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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>M&Aacute;RGENES DE LA PSIQUIATR&Iacute;A Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Reflexiones nerviosas</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="2">Juan Medrano</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Chocolate.</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los <i>Archives of Internal Medicine</i> publicaron el pasado mes de abril un trabajo de las    norteamericanas Rose, Koperski y Golomb<sup>1</sup> que pretende analizar la    relaci&oacute;n entre el consumo de chocolate y los s&iacute;ntomas depresivos.    Las autoras indican que aunque existe todo un saber popular al respecto (plasmado    en los m&aacute;s de 5.690.000 resultados de una b&uacute;squeda en Internet    combinando los t&eacute;rminos ingleses <i>"chocolate"</i> y <i>"mood"),</i>    poco se ha investigado con rigor para confirmar tal relaci&oacute;n y determinar    su sentido. Por ello realizaron un an&aacute;lisis transversal sobre una muestra    de 1018 mayores de 18 a&ntilde;os (694 adultos y 324 adultas) de San Diego,    California, con un buen estado de salud general, centr&aacute;ndose en los 931    sujetos que no tomaban antidepresivos y que facilitaron datos sobre su consumo    de chocolate. Una vez los tuvieron rodeados y sin escapatoria posible, les administraron    sin piedad un instrumento para la valoraci&oacute;n de la depresi&oacute;n (el    <i>Center for Epidemiologic Studies Depression Scale,</i> para los amigos, CES-D).    Por si fuera poco, a los 839 probandos que se dejaron les pasaron el <i>Fred    Hutchinson Food Frequency Questionnaire</i> para cuantificar su consumo de chocolate.    Observaron que los sujetos con puntuaciones sugestivas de depresi&oacute;n (igual    o superior a 16 en el CES-D) consum&iacute;an m&aacute;s chocolate que los que    se situaban por debajo de esa puntuaci&oacute;n y lo hac&iacute;an con una significaci&oacute;n    fet&eacute;n (P=.004) aun m&aacute;s llamativa en sujetos que puntuabn por encima    de 22 en el CES-D. La&aacute;s, com&uacute;n a varones y mujeres, era independiente    de otros factores o h&aacute;bitos diet&eacute;ticos, por lo que Rose y colegas    concluyen que a mayor puntuaci&oacute;n de depresi&oacute;n en el citado instrumento,    tanto mayor consumo de chocolate. Eso s&iacute;: consideran que no se puede    establecer si existe una relaci&oacute;n causal, y menos a&uacute;n en qu&eacute;    direcci&oacute;n (es decir, que no nos aclaran si el chocolate causa o alivia    la depresi&oacute;n). Tres a&ntilde;os antes, los australianos Parker y Crawford<sup>2</sup>    ya hab&iacute;an realizado otro estudio, basado en un cuestionario online, en    el que participaron 3.000 personas que dec&iacute;an padecer una depresi&oacute;n    cl&iacute;nica. Los autores encontraron en la mitad de los participantes <i>craving</i>    por chocolate (m&aacute;s notorio en damas que en caballeros). Adem&aacute;s,    su consumo fue considerado beneficioso para la depresi&oacute;n, la ansiedad    y la irritabilidad y se asociaba a la presencia de rasgos indicativos de neuroticismo.    El delicioso chocolate, por lo tanto, es algo m&aacute;s que un manjar; es una    puerta abierta a la investigaci&oacute;n m&aacute;s o menos cient&iacute;fica    sobre la psique humana. Impresionante.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Fue Linneo fue quien denomin&oacute; al cacao <i>"Theobroma",</i> o "alimento de los dioses",    t&eacute;rmino que tal vez guarde relaci&oacute;n con el origen divino del producto    que la mitolog&iacute;a tolteca atribuye al producto, pero que seg&uacute;n    algunos autores lenguaraces podr&iacute;a deberse al apasionamiento por el chocolate    que el insigne naturalista sueco con personajes tan variopintos como Calder&oacute;n    de la Barca, Francisco de Quevedo, Napole&oacute;n Bonaparte, Rub&eacute;n Dar&iacute;o,    el Papa Pablo VI, Agatha Christie, Neil Armstrong o, mejorando lo presente,    un servidor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cacao es una planta de origen americano muy importante en la cultura y el comercio precolombino. Fue el propio Col&oacute;n el primer europeo en rese&ntilde;ar que los centroamericanos    usaban sus semillas como moneda. Los aztecas y mayas ten&iacute;an en gran estima    al cacao y a su infusi&oacute;n <i>chocolatl.</i> Confirmando que muchas veces    los vencedores adoptan las costumbres y h&aacute;bitos de los vencidos, Hern&aacute;n    Cort&eacute;s orden&oacute; plantar cacao e introdujo la ex&oacute;tica bebida    en la Corte de Carlos V en 1528. El conquistador consideraba al <i>chocolatl</i>    una bebida muy apropiada para infundir vigor y lucidez a sus soldados.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de su sabor    amargo para el gusto europeo, el chocolate consigui&oacute; extenderse por el    Viejo Continente, gracias a que las clases altas hicieron de &eacute;l una bebida    de moda (el esnobismo y la tonter&iacute;a, pues, no son fen&oacute;menos recientes).    