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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The real love is the neurotic experience nearest to the psychosis.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>SALUD MENTAL Y CULTURA</B></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="4"><B><a name="top"></a>Erotoman&iacute;a, amor y enamoramiento. Contradicciones</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="4"><B>Erotomania, love and falling in love. Contradictions</B></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Laura Mart&iacute;n L&oacute;pez-Andrade</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> MIR de Psiquiatr&iacute;a del Hospital Universitario del R&iacute;o Hortega de Valladolid. </FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><a href="#back">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P> <hr size="1" noshade>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>RESUMEN</B></P>     <P>El Amor verdadero es la experiencia neur&oacute;tica m&aacute;s cercana a la psicosis.</P>     <P><B>Palabras clave:</B> Erotoman&iacute;a. Enamoramiento. Matrimonio. Afectos. Lenguaje.</FONT></P> <hr size="1" noshade>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>SUMMARY</B></P>     <P>The real love is the neurotic experience nearest to the psychosis.</P>     <P><B>Key words:</B> Erotomania. Falling in love. Marriage. Affections. Language.</FONT></P> <hr size="1" noshade>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><B>I. Presentaci&oacute;n</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Proponerse hablar del amor es una empresa in&uacute;til y poco esperanzadora. Viene a ser como pretender abordar lo inabordable, acotar lo que no tiene l&iacute;mites y objetivar lo que no puede suceder sin que lo coloree la impresi&oacute;n subjetiva de cada uno. Por eso Ferrand, en su <I>Melancol&iacute;a er&oacute;tica</I>, se un&iacute;a a la opini&oacute;n gal&eacute;nica de descalificar a los que intentaban dar una definici&oacute;n esencial de algo que cada uno conceb&iacute;a a su manera. Tachaba, por tanto, de sofistas a los l&oacute;gicos de turno que intentaban dar con la clave de asuntos que no pueden sino explicarse a trav&eacute;s de una experiencia propia.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El amor ha sido uno de los temas m&aacute;s abordados por la filosof&iacute;a, la literatura, la antropolog&iacute;a, la religi&oacute;n e incluso la medicina. Todas las ciencias que se han ocupado de los distintos aspectos del ser humano han hecho un hueco para estudiar eso que tantos, y con tanta raz&oacute;n, han calificado de locura. Sin duda, intentar comprender qu&eacute; es el amor resulta una de las mejores y m&aacute;s arriesgadas formas de bucear en las profundidades del hombre. Agust&iacute;n nos dej&oacute; dicho que "si quieres conocer a alguien, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama". Quedamos definidos por el amor y por lo que amamos.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Desde nuestra profesi&oacute;n, y en ocasiones a pesar de ella, nos es f&aacute;cil encontrarnos con situaciones que nos acercan a estos reveladores modos de observaci&oacute;n. Tan es as&iacute;, que siempre resulta &uacute;til echar un vistazo al acompa&ntilde;ante del paciente que espera fuera de la consulta si queremos enriquecer la impresi&oacute;n cl&iacute;nica que vamos construyendo. Del mismo modo que, no pocas veces, se nos escapa una sonrisilla maliciosa cuando un amigo nos presenta a su nueva pareja, que resulta cortada por el mismo patr&oacute;n que esa anterior que le desilusionaba.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La pareja, el amado, el amigo predilecto, no son an&eacute;cdotas de nuestra existencia sino un reflejo de las cartas con las que jugamos en la vida. El amor decide por fuera de la raz&oacute;n. No elegimos racionalmente entre varias posibilidades presentes, sino que es nuestra oculta intimidad la que apuesta por nosotros como si supiera de antemano qui&eacute;n ser&aacute; el ganador. Adem&aacute;s, el amor act&uacute;a de modo determinante sobre el destino de las personas. Nuestra biograf&iacute;a no s&oacute;lo es un inventario de relaciones amorosas, sino que es el efecto de los amores que se han ido sucediendo. Dec&iacute;a Ortega y Gasset que, en caso de contar con m&aacute;s de uno, una persona nunca tendr&iacute;a m&aacute;s de dos o tres amores importantes a lo largo de su vida. &Eacute;stos, adem&aacute;s, coincidir&iacute;an con cambios significativos en su "modo de ser". De ah&iacute; provendr&iacute;an las similitudes y diferencias entre las parejas que acumula una misma persona: mientras las similitudes responden a la repetici&oacute;n, las distintas personas a las que se ama dan cuenta de los cambios sucedidos en cualquier trayectoria vital.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">S&iacute;, lo que nos proponemos llevar a cabo es un sinsentido, pues queremos adentrarnos en un tema cuyos m&aacute;rgenes sabemos de antemano que se escapan. La intimidad se resiste a ser cient&iacute;fica, a cumplir reglas o respetar l&iacute;mites convencionales. Enfrentados a esta tarea y sus dificultades irreductibles, podemos intentar apoyarnos en el resultado de las miradas que nos anteceden. De su repaso, a nuestro juicio, surgen dos proposiciones. Por un lado, registramos la insistente exigencia a lo largo de los siglos de elaborar una teor&iacute;a del amor y fundarla en una filosof&iacute;a de las pasiones. Pero, por otro, damos cuenta tambi&eacute;n de la imposibilidad de lograrlo sin derrumbar los cimientos de esas mismas hip&oacute;tesis. Esto demuestra el car&aacute;cter parad&oacute;jico de todo lo que acercamos al amor. Tanto las explicaciones que el hombre atribuye a sus sentimientos, como el manejo con que el propio amor gobierna al sujeto, se encuentran rodeados de esa esencia contradictoria que caracteriza a Eros.