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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b><a name="top"></a>M&Aacute;RGENES DE LA PSIQUIATR&Iacute;A Y HUMANIDADES    <br>REFLEXIONES NERVIOSAS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Vivir, bostezar, morir</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Living, yawning, dying</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Juan Medrano</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Psiquiatra. Salud Mental &Aacute;lava. <a href="mailto:oban@telefonica.net">oban@telefonica.net</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">A lo largo de su existencia, un ser humano "est&aacute;ndar" en cuanto a duraci&oacute;n de su vida bosteza en torno a 250.000 veces, lo que da idea de la importancia, al menos cuantitativa, de este fen&oacute;meno, que tiene una vertiente fisiol&oacute;gica (de significado a&uacute;n por determinar), psicol&oacute;gica, e incluso social, como veremos m&aacute;s adelante. Esta compartimentaci&oacute;n en dimensiones del bostezo demuestra, por una parte, la necesidad epistemol&oacute;gica humana de trocear cualquier experiencia y alojarla en diferentes categor&iacute;as. Pero al mismo tiempo, todo aquello que a&uacute;na lo fisiol&oacute;gico-biol&oacute;gico, lo que consideramos psicol&oacute;gico y lo social solo puede ser entendido como global y vital. El bostezo u oscitaci&oacute;n es, pues, un fen&oacute;meno vital. Ah&iacute; radica su inter&eacute;s y su relevancia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de que bostezamos varias veces al d&iacute;a (es posible, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, que el lector haya intensificado la frecuencia de bostezos simplemente con leer estas l&iacute;neas), la oscitaci&oacute;n es una de esas conductas que damos por conocidas y sabidas y que cuesta un tanto definir. En este caso, cuesta unas cuantas l&iacute;neas. Un bostezo, en sentido estricto y bien contado, es un ciclo respiratorio parox&iacute;stico que dura entre 5 y 10 segundos (aun siendo variable entre individuos parece ser estable en cada persona). Entra&ntilde;a una serie de movimientos que se suceden siempre en el mismo orden. Comienza por una inspiraci&oacute;n amplia, lenta y muy profunda, con la boca muy abierta (lo que hace que la faringe pueda llegar a cuadruplicar su di&aacute;metro), que se produce al tiempo que la laringe se abre alcanzando las cuerdas vocales su m&aacute;ximo grado de abducci&oacute;n. Durante esta maniobra, se inspira aire esencialmente por v&iacute;a oral. Se sigue esta inspiraci&oacute;n de una breve parada del flujo ventilatorio, que representa el acm&eacute; o cl&iacute;max del bostezo y se suele acompa&ntilde;ar de oclusi&oacute;n de los p&aacute;rpados o estiramiento de las extremidades. Tras ello viene una espiraci&oacute;n pasiva, ruidosa, m&aacute;s o menos lenta, junto con la relajaci&oacute;n de todos los m&uacute;sculos participantes; la boca vuelve a cerrarse, la laringe recupera su posici&oacute;n inicial y el individuo experimenta, con la resoluci&oacute;n del bostezo, una sensaci&oacute;n placentera (1). Tan placentera como que el bostezo es uno de los &iacute;tems <i>(really enjoy the feeling of a good yawn)</i> de la escala TEPS <i>(Temporal Experience of Pleasure Scale)</i>, que mide experiencias placenteras (2). Como no pod&iacute;a ser de otra manera, el &iacute;tem se conserva en la adaptaci&oacute;n francesa (3) de la escala <i>(Je prends vraiment plaisir &agrave; la sensation qui accompagne un bon b&acirc;illement)</i>, y en la china (4), si bien aqu&iacute;, desgraciadamente, la fuente no detalla c&oacute;mo se dir&iacute;a en chino, lo que es una l&aacute;stima, todo hay que decirlo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El bostezo es un fen&oacute;meno que se observa en todos los vertebrados (parece que el &uacute;nico requisito es disponer de una mand&iacute;bula &oacute;sea) y en todos ellos se produce con el mismo esquema motor. Incluso en animales, como los &eacute;quidos, que respiran exclusivamente por v&iacute;a nasal, la oscitaci&oacute;n se produce a trav&eacute;s de la boca y entra&ntilde;a toda esa serie de aparatosos movimientos que hemos descrito (1). En el humano se registran bostezos desde la duod&eacute;cima semana de vida intrauterina, reduci&eacute;ndose su frecuencia al final del periodo fetal y en el primer a&ntilde;o de vida, manteni&eacute;ndose despu&eacute;s en una meseta a lo largo de la infancia y edad adulta para decrecer en la vejez, una curva similar a la del sue&ntilde;o REM (5).