scl-90-R scoring after  myocardial infarction. Med Klin (Munikch). 2003;98:7-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845722&pid=S0210-5691200700060000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Russell S. An  exploratory study of patients' perceptions, memories and experiences of an  intensive care unit. J Adv Nurs. 1999;29:783-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845723&pid=S0210-5691200700060000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Hughes F, Bryan K,  Robbins I. Relatives' experiences of critical care. Nurs Crit Care.  2005;10:23-30.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845724&pid=S0210-5691200700060000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Granberg Axèll AIR, Malmros CW, Bergbom IL, Lundberg DBA.  Intensive care unit syndrome/delirium is associated with anemia, drug therapy  and duration of ventilation treatment. Acta Anaerthesiol Scand.  2002;46:726-31.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845725&pid=S0210-5691200700060000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Ballard KS. Identification of environmental stressors for  patients in a surgical intensive care unit. Issues Ment Heath Nurs.  1981;3:89-108.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845726&pid=S0210-5691200700060000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Knaus WA, Draper EA, Wagner DP, Zimmerman JE. APACHE II: A  severity of disease classification system. 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Percepción de los pacientes quirúrgicos del sueño  nocturno en una Unidad de Cuidados Intensivos. Enferm Intensiva.  2002;13:57-67.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845729&pid=S0210-5691200700060000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Richards KC, O'Sullivan PS, Phillips RL. Measurement of  sleep in critically ill patients. J Nurs Meas. 2000;8:131-44.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845730&pid=S0210-5691200700060000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Magnus VS,  Turkington L. Communication interaction in ICU-Patient and staff experiences and  perceptions. Intensive Crit Care Nur. 2006;22:167-80.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845731&pid=S0210-5691200700060000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. McKinney AA, Melby  V. Relocation Stress in critical care: a review of the literature. J Clin Nurs.  2002;11:149-57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845732&pid=S0210-5691200700060000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. McKinney AA, Deeny P. Leaving the intensive care unit: a  phenomenological study of the patients' experience. Intensive Crit Care Nurs.  2002;18:320-31.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845733&pid=S0210-5691200700060000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Odell M. The patient's thoughts and feelings about their  transfer from intensive care to the general ward. J Adv Nurs.  2000;31:322-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845734&pid=S0210-5691200700060000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Cuthbertson BH, Hull A, Strachan M, Scott J.  Post-traumatic stress disorder after critical illness requiring general  intensive care. Intensive Care Med. 2004;30:450-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845735&pid=S0210-5691200700060000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Davidson JR, Book SW,  Tupler LA, Roth S, David D, Hertzberg M, et al. Assessment of a new self-rating  scale for post-traumatic stress disorder. Psychol Med. 1997;27:153-60.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845736&pid=S0210-5691200700060000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26.  Kvale R, Ulvik A, Flaatten H. Follow-up after intensive care: a single center  study. Intensive Care Med. 2003;29:2149-56.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2845737&pid=S0210-5691200700060000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><b><a href="#TOP"><img border="0" src="/img/revistas/medinte/v31n6/seta.gif" width="15" height="17"></a><a name="back"></a>Dirección para correspondencia:    <br> </b>Dr. P. Gómez  Carretero.    <BR>Av. De la Plana, 20, pta  3.    <BR>46460 Valencia.    <BR>Correo electrónico: <A  href="mailto:Pgomez212f@cv.gva.es">Pgomez212f@cv.gva.es</A></font></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Aceptado: 6-IX-2006.</FONT></P>     ]]></body><back>
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