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Las pasiones no quieren "tener raz&oacute;n", por eso el &uacute;nico lenguaje que conoce el amor es el de la contradicci&oacute;n. La palabra es el l&iacute;mite del amor y, pese a ello, no disponemos de un arma distinta para acercarnos a esa sinuosa profundidad que tanto despierta nuestro inter&eacute;s. "No se puede decir nada sin contradecirse", dec&iacute;a Lacan. As&iacute; que, bajo esta advertencia previa, vamos a emplear la palabra para hablar de lo contradictorio.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><B>II. T&aacute;cticas</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Uno de los primeros y m&aacute;s grandes textos escritos sobre el amor, <I>El Banquete</I> de Plat&oacute;n, est&aacute; pr&aacute;cticamente en su totalidad compuesto por mon&oacute;logos. Salvo la conversaci&oacute;n de Diotima con S&oacute;crates, el resto de la obra consiste en exposiciones unidireccionales sobre c&oacute;mo entiende el amor cada uno de los comensales. No pod&iacute;a ser de otro modo: el lenguaje, dec&iacute;amos, limita al amor, y el hecho de que el di&aacute;logo se vea tan dificultado a la hora de plantear los asuntos amorosos es la primera prueba de una afirmaci&oacute;n que, en principio, pod&iacute;a parecer demasiado categ&oacute;rica.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">As&iacute; las cosas, no queda m&aacute;s remedio que ceder un poco en nuestras convicciones personales y procurarnos un lenguaje com&uacute;n para tratar sobre las pasiones amorosas. Tanto el que nos atrevemos a llamar Amor verdadero, como el deseo, la pasi&oacute;n, el enamoramiento, la simple relaci&oacute;n de pareja o el mismo matrimonio se confunden conceptualmente porque cada uno les aplica los atributos que su experiencia y su moral le permiten. Desde nuestro punto de vista, el amor es una t&aacute;ctica, una forma de salir de la soledad para alcanzar una individualidad que, pese a forjar una diferencia con los dem&aacute;s, nos permita acceder al otro. Toda soluci&oacute;n del sujeto, del m&aacute;s sano al m&aacute;s loco, es, por tanto, una soluci&oacute;n de amor.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Un recurso</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Podemos preguntarnos entonces, y en primer lugar, de qu&eacute; modo es el amor un recurso del psic&oacute;tico. En este sentido, y a pesar de las variaciones que posteriormente Freud realizar&iacute;a al respecto, sus <I>Tres ensayos sobre una teor&iacute;a sexual</I> contienen elementos que nos van a resultar especialmente &uacute;tiles. Me refiero, ante todo, a los dos estadios previos que distingue antes de la consolidaci&oacute;n de las relaciones objetales. En el primero, el estadio autoer&oacute;tico, el sujeto s&oacute;lo se relaciona con su propio cuerpo, mediante un trato en el que alojamos la soledad y el aislamiento de la esquizofrenia. Como protagonista indiscutible del origen pulsional de la vida, el cuerpo desmembrado del esquizofr&eacute;nico da testimonio de un intento fracasado de abandonar la soledad. No es que no intente amar, si queremos verlo as&iacute;, sino que tropieza en el curso de la tarea debido a la fragilidad que origina su psicosis. Las manifestaciones del amor que surgen en la esquizofrenia representan en realidad una derrota ante la separaci&oacute;n. Son el esbozo de un recurso, pero de un recurso finalmente fracasado.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Sin embargo, podemos ver que all&iacute; donde el esquizofr&eacute;nico debe rendirse sin condiciones, el paranoico, por su parte, es capaz de llegar a una capitulaci&oacute;n menos exigente gracias a la erotoman&iacute;a. Hemos franqueado en este caso el autoerotismo para entrar en el estadio propiamente narcisista, en la satisfacci&oacute;n del sujeto en torno a s&iacute; mismo que permite m&aacute;s solidez al yo y un cuerpo por fin unificado. Freud dec&iacute;a que el amor no parte del otro, sino del narcisismo, que es el origen de cualquier patolog&iacute;a mental. Por eso llam&oacute; a las psicosis "neurosis narcisistas", subrayando de este modo la importancia del narcisismo en la elecci&oacute;n amorosa. La erotoman&iacute;a, en ese sentido, es el paradigma de la estrategia amorosa narcisista con que el psic&oacute;tico intenta llegar al otro. El resultado, sin embargo, es insuficiente: el erot&oacute;mano ama al otro, pero ese otro es tan distinto que solo puede identificarlo a trav&eacute;s del delirio, de un recurso precario de anudamiento, de un remiendo de &uacute;ltima hora. No reconocer que el psic&oacute;tico utilice esa t&aacute;ctica de amor para los fines de la vida ser&iacute;a como negarle la angustia de la que emerge y rechazar su condici&oacute;n de sujeto. Lo que ocurre es que, o bien fracasa en la tarea o bien tiene que agarrarse al delirio para llevarla a efecto.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">¿Qu&eacute; ocurre entonces con la melancol&iacute;a, la tercera forma de psicosis? Lejos de seguir los pasos de la Psiquiatr&iacute;a en su intento por suspender el t&eacute;rmino hasta hacerlo desaparecer de sus conceptos y clasificaciones, reconocemos en el melanc&oacute;lico el sujeto que mejor nos puede trasladar hasta el conocimiento de las pasiones amorosas. Como veremos m&aacute;s adelante, el cimiento sobre el que el verdadero amor se edifica est&aacute; a caballo entre la melancol&iacute;a y la tristeza, entre el vac&iacute;o puramente psic&oacute;tico y la falta que divide al neur&oacute;tico y garantiza su identidad.