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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>M&Aacute;RGENES DE LA PSIQUIATR&Iacute;A Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Yo, Karles</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Sergi Allepuz Giral</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Siempre quise titular la historia de mi vida as&iacute;: <i>Yo, Karles,</i> como aquella vieja teleserie de romanos. El protagonista tartamudeaba y era feo pero m&aacute;s listo que el hambre, y es que una cosa no quita la otra. M&iacute;rame a m&iacute;: esquizofr&eacute;nico paranoide, diab&eacute;tico, alcoh&oacute;lico, y ¡aqu&iacute; estoy! En esta vida te ponen etiquetas sin pedirlas y si llegas pronto al reparto te ponen tres, como a m&iacute;. Adem&aacute;s, se ve&iacute;an tetas. En <i>Yo, Claudio,</i> digo. Y eso es muy de agradecer en la adolescencia. Pero me desv&iacute;o... Te hablaba del anarquismo, ¿no? Pues eso, ¡nos tienen enga&ntilde;ados como a chinos! Toda la puta vida trabajando por cuatro duros. Como mi padre: d&aacute;ndolo todo por la empresa, el obrero perfecto y todo ese rollo capitalista y burgu&eacute;s. Pero cuando se quiso jubilar, el jefe hab&iacute;a olvidado cotizar por &eacute;l. ¿Despistado? Pues no, m&aacute;s bien hijo de puta. ¿Y el Estado? M&aacute;s de lo mismo, pero encima subvencionado por la clase obrera. ¡Anarquismo o muerte, amiga! Bueno, te dejo tranquila porque no me est&aacute;s haciendo ni caso. ¡Salud! Me llamo Karles. S&iacute;, Karles, con K. ¿Y t&uacute;? Eres muda, ¿no? ¡Por lo menos podr&iacute;as decirme adi&oacute;s!</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Queridas sombras que le&eacute;is mi historia, el para&iacute;so no est&aacute; en Hawai. El ed&eacute;n se esconde en el centro de cualquier gran ciudad. All&iacute; yo soy feliz. Entre asfalto, marabuntas humanas y sem&aacute;foros, persigo almas y explico mi vida a orejas indiferentes. Como el anterior mon&oacute;logo de ciento noventa y cuatro palabras de este magn&iacute;fico relato. Los dem&aacute;s peatones observar&aacute;n de reojo la escena. Sonreir&aacute;n, susurrar&aacute;n: "Menudo <i>pirao",</i> y pensar&aacute;n lo mismo que el p&uacute;blico cuando el lanzador de cuchillos pide un voluntario entre los espectadores: "Que no me toque a m&iacute;, por Dios...".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En mi pueblo, la Rep&uacute;blica Independiente de Hospitalet de Llobregat, esto es distinto. Nos conocemos demasiado, y sin el factor anonimato se pierde el elemento sorpresa, tan necesario para mis m&iacute;tines imprevistos. En Hospitalet la v&iacute;ctima se da media vuelta nada m&aacute;s acercarme a su oreja y me obsequia con la bofetada de mi vida. Como broche de oro, amenaza con contarle a mi madre el incidente y eso, amigos y amigas, son palabras mayores. Mi santa particular, la Remei, no est&aacute; para m&aacute;s disgustos, que ya la tengo servida desde hace a&ntilde;os....</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la plaza de Catalu&ntilde;a de Barcelona soy un desconocido m&aacute;s y a nadie le molesta la locura que destroza mi vida. S&iacute;, la destroza, s&iacute;... no lo negu&eacute;is para consolarme. Paso de estar como una cabra a veces, a estar cuerdo otras, para darme cuenta de mi enfermedad y el sufrimiento que &eacute;sta crea a mi alrededor. Adem&aacute;s, si mi cabeza es de mercadillo de segunda mano, mi cuerpo tampoco es ninguna ganga que digamos... con mi diabetes agravada por el tabaquismo y mi querencia por las cervecitas de barril bien fr&iacute;as, voy a tumba abierta hacia la di&aacute;lisis.