A sus efectos tonificantes se le a&ntilde;adi&oacute; una presunta capacidad    afrodis&iacute;aca que lo hizo muy popular. Si Bernal D&iacute;az del Castillo    ya hab&iacute;a informado de que Montecuhzoma Ilhuicamina tomaba cacao antes    de visitar a sus numerosas concubinas, en Europa Madame du Barry lo serv&iacute;a    a sus amantes antes de hacer el amor y para Casanova era m&aacute;s vigorizante    que el champ&aacute;n. Con el veros&iacute;mil af&aacute;n de hacer m&aacute;s    apetitosa tan <i>cumplidora</i> bebida, se sucedieron experimentos que la combinaban    con sustancias tan diversas como la leche, el vino, la cerveza o la pimienta.    No es de extra&ntilde;ar en este contexto que la Iglesia se movilizara contra    el producto, prohibiera a los cl&eacute;rigos su uso y amenazara con la excomuni&oacute;n    a quienes lo consumieran en misa (lo que hermana al chocolate con su "paisano"    el tabaco, un producto consumido tambi&eacute;n por los sacerdotes durante la    misa hasta que la Iglesia tom&oacute; cartas en el asunto).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El &eacute;xito    definitivo del chocolate llegar&iacute;a con su salto al estado s&oacute;lido,    debido a la prensa hidr&aacute;ulica del holand&eacute;s Conraad Johannes van    Houten, que no s&oacute;lo permit&iacute;a la elaboraci&oacute;n del chocolate    en polvo, sino que adem&aacute;s aport&oacute; un m&eacute;todo para separar    la manteca de cacao, elemento indispensable para la tableta. Pas&oacute; as&iacute;    el chocolate de ser consumido preferentemente como bebida a convertirse en un    delicado manjar s&oacute;lido. Curiosamente, el caf&eacute; sigui&oacute; un    camino inverso, ya que inicialmente se consum&iacute;a en forma s&oacute;lida.    Y tal vez con cierta l&oacute;gica, en paralelo a la solidificaci&oacute;n del    chocolate, a lo largo del siglo XIX el caf&eacute; se fue imponiendo como bebida    de elecci&oacute;n, relegando a la bebida de los dioses a una posici&oacute;n    secundaria y m&aacute;s puramente hed&oacute;nica en la dieta de los europeos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En nuestros d&iacute;as    las virtudes del chocolate no radican en su efecto vigorizante o afrodisiaco,    sino en sofisticados y espesos razonamientos qu&iacute;micos. En el cacao encontramos    un 30% de grasa, un 6% de prote&iacute;nas, un 61% de carbohidratos, y un 3%    de humedad y minerales de gran inter&eacute;s fisiol&oacute;gico, como magnesio,    cobre, potasio, f&oacute;sforo, calcio, hierro y zinc. Tambi&eacute;n aporta    vitamina A, vitamina B (niacina, pantot&eacute;nico) y vitamina E. La manteca    de cacao contiene un 35% de &aacute;cido oleico, un 35% de &aacute;cido este&aacute;rico    y un 25% de &aacute;cido palm&iacute;tico. El 5% restante est&aacute; integrado    por diversos &aacute;cidos grasos, como el linoleico. El cacao es rico adem&aacute;s    en las tres metil-xantinas, a las que se atribuye su efecto tonificante. La    principal metil-xantina del cacao es la teobromina (1,2%) que estimula el m&uacute;sculo    card&iacute;aco y tiene un efecto vasodilatador. Tambi&eacute;n se detectan    feniletilamina, la inevitable serotonina y tiramina, as&iacute; como otras sustancias    menos inocentes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde 1996 sabemos que el cacao contiene tres N-aciletanolaminas (conocidas con la misericordiosa    abreviatura de NEAs): la N-oleoiletanolamina, la N-lineoiletanolamina y la andanamida,    por orden decreciente de concentraci&oacute;n<sup>3</sup>. Esta &uacute;ltima,    ligando end&oacute;geno de los receptores cannabinoides, debe su nombre al s&aacute;nscrito    <i>ananda</i> (bienestar). Su acci&oacute;n neurotransmisora permite augurar    su posible utilidad para el desarrollo de nuevas terapias para la ansiedad,    la depresi&oacute;n o el dolor. Las otras dos NEAs interrumpen el catabolismo    de la andanamida, lo que potencia su acci&oacute;n provocando una leve acci&oacute;n    cannabinomim&eacute;tica. Reconozcamos, por lo tanto, que quien en el argot    de los consumidores tuvo la ocurrencia de designar al hach&iacute;s como "chocolate"    fue una persona inspirada y l&uacute;cida. Pero m&aacute;s recientemente se    ha puesto en duda que el chocolate sea adictivo por esta v&iacute;a. Por una    parte, las NEAs se descomponen en el tubo digestivo antes de alcanzar la sangre    o el cerebro<sup>4</sup>; adem&aacute;s, el chocolate no contiene m&aacute;s    andanamida que las avellanas, por lo que su efecto psicoadictivo ha de ser forzosamente    menor que el de la marihuana (¿salvo tal vez en la combinaci&oacute;n    de chocolate con avellanas?). Hay adem&aacute;s otros productos ricos en andanamida    como la soja o la leche humana (se entiende que de mujer no consumidora de chocolate    en cualquiera de sus acepciones) que no son adictivos. Por cierto, que este    trabajo se debe a Vicenzo di Marzo y otros autores, procedentes del Instituto    de Qu&iacute;mica Molecular de N&aacute;poles y (es rigurosamente cierto) del    Centro de Investigaci&oacute;n de Nestl&eacute;. En otra aportaci&oacute;n Smit    y colaboradores<sup>5</sup> concluyen que el efecto psic&oacute;tropo del chocolate    reside en las metil-xantinas, m&aacute;s que en ingredientes cal&oacute;ricos.    