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La literatura, especialmente, nos ha mostrado a lo largo de los siglos el car&aacute;cter dram&aacute;tico del amor, su irremediable v&iacute;nculo con la desolaci&oacute;n. Los grandes amores siempre han sido amores imposibles, tr&aacute;gicos, de una muerte prematura por causas que escapaban a las posibilidades de los amantes. La melancol&iacute;a se ha definido como el mal de amor por excelencia. "La melancol&iacute;a er&oacute;tica es el amor que traspasa los l&iacute;mites de la raz&oacute;n", nos dec&iacute;a Ferrand en su tratado. De este modo nos imaginamos que el melanc&oacute;lico no deja de lado al amor como t&aacute;ctica subjetiva de las psicosis, sino todo lo contrario: toma tanto impulso para abandonar el vac&iacute;o, que, inevitablemente, vuelve a &eacute;l en ca&iacute;da libre.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Por su parte, el neur&oacute;tico alcanza un nivel m&aacute;s elevado y se acostumbra a pasar por el duelo para volver a reiniciar el deseo una vez alcanzado el objeto amoroso. El duelo normal es as&iacute; un paso obligado, tras llegar al punto &aacute;lgido de la satisfacci&oacute;n, en el circuito curvo del deseo. Ahora bien, la exclusi&oacute;n del psic&oacute;tico del mundo del deseo no le aleja del todo de la experiencia de tal sinuosidad, que se conserva de modo potencial en el c&iacute;rculo melanc&oacute;lico. El psic&oacute;tico que recurre al amor, e incluso insin&uacute;a la posibilidad de sustituir el goce psic&oacute;tico por las estrategias de placer del neur&oacute;tico, suele acabar melancolizado en su intento de lograr los beneficios propios de la neurosis. En el caso, por ejemplo, en que la erotoman&iacute;a fuese correspondida en el sentido neur&oacute;tico de la reciprocidad, incluso de la forma m&aacute;s tibia, hay que pensar que esa tentativa terminar&iacute;a irremediablemente en melancol&iacute;a.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En conclusi&oacute;n, podemos sostener que el amor no est&aacute; excluido de modo absoluto de las psicosis. Resumir&iacute;amos m&aacute;s bien la situaci&oacute;n diciendo que existe como una estrategia que fracasa en la esquizofrenia, triunfa parcialmente en la erotoman&iacute;a y se agota en la melancol&iacute;a.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Un modo</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El amor puede definirse por el sentido que nos es m&aacute;s conocido. Aludo al amor que llamar&iacute;amos convencional o de pareja, aquel que difiere en gran medida del Amor con may&uacute;sculas que llama nuestra atenci&oacute;n de manera principal. Aunque a lo largo de la historia el enamoramiento ha sido adecuadamente considerado como un estado de "locura transitoria", lo que realmente le distingue de la "locura" del Amor verdadero es el car&aacute;cter de continuidad que le otorga el proyecto intr&iacute;nseco que contiene. Al enamorado se le concede una licencia de futuro, que podr&aacute; utilizar o no, pero que se le niega tajantemente al amante, entendiendo por amante al protagonista del gran Amor. Por esta raz&oacute;n, entre otras, decimos que el amor de pareja queda circunscrito simplemente a un modo social de amar, no a un modo esencial de hacerlo.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Sabemos que el psicoan&aacute;lisis a&iacute;sla un tipo de elecci&oacute;n de objeto que llamamos anacl&iacute;tica o por apoyo. Una relaci&oacute;n que se realiza apoy&aacute;ndose sobre las im&aacute;genes de las figuras paternas y lleva consigo que todo hallazgo posterior al primer objeto de amor sea un intento de reencuentro: "Se ama, en definitiva, a la mujer que alimenta o al hombre que protege". Al buscar entre los dem&aacute;s seg&uacute;n este modelo, sucede que nunca se encontrar&aacute; un objeto de amor a medida, pues, en un momento dado, el sujeto se conforma con lo que tiene, cansado de una b&uacute;squeda que nunca llega a un encuentro real con el amado. En esta l&iacute;nea de observaci&oacute;n, y con su habitual sutileza en la descripci&oacute;n de las pasiones femeninas, Duras escribi&oacute; acerca de c&oacute;mo el tiempo permite comprender que el sentimiento de felicidad que experimentas con un hombre no prueba necesariamente que lo ames. Los proyectos y la vida en com&uacute;n se perfilan de esta forma como un estado de comodidad ante esa falta que nos angustia y que se busca reparar a trav&eacute;s del amor. La monoton&iacute;a, en estos casos, es la experiencia demostrativa de que la ausencia no puede llegar a colmarse: que se sigue sintiendo a pesar de la existencia del otro a su lado. Se ha llamado "amar en Occidente" a un proyecto que queda inicialmente maquillado por el enamoramiento pero que no tarda en convertirse en una empresa com&uacute;n que suele derivar en eso que, en palabras de Montaigne, s&oacute;lo es libre a la entrada: el matrimonio.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Este conformismo social que define a la pareja, normalmente lo encontramos precedido de la fase de enamoramiento. Enamorarse hace que se tienda a mirar hacia delante, a poner fechas, a programar. Sujetos a la neurosis, el deseo inicial de los enamorados termina por agotarse y, si todo sale favorablemente, el aburrimiento, en el mejor de los casos, lo <I>degrada</I> en simple amistad. Todo resulta de este modo mucho m&aacute;s <I>sano</I>, desde el punto de vista de la salud y la moral, que lo que sucede en el caso del Amor verdadero, cuya brutalidad azota a los amantes ante la pl&aacute;cida mirada de las parejas.