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tal vez a estas alturas el lector haya reparado en que un art&iacute;culo sobre el bostezo repite hasta la saciedad el sustantivo y el verbo -bostezar- y que el sin&oacute;nimo que hemos encontrado (oscitaci&oacute;n) suena fatal. Un t&eacute;rmino emparentado es casmodia, pero sus connotaciones patol&oacute;gicas (significa un exceso de bostezos u oscitaciones) hacen que debamos ser muy rigurosos a la hora de utilizarlo y administrarlo en este comentario. Acude en nuestra ayuda el siempre sol&iacute;cito diccionario de griego, que nos dice que bostezo (u oscitaci&oacute;n) se dice en esa cl&aacute;sica lengua x"o&#094;ou, que seg&uacute;n me cuentan se lee "jasm&eacute;", con lo que utilizaremos esa ra&iacute;z en lo sucesivo, por ejemplo, para referirnos a los investigadores que m&aacute;s tiempo y atenci&oacute;n han dedicado al bostezo (u oscitaci&oacute;n). Los llamaremos jasm&oacute;logos, y entre ellos cabe destacar a autores como Gallup, Provine o Walusinski, que es un aut&eacute;ntico enciclopedista de la Jasmolog&iacute;a y vierte sus conocimientos en una excelente p&aacute;gina web (6), de la que hemos obtenido buena parte de la bibliograf&iacute;a de este art&iacute;culo. Los tres, y otros autores que iremos mencionando, demuestran, con su pasi&oacute;n por un tema aparentemente tan colateral como el bostezo (u oscitaci&oacute;n) que el abanico de intereses del ser humano es ampl&iacute;simo. Y que la curiosidad es un rasgo consustancial a nuestra especie. E igualmente, un fen&oacute;meno vital.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Antiguo es el saber y la preocupaci&oacute;n por el bostezo. Los griegos y los mayas cre&iacute;an que era un intento del alma por escapar del cuerpo, y ya desde antiguo exist&iacute;an normas sociales al respecto (por ejemplo, en el mundo hind&uacute; bostezar en p&uacute;blico era una especie de pecado (7). Su estudio cient&iacute;fico es relativamente reciente. En 1942 Moore pudo demostrar la contagiosidad del fen&oacute;meno, utilizando para ello tanto "bostezadores" especialmente entrenados, como el sonido t&iacute;pico de bostezo emitido por un gram&oacute;fono o, finalmente, im&aacute;genes cinematogr&aacute;ficas (un procedimiento posteriormente muy utilizado en la rica literatura jasmol&oacute;gica). Moore (8) comprob&oacute; que sus colaboradores entrenados para simular oscitaciones, h&aacute;bilmente colocados en iglesias y capillas, eran capaces de provocar que los asistentes a oficios religiosos bostezaran, tanto si frecuentaban los servicios matutinos como los vespertinos. M&aacute;s aun: pudo intuir que el cansancio no era un elemento necesario, ya que bostezaban m&aacute;s los que asist&iacute;an a la iglesia por la ma&ntilde;ana. Tambi&eacute;n comprob&oacute; este jasm&oacute;logo pionero que reproducir el sonido de un bostezo mediante un gram&oacute;fono induc&iacute;a bostezos en personas ciegas en mayor medida que en un grupo control de videntes. Por &uacute;ltimo, la imagen cinematogr&aacute;fica de una ni&ntilde;a bostezando provocaba oscitaciones en un grupo de estudiantes de Psicolog&iacute;a (algo que como veremos no se limita a este colectivo).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s recientemente Provine es probablemente el investigador m&aacute;s reputado en la materia, centrando su atenci&oacute;n en el bostezo dentro de lo que llama "Neurociencia informal" <i>&#091;sidewalk neuroscience&#093;</i>, que estudia conductas que parecen de segundo orden, como la risa, el estornudo, la tos, el llanto, el hipo, las cosquillas, y si no fuera porque no es mi intenci&oacute;n ofender a las damas que lean esto, me atrever&iacute;a a revelar -eso s&iacute;, sonroj&aacute;ndome- que Provine tambi&eacute;n ha dedicado su inter&eacute;s a dos fen&oacute;menos tan soeces como los eructos y los pedos. Reconoce nuestro autor a este amplio abanico de conductas segundonas un gran valor como ventanas que se abren ante nosotros para dejar entrever los intr&iacute;ngulis de la naturaleza humana. Utiliza para estudiarlos procedimientos poco sofisticados (cuaderno de notas, grabadoras de sonido o v&iacute;deo), y hay que conceder que con tan modesto aparataje Provine ha sido capaz de contribuir decisivamente al avance de la Ciencia, como demuestra su reciente libro <i>"Curious behavior"</i> (9). Fruto de sus investigaciones sabemos que el bostezo es mucho m&aacute;s contagioso que el hipo o la risa. Ver o escuchar a alguien que bosteza hace que un muy elevado porcentaje de seres humanos reproduzca esa conducta en menos de cinco minutos. Se da la circunstancia de que no es necesario ver frontalmente al oscitador; cualquier &aacute;ngulo de visi&oacute;n puede generar contagio. A la b&uacute;squeda del est&iacute;mulo cr&iacute;tico, Provine expuso a sus probandos (indefensos estudiantes de Psicolog&iacute;a, como suele ser habitual) a im&aacute;genes de bostezadores en las que se hab&iacute;a eliminado la boca pero la que conservaban otros rasgos como los ojos cerrados, y compar&oacute; su capacidad para disparar la conducta con otras im&aacute;genes que recog&iacute;an exclusivamente bocas en amplia oscitaci&oacute;n. La cara bostezante sin boca result&oacute; ser un est&iacute;mulo mucho m&aacute;s potente que la boca abierta, que en opini&oacute;n de este investigador se queda relegada a la condici&oacute;n de est&iacute;mulo neutro. Entre otras implicaciones, como se&ntilde;ala el propio autor, esto supone que la norma de urbanidad que impone cubrirse la boca cuando uno bosteza no tiene ninguna efectividad para evitar el contagio de la oscitaci&oacute;n (10-12).