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un d&iacute;a, en la plaza de Catalu&ntilde;a, andaba vestido de gala, es decir, con chaqueta y pantalones vaqueros, camiseta negra de manga muy corta al estilo Travolta en <i>Grease</i> y un enorme pa&ntilde;uelo rojo atado a la cabeza al modo pirata. Hab&iacute;a fumado alg&uacute;n porrito, me sent&iacute;a guapo y andaba muy roquero, contone&aacute;ndome pomposamente como un pavo real. Pues bien, all&iacute;, en la plaza, se rompi&oacute; mi anonimato y o&iacute; mi nombre. Era mi primo "el escritorcito", llam&aacute;ndome desde la terraza de una famosa cafeter&iacute;a. Hac&iacute;a a&ntilde;os que no le ve&iacute;a y se acerc&oacute; sonriente a saludarme, lo que es de agradecer ya que otros parientes me evitan, pensando que no me doy ni cuenta... Adem&aacute;s, tengo que soportar el parip&eacute; cuando a ellos no les queda m&aacute;s remedio que tratar conmigo y entonces me hablan como si fuese imb&eacute;cil. Pero en fin, colegas, est&aacute;bamos con el escritorcito. Ese encuentro fue la prueba del nueve de mi muerte social. &Eacute;l, con su traje, su corbata y su rebosante salud, me cont&oacute; que ten&iacute;a novia formal y que se casar&iacute;an el a&ntilde;o pr&oacute;ximo. Me mandar&iacute;a la invitaci&oacute;n m&aacute;s adelante y, resumiendo, hubo lo que toca en estos encuentros: felicitaciones; enhorabuenas; besos; dos cervezas en la terraza; el primo que me gorrea dos cigarrillos rubios; "Qu&eacute; mala cara tienes, Karles"; "Es por la diabetes, pero no te preocupes que estoy bien"; bromas f&aacute;ciles; risas sanas y recuerdos con besos para todos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Alucinante la pel&iacute;cula que se proyect&oacute; en mi cabeza al despedirnos.... ¡Menudo baj&oacute;n! Yo haciendo el gamba como un quincea&ntilde;ero en mitad de la plaza y el puto primito con boda en ciernes. ¡Pero si lo acompa&ntilde;&eacute; a echar la carta a los Reyes Magos hace cuatro d&iacute;as! Mierda de vida....</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¡No me han dejado hacerme mayor! Os lo juro, yo lo intent&eacute; pero no me dejaron pasar de una solitaria y eterna adolescencia. Bajo al bar y bebo solo o, en el mejor de los casos, invito a desconocidos que se aprovechan de mi necesidad de compa&ntilde;&iacute;a y, a pesar de que van cayendo las rondas, ellos jam&aacute;s sacan su puto monedero del bolsillo. ¡Ni me acompa&ntilde;an a casa cuando me ven jodido! Los muy cabrones.... Deambulo solo por el metro mientras canturreo canciones que ning&uacute;n joven de hoy en d&iacute;a conoce; vomito solo, sin que ning&uacute;n colega me sujete la frente y, ¿c&oacute;mo no?, duermo solo en la misma cama que cuando era ni&ntilde;o, rodeado de los mismos muebles y los mismos discos que me han visto crecer en la casa de mis padres. Pero, aunque no lo cre&aacute;is, lo m&iacute;o es moverme. Cambiar de lugar. El &uacute;nico elemento fijo es mi eterno domicilio familiar. Vago y pienso en mis cosas, desde la Avenida del Carrilet hasta el ombligo de esa gran puta que es Barcelona. Siempre maquillada como el culo de un mono; tan abierta de piernas y tan disponible -s&oacute;lo a primeros de mes- para una cartera llena de billetitos reci&eacute;n cobrados de la pensi&oacute;n de invalidez. ¿Cu&aacute;l ha sido mi pecado? No tengo ni idea, compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras. Quiz&aacute;s haber sido buena persona, o demasiado sensible, o el rollo de la serotonina en el cerebro, o haber tomado drogas, o la puta mili en caballer&iacute;a, amigos. ¿A qui&eacute;n le importa ya, a estas alturas?