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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><b><font size="2" face="Verdana">HISTORIA DE LA PSIQUIATRÍA</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="4">La locura l&uacute;cida estudiada y considerada desde el punto de vista de la familia y de la sociedad</font> </b></P>     <P><b><font face="Verdana" size="4">The lucid madness</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="2">U. Trélat</font> </b></P>     <P><b><font face="Verdana" size="2">Traducción: H&eacute;ctor Astudillo del Valle&nbsp;</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana"><B><font size="3">Introducci&oacute;n</FONT></B> (II)<Sup><a href="#8" name="ra8">8</a></Sup></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Acabamos de ocuparnos de alienados f&aacute;ciles de reconocer, y que sin embargo no han sido conocidos como lo que eran durante mucho tiempo. Hay otros cuyo examen ofrece m&aacute;s dificultad, y que no son ni m&aacute;s razonables ni menos peligrosos. &Eacute;stos no matan, es verdad, pero hacen morir poco a poco a aquellos en medio de los cuales viven. Muchos de ellos parecen personas sensatas, tienen los modales m&aacute;s cautivadores, son encantadores ante el mundo, en el cual les gusta destacar. Dotados de dominio sobre s&iacute; mismos, reservan, unos sus caprichos y sus exigencias, otros su orgullo hiriente, cierto n&uacute;mero sus arrebatos de furia, para la familia. Hay tal marido al que se le presentan respetos halagadores en cuanto al car&aacute;cter amable de su mujer, y que, en realidad, s&oacute;lo recibe de la parte de esta mujer elegante, cuyo discurso es tan puro y tan correcto en los salones que frecuenta, injurias expresadas en el lenguaje m&aacute;s grosero, el m&aacute;s obsceno algunas veces. El infeliz, que no pudo dar cr&eacute;dito a sus o&iacute;dos las primeras veces que fueron heridos por semejantes ataques, se aplica con todos sus esfuerzos en dejar que se desconozca su sufrimiento; no existe virtud m&aacute;s digna de m&eacute;rito que &eacute;sta, pero la tarea supera pronto o tarde el l&iacute;mite de sus fuerzas, y el deber mismo le obliga a sustraerse a una tortura semejante. Perder&iacute;a en ello su vida activa, su trabajo, ya no podr&iacute;a hacer nada en provecho de su familia. Hemos conocido a un hombre de gran inteligencia que, desgarrado, abatido por las fatigas de este g&eacute;nero de combate, hab&iacute;a ca&iacute;do en la inercia, en una caducidad aparente, y s&oacute;lo recuper&oacute; sus recursos, la vivacidad y la potencia de su esp&iacute;ritu cuando consigui&oacute; desvincular-se. El matrimonio es un nudo indisoluble, pero no es indisoluble m&aacute;s que entre personas dotadas de raz&oacute;n. El matrimonio con el alienado, con el alienado incurable, no es matrimonio; pues en &eacute;l, a pesar de una paciencia inagotable y una virtud sobrehumanas, la indisolubilidad est&aacute; lejos de ser siempre <a name="ra9"></a>posible<Sup><a href="#9">9</a></Sup>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Algunas veces es el marido el que atormenta y la mujer la v&iacute;ctima. Veremos, en una de nuestras observaciones, a una madre de familia que ocult&oacute; durante varios a&ntilde;os, hasta el d&iacute;a del suicidio de su marido, los tormentos que &eacute;ste le hac&iacute;a sufrir cada noche. Era razonable durante todo el d&iacute;a, y nadie sospechaba de su <a name="ra10"></a>enfermedad<Sup><a href="#10">10</a></Sup>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Hemos conocido a otro matrimonio en el que los arrebatos maniacos del marido, aunque de una gran frecuencia, fueron absolutamente ignorados durante diez a&ntilde;os. S&oacute;lo fueron revelados por el marido mismo. En el