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La idea o el pensamiento del bostezo tambi&eacute;n hace bostezar, como se&ntilde;ala Provine, quien afirma que a base de investigar y escribir sobre el tema &eacute;l mismo se ha convertido en un est&iacute;mulo provocador de oscitaciones (9). Otro hecho interesante es que cuando se lee un texto en el que aparezca reiteradamente la palabra bostezo la frecuencia de la conducta se incrementa significativamente, algo que no pasa cuando uno lee reiteradamente palabras como hipo o risa o la descripci&oacute;n de un m&eacute;dico explorando las am&iacute;gdalas a un paciente con la boca completamente abierta (13-14). El efecto jasm&oacute;geno de leer la palabra bostezo, por cierto, no requiere que la persona est&aacute; especialmente cansada o somnolienta (15). Asimismo, si en su momento Moore comprob&oacute; que el sonido de la oscitaci&oacute;n induce la conducta en invidentes, Arnott y colaboradores pudieron demostrar que tambi&eacute;n las personas con vista intacta sucumben al contagio cuando oyen un bostezo (16).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las oscitaciones se presentan con un ritmo caracter&iacute;stico. Son m&aacute;s frecuentes al poco de despertarnos y cuando nos vamos a acostar. Curiosamente, los estiramientos de extremidades, acompa&ntilde;antes frecuentes del bostezo, se presentan m&aacute;s a menudo al comienzo del d&iacute;a que a la noche (9).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Provine (12) ha conseguido determinar que para bostezar solo es necesaria la participaci&oacute;n de la boca, ya que si uno se cierra la nariz con los dedos el bostezo se produce con normalidad. Sin embargo, si uno mantiene los dientes apretados, pero permitiendo el paso del aire a trav&eacute;s de los labios, se quedar&aacute; con la sensaci&oacute;n de que no ha completado el bostezo, lo que demuestra que la apertura hipopot&aacute;mica de la mand&iacute;bula es un elemento esencial. Lo mismo sucede si se mantiene la boca cerrada y se intenta bostezar a trav&eacute;s de la nariz. Una &uacute;ltima variante (9), la del bostezo con los ojos abiertos, produce tambi&eacute;n la impresi&oacute;n de no haber completado la jugada. Jugada que, al igual que el estornudo y el orgasmo, culmina en una forma de cl&iacute;max, lo que explica que se encuentren similitudes entre el placer sexual y el jasmeico. Tantas son que han dado lugar a la tesis doctoral de Wolter Seuntjens, un estudioso holand&eacute;s con una interesante p&aacute;gina web al respecto (17) y que en su d&iacute;a resumi&oacute; su investigaci&oacute;n en un art&iacute;culo (18) del <i>Journal of Improbable Research</i> (la revista que a&ntilde;o tras a&ntilde;o concede los Premios IgNobel, dicho sea de paso).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Otro dato de inter&eacute;s es que las personas con una hemiplejia producen a veces estiramientos del miembro paralizado cuando bostezan, lo que fue denominado "paracinesia braquial oscitante" por Walusinski (19). Este fen&oacute;meno, que se puso en su momento en relaci&oacute;n con la conservaci&oacute;n de una supuesta v&iacute;a motora emocional, ha sido explicado posteriormente por el mismo autor como debido a que la lesi&oacute;n de las v&iacute;as corticoneocerebelosas del sistema extrapiramidal desinhiben la v&iacute;a espinoarqueocerebelar, permitiendo que el brazo paralizado sea estimulado por el n&uacute;cleo reticular, que armoniza los ritmos respiratorios y locomotores (20).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Y cu&aacute;les son las bases neurofisiol&oacute;gicas del bostezo (u oscitaci&oacute;n)? ¿De qu&eacute; manera intervienen esas simp&aacute;ticas sustancias sabrosonas que conforman la sopa bioqu&iacute;mica que integra nuestro ser? El bostezo es, al parecer, un fen&oacute;meno esencialmente dopamin&eacute;rgico. Este simp&aacute;tico neurotransmisor activa la producci&oacute;n de oxitocina en el n&uacute;cleo paraventricular del hipot&aacute;lamo, y la oxitocina resultante activa la transmisi&oacute;n colin&eacute;rgica en el hipocampo y la formaci&oacute;n reticular. La acetilcolina, a su vez, induce la oscitaci&oacute;n a trav&eacute;s de los receptores muscar&iacute;nicos de los m&uacute;sculos implicados. Tambi&eacute;n modulan la oscitaci&oacute;n otros neuro-transmisores, como la inevitable serotonina, ciertos