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por eso se lo dije a mi primo, el escritorcillo. No ese mismo d&iacute;a en la plaza sino meses despu&eacute;s, cuando vino a casa de mis padres para presentarnos a su novia. Mientras su chica tomaba caf&eacute; en el comedor con mis viejos, a &eacute;l le solt&eacute; el discurso: "Me dais envidia cada uno de los primos hermanos. Por todo, colega. Me explico, ¡sois unos cabrones! S&iacute;, s&iacute; que lo sois. Por tener vuestras vidas, vuestros trabajos, vuestras parejas y vuestros proyectos. ¿Qu&eacute; piensas que espero yo de la vida? Ni puta idea, ¿verdad? Pues eso me pasa a m&iacute;, que tampoco tengo ni puta idea y es mi propia vida. &Uacute;nicamente s&eacute; que estar&eacute; solo, d&aacute;ndole la brasa a los pap&aacute;s. Me alegro por vosotros de todo coraz&oacute;n, te lo juro, pero con la misma sinceridad te digo que os matar&iacute;a de la rabia que me dais".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">&Eacute;l sonri&oacute;. No pod&iacute;a hacer otra cosa porque sab&iacute;a que yo ten&iacute;a raz&oacute;n y, adem&aacute;s, respecto a lo de "os matar&iacute;a", el escribano bien sab&iacute;a que yo jam&aacute;s matar&iacute;a ni a una mosca cojonera, ya que un pacifismo radical y convencido camina de la mano de mi anarquismo visceral, complement&aacute;ndolo de una peculiar manera que s&oacute;lo yo entiendo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los novios me regalaron dos figuritas de barro pintadas a mano y mi primo se fum&oacute;, como el d&iacute;a de la plaza de Catalu&ntilde;a en aquella cafeter&iacute;a, un par de mis pitillos rubios. "¡¿Es que s&oacute;lo los locos compramos tabaco?!", le pregunt&eacute; yo. Y ya de paso, os pregunto a vosotros: ¿cre&eacute;is que dos baturros de barro pintados a mano son el mejor regalo para un cuarent&oacute;n zumbado y con alucinaciones? Lo dudo, pero, aunque mi primer impulso fue tirarlos por la ventana, los primos se iban a ir a vivir a Zaragoza y me los hab&iacute;an regalado con cari&ntilde;o para que tuviese un recuerdo de ellos. As&iacute; que all&iacute; est&aacute;n las figuritas sobre la c&oacute;moda de mi habitaci&oacute;n, sonriendo y mir&aacute;ndome fijamente, como el mu&ntilde;eco de aquella peli, <i>Chucky,</i> que daba un miedo de cagarse.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El escritorcito, antes de marchar, me pidi&oacute; que le ense&ntilde;ara a tocar algo al piano y, como soy muy blando, le ense&ntilde;&eacute; una muy f&aacute;cil de Los Beatles que habla de una parejita que empieza una vida en com&uacute;n como la que &eacute;l iba a comenzar. S&iacute;, amigos, <i>Oblad&iacute; Oblada,</i> lo hab&eacute;is adivinado. Tambi&eacute;n le ense&ntilde;&eacute;, por el mismo m&oacute;dico precio, un par de jingles de anuncios de la tele: la canci&oacute;n del Cola-Cao -aquella de <i>Yo soy aquel negrito del &Aacute;frica tropical... -</i> y la del Martini <i>-D&oacute;nde est&eacute;s y a la hora que est&eacute;s, un Martini te invita a vivir...-.</i> Para algo me ten&iacute;a que servir tanto sobresaliente en las clases de piano del liceo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿La novia de mi primo? Encantadora. La estuve escuchando hablar un buen rato, ya que &eacute;l es de esas personas parcas en palabras que se te quedan mirando sonrientes pero esperando a que lleves t&uacute; la conversaci&oacute;n y, amigos y amigas, os juro que hay d&iacute;as que no me apetece hablar de nada en absoluto, por lo que la verborrea de mi prima pol&iacute;tica me vino de perlas. Los d&iacute;as en que no hablo son d&iacute;as malos. Me encierro en mi cuarto subi&eacute;ndome por las paredes, fumando porritos y poniendo la m&uacute;sica a todo volumen. ¿Que no deber&iacute;a fumar porros? Lo s&eacute;. Pero esos d&iacute;as soy muy cabr&oacute;n, lo reconozco, s&oacute;lo me aguantan mis padres y ¡a duras penas! No atiendo a nadie y mis viejos sufren