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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Crisis is an acute stress syndrome, characterized by sudden break of the psychic continuity experience and by active response to a change process. Succes in this response favors personality development and integration, whereas failure carries the risk of total desestructuration. Therapeutic intervention has to consider the type and phase of the crisis, the personality and crisis experience of the subject, and the sociocultural conditions of the environment.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b><a name="top"></a>ORIGINALES Y REVISIONES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Psicoterapia de la crisis</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Psychoterapy of the crisis</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis Gonz&aacute;lez de Rivera y Revuelta</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Catedr&aacute;tico de Psiquiatrí. Instituto de Psicoterapia e Investigaci&oacute;n Psicosom&aacute;tica</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#back">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></p>     <p>La crisis es un sindrome agudo de estr&eacute;s, caracterizado por l&aacute; ruptura brusca de la vivencia de continuidad ps&iacute;quica y por la respuesta activa ante un proceso de cambio. El &eacute;xito en esta respuesta favorece el desarrollo e integraci&oacute;n de la personalidad, mientras que su fracaso puede llevar a una total desestructuraci&oacute;n. La intervenci&oacute;n terap&eacute;utica requiere consideraci&oacute;n del tipo y fase de la crisis, de la personalidad y experiencias criticas del sujeto, y de los condicionantes socioculturales del entorno.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> crisis, psicoterapia, estr&eacute;s.</font></p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></p>     <p>Crisis is an acute stress syndrome, characterized by sudden break of the psychic continuity experience and by active response to a change process. Succes in this response favors personality development and integration, whereas failure carries the risk of total desestructuration. Therapeutic intervention has to consider the type and phase of the crisis, the personality and crisis experience of the subject, and the sociocultural conditions of the environment.</p>     <p><b>Key words:</b> crisis, psychotherapy, stress.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><i>"Hay un flujo y reflujo en los asuntos de los hombres, que, si se toma    <br> en la subida, lleva a la fortuna, y, si se descuida, toda la traves&iacute;a de la    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> vida queda encallada en baj&iacute;os y en miserias"</i>    <br> <i>Shakespeare</i>, en <i>Julio Cesar</i>.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>I. El concepto de crisis </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es frecuente asociar la idea de crisis con dificultad, riesgo y peligro. Sin embargo, la esencia del concepto est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a la de cambio crucial, significativo o determinante. Procede de la raiz s&aacute;nscrita <i>skibh-</i>cortar, separar, distinguir (1), asimilada por la voz griega <i>krisis, decidir. </i>El t&eacute;rmino fue usado por Hip&oacute;crates para referirse al momento en el en el que una enfermedad cambia su curso, para bien o para mal. Corominas recoge esta rancia raigambre m&eacute;dica al definir la crisis como "mutaci&oacute;n grave que sobreviene en una enfermedad, para mejor&iacute;a o para empeoramiento", y a&ntilde;ade, como segunda acepci&oacute;n m&aacute;s amplia, "momento decisivo en un asunto de importancia" (2).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La observaci&oacute;n diacr&oacute;nica de numerosos procesos naturales muestra interrupciones en su continuidad, a partir de las cuales, si el proceso contin&uacute;a, lo hace de manera diferente a como lo habia hecho hasta entonces. Este punto de inflexi&oacute;n se corresponde tan bien con el concepto hipocr&aacute;tico de crisis, que su descripci&oacute;n puede servimos como definici&oacute;n. As&iacute;, entenderemos como <i>crisis una condici&oacute;n inestable,  que se presenta en el curso de un proceso, y cuya resoluci&oacute;n condiciona y modula la continuidad del mismo. </i>La crisis implica la inevitabilidad de una transformaci&oacute;n. En s&iacute; misma, es una organizaci&oacute;n inestable y transitoria; de ahi el matiz perentorio, incluso angustioso, de su concepto. La incertidumbre y diversidad de posibilidades a&ntilde;ade, por otra parte, la sensaci&oacute;n de responsabilidad y de riesgo: En efecto, la crisis puede marcar el empeoramiento o la destrucci&oacute;n del proceso, pero tambi&eacute;n su fortalecimiento y optimizaci&oacute;n. Como dice Shakespeare por boca de Bruto, el grado de acierto de la acci&oacute;n en momentos de crisis marca la diferencia entre la miseria y la fortuna.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La aplicaci&oacute;n del concepto de crisis en salud mental presupone un principio de continuidad ps&iacute;quica, entendido como una experiencia b&aacute;sica subyacente a todas las dem&aacute;s. La interrupci&oacute;n de esta vivencia de continuidad es intolerable, y, si ocurre, debe ser r&aacute;pidamente reparada. Es evidente que los seres humanos tienden a buscar una l&oacute;gica interna en sus vidas, de tal manera que puedan entender su desarrollo y prever su curso. El sentido de la vida viene dado por esta l&oacute;gica interna. La situaci&oacute;n de crisis, al romper el flujo continuo de la existencia, fuerza un replanteamiento vital, obligando, a veces, a la construcci&oacute;n de un nuevo sentido. En la situaci&oacute;n &oacute;ptima, la aposici&oacute;n progresiva de vivencias personales, cr&iacute;ticas o no, asegura la continuidad ps&iacute;quica, la unificaci&oacute;n de la consciencia y la constituci&oacute;n de una identidad autodefinitoria. Desde esta perspectiva, podemos entender la crisis como: <i>una experiencia puntual que fuerza al individuo a reconsiderar en un plazo breve de tiempo el sentido de su vida. </i>De ah&iacute; el riesgo y la potencialidad creativa de las crisis.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando el proceso de resoluci&oacute;n de crisis fracasa, la conciencia se fragmenta, las contradicciones internas se acumulan y el sentido personal de identidad se vuelve fr&aacute;gily provisional. Como primer intento de compensaci&oacute;n, las circunstancias y condiciones que amenazan la vivencia de continuidad son rechazadas, negando todo cambio y dificultad. Si esta defensa fracasa, la clara experiencia de la vida sin sentido conduce a la desesperaci&oacute;n, y, para evitarlo, puede producirse como segunda l&iacute;nea de defensa la provocaci&oacute;n o b&uacute;squeda de situaciones de cambio, con consecuencias a veces desastrosas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Caplan (3), creador de la psiquiatr&iacute;a comunitaria, propone definir la crisis como "un obst&aacute;culo que el sujeto encuentra en la consecuci&oacute;n de metas importantes y que no puede ser superado mediante sus estrategias habituales de resoluci&oacute;n de problemas". El papel patog&eacute;nico de las crisis viene de esta vivencia de incapacidad, de la sensaci&oacute;n de ser superado por la situaci&oacute;n, que puede acabar en una renuncia masiva al proyecto vital, con p&eacute;rdida del futuro y desorganizaci&oacute;n de las capacidades de adaptaci&oacute;n y defensa. De ahi que la intervenci&oacute;n en la crisis se considere como una herramienta preventiva elemental en psiquiatr&iacute;a comunitaria (4).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Naturalmente, las consideraciones negativas sobre la patogenicidad de las crisis no deben hacemos olvidar sus potenciales efectos beneficiosos. Toda crisis es un riesgo, pero tambi&eacute;n una oportunidad. La intervenci&oacute;n del psiquiatra y del profesional de la salud mental debe buscar, no s&oacute;lo la prevenci&oacute;n de mayores males, sino tambi&eacute;n la optimizaci&oacute;n de los recursos personales (5). De ah&iacute; la importancia de los programas de formaci&oacute;n profesional y de sensibilizaci&oacute;n y educaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en general. Sin ellos, los dispositivos sanitarios atender&aacute;n las situaciones de crisis con baja eficacia, e incluso con un posible grado de iatrogenia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>II. Estr&eacute;s, Trauma y Cambio. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde que Cannon y Selye definieron, cada uno a su manera, el estr&eacute;s fisiol&oacute;gico, el concepto ha sido extrapolado a las ciencias humanas, donde se le han atribuido significados diversos, como los de sobrecarga, exigencia exagerada, respuesta normal a situaciones anormales e, incluso, contrapartida fisiol&oacute;gica de la ansiedad. Desde el punto de vista psicosocial, podemos distinguir tres aspectos o grupos de factores que intervienen en esa peculiar interacci&oacute;n entre un individuo y su medio que denominamos estr&eacute;s: a) Factores externos de estr&eacute;s, que comprenden las circunstancias y acontecimientos del entorno que exigen un esfuerzo inhabitual del organismo para adaptarse a ellos. b) Factores internos de estr&eacute;s, de los que depende la respuesta autom&aacute;tica del organismo ante esas exigencias externas, y c) Factores moduladores, variables del individuo, como el estado afectivo, o del medio, como el apoyo social, que no est&aacute;n directamente relacionadas con la respuesta de estr&eacute;s, pero que modifican la interacci&oacute;n entre factores externos e internos (6).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La morbilidad relacionada con el estr&eacute;s depende de la intensidad y duraci&oacute;n de los factores externos, de la reactividad individual y vulnerabilidad interna, y de los condicionantes ("moduladores") que inhiben o fortalecen los mecanismos de adaptaci&oacute;n. B&aacute;sico al concepto de estr&eacute;s es el principio de homeost&aacute;sis, o equilibrio interno del organismo, que se mantiene constante frente a todas las variaciones del entorno. Cuando la influencia del ambiente supera o no alcanza las cotas en las que el organismo responde con m&aacute;xima eficiencia, &eacute;ste percibe la situaci&oacute;n como peligrosa o desagradable, desencaden&aacute;ndose una reacci&oacute;n de lucha-huida y/o una reacci&oacute;n de estr&eacute;s, con hipersecreci&oacute;n de catecolaminas y cortisol (Ley General de la Homeost&aacute;sis) (7).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque los conceptos de estr&eacute;s y trauma suelen estar asociados, corresponden en realidad a fen&oacute;menos distintos. El estr&eacute;s implica siempre una din&aacute;mica de resistencia, tensi&oacute;n y lucha, que persiste mientras los factores externos lo exigen, o mientras dura la resistencia del organismo. El trauma indica ya una ruptura, un fracaso de las capacidades de integraci&oacute;n, una discontinuidad en la vida ps&iacute;quica. Lo que se llama estr&eacute;s traum&aacute;tico no consiste en una mera sobrecarga temporal de las capacidades de adaptaci&oacute;n, sino en una alteraci&oacute;n profunda y permanente del funcionamiento mental. Por eso, las situaciones de estr&eacute;s se recuerdan muy bien, mientras que los traumas se acompafian siempre de amnesia m&aacute;s o menos parcial. Para que un estr&eacute;s se convierta en traum&aacute;tico, es necesario que su intensidad o su naturaleza superen las capacidades de procesamiento del sistema nervioso, dando lugar a disrupciones permanentes en la organizaci&oacute;n del mundo interno (8).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cambio es parte fundamental de la existencia, verdad que constituye un elemento esencial de la antigua filosof&iacute;a china. "El hombre sabio est&aacute; siempre atento a la impermanencia de todas las cosas", dice Confucio en sus comentarios al I Ching, adelant&aacute;ndose 25 siglos a las modernas t&eacute;cnicas de inoculaci&oacute;n de estr&eacute;s. La investigaci&oacute;n psicofisiol&oacute;gica muestra que la introducci&oacute;n de cambios o nuevas variables en una actividad altera los par&aacute;metros neurovegetativos y neuroendocrinos, incluso cuando esos cambios facilitan la actividad (7). Desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad es conocida la influencia de grandes estreses y traumas, pero el efecto de peque&ntilde;os cambios y acontecimientos normales no ha sido comprendido hasta los trabajos pioneros de Holmes y Rahe (9). Seg&uacute;n estos autores, cada acontecimiento nuevo, por banal que sea, exige un reajuste de las funciones habituales de la vida cotidiana. Un acumulo de muchos peque&ntilde;os acontecimientos, en corto tiempo, puede llegar a ser equivalente a una gran tragedia. Cada cambio en nuestras vidas puede ser medido en "unidades de cambio vital", y la suma de estas unidades refleja el estado de nuestros factores externos de estr&eacute;s por el periodo de tiempo considerado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el contexto de los s&iacute;ndromes de estr&eacute;s, puede bien decirse que una crisis es una experiencia estresante, que en algunos casos llega a ser traum&aacute;tica, y que casi siempre provoca, o viene precipitada por, un cambio vital. El elemento distintivo de la crisis es la convicci&oacute;n o decisi&oacute;n interna de que la situaci&oacute;n es insostenible y que es preciso hacer algo para transformarla. La motivaci&oacute;n hacia el cambio es una respuesta apropiada a la percepci&oacute;n subjetiva de la naturaleza del estado de crisis.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>La evoluci&oacute;n de una crisis. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El desarrollo de una crisis sigue un proceso f&aacute;sico, que se completa, habitualmente, en un tiempo inferior a ocho semanas. Siguiendo a Caplan (10) podemos diferenciar las siguientes fases :</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><i>Primera fase: </i>Shock o Impacto agudo. Algo ocurre, generalmente de manera s&uacute;bita, o, por lo menos, eso le parece al sujeto, que se siente afectado profundamente, sin poder evitarlo ni superarlo de la manera habitual en que hace frente a otros problemas. Junto al estr&eacute;s propio de la situaci&oacute;n, se a&ntilde;aden pronto sentimientos de confusi&oacute;n e impotencia, desamparo y desvalimiento. Inicialmente, cada individuo reacciona seg&uacute;n sus pautas caracter&iacute;sticas de reactividad al estr&eacute;s, entre las que predominan la ansiedad, la irritabilidad y las manifestaciones psicosom&aacute;ticas, aunque algunos raros individuos experimentan entusiasmo y aumento de energ&iacute;a (11).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Segunda fase: </i>Desorganizaci&oacute;n critica. Cuando todas las estrategias habituales de afrontamiento y resoluci&oacute;n de problemas fallan, la tensi&oacute;n emocional aumenta, hasta niveles insoportables. En este estado, diversas actividades pueden ser emprendidas, no para mejorar las cosas o resolver la situaci&oacute;n, sino, simplemente, para escapar de ella o para descargar la tensi&oacute;n acumulada. Asi, no son infrecuentes en esta fase conductas psicop&aacute;ticas o "fuera de car&aacute;cter", diversos tipos y grados de abuso de t&oacute;xicos, conductas autodestructivas y episodios emocionales bruscos. Caracter&iacute;sticamente, el sujeto despliega tambi&eacute;n actividades de b&uacute;squeda de ayuda, que pueden ser apropiadas y bien programadas, o "gritos de socorro" ineficaces y atropellados. Seg&uacute;n empieza a hacerse evidente la insuficiencia de los recursos personales, y su disparidad con las exigencias de la situaci&oacute;n, cada vez se hacen m&aacute;s prominentes sentimientos depresivos de indefensi&oacute;n y fracaso. France (12), aplicando la teor&iacute;a de Seligman, distingue distintos grados de indefensi&oacute;n en una crisis, seg&uacute;n que este sentimiento se adopte desde un punto de vista personal o universal, permanente o transitorio, y global o especifico. En el peor de los casos, el estado de indefensi&oacute;n es personal, permanente y global, es decir, el individuo se considera incapaz de afrontar una situaci&oacute;n que otro cualquiera podr&iacute;a resolver, no tiene ninguna esperanza ni perspectiva de recuperarse, y extrapola su convicci&oacute;n de incompetencia e ineficacia desde el evento concreto a todas las &aacute;reas de su vida. En el mejor de los casos, el individuo considera su estado de indefensi&oacute;n como inevitable y propio de la naturaleza humana, afectando la situaci&oacute;n a cualquier individuo tanto o m&aacute;s que a &eacute;l mismo (universal), est&aacute; convencido de que pasar&aacute; (transitorio) y lo mantiene estrictamente restringido al evento concreto, conservado sensaci&oacute;n de eficacia en todas las dem&aacute;s &aacute;reas de su vida (especifico).