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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Poder, masoquismo y transferencia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This text tries to make a psycoanalytic consideration about the power. The link between power, sadomasochist phantasy and its religious magnitude is analized. This scenary is unavoidable to evaluate the risks of the psycoanalytic transference in relation to the transformation of the clinique healing into a proposition of salvation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b><a name="top"></a>DEBATES</b></FONT></P>     <p>&nbsp;</p>     <P><FONT FACE="Verdana" SIZE="4"><B>Poder, masoquismo y transferencia</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="Verdana" SIZE="4"><B>Power, masochism and transference</B></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><B>Francisco Pere&ntilde;a </B></FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Psicoanalista</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P> <hr size="1">     <P><font face="Verdana" size="2"><B>RESUMEN</B></FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Este texto pretende una reflexi&oacute;n psicoanal&iacute;tica sobre el poder. Se analiza su anclaje en el fantasma sadomasoquista y su dimensi&oacute;n religiosa. Este marco es ineludible para pensar los riesgos de la transferencia psicoanal&iacute;tica respecto a la transformaci&oacute;n de una cl&iacute;nica de la curaci&oacute;n en una propuesta de salvaci&oacute;n.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><B>Palabras clave:</B> poder, masoquismo, transferencia, asistencia ajena, curaci&oacute;n,  salvación.</FONT></P> <hr size="1">     <P><font face="Verdana" size="2"><B>ABSTRACT</B></FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">This text tries to make a psycoanalytic consideration about the power. The link between power, sadomasochist phantasy and its religious magnitude is analized. This scenary is unavoidable to evaluate the risks of the psycoanalytic transference in relation to the transformation of the clinique healing into a proposition of salvation.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><B>Key words:</B> Power, Masochism, Transference, Foreign helf, Healing, Salvation.</FONT></P> <hr size="1">     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2">1. Afectado por un estado febril y delirante durante su presidio siberiano, Rask&oacute;slnikov sue&ntilde;a &quot;que el mundo entero estaba condenado a una plaga terrible y desconocida que avanzaba sobre Europa desde lo m&aacute;s profundo de Asia. Todos deben perecer a excepci&oacute;n de un n&uacute;mero muy peque&ntilde;o de elegidos. Se trataba de unas variedades nuevas de triquinas, seres microsc&oacute;picos que se alojaban en el cuerpo humano. Pero aquellos par&aacute;sitos eran esp&iacute;ritus dotados de inteligencia y voluntad. Las personas atacadas por ellos se volv&iacute;an inmediatamente desquiciadas y locas. Sin embargo, nunca se hab&iacute;an considerado las personas m&aacute;s infalibles que entonces en sus sentencias, sus conclusiones cient&iacute;ficas, sus convicciones morales y sus creencias. Poblaciones, ciudades y naciones enteras se contagiaban y enloquec&iacute;an. Todos estaban exacerbados, no se entend&iacute;an entre s&iacute;, cada cual pensaba que s&oacute;lo &eacute;l estaba en posesi&oacute;n de la verdad y sufr&iacute;a de creer a los dem&aacute;s equivocados... no lograban ponerse de acuerdo sobre el bien y el mal; no sab&iacute;an a qui&eacute;n condenar ni a qui&eacute;n absolver; se mataban unos a otros con furia insensata; organizaban grandes ej&eacute;rcitos los unos contra los otros, pero esos mismos ej&eacute;rcitos, ya en campa&ntilde;a, empezaban a autodestruirse, los soldados romp&iacute;an la formaci&oacute;n, se acomet&iacute;an, se acuchillaban, se degollaban, se mord&iacute;an y se devoraban entre ellos. En las ciudades, las campanas tocaban a rebato el d&iacute;a entero, convocando a todos los habitantes, pero nadie sab&iacute;a qui&eacute;n llamaba ni para qu&eacute;... Aqu&iacute; y all&aacute; se constitu&iacute;an grupos cuyos componentes hab&iacute;an acordado algo en com&uacute;n jurando que no se separar&iacute;an, pero al momento emprend&iacute;an algo totalmente opuesto a su propia propuesta inicial, empezaban a acusarse los unos a los otros, a re&ntilde;ir y a acuchillarse...&quot; (<I>Crimen y castigo</I>, ed. C&aacute;tedra, 2001, traducci&oacute;n de Isabel Vicente)</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Dostoievski re&uacute;ne aqu&iacute; el parad&oacute;jico conjunto de elementos que vinculan el poder con el masoquismo: la voluntad, el fanatismo, los elegidos, la interpretaci&oacute;n y la condena, el sin sentido, la furia, as&iacute; como el da&ntilde;o y la destrucci&oacute;n, conductores de la organizaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos, y la desesperaci&oacute;n de una s&uacute;plica de concordia que retorna como ri&ntilde;a, calumnia y cuchilladas. Las triquinas que desencadenan tama&ntilde;a infecci&oacute;n son el desamparo y el da&ntilde;o, que sostienen el escenario del poder. Unas veces ese proceso infeccioso tendr&aacute; el car&aacute;cter de incubaci&oacute;n y otras el de estado febril agudo. Nadie pod&iacute;a pensar hace quince o veinte a&ntilde;os que una guerra tan arbitraria y cruel como la de Irak fuera posible. M&aacute;s all&aacute; de las explicaciones que se quieran encontrar al hecho, lo que quer&iacute;a resaltar es que esa arbitrariedad y esa crueldad est&aacute;n siempre presentes, de una u otra manera, bajo el modo de incubaci&oacute;n o de declarada manifestaci&oacute;n febril, en las diversas formas de organizaci&oacute;n colectiva.