Lo que es una l&aacute;stima, porque puestos a acusar al chocolate de ser una    droga quedar&iacute;a mucho m&aacute;s aparente y apropiado afirmar sin lugar    a dudas que su acci&oacute;n psicol&oacute;gica se debe a una mol&eacute;cula    emparentada con los cannabinoides.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si nos remontamos    m&aacute;s a&ntilde;os atr&aacute;s, mucho antes de que se hablase de las NEAs,    el saber popular ya ten&iacute;a claro que exist&iacute;a un <i>craving</i>    por el chocolate e incluso una adicci&oacute;n al manjar divino, y se hab&iacute;an    acu&ntilde;ado t&eacute;rminos como "chocoloh&oacute;mano" o "choco-h&oacute;lico"    para denominar a la persona que ¿sufr&iacute;a? tal adicci&oacute;n.    En 1985, Favre-Bismuth y Grouzmann describieron la <i>chocolatoman&iacute;a,</i>    defini&eacute;ndola como el consumo casi exclusivo de chocolate negro (con m&aacute;s    del 50 % de cacao) en cantidades entre 100 y 500 gr/d&iacute;a, junto con una    com&oacute;rbida desmesura en actividades como los deportes, el ajedrez, el    juego de cartas, las relaciones sexuales, la lectura o el cine, y una tendencia    al ordenancismo<sup>6</sup>. La diferenciaban de la bulimia por la ausencia    de culpa, v&oacute;mitos, uso de laxantes o alteraciones de la imagen corporal,    y la caracterizaban como una pr&aacute;ctica hed&oacute;nica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cl&aacute;sicamente    se ha afirmado que la querencia por el chocolate es m&aacute;s acusada entre    las mujeres. Existen m&uacute;ltiples observaciones anecd&oacute;ticas o natural&iacute;sticas,    y otras de corte m&aacute;s cient&iacute;fico, como el estudio que, con el apoyo    -y no es broma- de la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Asociaciones del    Dulce y la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Fabricantes de Chocolate, valid&oacute;    el Cuestionario de Chocolates y Dulces<sup>7</sup>, versi&oacute;n castellana    del <i>Foods and Mood Inventary<sup>8</sup>.</i> La investigaci&oacute;n no    s&oacute;lo demostr&oacute; que el instrumento est&aacute; adornado de buenos    valores de fiabilidad y consistencia interna, tanto para su secci&oacute;n de    chocolate como para la de dulces, la experiencia, sino que arroj&oacute; el    hallazgo colateral, pero no por ello menos significativo, de que las mujeres    obten&iacute;an puntuaciones m&aacute;s altas que los varones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s,    algunas observaciones se&ntilde;alan que la inclinaci&oacute;n de las mujeres    por el chocolate es c&iacute;clica y hormonodependiente. Casi la mitad de las    norteamericanas experimentan <i>craving</i> por dulces y chocolate y la mitad    de ellas lo hace especialmente en la proximidad de la menstruaci&oacute;n. Un    estudio de Michener y colaboradores estudi&oacute; el consumo de un grupo de    mujeres con ingesta perimenstrual de chocolate y/o dulces m&aacute;s o menos    compulsiva y les administr&oacute; de forma aleatorizada y en doble ciego, placebo,    progesterona o alprazolam. Los autores no apreciaron cambios en el patr&oacute;n    de consumo o de <i>craving</i> con ninguno de los procedimientos, por lo que    descartaron un desencadenante hormonal o afectivo<sup>9</sup>. A&ntilde;os despu&eacute;s,    Zellner y asociados preguntaron a un colectivo de mujeres norteamericanas e    hispanas cu&aacute;ndo se les exageraba el <i>craving</i> por chocolate, y si    les suced&iacute;a as&iacute; en torno a la menstruaci&oacute;n. Las norteamericanas    reconoc&iacute;an una mayor apetencia catamenial que no se daba entre las hispanas,    lo que llev&oacute; a los autores a pensar que el craving femenino por el chocolate    es m&aacute;s cultural que fisiol&oacute;gico<sup>10</sup>. Otros estudios,    como el de Dallard y colaboradores<sup>11</sup>, encuentran que la adicci&oacute;n    al chocolate no est&aacute; tan sesgada hacia las mujeres, sino que se presenta    en una poblaci&oacute;n caracterizada por una vulnerabilidad hacia la depresi&oacute;n    y la ansiedad, que emplea el producto para aliviar en parte su malestar, con    dosis habitualmente estables, lo que diferencia la chocolatoman&iacute;a de    otras adicciones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s compleja,    bastante m&aacute;s, es la hip&oacute;tesis que Rezzi y colaboradores<sup>12</sup>    (vinculados tambi&eacute;n con el Instituto Nestl&eacute;) aventuraban en 2007    para justificar el gusto por el chocolate. Los autores defend&iacute;an un nuevo    enfoque "nutrimetabon&oacute;mico" en el que correlacionaban fenotipos metab&oacute;licos    generados mediante espectroscopia con preferencias diet&eacute;ticas y conductuales;    m&aacute;s concretamente con dos opuestas: "deseosa de chocolate " e "indiferente    al chocolate". Caracterizaron los fenotipos metab&oacute;licos urinario y plasm&aacute;tico,    incluido el perfil lipoproteico postprandial y el co-metabolismo de la flora    intestinal. Los datos obtenidos suger&iacute;an que las diferentes preferencias    diet&eacute;ticas influyen en el estado metab&oacute;lico basal y en la actividad    del micro-bioma intestinal, quienes a su vez pueden determinar consecuencias    a largo plazo para el hu&eacute;sped.