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Rougemont, en su cr&iacute;tica al mito del matrimonio occidental, hablaba de un "amor de fidelidad" o "amor acci&oacute;n". Al contrario de lo que muchos piensan, su defensa de que "todo lo que se diga en contra del matrimonio es cierto" no significaba que el verdadero Amor s&oacute;lo se encontrara en la infidelidad. Para el escritor suizo, el problema de las parejas no proviene del compromiso, sino de las consecuencias que conlleva. Es una cuesti&oacute;n &eacute;tica derivada de que a la pareja no se la elige, ni siquiera se decide uno por ella. El "pase lo que pase", no supone la declaraci&oacute;n rom&aacute;ntica de la elecci&oacute;n de un individuo, sino la formalizaci&oacute;n de una apuesta. Para argumentarlo, se&ntilde;alaba que era imposible intuir el destino de una pareja desde el enamoramiento. Si se han necesitado millones de a&ntilde;os para la selecci&oacute;n de especies adaptadas, el hombre debe estar enajenado si pretende, en el curso de una sola vida, resolver el problema de adaptaci&oacute;n de dos seres humanos que se desconocen, est&aacute;n moralmente organizados y son estructuralmente neur&oacute;ticos. Por eso acaba dando la raz&oacute;n a Tolstoi cuando describe la "paz del hogar" como un aut&eacute;ntico infierno.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Un estado</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Llegados a este punto, quedamos obligados a precisar ese concepto que ya se ven&iacute;a anunciando: el del Amor verdadero. El Amor verdadero, para nosotros, es un estado que no llega a convertirse en un modo social, como lo reclama la temporalidad del neur&oacute;tico, ni se queda en un mero recurso psic&oacute;tico. No avanza, por decirlo as&iacute;, hasta la pareja ni se estanca en el delirio. Tiene un car&aacute;cter lim&iacute;trofe entre el deseo y la angustia, que lo define como una experiencia m&aacute;s cercana a la psicosis que cabe esperar de la neurosis de sus protagonistas.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Diotima explicaba a S&oacute;crates que el Amor no era un dios, ni un hombre, sino que era algo entre lo divino y lo mortal: un genio cuyo poder resid&iacute;a en recorrer el hueco que quedaba entre las dos partes. As&iacute; se ligaba el Todo consigo mismo, sin vac&iacute;os ni faltas. El Amor, por consiguiente, se esfuerza por librar al neur&oacute;tico de su falta y ayudar al psic&oacute;tico a construir, como puede, en el vac&iacute;o. El Amor es un oc&eacute;ano entre dos continentes, una membrana osm&oacute;tica que permita el paso de elementos entre la neurosis y la psicosis. Por un lado, arranca de la soledad esquizofr&eacute;nica, se impregna de la tristeza melanc&oacute;lica y no esconde sus aspectos erot&oacute;manos. Pero, por el otro, exige la existencia del deseo tal y como se desenvuelve entre los neur&oacute;ticos.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Para Amar tiene que estar presente la falta pero tambi&eacute;n el vac&iacute;o. Mientras la pareja se acomoda en la falta, el sujeto de Amor se ubica all&iacute; donde la angustia no ha podido ser eliminada: en la ausencia misma. Para el Amor no basta la circulaci&oacute;n del deseo, tambi&eacute;n se necesita la presencia del desierto propio del psic&oacute;tico. Amar es desnudarse ante el otro, pero tambi&eacute;n desanudarse. Esta es una de las razones que nos hace situar, esto que hemos calificado de <I>estado</I>, m&aacute;s cerca de la psicosis que de la neurosis. Si recurrimos de nuevo al mito del andr&oacute;gino plat&oacute;nico, dir&iacute;amos que no es que exista un hueco a rellenar, sino que la otra mitad est&aacute; vac&iacute;a.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><b>III. Tri&aacute;ngulos</b></FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El amor dibuja un tri&aacute;ngulo. La existencia irreductible de tres v&eacute;rtices no puede separarse del concepto occidental del amor: el tercero est&aacute; siempre presente, desde el momento en que aparece la angustia al tiempo en que emerge el deseo. Precisamente es su exclusi&oacute;n la que explica la fidelidad, y su manejo el que define el estilo personal de amar. Tres v&eacute;rtices que, a su vez, podemos entender triplicados en tres dimensiones, tres afectos y tres registros.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Dimensiones</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El amor se desenvuelve en torno a la creencia, el encuentro y la palabra. El amor, entre otras cosas, es una <I>creencia</I>, una creencia en la que se <I>est&aacute;</I>, al modo en que Ortega contrapone las creencias a las ideas, que se <I>tienen</I> sin llegar a estar en ellas. En este sentido, el erot&oacute;mano tiene creencias, no ideas: posee <I>certezas</I>. Sabe que es amado sin lugar alguno para la duda. El neur&oacute;tico, en cambio, se instala en el territorio de las ideas cuando se enamora. El trabajo de enamoramiento no es otra cosa que un esfuerzo de suposici&oacute;n: se espera amar y ser amado. Es una mera hip&oacute;tesis y, como tal, todo lo que gana en claridad lo pierde en firmeza: se duda, luego hay m&aacute;s de una opci&oacute;n posible. Est&aacute; presente la idea del enamoramiento pero el sujeto nunca llega a estar dentro ella, hecho que solo se vuelve posible cuando la idea amorosa ya es creencia delirante.