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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sentimientos, afectos y lógica afectiva: Su lugar en nuestra comprensión del otro y del mundo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><b><font size="2" face="Verdana">SALUD MENTAL Y CULTURA</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="4">Sentimientos, afectos y l&oacute;gica afectiva. Su lugar en nuestra comprensi&oacute;n del otro y del mundo</font></B></P>     <P><B><font face="Verdana" size="4">Feelings, emotions and affective logic. Its place in the understanding of others and the world</font></B></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="2">Luc Ciompi</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Profesor em&eacute;rito. Director de formaci&oacute;n en Psiquiatr&iacute;a Social del Hospital Cl&iacute;nico Universitario, Facultad de Medicina, Universidad de Berna (Suiza).</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">El peso de los sentimientos, las emociones o los afectos en nuestra comprensi&oacute;n del pr&oacute;jimo y del mundo es un tema eludido conscientemente, durante mucho tiempo, por la ciencia y los cient&iacute;ficos. Y esto se explica por las numerosas contradicciones e inexactitudes que, desde siempre, han enturbiado el problema de tales sentimientos. Sin embargo, es cierto que todos nosotros somos, de alguna manera, &quot;expertos en sentimientos&quot; e, incluso, tambi&eacute;n es verdad que vivimos toda nuestra vida, como bien dec&iacute;a Hermann Hesse, esencialmente &quot;a trav&eacute;s de los <a name="ra1"></a>sentimientos&quot;<Sup><a href="#1">1</a></Sup>. Aunque, por otro lado, no sabemos, o al menos la ciencia no lo sabe con certeza, qu&eacute; es un sentimiento, cu&aacute;l es su significado y c&oacute;mo act&uacute;a. Teniendo en cuenta que de manera habitual los sentimientos se consideran inasibles, irracionales y perturbadores, admitimos que deben eliminarse en lo posible de cualquier &quot;pensamiento objetivo&quot;. De ah&iacute; deducimos que cualquier &aacute;nimo de comprender al otro o al mundo se nos presenta tergiversado y exclusivamente cerebral, lo que tiene profundas implicaciones no s&oacute;lo respecto a nuestra actitud frente al mundo en general sino tambi&eacute;n frente a nuestro enfoque terap&eacute;utico.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, resulta muy sorprendente que las emociones jueguen un papel tan importante en cualquier acontecimiento ps&iacute;quico o social de relieve -pensemos por un momento en los estallidos de violencia, en las revoluciones y en las guerras o, en general, en todo lo que ocurre a diario en el &aacute;mbito familiar, profesional o pol&iacute;tico, y que, sin embargo, no ocupan el lugar que m&iacute;nimamente les corresponder&iacute;a en cualquier teor&iacute;a psicol&oacute;gica o sociol&oacute;gica, y tampoco que yo sepa, en ninguna teor&iacute;a antropol&oacute;gica, evolucionista o cognitiva. Incluso en la ya centenaria teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica-cuya din&aacute;mica de los sentimientos constitu&iacute;a desde sus inicios un foco de inter&eacute;s primordial- la noci&oacute;n de <a name="ra2"></a>afecto<Sup><a href="#2">2</a> </Sup>aparece sorprendentemente como algo confuso y contradictorio, seg&uacute;n Otto Kernberg, uno de los m&aacute;s eminentes te&oacute;ricos<a name="ra3"></a> psicoanalistas<Sup><a href="#3">3</a></Sup>. En cualquier contexto se hace necesaria una teor&iacute;a clara y consistente, que incluya tambi&eacute;n las recientes investigaciones sobre neurobiolog&iacute;a y psicolog&iacute;a emocional. De hecho, siempre se echa en falta un lenguaje y una conceptualizaci&oacute;n cient&iacute;fica comunes que permitan agrupar de modo coherente, el c&uacute;mulo de nociones parciales y dispersas sobre las emociones que en tantos dominios aparecen. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Incluso el &uacute;ltimo replanteamiento de la postura casi siempre negativa hacia los sentimientos no cambia las cosas. Sabemos que ya la generaci&oacute;n del sesenta y ocho exig&iacute;a vivir mucho m&aacute;s &quot;visceralmente&quot;. Durante cierto tiempo, un sector de las feministas defend&iacute;a ideas muy parecidas argumentando -insostenible en este caso- que los sentimientos &uacute;nicamente pertenec&iacute;an al &aacute;mbito de lo femenino. Desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, la ciencia igualmente -y ante todo la ciencia del cerebro- se interesa cada vez m&aacute;s por las emociones. En psicolog&iacute;a por a&ntilde;adidura se habla de un nuevo &quot;giro emocional&quot; que estar&iacute;a a punto de sustituir al &quot;giro cognoscitivo&quot; de los a&ntilde;os sesenta, marcado por el abandono de un conductismo puro y duro. Libros para el gran p&uacute;blico como <I>La inteligencia emocional </I>de David Goleman o <I>El error de Descartes </I>de Antonio Damasio, ambos procedentes de las neurociencias modernas, han contribuido a difundir la nueva era emocional. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Presento, ahora, algunas informaciones sobre mi propio trabajo en este campo. Frustrado, de un lado, por las lagunas mencionadas y, de otro, fascinado por las convergencias subyacentes que cre&iacute;a detectar tras la multiplicidad de datos provenientes de diversos campos de investigaci&oacute;n, trabajo desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os en la problem&aacute;tica de las interacciones entre sentimiento y pensamiento desde un punto de vista cient&iacute;fico. Mi punto de partida ha sido las experiencias psiqui&aacute;tricas y psicoterap&eacute;uticas as&iacute; como las extensas investigaciones sobre la din&aacute;mica evolutiva de los distintos trastornos ps&iacute;quicos, en particular, de la esquizofrenia. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En 1982 present&eacute; mis ideas en un primer libro titulado <I>La l&oacute;gica <a name="ra4"></a>afectiva</I><Sup><a href="#4">4</a></Sup>, un concepto que implica a la vez la presencia de componentes l&oacute;gicos en cualquier tipo de afecto, y la presencia de componentes afectivos en cualquier tipo de l&oacute;gica. En 1997 publiqu&eacute; una nueva s&iacute;ntesis de mis estudios, <I>Las bases emocionales del <a name="ra5"></a>pensamiento</I><Sup><a href="#5">5</a></Sup>, que traspasaba los l&iacute;mites de la psiquiatr&iacute;a. Las principales bases de este acercamiento sist&eacute;mico de elementos clave de orden neurobiol&oacute;gico, psicodin&aacute;mico y sociodin&aacute;mico son, por una parte, los estudios fundamentales de Jean Piaget sobre la g&eacute;nesis de las estructuras ps&iacute;quicas en el ni&ntilde;o, y, por otra, los descubrimientos de Konrad Lorenz sobre las ra&iacute;ces evolutivas de la mente. Una gran parte de este segundo libro ha sido escrito en un ambiente interdisciplinario &uacute;nico en el Instituto Konrad Lorenz, en Altenberg, cerca de Viena, donde tuve el privilegio de trabajar durante varios meses como profesor invitado, tras mi retirada de la vida universitaria. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">A continuaci&oacute;n voy a resumir en cinco tesis fundamentales las interacciones principales entre sentimiento y pensamiento, tal y como se presentan desde el prisma de la l&oacute;gica afectiva. M&aacute;s adelante, abordar&eacute; algunas de las consecuencias pr&aacute;cticas y generales que se derivan de ello. Se revelar&aacute; esencialmente -como desde ahora deseo indicar- que los sentimientos, emociones o afectos (ya hablaremos sobre la definici&oacute;n) juegan en cualquier tipo de pensamiento y acci&oacute;n un papel que no s&oacute;lo es muy importante sino que es mucho m&aacute;s asible de lo que se admite.