tiempo de calor, algunos amigos hab&iacute;an ido a cenar al campo, a casa de los esposos. Despu&eacute;s de comer, estaban todos sentados en la terraza, frente al r&iacute;o; miraban los barcos que pasaban por el agua. La conversaci&oacute;n era agradable y dulce como el aire que respiraban. De pronto ese maniaco, cuyos accesos no hab&iacute;an estallado hasta entonces m&aacute;s que puertas adentro, se ve alterado por una palabra y entra en estado de furia. Arranca el tocado de su mujer, alborota su melena, le hace rodar en torno a su brazo, y arrastra a su v&iacute;ctima por la arena de la terraza. Los presentes tiemblan, lo rodean, intentan calmarlo; es ella quien lo calma: &quot;Vosotros ignor&aacute;bais todo esto, amigos m&iacute;os, aunque dure ya desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os. Me compadec&eacute;is, y ten&eacute;is raz&oacute;n en hacerlo; pero compadecedme por lo presente m&aacute;s que por lo pasado, pues mi mayor desgracia es la que me sucede hoy: que conozc&aacute;is lo que yo ten&iacute;a tanto gusto en ocultaros. Lo que acab&aacute;is de ver, lo sufro regularmente dos o tres veces por semana&quot;. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El martirio de esta pobre mujer, joven todav&iacute;a, s&oacute;lo se prolong&oacute; dos a&ntilde;os tras esta escena. Los accesos del maniaco se hicieron m&aacute;s frecuentes y adquirieron una violencia tal que fue preciso llevarlo a un centro de tratamiento, donde muri&oacute; de una meningitis. Hab&iacute;a habido varios alienados en su familia. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Pinel habla de estos enfermos que dan las repuestas m&aacute;s justas y precisas, leen y escriben como si su entendimiento estuviese perfectamente sano, y que, en singular contraste, destrozar&aacute;n sus vestidos, desgarrar&aacute;n sus mantas o la paja de su lecho, y encontrar&aacute;n alguna raz&oacute;n plausible para justificar sus desvar&iacute;os y sus <a name="ra11"></a>arrebatos<Sup><a href="#11">11</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">He aqu&iacute; dos observaciones de la misma naturaleza referidas por Esquirol:</font></P>     <blockquote>    <P><font face="Verdana" size="2">&quot;La se&ntilde;ora X... habla al primero que se encuentra contra su marido, lo acusa de mil defectos que no tiene. Inconsiderada en sus palabras, revela secretos que una mujer mantiene habitualmente ocultos; imprudente en su proceder, se expone a justas sospechas. Aunque su marido y sus padres quieren hacerle algunos reproches, ella se enfada y asegura que la calumnian. - Cuenta a unos y a otros mil hechos inventados, intentando difundir el descontento, la disensi&oacute;n y el desorden. Parece que el demonio del mal inspira sus palabras y sus acciones. - Si est&aacute; en sociedad, dispone su actitud con tanto cuidado, que los m&aacute;s alerta se desdicen de su juicio. Toma parte en la conversaci&oacute;n, dirige palabras amables y halagos a las personas que ha criticado la v&iacute;spera o la misma ma&ntilde;ana&quot;.</font></P>    <P><font face="Verdana" size="2">&quot;Otra enferma cree tener una inteligencia superior y ser v&iacute;ctima de la ignorancia de su marido, el cual, <I>no entendiendo nada de negocios</I>, se habr&iacute;a arruinado sin ella. - Ella lo contrar&iacute;a, lo injuria y acaba por tomarle aversi&oacute;n. Sus quehaceres, el arreglo de la casa, sus hijos, quedan descuidados. Va y viene por todas partes, agotando a todo el mundo por su locuacidad y por sus pretensiones. Reitera incluso a extra&ntilde;os sus quejas, sus proyectos, sus esperanzas. Descontenta con todo lo que hay en su casa, anuncia la intenci&oacute;n de desembarazarse de cuanto hay en ella, lo cambia todo de sitio, hace gastos exagerados o incluso rid&iacute;culos. La aversi&oacute;n por su marido aumenta; quiere abandonar la casa conyugal.