mucho con mi actitud. No tomo las medicinas, no como, pero, ¿c&oacute;mo le explicas a tu madre, que te llama preocupada desde la puerta de tu habitaci&oacute;n, que te quieres morir de una puta vez? Porque s&iacute;, porque te sientes como una mierda y, adem&aacute;s, piensas que ellos estar&aacute;n mejor cuando te hayas ido. As&iacute; que se lo largas tal cual, sin adornos, y mam&aacute; llora. Supones que alguna vez, en pleno agotamiento, ella ha pensado lo mismo que le acabas de decir y se siente fatal por ello. Se siente fatal por ser humana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Para no o&iacute;rla llorar, subes el volumen de la m&uacute;sica, das pu&ntilde;etazos a las paredes y aparece un vecino quej&aacute;ndose con raz&oacute;n, y tu padre trata de calmarle y explicarle la situaci&oacute;n una vez m&aacute;s. Finalmente has conseguido convertir en una mierda otro d&iacute;a de la vida de la gente que m&aacute;s te quiere y a la que t&uacute; quieres con locura, con toda tu puta locura.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esper&eacute; el d&iacute;a de la boda de mi primo como espero todos los acontecimientos importantes de mi vida: bebiendo cervezas en el bar de debajo de casa y viajando en busca de aventuras a la plaza de Catalu&ntilde;a de Barcelona. A lo mejor, durante la espera, consegu&iacute;a mi sue&ntilde;o y reventaba de una vez sin tener que comparecer en p&uacute;blico para que mis t&iacute;as y primos cuchicheasen sobre mi aspecto: "¡Con lo guap&iacute;simo que era de peque&ntilde;o!". Porque, amigos, no os equivoqu&eacute;is, yo era guapo. Como un ni&ntilde;o Jes&uacute;s. A&uacute;n ahora, con mi carita hinchada por los medicamentos y mis ojitos vidriosos y tristones, tengo mis d&iacute;as sexys.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No revent&eacute; durante la espera, a pesar del en&eacute;simo ataque de hipoglucemia que me llev&oacute; a urgencias, otra vez... Fui a la boda rellenito de pastillas, maqueado de ejecutivo y cumpliendo como el primo mayor que soy.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Yo tambi&eacute;n tuve un amor, y no me refiero a sexo o un ligue ocasional, porque de esos tuve muchos, ¡joder!, que viv&iacute; los setenta y toqu&eacute; en un grupo de rock y todo ese rollo. Ella tocaba el saxof&oacute;n, ten&iacute;a el pelo largo y casta&ntilde;o y preciosos ojos de color canela. Nos llev&aacute;bamos bien, hasta que me dej&oacute; tirado. Lo mismo hicieron los restantes amigos que sol&iacute;a tener. Algunos se fueron bajo tierra, por las drogas y eso... Otros no tengo ni puta idea de d&oacute;nde se fueron, ni me importa ya, simplemente desertaron del barco como ratas. Por eso soy anarquista convencido y radical: si tu amor y los amigos te abandonan o se mueren -que viene siendo lo mismo, lo mires como lo mires- y la familia que te adora te regala baturros de barro, ¿qu&eacute; no har&aacute; un gobierno al que no le importas una mierda para joderte? Anarquismo o muerte, amigos, no lo dud&eacute;is.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al vecino chivato tambi&eacute;n le trat&eacute; de contar lo del anarquismo. ¿Qu&eacute; vecino? ¡Ese! ¡El chivato! Parece que no escuch&aacute;is, compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras. El muy <i>tolai</i> cuando descubri&oacute; que le tomaba prestada su moto del garaje -sin permiso y desde hac&iacute;a varios meses- todos los d&iacute;as para ir a trabajar, se puso como un energ&uacute;meno. Eso fue siglos antes de que me diagnosticasen la esquizofrenia. Por aquel entonces yo ten&iacute;a el pelo largo y sin canas y pensaba en mi futuro con alegr&iacute;a, esperanza, proyectos. El plan era perfecto, pero ese gilipollas no lo entendi&oacute; y termin&oacute; por denunciarme a la polic&iacute;a. Y eso que yo le echaba gasolina de vez en cuando para compartir gastos. A partir de ese suceso y otros parecidos, mis padres empezaron a asumir que ten&iacute;a alg&uacute;n problemilla.