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Pero consideremos por un momento entre esas explicaciones la que pone como origen de este cambio de comportamiento pol&iacute;tico en la esfera internacional, la tan tra&iacute;da y llevada ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n. Si esta ca&iacute;da se trae como explicaci&oacute;n de la impunidad instalada en las relaciones internacionales a la hora del ejercicio de la violencia f&iacute;sica, es porque lo que cay&oacute; a partir de ese momento fue un modo de contenci&oacute;n del poder en el que la atribuci&oacute;n de sentido ven&iacute;a asegurada por la organizaci&oacute;n del poder en dos bloques de tal manera que cada bloque recib&iacute;a su enemigo y por tanto su sentido. Esto muestra otra caracter&iacute;stica primordial del poder que es la del sentido, la de dar y tomar sentido. Dar y tomar sentido han de consagrarse en un lazo com&uacute;n, en un sentido colectivo, y no hay otro sentido colectivo que la significaci&oacute;n persecutoria que se orienta por el desamparo y el da&ntilde;o, el da&ntilde;o atribuido a cualquier otro, por lo que el desamparo es muy pronto interpretado como da&ntilde;o proveniente de los otros. La significaci&oacute;n persecutoria toma as&iacute; un lugar central, como el que ocupa la glucosa en el metabolismo cerebral, en la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de sentido. Siguiendo la asignaci&oacute;n cl&aacute;sica he situado dicha significaci&oacute;n en el coraz&oacute;n del fantasma fundamental, entendi&eacute;ndolo como primera y necesaria organizaci&oacute;n en la que el sujeto se dota de realidad en relaci&oacute;n a los otros. Esa realidad es una trama interpretativa en la que el desamparo, el da&ntilde;o y la significaci&oacute;n persecutoria se encadenan y se emparejan, encabalg&aacute;ndose lo uno en lo otro, el desamparo con el da&ntilde;o y su significaci&oacute;n para fabricar la argamasa de la organizaci&oacute;n del yo y del grupo.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">2. ¿Por qu&eacute; el poder? La religi&oacute;n ha asignado al poder un lugar en el que el castigo y la salvaci&oacute;n dependen de un ser omnipotente y misericordioso. No es pensable la religi&oacute;n sin que tenga como su propio objetivo una &quot;tecnolog&iacute;a de la salvaci&oacute;n&quot;, por utilizar esta expresi&oacute;n foucaultiana. En la religi&oacute;n, el poder proviene de que Alguien puede salvarte o condenarte. El cristianismo ha tenido complicado resolver el dilema de la creaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n. Si se acent&uacute;a la redenci&oacute;n, la pregunta subyacente es por qu&eacute; la creaci&oacute;n carecer&iacute;a de la bondad necesaria como para no tener que ser redimida o reparada. Si el acento se pone en la creaci&oacute;n, c&oacute;mo es que la bondad divina, en su infinito poder, no pudo poner remedio a la ca&iacute;da del hombre, es decir, c&oacute;mo no pudo crear un universo un poco menos maligno. Varias han sido las respuestas dadas, que coinciden, sin embargo, en el dogma aceptado por todos del pecado original. Tama&ntilde;a aberraci&oacute;n, pues aberraci&oacute;n es el que por una supuesta falta o error o pecado de uno ya deba pagar de manera tan terrible y para siempre el resto de la humanidad, tama&ntilde;a aberraci&oacute;n entonces s&oacute;lo pod&iacute;a aceptarse si la necesidad de salvaci&oacute;n por elecci&oacute;n era tan imperiosa que, por un lado, cada uno pod&iacute;a pensar que en el fondo era inocente, ya que hubo <I>in illo tempore</I> un pernicioso Ad&aacute;n que fue el verdadero culpable, y, por otro, permit&iacute;a que el hecho de formar parte de los elegidos ya supon&iacute;a que hab&iacute;a otros no elegidos y por tanto condenados y as&iacute; es como se consagr&oacute; en la doctrina cristiana uno de los componentes (de manifiesta crueldad) de la bienaventuranza. No hay, en efecto, elegido que no se satisfaga de la condena de los otros. De ah&iacute; que tanto Or&iacute;genes, que propon&iacute;a una salvaci&oacute;n universal y general, incluido el maligno, como Marci&oacute;n, que concluy&oacute; que el mundo fue creado por el demonio y no por Dios, de manera que no pod&iacute;a ser el mismo quien tanto da&ntilde;o hizo y su reparador (figura com&uacute;nmente conocida como la del bombero pir&oacute;mano), ambos fueron condenados por herejes, en un caso por eliminar la categor&iacute;a esencial del elegido, y en el otro, por traer a escena la idea de un mal absoluto sin compensaci&oacute;n ni subterfugio.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Si la religi&oacute;n es, como algunos han se&ntilde;alado, una <I>necesidad del hombre</I> es porque a&uacute;na a la perfecci&oacute;n la salvaci&oacute;n y la condena, la inocencia y la crueldad, unos son los elegidos y otros los condenados al tormento eterno. De hecho, no se da sujeto alguno para quien la fantas&iacute;a de ruina y de exclusi&oacute;n no figure entre sus temores fundamentales. La religi&oacute;n, por tanto, vive y se alimenta del n&uacute;cleo del fantasma fundamental en el que elecci&oacute;n y condena son solidarias. S&oacute;lo me salvo si otro se condena. Recordar&eacute; a modo de ejemplo la definici&oacute;n que hace Tertuliano del bienaventurado: es aquel que cont&aacute;ndose entre los elegidos contempla, sin embargo, c&oacute;mo los emperadores romanos arden para siempre en el fuego del infierno. De este modo, el cruel Tertuliano contrapone a la bienaventuranza tanto la <I>poena damni </I>(pena de da&ntilde;o consistente en ser apartado de la visi&oacute;n divina, es decir, no formar parte de los elegidos) como la <I>poena sensus</I> (pena de sentido o sufrimiento eterno de los sentidos, sufrimiento que no por eterno el cuerpo consigue habituarse a &eacute;l). Que la <I>poena damni</I> sea infinitamente mayor que la <I>poena sensus</I> se comprende muy bien si vemos que no s&oacute;lo lo peor es ser desalojado de una pertenencia, sino que incluso el da&ntilde;o y el maltrato pueden pasar a ser modos de pertenencia y de su aseguramiento. Una idea que he desarrollado en mi &uacute;ltimo libro, <I>De la violencia a la crueldad</I>, es la de que no existe poder sin crueldad, ya que el baluarte en el que se asienta el poder es el de la tortura sadamosoquista.