</font></P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"> &quot;Destinada a un centro, habla de la superioridad de su inteligencia y de su capacidad, trata con desd&eacute;n a los otros internos, a los directores, a los empleados, a los sirvientes de la casa; se queja de todo.</font></P>    <P><font face="Verdana" size="2"> &quot;Durante una estancia posterior en el hospital de Charenton, la misma enferma, con las mismas tendencias, se muestra m&aacute;s cautelosa, en la esperanza de obtener m&aacute;s r&aacute;pidamente la libertad. Escribe al prefecto de polic&iacute;a, a los magistrados, a abogados, cartas cuya redacci&oacute;n enga&ntilde;a a las personas a quienes son dirigidas. Hasta en medio de sus accesos, la se&ntilde;ora X... se contiene en presencia de extra&ntilde;os y de personas a quienes quiere convencer de su buena salud intelectual y moral. Jam&aacute;s dice una palabra fuera de lugar o inconveniente delante de esas personas. Todas sus afirmaciones y todas sus acciones tienen justificaci&oacute;n. Hace padecer sarcasmos y desdenes a aquellos que cree d&eacute;biles, y cede desde que se le opone una resistencia en&eacute;rgica. Finge, recurre a la mentira para enga&ntilde;ar m&aacute;s f&aacute;cilmente y llegar con m&aacute;s seguridad a sus fines. Alienta la insubordinaci&oacute;n. Es una tortura para los centros a los que es <a name="ra12"></a>destinada&quot;<Sup><a href="#12">12</a></Sup>.</font></P></blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2">Estos enfermos deliran en sus actos, pero no deliran en sus palabras. Su falta de raz&oacute;n s&oacute;lo se conoce desde el interior y no se muestra afuera. Es entre ellos en donde se encuentran un n&uacute;mero bastante grande de seres ora considerados como alienados, ora como malhechores, y que han residido alternativamente en los asilos y en las prisiones. </font>     <P><font face="Verdana" size="2">Entre ellos se ve a quienes poseen una fuerza poco com&uacute;n en la discusi&oacute;n, quienes tienen el don de la r&eacute;plica y buscan constantemente la ocasi&oacute;n de hacer brillar su esp&iacute;ritu. &quot;De estos enfermos, dice <a name="ra13"></a>Guislain<Sup><a href="#13">13</a></Sup>, los hay que son capaces de desarmar a quienes razonan con gran rigor. A veces sus controversias no pueden ser m&aacute;s espirituales. Recuerdo una se&ntilde;ora que era un verdadero tormento para m&iacute;, como para todas las personas del centro. Cada vez que se emprend&iacute;a una conversaci&oacute;n, yo ten&iacute;a que luchar contra los ataques con que ella pretend&iacute;a superarme en elocuencia. A todas mis respuestas se les hac&iacute;a pasar por la prueba del an&aacute;lisis, y ello con una profundidad de miras que sorprend&iacute;a a todo el mundo&quot;. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los alienados l&uacute;cidos pueden pertenecer a las diferentes categor&iacute;as de la locura. Los imb&eacute;ciles y los de inteligencia d&eacute;bil son l&uacute;cidos, y su incapacidad intelectual y moral no siempre basta para hacer que se los reconozca r&aacute;pidamente. Hemos visto muy recientemente a un padre respetable en todos los sentidos verse obligado a pleitear durante tres a&ntilde;os para reconquistar el derecho de custodiar a su hija imb&eacute;cil. Una institutriz, que en su cuidadosa atenci&oacute;n &eacute;l manten&iacute;a cerca de ella, aprovech&oacute; de su influencia para raptarla del domicilio paterno, y es s&oacute;lo al cabo de esta larga lucha y tras haber prodigado m&aacute;s de veinticinco mil francos, cuando pudo hacer fracasar las codiciosas intenciones de esta urdidora de <a name="ra14"></a>intrigas<Sup><a