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Y nos falta la    v&iacute;a de la neuroimagen para caracterizar y si es posible anatemizar el    consumo de chocolate. En 2004, Wang y colaboradores publicaron en <i>Neuroimage</i>    un estudio<sup>13</sup> con 12 personas sanas, no obesas ni bul&iacute;micas,    ni adictos as sustancias, a las que se expuso a la contemplaci&oacute;n, olor    y sabor de sus alimentos favoritos, incluido el chocolate. Con las pertinentes    im&aacute;genes en colorines generadas por sofisticados cacharricos se comprob&oacute;    que la experiencia activaba en los probandos regiones cerebrales que se excitan    cuando las personas adictas a la coca&iacute;na piensan en su consumo. En concreto,    esta exposici&oacute;n a sus alimentos favoritos aument&oacute; notablemente    (en un 24 %) el metabolismo especialmente en la &iacute;nsula anterior, la circunvoluci&oacute;n    temporal superior y la corteza orbitofrontal (COF). La participaci&oacute;n    de esta &uacute;ltima zona permiti&oacute; a los autores proponer que la publicidad    de los alimentos repercute en la epidemia de obesidad que afecta a Estados Unidos.    Cierto es que tanto color&iacute;n y toda las alusiones a rec&oacute;nditas    esquinas cerebrales y a autopistas dopamin&eacute;rgicas impone bastante, pero    uno no le queda m&aacute;s remedio que preguntarse cu&aacute;ndo se estudiar&aacute;    lo que sucede en la COF de filat&eacute;licos expuestos a sellos raros o deseables,    en seguidores de un determinado equipo de f&uacute;tbol ante los primeros toques    de bal&oacute;n por parte del crack de turno, o en general cuando se expone    a cualquier persona a una situaci&oacute;n que le resulte apetecible o placentera    m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de las drogas o las dietas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para que el razonamiento    sobre el <i>craving</i> quede redondo falta la terap&eacute;utica farmacol&oacute;gica.    En 1989 el <i>American Journal of Psychiatry</i> public&oacute; una carta en    la que el doctor Michell y asociados<sup>14</sup> relataban el hallazgo serend&iacute;pico    de dos pacientes depresivos con <i>craving</i> por chocolate com&oacute;rbido    en los que la querencia hab&iacute;a desaparecido a los pocos d&iacute;as de    iniciar el tratamiento con bupropion. Los autores descartaban la adicci&oacute;n    fuera secundaria a la depresi&oacute;n o que la querencia desapareciera al mejorar    el cuadro afectivo, por lo que conclu&iacute;an que la respuesta ten&iacute;a    que estar en el antidepresivo. Como faltaban a&uacute;n tres a&ntilde;os para    que se descubriera la andanamida y quince para que se atribuyese toda la acci&oacute;n    psicotr&oacute;pica del producto a las metilxantinas, no tuvieron m&aacute;s    alternativa que fijarse en que la estructura qu&iacute;mica del bupropion era    clavadita a la de la feniletilamina del chocolate. De esta manera, el antidepresivo    producir&iacute;a en los pacientes una "saciaci&oacute;n" ante la que no tendr&iacute;a    lugar ni sentido el ansia por chocolate. Pasados unos meses, Rakatansky ofrec&iacute;a    una explicaci&oacute;n alternativa<sup>15</sup>: en su opini&oacute;n Michell    y colaboradores hab&iacute;an descubierto un efecto secundario grave del bupropion    consistente en la abolici&oacute;n del placer de consumir chocolate. ¿Qu&eacute;    ser&iacute;a de quienes obtienen un beneficio hedonista del chocolate si se    les privara a golpe de psicof&aacute;rmaco de su placentero consumo?, se preguntaba,    al tiempo que imaginaba un escenario pavoroso en el que la gente, abandonado    el chocolate, se entregar&iacute;a a otras actividades, como el sexo (con el    consiguiente riesgo de un baby-boom) o -peor a&uacute;n- al ejercicio compulsivo.    Aunque estas alternativas, a la larga, pudieran ser provechosas, en el plazo    corto generar&iacute;an una necesidad de asistencia psiqui&aacute;trica con    un enorme despliegue de recursos humanos que pondr&iacute;a a la sanidad al    borde del colapso econ&oacute;mico. Por todo ello, suger&iacute;a que la FDA    prohibiera el bupropion o limitara su prescripci&oacute;n, y se preguntaba cu&aacute;ndo    cesar&iacute;a el af&aacute;n de lo que llamaba farmacolog&iacute;a creativa    por modelar la conducta alimentaria de la ciudadan&iacute;a, que a su modo de    ver, ten&iacute;a un inc&oacute;modo regusto orwelliano.