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="3">Cinco tesis esenciales para la l&oacute;gica afectiva</font> </B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Mi primera tesis, que coincide adem&aacute;s con el punto de partida de cualquier l&oacute;gica afectiva postula que: <I>sentimiento y pensamiento, </I>-<I>o emoci&oacute;n y cognici&oacute;n, afectividad y l&oacute;gica, en un sentido amplio</I>-<I>, interact&uacute;an obligatoriamente en la actividad ps&iacute;quica</I>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En s&iacute; mismo no se trata de un concepto nuevo; se corresponde con nuestra experiencia subjetiva diaria, constituye igualmente un postulado central del psicoan&aacute;lisis desde sus inicios, que no ha sido seriamente cuestionado, en principio, por ninguna de las teor&iacute;as cognoscitivas o emocionales existentes, incluida la epistemolog&iacute;a gen&eacute;tica de Jean Piaget. Sin embargo, las afirmaciones m&aacute;s sustanciales provienen de la investigaci&oacute;n neurobiol&oacute;gica moderna que demuestra claramente que los centros cerebrales emocionales y cognoscitivos est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionados y se influyen mutuamente de continuo. En las am&iacute;gdalas -un centro de primera importancia para la regulaci&oacute;n de las emociones- cualquier est&iacute;mulo sensorial que entra en el cerebro recibe obligatoriamente una &quot;coloraci&oacute;n emocional&quot; que depende del contexto y de la experiencia vivida. Esta &quot;coloraci&oacute;n&quot; afectar&aacute; despu&eacute;s en c&oacute;mo la informaci&oacute;n sensorial sea memorizada, reactivada y unida a otras nociones cognoscitivas. El alcance de estos datos todav&iacute;a no ha sido, en mi opini&oacute;n, suficientemente comprendido. Esto significa, ni m&aacute;s ni menos, que el pensamiento &quot;puro&quot; y exento de afecto no existe ni en la ciencia, ni en la l&oacute;gica formal, ni siquiera en las matem&aacute;ticas, como veremos mejor enseguida. El problema se deriva de las implicaciones de este hecho, y precisamente esta problem&aacute;tica, bastante nueva, es lo que se propone estudiar la l&oacute;gica afectiva. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Antes de proseguir, es necesario superar una etapa intermedia cuya importancia no puede subestimarse, como puede verse a continuaci&oacute;n. Se trata de esclarecer lo que significa &quot;afecto&quot;. En la literatura cient&iacute;fica t&eacute;rminos parcialmente superponibles como afecto, emoci&oacute;n, sentimiento o humor se siguen utilizando de manera aleatoria. As&iacute;, Kleinginna y Kleinginna, una pareja de investigadores americanos, han evidenciado en la literatura especializada m&aacute;s de 92 definiciones s&oacute;lo para el t&eacute;rmino <a name="ra6"></a>&quot;emoci&oacute;n&quot;<Sup><a href="#6">6</a> </Sup>(sin olvidar que este t&eacute;rmino fue introducido en ciencia por Descartes). Tan equ&iacute;voco es el concepto del afecto -pues se entiende como una noci&oacute;n general que agrupa casi todos los fen&oacute;menos emocionales posibles y tambi&eacute;n como una noci&oacute;n muy restrictiva que se limita a un peque&ntilde;o subgrupo de fen&oacute;menos emocionales que se corresponden con pasar a actuar impulsiva e incontroladamente- que cualquiera que se dedique cient&iacute;ficamente a este campo est&aacute; obligado a seleccionar y aclarar sus definiciones. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En el &aacute;mbito de la teor&iacute;a de la l&oacute;gica afectiva, el t&eacute;rmino &quot;afecto&quot; se utiliza constantemente en su primer sentido, es decir, como una noci&oacute;n general que engloba todos los fen&oacute;menos emocionales. Partiendo de un denominador com&uacute;n que a mi juicio re&uacute;ne estos fen&oacute;menos, <I>un afecto puede definirse como un estado psicof&iacute;sico global de calidad, duraci&oacute;n y grado de consciencia variables</I>. Un afecto, por lo tanto, puede ser consciente o -lo que es todav&iacute;a m&aacute;s importante- muy inconsciente. Su duraci&oacute;n puede variar entre segundos, minutos o incluso horas o d&iacute;as, o, hasta semanas (como por ejemplo en estados depresivos o man&iacute;acos patol&oacute;gicos). Cualquier afecto constituye, adem&aacute;s, un fen&oacute;meno t&iacute;picamente psicosom&aacute;tico; generalmente se manifiesta simult&aacute;neamente en lo ps&iacute;quico y (a veces casi de manera exclusiva) en lo corporal. Un afecto hace &quot;latir el coraz&oacute;n&quot;, &quot;da escalofr&iacute;os&quot;, &quot;remueve las entra&ntilde;as&quot;. Repercute mucho en la m&iacute;mica, los gestos, la postura corporal, en resumen, en la psicomotricidad en general. Es importante darse cuenta de que nunca estamos libres de afecto, pues el organismo se halla siempre en un estado global que corresponde a la definici&oacute;n aqu&iacute; se&ntilde;alada. Incluso la quietud, la tranquilidad, la &quot;neutralidad&quot; o la indiferencia representan, igualmente, estados afectivos en el sentido descrito; siempre tienen efectos significativos sobre todo tipo de pensamiento y de comportamiento. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otra noci&oacute;n que conduce, como veremos m&aacute;s adelante, a consecuencias particularmente interesantes es el <I>aspecto energ&eacute;tico de los afectos</I>. El afecto corresponde, a mi entender, a un estado energ&eacute;tico dirigido de manera concreta o, de manera m&aacute;s precisa, a una distribuci&oacute;n espec&iacute;fica de energ&iacute;a conectada en el transcurso de la evoluci&oacute;n a ciertas percepciones y comportamientos de importancia vital. Precisemos, sin embargo (para evitar malentendidos) que la noci&oacute;n de energ&iacute;a no implica en este caso una misteriosa &quot;energ&iacute;a vital&quot; de car&aacute;cter &quot;sublime&quot;, sino que hablamos de energ&iacute;as biol&oacute;gicas ordinarias tales como las que se introducen en el organismo mediante la nutrici&oacute;n para despu&eacute;s ser gastadas, dependiendo del estado emocional predominante. En los estados de rabia o de p&aacute;nico que llamamos simpaticot&oacute;nicos, por ejemplo, enormes cantidades de energ&iacute;a pueden movilizarse y derrocharse en un lapso de tiempo extremadamente corto, al servicio de los esfuerzos de combate o de huida. En los estados parasimpaticot&oacute;nicos, por el contrario, -que se caracterizan por sentimientos de j&uacute;bilo, amor o sosiego al servicio de la relajaci&oacute;n, ingesti&oacute;n de alimentos o de la vida social, incluida la sexualidad-, la energ&iacute;a biol&oacute;gica se ingiere o se derrocha de manera lenta y mesurada, dependiendo de la especificidad para cada efecto. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Solo digo que la ciencia est&aacute; en estos momentos a punto de identificar, con precisi&oacute;n, un peque&ntilde;o n&uacute;mero de estados gen&eacute;ticamente determinantes, llamados <I>afectos de base</I>, como son la curiosidad o el inter&eacute;s, el miedo, el enfado, la alegr&iacute;a y la tristeza, y seg&uacute;n ciertos autores, tambi&eacute;n el temor, el hast&iacute;o y la verg&uuml;enza. Los innumerables matices que hacen que el mundo de las emociones sea tan dif&iacute;cilmente de delimitar se entienden bien como una mezcla, bien como una modulaci&oacute;n cultural de afectos de base. De manera todav&iacute;a m&aacute;s radical, la multitud de afectos puede tambi&eacute;n reducirse a la &uacute;nica dicotom&iacute;a entre sentimientos positivos y negativos, es decir, entre placer y displacer. A diferencia de los prejuicios comunes, el mundo de los afectos no es forzosamente m&aacute;s complejo sino en realidad m&aacute;s simple que el mundo potencialmente infinito de la cognici&oacute;n, en lo que respecta a la percepci&oacute;n y al pensamiento. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El <I>concepto de cognici&oacute;n </I>dista mucho de utilizarse un&iacute;vocamente en la literatura cient&iacute;fica. Bajo la influencia de la espectacular expansi&oacute;n de las &quot;neurociencias cognitivas&quot;, se extiende tambi&eacute;n hacia el campo de las emociones. Con todo, la primera condici&oacute;n para una exploraci&oacute;n fruct&iacute;fera de las interacciones entre emoci&oacute;n y cognici&oacute;n consiste en una precisa delimitaci&oacute;n entre ambas nociones. Por lo tanto, el concepto de cognici&oacute;n se define, en el marco de la l&oacute;gica afectiva, como la capacidad de registrar y elaborar diferencias sensoriales. Esta definici&oacute;n, muy distinta a la del afecto, entre otras cosas est&aacute; unida a la noci&oacute;n de &quot;bit&quot;, es decir, a la m&aacute;s diminuta diferencia distinguible, fundamental en la teor&iacute;a de la informaci&oacute;n. De ah&iacute; que se una a la cibern&eacute;tica en general, incluido el lenguaje digital de los ordenadores. &Eacute;sta se halla en completa consonancia adem&aacute;s con las teor&iacute;as del matem&aacute;tico y epistem&oacute;logo de las ciencias inglesas Spencer-Brown, quien postula que todo el mundo cognoscitivo puede reconstruirse mediante el establecimiento de una sucesi&oacute;n de diferencias y de diferencias de diferencias. Bajo este &aacute;ngulo, incluso los animales primitivos ya disponen de sencillas capacidades cognoscitivas. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Con el t&eacute;rmino de <I>l&oacute;gica </I>(en sentido amplio) hay que incluir en el contexto de la l&oacute;gica afectiva <I>el modo en que los diferentes elementos cognoscitivos son seleccionados y unidos entre ellos para formar entidades cognoscitivas (&quot;construcciones del pensamiento&quot;) m&aacute;s amplias</I>. Esta definici&oacute;n intencionadamente extensa implica la existencia de varias formas de l&oacute;gica, una noci&oacute;n adoptada igualmente por la filosof&iacute;a y la teor&iacute;a de la ciencia moderna y, en particular, por el constructivismo moderno. Un constructivismo no radical pero s&iacute; relativo es igual mente afrontado por la l&oacute;gica afectiva por razones que no pueden detallarse en este momento. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Mi segunda tesis postula que <I>los afectos no s&oacute;lo acompa&ntilde;an al pensamiento y al comportamiento sino que tambi&eacute;n en buena medida los gu&iacute;an y los organizan. </I> </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"> En ese sentido los afectos no funcionan &uacute;nicamente como un proveedor de energ&iacute;a, es decir, como motor (y tambi&eacute;n a veces como freno, como por ejemplo en los estados depresivos) de cualquier actividad intelectual, como cre&iacute;a Piaget. M&aacute;s all&aacute; influyen continuamente en el pensamiento y la acci&oacute;n mediante una serie de &quot;efectos conmutadores&quot; o de &quot;efectos operadores generales y espec&iacute;ficos&quot; siguiendo mi terminolog&iacute;a (un operador es una variable que influye en otra variable, modific&aacute;ndola). Los <I>efectos operadores generales de los afectos </I>son, en su origen, id&eacute;nticos en todo estado afectivo. As&iacute;, cualquier estado afectivo influye de continuo, en primer lugar, en el foco de atenci&oacute;n. Al mismo tiempo, determina en todo momento lo que es importante o lo que no. La atenci&oacute;n se centra preferentemente en percepciones o pensamientos que se corresponden con el estado afectivo ordinario, ignorando lo que no le incumbe. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"> En un humor ansioso o depresivo, por ejemplo, se acent&uacute;an sobre todo los aspectos peligrosos u oprimentes de una sola e inmutable realidad que le rodea. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"> En un humor alegre o distendido, por el contrario, percibimos en general sus aspectos agradables. La memoria igualmente depende del estado afectivo ordinario. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">En un estado euf&oacute;rico, ante todo se tiende a registrar y a poner en movimiento recuerdos placenteros, mientras que los recuerdos desagradables surgen a la superficie en un estado depresivo. El humor afectivo condiciona adem&aacute;s la selecci&oacute;n de elementos cognoscitivos que a continuaci&oacute;n se ensamblar&aacute;n en construcciones cognoscitivas m&aacute;s extensas, es decir, en el tipo de l&oacute;gica del que hemos hablado aqu&iacute;. Un ejemplo: cuando surge un problema conyugal, pensamos m&aacute;s en todo el mal que nuestra pareja nos ha hecho en el pasado que en el que nos hace en el presente y en el que nos har&aacute; en el futuro. Con todos estos elementos nos construimos una cadena de argumentos agresivos propios de una l&oacute;gica lacerante. En otras palabras, nuestro razonamiento sigue una &quot;l&oacute;gica de la c&oacute;lera&quot;, si podemos definir as&iacute; este modo de pensar sin que violemos inevitablemente las leyes de la l&oacute;gica formal. En el marco de una &quot;l&oacute;gica del amor&quot; y, de manera singular, en el estado amoroso, percibimos, el mundo de otra manera. Construimos una &quot;realidad&quot; diferente. Y as&iacute; igualmente existe la l&oacute;gica del miedo, la l&oacute;gica de la alegr&iacute;a, la l&oacute;gica del duelo, etc. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Estos efectos operadores generales, semejantes en todos los afectos, merecen distinguirse de los <I>efectos espec&iacute;ficos de los afectos </I>que influyen en el pensamiento y en la acci&oacute;n de diferente modo seg&uacute;n sea un afecto u otro. El inter&eacute;s y la curiosidad, por ejemplo, activan las energ&iacute;as emocionales y las dirigen hacia determinados objetos. El miedo se distingue porque provoca un distanciamiento, y, eventualmente, la huida ante objetos que creemos peligrosos. Los sentimientos agresivos como la rabia o la c&oacute;lera establecen a su vez, en primer lugar, unos l&iacute;mites (&quot;hasta aqu&iacute; hemos llegado&quot;), que nos alejan de todo. Desde un punto de vista evolutivo la agresividad sirve, sobre todo -como as&iacute; lo ha demostrado Konrad Lorenz- para defensa del territorio o, si somos m&aacute;s precisos, para defender su propia identidad. Sentimientos agradables como la alegr&iacute;a, el placer o el amor engendran, por el contrario, la proximidad y el cari&ntilde;o que, a su vez, estar&aacute; seguido por el desapego y la tristeza (por el &quot;trabajo de duelo&quot;, seg&uacute;n Freud) en caso de p&eacute;rdida del objeto amoroso. Ahora bien, seg&uacute;n la investigaci&oacute;n etol&oacute;gica comparativa, todos esos sentimientos y comportamientos de base -la curiosidad, la huida o la defensa del territorio, el arraigo o el desapego- son de vital importancia desde el punto de vista evolutivo. En otras palabras, no poder sentir inter&eacute;s, miedo, rabia, placer, alegr&iacute;a y no disponer de ning&uacute;n medio para reponerse de una p&eacute;rdida, supuesta la incapacidad de &quot;hacer duelo&quot;, equivaldr&iacute;a a un peligro mortal. Darwin ya en su momento se sent&iacute;a profundamente interesado por la funci&oacute;n de los sentimientos en los animales y en los seres humanos, aunque este aspecto de su trabajo sea mucho menos conocido que sus descubrimientos seculares sobre la evoluci&oacute;n de las especies. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los afectos son por lo tanto -aunque conviene precisarlo- fen&oacute;menos claramente sensatos (&quot;sistem&aacute;ticamente razonables&quot;, como dir&iacute;a Niklas <a name="ra7"></a>Luhmann)<Sup><a href="#7">7</a></Sup>. Por el contrario, lo que parece totalmente &quot;irracional&quot; es precisamente el &quot;pensamiento sin sentimientos&quot;, seg&uacute;n una f&oacute;rmula del conocido terapeuta sist&eacute;mico Fritz B. Simon. La evaluaci&oacute;n afectiva subdivide la realidad vivida en categor&iacute;as vitales tales como &quot;peligroso/no peligroso&quot;, &quot;agradable/desagradable&quot;, etc. Operadores afectivos hondamente inconscientes se encargan, partiendo de esta base, de la adaptaci&oacute;n autorreguladora de la atenci&oacute;n, la memoria, el pensamiento y el comportamiento. En suma, los afectos se corresponden -para utilizar un concepto fundamental en inform&aacute;tica- con reductores de complejidad enormemente eficaces, indispensables para comprender el mundo y la realidad cotidiana que nos circunda. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Evidentemente, podr&iacute;amos alegar que todo esto est&aacute; muy bien, aunque solo podr&iacute;a aplicarse a estados con gran carga emocional y no al pensamiento cotidiano de poca carga emotiva. Pero examinemos este pensamiento cotidiano m&aacute;s de cerca. &Eacute;ste incluye todo lo que es nuevo y excitante, pero que ha terminado por convertirse en algo banal a fuerza de repetirlo. Habitualmente las emociones intensas del principio devienen inconscientes poco a poco. No obstante, &eacute;stas conservan, en su nivel de inconsciencia, la mayor parte de sus efectos sobre el pensamiento y el comportamiento. Por ejemplo, s&oacute;lo gracias a los efectos subyacentes de las intensas alegr&iacute;as y angustias vividas en fase de aprendizaje somos capaces de conducir un coche sin sufrir un accidente. Frenamos autom&aacute;ticamente con prudencia ante una curva y aceleramos tranquilamente cuando la v&iacute;a est&aacute; libre. Al mismo tiempo, seguimos desconfiando de las carreteras secundarias donde perros, ni&ntilde;os, etc. podr&iacute;an cruzar de repente. Sin saber muy bien c&oacute;mo lo hemos conseguido, nos encontramos de pronto al final de nuestro viaje. Sin embargo, todas las emociones que son conscientes en su origen surgir&aacute;n inmediatamente a la superficie cuando se produzca algo excepcional. La multitud de pensamientos y de costumbres en apariencia exentas de afectos que acompa&ntilde;an nuestra vida cotidiana obedecen a reglas semejantes. Una ingente cantidad de sutiles regulaciones afectivas inconscientes est&aacute;n de continuo trabajando en todas nuestras maneras de pensar, nuestras &quot;mentalidades&quot;, ideolog&iacute;as o prejuicios (que normalmente atribuimos a los dem&aacute;s) que parecen &quot;triviales&quot;. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Examinado bajo el &aacute;ngulo de la econom&iacute;a energ&eacute;tica, el sentido de dicho mecanismo est&aacute; muy claro. Se trata del rodaje progresivo de nuestras maneras de pensar, aprendidas primeramente a cambio de inversiones emocionales considerables, de manera que terminen por funcionar con un desgaste en&eacute;rgico m&iacute;nimo -por as&iacute; decirlo- con servoreguladores emocionales. &quot;Pensar es actuar a modo de prueba con un peque&ntilde;o desgaste de energ&iacute;a&quot;, dec&iacute;a Freud ya en un contexto similar. A la inversa, se podr&iacute;a comprender tambi&eacute;n la acci&oacute;n -en forma de experiencia cient&iacute;fica-, como un pensamiento a prueba, acompa&ntilde;ado por un gran desgaste energ&eacute;tico. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Cabe destacar que todo esto sirve igualmente, visto de cerca, para el pensamiento abstracto y matem&aacute;tico. Pues las contradicciones e incongruencias abstractas son tan penosas y desagradables (es decir, que consumen emocionalmente), como las contradicciones concretas. Las soluciones justas, por el contrario, son agradables, pues, reducen la tensi&oacute;n por su econom&iacute;a de energ&iacute;a emocional. &iexcl;No por casualidad el matem&aacute;tico se regocija cada vez que halla una soluci&oacute;n particularmente &quot;elegante&quot; de cierto problema! </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La l&oacute;gica afectiva postula, por lo tanto, que la b&uacute;squeda de este &quot;pensamiento placentero&quot;, de esta econom&iacute;a de energ&iacute;a emocional, domina y dirige el pensamiento abstracto tanto como la acci&oacute;n concreta. Como ocurre en un determinado paisaje, los caminos de pensamiento viables, caracterizados por una reducci&oacute;n del gasto energ&eacute;tico, en primer lugar, deben ser encontradas y probadas, tambi&eacute;n en los &quot;paisajes abstractos&quot;, con la ayuda de energ&iacute;as emocionales considerables, antes de que puedan convertirse en banalidades de las que nos servimos sin esfuerzo. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Innumerables investigaciones cient&iacute;ficas ilustran esta din&aacute;mica afecto-cognoscitiva siempre semejante, desde el famoso &quot;eureka&quot; de Arqu&iacute;medes con su descubrimiento del principio sobre el peso espec&iacute;fico, pasando por la revoluci&oacute;n copernicana que nos condujo de una noci&oacute;n geoc&eacute;ntrica a una comprensi&oacute;n helioc&eacute;ntrica de nuestro mundo hasta el desciframiento de la estructura del genoma en la doble h&eacute;lice por Crick y Watson. El descubrimiento de la novedad emerge, por decirlo as&iacute;, de la tensi&oacute;n emocional dolorosa, de la que una especie de sufrimiento corresponde sin duda, en &uacute;ltima instancia, a la angustia. Volveremos a esta idea de base ya enunciada por Freud as&iacute; como por Heidegger. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Mi tercera tesis afirma que <I>los sentimientos, pensamientos y comportamientos vividos simult&aacute;neamente, en una situaci&oacute;n determinada, tienden a agravarse en la memoria en forma de unidades funcionales. </I></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Estas unidades se reactualizar&aacute;n en situaciones semejantes y se diferenciar&aacute;n y se modificar&aacute;n eventualmente bajo la influencia de nuevas experiencias. Se corresponden, por lo tanto, con verdaderos &quot;programas integrados de sentimiento, pensamiento y comportamiento&quot; (que llamaremos &quot;programa SPC&quot;). De estos programas se constituyen los elementos de construcci&oacute;n fundamentales para el &quot;aparato ps&iacute;quico&quot; (Freud). Puede entenderse la psique como un entrelazado complejo de programas SPC. Esto puede ilustrarse mediante un simple ejemplo: el proverbio &quot;Ni&ntilde;o quemado no se arrima al fuego&quot; generaliza la observaci&oacute;n de que la percepci&oacute;n del fuego, la experiencia del dolor y el terror sentidos por un inocente ni&ntilde;o que, por ejemplo, tendi&oacute; por curiosidad su dedo cerca de una llama, instant&aacute;neamente se transformaron en reflejo de un desv&iacute;o condicionado, es decir, en un &quot;programa SPC&quot; integrado que proteger&aacute; al ni&ntilde;o para siempre en la repetici&oacute;n de la misma experiencia dolorosa. Este simple &quot;programa&quot; unido al fuego, estar&aacute; despu&eacute;s progresivamente diferenciado y parcialmente modificado mediante nuevas experiencias. Algo an&aacute;logo ocurrir&aacute; ya ante cualquier otro tipo de experiencia, sean otras personas, otros lugares, objetos o actividades, o incluso ante nociones abstractas como son por ejemplo las teor&iacute;as o las ideolog&iacute;as. Sabemos perfectamente que los programas SPC adquiridos en la primera infancia pueden ser el origen de l&iacute;neas de comportamiento que persisten durante toda la vida. Esto ocurre generalmente con formas de comportamiento que los psicoanalistas llaman reacciones de transferencia. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Dependiendo de los efectos operativos de los sentimientos sobre el pensamiento y el comportamiento que hemos descrito, los programas SPC te&ntilde;idos por cierta coloraci&oacute;n afectiva tender&aacute;n a aglomerarse y a formar, poco a poco, lo que podr&iacute;amos llamar &quot;rieles afectivo-cognoscitivos&quot;. Incluso los fen&oacute;menos transferenciales en sentido psiconal&iacute;tico nos proporcionan excelentes ilustraciones. Como consecuencia de una relaci&oacute;n infantil traum&aacute;tica con un padre excesivamente severo, por ejemplo, puede desarrollarse -y progresivamente transformarse en un rasgo de la personalidad- una actitud excesivamente ansiosa, servil y sumisa en apariencia pero al mismo tiempo agresiva y sublevada en el fondo hacia cualquier persona de autoridad masculina. Mediante la combinaci&oacute;n de distintos &quot;rieles&quot;, verdaderos &quot;mundos afecto-cognoscitivos propios&quot; pueden irse formando progresivamente. As&iacute; se desarrollar&aacute; acaso a lo largo del tiempo, excepcionalmente, la convicci&oacute;n inquebrantable de que no se puede confiar en ninguna persona de rango social superior y, al final, en ninguna persona sin m&aacute;s. Las construcciones afectivo-cognoscitivas del mismo g&eacute;nero, espec&iacute;ficas para cada persona, para cada grupo o para una cultura determinada est&aacute;n en la base de todo tipo de ideolog&iacute;as marginales como por ejemplo las visiones del mundo de tipo sectario, fundamentalista, &quot;autista&quot; o delirante. Veremos, a continuaci&oacute;n, m&aacute;s de cerca las consecuencias nefastas a las que semejantes &quot;rieles&quot; o &quot;mundos propios&quot; nos pueden a veces inducir. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Mi cuarta tesis afirma, de una manera que <I>puede parecer un poco enigm&aacute;tica a primera vista, que el grande est&aacute; dentro del peque&ntilde;o y el peque&ntilde;o est&aacute; dentro del grande, o incluso, que la psique posee una estructura fractal. </I></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La noci&oacute;n de fractalidad proviene de las teor&iacute;as del caos y de la complejidad. Puede traducirse por autosemejanza en cualquier dimensi&oacute;n, peque&ntilde;a o grande, y significa que ciertas estructuras obedecen, en todos los tama&ntilde;os posibles, a los mismos principios de construcci&oacute;n. Esas autosemejanzas que llamamos &quot;fractales&quot; se han detectado en un gran n&uacute;mero de fen&oacute;menos naturales y culturales, en la estructura de las nubes tormentosas llamadas &quot;nubes a modo de coliflor&quot;, en las que la forma de una nubecilla se asemeja a la forma de toda la nube, a trav&eacute;s de innumerables estructuras geol&oacute;gicas, bot&aacute;nicas o animales y llegando hasta estructuras urban&iacute;sticas y en parte a los aspectos de la din&aacute;mica socioecon&oacute;mica. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, parece muy veros&iacute;mil, desde el punto de vista de la l&oacute;gica afectiva, que la variedad infinita de fen&oacute;menos psicodin&aacute;micos y sociodin&aacute;micos obedece igualmente a un principio de construcci&oacute;n de tipo fractal, acaso porque el principio de la aplicaci&oacute;n de una &uacute;nica regla de formaci&oacute;n (de un algoritmo) capaz de engendrar una gran riqueza de formas es particularmente econ&oacute;mica. Ahora bien, acabamos de ver que dicha regla se pone en marcha bajo la forma de un efecto operatorio sobre pensamiento y acci&oacute;n, descritos m&aacute;s arriba. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Las emociones individuales y colectivas estimulan, focalizan y organizan, de hecho, el pensamiento y el comportamiento a todos los niveles fundamentalmente por igual. As&iacute; no s&oacute;lo las personas sino tambi&eacute;n todas las naciones en su totalidad pueden quedarse literalmente hipnotizadas durante semanas por los campeonatos mundiales de f&uacute;tbol o en duelo por un acontecimiento como la muerte de lady Diana. O lo que es mucho m&aacute;s grave, el pensamiento colectivo puede verse aprisionado, como cualquier pensamiento individual, por la l&oacute;gica de la rabia, del miedo o de la desesperaci&oacute;n que puede engendrar la guerra. En el marco del con flicto palestino-israel&iacute;, por ejemplo, los efectos operadores de esos sentimientos sobre el pensamiento y la acci&oacute;n se manifiestan de hora en hora como de a&ntilde;o en a&ntilde;o, y de decenio en decenio de manera semejante a todos los niveles posibles, individuales, familiares y nacionales. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Incluso dentro del nivel individual podemos encontrar innumerables variaciones de un solo y &uacute;nico principio de formaci&oacute;n. Lo que llamamos &quot;estructura de la personalidad&quot;, por ejemplo, se manifiesta a menudo de manera semejante en min&uacute;sculos fragmentos del comportamiento a corto plazo -as&iacute;, en un gesto moment&aacute;neo- al igual que en una compleja reacci&oacute;n de transferencia a largo plazo. Este fen&oacute;meno, por otro lado, ha sido explotado por tests de personalidad como los test de Rorschach, donde los rasgos de la personalidad se detectan a trav&eacute;s de actos de percepci&oacute;n aislados, estimulados por manchas de tinta que tienen formas equ&iacute;vocas. Como con el fen&oacute;meno del &quot;estilo&quot; en el arte, la fractalidad de la estructura de la personalidad puede describirse mediante la f&oacute;rmula &quot;lo m&aacute;s grande dentro de lo m&aacute;s peque&ntilde;o, lo m&aacute;s peque&ntilde;o dentro de lo m&aacute;s grande&quot;. Es esta estructura fractal la que nos permite reconocer a un artista en cada resquicio de su obra, una vez que &eacute;sta nos es conocida. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otro aspecto particularmente interesante de la fractalidad de la psique consiste en el hecho de que en toda emoci&oacute;n, el resto de las emociones (de base) en cierta medida se ven siempre incluidas: encontramos una pizca de amor en el odio, un asomo de miedo en la rabia, un atisbo de tristeza en la alegr&iacute;a y viceversa. Mucho antes del psicoan&aacute;lisis este hecho hab&iacute;a sido ya descrito por numerosos poetas y pensadores. De manera metaf&oacute;rica podr&iacute;a representarse por peque&ntilde;os toques de color contrastados en una superficie de apariencia monocroma o, mejor a&uacute;n, por min&uacute;sculas rugosidades escondidas en una pared rocosa que pareciese, a primera vista, lisa como un espejo. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Estos elementos alternativos, ocultos en un estado de sufrimiento en apariencia uniforme como por ejemplo en una depresi&oacute;n grave, pueden ser explotados en la psicoterapia. El psicoterapeuta puede, por as&iacute; decirlo, buscarlos con lupa, luego focalizarlos de manera selectiva y, finalmente, ampliarlos sistem&aacute;ticamente de manera que se vaya descubriendo poco a poco una v&iacute;a de escape. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Mi quinta tesis es, en cierto modo, el resumen de las cuatro anteriores. &Eacute;sta afirma que <I>los afectos son los motores y organizadores esenciales de toda evoluci&oacute;n ps&iacute;quica y social. </I></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Si indagamos entre las energ&iacute;as que ponen en marcha la din&aacute;mica de los procesos psicosociales, sea cual sea su tama&ntilde;o, topamos siempre con la fuerza de las emociones, tras considerar todos los hechos biogr&aacute;ficos, socioecon&oacute;micos o religiosos. Pretendo decir que nadie puede comprender adecuadamente los conflictos sociales, las erupciones de violencia, las revoluciones y los movimientos pol&iacute;ticos -y, realmente, cualquier din&aacute;mica psicosocial- a trav&eacute;s de aspectos cognoscitivos si no tiene en cuenta de manera sistem&aacute;tica las interacciones entre cognici&oacute;n y emoci&oacute;n. Precisamente eso es lo que ha sido ignorado durante mucho tiempo por la mayor parte de las ciencias humanas, a excepci&oacute;n, sin embargo, del psicoan&aacute;lisis. En toda la obra del gran soci&oacute;logo y revisador de las teor&iacute;as sociales modernas Niklas Luhmann, por ejemplo, no encontramos pr&aacute;cticamente ninguna huella de semejante idea, a pesar de que haya escrito libros completos sobre la confianza y el amor. Incluso cuando no muestra inter&eacute;s exclusivamente por sus variaciones sem&aacute;nticas a trav&eacute;s de las culturas (como en el amor), los sentimientos resultan ser para &eacute;l una especie de signo de alarma perturbadora proveniente del &aacute;mbito individual. Como principio, por lo tanto, no tendr&iacute;an cabida en la sociolog&iacute;a. Es significativo, sin embargo, que igualmente en los &quot;sistemas de consciencia individuales&quot;, como as&iacute; llama al campo de los fen&oacute;menos ps&iacute;quicos, las emociones solo ocupen uno de los lugares m&aacute;s <a name="ra8"></a>marginales<Sup><a href="#8">8</a></Sup>. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Si, por el contrario, entendemos los estados emocionales como energ&iacute;as omnipresentes, o si tendemos a destacar el hecho de que los sentimientos son altamente contagiosos, sobre todo si emanan de personalidades carism&aacute;ticas como gur&uacute;s u otros &quot;individuos alpha&quot;, resulta muy claro que es de all&iacute;, y no de ning&uacute;n otro sitio, de donde provienen las fuerzas fundamentales que azuzan y mueven la din&aacute;mica ps&iacute;quica y social. Energ&iacute;as emocionales individuales y dirigidas en un mismo sentido pueden converger hacia flujos colectivos extremadamente poderosos, dando as&iacute; lugar al surgimiento de fen&oacute;menos macrosociales totalmente nuevos, como por ejemplo la aparici&oacute;n de nuevas formas de organizaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n colectiva, movimientos sociales, modas, etc. A trav&eacute;s de todos estos niveles, observamos, de hecho, los mismos efectos movilizadores y estructurantes de los sentimientos sobre el pensamiento y la acci&oacute;n que hemos descrito m&aacute;s arriba. La histeria o el p&aacute;nico de las masas, la formaci&oacute;n de sectas, los extremismos nacionalistas u otros proporcionan ejemplos sorprendentes. Igualmente en el plano colectivo existen &quot;mundos afectivo-cognoscitivos&quot; o &quot;modos de pensar&quot; que est&aacute;n dominados por la rabia o el odio, as&iacute; como existen mundos dominados por el amor y la confianza. Su l&oacute;gica se ve organizada y estructurada consecuentemente. En ning&uacute;n otro lugar estos &quot;mundos afectivo-cognoscitivos&quot; espec&iacute;ficos son tan evidentes como en las famosas &quot;espirales de violencia&quot; tal y como por ejemplo est&aacute;n a punto de resurgir a una velocidad inquietante en el conflicto palestino-israel&iacute;, en Macedonia, o en numerosos puntos neur&aacute;lgicos del mundo. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otro fen&oacute;meno que no puede ser adecuadamente comprendido m&aacute;s que por una aproximaci&oacute;n simult&aacute;nea energ&eacute;tica y caos-te&oacute;rica de los afectos son los saltos inesperados que surgen con una frecuencia notable en todo tipo de procesos ps&iacute;quicos y sociales. Desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, la teor&iacute;a del caos estudia sistem&aacute;ticamente las condiciones de aparici&oacute;n de este tipo de &quot;bifurcaciones&quot; en los sistemas din&aacute;micos extremadamente variados. &Eacute;sta ha podido demostrar que repentinos saltos no lineales hacia otras modalidades globales de funcionamiento se producen de manera apremiante cada vez que la energ&iacute;a introducida en un sistema din&aacute;mico no puede disiparse por los conductos habituales. La m&aacute;quina a vapor explota cuando la presi&oacute;n aumenta hasta el punto que no puede liberarse por las v&aacute;lvulas previstas. Numerosos ejemplos demuestran un fen&oacute;meno semejante cuando la tensi&oacute;n emocional aumenta de manera desmesurada en un sistema ps&iacute;quico o social. Una paz fr&aacute;gil de repente se convierte en guerra abierta (y por lo tanto en otro modo de funcionamiento energ&eacute;tico global) cuando la tensi&oacute;n pol&iacute;tica alcanza un punto cr&iacute;tico. Algo semejante se produce en el &aacute;mbito microsocial cuando, tras una fase de invectivas verbales, dos protagonistas llegan a las manos. La b&uacute;squeda sistem&aacute;tica de los efectos de lo que llamamos &quot;emociones expresadas&quot; -<a name="ra9"></a><I>expressed emotions</I>-<Sup><a href="#9">9</a> </Sup>ha demostrado que la bifurcaci&oacute;n que conduce de un comportamiento normal a un comportamiento psic&oacute;tico obedece a mecanismos similares. Lo mismo sirve para innumerables crisis conyugales, profesionales, burs&aacute;tiles o pol&iacute;ticas. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">No es de extra&ntilde;ar, por otro lado, que igualmente observemos en este tipo de procesos &quot;efectos mariposa&quot; t&iacute;picos -fen&oacute;meno no lineal que las ciencias del caos han explorado de manera sistem&aacute;tica-. Se trata de c&oacute;mo, en ciertas condiciones, min&uacute;sculas causas pueden engendrar enormes efectos. Es tambi&eacute;n lo que se ha descrito como la imagen de la gota proverbial que desborda el vaso o de la chispa que hace explotar el barril de p&oacute;lvora. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Un famoso ejemplo hist&oacute;rico fue el atentado de Sarajevo que desencaden&oacute; la primera guerra mundial en 1914. No menos espectacular fue el efecto de la apertura de una peque&ntilde;a brecha en el muro de Berl&iacute;n en 1989 que condujo, en fin de cuentas, a la ca&iacute;da de todo el inmenso imperio sovi&eacute;tico. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Antes de abordar las consecuencias pr&aacute;cticas y generales de esta nueva manera de comprender los procesos psicosociales conviene decir algunas palabras sobre las relaciones entre la l&oacute;gica afectiva y los tres accesos al comportamiento humano, en mi opini&oacute;n, m&aacute;s importantes de los que disponemos hasta este momento: el acceso psicodin&aacute;mico, el sociodin&aacute;mico y el neurobiol&oacute;gico. La l&oacute;gica afectiva no est&aacute; en contradicci&oacute;n con ninguno de ellos, sino todo lo contrario: los une y los ilumina mutuamente. En este sentido se corresponder&iacute;a menos con una nueva teor&iacute;a que perturbase al resto, y m&aacute;s con una teor&iacute;a de base, o meta-teor&iacute;a que ordenase e integrase sus aspectos aparentemente heterog&eacute;neos dentro de una perspectiva superior, reduciendo su complejidad. Se vienen persiguiendo metas parcialmente semejantes en la sociedad de neuropsicoan&aacute;lisis recientemente fundada en Londres as&iacute; como por la &quot;psicoterapia general&quot; desarrollada desde hace algunos a&ntilde;os por <a name="ra10"></a>Klaus Grawe<Sup><a href="#10">10</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Sus efectos emocionales explican las fuerzas b&aacute;sicas, de orden biol&oacute;gico en &uacute;ltima instancia, que dinamizan, estructuran e integran los sistemas ps&iacute;quicos o sociales auto-organizadores. En cualquier tipo de din&aacute;mica psicosocial resultan ineludibles las profundas influencias afectivas. Merecen, por lo tanto, un lugar central y no s&oacute;lo marginal en nuestra manera de comprender a la gente y al mundo. Seg&uacute;n la l&oacute;gica afectiva, por ejemplo, los mecanismos de represi&oacute;n, de anclaje y de transferencia (en sentido psicoanal&iacute;tico), se corresponden solo con casos especiales de efectos de selecci&oacute;n y represi&oacute;n que en general todos los afectos ejercen sobre el pensamiento y la memoria. Los fen&oacute;menos del consciente y del inconsciente se presentan igualmente bajo un nuevo prisma. La atenci&oacute;n consciente se presenta como un modo de funcionamiento particularmente oneroso desde el punto de vista energ&eacute;tico y que queda reservado esencialmente a tareas nuevas o excepcionalmente dif&iacute;ciles, as&iacute; como a aspectos potencialmente peligrosos o particularmente interesantes. El inconsciente representa, por el contrario, el modo de funcionamiento m&aacute;s econ&oacute;mico posible. Por lo tanto, constituye el objetivo final de cualquier aprendizaje, y, en &uacute;ltima instancia, de cualquier aprendizaje en psicoterapia. Pensemos una sola vez m&aacute;s en el ejemplo de la conducta automovil&iacute;stica. No tiene, pues, &uacute;nicamente sentido el famoso lema freudiano &quot;Lo que era Ello habr&aacute; de ser Yo&quot;, sino tambi&eacute;n su contrario: &quot;Lo que era Yo habr&aacute; de ser Ello&quot;.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="3">Consecuencias pr&aacute;cticas y generales</font> </b></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Si omnipresentes energ&iacute;as afectivas ejercen realmente todos los efectos de movilizaci&oacute;n, organizaci&oacute;n y reducci&oacute;n de complejidad sobre el pensamiento individual y colectivo postulados por la teor&iacute;a de la l&oacute;gica afectiva, ella tendr&aacute; forzosamente m&uacute;ltiples consecuencias en los &aacute;mbitos m&aacute;s variados de la vida familiar y profesional del d&iacute;a a d&iacute;a a trav&eacute;s del comercio, la publicidad y la pol&iacute;tica, pasando por la pedagog&iacute;a, la psicoterapia e, incluso, la teor&iacute;a del conocimiento y de la filosof&iacute;a. En este punto no podr&eacute; abordar m&aacute;s que algunos aspectos de inter&eacute;s general. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En todas partes, donde la comunicaci&oacute;n es importante -&iquest;y d&oacute;nde no lo ser&iacute;a?