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">3. El psicoan&aacute;lisis ha eludido la cuesti&oacute;n del poder, aunque su cl&iacute;nica ha puesto en evidencia la estrecha relaci&oacute;n que hay entre amor y maltrato. El psicoan&aacute;lisis ha privilegiado el poder de la palabra y de la transferencia, lo cual tiene siempre el riesgo de que retorne la idea religiosa del poder salv&iacute;fico de la palabra revelada. La palabra bajo transferencia adquiere, de entrada, poder de movilizaci&oacute;n libidinal (seg&uacute;n la clarificadora expresi&oacute;n freudiana en <I>Psicoan&aacute;lisis profano</I>, que mejor ser&iacute;a llamar laico, sea al menos por su prop&oacute;sito de distanciarse de la palabra religiosa) porque proviene, y es cosa que no se ha de olvidar, de la fuerza sugestiva que posee la transferencia en cuanto modo de entrega a la protecci&oacute;n, la verdad y la salvaci&oacute;n que viene de otra persona, la cual no posee otra autoridad que la que le suministra la &quot;decisi&oacute;n de fe&quot;, seg&uacute;n la elocuente expresi&oacute;n de W. James. Una vez revelado el bien agalm&aacute;tico, adquirido por la &quot;decisi&oacute;n de fe&quot;, ser&aacute; irrenunciable o al menos ser&aacute; poco pragm&aacute;tico (lo cual ser&iacute;a un lenguaje m&aacute;s concorde con W. James) abandonar tal &quot;decisi&oacute;n de fe&quot;, pues siempre le va mejor a quien tiene fe que a aqu&eacute;l que no la tiene.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Dar&aacute; igual que el psicoanalista sea analfabeto o borrach&iacute;n o, m&aacute;s en concreto, un desalmado (a diferencia del maestro griego), puesto que en cuestiones de fe lo que importa es el lugar sacramental atribuido. Si el psicoan&aacute;lisis se intoxica con la sugesti&oacute;n transferencial, la palabra entonces pierde su relaci&oacute;n con la verdad y el sujeto queda anulado en la exaltaci&oacute;n libidinal de una figura que vuelve a reunir el poder de la condena con el de la salvaci&oacute;n. Ah&iacute; no hay trabajo del inconsciente y se abandona lo que ser&iacute;a m&aacute;s propio de la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica, que siempre guarda en su horizonte un trabajo de separaci&oacute;n y de desalienaci&oacute;n respecto a los malentendidos constitutivos de las primeras relaciones del sujeto con los dem&aacute;s.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El objetivo de la cura psicoanal&iacute;tica se ha cifrado a veces en dotar al sujeto de la capacidad de amar y trabajar. Es un vago objetivo que tiene, sin embargo, la ventaja de su sencillez. Para acceder al amor se ha de tener disponibilidad para la b&uacute;squeda del otro; igualmente el trabajo es tambi&eacute;n un modo de separaci&oacute;n y salida del encierro incestuoso. Se puede decir que el objetivo de la cura psicoanal&iacute;tica es que el sujeto viviente pueda soportar el dolor, mirarlo a la cara sin esa necesidad de vestirlo de acusaci&oacute;n y, sobre todo, de sentido. En suma, y este ser&iacute;a otro modo de formular el objetivo de la cura psicoanal&iacute;tica, se tratar&iacute;a de separarse de la significaci&oacute;n persecutoria y no dar al desamparo humano el sentido del da&ntilde;o organizado que sostiene el poder. El sujeto viviente podr&iacute;a afrontar su condici&oacute;n de viviente sin la necesidad de alienarse en la significaci&oacute;n colectiva del odio y de la agresividad. Esto permitir&iacute;a, entonces, pensar en una intrincaci&oacute;n pulsional (el modo como el sujeto y el viviente se relacionan) que no est&eacute; necesariamente gobernada por la agresividad y el empuje a la destrucci&oacute;n.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Por lo cual el psicoan&aacute;lisis, lejos de dedicarse a explotar el c&oacute;modo y f&aacute;cil poder de la sugesti&oacute;n, que alimenta el af&aacute;n colectivo, propondr&iacute;a al sujeto un camino de desalienaci&oacute;n, m&aacute;s que de salvaci&oacute;n, y de distancia respecto a cada uno de los supuestos del poder en el &aacute;mbito de la satisfacci&oacute;n colectiva (fantasma sadomasoquista). Para ello el psicoan&aacute;lisis no puede eludir el an&aacute;lisis del poder, pues est&aacute; en condiciones &oacute;ptimas para ver c&oacute;mo se trama el poder con el da&ntilde;o y c&oacute;mo el dolor del que provenimos se retroalimenta de falsedad, de odio y rivalidad y de af&aacute;n destructivo, donde el da&ntilde;o se vendr&iacute;a a convertir en una insistente y perversa tarea de los hombres. El af&aacute;n de da&ntilde;o re&uacute;ne a los hombres en colectividad. El &quot;Estado libre de violencia&quot; , que nos propone Hobbes, como resultado parad&oacute;jico de poseer el monopolio de dicha violencia, no es una garant&iacute;a de la paz, por mucho que se le pueda conceder un fundamental papel de contenci&oacute;n frente a la desnuda destrucci&oacute;n que propagan los grupos tribales.