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tanta insistencia    sobre la presunta adicci&oacute;n al chocolate pone de manifiesto que los seres    humanos somos gente de pocas ideas, que vuelve sobre ellas con tenacidad y una    especie de atavismo del que somos incapaces de liberarnos. La Historia de la    Medicina demuestra que los l&iacute;mites entre las ideas de enfermedad y vicio    son muy borrosos. Tambi&eacute;n permite ver que ciertas causas -reales o presuntas-    de las enfermedades han servido para destacar, por encima del dolor o el sufrimiento    del paciente, las conductas previas que seg&uacute;n el momento hist&oacute;rico    se han previas relacionado tan alegre como dogm&aacute;ticamente con la aparici&oacute;n    de la enfermedad. En la &eacute;poca moderna, podemos recordar las peregrinas    teor&iacute;as masturbatorias sobre la histeria -a las que lleg&oacute; a apuntarse    el mism&iacute;simo Freud- o la epilepsia. M&aacute;s recientemente, la terap&eacute;utica    antiinfecciosa ofreci&oacute; al enfermo la posibilidad de curaci&oacute;n e    incluso de redenci&oacute;n. Pero si bien la irrupci&oacute;n de la penicilina    redimi&oacute; a quienes padec&iacute;an enfermedades ven&eacute;reas hasta    entonces fatales, la llegada de la infecci&oacute;n VIH rescatar&iacute;a la    vieja idea de la enfermedad como retribuci&oacute;n al depravado, sin redenci&oacute;n    posible<sup>16</sup>. La toma continua de antirretrovirales y sus molestos secundarismos    equivalen, por lo tanto, a una penitencia por el mal causado al propio cuerpo    con una conducta licenciosa e inmoral. M&aacute;s aun: la lipodistrofia generada    por alguno de estos productos podr&iacute;a representar un modero estigma comparable    a las llagas del leproso, el apestado y marginado cl&aacute;sico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero en nuestra    &eacute;poca lo m&eacute;dicamente pecaminoso se ha desplazado desde la esfera    sexual hacia otros atentados contra la pureza corporal. Destacan entre ellos    los h&aacute;bitos considerados insanos desde el punto de vista metab&oacute;lico    o cardiovascular, aut&eacute;nticos vicios posmodernos que se contraponen a    los virtuosos h&aacute;bitos saludables en la alimentaci&oacute;n y las costumbres.    La cuesti&oacute;n llega hasta el punto de que el ser humano, siempre desmedido    y proclive al fundamentalismo, ha generado formas fan&aacute;ticas, por exceso,    de estos h&aacute;bitos saludables que, unidas al celo descriptivo y anal&iacute;tico    de la Medicina, han permitido la identificaci&oacute;n de dos nuevas especies    morbosas: la ortorexia y la vigorexia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La dualidad de    los h&aacute;bitos saludables (mesurada o desbocada, que remite a la dicotom&iacute;a    cl&aacute;sica de templanza y desenfreno) tiene su paralelo en la cl&aacute;sica    y a veces olvidada dualidad de los f&aacute;rmacos, en los que se combina una    acci&oacute;n terap&eacute;utica deseada con toda una amplia gama de efectos    colaterales y secundarios inoportunos e indeseables. Los griegos acu&ntilde;aron    el t&eacute;rmino <i>ph&aacute;rmakon</i> que resultaba muy conveniente para    designar a drogas y medicamentos, ya que incorporaba significados contrapuestos    como remedio o veneno. El t&eacute;rmino podr&iacute;a aplicarse tambi&eacute;n    a los alimentos, que vienen siendo objeto desde hace a&ntilde;os del inter&eacute;s    de una literatura cient&iacute;fica y divulgativa deseosa de explorar su capacidad    "terap&eacute;utica" o preventiva. As&iacute;, al efecto ansiol&iacute;tico    y antidepresivo por potenciaci&oacute;n serotonin&eacute;rgica atribuido a los    carbohidratos, hay que a&ntilde;adir que la glucosa oral a concentraciones bajas,    tiene un efecto analg&eacute;sico superior al de los anest&eacute;sicos en neonatos    sometidos a venopunci&oacute;n<sup>17</sup>. Puesto que los carbohidratos tambi&eacute;n    estimulan el sistema colin&eacute;rgico, el desayuno copioso se ha convertido    en un principio alimentario saludable b&aacute;sico. Por su parte, los amino&aacute;cidos    se han usado como antidepresivos, como muestra el uso en Psiquiatr&iacute;a    del Tript&oacute;fano y la S-Adenosil-Metionina. Y las grasas, en particular    los &aacute;cidos omega-3, am&eacute;n de sus virtudes sobre el aparato circulatorio,    se propugnan desde hace tiempo como reguladores del humor y potenciadores de    anti-depresivos<sup>18</sup>. Tambi&eacute;n se ha asegurado que podr&iacute;an    tener una acci&oacute;n preventiva sobre el deterioro cognitivo, aunque su magnitud    es incierta<sup>19</sup>, y por si fuera poco, este mismo a&ntilde;o se ha asegurado    que son capaces de prevenir la irrupci&oacute;n de trastornos psic&oacute;ticos<sup>20</sup>.    El potencial nocivo de carbohidratos y prote&iacute;nas, seg&uacute;n la dosis    y las condiciones del paciente, es incluso m&aacute;s evidente en las grasas,    lo que justifica que conceptualicemos como <i>ph&aacute;rmakon</i> tambi&eacute;n    a los alimentos. Entre ellos, claro, al chocolate.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A la larga tradici&oacute;n,    ya expuesta, sobre los efectos psicotr&oacute;picos, reales o supuestos (euforizante,    vigorizante, afrodis&iacute;aco) del chocolate, hay que a&ntilde;adir su posible    efecto preventivo de algunas enfermedades, en especial las cardiovasculares.    