neurop&eacute;ptidos, la hipocretina y las hormonas sexuales (21). La participaci&oacute;n de estos neurotransmisores en la regulaci&oacute;n del bostezo puede entreverse tambi&eacute;n gracias a la Cl&iacute;nica y a la Farmacolog&iacute;a (1). La dopamina queda en evidencia porque en las enfermedades extrapiramidales (hipodopamin&eacute;rgicas) como el Parkinson, se reduce la frecuencia de los bostezos, y lo mismo sucede bajo el efecto de los antipsic&oacute;ticos t&iacute;picos o at&iacute;picos, mientras que la domperidona, de acci&oacute;n antidopamin&eacute;rgica, pero que no atraviesa la barrera hematoencef&aacute;lica, no tiene acci&oacute;n alguna sobre el ritmo y la intensidad de las oscitaciones. Los f&aacute;rmacos que potencian la transmisi&oacute;n colin&eacute;rgica, como los inhibidores de la acetilcol&iacute;nesterasa, desencadenan amplios y frecuentes bostezos, en tanto que antagonistas de esta v&iacute;a, como la escopolamina, inhiben las oscitaciones. La acci&oacute;n de la inevitable serotonina es m&aacute;s compleja, ya que el mCPP, agonista selectivo de los receptores 5HTc, es un potente jasm&oacute;geno, mientras que sustancias que act&uacute;an sobre los receptores 5HT1a y 5HTc inhiben los bostezos. Los antidepresivos tienden a provocar oscitaciones, en algunos casos aut&eacute;nticas crisis casm&oacute;dicas, descritas con productos como la paroxetina (22), la venlafaxina (23, 24) el citalopram (25) o el escitalopram (26, 27). Para quien se vea en el brete de tener que tratar a un paciente que ha desarrollado casmodia con antidepresivos, existen dos estrategias. Una es reducir la dosis y, llegado el caso, suspender el producto; la otra, utilizar propranolol, que ha sido &uacute;til en alg&uacute;n paciente (28).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La participaci&oacute;n de las hormonas sexuales en la oscitaci&oacute;n es intrigante. En otras especies de mam&iacute;feros, los machos bostezan con mucha mayor frecuencia que las hembras. Esta diferencia se ha pretendido explicar alegando que la oscitaci&oacute;n pondr&iacute;a de manifiesto los poderosos colmillos del macho y ser&iacute;a una especie de aviso o amenaza para competidores. Curiosamente, los productos que estimulan la transmisi&oacute;n dopamin&eacute;rgica, como la apomorfina, o ciertos canales serotonin&eacute;rgicos, como el mCCP, son capaces de provocar bostezos y erecciones en las ratas macho (29), pero este efecto desaparece cuando la rata est&aacute; castrada y por tanto falta un aporte de testosterona. Si unimos a esta evidencia el dato de que nuestra especie no solo es la &uacute;nica en que ambos sexos (perd&oacute;n: g&eacute;neros) son sexualmente activos en todo momentos sino que tambi&eacute;n es la &uacute;nica en la que los dos g&eacute;neros (esta vez lo he escrito bien a la primera) bostezan por igual, concluiremos que las teor&iacute;as jasmosexuales de Seuntjens no van tan descaminadas. Y, al contrario, parecen verse confirmadas por casos aislados de pacientes, varones y mujeres, que describ&iacute;an orgasmos o sensaciones an&aacute;logas ligadas a los bostezos cuando estaban en tratamiento con clomipramina, un antidepresivo de potente acci&oacute;n serotonin&eacute;rgica (30).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sobre la funci&oacute;n del bostezo se ha escrito mucho. Una conducta tan compleja, que implica la participaci&oacute;n de tant&iacute;simos m&uacute;sculos y que ha persistido a lo largo de toda la evoluci&oacute;n de los vertebrados, razonaron sin duda quienes propusieron estas hip&oacute;tesis, tiene que cumplir un determinado papel fisiol&oacute;gico. Smith (31) ha revisado estas propuestas y son de lo m&aacute;s dispar: incrementar (o reducir) el nivel de alerta, garantizar (en la vida fetal) el correcto funcionamiento de la articulaci&oacute;n temporomandibular, indicar aburrimiento, mareo, hemorragia o encefalitis, marcador de actividad dopamin&eacute;rgica, prevenci&oacute;n de atelectasias, oxigenaci&oacute;n cerebral, evacuaci&oacute;n de detritus amigdalinos potencialmente infecciosos... as&iacute;, hasta 20 variadas sugerencias, lo que da idea de los palos de ciego que dan los investigadores para explicar una conducta aparentemente tan trivial. Algunas hip&oacute;tesis conjugan elementos de otras, como la sugerencia de que el bostezo mejora la falta de concentraci&oacute;n ligada a la hipoxia y de esta manera contrarresta el aburrimiento (32).