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El psicoan&aacute;lisis debe elegir, a mi parecer, entre convertirse en una propuesta de salvaci&oacute;n incitando al odio y a la segregaci&oacute;n o debe optar por mantener un firme pulso con la ciencia como horizonte com&uacute;n en el que el saber y la cr&iacute;tica son indispensables para tratar sus objetivos y para definir el campo de su pr&aacute;ctica. ¿No ha puesto la psicosis demasiado en evidencia una pr&aacute;ctica tan necesitada de servidumbre transferencial y de complicidad interpretativa?</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">4. Sin embargo, repito, la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica ha despejado el campo en el que el desamparo se vincula con el da&ntilde;o. Fue un temprano hallazgo de Freud al que, con la sencillez del momento, llam&oacute; asistencia ajena, <I>fremde Hilfe.</I> Esta expresi&oacute;n, que abandonar&iacute;a m&aacute;s tarde, no se limita a la idea de un desvalimiento animal del que luego el proceso evolutivo del desarrollo neurofisiol&oacute;gico le librar&iacute;a. No es eso, la particularidad de la idea freudiana es que esa asistencia ajena que el mismo Freud liga a la moral y al lenguaje, es una caracter&iacute;stica propia del humano que desde su nacimiento est&aacute; expuesto al otro y est&aacute; intervenido por &eacute;l. Esa condici&oacute;n es imborrable y ah&iacute;, en la experiencia particular de cada sujeto de esa indefensi&oacute;n, he situado lo traum&aacute;tico. Que el sujeto est&eacute; intervenido por el otro, quiere decir que est&aacute; separado o escindido en su propia condici&oacute;n corporal, que, en suma, est&aacute; despose&iacute;do de su cuerpo. Freud vincula esa situaci&oacute;n a lo que llama &quot;vivencia de satisfacci&oacute;n&quot;, pues de eso se trata, de la satisfacci&oacute;n de las necesidades que como viviente le corresponder&iacute;an. Esta indefensi&oacute;n extrema le lleva a la mayor de las dependencias, pues no es dependencia del medio y de sus recursos, sino dependencia del otro, de su presencia o de su ausencia. En ello le va la vida. Le ser&aacute; dif&iacute;cil ya distinguir entre la satisfacci&oacute;n y quien se la suministra o se la puede suministrar, entre la satisfacci&oacute;n y la demanda.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Esta indigencia no ser&aacute; vista por el sujeto como una indigencia com&uacute;n. Tal indigencia es de por s&iacute; traum&aacute;tica, pero lo que la inscribe como traum&aacute;tica es la dependencia del otro. La experiencia de estar al filo de la vida y sin recursos. Lo digno de resaltar de esta &quot;asistencia ajena&quot; es el hecho de que introduce de ra&iacute;z la originaria alteridad del organismo humano, abocado a la s&uacute;plica para sobrevivir. Esa alteridad tiene como efecto lo que Freud llama <I>Wunschbelebung,</I> aliento o vida del deseo, actividad desiderativa como traduce L&oacute;pez -Ballesteros. Alteridad o desquiciamiento, desposesi&oacute;n que da lugar al grito que expresa. El grito es la primera formulaci&oacute;n infantil de la demanda y es grito porque es un desgarro, el desgarro de una subjetividad que busca un amo por la v&iacute;a alucinatoria. Amo es el que ama, pero igualmente el que puede y no hay otra prueba del poder que la arbitrariedad y el da&ntilde;o.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">As&iacute; se liga da&ntilde;o y desamparo y as&iacute; se fragua el fantasma fundamental. Recordemos de nuevo a Dostoievski: &quot;Al ser humano en general le encanta ser maltratado, ¿no se ha dado usted cuenta?, exclama Svidri&aacute;gilov. Ese v&iacute;nculo entre da&ntilde;o y desamparo, que har&aacute; del primero signo del amor, es componente nuclear de la organizaci&oacute;n fantasm&aacute;tica, hasta el punto de que Freud terminar&aacute; pregunt&aacute;ndose al final de sus d&iacute;as, en <I>Mois&eacute;s y la religi&oacute;n monote&iacute;sta</I>, si ser&iacute;a posible que el v&iacute;nculo entre agresividad y sexualidad pudiera desatarse. Ser&iacute;an tan intercambiables que bastar&iacute;a el signo del maltrato para que el cuerpo se turbe y el sujeto se nuble. San Agust&iacute;n al hablar de la Ca&iacute;da explica con mucha claridad, como es habitual en &eacute;l que no disimula nada, ese desprop&oacute;sito del hombre esclavo de la sexualidad por haber querido rebelarse contra la voluntad de Dios. Con la malsana dureza que le caracteriza, dice que la Ca&iacute;da o el modo como se introduce el mal en el mundo, se debe al intento por parte del hombre de sustraerse a la voluntad de Dios y adquirir as&iacute; una voluntad propia, desconociendo de esa manera que su voluntad depende como tal y de modo absoluto de la voluntad de Dios. Al caer en tama&ntilde;o desprop&oacute;sito se convirti&oacute; el hombre en esclavo del sexo que se excita sin su consentimiento. La arrogancia del sexo es el castigo de la arrogancia del hombre, el sexo en erecci&oacute;n, comenta Foucault, pasa a ser la imagen misma del hombre rebelado contra Dios. No es que antes de la Ca&iacute;da no hubiera relaciones sexuales, sino que dichas relaciones estaban reguladas por el orden natural, y el sexo era como la mano que el hombre dirige y domina a la hora de la sementera, sin necesidad, como sucede despu&eacute;s de la Ca&iacute;da, de que el pensamiento quede anulado.