href="#14">14</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">No es extra&ntilde;o que los imb&eacute;ciles se casen. Se desposa a una joven por el lustre de su rostro, y he aqu&iacute; una pobre incapaz sobre la que pesa la responsabilidad de una casa. El cuidado del hogar, el empleo del dinero, la higiene, los ni&ntilde;os, todo ello es abandonado, y al cabo de poco tiempo, la madre de familia es enviada a uno de nuestros asilos, donde encuentra el lugar que le es debido. Existe aqu&iacute;, en Salp&ecirc;tri&egrave;re, un n&uacute;mero bastante grande de imb&eacute;ciles madres, y hemos visto a dos de entre ellas visitadas por sus maridos igualmente imb&eacute;ciles. As&iacute; se perpet&uacute;an las razas. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los s&aacute;tiros y las ninf&oacute;manas, los monomaniacos, los er&oacute;ticos, los celosos, son por lo com&uacute;n l&uacute;cidos, as&iacute; como los dips&oacute;manos en sus momentos de remisi&oacute;n, los despilfarradores, los orgullosos, los malvados, los clept&oacute;manos, los suicidas y un cierto n&uacute;mero de ab&uacute;licos y de <a name="ra15"></a>maniacos<Sup><a href="#15">15</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Hay maniacos que, incluso en sus m&aacute;s violentos accesos de furia, pueden responder y responden siempre de manera justa a todas las preguntas que se les plantea. No pasan por alto nada de lo que ocurre a su alrededor, prestan atenci&oacute;n a todo, lo utilizan todo en provecho de sus malas inclinaciones. Los locos l&uacute;cidos, maniacos o monomaniacos, son los alienados de los que m&aacute;s duda la gente distinguida, y sin embargo los m&aacute;s <a name="ra16"></a>perniciosos<Sup><a href="#16">16</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Es por sus antecedentes por lo que se llega a saber que est&aacute;n locos, m&aacute;s que por lo que dicen en una conversaci&oacute;n, donde a menudo no dan un paso en falso. No podr&iacute;a decirse hasta d&oacute;nde llega el dominio que los alienados l&uacute;cidos pueden ejercer sobre s&iacute; mismos. Algunos de ellos tienen las ideas m&aacute;s locas, tales como la de una transformaci&oacute;n de nombre, de t&iacute;tulos o de personas; la de creer, por ejemplo, que el alumno interno o externo que viene todos los d&iacute;as al trabajo del asilo, es un pr&iacute;ncipe o el hijo de un pr&iacute;ncipe extranjero. &iexcl;Pues bien! podr&aacute;n ocultar y dejar que los dem&aacute;s desconozcan esta concepci&oacute;n delirante durante varios meses, durante seis meses, durante un a&ntilde;o, hasta el d&iacute;a en que, desesperando por vencer la resistencia que los retiene, su secreto les escapar&aacute; de pronto en un momento de orgullo o de c&oacute;lera. Nosotros siempre hemos estado satisfechos de mantener una gran paciencia a lo largo del tiempo, y desde hace veinte a&ntilde;os que el asilo al que ofrecemos nuestros cuidados nos ha sido confiado, no nos ha sucedido todav&iacute;a una sola vez el tener que lamentar nuestra espera. Un d&iacute;a el magistrado quiso la salida de una enferma a pesar de nuestra apreciaci&oacute;n. Esta enferma fue devuelta a la libertad, pero como era incapaz de hacer uso de ella, no tard&oacute; en volver hasta nosotros. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Vamos a examinar estos alienados l&uacute;cidos en las diferentes categor&iacute;as a las que pertenecen, y por muy triste que sea nuestra conclusi&oacute;n, no renunciamos a hacer que nuestros lectores la compartan. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Estos enfermos son casi todos incurables. Es preciso que los que est&aacute;n dotados de raz&oacute;n los conozcan para no ligarse en absoluto ni entrar en relaci&oacute;n con ellos. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Su historia llena las p&aacute;ginas de este libro; pero los cap&iacute;tulos II, III, VIII, IX, X y XIII est&aacute;n consagrados a los m&aacute;s temibles, sobre todo los cap&iacute;tulos VIII, IX y XIII. En ellos se encuentran clasificados los alienados l&uacute;cidos m&aacute;s <a name="ra17"></a>peligrosos<Sup><a href="#17">17</a></Sup>, los m&aacute;s dif&iacute;ciles de reconocer, los que se introducen m&aacute;s f&aacute;cilmente en nuestras familias y no pueden aportar en ella m&aacute;s que la desgracia.</font></P> <hr align="left" width="30%" size="1">     <P><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="a8"></a><a href="#ra8" name="8">8</a> </Sup>U. TR&Eacute;LAT, <I>La folie lucide &eacute;tudi&eacute;e au point de vue de la famille et de la soci&eacute;t&eacute;</I>, Par&iacute;s, A. Delahaye, 1861. El texto traducido corresponde a la segunda parte de la Introducci&oacute;n, pp. 7-16.<Sup><a name="a9">    <br> </a><a href="#ra9" name="9">9</a> </Sup>V&eacute;anse los cap&iacute;tulos VIII, IX, X, XIII, y sobre todo el cap&iacute;tulo XIV de este libro.<Sup><a name="a10">    <br> </a><a href="#ra10" name="10">10</a> </Sup>V&eacute;ase el cap&iacute;tulo XI, 67.&ordf; observaci&oacute;n.<Sup><a name="a11">    <br> </a><a href="#ra11" name="11">11</a> </Sup><I>Trait&eacute; m&eacute;dico-philosophique sur l'ali&eacute;nation mentale, </I>por Pinel, 1809, p. 93. - V&eacute;anse tambi&eacute;n las pp. 155, 156, 157, 158 y 159.<Sup><a name="a12">    <br> </a><a href="#ra12" name="12">12</a> </Sup>Esquirol, <I>Des maladies mentales</I>, 1838, t. II, pp. 49, 50, 51, 52, 53, 56.<Sup><a name="a13">    <br> </a><a href="#ra13" name="13">13</a> </Sup><I>Trait&eacute; th&eacute;orique et practique des maladies mentales</I>, Gand, 1852.<Sup><a name="a14">    <br> </a><a href="#ra14" name="14">14</a> </Sup>Podr&aacute; leerse esta observaci&oacute;n en el cap&iacute;tulo 1.&ordm; de este libro.<Sup><a name="a15">    <br> </a><a href="#ra15" name="15">15</a> </Sup>Hemos consagrado cap&iacute;tulos distintos a los monomaniacos, los er&oacute;ticos, los celosos, los dips&oacute;manos, los despilfarradores, los orgullosos, aunque un gran n&uacute;mero de todos estos enfermos no sean, a decir verdad, m&aacute;s que monomaniacos; pero cada categor&iacute;a, desde nuestro punto de vista, nos ha parecido tener suficiente importancia como para que deba ser considerada separadamente. Bien se entiende que cuando mencionamos a los celosos, los orgullosos, los malvados, etc., no pretendemos hablar m&aacute;s que de los celosos alienados, los orgullosos alienados, los malvados alienados, etc.<Sup><a name="a16">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </a><a href="#ra16" name="16">16</a> </Sup>Consideramos oportuno citar aqu&iacute; de nuevo a Guislain: &quot;Desde el punto de vista de la medicina legal y de todas las cuestiones que pueden ser de inter&eacute;s para libertad, la fortuna, el destino del hombre, el estudio de estas alienaciones exige toda la solicitud del m&eacute;dico. En la apreciaci&oacute;n de estas afecciones, tendr&aacute; que luchar a menudo contra la falta de experiencia de aquellos a los que debe ilustrar, y muy a menudo su opini&oacute;n ser&aacute; considerada como una tendencia que lo lleva a no ver por todas partes m&aacute;s que alienados; pero,habitualmente, tristes realidades acaban por abrir los ojos a los menos clarividentes, y dar la raz&oacute;n al facultativo&quot;.<Sup><a name="a17">    <br> </a><a href="#ra17" name="17">17</a> </Sup>Los m&aacute;s peligrosos, porque son los menos temidos, y porque, sin conocerlos, en absoluto desconfiamos de ellos.</font></P>      ]]></body>
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