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s recientemente, Gallup ha formulado una hip&oacute;tesis novedosa, que sostiene que el bostezo sirve para reducir la tempe-atura cerebral, una teor&iacute;a que ha examinado en diversas situaciones y modelos experimentales y que a d&iacute;a de hoy, concluye, est&aacute; refrendada tambi&eacute;n por las modificaciones fisiol&oacute;gicas observadas tras las oscitaciones (33). Gallup ha podido demostrar que en los periquitos se produce un incremento de la frecuencia de bostezos cuando aumenta la temperatura (34). En las ratas, en cambio, las oscitaciones (no as&iacute; los estiramientos) son m&aacute;s frecuentes con las variaciones al alza y a la baja de la temperatura (35). En los humanos Gallup ha centrado sus investigaciones en la influencia de la temperatura y sus cambios en la capacidad de contagio del bostezo, que es menor a temperaturas bajas o despu&eacute;s de habernos mantenido un tiempo en temperaturas m&aacute;s altas; el paso de un ambiente m&aacute;s fresco a otro c&aacute;lido, en cambio, aumenta la probabilidad de contagio (36). La respiraci&oacute;n nasal (que tiende a refrigerar el cerebro) o la mera aplicaci&oacute;n de fr&iacute;o en la frente (evidentemente, otro mecanismo que reduce la temperatura cerebral) tambi&eacute;n se asocian, en las investigaciones de Gallup, a una reducci&oacute;n del contagio jasmeico (37). En el bostezo, sostiene nuestro autor, a pesar de que la protagonista es la boca y no la nariz, se puede producir una ventilaci&oacute;n de los senos paranasales que facilitan que el calor cerebral se disipe, como de hecho sucede en algunas especies de aves (38). La tendencia a producir bostezos observada, como se ha visto anteriormente, con algunos antidepresivos que trastean con la serotonina puede deberse, seg&uacute;n Gallup, a que estos medicamentos incrementan la temperatura cerebral, tanto en dosis terap&eacute;uticas como en sobredosis (39), algo que tiene cierta coherencia con el hecho de que los medicamentos que combaten la depresi&oacute;n tienden a elevar la temperatura cerebral, en tanto que los que se utilizan en la man&iacute;a tienden a reducirla (40). Este dato, por cierto, es una interesante y elegante manera de sintetizar los mecanismos de acci&oacute;n neuroqu&iacute;mica de todos estos productos con su actuaci&oacute;n sobre el bostezo y los trastornos del estado de &aacute;nimo, con los antagonistas de la dopamina mitigando la man&iacute;a (y reduciendo el bostezo) y los antidepresivos serotonin&eacute;rgicos combatiendo la depresi&oacute;n (e incrementando las oscitaciones).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La contagiosidad del bostezo merece, ciertamente, un cap&iacute;tulo aparte, ya que remite a aspectos psicobiol&oacute;gicos de gran inter&eacute;s. Cl&aacute;sicamente se ha sostenido que la oscitaci&oacute;n contagiosa es un rasgo netamente humano, y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha vinculado a las recientemente descubiertas neuronas espejo, base de la empatia. De hecho, se ha podido comprobar mediante t&eacute;cnicas de neuroimagen que el contagio del bostezo se asocia a la activaci&oacute;n de &aacute;reas cerebrales relacionadas con el sistema de las neuronas espejo y la empatia (41, 42). Sin embargo, cada vez son m&aacute;s frecuentes los estudios que demuestran su existencia no ya en primates o en otras especies de mam&iacute;feros, sino incluso en periquitos (43), algo que puede relacionarse tambi&eacute;n con la creciente impresi&oacute;n de que la empat&iacute;a existe en formas m&aacute;s elementales en especies aviarias, como los loros y los c&oacute;rvidos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En nuestra especie, recordemos, la frecuencia del bostezo es m&aacute;xima en la vida fetal, y despu&eacute;s del nacimiento, para despu&eacute;s ir decreciendo. Sin embargo, la capacidad de ser contagiado por la oscitaci&oacute;n ajena es tard&iacute;a, y no se instaura hasta los 4 o 5 a&ntilde;os de edad, como han podido demostrar Anderson y Meno (44) presentando v&iacute;deos de personas bostezantes a ni&ntilde;os de corta edad, lo cual guarda proporci&oacute;n y coherencia con la idea de que el desarrollo psicol&oacute;gico entra&ntilde;a una gradual separaci&oacute;n del egocentrismo inicial para pasar a interesarse por los dem&aacute;s y sus estados y reacciones emocionales. Curiosamente, en el chimpanc&eacute; se da un fen&oacute;meno an&aacute;logo, puesto que en una experiencia en la que se mostr&oacute; un v&iacute;deo de cong&eacute;neres bostezantes a seis hembras adultas acompa&ntilde;adas de tres cr&iacute;as se pudo comprobar que estas &uacute;ltimas no se contagiaban, mientras que las adultas oscitaban sin el menor pudor inducidas por la contemplaci&oacute;n de la pel&iacute;cula (45). Tambi&eacute;n en el chimpanc&eacute; se ha podido vincular la contagiosidad a la proximidad del bostezante, de modo que cuanto m&aacute;s cercano biol&oacute;gica o socialmente (pertenencia al mismo grupo) sea el individuo que bosteza tanto m&aacute;s probable es que el que contempla la acci&oacute;n replique la conducta (46). En los seres humanos sucede lo mismo: nos contagian sus bostezos m&aacute;s los familiares que los amigos, los amigos m&aacute;s que los conocidos y los conocidos m&aacute;s que los desconocidos (47), lo que significa que el humilde bostezo es nada menos que un marcador de empat&iacute;a y de proximidad afectiva y emocional.