- hay que tener en cuenta los continuos efectos emocionales sobre el pensamiento y el comportamiento. Pues la comunicaci&oacute;n est&aacute; <I>siempre </I>afectivamente coloreada, incluso cuando se presenta como &quot;neutra&quot; u &quot;objetiva&quot; (como ya he dicho, esas disposiciones igualmente se corresponden con estados afectivos espec&iacute;ficos). Para que alcance un &quot;tono de fondo&quot; relajado o distendido, jovial o irritado en una comunicaci&oacute;n, importa casi tanto como su contenido y, en ocasiones, incluso mucho m&aacute;s. Cuando el color emocional de un mensaje se corresponde con el humor afectivo del receptor, el mensaje ser&aacute; mucho m&aacute;s f&aacute;cilmente comprensible y aceptado que en el caso contrario. Por esta raz&oacute;n cualquier vendedor, pol&iacute;tico, pedagogo o psicoterapeuta experimentado se esfuerza, primeramente, en crear un ambiente emocional propicio antes de &quot;entrar realmente en materia&quot;. O mejor dicho: comienza por entrar &eacute;l mismo en el mundo afectivo propio de su interlocutor o de su cliente; conscientemente se deja &quot;infectar&quot; en cierta medida -este es exactamente el sentido de la atenci&oacute;n sistem&aacute;tica llevada a la transferencia o a la contratransferencia en psicoan&aacute;lisis- y &quot;transmite&quot; a continuaci&oacute;n su mensaje sobre una &quot;extensa onda&quot; emocionalmente similar. Y por as&iacute; decirlo se conecta a los &quot;programas integrados del sentir, del pensar y del comportarse&quot; que detecta en su interlocutor; luego los refuerza por un lado y los mitiga por otro; introduce en ellos nuevas informaciones (notemos de paso que cualquier informaci&oacute;n posee una connotaci&oacute;n afectiva, sin la cual no prestar&iacute;a atenci&oacute;n alguna), consiguiendo provocar poco a poco cambios efectivos. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Si adem&aacute;s tenemos en cuenta el hecho de que estos afectos, tal y como acabamos de definirlos, se manifiestan no solo en &quot;nuestra cabeza&quot; sino tambi&eacute;n (y muy a menudo en primer lugar) en el cuerpo, nos daremos cuenta de que no solo la lengua hablada sino tambi&eacute;n que la acci&oacute;n com&uacute;n (por ejemplo el deporte, la danza, el paseo, el trabajo manual) pueden constituir excelentes soportes para una comunicaci&oacute;n terap&eacute;utica eficaz. No por casualidad los hombres de Estado particularmente perspicaces se pasean a veces por el bosque o frecuentan incluso la sauna para favorecer el desbloqueo en situaciones delicadas. Un gran n&uacute;mero de m&eacute;todos psicoterap&eacute;uticos, que no se basan &uacute;nicamente en la palabra sino tambi&eacute;n en la vivencia personal, exploran precisamente este tipo de mecanismo. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">De igual manera, tiene una gran importancia el ambiente emocional del medio donde se desarrolla cierta comunicaci&oacute;n terap&eacute;utica o de otra &iacute;ndole. As&iacute; por ejemplo ha podido comprobarse de manera particularmente llamativa en el marco de un proyecto piloto que pusimos en marcha hace dieciocho a&ntilde;os con el nombre de &quot;Soteria Berna&quot;. En lugar de calmar a los pacientes psic&oacute;ticos agudos mediante dosis elevadas de medicamentos, nosotros les tratamos en primer lugar y con gran &eacute;xito con la compa&ntilde;&iacute;a humana constante en un medio terap&eacute;utico espec&iacute;ficamente concebido para disminuir la angustia y la tensi&oacute;n. Esta experiencia, impulsada por investigaciones comparativas crecientes, confirma la hip&oacute;tesis mencionada m&aacute;s arriba seg&uacute;n la cual la aparici&oacute;n de turbaciones psic&oacute;ticas est&aacute; estrechamente relacionada con el nivel de tensi&oacute;n emocional que se desarrolla en una persona vulnerable. Semejantes correlaciones se han ido detectando en otro tipo de afecciones ps&iacute;quicas. El lector interesado encontrar&aacute; precisiones sobre el tema en el libro recientemente publicado en alem&aacute;n: <I>&iquest;C&oacute;mo act&uacute;a Soteria? Una evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica de un tratamiento at&iacute;pico de la <a name="ra11"></a>psicosis</I><Sup><a href="#11">11</a></Sup>. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Otras consecuencias pr&aacute;cticas de la l&oacute;gica afectiva merecen tambi&eacute;n ser tratadas como, por ejemplo, sus aplicaciones pedag&oacute;gicas o profesionales, o sus implicaciones en el manejo de las relaciones humanas en el plano <a name="ra12"></a>institucional<Sup><a href="#12">12</a></Sup>. Tratemos todav&iacute;a algunos aspectos generales. Desde siempre los pensadores y naturalmente los poetas han estado muy interesados por los sentimientos. Entre los primeros no mencionar&eacute; m&aacute;s que a Plat&oacute;n, Spinoza o m&aacute;s pr&oacute;ximo a nosotros, Heidegger, quien vincula en un &uacute;ltimo an&aacute;lisis cualquier tipo de actividad intelectual a la <I>angustia, </I>en una <a name="ra13"></a>palabra<Sup><a href="#13">13</a></Sup>. Su disc&iacute;pulo y cr&iacute;tico Bollnow ha ampliado esta aproximaci&oacute;n hasta una antropolog&iacute;a general de los afectos que coincide de manera chocante con las tesis centrales de la l&oacute;gica <a name="ra14"></a>afectiva<Sup><a href="#14">14</a></Sup>. De cualquier manera, la noci&oacute;n hacia la que todas estas contribuciones convergen -y convergen hacia la conciencia de que un pensamiento libre de afecto no existe ni puede existir- no nos dirige s&oacute;lo a una comprensi&oacute;n m&aacute;s global sino tambi&eacute;n m&aacute;s realista, m&aacute;s humana y quiz&aacute; m&aacute;s grata del hombre y del mundo. Y nos induce, igualmente, a hacer una revisi&oacute;n dolorosa de nuestra comprensi&oacute;n, siempre demasiado idealista, de nosotros mismos. Los dramas privados y colectivos que vivimos a diario -no menciono, aparte del terror cotidiano de la peque&ntilde;a pantalla, m&aacute;s que algunas claves de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os como la guerra del Golfo, la de Ruanda, Bosnia y Kosovo, Israel y Palestina, sin hablar del Holocausto y de otros horrores de un pasado no tan lejano- no son azarosos sino que est&aacute;n profundamente enraizados en nuestras disposiciones innatas al sentir, pensar y actuar. Las energ&iacute;as emocionales, semejantes al fuego, al viento o al agua, corresponden a fuerzas elementales de la naturaleza. Desencadenadas, pueden engendrar terribles consecuencias. Sublimadas, por el contrario, son capaces de dar lugar a fen&oacute;menos extremadamente diferenciados. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En consecuencia, siempre puede haber nuevas atrocidades, si las condiciones son propicias, casi cien a&ntilde;os m&aacute;s tarde nada queda, &iexcl;ay!, de la esperanza, anta&ntilde;o formulada por Sigmund Freud y m&aacute;s tarde tambi&eacute;n por Norbert Elias, acerca de la domesticaci&oacute;n cultural de las emociones. El dolor, el miedo y la violencia no se han sublimado (en una &eacute;poca de bombas de hidr&oacute;geno, de napalm, de bombardeos y misiles de precisi&oacute;n), s&oacute;lo se han vuelto an&oacute;nimos, han sido racionalizados y convertidos, de manera cada vez m&aacute;s refinada, mediante procedimientos tecnol&oacute;gicos. La sexualidad desenfrenada nada tiene que ver con el amor sublime y mucho menos la pornograf&iacute;a; ni tampoco la perversi&oacute;n tecnol&oacute;gica progresiva de procesos vitales como la concepci&oacute;n y el embarazo, el nacimiento y la muerte que antes eran sagradas. &iquest;D&oacute;nde queda la consciencia de que cada ser humano es una parte (un fragmento o un &quot;fractal&quot;) de un gran ensamblaje, un sensor, as&iacute; como -en una medida infinitesimal que sea- un actor y co-autor responsable en el inmenso lienzo de las causas y efectos que constituye la &quot;realidad&quot;? Despu&eacute;s de las &uacute;ltimas noticias de horror, como las de los Estados Unidos, no cuentan en serio ya la modificaci&oacute;n global del clima, ni que el parlamento brasile&ntilde;o permita la deforestaci&oacute;n de la mitad de la Amazon&iacute;a, ni que pronto no habr&aacute; elefantes o grandes monos antropoides, ni que la dignidad individual y el genoma humano no ser&aacute;n en adelante nada sagrados, tras lo cual no se esconde s&oacute;lo (como se pretende a menudo) el fr&iacute;o calculo del pensamiento racional. Desde hace mucho tiempo la industria farmac&eacute;utica, el genio gen&eacute;tico, la ciencia no promueven la investigaci&oacute;n por el bien de la humanidad en primer lugar, y mucho menos por amor al puro saber sino s&oacute;lo por su propio provecho monetario y estad&iacute;stico. Y tras la l&oacute;gica del provecho a toda costa se perfilan muy bien, de manera disimulada siempre, las mismas emociones de fondo que existen desde siempre, desde el origen del pensamiento y de la acci&oacute;n del hombre: el miedo, el terror, la codicia y la envidia, la carrera hacia la felicidad, el poder y la posesi&oacute;n, as&iacute; como tambi&eacute;n, sin duda, y extra&ntilde;amente entremezclada con todo esto, una amagalma de &quot;sentimientos positivos&quot;. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Porque, evidentemente, tambi&eacute;n existe el reverso de la moneda: mezcladas y dosificadas de manera diferente encontramos, de hecho, las mismas energ&iacute;as emocionales que las que estimulan el camino hacia el provecho en las transformaciones culturales, art&iacute;sticas o espirituales m&aacute;s grandes del hombre, en su eterna b&uacute;squeda de belleza y equidad, en su nostalgia de la armon&iacute;a y la paz, en su capacidad de cuidar, cultivar y amar. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En fin de cuentas, &iquest;qu&eacute; es el hombre?, o mejor dicho, siguiendo la perspectiva de la l&oacute;gica afectiva, &iquest;en qu&eacute; se est&aacute; convirtiendo? &iquest;Es un animal muy terrible, pues, siendo terriblemente inteligente, es el m&aacute;s atroz de todos los depredadores o, por el contrario, &iquest;es un milagroso venero espiritual, una verdadera &quot;corona de la creaci&oacute;n&quot;? Lo ignoramos, aunque de momento no presentimos nada bueno. S&oacute;lo sabemos que tiene y tendr&aacute; siempre la &uacute;ltima palabra. Ahora y siempre nuestra suerte estar&aacute; echada durante el transcurso de esta lenta y desmesurada evoluci&oacute;n, magn&iacute;fica y cruel a la vez, que ya ha inventado centenares de millones de formas de vida y que ha rechazado otras tantas. Por sorpresa, desde las ciencias de la evoluci&oacute;n -y precisamente con esta nota moderadamente optimista deseo terminar mi reflexi&oacute;n sobre las relaciones entre pensamiento y sentimiento- nos llega desde hace poco un nueva luz de esperanza. Seg&uacute;n sus &uacute;ltimas investigaciones ya no es el brutal poder del m&aacute;s fuerte el que conduce a las mejores posibilidades de sobrevivir. Es m&aacute;s bien la capacidad de trabajar en armon&iacute;a, de colaborar en una forma diferente. Por lo tanto, es una forma de econom&iacute;a, de armon&iacute;a y en &uacute;ltima instancia, de amor, la que se revela como la invenci&oacute;n m&aacute;s fruct&iacute;fera de la evoluci&oacute;n a largo plazo. Y precisamente as&iacute; podr&iacute;a -o incluso <I>deber&iacute;a</I>, desde la perspectiva de la &quot;racionalidad sist&eacute;mica&quot;- lograrse acaso, finalmente, nuestra salvaci&oacute;n. </font></P> <hr align="left" width="30%" size="1">     <P><font face="Verdana" size="2">* <I>Wiener Vorlesung </I>(9-V-2001), publicado bajo el t&iacute;tulo <I>Gef&uuml;hle, Affekte, Affektlogik</I>. <I>Ihr Stellenwert in unserem Menschen und Weltverst&auml;ndnis, </I>Viena, Picus (cf. Ciompi, 2002). Est&aacute; traducido de la versi&oacute;n del autor, julio 2004. </font></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="a1"></a><a href="#ra1" name="1">1</a> </Sup>&quot;Womit leben wir denn eigentlich, wo sp&uuml;ren wir das Leben, wenn nicht mit unserem Gef&uuml;hl?&quot;, Hesse, H., 1927, p. 43.<Sup><a name="a2">    <br> </a><a href="#ra2" name="2">2 </a></Sup>&quot;Affekt&quot; en alem&aacute;n, &quot;affect&quot; en ingl&eacute;s.<Sup><a name="a3">    <br> </a><a href="#ra3" name="3">3</a> </Sup>Kernberg, 1990.<Sup><a name="a4">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </a><a href="#ra4" name="4">4</a> </Sup>&quot;Affektlogik&quot; en alem&aacute;n, cf. Ciompi, 1982.<Sup><a name="a5">    <br> </a><a href="#ra5" name="5">5</a></Sup>   Ciompi, 1997<Sup><a name="a6">    <br> </a><a href="#ra6" name="6">6</a></Sup> Kleinginna y otros, 1981.<Sup><a name="a7">    <br> </a><a href="#ra7" name="7">7</a></Sup>   Luhmann, 1997.<Sup><a name="a8" id="a8">    <br> </a><a href="#ra8" name="8">8</a></Sup>   Luhmann, 1985.<Sup><a name="a9">    <br> </a><a href="#ra9" name="9">9</a></Sup> Leff y otros, 1985.<Sup><a name="a10">    <br> </a><a href="#ra10" name="10">10</a> </Sup>Grawe, 1995.<Sup><a name="a11">    <br> </a><a href="#ra11" name="11">11</a> </Sup>Ciompi y otros, 2001.<Sup><a name="a12">    <br> </a><a href="#ra12" name="12">12</a> </Sup>Cf. Ciompi, 2000, 2003 a, b, 2004.<Sup><a name="a13">    <br> </a><a href="#ra13" name="13">13</a> </Sup>Heidegger, 1963.<Sup><a name="a14">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </a><a href="#ra14" name="14">14</a> </Sup>Bollnow, 1956.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Bibliografía</font></B></P>     <P><font face="Verdana" size="2">1. BOLLNOW, O. F.,<I>Das Wesen der Stimmungen</I>, Fr&aacute;ncfort del Meno, Klostermann, 1956. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 2. CIOMPI, L., <I>Affektlogik</I>. <I>&Uuml;ber die Struktur der Psyche und ihre Entwicklung. Ein Beitrag zur Schizophrenieforschung</I>, Stuttgart, Klett-Cotta, 1982. <I>The Psyche and Schizophrenia. The Bond between Affect and Logic</I>, Cambridge (Mass.) y Londres, Harvard University  Press, 1988. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 3. CIOMPI, L., <I>Die emotionalen Grundlagen des Denkens. Entwurf einer fraktalen Affektlogik</I>, Gotinga, Vandenhoeck y  Ruprecht, 1997. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 4. CIOMPI, L., <I>Gef&uuml;hle, Affekte, Affektlogik. Ihr Stellenwert in unserem Menschen und Weltverst&auml;ndnis</I>, Viena, Picus, 2002. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 5. CIOMPI, L., &quot;Affektlogik, affecktive Kommunikation und P&auml;dagogik. Eine wissenschaftliche Neuorientierung&quot;, en UNTERWEGER, E., ZIMPRICH, V. (eds.), &quot;Neuorientierung&quot;, en UNTERWEGER, E.; ZIMPRICH, V. (eds.), <I>Braucht die Schule eine Psychotherapie?</I>, Viena, Orac., 2000, pp. 3-17. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 6. FREUD, S., <I>Beitr&auml;ge zur Psychologie des Liebeslebens. Gesammelte Werke</I>, VIII, Londres, Imago Publishing, 1940, p. 91(y <I>&Uuml;ber Sublimation</I>). </FONT></P> <font face="Verdana" size="2"> 7. DAMASIO, A., <I>Descartes Error</I>. <I>Emotion, Reason and the Human Brain</I>, Nueva York, Grosset/Putnam, 1994.</font>     <P><font face="Verdana" size="2">8. FREUD, S.,,<I>Neue Folge der Vorlesungen zur Einf&uuml;hrung in die Psychoanalyse, Gesanmmelte Werke</I>, XV, Londres, Imago Publishing, 1940, p. 96. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"> 9. FREUD, S., &quot;Beitr&auml;ge zur Psychologie des Liebeslebens&quot;, <I>Gesammelte Werke</I>, VIII, Londres, Imago Publishing, 1940, p. 91 (y <I>&Uuml;ber Sublimation</I>), GOLEMAN, D., <I>Emotional Intelligence, Why it can Matter More than IQ</I>, Nueva York, Bantam, 1995 (<I>Emotionale Intelligenz</I>, M&uacute;nich y Viena,  Hanser, 1996). </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 10. GRAWE, K., &quot;Grundriss einer allgemeinen Psychotherapie&quot;<I>, Psychotherapeut</I>, 40, 1995, pp. 130-145. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 11. HATFIELD, E.; CACIOPPO, J. T.; RAPSON, R. L., <I>Emotional Contagion</I>, Par&iacute;s, Cambridge University  Press, 1994. </FONT></P>       <P><font face="Verdana" size="2">12. HEIDEGGER, M., <I>Sein und Zeit</I>, Halle del   Saale, 1927. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 13. HESSE, H., <I>Die N&uuml;rnberger Reise</I>, Berl&iacute;n, 1927, p. 43. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 14. KERNBERG, O., &quot;New Perspectives in Psychanalytic Affect Theory&quot;, en KELLERMANN, H.; PLUTCHIK, R., <I>Emotion Theory, Research and Experience</I>, Nueva York, 1990, pp. 115-131. BOLLNOW, O. F., <I>Das Wesen der Stimmungen</I>, Fr&aacute;ncfort del Meno,  Klostermann, 1956. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 15. KLEINGINNA, P. R.; KLEINGINNA, A., &quot;Cognition and Affect. A Reply to Latarus and Zajonc&quot;, <I>Am. Psychologist</I>, 40, 1985, pp. 470-471; CIOMPI, 1997, cap. 1; LUHMANN, N., &quot;Die Autopoiesis des Bewusstseins&quot;, <I>Soziale Welt</I>, 36, 1985, pp. 402-446. </FONT></P>      <P><font face="Verdana" size="2"> 16. LEFF, J.; VAUGHN, C.; <I>Expressed Emotions in Families. Its significance for Mental Illness</I>, Nueva York, Londres, Guilford Press, 1985; LUHMANN, N., <I>Die Gesellschaft der Gesellschaft, </I>Suhrkamp, Fr&aacute;ncfort del Meno, 1997. </font></P>      ]]></body>
</article>