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero la cosa fue a peor. Como aquella vez que me sub&iacute; por las estanter&iacute;as del comedor como si escalase una monta&ntilde;a e iba tirando por el suelo todo lo que pillaba. Mis padres gritaban: "¡B&aacute;jate de ah&iacute;, Karles!", pero que si quieres arroz. Pues bien, grit&eacute;, insult&eacute;, amenac&eacute;. ¡Pero no era yo! Era la esquizofrenia. Yo, en realidad, me parezco m&aacute;s al ni&ntilde;o del pelo largo que toca canciones de Lluis Llach al piano que a ese ogro canoso y zumbado que aparece a veces y al que yo mismo desconozco.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A ra&iacute;z de sucesos como el anterior y otros me ingresaron en el psiqui&aacute;trico varias veces y, amigo, all&iacute; s&iacute; que te <i>empastillan,</i> pero bien. Y de cervecitas, nada de nada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otra vez convenc&iacute; a mis padres para que me compraran un cochecito y resolvieran el asunto de mi locomoci&oacute;n. No soportaban verme deprimido y accedieron a colaborar en la adquisici&oacute;n de uno de esos ciclomotores de cuatro ruedecitas, con sus puertecitas y sus lucecitas.... Dur&oacute; poco, el pobre. "¡Los locos de los cojones no deber&iacute;ais conducir!". Y es que el repartidor de muebles deb&iacute;a de ser licenciado en psiquiatr&iacute;a. ¡Me diagnostic&oacute; en segundos el muy jodido! Yo lo embest&iacute; al saltarme un sem&aacute;foro en rojo, eso puedo reconocerlo. Pero, amigos, mi <i>buga</i> se desintegr&oacute; en &aacute;tomos en un segundo de distracci&oacute;n. ¡Yo era quien deb&iacute;a estar enfadado por mi mala suerte y no &eacute;l! Aguant&eacute; el chaparr&oacute;n como el campe&oacute;n que soy y regres&eacute; al metro derrotado y cabizbajo, al metro que, por otro lado, jam&aacute;s deb&iacute; abandonar. Por supuesto, la Remei y el Rafel me perdonaron esta y mil absurdeces m&aacute;s. El d&iacute;a que pueda, en otra vida, les har&eacute; un monumento para compensarles por el mal que les he dado. Pero me temo que no ser&aacute; hoy, ni ma&ntilde;ana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al otro d&iacute;a del accidente -el de mi cochecito-, la l&iacute;nea cinco del metro me dio la bienvenida como un padre saluda a su hijo pr&oacute;digo. Yo, agradecido, recorr&iacute; con paso firme sus largos t&uacute;neles, acarici&eacute; con los dedos las baldosas blancas de sus paredes, a la vez que aspiraba ese aire espeso y caliente que siempre huele a currante, a estudiante, a turista mochilero, a <i>perroflauta</i> y, ¿c&oacute;mo no?, a loco.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tarareaba la canci&oacute;n <i>Avenida de la Luz,</i> dedicada al proyecto fallido de ciudad subterr&aacute;nea que naci&oacute; y muri&oacute; en estos mismos t&uacute;neles del centro de Barcelona y que tanto me recuerda a la historia de mi vida, tambi&eacute;n subterr&aacute;nea y algo fallida. Cuando Loquillo grita <i>¡Est&aacute;s solo, date cuenta!</i> o eso de <i>¡Tus problemas no importan a nadie!