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La &uacute;nica experiencia neur&oacute;tica en la que la pasi&oacute;n puede llegar a sostener al sujeto al modo de una creencia, la &uacute;nica excepci&oacute;n que no desemboca en el delirio, es el Amor verdadero. Del Amor no se duda porque no es necesario enfrentarlo con el otro: no hay una segunda opini&oacute;n. El sujeto se conduce con su Amor como con el resto de sus creencias: teni&eacute;ndolo autom&aacute;ticamente en cuenta en todo su comportamiento, aunque no necesite pensar en ello para hacerlo. Por este motivo, el Amor se comporta como una creencia lim&iacute;trofe entre la certeza psic&oacute;tica de la erotoman&iacute;a y la duda neur&oacute;tica del enamorado.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Pero, adem&aacute;s de una creencia, es un <I>encuentro</I>. El Amor es un <I>acontecimiento</I>, no en el sentido que va de la mano del azar o la casualidad, sino en el de alejarse de lo mec&aacute;nico y lo repetitivo, factores que lo ahogan y lo vuelven imposible. No existe amor si no existe sorpresa, aunque sea luego el sujeto el &uacute;nico responsable de dar respuesta a esa colisi&oacute;n. Popularmente se dice que "el amor oculta sorpresas", lo que nos sirve para demostrar los lugares comunes que el Amor mantiene con las psicosis. El erot&oacute;mano vive un amor cl&iacute;nico como intento de superar el hecho de que el psic&oacute;tico sea, por definici&oacute;n, alguien incapaz de sorprenderse. El delirio de amor le permite salir temporalmente de ese estado expectante y est&aacute;tico &#150;que psicopatol&oacute;gicamente corresponder&iacute;a a la pasividad del automatismo&#150;y comenzar a responder a la sorpresa de vivir. La interpretaci&oacute;n delirante surge como un conato de salida falsa de lo repetitivo. Pero es una evasi&oacute;n que puede caer en una trampa inevitable: la ansiada "estabilizaci&oacute;n" que busca encarecidamente el psiquiatra y que puede, parad&oacute;jicamente, acabar con el esbozo de sorpresa iniciado para relegarle de nuevo a la soledad y el vac&iacute;o. Incierta consecuencia terap&eacute;utica que justifica la oportunidad de que alguno de estos locos nos pueda responder invirtiendo los t&eacute;rminos para afirmar, al modo de Artaud, que no hay psiquiatra que no se conduzca, por sus certezas curativas, como un manifiesto erot&oacute;mano.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Junto a la creencia y el acontecimiento, la tercera dimensi&oacute;n del Amor es la palabra y, m&aacute;s en concreto, la insuficiencia natural que la sostiene. Se habla continuamente del amor pero, por la condici&oacute;n intr&iacute;nseca del lenguaje, nunca se llega a decir nada del todo y se acaba, en cambio, diciendo m&aacute;s de lo que se pretende. Proferir "te amo" siempre deja la declaraci&oacute;n como a medias y con un sinsabor de segunda mano.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Seg&uacute;n Voltaire, el enamorado es un poeta, pero del amante, del h&eacute;roe del Amor, decimos algo m&aacute;s, que se encuentra ante un vac&iacute;o muy cercano a la psicosis cuando intenta declararse. La emoci&oacute;n amorosa es, antes que otra cosa, un vac&iacute;o del lenguaje que hay que rellenar. Por ello cuanto m&aacute;s se habla del amor, tanto menos desgarrador y angustiante resulta, menos Real en el sentido de Lacan. El Amor en estado puro, por contra, no entiende de explicaciones, se topa con la contradicci&oacute;n como &uacute;nica posibilidad. Con una contradicci&oacute;n cercana a la ambivalencia psic&oacute;tica.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Afectos</B></FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El segundo v&eacute;rtice lo integran los tres afectos que componen el amor. Estos ser&iacute;an, a nuestro juicio, la Esperanza, el Orgullo y el Deseo, que coinciden con los afectos que Cl&eacute;rambault describi&oacute; en el origen del postulado central de la erotoman&iacute;a. En su inolvidable descripci&oacute;n de las psicosis pasionales, el psiquiatra franc&eacute;s estableci&oacute; que los tres intervienen en el surgir del postulado inicial, cuya f&oacute;rmula enuncia as&iacute;: "Es el Objeto el que ha comenzado, el que m&aacute;s ama o el &uacute;nico que ama".</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">De este modo, vemos en la descripci&oacute;n de la erotoman&iacute;a que es el afecto quien genera la idea, si admitimos estas distinciones de Cl&eacute;rambault. Por eso los delirios pasionales son delirios de actos, de reivindicaci&oacute;n: es la emoci&oacute;n la que motiva, sostiene y dirige las posteriores interpretaciones. Lo inamovible es la convicci&oacute;n de que "el Otro me ama" &#150;o "me es infiel" en la celotipia&#150;. El caso inverso lo encontrar&iacute;amos en los delirios de interpretaci&oacute;n, en los delirios de ideas, en los que el razonamiento determina el afecto.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">En lo que nos ocupa, la esperanza, el orgullo y el deseo se distribuyen en distintas proporciones. La esperanza es el afecto necesario para generar toda pasi&oacute;n, ya sea en el campo de la psicosis, del Amor, o del m&aacute;s escueto que rige en la pareja. La esperanza exige que exista al menos la posibilidad de la reciprocidad para empezar a conformarse. El erot&oacute;mano lo sabe, el futuro marido lo espera y el amante lo experimenta.