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Esta sucinta descripci&oacute;n de la Ca&iacute;da que hace San Agust&iacute;n en el libro XIV de <I>De civitate Dei</I> pone en escena los dos componentes esenciales del fantasma que van ligados entre s&iacute;: sexualidad y agresividad o sexo y poder, como dir&iacute;a Foucault. La Ca&iacute;da se produce cuando el hombre pretende tener su propia voluntad al margen de la voluntad de Dios y como consecuencia de ello la sexualidad se pervierte. Esta explicaci&oacute;n de la Ca&iacute;da muestra la funci&oacute;n primordial del fantasma: velar lo traum&aacute;tico, poner parches, convertir el grito en discurso, en suma, dar sentido al dolor y para el dolor no cabe otro sentido que la sumisi&oacute;n a cualquiera de las figuras del Poder Absoluto: los dioses, el Progreso, la Historia o, en el escenario m&aacute;s concreto de cada sujeto, la figura que encarne el gobierno de la salvaci&oacute;n, ya sean los padres, el predicador de turno, el partenaire sexual... o el psicoanalista. El emparejamiento, como es de f&aacute;cil comprobar, s&oacute;lo se da si se sostiene en una jerarqu&iacute;a interna a ese emparejamiento, por circular que sea dicha jerarqu&iacute;a, ya que el fantasma sadomasoquista es una escena en la que los actores pueden intercambiarse. De ah&iacute; que la preocupaci&oacute;n en las t&eacute;cnicas sexuales romanas fuera sobre qui&eacute;n gobierna en el acto sexual.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La dependencia afecta a cada uno de los actores (el uno depende del otro) y por esa raz&oacute;n a la vez que el escenario de la salvaci&oacute;n es constante, la movilidad de los actores es secundaria respecto a la pertenencia. Por esa raz&oacute;n el maltratador se declara siempre, sin embargo, v&iacute;ctima. En la escena fantasm&aacute;tica el mundo est&aacute; siempre al rev&eacute;s, como podemos comprobar tanto en la esfera pol&iacute;tica como en las relaciones personales.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La pertenencia se convierte, en consecuencia, en un tipo de v&iacute;nculo primordial, como defensa ante la angustia traum&aacute;tica. Esa pertenencia afecta ya de entrada al cuerpo, como cuerpo de la filiaci&oacute;n y como cuerpo sexuado. La inscripci&oacute;n sexual y la filiaci&oacute;n requieren renovarse o verificarse permanentemente por su constante dependencia del temor al abandono o a la exclusi&oacute;n.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Respecto a la satisfacci&oacute;n o al amor, la angustia neur&oacute;tica de no ser el &uacute;nico se suele interpretar exclusivamente del lado del narcisismo, asunto este el del narcisismo que habr&iacute;a que matizar, pues si leemos con detenimiento <I>Introducci&oacute;n al narcisismo</I> a partir de la experiencia cl&iacute;nica comprobaremos hasta qu&eacute; punto el narcisismo es deudor de la escenograf&iacute;a fantasm&aacute;tica. No basta el cuerpo desnudo y solitario del autoerotismo. Pero hoy no puedo ocuparme del narcisismo. Lo que quiero resaltar es que explicar esa angustia neur&oacute;tica s&oacute;lo por el narcisismo puede ser equ&iacute;voco o, en todo caso, insuficiente, pues por encima de todo esa angustia responde a la indefensi&oacute;n originaria, a la esencial soledad del sujeto y al temor por lo que S&aacute;nchez Ferlosio ha llamado &quot;la derogaci&oacute;n de pertenencia&quot;. Los celos son una manifestaci&oacute;n cotidiana y permanente de ello. Esa angustia feroz ante la separaci&oacute;n o ante la expulsi&oacute;n del grupo, que figura como temor primordial en la relaci&oacute;n de pertenencia, predispone al sujeto tanto al odio como a la sumisi&oacute;n m&aacute;s despiadada.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Este es el n&uacute;cleo del poder, el aseguramiento de la pertenencia, lo que ya los te&oacute;logos entendieron al hablar de la <I>poena damni</I>. En ese estrecho nudo se dan cita el desamparo, el da&ntilde;o, el sentido, el odio y la pertenencia. No hay pertenencia asegurada si la bienaventuranza de figurar entre los elegidos no se viera acompa&ntilde;ada, como ya dec&iacute;a Tertuliano, de la satisfacci&oacute;n de ver la condena de los no elegidos. No hay elegido si no hay no elegidos. De hecho, la bienaventuranza o la beatitud apenas tienen otro contenido que la mera y fundamental pertenencia. Todas las divagaciones sobre la visi&oacute;n de Dios se refieren siempre a c&oacute;mo esa pertenencia requiere la <I>presencia corporal</I>, sin separaci&oacute;n posible y sin escisi&oacute;n &iacute;ntima. No hay poder que no sea sobre los cuerpos, he explicado en un libro anterior (cfr. <I>El hombre sin argumento</I>). La transferencia, por ejemplo, se anuda fantasm&aacute;ticamente a la presencia corporal del analista.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Por eso el temor fantasm&aacute;tico (que expresan bien las obscenas expresiones populares, tales como &quot;te han jodido&quot;), es a ser usado y tirado, a que te dejen en la cuneta, al abandono, en efecto, pero sin que el cuerpo tenga otra asignaci&oacute;n que el uso o el desprecio. El cuerpo se hace as&iacute; proclive al susto de no agradar, de la fealdad, de enfermar, de envejecer, etc.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">5. No se puede entender el estrecho y esencial v&iacute;nculo entre poder y masoquismo sin atender a esa angustia de muerte del cuerpo en la soledad del grito traum&aacute;tico. De ah&iacute; que toda significaci&oacute;n respecto al otro termine siendo una significaci&oacute;n persecutoria, un permanente interpretar al otro para asegurarse de &eacute;l, para no quedar en el vac&iacute;o, hasta el punto de que no hay grupo humano que no se sostenga en dicha significaci&oacute;n, ya que sin ella el grupo morir&iacute;a de inanici&oacute;n libidinal, morir&iacute;a de aburrimiento. De San Agust&iacute;n es la conocida frase <I>haeretici prosunt Ecclesiae, </I>los herejes son provechosos para la Iglesia, pues sin herejes la Iglesia estar&iacute;a dormida e inerte y son ellos los que despiertan del sue&ntilde;o beat&iacute;fico de la muerte institucional. <I>Quapropter multi, ut