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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La capacidad de los pacientes para tomar decisiones: una tarea todavía pendiente]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The evaluation of the capacity constitutes a challenge for the model of clinical relation based on the idea of informed consent.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>ORIGINALES Y REVISIONES</B></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="4"><b><a name="top"></a>La capacidad de los pacientes para tomar decisiones: una tarea todav&iacute;a pendiente</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="4"><b>The decission-making capacity of patients: a still unsettled job</b></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Pablo Sim&oacute;n-Lorda</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Doctor en Medicina. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Magister en Bio&eacute;tica por la UCM. Profesor de la Escuela Andaluza de Salud P&uacute;blica. Granada. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><a href="#back">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P> <hr size="1" noshade>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>RESUMEN</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La evaluaci&oacute;n de la capacidad constituye un reto abierto para el modelo de relaci&oacute;n cl&iacute;nica basado en la idea de consentimiento informado.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Palabras clave:</B> Capacidad, bio&eacute;tica, consentimiento informado, psiquiatr&iacute;a Legal.</FONT></P> <hr size="1" noshade>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>SUMMARY</b> </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">The evaluation of the capacity constitutes a challenge for the model of clinical relation based on the idea of informed consent. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Key words:</B> Capacity, bioethics, informed consent, legal psychiatry. </FONT></P> <hr size="1" noshade>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Puede decirse que la evaluaci&oacute;n de la capacidad es una de las cuestiones clave todav&iacute;a no resueltas por la teor&iacute;a general del consentimiento informado. Y ello a pesar de que en EE.UU. comenz&oacute; a ser motivo de preocupaci&oacute;n hace ya casi treinta a&ntilde;os, desde los mismos inicios de la era moderna del consentimiento informado en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, inaugurada por el caso <I>Canterbury v Spence </I>en 1972 (1). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Como es bien sabido, el consentimiento informado no es sino un modelo de relaci&oacute;n cl&iacute;nica fruto del resultado de la introducci&oacute;n de la idea de autonom&iacute;a psicol&oacute;gica y moral de las personas en el modelo cl&aacute;sico de relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, basado hasta entonces, exclusivamente, en la idea de beneficencia paternalista (2). El ejercicio de la autonom&iacute;a de las personas, de los pacientes, exige que se cumplan al menos tres condiciones: 1. Actuar voluntariamente, es decir libre de coacciones externas 2. Tener informaci&oacute;n suficiente sobre la decisi&oacute;n que va a tomar, es decir, sobre el objetivo de la decisi&oacute;n, sus riesgos, beneficios y alternativas posibles. 3. Tener capacidad, esto es, poseer una serie de aptitudes psicol&oacute;gicas -cognitivas, volitivas y afectivas- que le permiten conocer, valorar y gestionar adecuadamente la informaci&oacute;n anterior, tomar una decisi&oacute;n y expresarla. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En nuestro pa&iacute;s, a medida que se vaya instalando poco a poco este modelo de relaci&oacute;n, ir&aacute; surgiendo poco a poco la preocupaci&oacute;n entre los cl&iacute;nicos por la forma de evaluar esta capacidad. Y cada vez ser&aacute; m&aacute;s frecuente que reclamen de psiquiatras y psic&oacute;logos ayuda para hacer esta tarea. Por eso es importante que estos profesionales tengan una idea clara sobre los conceptos y herramientas existentes al respecto. Como todos los juicios cl&iacute;nicos, el juicio sobre la capacidad de un paciente siempre ser&aacute; probabil&iacute;stico y prudencial, no de certeza cient&iacute;fica. Por eso, ninguno de los guiones, herramientas o protocolos de evaluaci&oacute;n de la capacidad podr&aacute; ser nunca un "Santo Grial", el remedio m&aacute;gico que dar&aacute; respuesta a todas las dudas y aplacar&aacute; definitivamente la angustia. Al utilizarlos habr&aacute; que asumir la posibilidad de equivocarse, cient&iacute;fica, t&eacute;cnica y &eacute;ticamente. Ello no es &oacute;bice para que deban buscarse herramientas de evaluaci&oacute;n de la capacidad lo m&aacute;s sensibles y espec&iacute;ficas posible. El objetivo de este trabajo es precisamente exponer el estado de la cuesti&oacute;n en esta materia. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b>1. <I>La cuesti&oacute;n terminol&oacute;gica y conceptual: capacidad, competencia, "capacity", "competency" </I></b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Una primera dificultad es que tanto los textos jur&iacute;dicos de nuestro pa&iacute;s, como la literatura extranjera -norteamericana habitualmente, esto es, estadounidense y canadiense- suelen ser poco claros con los t&eacute;rminos y conceptos. Si se lee literatura norteamericana sobre este tema se encontrar&aacute; con frecuencia con que se usan dos t&eacute;rminos distintos: "competency" y "capacity". "Competency" es un t&eacute;rmino jur&iacute;dico, y significa el reconocimiento legal de las aptitudes psicol&oacute;gicas para tomar determinadas decisiones. El t&eacute;rmino equivalente en nuestro Derecho ser&iacute;a "capacidad de derecho" o "legal". En cambio "capacity" es un t&eacute;rmino psicol&oacute;gico y cl&iacute;nico. Define las aptitudes psicol&oacute;gicas necesarias para tomar, aqu&iacute; y ahora, una determinada decisi&oacute;n. Es la que eval&uacute;an los m&eacute;dicos, psiquiatras y psic&oacute;logos; tambi&eacute;n los notarios. El t&eacute;rmino equivalente en nuestro pa&iacute;s ser&iacute;a "capacidad de hecho" o "natural", y que con frecuencia, sobre todo en ambientes bio&eacute;ticos, se ha denominado "competencia". Es importante se&ntilde;alar, por tanto, que la traducci&oacute;n correcta deber&iacute;a ser "cruzada": "competency" deber&iacute;a traducirse por "capacidad", y "capacity" por "competencia". </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En cualquier caso, lo que sucede es que luego en la literatura anglosajona con mucha frecuencia ambos t&eacute;rminos se usan indistintamente. Y por lo que respecta a nuestro pa&iacute;s, y a pesar de que la ley catalana que regula el consentimiento informado en dicha Comunidad Aut&oacute;noma (Ley 21/2000) lo utiliza, parece razonable tratar de huir del t&eacute;rmino "competencia". El motivo es que en nuestro ordenamiento jur&iacute;dico este t&eacute;rmino tiene connotaciones que se ajustan mal al contexto de la toma de decisiones por los pacientes. Deber&iacute;amos tratar de generalizar el uso del t&eacute;rmino "capacidad", referido a la "capacidad de obrar", esto es, la que se refiere a las condiciones que permiten a las personas ejercer efectivamente sus derechos y cumplir sus obligaciones. &Eacute;stas, como ya hemos visto, son de dos tipos o formas "capacidad (de obrar) legal o de derecho" y "capacidad (de obrar) natural o de hecho". O en su traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, "competency" y "capacity" respectivamente. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En realidad ambas est&aacute;n estrechamente relacionadas. Son como las dos caras de una misma moneda. No es posible hablar de una sin referirse a la otra. La capacidad natural o de hecho se refiere a las aptitudes psicol&oacute;gicas internas que permiten a una persona gobernar efectivamente su vida, de tal modo que podamos concluir que sus decisiones son aut&eacute;nticas, es decir, que reflejan adecuadamente su propia personalidad, su autonom&iacute;a moral. Lo que sucede es que esta capacidad de hecho tiene siempre un correlato jur&iacute;dico que llamamos "capacidad de obrar de derecho o legal". Si cuestionamos la capacidad de hecho de una persona mayor esto tiene autom&aacute;ticamente consecuencias en la esfera de su capacidad de derecho: le retiramos la potestad jur&iacute;dica para que ejerza activamente y por s&iacute; mismo sus derechos y obligaciones, y buscamos a otra persona, su representante, para que lo haga en su lugar. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La relaci&oacute;n entre ambas es compleja, y queda ilustrada por la <a href="#f1"> Figura 1</a>. Lo importante es saber si esa limitaci&oacute;n de la capacidad es potencialmente transitoria o permanente. En el contexto cl&iacute;nico m&aacute;s habitual lo m&aacute;s frecuente es que hablemos de situaciones potencialmente transitorias. Pero obviamente en determinados campos cl&iacute;nicos, como la psiquiatr&iacute;a o la geriatr&iacute;a, la incapacidad puede devenir permanente. </FONT></P>     <P align="center"><a name="f1"></a><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06f1.jpg"></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Para diferenciar mejor a efectos pr&aacute;cticos ambas situaciones, tiende a recurrirse a los t&eacute;rminos en negativo. As&iacute;, se habla de: "Incapaz", el que no tiene aqu&iacute; y ahora capacidad de hecho o natural, y como consecuencia de ello pierde transitoriamente su capacidad de derecho. Por ejemplo, un paciente en delirium tremens, en encefalopat&iacute;a hiperc&aacute;pnica severa o, simplemente, dormido con anestesia general. "Incapacitado", el que no tiene de forma permanente capacidad de derecho o legal, porque un juez ha emitido una sentencia de incapacitaci&oacute;n que as&iacute; lo establece, por padecer una alteraci&oacute;n mental que disminuye su juicio, su capacidad de hecho, de forma habitual y no meramente circunstancial. Por ejemplo, un paciente en estado vegetativo permanente, un psic&oacute;tico con gran deterioro o una demencia avanzada. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La Ley 41/2002 recoge esta distinci&oacute;n en el apartado 3 de su art&iacute;culo 9. Lo que dice el art&iacute;culo es que el consentimiento informado debe ser un "consentimiento por representaci&oacute;n" en tres supuestos: paciente "incapaz", paciente "incapacitado" y paciente "menor". Este apartado, por tanto, a&ntilde;ade a los de "incapaz" e "incapacitado", otros dos conceptos que tambi&eacute;n hay que conocer y manejar. Uno es el de "consentimiento por representaci&oacute;n" que es el tipo de consentimiento que debe emitirse cuando alguien no est&aacute; en condiciones de emitirlo por &eacute;l mismo, es decir, no tiene, dicho de forma general "capacidad". En tales casos, no es que el cl&iacute;nico pueda actuar sin dar informaci&oacute;n o pedir el consentimiento, lo que pasa es que, adem&aacute;s de contar en lo posible con el paciente, hay otra persona implicada en la toma de decisiones: el representante. Esto es importante se&ntilde;alarlo porque, con frecuencia, los cl&iacute;nicos tienden a pensar que, cuando un paciente es incapaz, entonces son ellos los que deben retomar el control de la situaci&oacute;n y decidir unilateralmente. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El otro concepto importante es el de "menor". La cuesti&oacute;n del consentimiento informado en el caso de los menores es quiz&aacute;s una de las cuestiones m&aacute;s complejas y debatidas en la actualidad, y tambi&eacute;n una de las que m&aacute;s angustian a los cl&iacute;nicos (3). En este trabajo no abordaremos la cuesti&oacute;n del menor de forma expl&iacute;cita. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Una cosa importante a tener en cuenta es que la capacidad (natural) de los pacientes -al menos de los mayores de edad- debe presumirse siempre, salvo que exista, l&oacute;gicamente una sentencia de incapacitaci&oacute;n. Por eso, de un paciente siempre hay que demostrar la incapacidad, no la capacidad, que se le presume siempre. En caso de duda, la presunci&oacute;n de capacidad debe prevalecer. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b>2. <I>¿Qui&eacute;n puede y debe evaluar la presunta incapacidad de los pacientes? </I></b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Los m&eacute;dicos han realizado evaluaciones de la capacidad de sus pacientes desde siempre. Sin embargo hay que decir que algo tan serio, por las repercusiones jur&iacute;dicas que ten&iacute;a, cual es la simult&aacute;nea limitaci&oacute;n y protecci&oacute;n de los derechos del paciente, no ha tenido sustrato jur&iacute;dico en que apoyarse hasta la Ley 41/2002, en concreto los art&iacute;culos 5.3 y 9.3.a. Los notarios, en cambio, han tenido expl&iacute;citamente se&ntilde;alada esta potestad y responsabilidad en el C&oacute;digo civil desde hace lustros. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Es importante se&ntilde;alar que la Ley 41/2002 s&oacute;lo otorga esta funci&oacute;n a los "m&eacute;dicos", y no a otro tipo de profesionales sanitarios, como enfermer&iacute;a o psic&oacute;logos cl&iacute;nicos. Y la potestad y responsabilidad es "del m&eacute;dico que asiste al paciente" o de su "m&eacute;dico responsable". Ciertamente, antes de decidir la posible incapacidad de un paciente, un m&eacute;dico puede pedir que sea evaluado por otro especialista, m&eacute;dico o no. Pero la responsabilidad &uacute;ltima es de &eacute;l, y no puede delegarla en "el psiquiatra" o "el psic&oacute;logo". Estos especialistas tienen s&oacute;lo una funci&oacute;n pericial. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b>3. <I>¿Cu&aacute;ndo hay que evaluar la presunta incapacidad de un paciente? </I></b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El hecho de que un m&eacute;dico piense en la conveniencia de evaluar la capacidad de un paciente, para tratar de detectar posibles &aacute;reas de incapacidad, no indica necesariamente una actitud paternalista. M&aacute;s bien suele expresar una actitud de responsabilidad y respeto hacia su paciente. Existen al menos cuatro situaciones en las que al m&eacute;dico deber&iacute;an dispar&aacute;rsele las alarmas ante la posibilidad de que su paciente sea incapaz: 1. El paciente ha tenido un cambio brusco en su estado mental habitual. Estos cambios pueden deberse a problemas psiqui&aacute;tricos o a alteraciones f&iacute;sicas como hipoxia, infecciones, medicaciones, trastornos metab&oacute;licos, etc. 2. El paciente rechaza un tratamiento que est&aacute; claramente indicado en su caso y no consigue argumentar los motivos con claridad o se basan en ideas y presupuestos excesivamente irracionales. 3. El paciente acepta con facilidad que se le realicen procedimientos muy invasivos, molestos o peligrosos, aparentemente sin ponderar riesgos ni beneficios. 4. El paciente tiene un trastorno neurol&oacute;gico o psiqui&aacute;trico de base, previamente conocido, que puede producirle estados transitorios de incapacidad. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b>4. <I>¿C&oacute;mo se eval&uacute;a la presunta incapacidad de un paciente? </I></b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Cuando un cl&iacute;nico se pregunta por la manera de evaluar la capacidad de un paciente, instintivamente vuelve su cabeza hacia el Derecho para ver qu&eacute; dice al respecto. La desagradable sorpresa es que el Derecho no dice nada concreto. A lo sumo dice que un paciente es capaz para dar el consentimiento informado cuando tiene "entendimiento" y "voluntad" suficientes. Pero el ordenamiento no establece ning&uacute;n criterio objetivo ni ninguna forma pr&aacute;ctica de medici&oacute;n de tales cosas. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Cuando, por ejemplo, un juez quiere aclarar tales extremos en el caso de un sujeto, llama a expertos para que hagan un peritaje. Suelen ser m&eacute;dicos forenses, o psiquiatras forenses. Lo sorprendente es que estos especialistas tampoco tienen ning&uacute;n procedimiento estandarizado para evaluar tales cosas, al menos uno que sea aplicable en un contexto cl&iacute;nico de toma de decisiones. Sus evaluaciones de la capacidad suelen ser el resultado de una combinaci&oacute;n de herramientas diagn&oacute;sticas -test, escalas, etc.-, habitualmente dise&ntilde;adas para otras funciones, con una evaluaci&oacute;n cl&iacute;nica subjetiva mediante exploraci&oacute;n y entrevista. Por su parte, los notarios, que tambi&eacute;n pueden y deben, seg&uacute;n el C&oacute;digo civil, hacer tales valoraciones, tampoco tienen procedimiento estandarizado alguno para ello. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Los cl&iacute;nicos espa&ntilde;oles, que llevan d&eacute;cadas haciendo "evaluaciones" de facto de la capacidad de los pacientes, tampoco poseen herramientas desarrolladas espec&iacute;ficamente para tal funci&oacute;n. Lo hacen utilizando una mezcla de sentido com&uacute;n y experiencia profesional que, si bien sirve para salir indemne del trance, no puede sostenerse mucho tiempo m&aacute;s. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La &uacute;nica posibilidad es mirar lo que otros han hecho y plantearse la necesaria validaci&oacute;n rigurosa, conceptual y transcultural, de las herramientas por ellos desarrolladas. Adem&aacute;s lo ideal ser&iacute;a que, una vez validadas, fueran incorporadas a los programas inform&aacute;ticos de gesti&oacute;n de la historia cl&iacute;nica. Ello favorecer&iacute;a tanto su realizaci&oacute;n como su registro adecuado. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En Marzo de 1977, tres autores de la Universidad de Pittsburgh (Pensilvania-EE.UU.) y del "Western Psychiatric Institute and Clinic" de la misma ciudad, publicaron en el <I>American Journal of Psychiatry </I>el que puede considerarse el primer trabajo expl&iacute;citamente dedicado al problema de la evaluaci&oacute;n de la capacidad. En dicho trabajo revisaban los <I>tests </I>de capacidad que a su juicio se utilizaban en la pr&aacute;ctica habitual, tanto del mundo judicial como del &aacute;mbito cl&iacute;nico -sobre todo psiqui&aacute;trico- (4). Lo que ellos llamaban "tests" no eran sino lo que hoy llamamos criterios para evaluar la capacidad, cuya determinaci&oacute;n es una cuesti&oacute;n que todav&iacute;a sigue abierta (<a href="#t1">TABLA 1</a>). </FONT></P>     <P align="center"><a name="t1"></a><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t1.jpg"></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Estos tests han sido muy conocidos y citados. Pero lo que quiz&aacute;s se ha se&ntilde;alado menos es que en ese trabajo ya se pon&iacute;a sobre la mesa una cuesti&oacute;n que tambi&eacute;n ha seguido siendo motivo de debate hasta hoy. A saber, el papel que juega el tipo de decisi&oacute;n cl&iacute;nica en la evaluaci&oacute;n de la capacidad y en el establecimiento de los est&aacute;ndares necesarios de cumplimiento de esos criterios. As&iacute;, Loren, Roth y Meisel se&ntilde;alaban que, desde su punto de vista, eran sobre todo dos los factores estrechamente relacionados con estas determinaciones: el balance riesgo / beneficio del tratamiento propuesto y el sentido de la decisi&oacute;n del paciente -es decir si se trata de "consentir" o de "rechazar" la medida-. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Para expresar esta interdependencia usaban una tabla de "2x2" (<a href="#t2">TABLA 2</a>). Esta tabla trataba de expresar que, en las decisiones de <I>consentimiento</I>, el <I>test </I>de capacidad que tiende a utilizar el sanitario es tanto m&aacute;s flexible cuanto menor es el balance riesgo/beneficio. Por el contrario, en las decisiones de <I>rechazo </I>de estas medidas de bajo balance riesgo/beneficio, este <I>test </I>tiende a ser elevado. Y viceversa. Obviamente aqu&iacute; est&aacute; la semilla de lo que luego conoceremos como Escala M&oacute;vil de Capacidad. </FONT></P>     <P align="center"><a name="t2"></a><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t2.jpg"></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">As&iacute; pues, este primer trabajo marcaba ya las tres cuestiones b&aacute;sicas en torno a las que ha girado toda la discusi&oacute;n posterior acerca de la evaluaci&oacute;n de la capacidad: 1. La determinaci&oacute;n de las &aacute;reas mentales que deber&iacute;an evaluarse (criterios). 2. El grado de exigencia que deber&iacute;an satisfacer dichos criterios (est&aacute;ndares) y, sobre todo, si dichos est&aacute;ndares var&iacute;an o no en funci&oacute;n de la complejidad de la decisi&oacute;n cl&iacute;nica que deba tomarse (Escala M&oacute;vil de capacidad). 3. El dise&ntilde;o y validaci&oacute;n de protocolos o herramientas estandarizadas de evaluaci&oacute;n que puedan aplicarse en la pr&aacute;ctica. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.1. Los criterios de evaluaci&oacute;n de la capacidad</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Como se ha visto, la primera revisi&oacute;n acerca de los criterios de evaluaci&oacute;n de la capacidad tiene lugar en el marco de la Psiquiatr&iacute;a norteamericana, m&aacute;s en concreto de la Psiquiatr&iacute;a forense. Este marco ser&aacute; el predominante durante toda la d&eacute;cada de los ochenta, hasta que comiencen a a&ntilde;adirse al an&aacute;lisis del problema las voces de los neur&oacute;logos. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.1.1. La perspectiva psiqui&aacute;trica</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En los a&ntilde;os siguientes a la publicaci&oacute;n del estudio de 1977 de Roth, Meisel y Lidz, otro compa&ntilde;ero de los anteriores en el "<I>Western Psychiatric Institute and Clinic</I>" de Pittsburgh comenz&oacute; a interesarse por la problem&aacute;tica de la capacidad y del consentimiento informado, sobre todo en el campo de la enfermedad mental. Se trataba del psiquiatra Paul S. Appelbaum. En 1979 Appelbaum realiz&oacute; un primer trabajo sobre los problemas de la evaluaci&oacute;n de la capacidad de los pacientes psiqui&aacute;tricos para consentir ingresos hospitalarios voluntarios (5). A este primer trabajo de tipo te&oacute;rico le sigui&oacute; en 1981 un estudio emp&iacute;rico sobre esta cuesti&oacute;n (6). Este segundo estudio es interesante porque constituye una de las primeras aproximaciones a los problemas pr&aacute;cticos de la determinaci&oacute;n de la capacidad. La preocupaci&oacute;n por las dificultades pr&aacute;cticas de la evaluaci&oacute;n de la capacidad en la atenci&oacute;n sanitaria llevaron a Appelbaum a publicar, tambi&eacute;n en 1981, un trabajo sobre esta cuesti&oacute;n junto con Loren H. Roth (7). El trabajo se dirig&iacute;a sobre todo a los psiquiatras, advirtiendo ya, prof&eacute;ticamente, que la implicaci&oacute;n de estos especialistas en la evaluaci&oacute;n de la capacidad de todo tipo de pacientes a petici&oacute;n de sus m&eacute;dicos ser&iacute;a una cosa muy frecuente en los a&ntilde;os siguientes, con su consiguiente repercusi&oacute;n legal. Pero la aportaci&oacute;n m&aacute;s interesante a la cuesti&oacute;n de los criterios y est&aacute;ndares de la evaluaci&oacute;n de la capacidad la realizaron Appelbaum y Roth al a&ntilde;o siguiente, en 1982. Se trataba de un trabajo sobre la capacidad de los sujetos de experimentaci&oacute;n (8). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En este texto Appelbaum y Roth comenzaban constatando c&oacute;mo la &eacute;tica de la investigaci&oacute;n con seres humanos no hab&iacute;a sido capaz hasta la fecha de contestar a la pregunta por la capacidad de los sujetos participantes. Ni siquiera la <I>National Commission, </I>dedicada monogr&aacute;ficamente a los problemas &eacute;ticos de la investigaci&oacute;n, hab&iacute;a realizado propuestas significativas en este sentido. Todo ello les urg&iacute;a a realizar una proposici&oacute;n que, si bien orientada a la experimentaci&oacute;n en su planteamiento, l&oacute;gicamente era extensible a la asistencia sanitaria.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Appelbaum y Roth empezaban sugiriendo que los criterios de capacidad se agruparan en cuatro clases, que se encuentran en la <a href="#t3"> TABLA 3</a>, cuyo nivel de exigencia es progresivamente mayor. Como puede verse los autores suprim&iacute;an el segundo criterio propuesto por Roth, Meisel y Lidz, el relativo a "lo razonable" de la decisi&oacute;n tomada por el paciente. Pero adem&aacute;s introduc&iacute;an dos innovaciones en la explicaci&oacute;n de cada uno de ellos: a) suger&iacute;an una serie de "aspectos psiqui&aacute;tricos relevantes" que pod&iacute;an interferir o influir en cada caso en la satisfacci&oacute;n del criterio en cuesti&oacute;n y b) detectaban los problemas de la evaluaci&oacute;n emp&iacute;rica e incluso esbozaban, muy someramente, sugerencias sobre c&oacute;mo explorar a los pacientes en un subapartado de cada criterio denominado "evaluando la capacidad".</FONT></P>     <P align="center"><a name="t3"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t3a.jpg"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t3b.jpg">    <br></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La trascendencia de este trabajo ha sido enorme. De hecho, aunque posteriormente otros autores hayan realizado otras aportaciones, estos cuatro criterios han quedado como los esenciales, y han comenzado a usarse para construir algo-ritmos sencillos de toma de decisiones (9). De hecho, estos 4 criterios constituyen la base de uno de los procedimientos cl&iacute;nicos de evaluaci&oacute;n de la capacidad m&aacute;s s&oacute;lidamente validado en el momento actual, el <I>MacArthur Competence Assessment Tool</I>, dise&ntilde;ado por Thomas Grisso y Paul S Appelbaum (<a href="#t4">TABLA 4</a>). El primer esbozo se encuentra en un art&iacute;culo suyo del <I>New England Journal of Medicine </I>de 1988, en el que retomaban estos 4 criterios como los esenciales para cualquier evaluaci&oacute;n de la capacidad (10).