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con estos datos no es de extra&ntilde;ar que la contagiosidad del bostezo sea un &aacute;rea de inter&eacute;s en la investigaci&oacute;n sobre trastornos mentales en los que existe un defecto de la empat&iacute;a y la inteligencia social, como son el autismo o la esquizofrenia. Por ejemplo, Haker y R&otilde;ssler (48) han podido comprobar que en comparaci&oacute;n con controles las personas afectas de esquizofrenia experimentan un menor contagio de la risa o los bostezos presentados en v&iacute;deos. En realidad, este hallazgo confirma de alguna manera la vieja idea de Lehmann de que el bostezo es un fen&oacute;meno de inter&eacute;s psicopatol&oacute;gico cuya presencia o ausencia puede dar idea de la severidad de la esquizofrenia (49). L&oacute;gicamente, habr&iacute;a que armonizar esta hip&oacute;tesis con el hecho de que los medicamentos que empleamos para tratar la enfermedad reducen <i>precisamente</i> la frecuencia de las oscitaciones. En cuanto al autismo, si bien los ni&ntilde;os diagnosticados de trastorno generalizado del desarrollo no difieren de los ni&ntilde;os neurot&iacute;picos en cuanto a frecuencia y duraci&oacute;n de sus bostezos espont&aacute;neos, si que muestran una tendencia mucho menor a contagiarse de la oscitaci&oacute;n ajena (50). Es de inter&eacute;s el hecho de que esta dificultad para contagiarse del (empatizar con el) bostezo es mayor cuanto m&aacute;s grave sea al trastorno generalizado del desarrollo, de modo que las personas con autismos verbales o que en general no presentan las formas cl&aacute;sicas y m&aacute;s cercanas a la descripci&oacute;n de Kanner tienen una capacidad de replicar las oscitaciones ajenas m&aacute;s cercana a la de la poblaci&oacute;n neurot&iacute;pica (51). Un dato interesante es que si se fuerza que los ni&ntilde;os con autismo mantengan un contacto visual con la imagen en video del bostezante la contagiosidad de la oscitaci&oacute;n es mayor (52).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, da la impresi&oacute;n de que en el futuro la investigaci&oacute;n sobre el bostezo nos permitir&aacute; conjugar (maridar, dir&iacute;a alg&uacute;n cursi) datos provenientes de la Fisiolog&iacute;a, la Etolog&iacute;a, la Psicolog&iacute;a, la Psicopatolog&iacute;a e incluso la terap&eacute;utica farmacol&oacute;gica. Apoy&aacute;ndose en m&eacute;todos surtidos que abarcan desde el modesto bloc de notas hasta la neuroimagen, los estudiosos del fen&oacute;meno pueden, por lo tanto, ensanchar el conocimiento sobre la naturaleza humana. ¿Qui&eacute;n se atrever&aacute;, por lo tanto, a banalizar laf importancia de un buen bostezo?</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(1) Walusisnky O, Deputte BL. Le b&acirc;illement: phylogen&egrave;se, &eacute;thologie, nosog&eacute;nie. Rev Neurol (Paris) 2004; 160: 1011-21 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15602343" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15602343</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694642&pid=S0211-5735201300010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(2) Gard DE, Germans Gard M, Kring AM, John OP. Anticipatory and consummatory components of the experience of pleasure: a scale development study. J Res Pers 2006; 40:1086-102 (Texto completo: <a href="http://socrates.berkeley.edu/%7Eakring/Gard%20et%20al%202006.pdf" target="_blank">http://socrates.berkeley.edu/~akring/Gard%20et%20al%202006.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694644&pid=S0211-5735201300010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(3) Favrod J, Ernst F, Giuliani F, Bonsack C. Validation franc<sub>3</sub>aise de l'&eacute;chelle d'exp&eacute;rience temporelle du plaisir. Encephale 2009; 35: 241-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694646&pid=S0211-5735201300010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(4) Chan RC, Shi YF, Lai MK, Wang YN, Wang Y, Kring. M. The Temporal Experience of Pleasure Scale (TEPS): exploration and confirmation of factor structure in a healthy Chinese sample. PLoS One 2012;7(4):e35352. doi: 10.1371/journal.pone.0035352 (Texto completo: <a href="http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0035352" target="_blank">http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0035352</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694648&pid=S0211-5735201300010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(5) Walusinski O. Le b&acirc;illement: naissance, vie et senescence. Psychol Neuropsychiatr Vieil 2006; 4: 39-46 (Texto completo: <a href="http://www.jle.com/e-docs/00/04/17/0E/vers_alt/VersionPDF.pdf" target="_blank">http://www.jle.com/e-docs/00/04/17/0E/vers_alt/Versionpdf.