diem Dei videant et gaudeant, per haereticos de somno excitantur, </I>que podemos traducir de esta manera: &quot;Por tanto muchos se despiertan del sopor por obra de los herejes para as&iacute; ver y gozar de Dios&quot;. Ya hemos visto lo que significa ver y gozar de Dios: formar parte de los elegidos, para lo cual siempre son necesarios los herejes y los no elegidos. Sin la significaci&oacute;n persecutoria no hay por tanto grupo ni poder. Cada grupo humano se parece a otro como un clon. Sin embargo, entre sus rasgos cl&oacute;nicos m&aacute;s caracter&iacute;sticos est&aacute; el que cada uno se considere particular y &uacute;nico, por encima del resto. Al poder le es &uacute;til esa significaci&oacute;n que alimenta por un lado el temor a la exclusi&oacute;n y, por otro lado, la satisfacci&oacute;n de pertenecer. Sin la significaci&oacute;n persecutoria el sujeto est&aacute; solo ante el dolor y el sin sentido.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Quiero citar al respecto estas frases de S&aacute;nchez Ferlosio extra&iacute;das de un libro especialmente riguroso y l&uacute;cido. El libro se titula <I>Mientras no cambien los dioses, nada habr&aacute; cambiado, </I>y la cita dice as&iacute;: &quot;Todas las trampas, todas las rebeliones, todos los cinismos, todas las hipocres&iacute;as, todas las neurosis, todos los disimulos, todas las supersticiones, todos los dogmatismos, todos los rencores, se originan en esta universal mala conciencia y el denodado empe&ntilde;o por rehuir el trance de mirar cara a cara el espantoso rostro del dolor&quot; (p.90). El cinismo no es incompatible con esa mala conciencia tan necesitada de justificar el da&ntilde;o por el sentido.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Aquel que decide la crueldad (y no puede dejar de hacerlo si ejerce el poder) necesitar&aacute; decir que defiende a su pueblo, a su raza, a su grupo, contra la crueldad del contrario, y en ese pugilato se puede llegar a esa terrible carrera actual a ver qui&eacute;n es m&aacute;s malo, m&aacute;s poderoso y m&aacute;s asesino. El poder es el mal, dec&iacute;a Maquiavelo, con un supuesto cinismo atribuido, pero en realidad lo que Maquiavelo subraya es que el poder no es la <I>potentia </I>aristot&eacute;lica, como el &quot;Doctor Ang&eacute;lico&quot; propone, sino que su propuesta de salvaci&oacute;n lo es fundamentalmente de condena, y si hay que condenar a alguien para investir libidinalmente una pertenencia, entonces el poder tiene que ver decididamente con el mal. La cuesti&oacute;n &eacute;tica de cada sujeto es c&oacute;mo relacionarse con este <I>centauro</I>, como lo llama Maquiavelo, en cada gesto de acercamiento al otro, ya sea por la v&iacute;a del amor, del saber, de la pertenencia o de la cl&iacute;nica. De hecho, cuando el pensamiento pol&iacute;tico propone la repartici&oacute;n de poderes, su pluralidad, es porque entiende que no hay otra forma de contenci&oacute;n que esa separaci&oacute;n y esa diversidad.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">6. Considero que cabe hablar de tres momentos en la constituci&oacute;n de la subjetividad, m&aacute;s precisamente de la subjetividad neur&oacute;tica, pues he descartado en esta reflexi&oacute;n hablar de la psicosis, ya que el psic&oacute;tico que adquiere en su versi&oacute;n delirante y en su dram&aacute;tica soledad una extraordinaria y sorprendente lucidez sobre el poder como trama y que conoce tan bien el alcance devastador de la significaci&oacute;n persecutoria (Colina ha hablado de esto en su Introducci&oacute;n a <I>Cl&aacute;sicos de la paranoia</I>. Madrid, 1997), el psic&oacute;tico, sin embargo, queda fuera del poder y del amaestramiento colectivo que asegura la pertenencia. Asunto este a tratar aparte. Volviendo entonces a la subjetividad neur&oacute;tica, se podr&iacute;an distinguir tres momentos en su constituci&oacute;n:</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El primero ha de ser el acontecer traum&aacute;tico o c&oacute;mo se produce el hecho de una indefensi&oacute;n que aparta al sujeto de su satisfacci&oacute;n y de su realidad natural y en ese apartamiento se constituye como sujeto. Es traum&aacute;tico porque se trata de una indefensi&oacute;n radical, de un desamparo desconsolado y de un cuerpo expropiado que le har&aacute; buscar en el otro no s&oacute;lo su consuelo sino su propio cuerpo sexuado. La diferencia sexual es el modo concreto de la inscripci&oacute;n corporal de la escisi&oacute;n entre pulsi&oacute;n de vida y pulsi&oacute;n de muerte, entre la condici&oacute;n viviente y la muerte que aparece en el campo de la subjetividad no como un hecho biol&oacute;gico sino como una amenaza que va a la par de su indefensi&oacute;n y de su dependencia.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otro momento ser&aacute; la formaci&oacute;n del fantasma fundamental, base de la organizaci&oacute;n ps&iacute;quica del yo. Este es el momento crucial para entender el estrecho v&iacute;nculo entre poder y masoquismo, porque este segundo momento lo que se propone es escapar del dolor y de la indefensi&oacute;n por medio de la atribuci&oacute;n de sentido y del asegurarse de una pertenencia cuyo suelo libidinal es la agresividad, la sumisi&oacute;n y la apropiaci&oacute;n. La propiedad privada tiene el objetivo de acumulaci&oacute;n de seguridad y pertenencia, pero a condici&oacute;n de que sea un bien colectivo (nadie acumular&iacute;a riquezas en una isla desierta, sino a lo m&aacute;s recursos para su supervivencia), pero no un bien com&uacute;n. Esa distinci&oacute;n es el malentendido que llena de temor la vida colectiva, desde el sexo a la Bolsa.