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Tercera fase: </i>Resoluci&oacute;n. Entre las m&uacute;ltiples actividades que el sujeto despliega ante el impacto inmediato de la situaci&oacute;n, alguna puede tener &eacute;xito, y la crisis se resuelve casi sin llegar a plantearse. Pero en el desarrollo t&iacute;pico de una crisis, los primeros intentos de contraataque suelen fallar, y el individuo contin&uacute;a sintiendo una creciente presi&oacute;n interna por hallar una soluci&oacute;n. La urgencia de la situaci&oacute;n puede estimular su creatividad, llev&aacute;ndole a descubrir nuevas estrategias de afrontamiento; o bien, puede encontrar nuevas fuentes de ayuda, formar nuevas relaciones o trabajar con profesionales o consejeros varios. Esta fase es el n&uacute;cleo central de la crisis, en la que se toma una decisi&oacute;n, que puede significar la salida a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de nuevos recursos personales y de un crecimiento interno apresurado, o, por el contrario, a trav&eacute;s de la consolidaci&oacute;n de mecanismos maladaptativos de evitaci&oacute;n y retraimiento. Lo cierto es que, en un plazo de tiempo limitado, el sujeto llega a una formulaci&oacute;n m&aacute;s o menos consciente de la situaci&oacute;n y de si mismo con respecto a ella.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Cuarta fase: </i>Retirada final. Si la crisis no se resuelve, bien o mal, en las fases anteriores, se llega a la fase final, que parece en cierta forma an&aacute;loga al estadio de agotamiento de la reacci&oacute;n general de adaptaci&oacute;n de Selye. La retirada puede ser total, como a trav&eacute;s del suicidio, o parcial, que puede ser interna, como a trav&eacute;s de una desorganizaci&oacute;n psic&oacute;tica O una estructuraci&oacute;n delirante, o externa, como en un cambio radical de entorno, relaciones, actividad y hasta de nombre. En cualquiera de estos casos, la crisis se termina, sea por la muerte, sea por la negaci&oacute;n de si mismo que supone la psicosis, sea por la renuncia a todo lo vivido hasta el momento de la crisis y el inicio de una nueva vida. France (12) llama la atenci&oacute;n sobre la diferente calidad de las tentativas de suicidio que tienen lugar en la fase dos, que representan llamadas de ayuda o intentos de soluci&oacute;n, y las que tienen lugar en la fase cuatro, que buscan directamente la muerte como manera definitiva de resolver la crisis. En todo caso, es preciso tener en cuenta que las tentativas de suicidio son frecuentes en las situaciones de crisis, sobre todo en adolescentes (13).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>IV. Clasificaci&oacute;n cl&iacute;nica de las crisis. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cl&iacute;nicamente, podemos conceptualizar la crisis como una situaci&oacute;n transitoria de estr&eacute;s, cuya resoluci&oacute;n requiere una decisi&oacute;n estructurante, y en la que el sujeto tiene clara conciencia de la disparidad entre el rendimiento habitual de sus recursos y las exigencias de la tarea critica (14). Las manifestaciones de este estado dependen de la personalidad del sujeto, de sus experiencias anteriores, incluyendo su historia critica y traum&aacute;tica, de su entorno socio-cultural, de la fase en que llegue a nuestra atenci&oacute;n, y del tipo de situaci&oacute;n que precipite la crisis.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>1. Personalidad del sujeto. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como es de suponer, los rasgos de personalidad colorean la forma de afrontar la crisis, estableciendo, en primer lugar, un filtro sobre qu&eacute; acontecimientos ser&aacute;n considerados como cr&iacute;ticos (es decir, bloqueantes de las metas importantes del sujeto) y cu&aacute;les no. AS&Iacute;, la aparici&oacute;n de arrugas en la piel puede precipitar una crisis en una mujer con rasgos histri&oacute;nicos, y pasar desapercibida a otra persona que no considere la belleza f&iacute;sica un elemento importante de su identidad. En segundo lugar, una vez inmerso en la situaci&oacute;n de crisis, los rasgos de personalidad condicionan la preferencia por determinadas estrategias de afrontamiento y de resoluci&oacute;n de problemas, tema que ha sido admirablemente tratado por MacKinnon (15), y que no ser&aacute; repetido aqu&iacute;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Los dos par&aacute;metros de personalidad que m&aacute;s nos interesan, tanto por su influencia patopl&aacute;stica como por su condicionamiento de las intervenciones terap&eacute;uticas, son la madurez y la flexibilidad. Entendemos por madurez el nivel de estabilidad del autoconcepto e identidad psicosocial. La flexibilidad es el grado o facilidad con que pueden formarse nuevas estrategias y decisiones, renunciando a otras que ya no cumplen el prop&oacute;sito por el que fueron creadas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Naturalmente, a mayor madurez de la personalidad, mejor capacidad resolutoria, menor duraci&oacute;n de la crisis y mejor salida de la misma. Es posible que la mayor&iacute;a de los pacientes que llegan a nuestra atenci&oacute;n en la fase II o en la IV de una crisis presenten diversos grados de inmadurez, lo que es tanto como decir de vulnerabilidad a la crisis.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por eso, las mejores medidas preventivas ante las crisis son aquellas que conducen al fortalecimiento y desarrollo de la personalidad, es decir, una buena educaci&oacute;n. Sin embargo, desde el punto de vista terap&eacute;utico pr&aacute;ctico inmediato, la intervenci&oacute;n en la crisis no puede aspirar a influir de manera estructurante en la personalidad, debiendo conformarse con apoyar la fr&aacute;gil identidad comprometida, identificar pronto el &aacute;rea en que debe concentrarse el trabajo psicoterap&eacute;utico, y confiar en que las capacidades creativas del paciente se avivar&aacute;n ante la necesidad del momento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El repetido argumento sobre el valor curativo de las crisis reposa en que, si todo sale bien, no s&oacute;lo &eacute;sta ser&aacute; superada, sino que el sujeto avanzar&aacute; en su desarrollo personal, mejorando rasgos de vulnerabilidad o tendencias francamente patol&oacute;gicas. Por eso, desde el punto de vista de la teor&iacute;a de la crisis, la personalidad se considera en un equilibrio din&aacute;mico, estructurado en base a decisiones y pautas de adaptaci&oacute;n formadas en experiencias previas, pero predispuesto a la reorganizaci&oacute;n, ampliaci&oacute;n y transformaci&oacute;n, seg&uacute;n sea necesario para responder a nuevas crisis. La flexibilidad de la personalidad viene dada por el grado en que el sujeto est&aacute; abierto a nuevas experiencias y por su disposici&oacute;n al cambio interno. Aunque existe una cierta tensi&oacute;n entre madurez y flexibilidad, no son principios contradictorias, sino complementarios: Puede decirse que el desarrollo &oacute;ptimo y arm&oacute;nico de la personalidad lleva a una madurez flexible y a una flexibilidad madura.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>2. Experiencias previas. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cada nueva crisis act&uacute;a no solamente por si misma, sino adem&aacute;s como un recordatorio de crisis previas. En la medida en que &eacute;stas hayan sido mal resueltas, su reactivaci&oacute;n ser&aacute; un estr&eacute;s sobrea&ntilde;adido a la situaci&oacute;n critica actual. Por el contrario, en la medida en que la resoluci&oacute;n de crisis anteriores haya sido eficaz, el sujeto enfrentar&aacute; la nueva con mayor confianza. Una historia de fracasos repetidos en la resoluci&oacute;n de crisis es de mal pron&oacute;stico para la crisis actual, a menos que se consiga poner estos fracasos en perspectiva, elaborar las dificultades y bloqueos que impidieron resoluciones satisfactorias en el pasado, e incluir entre las decisiones a formar durante la nueva crisis la de "que no vuelva a pasar lo mismo". Es por eso importante, en la evaluaci&oacute;n de un paciente en situaci&oacute;n de crisis, obtener una buena historia cr&iacute;tica, especialmente en lo que se refiere a su actitud ante situaciones similares anteriores. Las pautas de enfrentamiento y las consecuencias experimentadas anteriormente nos dan una clara predicci&oacute;n de las probabilidades en la situaci&oacute;n presente, y nos orientan hacia las avenidas terap&eacute;uticas m&aacute;s eficaces.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de que, en teor&iacute;a, una crisis se resuelve en un plazo determinado, generalmente estimado entre dos y ocho semanas, hay muchos casos en los que, si las circunstancias exteriores lo permiten, la crisis queda fuera de la consciencia y de las actividades inmediatas, encapsulada, pero activa y pendiente de resoluci&oacute;n. Cuando una nueva situaci&oacute;n evoca una crisis pendiente, la reacci&oacute;n conjunta puede parecer catastr&oacute;ficamente exagerada. El terapeuta bien informado debe ser consciente de que est&aacute; asistiendo a la resoluci&oacute;n, no s&oacute;lo de la crisis actual, sino, sobre todo, de la crisis fantasma o "asignatura pendiente". De hecho, acontecimientos aparentemente banales pueden desencadenar una crisis porque sirven de gatillo disparador de un problema largamente larvado, que ya no puede mantenerse por m&aacute;s tiempo fuera de la consideraci&oacute;n consciente inmediata.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3. Condicionantes socioculturales. </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La educaci&oacute;n, la cultura, y consideraciones similares, influyen, en primer lugar, en que una situaci&oacute;n se considere como critica, o no. La p&eacute;rdida del trabajo del cabeza de familia, por ejemplo, es una grave crisis en la mayor&iacute;a de los casos, pero algunas comunidades rurales, con fuertes y amplios lazos familiares, y acceso a otros medios de subsistencia pueden afrontar la exigencia mejor que, por ejemplo, una familia obrera urbana. El apoyo social, en todos sus aspectos, es un importante modificador de la crisis, amortiguando el estr&eacute;s e incrementando los recursos de afrontamiento, tanto por aporte directo como indirectamente por fortalecimiento auxiliar de la personalidad del sujeto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las pautas culturales de afrontamiento y resoluci&oacute;n de crisis, compartidas por la comunidad y avaladas por una larga tradici&oacute;n, son sumamente &uacute;tiles, y representan un sistema organizado de intervenci&oacute;n y prevenci&oacute;n en muchas crisis previsibles y normativas. No es lo mismo perder a un ser querido en un lugar que conserva sinceramente los rituales de duelo y atenci&oacute;n a los moribundos, que en una moderna factor&iacute;a de salud. Las pautas culturales establecidas gu&iacute;an a la persona que se enfrenta a la crisis en cuanto a su correcta conducta y actitud, favorecen la adecuada expresi&oacute;n emocional, aseguran el apoyo de familiares, amigos y extra&ntilde;os, garantizan la transmisi&oacute;n de los bienes y responsabilidades del muerto sin culpa, y, sobre todo, reconocen que se trata de una crisis personal importante, a la que hay que dedicar tiempo y sufrimiento. La moderna (o postmoderna) tecnolog&iacute;a de la muerte y el duelo no permite ninguna de estas cosas, y es responsable de la masiva negaci&oacute;n de aspectos esenciales de la vida, con graves consecuencias en cuanto a la salud mental de la poblaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El afrontamiento y resoluci&oacute;n de crisis tambi&eacute;n se puede aprender y compartir. La familia, como organizaci&oacute;n protectora fesponsable inmediata de la educaci&oacute;n del individuo, juega en ello un papel principal. Como en tantas otras cosas, es m&aacute;s el ejemplo viviente que la normativa verbal lo que cuenta: Las crisis ajenas cuya resoluci&oacute;n el ni&ntilde;o tiene oportunidad de presenciar, son mucho m&aacute;s estructurantes que todos los consejos preventivos que pueda recibir.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una familia funcionante tiene capacidad para repartir entre sus miembros el peso de una crisis, tanto si es global como si afecta principalmente a uno de ellos. Entre las posibilidades m&aacute;s frecuentes se incluyen: a) la distribuci&oacute;n de papeles ante la crisis a afrontar, b) la potenciaci&oacute;n colectiva de sus recursos individuales, c) el descargo del rol familiar de la persona m&aacute;s afectada en otro miembro, d) el apoyo emocional desculpabilizante y creativo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una familia disfuncional puede f&aacute;cilmente pervertir los mecanismos de la familia sana, por ejemplo a) descargando el conjunto de sus problemas individuales en un chivo expiatorio, que se convierte as&iacute; en el depositario de las insuficiencias familiares; b) ventilando las tensiones derivadas de la crisis en agresiones internas y reproches culpabilizantes; c) exigiendo despiadadamente al miembro en crisis el cumplimiento de sus responsabilidades, familiares u otras, o, por el contrario, d) eximi&eacute;ndole de manera extrema y permanente de las mismas, lo cual acaba siendo una forma de descalificaci&oacute;n m&aacute;s que de ayuda.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El entorno acad&eacute;mico o laboral tambi&eacute;n juega un papel condicionante, a favor o en contra, como depositario de pautas de apoyo o de persecuci&oacute;n en tiempos de crisis. El crecientemente reconocido fen&oacute;meno de acoso psicol&oacute;gico institucional (16) merece ser tenido en cuenta, no tanto por su importante participaci&oacute;n en la g&eacute;nesis de estados cr&iacute;ticos, sino, sobre todo, por el efecto inhibidor que tiene sobre las capacidades de afrontamiento y resoluci&oacute;n del sujeto. El terapeuta avisado debe explorar esta posibilidad, y no asumir que toda victimizaci&oacute;n est&aacute; s&oacute;lo en la mente del paciente o ha sido causada por &eacute;l mismo. La posibilidad de verbalizar, compartir, comprender y reaccionar ante una experiencia de acoso es vital para recuperar la moral y confianza ante una situaci&oacute;n de crisis.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>4. Tipos de crisis.</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque la teor&iacute;a general se aplica a todos los tipos de crisis, es importante para una intervenci&oacute;n apropiada tener en cuenta las circunstancias concretas en que pueden surgir, tanto en cuanto a su contenido como en cuanto a sus aspectos formales. Con respecto a estos &uacute;ltimos, es &uacute;til distinguir entre: a) Crisis generalizadas, que afectan a todo un grupo o familia, y personales, que afectan s&oacute;lo a un individuo concreto; b) Crisis inesperadas e imprevisibles, como cat&aacute;strofes, accidentes de tr&aacute;fico, etc., en las que no es posible una preparaci&oacute;n previa, y anticipadas o previsibles, como la muerte de un familiar mayor, un divorcio largamente anunciado, etc.; c) Crisis normativas, un tipo especial de crisis previsible, relacionado con la emergencia de funciones y necesidades nuevas en edades criticas; y d) transiciones o cambios vitales importantes no incluibles en los apartados anteriores, cuya caracter&iacute;stica principal es que son, en gran medida, conscientemente autogenerados.