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694650&pid=S0211-5735201300010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>).</font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(6) <a href="http://www.baillement.com/" target="_blank">http://www.baillement.com/</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694652&pid=S0211-5735201300010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(7) Schiller F. Yawning? J Hist Neurosci 2002; 11: 392-401 (Abstract en: <a target="_blank" href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12557656">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12557656</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694653&pid=S0211-5735201300010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(8) Moore JE. Some psychological aspects of yawning. J Gen Psychology 1942; 27: 289-94 (Texto completo en: <a href="http://www.aillement.com/yawning-moore.html" target="_blank">http://www. aillement.com/yawning-moore.html</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694655&pid=S0211-5735201300010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(9) Provine RR. Curious behavior. Cambridge, Massachusetts: The Belenap Press of Harvard University Press, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694657&pid=S0211-5735201300010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(10) Provine RR. Yawning as a stereotyped action patterns and releasing stimulus. Ethology 1986; 72: 109-122 (Texto completo: <a href="http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1439-0310.1986.tb00611.x/pdf" target="_blank">http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1439-0310.1986.tb00611.x/pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694659&pid=S0211-5735201300010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(11) Provine RR. Faces as releasers of contagious Yawning: An approach to face detection using normal human subjects. Bulletin of the Psychonomic Society, 27: 211-214.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694661&pid=S0211-5735201300010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(12) Provine RR. Yawning. American Scientist 2005; 93: 532-539 (Texto completo: <a href="http://www.calamitiesofnature.com/extras/yawning.pdf" target="_blank">http://www.calamitiesofnature.com/extras/yawning.pdf</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694663&pid=S0211-5735201300010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(13) Carskadon MA. Yawning elicited by reading: is an open mouth sufficient stimulus? Sleep Research 1991; 20:116 (Texto completo: <a href="http://baillement.com/carskadon.html" target="_blank">http://baillement.com/carskadon.html</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694664&pid=S0211-5735201300010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(14) Carskadon MA. Yawning elicited by reading: effect of sleepiness Sleep Research 1991; 20:116 (Texto completo: <a href="http://baillement.com/carskadon2.html" target="_blank">http://baillement.com/carskadon2.html</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694665&pid=S0211-5735201300010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(15) Arnott SR, Singhal A, Goodale MA. An investigation of auditory contagious yawning. Cogn Affect Behav Neurosci 2009; 9: 335-42 (Texto completo: <a href="http://baillement.com/replication/auditory_contagious.html" target="_blank">http://baillement.com/replication/auditory_contagious.html</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694666&pid=S0211-5735201300010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(16) Silva K, Bessa J, de Sousa L. Auditory contagious yawning in domestic dogs (Canis familiaris): first evidence for social modulation. Anim Cogn 2012; 15: 721-4 (Texto completo: <a href="http://www.ciencia20.up.pt/attachments/article/87/Auditory%20contagious%20yawning%20in%20domestic%20dogs%20Canis%20familiaris_first%20evidence%20for%20social%20modulation_Ciencia20.pdf" target="_blank">http://www.ciencia20.up.pt/attachments/article/87/Auditory%20contagious%20yawning%20in%20domestic%20dogs%20Canis%20familiaris_first%20evidence%20for%20social%20modulation_Ciencia20.