</FONT></P>     <P align="center"><a name="t4"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t4.jpg"></a></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>    <br> 4.1.2. La perspectiva neurol&oacute;gica</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">A finales de los a&ntilde;os ochenta comenzaron a o&iacute;rse voces que se&ntilde;alaban que las discusiones sobre capacidad se hab&iacute;an centrado en el an&aacute;lisis de los elementos psicol&oacute;gicos de la toma de decisiones, pero hab&iacute;an dejado de lado el estudio del sustrato biol&oacute;gico de esos elementos. Seg&uacute;n esta idea los d&eacute;ficits de car&aacute;cter neurol&oacute;gico que alteren las actividades mentales pueden suscitar la incapacidad de un paciente para tomar decisiones de una manera tanto o m&aacute;s importantes que las alteraciones puramente ps&iacute;quicas -si es que existen con independencia de las anteriores-. Dicho de otra manera, seg&uacute;n estos autores, si el psiquiatra tiene mucho que hacer y decir en una evaluaci&oacute;n de la capacidad, el neur&oacute;logo no tiene precisamente menos. Para Michael P. Alexander -uno de los primeros en situarse en esta perspectiva- la capacidad de un sujeto depende de que realicen adecuadamente tres pasos antes de tomar una decisi&oacute;n (11).</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El primero consiste en reconocer que lo que se le pide es que tome una decisi&oacute;n intencionadamente. Para ello el sujeto tiene que tener intactos a) los mecanismos neocorticales que le permiten mantener la comunicaci&oacute;n con el exterior mediante el procesamiento de informaci&oacute;n compleja, y b) el sistema l&iacute;mbico que le permitir&aacute; a&ntilde;adir el tinte volitivo y emocional b&aacute;sico a la elaboraci&oacute;n de sus respuestas. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El segundo estriba en poder activar todos los mecanismos neurosensoriales que le permitan procesar informaci&oacute;n y emitir respuestas. Estos mecanismos son fundamentalmente cuatro: a) revisi&oacute;n de experiencias pasadas semejantes; b) obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n nueva; c) procesamiento aritm&eacute;tico, visual, emocional, etc., de toda la informaci&oacute;n anterior; d) mantenimiento de expectativas acerca del resultado de la decisi&oacute;n y de sus posibles consecuencias emocionales. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El tercer paso es la realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la resoluci&oacute;n tomada, que puede ser externa (una acci&oacute;n o una decisi&oacute;n concreta) o interna (reevaluaci&oacute;n del proceso y reinicio del mismo). Seg&uacute;n Alexander para poder realizar adecuadamente estos tres pasos el sujeto tiene que mantener en un grado suficiente las 7 actividades mentales siguientes: 1) Atenci&oacute;n; 2) Memoria; 3) Lenguaje; 4) Percepci&oacute;n espacial ; 5) &Aacute;rea de c&aacute;lculo, comunicaci&oacute;n, etc.; 6) Razonamiento; y 7) Actividad emotiva y afectiva. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Un af&aacute;sico severo, por ejemplo, puede tener una afectaci&oacute;n neocortical que genera un d&eacute;ficit de lenguaje que le incapacita para realizar los pasos primero y segundo. Por el contrario, un S&iacute;ndrome del L&oacute;bulo Frontal presentar&aacute; a menudo alteraciones de diverso tipo que le incapacitar&aacute;n para realizar el tercer paso. Pero lo m&aacute;s importante de todo es que, seg&uacute;n Alexander, muchos de los enfermos en los que &eacute;l hab&iacute;a evaluado la capacidad y en los que hab&iacute;a encontrado d&eacute;ficits lo suficientemente severos como para ser considerados incapaces, habr&iacute;an sido encontrados aptos con los criterios y est&aacute;ndares que hemos venido describiendo en el ep&iacute;grafe anterior. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">A principios de los noventa, otros tres autores -Freedman, Stuss y Gordon- insist&iacute;an sobre todo en las actividades cognitivas necesarias para un buen ejercicio de la capacidad, dejando a un margen los componentes afectivos (12). Para ellos est&aacute;n actividades son las cuatro que se encuentran en la <a href="#t5"> TABLA 5</a>, y su evaluaci&oacute;n correcta deber&iacute;a fijarse en las cinco actividades siguientes: a) la <I>atenci&oacute;n</I>; b) la <I>comprensi&oacute;n </I>de informaci&oacute;n b&aacute;sica relacionada con el tipo de decisi&oacute;n en cuesti&oacute;n; c) la <I>retenci&oacute;n </I>de la informaci&oacute;n; d) la e<I>xpresi&oacute;n </I>de deseos; e) la <I>apercepci&oacute;n </I>y <I>juicio </I>en relaci&oacute;n a las cuestiones que se est&eacute;n debatiendo. </FONT></P>     <P align="center"><a name="t5"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t5.jpg"></a></P>      <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Pero en realidad, esta aproximaci&oacute;n no es muy diferente de los cuatro criterios de Appelbaum y Grisso. Quiz&aacute;s por eso, son los que se han convertido en el punto de referencia obligado. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Lo m&aacute;s interesante de todas estas aportaciones es haber se&ntilde;alado, con raz&oacute;n, que la exploraci&oacute;n de la capacidad no puede ser meramente <I>psiqui&aacute;trica </I>sino que precisa atender igualmente al &aacute;rea <I>neurol&oacute;gica</I>. Esto era tan evidente que los sucesivos intentos de elaboraci&oacute;n de protocolos de evaluaci&oacute;n espec&iacute;fica de la capacidad o los trabajos sobre la forma en que se realizan dichas evaluaciones en la cl&iacute;nica diaria van a contrastar sus resultados con tests -como el Minimental de Folstein- que exploran esta &aacute;rea. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">De hecho, el &uacute;nico intento espa&ntilde;ol de elaborar un procedimiento de evaluaci&oacute;n de la capacidad, el "Documento Sitges", del que se hablar&aacute; m&aacute;s adelante, hace un abordaje eminentemente neurol&oacute;gico de la cuesti&oacute;n, quiz&aacute;s porque el tipo de pacientes a los que va dirigido, los pacientes con demencia, as&iacute; lo exige. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.2. Los est&aacute;ndares de capacidad y la discusi&oacute;n de la "Escala M&oacute;vil de Capacidad"</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El debate en la literatura norteamericana acerca del grado de cumplimiento de los diferentes criterios de capacidad que deb&iacute;an satisfacer las personas para ser consideradas capaces o incapaces ha estado dominado por el debate sobre el concepto de "Escala M&oacute;vil de Capacidad". Esta idea ha sido defendida y desarrollada por James Drane (13), y por Allen Buchanan y Dan Brock (14-15). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Para los defensores del concepto de "Escala M&oacute;vil" la capacidad es algo relacionado directamente con la decisi&oacute;n cl&iacute;nica concreta que deba tomarse. Las decisiones cl&iacute;nicas complejas, que impliquen un balance riesgo beneficio complejo, tales como rechazar la realizaci&oacute;n de una radiograf&iacute;a de t&oacute;rax para estudiar una hemoptisis en un paciente fumador, requerir&aacute;n grados de capacidad m&aacute;s elevados. Sin embargo, las decisiones cl&iacute;nicas sencillas, tales como aceptar la realizaci&oacute;n de an&aacute;lisis de sangre para hacer el seguimiento de un diab&eacute;tico estable y no complicado, precisaran grados de capacidad m&aacute;s bajos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El concepto de Escala M&oacute;vil parte, por tanto, de la idea de que el establecimiento de la capacidad implica el establecer un punto o nivel de corte en una l&iacute;nea continua que va desde la incapacidad total a la capacidad total. Pues bien, la teor&iacute;a de la Escala M&oacute;vil, lo que dice es que dicho punto de corte no es fijo, sino m&oacute;vil, y que se desplaza en funci&oacute;n de la complejidad de las decisiones a tomar. La capacidad no es pues "sim&eacute;trica", sino "asim&eacute;trica". De hecho Drane habla de tres niveles o grados de dificultad de las decisiones. En el Nivel I, el de menor dificultad, la mayor parte de las personas ser&aacute;n consideradas capaces, mientras que en el Nivel III, que implica alta complejidad de las decisiones, muchas personas ser&aacute;n consideradas incapaces.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Esta propuesta ha generado un debate importante, aunque en general de perfil m&aacute;s acad&eacute;mico que cl&iacute;nico (16; 17; 18). El principal argumento en contra es que, de alguna forma, reintroduce un condicionante de tipo paternalista al ejercicio de la autonom&iacute;a de los sujetos, pues la valoraci&oacute;n acerca de lo que sea una decisi&oacute;n "dif&iacute;cil" o no depende de un balance riesgo-beneficio que realizan otras personas diferentes al propio sujeto, habitualmente los m&eacute;dicos (19). </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.3. Las herramientas de evaluaci&oacute;n de la capacidad en el contexto cl&iacute;nico</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.3.1. La situaci&oacute;n actual en el mundo anglosaj&oacute;n</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Si la d&eacute;cada de los ochenta se dedic&oacute; a discutir los criterios y est&aacute;ndares de evaluaci&oacute;n de la capacidad, en la d&eacute;cada de los noventa cobraron protagonismo decisivo el dise&ntilde;o de herramientas o protocolos cl&iacute;nicos de evaluaci&oacute;n de la capacidad. Lo que parece dominar la presente d&eacute;cada es una prolongaci&oacute;n de la anterior, pero ahora el &eacute;nfasis se pone en la investigaci&oacute;n comparativa entre los diferentes protocolos de evaluaci&oacute;n, a la b&uacute;squeda del instrumento m&aacute;s r&aacute;pido, sencillo y fiable. Ya en otro lugar se han expuesto algunos de los protocolos puestos en marcha en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los ochenta (20). En lo que sigue se expondr&aacute;n las l&iacute;neas principales de desarrollo que ha experimentado la bibliograf&iacute;a en el resto de los noventa y hasta la actualidad. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Lo primero que hay que se&ntilde;alar es que la investigaci&oacute;n en este campo ha estado vinculada fundamentalmente a tres &aacute;reas de la Medicina, la Psiquiatr&iacute;a/Psicolog&iacute;a, la Geriatr&iacute;a, y, actuando como campo intermedio entre ambas, la Neurolog&iacute;a. Las actividades sanitarias en el marco de las cuales se ha producido esta investigaci&oacute;n sobre evaluaci&oacute;n de la capacidad para decidir han sido dos: las decisiones cl&iacute;nicas (diagn&oacute;sticas y terap&eacute;uticas) y la participaci&oacute;n en proyectos de investigaci&oacute;n (21-22). Los pacientes con los que se ha investigado m&aacute;s han sido los mayores, en concreto los pacientes con demencia (23), y los enfermos psiqui&aacute;tricos, en concreto los esquizofr&eacute;nicos (24) y, en menor medida, los pacientes con depresi&oacute;n (25). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Hay desarrollos importantes en otro &aacute;mbito diferente, aunque relacionado estrechamente con los anteriores: el &aacute;mbito forense. El objetivo ha sido desarrollar procedimientos para evaluar la capacidad tanto en procesos del &aacute;mbito civil como del penal. Los primeros suelen implicar procedimientos de incapacitaci&oacute;n, o, simplemente, la evaluaci&oacute;n de la capacidad de testigos para participar en juicios, los segundos, determinaciones de la imputabilidad del acusado. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La evaluaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la capacidad ha utilizado tres tipos de herramientas que, seg&uacute;n su grado decreciente de especificidad son las siguientes: </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">1. Test neuropsicol&oacute;gicos, como el Minimental, el Weschler, etc. El problema de estos tests es que no son herramientas dise&ntilde;adas espec&iacute;ficamente para esta tarea. Tienen un papel muy importante en la investigaci&oacute;n sobre evaluaci&oacute;n de la capacidad y, seguramente, un hueco como sistemas complementarios de evaluaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">2. Protocolos generales de evaluaci&oacute;n de la capacidad, de los que hablaremos m&aacute;s adelante. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">3. Protocolos espec&iacute;ficos de evaluaci&oacute;n de capacidad. Eval&uacute;an la capacidad en relaci&oacute;n con tareas o procedimientos concretos. Por ejemplo, la "Hopkins Competency Assessment Tool" (HCAT) (26) y las "Health Care Proxy Guidelines" (HCP) (27) eval&uacute;an fundamentalmente la capacidad para completar una voluntad anticipada del tipo "Poder de representaci&oacute;n" ("Durable Power of Attorney") (28). El "Competence Interview Schedule" (CIS) eval&uacute;a la capacidad para consentir o rechazar la terapia electroconvulsiva (29). Y la "Evaluation to Sign Consent" (30) (ESC) y la "California Scale of Appreciation" (31) (CSA) la capacidad para consentir la participaci&oacute;n en un proyecto de investigaci&oacute;n. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Los m&aacute;s interesantes son sin duda los protocolos generales. Estos pueden adscribirse a alguna de las 3 familias siguientes (32-33): </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">1. Guiones de entrevista: Son simples listados de preguntas que se sugieren a los cl&iacute;nicos como las m&aacute;s adecuadas para hacer una exploraci&oacute;n de la capacidad durante una entrevista cl&iacute;nica (34). No dan indicaciones sobre la forma de evaluar las preguntas. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">2. "Tests" o Protocolos: Consisten en guiones estructurados o semiestructurados de entrevista que a&ntilde;aden un sistema de evaluaci&oacute;n de las respuestas, habitualmente mediante puntuaciones num&eacute;ricas. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">3. Protocolos con vi&ntilde;etas: Son protocolos que, en vez de explorar la capacidad en relaci&oacute;n con la decisi&oacute;n real y concreta a tomar, como suelen hacer los anteriores, utilizan escenarios hipot&eacute;ticos. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Los m&aacute;s desarrollados son los protocolos que incorporan sistemas de puntuaci&oacute;n, utilicen o no escenarios hipot&eacute;ticos para la evaluaci&oacute;n. En la <a href="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t6.jpg" target="_blank"> TABLA 6</a> se encuentran los 6 protocolos que pueden considerarse m&aacute;s importantes en el momento presente. </FONT></P>     <P align="left"><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Quiz&aacute;s las dos mejores revisiones que existen actualmente en la literatura sobre las luces y sombras de los protocolos de evaluaci&oacute;n de la capacidad son la de Edward Sturman (35) y la de Jennifer Moye, y otros (36). De sus an&aacute;lisis puede concluirse que el estado de la cuesti&oacute;n es el siguiente: </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">1. Los d&eacute;ficits en los criterios de comprensi&oacute;n (<I>understanding</I>) y razonamiento (<I>reasoning</I>) detectados por los protocolos se correlacionan bien con los d&eacute;ficits detectados por los tests cl&iacute;nicos de evaluaci&oacute;n neuropsicol&oacute;gica habitualmente utilizados. La relaci&oacute;n es m&aacute;s d&eacute;bil en el caso del criterio de elecci&oacute;n (<I>expressing a choice</I>), y sobre todo, en el de apreciaci&oacute;n (<I>appreciation</I>). Seguramente esto &uacute;ltimo se debe a que el grado de abstracci&oacute;n y personalizaci&oacute;n requerido por este criterio no es adecuadamente evaluado por los tests neuropsicol&oacute;gicos. La "California Scale of Appreciation" (CSA) fue dise&ntilde;ada expresamente para evaluar esta cuesti&oacute;n en el caso de la participaci&oacute;n en proyectos de investigaci&oacute;n. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">2. Existe correlaci&oacute;n entre los tests de detecci&oacute;n de deterioro cognitivo, como el Minimental, y los tests de evaluaci&oacute;n de la capacidad, sobre todo en relaci&oacute;n con el criterio de comprensi&oacute;n, pero hace falta investigar m&aacute;s consistencia de esa relaci&oacute;n. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">3. Se ha detectado correlaci&oacute;n entre los resultados de los test de capacidad y otras variables, como por ejemplo, la experiencia previa con procesos de toma de decisiones sanitarias similares, el grado de socializaci&oacute;n (37) o el estatus socio-econ&oacute;mico. El tipo de enfermedad tambi&eacute;n parece ser una variable importante que condiciona los resultados (38). En el caso de los pacientes psic&oacute;ticos la severidad de los s&iacute;ntomas negativos parece relacionarse con la disminuci&oacute;n de la capacidad, pero no la de los s&iacute;ntomas positivos o depresivos (39). Recientemente se ha puesto de manifiesto que un breve entrenamiento previo destinado a mejorar las habilidades de los pacientes esquizofr&eacute;nicos, antes de evaluarlos con un test de capacidad, mejora los resultados del mismo (40). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">4. Existen estudios de fiabilidad de los resultados de estos protocolos, pero son insuficientes. Las propiedades psicom&eacute;tricas no son bien conocidas (41). Los estudios de concordancia entre los diferentes test o protocolos no son concluyentes. En general la concordancia en los resultados en el criterio de comprensi&oacute;n es mejor que en los dem&aacute;s. El de menor concordancia es el de apreciaci&oacute;n (42). No hay buenos estudios de fiabilidad test-retest, sobre todo que eval&uacute;en sujetos sanos, que no est&aacute;n sometidos en principio a las posibles fluctuaciones de la capacidad derivadas de una situaci&oacute;n de enfermedad. Se necesitan m&aacute;s estudios de concordancia entre observadores, porque aunque los resultados parecen ser buenos, a veces hay resultados contradictorios (43-44). </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">5. La investigaci&oacute;n sobre la validez de los protocolos se enfrenta a un problema metodol&oacute;gico dif&iacute;cil de resolver: la ausencia de un "patr&oacute;n oro" que permita estimar la sensibilidad y especificidad de los tests. El m&aacute;s utilizado es la evaluaci&oacute;n realizada por cl&iacute;nicos entrenados y experimentados, como forenses, psiquiatras o geriatras. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">6. Los tama&ntilde;os muestrales utilizados en la mayor parte de los estudios son peque&ntilde;os, lo que limita la validez de los resultados. De todas formas la complejidad del constructo implica dise&ntilde;os metodol&oacute;gicos con pruebas m&uacute;ltiples, para los que es dif&iacute;cil reclutar muchos sujetos. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Estos 6 puntos hacen dif&iacute;cil que pueda elevarse un protocolo de evaluaci&oacute;n de la capacidad por encima de otro de manera absoluta. Con todo, la tendencia que puede percibirse en la literatura es considerar el McCAT como el protocolo de referencia, tanto en la toma de decisiones cl&iacute;nicas (McCAT-T) como de investigaci&oacute;n (McCAT-CR) (45). Pero sin duda alguna, hace falta m&aacute;s investigaci&oacute;n complementaria que profundice en los aspectos antes se&ntilde;alados, y d&eacute; respuesta a los nuevos interrogantes que van apareciendo en el horizonte (46): Por ejemplo, ¿pueden dise&ntilde;arse protocolos que sean m&aacute;s breves, f&aacute;ciles y r&aacute;pidos de aplicar que los actuales? Si se acepta que el "patr&oacute;n oro" sean las evaluaciones realizadas por expertos, ¿qu&eacute; requisitos deben cumplir tales expertos para ser considerados tales? (47) ¿C&oacute;mo dar respuesta al problema &eacute;tico que plantea la posible incapacidad de los sujetos de investigaci&oacute;n para consentir a participar en proyectos de investigaci&oacute;n sobre protocolos de evaluaci&oacute;n de la capacidad? (48). </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b>4.3.2. La situaci&oacute;n actual en Espa&ntilde;a</b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En España, salvo error u omisi&oacute;n, no existen protocolos validados de evaluaci&oacute;n de la capacidad. Lo m&aacute;s cercano a ello es el "Documento Sitges" (49). Se trata de un estudio realizado con metodolog&iacute;a de consenso Delphi por un grupo multidisciplinar de expertos en el amplio campo de las demencias (geriatras, neurologos, trabajadores sociales, psic&oacute;logos, abogados, etc.). El objetivo del estudio era establecer los criterios b&aacute;sicos que orienten la evaluaci&oacute;n de la capacidad de las personas con demencia para tomar decisiones en seis &aacute;mbitos diferentes: Decisiones que influyen en la propia salud (S), sobre la participaci&oacute;n en investigaciones (I), relacionadas con el patrimonio (P), relativas a actividades propias no laborales (A), decisiones sobre s&iacute; mismo diferentes de las anteriores (O) y, por &uacute;ltimo, decisiones sobre otras personas sobre las que se tiene responsabilidad no laboral (T). Los 16 criterios seleccionados tienen una orientaci&oacute;n muy neurol&oacute;gica (<a href="#t7">TABLA 7</a>). Cada criterio puede ser evaluado en cada paciente asign&aacute;ndole alguna de las puntuaciones siguientes: 1 Normal; 2 Deterioro ligero; 3 Deterioro moderado; 4 Deterioro intenso; 5 Funci&oacute;n abolida. Los est&aacute;ndares se fijan mediante una doble consideraci&oacute;n. Por una parte se discriminan en cada &aacute;mbito de decisi&oacute;n dos niveles de dificultad seg&uacute;n el grado de complejidad de la decisi&oacute;n a tomar: "De grado mayor" (M) y "de grado menor" (m). Por otra parte, mediante procedimiento Delphi, se asignan las puntuaciones entre 1 y 5 que, en cada criterio y cada tipo de decisi&oacute;n, se considera la alteraci&oacute;n m&aacute;xima permisible.</FONT></P>     <P align="center"><a name="t7"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/2a06t7.jpg"></a></P>      <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La evaluaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la capacidad se basa, por tanto, en la evaluaci&oacute;n neuropsicol&oacute;gica realizada mediante los tests habitualmente utilizados en el estudio del paciente con demencia. Los autores han realizado el interesant&iacute;simo esfuerzo de tabular qu&eacute; criterios de la lista de los 16 propuestos pueden ser explorados con cada test o escala. El m&aacute;s rentable es la bater&iacute;a CAMDEX, pues es capaz de evaluar 15 de los 16 criterios propuestos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Las luces y oscuridades del "Documento Sitges" son evidentes. De hecho, los mismos autores las se&ntilde;alan: </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">"Debe quedar claro que los resultados son arbitrarios en la medida en que se derivan de la opini&oacute;n subjetiva de personas, aunque &eacute;stas sean expertas y hayan alcanzado consenso. Ser&iacute;a necesario trasladar las apreciaciones a la pr&aacute;ctica, en una muestra controlada de individuos, aplicando m&eacute;todos objetivos que permitan evaluar la validez de las tablas y determinar la manera en que deben ser ajustadas. En todo caso, esperamos que la tarea realizada ser&aacute; &uacute;til para afrontar esta investigaci&oacute;n y contribuya a la defensa del derecho a decidir, que resulta imprescindible para participar en la actividad social". </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b><I>Conclusi&oacute;n: el largo camino que queda por hacer </I></b></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La conclusi&oacute;n &uacute;ltima que puede deducirse de todo lo visto hasta el momento es que la evaluaci&oacute;n de la capacidad de los pacientes para tomar decisiones sigue siendo un &aacute;rea donde existen m&aacute;s preguntas que respuestas. Y si esto es cierto en el caso de los pa&iacute;ses anglosajones, en el caso de nuestro pa&iacute;s la situaci&oacute;n es realmente preocupante. Es imprescindible y urgente que se realicen estudios de validaci&oacute;n rigurosos que permitan poner a disposici&oacute;n de los cl&iacute;nicos e investigadores espa&ntilde;oles herramientas que permitan evaluar la capacidad de los pacientes y sujetos de investigaci&oacute;n. A este respecto, a modo de conclusi&oacute;n, pueden efectuarse 10 sugerencias pr&aacute;cticas: </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">1. Que se efect&uacute;e en nuestro pa&iacute;s una validaci&oacute;n transcultural rigurosa del MacCAT-T y del MacCAT-CR. Esto implica aceptar como v&aacute;lidos los criterios de capacidad de comprensi&oacute;n, apreciaci&oacute;n, razonamiento y elecci&oacute;n. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">2. Que esa validaci&oacute;n se haga con tama&ntilde;os de muestras suficientes para tener potencia estad&iacute;stica. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">3. Que en esa validaci&oacute;n se comparen sujetos sanos con sujetos enfermos, en concreto, al menos con pacientes con demencia, pacientes esquizofr&eacute;nicos y pacientes con alguna enfermedad cr&oacute;nica. Tambi&eacute;n deber&iacute;a diferenciarse la situaci&oacute;n intrahospitalaria de la extrahospitalaria. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">4. Que en esa validaci&oacute;n se comparen los resultados del MacCAT con los resultados obtenidos por otros test psiqui&aacute;tricos o neuropsicol&oacute;gicos. En pacientes mayores deber&iacute;an usarse, para comparar, el Minimental. Y en pacientes con demencia, el CAMDEX. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">5. Que en dicha validaci&oacute;n se utilicen como "patrones oro", cl&iacute;nicos con entrenamiento expl&iacute;cito en la evaluaci&oacute;n de la capacidad. Para evitar la sobrecarga de los pacientes o sujetos de experimentaci&oacute;n, esa evaluaci&oacute;n puede hacer mediante la valoraci&oacute;n de los videos grabados de las entrevistas en las que se apliquen el MacCAT y los tests neuropsicol&oacute;gicos. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">6. Es preciso incluir medidas de la fiabilidad, test-retest y concordancia entre observadores, as&iacute; como de las propiedades psicom&eacute;tricas del MacCAT. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">7. Es preciso garantizar la correcci&oacute;n &eacute;tica de todo el proyecto de investigaci&oacute;n, y solucionar el problema de la obtenci&oacute;n del consentimiento informado. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">8. M&aacute;s adelante convendr&iacute;a extender la investigaci&oacute;n sobre herramientas de evaluaci&oacute;n de la capacidad a los menores de edad, un &aacute;rea que en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os se revelar&aacute; como crecientemente conflictiva. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">9. Otra &aacute;rea que deber&iacute;a ser r&aacute;pidamente desarrollada, una vez tengamos un protocolo est&aacute;ndar validado como el MacCAT, es la investigaci&oacute;n acerca de versiones abreviadas de las herramientas, que permitan evaluaciones m&aacute;s r&aacute;pidas pero igualmente fiables. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">10. Nada de lo anterior ser&aacute; posible si no se mejora la formaci&oacute;n general de los cl&iacute;nicos y los juristas en torno a la evaluaci&oacute;n de la capacidad en el contexto cl&iacute;nico. La menci&oacute;n expresa de los juristas es fruto de la constataci&oacute;n personal reiterada de que, si bien los cl&iacute;nicos espa&ntilde;oles tienen, en general, un desconocimiento importante y preocupante de esta cuesti&oacute;n, el nivel de los juristas en general no es mucho mejor. Y este es un &aacute;rea donde el trabajo conjunto de ambos es imprescindible. </FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><B>Bibliografía</B></FONT></P>     <!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(1) FADEN, R. R.; BEAUCHAMP, T. L., <I>A History and a Theory of Informed Consent</I>, Nueva York, Oxford Univ. Press, 1986. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659385&pid=S0211-5735200800020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(2) SIM&Oacute;N, P., "Diez mitos en torno al consentimiento informado", <I>An. Sist. Sanit. Navar</I>., 2006, 29 (supl. 3), pp. 29-40. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659386&pid=S0211-5735200800020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(3) GRACIA, D.; JARABO,Y.; MART&Iacute;N ESP&Iacute;LDORA, N.; R&Iacute;OS, J., "Toma de decisiones en el paciente menor de edad", <I>Med. Clin.</I>, Barcelona, 2001, 117, pp. 179-90. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659387&pid=S0211-5735200800020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(4) ROTH, L. H.; MEISEL, A.; LIDZ, C. W., "Tests of Competency to Consent to Treatment", <I>Am. J. Psychiatry, </I>1977, 134, pp. 279-284. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659388&pid=S0211-5735200800020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(5) APPELBAUM, P. S.; BATEMAN, A. L., "Competency to Consent to Voluntary Psychiatric Hospitalization: A Theoretical Approach", <I>Bull. Am. J. Psychiatry Law</I>, 1979, 7, pp. 390-9. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659389&pid=S0211-5735200800020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(6) APPELBAUM, P. S.; MIRKIN, S. A.; BATEMAN, A. L., "Empirical Assessment of Competency to Consent to Psychiatric Hospitalization", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 1981, 138 (9), pp. 1170-6. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659390&pid=S0211-5735200800020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(7) APPELBAUM, P. S.; ROTH, L. H., "Clinical Issues in the Assessment of Competency", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 1981, 138 (11), pp. 1462-7. En Julio de 1982 apareci&oacute; en la misma revista un caso cl&iacute;nico comentado donde insist&iacute;an de nuevo en esta problem&aacute;tica. ROTH, L., y otros, "The Dilemma of Denial in the Assessment of Competency to Refuse Treatment", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 1982, 139 (7), pp. 910-913. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659391&pid=S0211-5735200800020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(8) APPELBAUM, P. S.; ROTH, L. H., "Competency to Consent to Research: a Psychiatric Overview", <I>Arch. Gen. Psychiatry</I>, 1982, 39, pp. 951-8. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659392&pid=S0211-5735200800020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(9) MILLER, S. S.; MARIN, D. B., "Assessing Capacity", <I>Psychiatric Emergencies</I>, 200, 18 (2), pp. 233-242. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659393&pid=S0211-5735200800020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(10) APPELBAUM, P. S.; GRISSO, T., "Assessing Patient's Capacities to Consent to Treatment", <I>NEJM</I>, 1988, 319 (25), pp. 1635-8. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659394&pid=S0211-5735200800020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(11) ALEXANDER, M. P., "Clinical Determination of Mental Competence", <I>Arch. Neurol</I>., 1988, 45, pp. 23-6. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659395&pid=S0211-5735200800020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(12) FREEDMAN, M.; STUSS, D. T.; GORDON, M., "Assessment of Competency: the Role of Neurobehavioral Deficits", <I>Ann. Intern. Med.</I>, 1991, 115, pp. 203-8. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659396&pid=S0211-5735200800020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(13) DRANE, J. F., "The Many Faces of Competency", <I>Hastings Cent. Rep., </I>1985, abril, pp. 17-21. <I>Las m&uacute;ltiples caras de la competencia</I>, en COUCEIRO, A., Madrid, Triacastela, 1999, pp. 163-176. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659397&pid=S0211-5735200800020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(14) BUCHANAN, A.; BROCK, D. W., <I>Deciding for Others. The Ethics of Surrogate Decisionmaking</I>, Nueva York, Oxford University Press, 1989. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659398&pid=S0211-5735200800020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(15) BUCHANAN, A., "Mental Capacity, Legal Competence and Consent to Treatment", <I>J. R. Soc. Med</I>., 2004, 97, pp. 415-20. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659399&pid=S0211-5735200800020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(16) WILKS, I., "The Debate Over Risk-Related Standards of Competence", <I>Bioethics</I>, 1997, 11, pp. 419-20. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659400&pid=S0211-5735200800020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(17) CALE, G. S., "Risk-Related Standards of Competence: Continuing the Debate Over Riskrelated Standards of Competence", <I>Bioethics</I>, 1999, 13, pp. 131-48. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659401&pid=S0211-5735200800020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(18) WILKS, I., "Asymmetrical Competence", <I>Bioethics</I>, 1999, 13, pp. 154-9. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659402&pid=S0211-5735200800020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(19) DEMARCO, J. P., "Competence and Paternalism", <I>Bioethics</I>, 2002, 16 (3), pp. 231-245. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659403&pid=S0211-5735200800020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(20) SIM&Oacute;N, P., <I>El consentimiento informado, </I>Madrid, Triacastela, 2000, pp. 302-309. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659404&pid=S0211-5735200800020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(21) MOSER, D. J., y otros, "Capacity to Provide Informed Consent for Participation in Schizophrenia and HIV Research", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 2002, 159 (7), pp. 1201-7. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659405&pid=S0211-5735200800020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(22) PINALS, D. A.; APPELBAUM, P. S., "The History and Current Status of Competence and Informed Consent in Psychiatric Research", <I>Isr. J. Psychiatry Relat. Sci</I>., 2000, 31 (2), pp. 82-94. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659406&pid=S0211-5735200800020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(23) KIM, S. Y. H., y otros, "Assessing the Competence of Persons with Alzheimer's Disease in Providing Informed Consent for Participation in Research", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 2001, 158, pp. 712-7. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659407&pid=S0211-5735200800020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(24) JESTE, D. V.; DEPP, C. A.; PALMER, B. W., "Magnitude of Impairment in Decisional Capacity in People with Schizophrenia Compared to Normal Subjects: An Overview", <I>Schizophrenia Bull</I>., 2006, 32 (1), pp. 121-8. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659408&pid=S0211-5735200800020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(25) APPELBAUM, P. S., "Competence of Depressed Patients for Consent to Research", <I>Am. J. Psychiatry</I>, 1999, 156 (9), pp. 1380-4. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659409&pid=S0211-5735200800020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(26) JANOFSKY, J. S.; MCCARTHY, J. S.; FOLSTEIN, M. F., "The Hopkins Competency Assessment Test: A Brief Method for Evaluating Patient's Capacity to Give Informed Consent", <I>Hosp. Community Psychiatry</I>, 199, 43 (2), pp. 132-6. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659410&pid=S0211-5735200800020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(27) MEZEY, M., y otros, "Decision-making Capacity to Execute a Health Care Proxy: Development and Testing Guidelines", <I>JAGS</I>, 2000, 48, pp. 179-187. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659411&pid=S0211-5735200800020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(28) Sin embargo, el HCAT ha comenzado a ser utilizado recientemente como evaluador indirecto general de la capacidad. LUCHA, P. A.; KROPCHO, L.; FRANCIS, M., "Acute Pain and Narcotic Use Does Not Impair the Ability to Provide Informed Consent: Evaluation of a Competency Assessment Tool in the Acute Pain Patient", <I>American Surgeon</I>, 2006, 72 (2), pp. 154-7. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659412&pid=S0211-5735200800020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(29) BEAN, G., y otros, "The Assessment of Competence to Make a Treatment Decision: An Empirical Approach", <I>Canadian Journal of Psychiatry</I>, 1996, 41, pp. 85-92. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659413&pid=S0211-5735200800020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(30) DERONZO, E. G.; CONLEY, R. R.; LOVE, R., "Assessment of Capacity to Give Consent to Research Participation: State of the Art and Beyond", <I>J. Health Care Law Policy</I>, 1998, 1, pp. 66</FONT>-<FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">87. El formulario est&aacute; disponible, por ejemplo, en <a href="http://www.dhmh.state.md.us/oig/irb/pdf/attachment6-2006.pdf" target="_blank">http://www.dhmh.state.md.us/oig/irb/pdf/attachment6-2006.pdf</a> (visitada el 14.11.2006). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659414&pid=S0211-5735200800020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(31) SAKS, E. 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Evaluating Patient Capacity in Practice", <I>American Family Physician</I>, 2001, 64 (2) pp. 299-306. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659417&pid=S0211-5735200800020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(34) FINUCANE, P.; MYSER, C.; TICEHURST, S., "Is she Fit to Sign, Doctor? Practical Ethical Issues in Assessing the Competence of Elderly Patients", <I>Med. J. 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Clinical Implications and Research Needs", <I>Clinical Psychology Review</I>, 2006, 26, pp. 1054-1077. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659420&pid=S0211-5735200800020000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(37) ALLEN, R. S., y otros, "Advance Care Planning in Nursing Homes: Correlates of Capacity and Possession of Advance Directives", <I>Gerontologist</I>, 2003, 43 (3), pp. 309-17. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659421&pid=S0211-5735200800020000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(38) PALMER, B. W., y otros, "Assessment of Capacity to Consent to Research Among Older Persons with Schizophrenia, Alzheimer Disease, or Diabetes Mellitus: Comparison of a 3-Item Questionnaire with a Comprehensive Standardized Capacity Instrument", <I>Arch. Gen. 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J., y otros, "Using a Brief Intervention to Improve Decisional Capacity in Schizofrenia Research", <I>Schizophrenia Bull</I>., 2006, 32 (1), pp. 116-200. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659424&pid=S0211-5735200800020000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(41) ZAPF, P. A.; ROESCH, R., "An Investigation of the Construct of Competence: A Comparison of the FIT, the MacCat-CA and the MacCat-T", <I>Law and Human Behaviour</I>, 2005, 29 (2), pp. 229-252. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659425&pid=S0211-5735200800020000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(42) MOYE, J., y otros, "Capacity to Consent to Treatment: Empirical Comparison of Three Instruments in Older Adults with and without Dementia", <I>Gerontologist, </I>2004, 44 (2), pp. 166-75. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659426&pid=S0211-5735200800020000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(43) MARSON, D. C., y otros, "Consistency of Physician Judgments of Capacity to Consent in Mild Alzheimer's Disease", <I>JAGS</I>, 1997, 45, pp. 453-7. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659427&pid=S0211-5735200800020000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(44) CAIRNS, R., y otros, "Reliability of Mental Capacity Assessments in Psychiatric Patients", <I>Br. J. Psychiatry</I>, 2005, 187, pp. 372-8. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659428&pid=S0211-5735200800020000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(45) CASARETT, D. J., "Assessing Decision-Making Capacity in the Setting of Palliative Care Research", <I>J. Pain. Symptom Management, </I>2003, 25 (4), pp. 6-13. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659429&pid=S0211-5735200800020000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(46) APPELBAUM, P. S., "Decisional Capacity of Patients with Schizophrenia to Consent to Research": Taking Stock", <I>Schizophrenia Bull, </I>2006, 32 (1), pp. 22-25. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659430&pid=S0211-5735200800020000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(47) KIM, S. Y., "When Does Impairment Become Decisional Incompetence. Ethical and Methodological Issues in Capacity Research in Schizophrenia", <I>Schizophrenia Bull</I>., 2006, 32 (1), pp. 92-97. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659431&pid=S0211-5735200800020000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(48) SAKS, E. R., y otros, "Meta-consent in Research on Decisional Capacity: A "Catch-22"", <I>Schizophrenia Bull</I>., 2006, 32 (1), pp. 42-46. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659432&pid=S0211-5735200800020000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(49) BOADA, M.; ROBLES, A. (eds), <I>An&aacute;lisis y reflexiones sobre la capacidad para tomar decisiones durante la evoluci&oacute;n de una demencia</I>: "Documento Sitges", Barcelona, Glosa, 2005. Disponible en la web de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Neurolog&iacute;a. <a href="http://www.sen.es/" target="_blank">http://www.sen.es/</a> (visitada el 15-XI2007). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659433&pid=S0211-5735200800020000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(50) ETCHELLS, E., y otros, Assessment of Patients Capacity to Consent to Treatment. Journal of General Internal Medicine 1999, 14, pp. 27-34. El protocolo est&aacute; disponible en http://www.utoronto.ca/jcb/disclaimers/ace.htm (visitada el 15-XI-2007). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659434&pid=S0211-5735200800020000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(51) CARNEY, M., y otros, "The Development and Piloting of a Capacity Assessment Tool", <I>The Journal of Clinical Ethics, </I>2001, 12, pp. 17-23. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659435&pid=S0211-5735200800020000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(52) MARSON DCCODY, y otros, "Neuropsychological Predictors of Competency in Alzheimer's Disease Using a Rational Reasons Legal Standard", <I>Archives of Neurology, </I>1995, 52, pp. 955-9. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659436&pid=S0211-5735200800020000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(53) WONG, J. G., y otros, "The Capacity of People with a Mental Disability to Make a Health Care Decision", <I>Psychological Medicine, </I>2000, 30, pp. 295-306. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659437&pid=S0211-5735200800020000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(54) EDELSTEIN, B., <I>Hopemont Capacity Assessment Interview Manual and Scoring Guide, </I>Morgantown, W. V., West Virginia University, 1999. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659438&pid=S0211-5735200800020000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(55) GRISSO, T., APPLEBAUM P. S., <I>Assessing Competence to Consent to Treatment, </I>Nueva York, Oxford University Press, 1998. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659439&pid=S0211-5735200800020000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">(56) APPELBAUM, P. S., MacCAT-CR. Mac Arthur Competence Assessment Tool for Clinical Research, Sarasota (FL - USA), <I>Professional Resource Press, </I>2001. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4659440&pid=S0211-5735200800020000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><b><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v28n2/seta.gif"></a><a name="back"></a>Dirección para correspondencia:</b>    <br> Pablo Sim&oacute;n-Lorda.    <br> Escuela Andaluza de Salud P&uacute;blica.    <br> Apdo. 2070.    <br> 18080 Granada.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Telf.: 958 027400. Fax: 958 027503.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pablo.simon.easp@juntadeandalucia.es">pablo.simon.easp@juntadeandalucia.es</a></FONT></P>      <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Fecha de recepci&oacute;n: 7.12.2007    <br> Aceptado 10.04.2008.</FONT></P>       ]]></body><back>
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