La idea surgi&oacute; cuando se observ&oacute; que el bajo riesgo de hipertensi&oacute;n    de los indios kuna de las islas pr&oacute;ximas a Panam&aacute; pasaba a equipararse    al de la poblaci&oacute;n general entre los kuna emigrados al continente. Para    dar respuesta al enigma se propuso que los isle&ntilde;os consumen cacao puro,    rico en procianidinas, mientras el chocolate industrial continental que comen    los emigrados es mucho menos rico en estas sustancias<sup>21</sup>, cuya capacidad    antioxidante es incluso superior a la de otros reputados productos como el vino    tinto, el t&eacute; verde y el t&eacute; negro. La riqueza del cacao en procianidinas    augura prometedoras virtudes preventivas de patolog&iacute;as cardiovasculares    y cancerosas<sup>22</sup>,<sup>23</sup> que invitan a incluirlo, en cantidades    siempre moderadas (frente a la gula, templanza), en la dieta saludable<sup>24</sup>    que todo ciudadano consciente y responsable ha de seguir para alcanzar la pureza    del cuerpo, ahora que no se lleva tanto la del alma. Por si fuera poco, podemos    registrar m&aacute;s beneficios sobre el sistema cardiovascular gracias a un    estudio holand&eacute;s que observ&oacute; que la ingesta habitual de cacao    se asociaba con una menor tensi&oacute;n arterial y una reducci&oacute;n, en    quince a&ntilde;os, quince, de seguimiento, de la mortalidad no s&oacute;lo    cardiovascular, sino de cualquier origen25. Y por si fuera poco, un metaan&aacute;lisis    de Taubert<sup>26</sup> y asociados confirm&oacute; que posee un efecto hipotensor    que no se objetiva en el t&eacute;, que adem&aacute;s no es ni de lejos tan    rico como el chocolate.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La bibliograf&iacute;a    cient&iacute;fico - m&eacute;dica nos ofrece m&aacute;s ventajas del cacao.    Como hacen notar Castillejo y colaboradores, es un remedio excelente (y de mejor    sabor que otros productos competidores) para el estre&ntilde;imiento infantil<sup>27</sup>,    y por si fuera poco, que no lo es, la teobromina (es decir, la metil-xantina    caracter&iacute;stica del cacao) es un antitus&iacute;geno mejor que la code&iacute;na,    lo que le permite bloquear la tos producida experimentalmente por capsaicina,    posiblemente al inhibir la despolarizaci&oacute;n del nervio vago desencadenada    por esta sustancia<sup>28</sup>. Dentro de la miscel&aacute;nea de efectos beneficiosos    del chocolate debemos incluir las conclusiones de un peculiar estudio finland&eacute;s    en el que se entrevist&oacute; a 305 madres de ni&ntilde;os sanos para comprobar    si el consumo de chocolate y las experiencias estresantes durante el embarazo    guardaban relaci&oacute;n con el temperamento del beb&eacute; a los seis meses    de vida. A pesar de todo el artefacto que puede derivarse de que las valoradoras    del car&aacute;cter eran las propias madres, los autores observaron que quienes    hab&iacute;an comido chocolate a diario durante la gestaci&oacute;n percib&iacute;an    de forma m&aacute;s positiva el temperamento de sus hijos. En cambio, las valoraciones    negativas se asociaban a un mayor estr&eacute;s materno preparto, en especial    en las mujeres que hab&iacute;an ingerido poco chocolate. No es de extra&ntilde;ar    que los autores se&ntilde;alen que "adem&aacute;s de producir sentimientos subjetivos    de bienestar psicol&oacute;gico", el chocolate "puede tener efectos en m&uacute;ltiples    niveles ambientales y psicol&oacute;gicos", como si su consumo hubiera protegido    frente al estr&eacute;s a las madres propici&aacute;ndoles una mayor armon&iacute;a    con sus hijos12<sup>29</sup>. Una explicaci&oacute;n alternativa, que eludir&iacute;a    hip&oacute;tesis psicofarmacol&oacute;gicas es que el consumo de chocolate ser&iacute;a    m&aacute;s bien un "marcador" de una actitud general optimista frente a la vida.    Pero sea cual fuere la raz&oacute;n de sus hallazgos, que levante el dedo quien    se atreva a negar o condenar un antojo chocolatero en una embarazada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero el chocolate,    como <i>ph&aacute;rmakon</i> que es, tambi&eacute;n efectos secundarios y colaterales,    como su acci&oacute;n hiperinsulinemiante postprandrial<sup>30</sup>, de significado    incierto, tanto m&aacute;s cuanto un estudio posterior demostr&oacute; que los    flavonoides del cacao mitigan los efectos negativos de la diabetes sobre el    endotelio<sup>31</sup>, confiriendo de nuevo al cacao un efecto protector sobre    el sistema cardiovascular. Y se imputan m&aacute;s cargos al chocolate. El proyecto    <i>"Mood and Food",</i> auspiciado por la asociaci&oacute;n brit&aacute;nica    Mind, afirma que existen alimentos que estabilizan el estado de &aacute;nimo    (agua, verduras, fruta, pescado rico en &aacute;cidos grasos, frutos secos,    cereales integrales, fibra, prote&iacute;nas y alimentos ecol&oacute;gicos),    en tanto que otros como el chocolate (junto al az&uacute;car, la cafe&iacute;na,    el alcohol, los cereales industriales, los aditivos, la leche y las grasas saturadas),    producen excitaci&oacute;n y estr&eacute;s<sup>32</sup>. Tambi&eacute;n se dice    que la cafe&iacute;na del chocolate podr&iacute;a fomentar las pesadillas y    los trastornos conductuales ligados al sue&ntilde;o REM<sup>33</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La relaci&oacute;n    entre el chocolate y la Medicina tiene una dimensi&oacute;n especial que no    conviene pasar por alto. Regalar bombones es una de las maneras en que los pacientes,    en especial los hospitalarios, expresan su agradecimiento y reconocimiento al    personal sanitario. Un trabajo publicado un n&uacute;mero navide&ntilde;o y    ganso del BMJ y realizado en Gales<sup>34</sup>, estudi&oacute; si la exposici&oacute;n    a los bombones y a su degustaci&oacute;n a lo largo de a&ntilde;os de experiencia    profesional podr&iacute;a ser proporcional a la habilidad para identificarlos.    