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Al tercer momento lo llamo, siguiendo la tradici&oacute;n freudiana, elaboraci&oacute;n ed&iacute;pica. La elaboraci&oacute;n (en el sentido de la <I>Durcharbeitung</I> freudiana) es trabajo del inconsciente a ra&iacute;z de las huellas de sus encuentros fundacionales con los otros, es el trabajo de la condici&oacute;n deseante del sujeto, el trabajo de &quot;subjetivizaci&oacute;n&quot; en suma, si se me permite la palabra, pues es trabajo en el que el sujeto conquista espacio a la opacidad fantasm&aacute;tica, movilizando la libido y tomando al otro desde su existencia separada y no desde la atribuci&oacute;n vengativa. Los avatares del amor y del sufrimiento no tendr&iacute;an que acodarse bajo el nudo del poder y del masoquismo. El desplazamiento del juicio de atribuci&oacute;n (basado en la significaci&oacute;n fantasm&aacute;tica) al juicio de existencia (presidido por la castraci&oacute;n), puede permitir que la soledad no sea s&oacute;lo el Gran Temor, sino punto de partida para la b&uacute;squeda de un encuentro provisional que ninguna pertenencia asegura.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">7. Ese deber&iacute;a ser el horizonte terap&eacute;utico de la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica de la neurosis, pero suele impedirlo el conocido obst&aacute;culo de la transferencia. La transferencia constituye un espacio privilegiado donde el poder y el masoquismo pueden encontrar el m&aacute;s siniestro y rec&oacute;ndito de sus refugios. No en vano Freud en <I>Psicoan&aacute;li</I>sis profano (que mejor ser&iacute;a traducir, como ya he se&ntilde;alado m&aacute;s arriba, por psicoan&aacute;lisis laico) pon&iacute;a en ese terreno de la transferencia la condici&oacute;n &eacute;tica de la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica. Aqu&iacute; sucede como con la monarqu&iacute;a: si se le da poder a alguien lo ejerce. Con lo cual la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica tiene el peligro de impedir la elaboraci&oacute;n ed&iacute;pica y verse reducida a la instalaci&oacute;n transferencial del fantasma de dominio. La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica tiene pendiente resolver y trabajar este asunto de la transferencia. Si se instala y consolida el n&uacute;cleo fantasm&aacute;tico sado-masoquista, se impide la salida del an&aacute;lisis, si no es como dram&aacute;tico abandono o como dram&aacute;tica ruptura. Por otro lado, el psicoanalista mismo se ve sometido a una dependencia transferencial de por vida con su propio analista que se propaga y se acomoda en el &aacute;mbito asfixiante del grupo. Surge as&iacute; un tipo de instituci&oacute;n basado en lo que W. James hab&iacute;a llamado &quot;decisi&oacute;n de fe&quot;, que es una nueva formulaci&oacute;n de lo que ya San Agust&iacute;n hab&iacute;a adelantado, a saber, que en cuestiones de t&eacute;cnicas de salvaci&oacute;n lo primero es la fe, el asentimiento, y luego, si cabe, la reflexi&oacute;n. <I>Quod intelligimus, debemus rationi; quod credimus, auctoritati</I> (aquello que entendemos lo debemos a la raz&oacute;n, lo que creemos lo debemos a la autoridad), dice San Agust&iacute;n en un texto no en vano titulado <I>De utilitate credendi</I>, acerca de la utilidad de creer, o de c&oacute;mo es m&aacute;s satisfactorio, conveniente y ventajoso creer que no creer, ignorando que ese supuesto pragmatismo se construye sobre la charca de la segregaci&oacute;n y de una soledad convertida en af&aacute;n de enga&ntilde;o.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Pero en efecto no hay fe sin obediencia... a alguien, <I>fides qua creditur</I>, la llama San Agust&iacute;n, y cuya f&oacute;rmula habitual es &quot;yo creo en ti&quot;. La obediencia exige la experiencia corporal y libidinal de la exultaci&oacute;n de la sumisi&oacute;n. La disidencia no ser&aacute; ya un acto de raz&oacute;n sino una desobediencia y, por tanto, de orden pecaminoso, y puesto que estamos en el resbaladizo terreno de la salvaci&oacute;n, cualquier desliz te conduce a la expulsi&oacute;n y a la ca&iacute;da entre los condenados. Se crea as&iacute; un terreno acotado inmune a la cr&iacute;tica, donde el maltrato se convierte en secreto entusiasmo de una pertenencia exultante y criminal. La inmunidad a la cr&iacute;tica se orienta inevitablemente hacia la impunidad moral. Los trapos sucios se lavan en casa, se suele decir para defender una pertenencia m&aacute;s all&aacute; de toda cr&iacute;tica y que se consolida con su aislamiento. La insistente separaci&oacute;n entre la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica y la rutina te&oacute;rica, no por el objeto del que se trata sino por el modo inconfesable e indecible de c&oacute;mo se trata, es refugio de la inmunidad. Pretender una &quot;experiencia pura&quot;, inefable e indecible, es preservarse de las exigencias de la raz&oacute;n cr&iacute;tica, como ya pretendiera Schleiermacher con el sentimiento religioso. Esa inmunidad a la cr&iacute;tica exige que dicha experiencia adquiera rango colectivo por medio de paradigmas estil&iacute;sticos que imponen su propia evidencia y de ese modo experiencia y paradigma estil&iacute;stico se confunden. Tal confusi&oacute;n exalta la pertenencia pero socava el saber, como investigaci&oacute;n, por un lado, y como tarea constitutiva del sujeto en su relaci&oacute;n con la verdad, por otro.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica, tratamiento del s&iacute;ntoma como determinaci&oacute;n subjetiva, no s&oacute;lo no puede escapar a toda cr&iacute;tica, sino que es de por s&iacute; cr&iacute;tica, permanentemente cr&iacute;tica con su propia pr&aacute;ctica, que por tratar del sujeto es siempre problem&aacute;tica. Necesita el aire y la luz, la movilidad cr&iacute;tica y libidinal como condiciones de una pr&aacute;ctica que quisiera desatar el nudo entre poder y masoquismo, nudo que tiene el riesgo de instalarse en su propio seno y asfixiarla.