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694668&pid=S0211-5735201300010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(17) <a href="http://www.wolterseuntjens.nl/index.php?info_english" target="_blank">http://www.wolterseuntjens.nl/index.php?info_english</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694670&pid=S0211-5735201300010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(18) Seuntjens W. On Yawning; or, The Hidden Sexuality of the Human Yawn. J Improbable Res 2005; 11:4-7 (Texto completo: <a href="http://www.improbable.com/airchives/paperair/volume11/v11i1/11-1-on-yawning.pdf" target="_blank">http://www.improbable.com/airchives/paperair/volume11/v11i1/11-1-on-yawning.pdf</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694671&pid=S0211-5735201300010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(19) Walusinski O, Quoirin E, Neau JP. Parakin&eacute;sie brachiale oscitante. Rev Neurol (Paris) 2005; 161: 193-200 (Texto completo: <a href="http://baillement.com/pbo.html" target="_blank">http://baillement.com/pbo.html</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694672&pid=S0211-5735201300010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(20) Walusinski O, Neau JP, Bogousslavsky J. Hand up! Yawn and raise your arm. Int J Stroke 2010; 5: 21-7 (Texto completo: <a target="_blank" href="http://baillement.com/recherche/pbo_english.html">http://baillement.com/recherche/pbo_english.html</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694673&pid=S0211-5735201300010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(21) Daquin G, Micallef J, Blin O. Yawning. Sleep Med Rev 2001; 5: 299-312 (Abstract: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12530994" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12530994</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694675&pid=S0211-5735201300010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(22) Harada K. Paroxetine-induced excessive yawning. Psychiatry Clin Neurosci 2006; 60: 260 (Texto completo: <a target="_blank" href="http://baillement.com/dossier/paroxetine.html">http://baillement.com/dossier/paroxetine.html</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694677&pid=S0211-5735201300010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(23) Chen CH, Lu ML. Venlafaxine-induced excessive yawning. Prog Neuropsychopharmacol Biol Psychiatry 2009; 33: 156-7 (Texto completo: <a target="_blank" href="http://baillement.com/dossier/venlafaxine_chun.html">http://baillement.com/dossier/venlafaxine_chun.html</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694679&pid=S0211-5735201300010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(24) Nayak R, Bhogale GS, Patil NM. Venlafaxine and Excessive Yawning: Is There Any Link? J Neuropsychiatry Clin Neurosci 2011; 23: E56-7 (Texto completo: <a href="http://neuro.psychiatryonline.org/data/Journals/NP/4318/jnp00211000E56.pdf" target="_blank">http://neuro.psychiatryonline.org/data/Journals/NP/4318/jnp00211000E56.pdf</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694680&pid=S0211-5735201300010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(25) Pal S, Padala PR. A case of excessive yawning with citalopram. Prim Care Companion J Clin Psychiatry 2009;11: 125-6 (Texto completo: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2708013/" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2708013/</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694681&pid=S0211-5735201300010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(26) Guti&eacute;rrez-Alvarez AM. Do your patients suffer from excessive yawning? Acta Psychiatr Scand 2007; 115: 80-1 (Texto completo: <a href="http://baillement.com/dossier/ssri-gutierrez.html" target="_blank">http://baillement.com/dossier/ssri-gutierrez.html</a>)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694682&pid=S0211-5735201300010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(27) Roncero C, Mezzatesta-Gava M, Grau-L&oacute;pez L, Daigre C. Bostezos como efecto secundario dependiente de la dosis del tratamiento con escitalopram. Neurologia. 2012 Jul 12. 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Med Hypotheses 2011; 77: 9703 (Abstract: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21906886" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21906886</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694700&pid=S0211-5735201300010001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(39) Gallup AC, Gallup GG Jr. Venlafaxine-induced excessive yawning: a thermoregulatory connection. 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PLoS ONE 6(4): e18283. doi:10.1371/journal.pone.0018283 (Texto completo: <a href="http://www.plosone.org/article/info%3Adoi/10.1371/journal.pone.0018283" target="_blank">http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0018283</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694716&pid=S0211-5735201300010001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(47) Norscia I, Palagi E (2011) Yawn Contagion and Empathy in Homo sapiens. PLoS ONE 6(12): e28472. doi:10.1371/journal.pone.0028472 (Texto completo: <a href="http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0028472" target="_blank">http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0028472</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4694718&pid=S0211-5735201300010001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(48) Haker H, R&otilde;ssler W. Empathy in schizophrenia: impaired resonance. 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