Para evaluar su hip&oacute;tesis, los investigadores presentaron una caja de    bombones a diferentes profesionales a los que pidieron que denominaran cada    clase de bomb&oacute;n y definieran su sabor. Las enfermeras (habituales degustadoras    del producto) fueron especialmente brillantes en la tarea, al igual que los    residentes de mayor cualificaci&oacute;n, mientras que los residentes m&aacute;s    biso&ntilde;os y el personal m&eacute;dico m&aacute;s experimentado carec&iacute;an    de un profundo conocimiento bombonero. La impericia de los m&eacute;dicos m&aacute;s    j&oacute;venes puede explicarse por una u menor experiencia que hace que hayan    probado menos bombones que sus compa&ntilde;eros de mayor grado o que las enfermeras.    En cambio, los especialistas, a pesar de su incapacidad para nombrar la clase    de bomb&oacute;n fueron muy capaces de identificar su sabor, en un claro paralelismo    con esa "intuici&oacute;n" u "ojo cl&iacute;nico" (en este caso, ser&iacute;a    nariz cl&iacute;nica) del m&eacute;dico veterano, que le permite "oler" las    enfermedades o los diagn&oacute;sticos aunque no razone su impresi&oacute;n    con los algoritmos al uso. Los autores sugieren que la p&eacute;rdida de la    capacidad de nombrar la marca o clase del bomb&oacute;n es un marcador indirecto    del tiempo de presencia del profesional en la planta, por lo que el test de    identificaci&oacute;n de bombones, a pesar de su apariencia inocente, ser&iacute;a    una manera sencilla, eficaz y perversa de medir el grado de escaqueo de los    profesionales (que en Gales, al parecer, distingue sobre todo a los especialistas    veteranos). Conviene estos hallazgos en nuestro medio, porque al hilo de la    resistencia que suscita a veces fichar a la entrada y salida de los hospitales,    a uno se le ocurre que los gestores bien podr&iacute;an sustituir la maquinita    en cuesti&oacute;n por un test de reconocimiento de bombones mucho m&aacute;s    llevadero y agradable (<i>friendly,</i> que se dice) e no menos eficaz para    pillar al profesional absentista y escaqueador. Es una idea, nada m&aacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y remataremos la    cuesti&oacute;n con el toque biotecnol&oacute;gico, que ahora se lleva mucho.    Lynne MacKaskie y sus colegas de la Universidad de Birmingham consiguieron,    hace unos a&ntilde;os, obtener energ&iacute;a de los restos de dulces y chocolates<sup>35</sup>.    Utilizaron para ello la siempre socorrida <i>E. Coli,</i> que gracias a su hidrogenasa    metaboliza el az&uacute;car en hidr&oacute;geno y diversos &aacute;cidos. En    la experiencia que comentamos el hidr&oacute;geno resultante fue capaz de impulsar    un peque&ntilde;o ventilador. Para tranquilidad de los amantes del chocolate    y los dulces, aclararemos que por el momento, el procedimiento est&aacute; a&uacute;n    en mantillas, por lo que nadie debe a&uacute;n temer que en aras de la obtenci&oacute;n    de energ&iacute;a se proponga destinar a la E. Coli el chocolate de consumo    humano. Y es que excepci&oacute;n hecha de las bacterias, parece que los primates    somos la especie m&aacute;s apta para comer chocolate. Animales con los que    los humanos compartimos el nicho cultural, como los perros pueden morir envenenados    por el chocolate que tanto les gusta. Tan severa toxicidad se debe a la teobromina,    da&ntilde;ina para el m&uacute;sculo cardiaco de los c&aacute;nidos, hasta el    punto de que se ha ensayado el chocolate enriquecido en esta metil-xantina para    eliminar plagas de coyotes<sup>36</sup>. Si recordamos que teobromina remite    etimol&oacute;gicamente a alimento de los dioses, el dato de que otras especies    mueren intoxicadas por el satisfar&aacute; satisfar&aacute; sin duda al caracter&iacute;stico    narcisismo y antropocentrismo humano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(1) ROSE N, KOPERSKI S, GOLOMB BA. Mood Food. Chocolate and Depressive Symptoms in a Cross-sectional Analysis. Arch Int Med 2010; 170: 699-703 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687897&pid=S0211-5735201000030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(2) PARKER G, AND CRAWFORD J. Chocolate craving when depressed: a personality marker. Br J Psychiatry 2007; 191, 351-2 &#091;Texto en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687899&pid=S0211-5735201000030001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(3) DI TOMASO E, BELTRAMO M, PIOMELLI D. BRAIN cannabinoids in chocolate. Nature. 