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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><font size="2" face="VERDANA"><b>EDITORIAL</b></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font size="4" face="VERDANA"><b>Quemados por el sol (de la instituci&oacute;n)</b></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Lola L&oacute;pez Mond&eacute;jar, Antonio Diez Patricio</B></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En psiquiatr&iacute;a, como en el resto de las especialidades m&eacute;dicas, es preciso diferenciar el punto de vista cl&iacute;nico, que atiende al caso individual, de la patolog&iacute;a o estudio de las enfermedades, consider&aacute;ndolas como entidades, independientemente del sujeto al que afectan. Dice a este respecto La&iacute;n Entralgo en <I>La historia cl&iacute;nica. Historia y teor&iacute;a del relato patogr&aacute;fico</I>: &quot;No hay cl&iacute;nica sin doctrina patol&oacute;gica (...) Para que la cl&iacute;nica no sea burdo empirismo o crasa curander&iacute;a, el m&eacute;dico necesita'saber' acerca de la enfermedad m&aacute;s de lo que &eacute;l mismo've' en sus enfermos&quot;. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Atendiendo a la etimolog&iacute;a del t&eacute;rmino, la <I>cl&iacute;nica</I> se refiere al sujeto enfermo, a cuya cabecera ha de situarse el m&eacute;dico. Por tanto, el objeto de la cl&iacute;nica es el enfermo y no la enfermedad pues cada sujeto tiene unas peculiaridades que confieren a los s&iacute;ntomas cierta individualidad. En el caso de la psiquiatr&iacute;a, frontera entre las ciencias de la naturaleza y las del esp&iacute;ritu, este problema se proyecta en su m&aacute;s profunda radicalidad. Mientras que la psiquiatr&iacute;a cient&iacute;ficonatural pretende <I>explicar </I>la conducta mediante la observaci&oacute;n y el establecimiento de leyes, la psiquiatr&iacute;a antropol&oacute;gica va m&aacute;s all&aacute; de la observaci&oacute;n y trata de <I>comprender</I> los pensamientos, sentimientos, deseos e intenciones del sujeto, es decir, el conjunto de factores considerados determinantes de la conducta. Windelband introdujo los t&eacute;rminos <I>nomot&eacute;tico </I>e <I>idiogr&aacute;fico</I> para designar estos dos tipos de enfoque: uno mediante el establecimiento de leyes, el otro mediante la descripci&oacute;n del caso individual. La esencia de la psiquiatr&iacute;a antropol&oacute;gica radicar&iacute;a en su atenci&oacute;n al caso individual en su desarrollo biogr&aacute;fico. En cualquier caso, a&uacute;n en el de la enfermedad som&aacute;tica, y en la medida en que &eacute;sta constituye una situaci&oacute;n con la que ha de contar el sujeto, la misi&oacute;n del m&eacute;dico -en salud mental tambi&eacute;n del psic&oacute;logo- consiste en tratar de comprender al enfermo. ¿Qu&eacute; supone para este hombre ambicioso, profesional reputado, haber sido diagnosticado de un carcinoma grave? Volvamos nuevamente a La&iacute;n Entralgo: &quot;...cuando se ha logrado comprender la significaci&oacute;n personal de una enfermedad -su'sentido' dentro de la personal existencia del paciente-, el relato patogr&aacute;fico pasa de ser'historia cl&iacute;nica neutral' a ser la'historia del enfermo&quot;. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En el caso de la psiquiatr&iacute;a, ocupada del diagn&oacute;stico y tratamiento de los trastornos de conducta, el mecanismo de la comprensi&oacute;n ha de ir m&aacute;s all&aacute;, pues no solamente se trata de inteligir lo que supone para el sujeto el padecimiento de un trastorno ps&iacute;quico, sino que, al surgir &eacute;ste desde el mismo sujeto, es necesario tratar de dilucidar los motivos determinantes de los s&iacute;ntomas que sufre. Al hacer esto, la historia cl&iacute;nica convencional se convierte en patograf&iacute;a, en la que el sentido de los s&iacute;ntomas se obtiene a partir del contexto biogr&aacute;fico del paciente. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Ateni&eacute;ndonos a lo hasta ahora dicho, podemos preguntarnos: ¿Qu&eacute; est&aacute; sucediendo hoy con la escucha en la cl&iacute;nica p&uacute;blica?, ¿seguimos intentando tratar a nuestros pacientes en el sentido m&aacute;s radical del t&eacute;rmino, o les abordamos con la filosof&iacute;a del guardia de tr&aacute;fico: estos aqu&iacute;, aquellos all&aacute; (recursos, f&aacute;rmacos), con el objetivo nunca expl&iacute;cito de no crear atascos, evitando investigar los mecanismos psicol&oacute;gicos que est&aacute;n en el origen de su malestar? Pero, sobre todo, ¿seguimos hoy proponiendo el espacio de tratamiento, sea este la sesi&oacute;n, el grupo, la entrevista de quince minutos, como un lugar donde se procura el cambio o, por el contrario, como un mero tr&aacute;mite al que nos obliga una elecci&oacute;n profesional ya anclada en un remoto pasado? </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos pasado de estudiar a nuestros pacientes a estudiarnos a nosotros mismos. Las investigaciones sobre el <I>bourn-out</I> desplazan el foco desde el paciente (demasiado opaco), abandonan la instituci&oacute;n (demasiada impotencia), para fijarse en los profesionales como sufridos receptores de unos y de otra. En descarga de esta actitud egoc&eacute;ntrica se encuentran algunos hechos. En primer lugar el tiempo. El tiempo que requiere la cl&iacute;nica es atemporal y, por lo tanto,  contrario al que la instituci&oacute;n propone. Este punto, rodeados como estamos de colegas que trabajan contra reloj y se ven obligados a dedicar a cada paciente no m&aacute;s de 10 o 15 minutos y a citarlos con intervalos de entre 30 y 60 d&iacute;as, es tan evidente que no nos vamos a detener en &eacute;l. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En segundo lugar la subjetividad. Requisito indispensable para que tenga lugar el proceso de tratamiento, la subjetividad implica la apertura tanto del paciente como del terapeuta a una interrelaci&oacute;n que afecta a ambos, lo que quiere decir que modifica a los dos, al poner en relaci&oacute;n a dos sujetos de manera asim&eacute;trica, con sus l&iacute;mites y sus posibilidades. El terapeuta reconoce la subjetividad del otro, le confiere una singularidad que hoy, a menudo, aparece socialmente perdida, y construye con &eacute;l, y junto a &eacute;l, una narraci&oacute;n sujeta a m&uacute;ltiples modificaciones, que intenta dar cuenta del malestar del paciente procur&aacute;ndole sentidos, a menudo mediante la propuesta de sentido que el terapeuta hace a partir de lo que aquel le suscita a &eacute;l mismo. Sin embargo, frente a este reconocimiento intersubjetivo, singular&iacute;simo, la propuesta que hace la instituci&oacute;n sanitaria consiste  en igualar, homogeneizar, desubjetivizar mediante categor&iacute;as nosol&oacute;gicas a quienes ya sufren  la desubjetivaci&oacute;n en sus propias vidas. La desubjetivaci&oacute;n de los profesionales, arropados en el marco de la instituci&oacute;n tambi&eacute;n podr&iacute;a ser objeto de an&aacute;lisis. Oponerse a esta tendencia a la uniformidad aparece hoy como una tarea heroica que nos &quot;quema&quot; a los de por s&iacute; ya muy combustibles terapeutas. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">¿Seguimos pensando hoy que esta tarea sigue mereciendo nuestro esfuerzo?  Al igual que S&iacute;sifo, parece ser que nuestro quehacer cl&iacute;nico consiste  en remontar una y otra vez las fallas de nuestra constituci&oacute;n social y subjetiva, venciendo el cansancio de la repetici&oacute;n. Por otro lado, ¿de qu&eacute; espacio-tiempo disponen nuestros pacientes para desplegar a duras penas (y aqu&iacute; el lenguaje es extremadamente expresivo) su siempre precario psiquismo? Coincidimos con los soci&oacute;logos, los antrop&oacute;logos y los fil&oacute;sofos (Sennett, Giddens, Ulrich Beck, Bauman, entre otros) en la dificultad de identificaci&oacute;n del hombre de nuestro tiempo. Exigidos por una cultura en constante cambio, el psiquismo se ve afectado por esta exigencia y responde con defensas que lo atrofian o que engordan ficticiamente el narcisismo creando modos distintos de supervivencia ps&iacute;quica. Ante esto, la farmacolog&iacute;a  aporta su grano de arena indispensable, pero no puede ser nuestra &uacute;nica respuesta. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La posici&oacute;n del profesional de la salud mental no puede dejar de ser ardua, contra corriente: su aportaci&oacute;n ha de estar centrada en la instituci&oacute;n de un tiempo/espacio interno que se preste a la escucha de los efectos de las motivaciones inconscientes, a pesar de los inconvenientes de las instituciones sanitarias. La disposici&oacute;n a escuchar la subjetividad se ha de instalar en el terapeuta como un dispositivo que puede ser aplicado cualquiera que sea el tiempo/espacio de la instituci&oacute;n donde se realice el encuentro. Instituir un espacio interno para escuchar la subjetividad m&aacute;s all&aacute; de la homogeneizaci&oacute;n que imponen el diagn&oacute;stico y las categor&iacute;as que nos defienden de la incertidumbre que esta escucha implica, esta es la ingente tarea de los profesionales de la salud mental. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Y arrostrados a ella, debemos aceptar la indefensi&oacute;n que comporta, el desamparo, en palabras de Luis Hornstein, que afecta tanto al paciente como al terapeuta. Desamparo frente a la compulsi&oacute;n a repetir, institucional y del inconsciente, desamparo frente al dolor y la ausencia de recursos, ps&iacute;quicos e institucionales. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Podr&iacute;amos decir que nuestro s&iacute;ndrome de <I>bourn-out</I> nos hace claudicar ante la realidad de nuestra pr&aacute;ctica tanto como al paciente su malestar le aboca a identificarse como tal y a no buscar otras salidas. A medida que los profesionales se resistan a la estereotipia, afrontando creativamente su trabajo, el paciente podr&aacute; encontrar tambi&eacute;n otras respuestas a su queja. Se trata de una propuesta, de un ideal, distante siempre de la realidad, pero ¿no es tambi&eacute;n la creaci&oacute;n de ideales una de las finalidades del tratamiento? ¿No es la complacencia, la pasividad, la reiteraci&oacute;n, una de las caracter&iacute;sticas de la morbilidad ps&iacute;quica? </FONT></P>      ]]></body>
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