</i> se me ponen los pelos como escarpias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Por fin, sal&iacute; a la plaza de Catalu&ntilde;a surfeando sobre las olas plateadas de la escalera mec&aacute;nica que une las tripas enterradas y mal ventiladas de la ciudad con su carita tur&iacute;stica y bien maquillada del centro hist&oacute;rico. Y all&iacute;, desde el mism&iacute;simo centro de la plaza, vi gente con malet&iacute;n y mucha prisa que no ten&iacute;a ni idea de anarquismo; mimos sonrientes de cara blanca siguiendo a peatones para regocijo de mirones; ni&ntilde;os persiguiendo palomas, armados con migas de pan; grupos musicales callejeros homenajeando a grandes bandas de los setenta. y de fondo tambi&eacute;n vi la roja fachada de una innombrable hamburgueser&iacute;a yanqui que no voy a publicitar aqu&iacute;, en tan excelso y brillante relato sobre un servidor de ustedes. Supe que hab&iacute;a llegado a mi casa una vez m&aacute;s: la casa de los chiflados an&oacute;nimos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Segu&iacute; a los simp&aacute;ticos hare krisna que pasaban por all&iacute; regalando unos pastelitos deliciosos. A cambio s&oacute;lo me ped&iacute;an cantar con ellos aquello del "¡Hare, hare Krisna, Krisna hare, hare rama!". As&iacute; que enton&eacute; el himno a todo pulm&oacute;n. Cog&iacute;a pastelitos a dos manos sin parar y, al llegar a la altura de la estatua de Col&oacute;n, me di por almorzado. "¡Salud!", me desped&iacute; de mis nuevos amigos y les regal&eacute; una de mis sonrisas sinceras. Pero ¿sab&eacute;is qu&eacute; me emociona de verdad, amigos y amigas? Las Navidades. Son fechas muy importantes para m&iacute;. Por las reuniones familiares, tan imprescindibles para los que nos sentimos solos el resto del a&ntilde;o. Tambi&eacute;n por ver la cara de felicidad de mis dos sobrinos -ellos son lo m&aacute;s parecido a hijos que nunca tendr&eacute; y por eso los adoro-, o quiz&aacute; por tener la ocasi&oacute;n de hacer rabiar a mi hermana Nuria en la mesa, como cuando &eacute;ramos peque&ntilde;os y yo ni estaba loco ni ten&iacute;a diabetes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El mejor presente que yo podr&iacute;a hacer a todos en Navidad ser&iacute;a no montar ninguno de mis numeritos durante todas las fiestas. Mi familia estar&iacute;a orgullosa de m&iacute; y, la familia -como bien sabemos los locos cr&oacute;nicos-, suele ser como Rexona: la &uacute;nica que no te abandona. ¿Por qu&eacute;? ¡Porque no puede! Ya lo dice la Remei: "Te toca la familia que te toca y te tienes que aguantar toda la vida".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Estos &uacute;ltimos a&ntilde;os est&aacute;n siendo muy duros. Mis disparates con la bebida han agravado mi diabetes y tres d&eacute;cadas de medicaci&oacute;n me han frito el h&iacute;gado, el est&oacute;mago, el p&aacute;ncreas. La esquizofrenia, sin embargo, sigue igual. Tiene una salud de hierro, la hija de puta. Ni mejora ni empeora. Es mi eterna compa&ntilde;era. Sin embargo, mis ri&ntilde;ones no funcionan. Estoy con la mierda de la di&aacute;lisis. Me he hinchado como un globo, me encuentro fatal y no quiero que nadie me vea as&iacute;. La &uacute;ltima vez que mi primo, el escritorcete, vino con su familia a verme no sal&iacute; de mi habitaci&oacute;n. Fue en Collbat&oacute;, muy cerca de Montserrat, que es una monta&ntilde;a que he subido mil veces andando y escalando con amigos, o con mis padres, y por la que ahora no puedo apenas ni pasear sin asfixiarme por el esfuerzo. ¡Que se joda! Me refiero a mi primo, por lo de no salir de mi habitaci&oacute;n. Son privilegios que tenemos los locos y los anarquistas y no debemos perderlos. Nosotros no tenemos por qu&eacute; ce&ntilde;irnos a las convenciones sociales. ¿No nos mand&oacute; la estirada sociedad a tomar por saco tanto tiempo atr&aacute;s? ¡Pues ahora que no espere que acatemos sus normas!