1996; 382: 677-8 &#091;Texto en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687901&pid=S0211-5735201000030001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(4) DI MARZO V, SEPE N, DE PETROCELLIS L, BERGER A, CROZIER G, FRIDE E, MECHOULAM R. Trick or treat from food endocannabinoids? Nature. 1998; 396:636-7 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687903&pid=S0211-5735201000030001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(5) SMIT HJ, GAFFAN EA, ROGERS PJ. Methylxanthines are the psycho-pharmacologically active constituents of chocolate. Psychopharmacology (Berl)  2004; 176: 412-9 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687905&pid=S0211-5735201000030001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(6) FAVRE-BISMUTH C, GROUZMANN E. Chocolatomanies. A propos de 22 cas. Entretiens de Bichat 1985; 108-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687907&pid=S0211-5735201000030001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(7) BULBENA VLLARRASA A, GONZ&Aacute;LEZ-PINTO ARRILLAGA A, MART&Iacute;N-SANTOS LAFFON R, GUIM&Oacute;N UGARTECHEA J, DASQUENS SOLER J. Adaptaci&oacute;n castellana y estudio factorial del cuestionario de chocolate y dulces (CCHD) . An Psiquiatr&iacute;a (Madrid)  1993; 9: 251-255.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687909&pid=S0211-5735201000030001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(8) SCHUMAN M, GITLIN MJ, FAIRBANKS L. SWEETS, chocolate and atypical depressive traits. J Nerv Ment Dis 1988; 175: 491-495 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687911&pid=S0211-5735201000030001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(9) MICHENER W, ROZIN P, FREEMAN E, GALE L. The role of low progesterone and tension as triggers of perimenstrual chocolate and sweets craving: some negative experimental evidence. Physiol Behav 1999; 67: 417-20 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687913&pid=S0211-5735201000030001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(10) ZELLNER DA, GARRIGA-TRILLO A, CENTENO S, WADSWORTH E. Chocolate craving and the menstrual cycle. Appetite 2004; 42: 119-21 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687915&pid=S0211-5735201000030001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(11) DALLARD I, CATHEBRAS P, SAURON C, MASSOUBRE C. LE CACAO, est-il un psychotrope? &Eacute;tude psychopathologique d&uacute;ne population s'identifiant comme chocolatomane. Encephale 2001; 27: 181-6 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687917&pid=S0211-5735201000030001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(12) REZZI S, RAMADAN Z, MARTIN FP, FAY LB, VAN BLADEREN P, LINDON JC, ET AL . Human metabolic phenotypes link directly to specific dietary preferences in healthy individuals. J Proteome Res 2007; 6: 4469-77 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687919&pid=S0211-5735201000030001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(13) WANG GJ, VOLKOW ND, TELANG F, ET AL. Exposure to appetitive food stimuli markedly activates the human brain. Neuroimage 2004; 21: 1790-7 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687921&pid=S0211-5735201000030001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(14) MITCHELL GF, MEBANE AH, BILLINGS CK: Effects of bupropion on chocolate craving. Am J Psychiatry 1989; 148, 812</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687923&pid=S0211-5735201000030001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(15) RAKATANSKY H. Chocolate: pleasure or pain? Am J Psychiatry 1989; 146: 1089.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687924&pid=S0211-5735201000030001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(16) BUD R. Antibiotics. From germo-phobia to the carefree life and back again: the lifecycle of the antibiotic brand. En: Tone E, Siegel Watkins E. Medicating modern America. Prescription drugs in history. New York: New York University Press; 2007. p 17-41</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687926&pid=S0211-5735201000030001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(17) GRADIN M, ERICSSON M, HOLMQVIST G, HOLSTEIN A, SCHOLLIN J. PAIN reduction at venipuncture in newborns: oral glucose compared with local anesthetic cream. Pediatrics 2002; 110: 1053-7 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687927&pid=S0211-5735201000030001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(18) PEET M, HORROBIN DF. A dose-ranging study of the effects of ethyl-eicosapentaenoate in patients with ongoing depression despite apparently adequate treatment with standard drugs. Arch Gen Psychiatry. 2002; 59: 913-9 &#091;Resumen en l&iacute;nea&#093;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4687929&pid=S0211-5735201000030001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(19) DAVIGLUS ML, BELL CC, BERRETTINI W, BOWEN PE, CONNOLLY ES, COX NJ, ET AL. NIH State-of-the-Science Conference Statement: Preventing Alzheimer's Disease and Cognitive Decline. 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