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Sin embargo, la esperanza es un afecto que no podemos separar de la temporalidad. Ser&aacute; en ese peque&ntilde;o matiz donde encontremos la diferencia de la espera en las tres maniobras del amor que hemos diferenciado. En el psic&oacute;tico, la certeza del delirio de ser amado transciende los l&iacute;mites de lo temporal. No existe la duda, luego el tiempo es un enemigo despreciable en su particular historia de amor. En el otro extremo, el enamorado bebe de una esperanza de futuro para poder seguir el camino natural hasta la pareja. Sin embargo, en el Amor verdadero, la esperanza existe carente de toda temporalidad. Sus m&uacute;ltiples lugares comunes con la psicosis le dotan de una paciencia que, aunque se sabe finita, le alejan de la desesperaci&oacute;n de las relaciones convencionales. Gandhi defini&oacute; el Amor como aquello que dura el tiempo exacto para que sea inolvidable. Se trata de un tiempo distendido por la intensidad de la pasi&oacute;n, como se&ntilde;alaban los escritores pesimistas, pero que no deja de ser un tiempo que los amantes ganan a lo que inevitablemente transgreden. Es un tiempo, por lo tanto, prestado, exento de expectativas. Como si se tratara de una paciencia definitiva.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El deseo, por su parte, es un afecto que triunfa en el enamoramiento, aunque luego se encuentre apaciguado y sostenido por otros deseos accesorios en la pareja, pero que queda ensombrecido, en la erotoman&iacute;a, por la ensanchada silueta del orgullo. El orgullo es el que conduce a la certeza del postulado y el que impregna los argumentos de las interpretaciones posteriores. Por &eacute;l se mantiene la esperanza y por &eacute;l logra el erot&oacute;mano esa imagen de salubridad que le acompa&ntilde;a durante tanto tiempo. De su omnipotencia, de su idealismo en definitiva, deriva que siempre se haya identificado al amor psic&oacute;tico con el plat&oacute;nico. Sin embargo, debemos alejarnos de la imagen del erot&oacute;mano como la de aquel que simplemente huye de la posesi&oacute;n carnal del objeto, ya que la exigencia de dominio que solicita puede ser mayor que la que acompa&ntilde;a a cualquier conquista amorosa.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Del otro lado, en cambio, los importantes tintes narcisistas que hab&iacute;amos se&ntilde;alado del Amor verdadero no impiden poner el orgullo de los amantes al servicio del deseo. Podr&iacute;amos decir que en el amor es el orgullo el que desea, y se desea por orgullo &#150;como dec&iacute;a Casona, "ninguno manda, obedecen los dos"&#150;. Esto deriva sencillamente de que la esperanza en el Amor es tan cierta como la psic&oacute;tica: se sabe que se da todo, lo que no se tiene y desde donde no hay nada.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Por eso se&ntilde;alaba Lacan que el verdadero Amor siempre es correspondido, porque nadie puede resistirse al tremendo halago que significa la entrega incondicional del otro.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><B>Registros</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Este v&eacute;rtice permite dibujar el tri&aacute;ngulo que define al amor en sus aspectos principales. El amor supone el anudamiento de los tres registros &#150;Imaginario, Simb&oacute;lico y Real&#150;, revel&aacute;ndose de este modo tres aspectos subjetivos: la demanda, el deseo y la pulsi&oacute;n. En el Amor encontramos el registro imaginario en el yo &#150;en el narcisismo como partida y destino de la demanda amorosa&#150;, tambi&eacute;n el simb&oacute;lico &#150;la palabra como intercambiador del deseo&#150;y, por &uacute;ltimo, el real, la pulsi&oacute;n, lo prohibido, el sinsentido, la locura, la aventura en esa enfermedad que es el Amor. En afirmaciones tan bellas como en la que La Rochefoucauld refleja que la raz&oacute;n de que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando de s&iacute; mismos, encontramos estos tres elementos imprescindibles de la pasi&oacute;n que aqu&iacute; se define como con may&uacute;sculas: el narcisismo, la palabra y el secreto.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">La psicosis, por su lado, supone en s&iacute; misma un desanudamiento de los registros. No olvidemos que lo que falla en la psicosis, antes que nada, es el registro simb&oacute;lico: hay una restricci&oacute;n en el acceso a la palabra que hace que el sujeto se tope directamente con lo Real y la angustia que supone su vac&iacute;o. La erotoman&iacute;a es un ejemplo de c&oacute;mo el delirio realmente viene en ayuda del psic&oacute;tico: intentando amar &#150;y sabi&eacute;ndose amado&#150;logra reanudar los lazos y salir del miedo que le invade.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Las relaciones de pareja, por su cuenta, encuentran su dificultad en el registro imaginario. El enamoramiento no est&aacute; exento de angustia. Su proximidad con el Amor verdadero la encontramos en el desasosiego, el nerviosismo y la dificultad en encontrar las palabras de los enamorados. Sin embargo, a medida que se va declarando, ese <I>casi&#150;Amor</I> se va impregnando de un sentimiento de futuro que logra tapar por completo el registro reservado para las pulsiones. Todo se hace m&aacute;s correcto, m&aacute;s <I>normal</I>, m&aacute;s estandarizado, a medida que la idealizaci&oacute;n del otro, que consegu&iacute;a rellenar imaginariamente con la presencia del amado, cae por su propio peso.