</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya no puedo apenas andar ni ir en metro en busca de emociones por el centro. Rafel me cuida con paciencia infinita y yo no se lo agradezco nunca. ¡Joder!, ¡si hasta me da masajes en los pies, el pobre! Dependo m&aacute;s de mis viejos que cuando era un beb&eacute;. Hoy he ingresado para mi &uacute;ltima di&aacute;lisis. S&eacute; que ser&aacute; la &uacute;ltima desde antes de ir. Llegan los problemas al poco de ingresar y no me dejan volver a casa. No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo pasa. Supongo que llevo varios d&iacute;as aqu&iacute;. Padres, hermana, t&iacute;os. rondan todos por la habitaci&oacute;n. Cuchichean, me ponen buena cara, yo le pido un porro a la enfermera y ella sonr&iacute;e picarona. "Esto no te entra en la Seguridad Social, Carlitos", me suelta la muy insolidaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Supongo que se acerca el anhelado final. Es noche cerrada, pero jam&aacute;s vi tan claro. Me asaltan recuerdos que se reflejan en la bolsa del gotero como en una improvisada pantalla de cine. Tartas blancas de cumplea&ntilde;os, compartidas con mis primos en fiestas familiares; roscones de Reyes con diminutas sorpresas de porcelana que, por obra de la Remei, siempre nos sal&iacute;an a mi hermana o a m&iacute; como valiosos tesoros envueltos en papel de aluminio; im&aacute;genes de juegos infantiles con mis compa&ntilde;eros en el recreo del colegio; villancicos de Navidad cantados a cambio de propinas de padres y abuelos; d&iacute;as de playa en la Costa Brava con amigos, tost&aacute;ndonos la piel sin cremas protectoras, que eso era cosa de nenas; excursiones a monta&ntilde;as nevadas con mis padres, durmiendo en refugios y albergues; peleas y reconciliaciones con mi hermana; banquetes de comuni&oacute;n con mis sobrinos Oriol y Laia vestidos de manera impecable y... ¡tantos otros recuerdos hermosos! Resuelvo que, a veces, he sido feliz y no puedo evitar sonre&iacute;r en un momento tan serio y es que. soy muy raro para todo, aunque creo que ser&aacute; bueno re&iacute;rse del t&iacute;o feo de la guada&ntilde;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es el d&iacute;a ocho del mes seis del a&ntilde;o dos mil ocho despu&eacute;s de Cristo. Tengo cuarenta y ocho tacos y quince d&iacute;as. Quiero descansar de una puta vez. No quiero m&aacute;s dolor, ya he sufrido bastante. Por cierto, si hay un cielo para los locos anarquistas y otro para los diab&eacute;ticos cr&oacute;nicos, ¿a cu&aacute;l voy? Al que no haya di&aacute;lisis, por supuesto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuerdos del mundo, un consejo os doy: ¡compraos tabaco de una puta vez! Porque el menda ya no compra ni un paquete m&aacute;s. Y si alg&uacute;n d&iacute;a mi primo, el escritor gorr&oacute;n de cigarrillos rubios, me comprende, describir&aacute; mi vida como un prometedor proyecto de vida adulta, inacabado por la locura, la diabetes, el alcoholismo y la mala suerte. Mi muerte que la describa como el descanso de mis seres queridos y la paz de mi maltrecho cuerpo. Si el pobre no me comprende. bueno, pues que lo haga lo mejor que pueda y que se equivoque en los hechos todo lo que haga falta, como yo lo he hecho toda mi vida. Pero, sobre todo, que me recuerde unos segundos cada d&iacute;a y no deje de hablar de m&iacute;, porque as&iacute;, de alguna manera, estar&eacute; aqu&iacute; con todos vosotros. Que hable de Karles, ni m&aacute;s ni menos. Una buena persona que no encontr&oacute; su sitio en este perro mundo pero que jam&aacute;s hizo da&ntilde;o a nadie a prop&oacute;sito, y eso ya es mucho decir en estos tiempos tan locos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; que ya lo sab&eacute;is, colegas, ¡anarquismo o muerte! Hoy toca muerte, y yo, como comprender&eacute;is, no tengo ni humor ni cuerpo para salir huyendo, as&iacute; que, amigos y amigas: ¡salud! Y nos vemos en el cielo.</font></p>      ]]></body>
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