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las crisis generalizadas son las que afectan a todo un grupo, comunidad u organizaci&oacute;n, y sus causas tienden a ser relativamente objetivas y externas. Son &eacute;stas las circunstancias que ponen a prueba la calidad del liderazgo establecido, y permiten la emergencia del h&eacute;roe, entendido como el individuo que toma sobre si la carga y los problemas de la comunidad, y los resuelve. Por el contrario, las crisis personales o privadas afectan a una persona concreta, de manera relativamente independiente al acontecer sociocultural general. Aunque posiblemente interesantes para ella, los problemas a resolver no afectan de manera central a la comunidad a la que pertenece el individuo, por lo su respuesta es variable, pudiendo llegar a no responder en absoluto. El origen de las crisis personales, m&aacute;s que con las circunstancias, est&aacute; relacionado con una particular combinaci&oacute;n de car&aacute;cter, oportunidad y destino. En efecto, algunas personas atraviesan repetidamente crisis personales que para otros son totalmente desconocidas, como si estuvieran ensayando soluciones en la vida real para aplicarlas a problemas que llevan en su interior.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Aunque conceptualmente hemos incluido aqu&iacute; las crisis accidentales e imprevisibles, su estudio concreto detallado pertenece al campo del estr&eacute;s traum&aacute;tico (8). Las crisis previsibles est&aacute;n relacionadas con propiedades de la vida humana, las estructuras sociales en que se desarrolla, los usos y costumbres de su tiempo y lugar, y el entorno cultural inmediato o dominante en que se integra.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las crisis <i>normativas, </i>descritas inicialmente por Erik Erikson (17, 18), son universales, en el sentido de que ocurren en todos los seres humanos, y, al mismo tiempo, personales, en el sentido de que, para cada individuo, es una vivencia intransferible, consubstancial a su propio desarrollo ps&iacute;quico. Cada ser humano nace con un conjunto general de aptitudes, capacidades y tendencias, que conforman una constelaci&oacute;n gen&eacute;tica cuya actualizaci&oacute;n est&aacute; modulada por las influencias de la educaci&oacute;n y del medio ambiente. La maduraci&oacute;n de la personalidad requiere el dominio secuencial de una tarea psicosocial b&aacute;sica, especifica a cada etapa del desarrollo. Cada crisis se plantea como una oposici&oacute;n din&aacute;mica entre dos actitudes extremas que han de desarrollarse en el curso de la relaci&oacute;n interpersonal clave de esa edad. Un extremo representa la actitud correspondiente con la resoluci&oacute;n &oacute;ptima de la tarea cr&iacute;tica y el otro, su fracaso total. Seg&uacute;n van sucedi&eacute;ndose las crisis normativas a lo largo de toda la vida, su dominio progresivo asegura una creciente integraci&oacute;n y riqueza de la personalidad. La superaci&oacute;n de cada crisis normativa se acompafla de la adquisici&oacute;n de una virtud o cualidad humana b&aacute;sica, que Erikson define como "fuerza interna o cualidad activa', cuyo ejercicio da evidencia del grado de resoluci&oacute;n de la tarea psicosocial correspondiente. Cada din&aacute;mica cr&iacute;tica debe entenderse como un continuo entre. dos extremos, y no como una dicotom&iacute;a exacta. Por esta raz&oacute;n, es dificil encontrar personas que hayan triunfado o fracasado totalmente en alguna etapa del desarrollo, siendo lo habitual haber alcanzado un cierto grado de maestr&iacute;a en casi todas ellas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La razonable superaci&oacute;n de cada tarea cr&iacute;tica a la edad apropiada, con la adquisici&oacute;n de la habilidad ps&iacute;quica correspondiente, sit&uacute;a al individuo en condiciones &oacute;ptimas de afrontamiento para la siguiente fase de su desarrollo psicosocial. Inversamente, cada fallo relativo en una tarea dificulta el &eacute;xito en las etapas subsequentes, y va marcando al sujeto con sentimientos negativos espec&iacute;ficamente asociados con cada una de esas crisis.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el siguiente <a href="#t1">cuadro</a> sin&oacute;ptico presentamos las etapas correspondientes a cada edad, junto con su crisis psicosocial caracter&iacute;stica, la persona relacionada con la tarea cr&iacute;tica, su correspondencia con la etapa de desarrollo psicosexual seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n de Freud, y la cualidad moral que se adquiere con el &eacute;xito en su resoluci&oacute;n.</font></p>     <p align="center"><a name="t1"> <img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/n79/79a04t1.jpg"></a></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Fases de desarrollo psicosocial seg&uacute;n ERIKSON, y su relaci&oacute;n con las de desarrollo psicosexual de Freud y la formaci&oacute;n de las cualidades humanas b&aacute;sicas. Cada crisis se plantea como una oposici&oacute;n din&aacute;mica entre dos puntos extremos, indicando el primero la resoluci&oacute;n &oacute;ptima de la tarea cr&iacute;tica, y el segundo su fracaso total (Rivera, 1979)</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las transiciones, pasajes o cambios vitales importantes son crisis relativamente predecibles, relacionadas con el propio proceso de crecimiento / envejecimiento, y su ajuste en un entorno social altamente regulado. Desde un planteamiento diferente, Gail Sheehy (20) coincide con Erikson en la peri&oacute;dica necesidad de cambiar el marco de referencia que nos ha guiado durante una etapa de nuestra vida, para ajustarnos mejor a nuevas condiciones que, de manera bastante predecible, surgen y se establecen cada cierto tiempo. Algunos ejemplos son la constituci&oacute;n de una familia, el nacimiento de hijos, la adultez y emancipaci&oacute;n de &eacute;stos, la jubilaci&oacute;n, las enfermedades graves o cr&oacute;nicas, los cambios fisiol&oacute;gicos relacionados con el climaterio ... Desde este punto de vista, es sorprendente que los sistemas educativos no preparen mejor a la poblaci&oacute;n para afrontar crisis que son, no s&oacute;lo inevitables, sino, sobre todo, parte del propio proceso vital. Muy por el contrario, algunas corrientes socioculturales favorecen su negaci&oacute;n, minando as&iacute; la capacidad natural de adaptaci&oacute;n y afrontamiento. Algunos ejemplos son el culto a formas de belleza poco naturales, el hedonismo, la huida del compromiso en favor de la conveniencia, la justificaci&oacute;n de la injusticia y la violencia, la perversi&oacute;n de la democracia a trav&eacute;s del clientelismo y el miedo...</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La aceptaci&oacute;n del cambio como parte natural de la existencia facilita enormemente su manejo, y por eso algunos expertos, como Bridges (21), recomiendan abiertamente programas de psicoeducaci&oacute;n preventiva. Dentro de esta tendencia, el programa de Gesti&oacute;n Creativa del Cambio (Creative Change Management -CCM), estructurado en cuatro fases, ense&ntilde;a y desarrolla conceptos, habilidades y actitudes que facilitan el control y direcci&oacute;n del tr&aacute;nsito entre dos estados, con el objetivo, no s&oacute;lo de que el segundo estado sea mejor que el primero, sino, sobre todo, de que la persona que atraviesa el proceso sea al terminarlo mejor de lo que era al comenzarlo (5). El primer paso es la renuncia al estado anterior, proceso equivalente al de duelo, porque no es posible empezar nada nuevo mientras se siga aferrado a lo viejo. El segundo es el reconocimiento de la inseguridad como un estado natural, en el que se puede aprender y en el que es posible, y hasta interesante, vivir. El tercero es el descubrimiento y estructuraci&oacute;n de la nueva realidad. El cuarto es la integraci&oacute;n de las nuevas estructuras en un proceso de continuidad de la vivencia, que permite aprovechar y dotar de sentido las experiencias pasadas. Este m&eacute;todo va m&aacute;s all&aacute; de la mera adaptaci&oacute;n o superaci&oacute;n del estr&eacute;s, potenciando las posibilidades de desarrollo personal inherentes a la situaci&oacute;n cr&iacute;tica.