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Han quedado identificados los triples tri&aacute;ngulos que surgen al penetrar en lo que no es m&aacute;s que la superficie de un concepto que ya anunci&aacute;bamos inabarcable. Las dimensiones que alcanza &#150;creencia, encuentro y significante&#150;, los afectos que lo componen &#150;esperanza, deseo y orgullo&#150;y los tres registros en los que se mueve &#150;Simb&oacute;lico, Imaginario y Real&#150;, han servido adem&aacute;s para ponerlo en relaci&oacute;n con el amor que se vive desde la psicosis y desde la neurosis. La sorpresa, siempre presente, se intensifica cuando realmente caemos en la cuenta de que lo m&aacute;s caracter&iacute;stico del Amor se localiza en territorios mucho m&aacute;s cercanos a la psicosis de lo que pod&iacute;a esperarse para algo que se suele definir como una emoci&oacute;n propia del individuo <I>sano</I>. Y aqu&iacute; cabe preguntarse: si el Amor roza la certeza, trasciende la temporalidad, se aferra a los pilares narcisistas del sujeto y encuentra los l&iacute;mites del lenguaje, ¿qu&eacute; separa entonces al amante del psic&oacute;tico?</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><B>IV. Contradicciones</B></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El amante escapa de la psicosis pero no de su dosis de soledad. Lo sabemos porque el Otro no le libra enteramente del vac&iacute;o. Llegado a un punto determinado, el amado revela que no es del todo penetrable, pues deja ver esa parte de su individualidad que, por ser inaccesible, resulta tan dolorosa para el amante. Por eso el Amor es una tregua de la tristeza entre dos personas que, a lo sumo, permite aplazar el duelo pero no restarle sufrimiento.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El Amor no sirve, como en la psicosis, para controlar con el delirio los l&iacute;mites de la pasi&oacute;n. La intimidad de los amantes termina por asfixiarse en la burbuja que ellos mismos han creado. Es el dictado de la ley del doble juego de los secretos que mantienen entre s&iacute; y ante los dem&aacute;s, el que pasado un tiempo ya no sean capaces de seguir abasteci&eacute;ndolo. Por eso se ha dicho que "el amor s&oacute;lo es posible en la posibilidad de lo imposible". S&oacute;lo lo que no puede perdurar goza de cierta eternidad. La contradictoria brevedad del Amor juega aqu&iacute; el mismo papel favorecedor que el que observamos cuando el intento de separar a algunas personas no hace sino unirlas m&aacute;s.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Gracias a esta contradicci&oacute;n, el Amor se salva de la psicosis y evita la ambivalencia erotoman&iacute;aca. El psic&oacute;tico respeta fielmente el llamado principio de no-contradicci&oacute;n o de tercio excluido, &eacute;se que dice que si A es verdadera, B es falsa. Y viceversa, si B es verdadera, prescindimos de A. Nunca son las dos a la vez: ni verdaderas, ni falsas. Se excluyen. El delirio de amor se caracteriza precisamente por eso: o te amo, o te odio. O me amas, en la fase de esperanza, o vienes contra m&iacute;, en la de despecho y rencor. No hay equilibrio intermedio. La balanza siempre se inclina por completo hacia uno de los lados. El tercero no est&aacute; ni presente ni ausente, est&aacute; excluido del juego entre el loco y su objeto de amor.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Muy distinta es la oposici&oacute;n distinta que caracteriza a los contrarios. Contrarios son los opuestos que no pueden ser verdaderos a la vez, pero s&iacute; falsos ambos. Ni te amo, ni te odio. Aqu&iacute; s&iacute; caben f&oacute;rmulas intermedias como podr&iacute;an ser la indiferencia o la amistad. Estamos, entonces, en el territorio de las parejas y los enamorados, donde hay terceros, cuartos y hasta quintos implicados.</FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">El Amor, en cambio, seg&uacute;n lo hemos perfilado, se aleja de los contrarios y se queda al borde de la ambivalencia. El Amor verdadero y el amor loco y erotoman&iacute;aco son ambos de naturaleza contradictoria, pero el primero compite con un as en la manga, tiene a su favor una ventaja: la apuesta del deseo. Este instrumento le permite jugar con el principio de no-contradicci&oacute;n, pues puede tenerlo en cuenta aunque sea simplemente para transgredirlo. Hay un tercero que ni participa activamente como en los tri&aacute;ngulos neur&oacute;ticos convencionales, ni queda suprimido como en la psicosis. Este tercero existe porque siempre que hablamos del Amor hablamos de una ley que se est&aacute; quebrantando, de un desaf&iacute;o. Por eso queda tan lejos esta experiencia de las protagonizadas por el ajuste moral que rige las neurosis. El neur&oacute;tico, de este modo, tendr&iacute;a dos formas de acceder al otro: o transgrede la moral a trav&eacute;s del Amor, o se somete a la represi&oacute;n y crea el s&iacute;ntoma.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Hemos utilizado el lenguaje para hablar del Amor, a pesar de su insuficiencia y su poder devastador sobre el mismo. La raz&oacute;n no s&oacute;lo responde a la ausencia de otras herramientas, sino tambi&eacute;n a que, a pesar de que sean los l&iacute;mites de la palabra los que recortan su declaraci&oacute;n, es &uacute;nicamente en medio de la contradicci&oacute;n amorosa &#150;o de lo contradictorio del Amor&#150;donde encontramos que el di&aacute;logo entre dos personas est&aacute; a punto de lograrse.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="3"><B>Bibliografia</B></FONT></P>     <!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">ABELARDO Y ELO&Iacute;SA, <I>Cartas</I>, Madrid, Alianza, 2002.  </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661139&pid=S0211-5735200900010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">&Aacute;LVAREZ, J. M.; COLINA, F. (eds.), <I>Cl&aacute;sicos de la paranoia</I>, Madrid, Dor, 1997. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661140&pid=S0211-5735200900010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">&#150;<I>El delirio en la cl&iacute;nica francesa</I>, Madrid, Dorsa, 1994.