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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>EDITORIAL</b></FONT></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="4"><b>La nueva actualidad de la salud mental</b></FONT></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>Alberto Fern&aacute;ndez Liria</b></FONT></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La salud mental y la atenci&oacute;n a los trastornos mentales han ocupado un lugar destacado en el debate social en diversos momentos hist&oacute;ricos. As&iacute;, por ejemplo, la introducci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis supuso una aut&eacute;ntica conmoci&oacute;n en los inicios del siglo veinte, las aportaciones de los culturalistas fueron <i>best sellers </i>en los a&ntilde;os cincuenta y la voluntad de descifrar el tipo de cuestionamiento de los usos sociales que encerraba la locura lo fue en los sesenta y setenta de la mano de los llamados antipsiquiatras, de los reformadores de la psiquiatr&iacute;a o de Michel Foucault y seguidores ya en los sesenta y setenta. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En los a&ntilde;os ochenta las referencias a la salud o los trastornos mentales fuera de los &aacute;mbitos especializados pasaron a ser meramente marginales. A la sombra de las grandes revoluciones conservadoras, la atenci&oacute;n a la salud mental dej&oacute; de ser considerada un desaf&iacute;o para el Estado del Bienestar o una fuente de inspiraci&oacute;n para el pensamiento cr&iacute;tico, para pasar a ser observada &uacute;nicamente como un potencial mercado en el que la industria podr&iacute;a realizar beneficios. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El pensamiento psiqui&aacute;trico y la actividad de los psiquiatras pasaron a supeditarse de un modo absoluto a este fin. La salud mental dej&oacute; de ser pensada como un logro dif&iacute;cilmente construido, y pas&oacute; a considerarse un estado natural s&oacute;lo amenazado por alteraciones bioqu&iacute;micas del funcionamiento cerebral, pues se esperaba que el desarrollo paralelo de las neurociencias -que hay que decir que se ha producido a pesar de los psiquiatras y no gracias a ellos- pudiera explicar las enfermedades. Los psiquiatras pasamos a ser prescriptores y, en todo caso, testigos y voceros de las bondades de los remedios que se disputaban el nuevo mercado. Nuestro gran desaf&iacute;o te&oacute;rico pas&oacute; a ser la construcci&oacute;n de grandes sistemas ate&oacute;ricos (como el DSM) que permitieran identificar los trastornos sobre los que se supone que cada uno de los remedios puede actuar m&aacute;s espec&iacute;ficamente. </FONT></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Aunque la perspectiva instaurada en los ochenta siga siendo hegem&oacute;nica y permanezca incuestionada en los &oacute;rganos de expresi&oacute;n de la comunidad psiqui&aacute;trica y, por supuesto, en las instituciones acad&eacute;micas, lo cierto es que hoy tenemos datos suficientes para sostener que ha resultado un fracaso. Los remedios que se supon&iacute;a que iban a ser cada vez m&aacute;s espec&iacute;ficos para trastornos cada vez m&aacute;s precisamente definidos, han resultado ser todo menos espec&iacute;ficos. Recu&eacute;rdese que los inhibidores selectivos de la recaptaci&oacute;n de la serotonina (ISRS) pretend&iacute;an haberse convertido en la "bala de plata" que actuaba contra lo que se supon&iacute;a que era la alteraci&oacute;n espec&iacute;fica de la depresi&oacute;n, frente a la inespecificidad de los antiguos -y tan baratos- antidepresivos tric&iacute;clicos. Incluso se crearon categor&iacute;as diagn&oacute;sticas nuevas -la depresi&oacute;n at&iacute;pica- para excluir los trastornos sufridos por algunos pacientes que no respond&iacute;an bien a los nuevos remedios. Hoy, los ISRS son el tratamiento farmacol&oacute;gico de primera elecci&oacute;n de la depresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n del trastorno de angustia, de la ansiedad generalizada, del trastorno obsesivo compulsivo, de los trastornos de la personalidad, de los trastornos del control de impulsos y de otros muchos. Si tenemos en cuenta, a la vez, que a los antipsic&oacute;ticos responden los s&iacute;ntomas positivos de los pacientes esquizofr&eacute;nicos, los delirios cr&oacute;nicos, los cuadros man&iacute;acos, los s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos de los trastornos mentales org&aacute;nicos y otros, quiz&aacute;s pod&iacute;amos pensar que, aunque s&oacute;lo fuera en consideraci&oacute;n de lo que podemos aprender sobre nuestro trabajo como cl&iacute;nicos prescriptores -necesitar&iacute;amos articular nuestras clasificaciones- o, mucho mejor, pensar sobre la salud mental y los trastornos mentales sobre nuevas bases. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han producido algunas se&ntilde;ales de que existe una nueva preocupaci&oacute;n social por la salud mental y sus alteraciones al menos en lo que solemos llamar el mundo desarrollado. Sin hacer menci&oacute;n a la proliferaci&oacute;n de instrumentos de autoayuda que pretenden responder a la necesidad subjetivamente experimentada por multitudes de preservar su salud mental, si atendemos s&oacute;lo a las manifestaciones institucionales encontramos que la salud y los trastornos mentales han vuelto a ser motivo de preocupaci&oacute;n pol&iacute;tica, al menos en Europa. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud nos ha provisto, a trav&eacute;s del proyecto ATLAS, de una visi&oacute;n de conjunto que nos permite conocer la situaci&oacute;n a grandes rasgos de la atenci&oacute;n a la salud mental en todo el mundo. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La Oficina Regional Europea de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud propici&oacute; el acuerdo entre veinticinco ministros de sanidad europeos, materializado en los llamados acuerdos de Helsinki, para tomar medidas concretas tendentes a mejorar la salud mental y actuar contra sus alteraciones en todos ellos. La Comisi&oacute;n Europea, a su vez, ha promovido la redacci&oacute;n del llamado Libro Verde, que re&uacute;ne recomendaciones para articular una pol&iacute;tica de salud mental conjunta en Europa. El Consejo de Europa ha desarrollado importantes documentos y trabaja en el desarrollo de nuevos instrumentos que pretenden servir para proteger los derechos de las personas con trastornos mentales. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Algunos gobiernos, como el brit&aacute;nico, han incrementado los fondos dedicados a la atenci&oacute;n a la salud mental de un modo muy significativo, poniendo en marcha programas por los que han visto la luz, adem&aacute;s de los importantes recursos ya existentes, los equipos de tratamiento asertivo comunitario, los equipos de atenci&oacute;n en crisis o los equipos de atenci&oacute;n temprana. El 31 de julio, el ministro de sanidad de ese pa&iacute;s anunciaba el funcionamiento de los primeros equipos del plan por el que el Servicio Nacional de Salud va a dotarse de los psicoterapeutas necesarios para ofrecer psicoterapia como tratamiento de rutina para pacientes con ansiedad o depresi&oacute;n. Y la prestigiosa revista m&eacute;dica <i>The Lancet</i>,ha dedicado una serie de art&iacute;culos haci&eacute;ndose eco de todo lo anterior y proponiendo v&iacute;as de actuaci&oacute;n a trav&eacute;s de una serie de art&iacute;culos redactados por un llamado <i>Lancet Global Mental Health Group</i>, que re&uacute;ne a 38 expertos internacionales en el tema. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">A la vista de estos informes (alguno de los cuales utiliza datos relativamente antiguos), España se encuentra entre los países europeos que menos recursos dedica a la atención a la salud mental. La estructura del Estado de las Autonom&iacute;as, con la circunstancia de que la mayor parte de las competencias sanitarias est&aacute;n transferidas, hace que no sea f&aacute;cil trasponer las directivas europeas. Sin embargo, muy recientemente se han producido algunos avances importantes propiciados desde el gobierno central. En primer lugar se ha regulado por ley una cartera de servicios del sistema nacional de salud, que obliga a las autonomías y que define las responsabilidades en la materia de la atenci&oacute;n primaria de salud y la atenci&oacute;n especializada. Dicha cartera incluye los tratamientos farmacol&oacute;gicos, la psicoterapia y la rehabilitaci&oacute;n, lo que, hasta ese momento, era objeto de discusi&oacute;n. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Adem&aacute;s, a iniciativa del Ministerio, el Consejo Interterritorial ha aprobado la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud. Se trata de un documento que es, necesariamente, un documento de m&iacute;nimos, porque expresa un acuerdo de todas las comunidades aut&oacute;nomas (un acuerdo, sorprendente en los tiempos que corren, y por ello una buena noticia). Pero es un documento suficiente que, sin duda, servirá para armonizar el desarrollo de los servicios autonómicos y mejorar su calidad. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Una de las constantes en los documentos europeos es la constataci&oacute;n de que la salud mental, globalmente considerada, no puede ser una tarea s&oacute;lo sanitaria sino que requiere de un trabajo coordinado en el que deben participar muchos otros departamentos. El documento titulado "Modelo de Atenci&oacute;n en el Sistema para la Autonom&iacute;a del Enfermo Mental Grave" publicado por el IMSERSO y fruto tambi&eacute;n de un amplio consenso, abre el camino a esta perspectiva, que deber&iacute;a extenderse necesariamente a otros departamentos, con especial urgencia a los responsables de las prisiones y la justicia, donde se dan situaciones inaceptables. </FONT></p>     <p><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Este resurgir del tema no est&aacute; exento de peligros. A los profesionales de la salud mental nos toca promover el debate social que permita sortear alguno de ellos: la delimitaci&oacute;n del objeto de nuestro trabajo como cl&iacute;nicos (los trastornos mentales, ¿definidos con qu&eacute; criterio?) del malestar general y de los comportamientos anti&eacute;ticos, los obst&aacute;culos sociales, culturales y normativos a la integraci&oacute;n y recuperaci&oacute;n de las personas que sufren trastornos mentales, el uso coercitivo de los instrumentos de la psiquiatr&iacute;a (v&eacute;ase el nuevo protocolo de repatriaci&oacute;n de emigrantes), los nuevos modos de vulneraci&oacute;n de los derechos de los enfermos mentales. Con toda seguridad, oiremos hablar de ellos. </FONT></p>      ]]></body>
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