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>V. Detecci&oacute;n y Diagn&oacute;stico de las crisis. </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Las manifestaciones externas o aparentes de las crisis son variadas, m&uacute;ltiples y dificiles de describir en t&eacute;rminos operativos. Con frecuencia, cumplen criterios de trastorno adaptativo o de trastorno posttraum&aacute;tico de estr&eacute;s, pero no todos los cuadros con esos diagn&oacute;sticos son crisis, ni todas las crisis llegan a ser diagnosticadas. Gran parte de lo que denominamos "morbilidad psiqui&aacute;trica menor", fen&oacute;meno muy extendido en la poblaci&oacute;n, corresponde probablemente a situaciones de crisis sin detectar (22). Despu&eacute;s de cierto tiempo, muchas de estas situaciones acaban por cumplir los criterios de alguna condici&oacute;n de corte depresivo, aunque tambi&eacute;n pueden cumplir los de alg&uacute;n trastorno de ansiedad o de adicci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El hecho de que las crisis sean diflciles de diagnosticar como tales en sentido desem&eacute;trico estricto, junto con la importancia de su detecci&oacute;n precoz, nos obliga a replanteamos la conceptualizaci&oacute;n del diagn&oacute;stico en psiquiatr&iacute;a. En otro lugar, he defendido el criterio de que la actividad diagn&oacute;stica ha de estar enfocada al beneficio del enfermo, esto es, la detecci&oacute;n del origen de su sufrimiento debe facilitar su erradicaci&oacute;n o al menos su alivio, as&iacute; como la prevenci&oacute;n de mayores males (23). Las actuales tendencias diagn&oacute;sticas, 'ate&oacute;ricas', operativas y universalizantes, no facilitan grandemente esta tarea. Para evitar confusiones, antes de proseguir, recordaremos algunos conceptos fundamentales (22):</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>El diagn&oacute;stico </i>representa la decisi&oacute;n final del m&eacute;dico con respecto a la relevancia patol&oacute;gica de una determinada agrupaci&oacute;n de signos, s&iacute;ntomas y conductas. Los criterios estandarizados aseguran una relativa constancia del diagn&oacute;stico a trav&eacute;s de todo el mundo, particularmente en lo que se refiere a los trastornos m&aacute;s intensos y mejor definidos. El <i>malestar subjetivo, </i>por otra parte, es el sufrimiento, descontento o sensaci&oacute;n desagradable que un individuo experimenta en un momento determinado, independientemente de c&oacute;mo lo exprese. La <i>queja principal </i>surge en la ocasi&oacute;n de la consulta con un profesional de la salud, y representa una decisi&oacute;n del paciente sobre los motivos apropiados para solicitar asistencia cl&iacute;nica. Finalmente, la <i>conducta de enfermedad </i>es la manera personal en que el individuo interpreta su malestar subjetivo y reacciona frente a &eacute;l. La validez de un sistema diagn&oacute;stico queda gravemente afectada si no tiene sensibilidad a los tres &uacute;ltimos factores, que a su vez est&aacute;n relacionados con la cultura, costumbres y actitudes del sujeto. El malestar subjetivo no siempre es f&aacute;cil de describir en los t&eacute;rminos operativos de la escuela de Saint Louis. La queja principal puede ser reflejo fiel del malestar subjetivo, o bien puede ocultarlo, deformarlo o tamizarlo para ajustarse mejor a normas culturales. La conducta de enfermedad no siempre incluye el recurso a profesionales cualificados, sobre todo si no se percibe a &eacute;stos como proclives a escuchar y entender todo lo que el enfermo necesita comunicar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, para que un diagn&oacute;stico sea de beneficio al enfermo, es decir, cumpla sus aplicaciones &eacute;ticas (23), es necesario que ofrezca indicaciones sobre los procesos subyacentes en el sufrimiento o disfunci&oacute;n del enfermo, tarea que Jimenez Diaz llamaba el "diagn&oacute;stico patogen&eacute;tico". En psiquiatr&iacute;a, esta forma de diagn&oacute;stico requiere la consideraci&oacute;n continua de los factores psicosociales y psicodin&aacute;micos durante toda la entrevista.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>VI. La intervenci&oacute;n en la crisis. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Caplan y su escuela son los principales constructores de la teoria y la pr&aacute;ctica de intervenci&oacute;n en la crisis (3), pero el origen del concepto debe reconoc&eacute;rsela a Lindeman (24), que demostr&oacute; la importancia del tratamiento intensivo breve en reacciones de duelo subsecuentes a crisis inesperadas generalizadas. La intervenci&oacute;n en la crisis es un procedimiento especifico cuyo objetivo principal es modificar la relaci&oacute;n de fuerzas en lucha que forman la crisis, incrementando la probabilidad de inclinar la balanza hacia el lado positivo. Una peque&ntilde;a correcci&oacute;n de trayectoria en el momento oportuno tiene grandes efectos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las cualidades del psicoterapeuta son cruciales para este tipo de trabajo, por la extrema susceptibilidad del paciente a la calidad de la relaci&oacute;n y su f&aacute;cil influenciabilidad externa. No hay t&eacute;cnica que funcione con un terapeuta patoso o mal&eacute;volo, e, inversamente, un buen terapeuta acierta de manera intuitiva con la acci&oacute;n apropiada, a&uacute;n en las situaciones m&aacute;s complicadas. Por otra parte, gran parte del aprendizaje en el afrontamiento y resoluci&oacute;n de crisis tiene lugar de manera incidental, esto es, por absorci&oacute;n progresiva de las actitudes del terapeuta con ocasi&oacute;n de algunas de sus intervenciones concretas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>1. La formaci&oacute;n personal del terapeuta. </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La formaci&oacute;n en psiquiatr&iacute;a es inherentemente estresante, hasta el punto de que muchos residentes en esta especialidad muestran signos de estr&eacute;s postraum&aacute;tico (25). Las causas de este sufrimiento ps&iacute;quico no dependen s&oacute;lo de las dificultades y exigencias del contacto interpersonal con el enfermo, sino tambi&eacute;n de factores internos que favorecieron, en primer lugar, la elecci&oacute;n de la especialidad. Es frecuente que, a lo largo del periodo de residencia, tenga lugar una crisis, relacionada con la formaci&oacute;n de la identidad profesional, y, m&aacute;s profundamente con nuevos intentos de resoluci&oacute;n de problemas adolescentes reactivados (26). En la salida &oacute;ptima de esta crisis se forman los rasgos de madurez que constituyen las cualidades esenciales del psicoterapeuta: Empatia objetiva, Aceptaci&oacute;n din&aacute;mica del paciente, Tolerancia de la angustia, Libertad de la consciencia, Ausencia de gratificaci&oacute;n a expensas del paciente y Motivaci&oacute;n creativa (27). Al menos en cierto grado, las cualidades psicoterap&eacute;uticas deben estar constitucionalmente presentes, su desarrollo &oacute;ptimo se facilita con el tratamiento personal, y el dominio de su aplicaci&oacute;n clinica es entrenable con la metodolog&iacute;a docente adecuada.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>2. Establecimiento de la relaci&oacute;n terape&uacute;tica.</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s que en otros contextos, la relaci&oacute;n en si misma es importante. La actitud emp&aacute;tica, genuina y sincera del terapeuta es esencial, evitando muestras de compasi&oacute;n o conmiseraci&oacute;n, y haciendo patente su inter&eacute;s por el paciente y su crisis, especialmente en sus elementos subjetivos. La aceptaci&oacute;n del paciente en toda su dimensi&oacute;n, tanto en su sufrimiento como en sus capacidades de autorregulaci&oacute;n, tanto en sus tendencias m&aacute;s creativas como en sus afectos m&aacute;s negativos y destructivos, favorece la comunicaci&oacute;n y el desbloqueo. M&aacute;s que con instrucciones directas, la correcta actitud del terapeuta trasmite de manera incidental una sensaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n y trabajo, desculpabilizando y favoreciendo la recuperaci&oacute;n progresiva de sentimientos de competencia y eficacia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Escuchar es esencial, dejando al paciente la guia principal, pero introduciendo cuando necesario peque&ntilde;as correcciones de trayectoria que faciliten la clarificaci&oacute;n, la catarsis, el descubrimiento de los recursos personales y la exploraci&oacute;n de nuevas posibilidades de soluci&oacute;n. No se trata de contradecir, dar instrucciones o convencer, sino de abrir canales mentales hacia alternativas liberadoras del circulo vicioso en que tiende a encerrarse. No importa mucho acertar a la primera ni guiar hacia un terreno prefijado; el proceso de correcci&oacute;n de trayectoria es, en si mismo, m&aacute;s importante que sus contenidos concretos. La experiencia de que las decisiones o consideraciones que uno va tomando no son forzosamente necesarias, y que siempre existen alternativas, va creando insensiblemente un fondo de esperanza, a la vez de desarrolla una habilidad imprescindible para la resoluci&oacute;n de problemas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3. Atenci&oacute;n a preservar relaciones importantes. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Anexo al establecimiento de una buena relaci&oacute;n terap&eacute;utica est&aacute; el mantenimiento y mejora de las relaciones interpersonales clave. No sirve de mucho nuestro esfuerzo si el paciente debe enfrentarse despu&eacute;s con actitudes disfuncionales como las descritas en el apartado de condicionantes socioculturales, o si la propia situaci&oacute;n de crisis ha ido generando reacciones de rechazo, agresividad o distanciamiento en sus personas de apoyo. Idealmente, debe entrevistarse al c&oacute;nyuge o personas importantes para evaluar su actitud e instruirles sobre la mejor actitud para con el paciente. No es infrecuente que esa persona clave est&eacute; tambi&eacute;n sufriendo los efectos de la crisis, y que pueda necesitar tratamiento, en ocasiones con m&aacute;s urgencia y rendimiento que el paciente designado. En caso de colaboraci&oacute;n negativa, puede ser necesario clarificar con el paciente los sentimientos que sus relaciones principales generan en &eacute;l, ayudarle a entender y protegerse de las reacciones disfuncionales, y, extremo &uacute;ltimo muy importante, prevenirle contra actitudes destructivas de relaciones importantes que &eacute;l mismo pueda desarrollar bajo los efectos de la tensi&oacute;n generada por la crisis.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>4. T&eacute;cnicas de gesti&oacute;n o resoluci&oacute;n emocional </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Dar salida a respuestas emocionales contenidas es prioritario en el tratamiento de la crisis. La percepci&oacute;n y expresi&oacute;n de emociones relacionadas con la p&eacute;rdida y el duelo son especialmente importantes. Algunos concomitantes fisiol&oacute;gicos, como el llanto, han sido con frecuencia bloqueados por la educaci&oacute;n, y el paciente puede necesitar aclaraciones acerca de su importancia y utilidad. La ventilaci&oacute;n emocional puede tener lugar de manera incidental desde la primera entrevista, o de manera deliberadamente estructurada a trav&eacute;s de t&eacute;cnicas como el an&aacute;lisis aut&oacute;geno o similares (28, 29, 30). La actitud del terapeuta debe ser simult&aacute;neamente pennisiva y contenedora, desdramatizando la experiencia disf&oacute;rica, y educando sobre el significado y la metodologfa de la descarga emocional. Las emociones son tratadas como indicadores de estados' internos y como la expresi&oacute;n de decisiones y juicios extraconscientes; se aceptan, por lo tanto, como fuentes de infonnaci&oacute;n, al mismo tiempo que se desactivan como sufrimientos indeseables.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>5. Recontextualizaci&oacute;n. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una crisis significa una ruptura con los puntos de vista habituales, y en ella se barajan elementos que no pueden ser integrados en el mundo interno sin crear notable destrucci&oacute;n del mismo. Recontextualizar es poner las cosas en perspectiva, redefinir las situaciones y decidir actuaciones en t&eacute;nninos m&aacute;s acordes con una visi&oacute;n positiva de la realidad. No se trata de enga&ntilde;arse, edulcorar las cosas o minimizar las tragedias, sino de operar desde un punto de vista que pennita sacar partido de la experiencia. Asi, al dar prioridad a la informaci&oacute;n disponible para resolver la crisis, se evita concentrarse en la experiencia disf&oacute;rica como principal contenido de la conciencia. Priorizar tiene efectos parad&oacute;jicos, por cuanto que concentrarse en el problema y aplicarle t&eacute;cnicas de resoluci&oacute;n y recontextualizaci&oacute;n es m&aacute;s ansiolitico que intentar pensar en otra cosa</font>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>6. Recuperaci&oacute;n y entrenamiento de capacidades pro-homeost&aacute;ticas. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nuestro organismo est&aacute; dotado de mecanismos autom&aacute;ticos de autorregulaci&oacute;n, encargados de mantener el equilibrio interno frente a los cambios y agresiones del entorno. Con frecuencia, la operaci&oacute;n de estos procesos pro-homeost&aacute;ticos se confunde con la causa del sufrimiento que se quiere evitar, y, en lugar de facilitar sus funciones, se intenta inhibirlas. Asi, por ejemplo, cuando en medio de una crisis el sujeto afecto se despierta completamente despejado a las cuatro de la ma&ntilde;ana, es posible que no se trate de un insomnio a combatir con hipn&oacute;ticos, sino de una sabia artima&ntilde;a cerebral para trabajar intensamente durante unas horas en un escrito vital, en la organizaci&oacute;n y revisi&oacute;n de documentos, etc, o, simplemente,. para meditar sosegadamente sobre la situaci&oacute;n y sus posibles soluciones. Inversamente, cuando en periodos de intenso cambio el sujeto se nota necesitado de m&aacute;s horas de sue&ntilde;o de lo habitual, puede que eso sea lo acertado, ya que dormir facilita la reelaboraci&oacute;n de informaci&oacute;n contradictoria y la consolidaci&oacute;n de nuevas memorias. Es frecuente observar que las t&eacute;cnicas de meditaci&oacute;n inducen estados naturales que no solamente potencian la capacidad de resistir el estr&eacute;s, sino que adem&aacute;s facilitan la reconexi&oacute;n y reelaboraci&oacute;n de procesos mentales, con la consiguiente reestructuraci&oacute;n del mundo interno (31).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>7. Medicaci&oacute;n psicotropa. </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La intervenci&oacute;n en la crisis es fundamentalmente un procedimiento psicoterap&eacute;utico. Pero ello no obsta para que, en algunos casos, pueda ser conveniente asociar tratamiento psicofarmacol&oacute;gico, ilustrado por el diagnostico patogen&eacute;tico, e integrado con la estrategia terap&eacute;utica general. Los antidepresivos de nueva generaci&oacute;n son &uacute;tiles por su efecto incrementador de la resistencia al estr&eacute;s, sobre todo cuando la sintomatologfa depresiva est&aacute; ya presente. Cuando en el curso del afrontamiento de la crisis aparecen cuadros depresivos serios, es dificil obtener una buena respuesta a la psicoterapia antes de que se logre una cierta recuperaci&oacute;n farmacol&oacute;gica de la funci&oacute;n limbo-hipotal&aacute;mica. Los ansioliticos son menos &uacute;tiles, y, en todo caso, de rendimiento inferior a un buen entrenamiento en relajaci&oacute;n o meditaci&oacute;n. Sin embargo, deben ser tenidos en cuenta en las disomnias de estr&eacute;s, utiliz&aacute;ndolos como ayuda provisional, no como soluci&oacute;n definitiva. Naturalmente, cuando el paciente presenta s&iacute;ntomas que desbordan la respuesta de estr&eacute;s relacionada con la crisis, como en las psicosis reactivas, el tratamiento farmacol&oacute;gico debe ser en&eacute;rgico y apropiado. Es preciso, adem&aacute;s, tener en cuenta que procesos psic&oacute;ticos silentes y predisposiciones depresivas p&uacute;eden ser reactivados en situaciones de crisis, estando indicado en este caso el tratamiento preventivo con estabilizadores del humor, como litio, carbamazepina o clonazepam.