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661141&pid=S0211-5735200900010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> &Aacute;LVAREZ, J. M.; ESTEBAN, R.; SAUVAGNAT, F., <I>Fundamentos de psicopatolog&iacute;a psicoanal&iacute;tica</I>, Madrid, S&iacute;ntesis, 2004.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661142&pid=S0211-5735200900010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> BARTHES, R., <I>Fragmentos de un discurso amoroso</I>, Madrid, Siglo XXI, 1982.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661143&pid=S0211-5735200900010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> BERCHERIE, P., <I>G&eacute;nesis de los conceptos freudianos</I>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1996.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661144&pid=S0211-5735200900010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> COLINA, F., <I>Deseo sobre deseo</I>, Valladolid, Cuatro, 2006. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661145&pid=S0211-5735200900010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">DE CL&Eacute;RAMBAULT, G., <I>El automatismo mental</I>, Madrid, Dor, 1995.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661146&pid=S0211-5735200900010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> DERRIDA, J., <I>Pol&iacute;ticas de la amistad</I>, Madrid, Trotta, 1998. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661147&pid=S0211-5735200900010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">DURAS, M., <I>El amante</I>, Barcelona, Tusquets, 1989.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661148&pid=S0211-5735200900010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">&#150;<I>El arrebato de Lol V. Stein</I>, Barcelona, Tusquets, 1987.  </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661149&pid=S0211-5735200900010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">FERRAND, J., <I>Melancol&iacute;a er&oacute;tica</I>, Madrid, A. E. N., 1996.    </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661150&pid=S0211-5735200900010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">FINK, B., <I>Introducci&oacute;n cl&iacute;nica al psicoan&aacute;lisis lacaniano. Teor&iacute;a y t&eacute;cnica</I>, Barcelona, Gedisa, 2007.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661151&pid=S0211-5735200900010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">FREUD, S., "Introducci&oacute;n al narcisismo" (1914), <I>Obras completas</I>, t. II, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661152&pid=S0211-5735200900010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">&#150;"Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual" (1905 &#91;1920&#93;), <I>Obras completas</I>, t. II, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661153&pid=S0211-5735200900010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">&#150;"Observaciones sobre el amor de transferencia" (1914 &#91;1915&#93;), <I>Obras completas</I>, t. II, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661154&pid=S0211-5735200900010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">LE BRUN, J., <I>El amor puro de Plat&oacute;n a Lacan</I>, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2004.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661155&pid=S0211-5735200900010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">MILLER, J.-A. (dir), <I>El amor en las psicosis</I>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, 2006</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661156&pid=S0211-5735200900010001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">M&Iacute;NGUEZ, M., <I>Melibea o la enfermedad del amor</I>, Zamora, Edintras, 1998.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661157&pid=S0211-5735200900010001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">MONTAIGNE, M. 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Metaf&iacute;sica de la muerte</I>, Barcelona, Folio, 2007.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661164&pid=S0211-5735200900010001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">AGUST&Iacute;N DE HIPONA, <I>Confesiones</I>, Madrid, Alianza, 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661165&pid=S0211-5735200900010001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">S&Eacute;RIEUX, P.; CAPGRAS, J., <I>Las locuras razonantes. El delirio de interpretaci&oacute;n</I>, Madrid, Biblioteca de los Alienistas del Pisuerga, 2007. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661166&pid=S0211-5735200900010001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">STENDHAL, <I>Del amor</I>, Madrid, Alianza, 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661167&pid=S0211-5735200900010001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"> VALENCIANO, L., "El delirio paranoide y la raz&oacute;n vital", en VV. AA., <I>Esquizofrenia. Cuadros afines y cuadros delirantes</I>, Madrid, ELA, 1997.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4661168&pid=S0211-5735200900010001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2"><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/neuropsiq/v29n1/seta.gif" width="15" height="17"></a><B><a name="back"></a>Dirección para correspondencia:</B>    <BR> Laura Mart&iacute;n L&oacute;pez-Andrade    <BR> C/ Ori&oacute;n 2, 47014 Valladolid.    <BR> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:lamartinla@hotmail.com">lamartinla@hotmail.com</a></FONT></P>     <P><FONT FACE="VERDANA" SIZE="2">Fecha de recepci&oacute;n: 7.11.2008 (aceptado el 15.11.2008).</FONT></P>      ]]></body>
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