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El paciente neur&oacute;tico que acude a nuestras consultas no est&aacute; ya protegido de la angustia por su fantasma, sino que el fantasma es ya s&oacute;lo un pantano de angustia y de temores. Pretender asegurarle proponi&eacute;ndole una consolidaci&oacute;n fantasm&aacute;tica, alimentando la obediencia y el odio como forma de pertenencia, no es precisamente la tarea de la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica, que m&aacute;s bien deber&iacute;a tener como objetivo, por decirlo con las palabras de S&aacute;nchez Ferlosio, no rehuir &quot;mirar cara a cara el espantoso rostro del dolor&quot;, para que el dolor sea propio y no atribuido y al perder la atribuci&oacute;n al otro pueda no convertirse en moneda de cambio, es decir, en mercado de intercambio, es decir, en sadomasoquismo.</FONT></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Para ello la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica ha de abordar de otra manera, sin tapujos ni hipocres&iacute;as, la cuesti&oacute;n que tiene pendiente con la transferencia. La &quot;anticipaci&oacute;n de confianza&quot; que conlleva la transferencia, no deber&iacute;a verse secuestrada por la &quot;decisi&oacute;n de fe&quot;. (Ambas expresiones aparecen en <I>La voluntad de creer</I>, de W. James, interesante reflexi&oacute;n que lleva la apuesta pascaliana a un sutil y radical pragmatismo. La fe se ve reducida a una decisi&oacute;n y esa decisi&oacute;n se protege con el &quot;anticipo de confianza&quot;. De esa forma el anticipo de confianza es simple moneda de cambio de una fe decidida por ventajosa para la vida. En cuanto a la transferencia, pienso que el anticipo de confianza no deber&iacute;a solaparse con la decisi&oacute;n de fe. Pero eso es ya otro asunto).</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="Verdana"><B>Bibliograf&iacute;a</B></FONT></P>     <!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">1. Dostoievski, F. M. <I>Crimen y castigo</I>, Madrid, C&aacute;tedra, 2001, pp.696-697.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643825&pid=S0211-5735200500020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">2. Freud, S. &quot;Die Frage der Laienanalyse&quot;, en <I>Studienausgabe, Erg&auml;nzungsband, </I>Frankfurt, Fischer, 1975.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643826&pid=S0211-5735200500020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">3. Hobbes, Th. <I>Leviat&aacute;n</I>, Madrid, Alianza, 1989.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643827&pid=S0211-5735200500020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">4. Freud, S. &quot;Entwurf einer Psychologie&quot;, en <I>Gesammelte Werke Bd. 19</I>, Nachtragsband, Frankfurt, 1987, pp.410-412</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643828&pid=S0211-5735200500020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">5. San Agust&iacute;n. &quot;La ciudad de Dios&quot;, en <I>Obras de San Agust&iacute;n, XVII</I>, Madrid, B.A.C. 1965, libro XIV.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643829&pid=S0211-5735200500020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">6. Freud, S. &quot;Zur Einf&uuml;hrung des Narzissmus&quot;, en <I>Studienausgabe, III</I>. Frankfurt, Fischer, 1975</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643830&pid=S0211-5735200500020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">7. Pere&ntilde;a, F. <I>El hombre sin argumento</I>, Madrid, S&iacute;ntesis, 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643831&pid=S0211-5735200500020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">8. San Agust&iacute;n.&quot; De la verdadera religi&oacute;n&quot;, en <I>Obras de San Agust&iacute;n, IV</I>, Madrid, B.A.C., 1975, cap&iacute;tulo VIII.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643832&pid=S0211-5735200500020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">9. S&aacute;nchez Ferlosio, R. <I>Mientras no cambien los dioses, nada habr&aacute; cambiado</I>. Madrid, Alianza, 1986, p. 90.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643833&pid=S0211-5735200500020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">10. Colina, F. &quot;Paranoia y amistad&quot;, en <I>Cl&aacute;sicos de la paranoia</I>, Madrid, DOR, 1997.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643834&pid=S0211-5735200500020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">11. San Agust&iacute;n. &quot;De la utilidad de creer&quot;, en <I>Obras de San Agust&iacute;n, IV</I>, Madrid, B.A.C., 1975.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643835&pid=S0211-5735200500020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> <font face="Verdana" size="2">12. James, W. <I>La voluntad de creer y otros ensayos de filosof&iacute;a popular</I>, Madrid,Daniel Jorro, 1924.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4643836&pid=S0211-5735200500020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/n94/seta.gif" width="15" height="17"></a> <a name="bajo"></a><B>Dirección para correspondencia:</B>    <BR>Francisco Pere&ntilde;a Psicoanalista    <br>Hortaleza 108, 4    <br>28004 MADRID</FONT></P>     ]]></body>
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<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
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<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
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