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Roberts, EA y Pastor, B: <i>Diccionario  etimológico indoeuropeo de la lengua espa&ntilde;ola. </i>Alianza, Madrid, 1996</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628809&pid=S0211-5735200100030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Corominas, J: <i>Breve diccionario etimol&oacute;gico de la lengua castellana. </i>Gredos, Madrid, 1961</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628810&pid=S0211-5735200100030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Caplan, G: <i>An approach to community mental health, </i>Grune &amp; Stratton, New York, 1961</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628811&pid=S0211-5735200100030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Caplan, G: <i>Principies of spreventive psychiatry. </i>Basic Books, New York, 1964</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628812&pid=S0211-5735200100030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Optimizaci&oacute;n de Recursos Personales. http://www.psicoter.es/ORP</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628813&pid=S0211-5735200100030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Gonzalez de Rivera, J.L: "Factores de estr&eacute;s y enfermedad. <i>Actas Luso-Esp. Psiquiatr. Neurol. </i>19: 290-297 (1991) .    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628814&pid=S0211-5735200100030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Gonz&aacute;lez de Rivera, J.L: "Estr&eacute;s, homeostasis y enfermedad". En: JLG de Rivera, A. Vela y J. Arana: <i>Manual de Psiquiatria, </i>Karpos, Madrid, 1980</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628816&pid=S0211-5735200100030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Gonzalez de Rivera, J.L : "El sindrome post-traum&aacute;tico de estr&eacute;s (SEPT)". <i>Psiquis, </i>11 :290-298 (1990)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628817&pid=S0211-5735200100030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Holmes, TH Y Rahe, RK: "The social readjustment rating scale". J. <i>Psychosom. Res., </i>1967, 11:213-218</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628818&pid=S0211-5735200100030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Caplan, G: <i>Support systems and community mental health. </i>Behavioural Publications, New York, 1974 .    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628819&pid=S0211-5735200100030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Gonzalez de Rivera J.L, De las Cuevas C, Monterrey AL, Rodriguez Pulido F, Gracia R: "Stress Reactivity in the General Population". <i>Eur. J. Psychiatr., </i>1993, 7:5-11</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628821&pid=S0211-5735200100030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. France, K: <i>Crisis intervention. A handbook  for immediate person-to-person help. </i>Charles C. Thomas, Springfield, 1982</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628822&pid=S0211-5735200100030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Runeson, B: "Mental disorder in youth suicide. DSM-III axes I and II". <i>Acta Psychiatr. Scand, </i>1989, 79:490-496</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628823&pid=S0211-5735200100030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Gonzalez de Rivera, J.L: "Nosologia psiquiatrica del estr&eacute;s". <i>Psiquis, </i>2001, 22: 1-7</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628824&pid=S0211-5735200100030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. MacKinnon, RA y Michels, RM: <i>The psychiatric interview in clinical practice. </i>WB Saunders, Philadelphia, 1971</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628825&pid=S0211-5735200100030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Gonzalez de Rivera, J.L: "El acoso psicol&oacute;gico institucional". <i>Diario M&eacute;dico, </i>18 de Julio 2000: 14</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628826&pid=S0211-5735200100030000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Erikson, EH: "Identity and the life cycle". <i>Psychological Issues, </i>1959, 1 (1):1-171</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628827&pid=S0211-5735200100030000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Erikson, EH: <i>Insight and responsability. </i>WW Norton, New York, 1964</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628828&pid=S0211-5735200100030000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Gonzalez de Rivera, J.L: "El estr&eacute;s infantil". En: J. Arana (Ed.) <i>Ni&ntilde;os Diflciles. </i>Karpos, Madrid, 1979</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628829&pid=S0211-5735200100030000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Sheehy, G: <i>Passages. Predictable crisis of adult life. </i>Bantam Books, New York, 1977</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628830&pid=S0211-5735200100030000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. Bridges, W: <i>Transitions: Making sense of life changes. </i>Addison-Wesley, Reading, 1980</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628831&pid=S0211-5735200100030000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Gonzalez de Rivera, J.L, Rodriguez-Pulido, F y A Sierra: <i>El M&eacute;todo Epidemiol&oacute;gico en Salud Mental. </i>Masson-Salvat, Barcelona, 1993</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628832&pid=S0211-5735200100030000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Gonzalez de Rivera, J.L: "La &eacute;tica del diagn&oacute;stico: aspectos clinicos". <i>Psiquis, 17:263-278 </i>(1996)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628833&pid=S0211-5735200100030000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Lindemann, E: "Symptomatology and management of acute grief". <i>Amer. J. Psychiatr., </i>1944, 101 :141-148</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628834&pid=S0211-5735200100030000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Klamen, DL, Grossman, L, Kopacz, D, y Doblin, B: "Psychiatric residents show signs of post-traumatic stress". <i>Psychiatric News, </i>1993,28 (15): 7,20</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628835&pid=S0211-5735200100030000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26. Gonzalez de Rivera, J.L. "Identity and Psychiatric Training". J. <i>Psychiatr Neurosci, 5: </i>24-27 (1980)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628836&pid=S0211-5735200100030000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">27. Gonzalez de Rivera, J.L. "Psicoterapias y Psicoterapeutas". <i>Psiquis, </i>3: 112-115 (1982)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628837&pid=S0211-5735200100030000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">28. Gonzalez de Rivera, J.L: <i>Psicoterapia Aut&oacute;gena. </i>UNED, Madrid, 1999</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628838&pid=S0211-5735200100030000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">29. Gonzalez de Rivera, J.L "Autogenic Psychotherapy and Psychoanalysis". En: J. Guimon (Ed.) <i>The body in Psychotherapy. </i>Karger, Basilea, 1997. p&aacute;gs. 176-181.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628839&pid=S0211-5735200100030000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">30. Gonzalez de Rivera. JL: "Autogenic Psychotherapy: The tool Freud was looking for". <i>International Journal of Psychotherapy, </i>2001, 6:71-76</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628841&pid=S0211-5735200100030000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">31. Gonzalez de Rivera, J.L "Creatividad y Estados de Conciencia". <i>Revista de Psicologia General y Aplicada, </i>33: 415-426 (1978)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4628842&pid=S0211-5735200100030000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="back"></a><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/n79/seta.gif" width="15" height="17"></a><b>Dirección para correspondencia:</b>    <br> Jos&eacute; Luis Gonzalez de Rivera y Revuelta    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Catedr&aacute;tico de Psiquiatria Instituto de Psicoterapia e Investigaci&oacute;n Psicosom&aacute;tica    <br> Avenida de Filipinas, 52 -28003 Madrid</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 28.05.2001</font></p>       ]]></body><back>
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