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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reflexiones nerviosas: olvidados por el DSM-5]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>M&Aacute;RGENES DE LA PSIQUIATR&Iacute;A Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Reflexiones nerviosas. Olvidados por el DSM-5</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Nervous reflections. Forgotten by DSM-5</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Juan Medrano</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&eacute;dico psiquiatra. Red de Salud Mental de Bizkaia. <i><a href="mailto:oban@telefonica.net">oban@telefonica.net</a></i></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En breve se cumplir&aacute; el primer aniversario de la presentaci&oacute;n en sociedad de la quinta edici&oacute;n del cat&aacute;logo nosol&oacute;gico de la Asociaci&oacute;n Americana de Psiquiatr&iacute;a. El DSM-5 ha sido muy cuestionado y se le recibido con aceradas cr&iacute;ticas, a veces interesadas. Se le reprocha su omnicomprensividad; la desaparici&oacute;n de la exclusi&oacute;n de duelo para diagnosticar depresi&oacute;n mayor; la entrada definitiva en el mundo de la patolog&iacute;a del s&iacute;ndrome premenstrual; la consagraci&oacute;n de entidades muy lim&iacute;trofes con la normalidad ps&iacute;quica, como el de trastorno neurocognitivo menor; o un concepto y definici&oacute;n de trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n que va a conseguir hacer todav&iacute;a m&aacute;s <i>popular</i> el diagn&oacute;stico. Para quien quiera darse el gustazo de leer una cr&iacute;tica autorizada, cabe destacar la de Allen Frances, chairperson del DSM-IV (1).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero por mucho que los critiquemos, hay que reconocer que los cat&aacute;logos de la APA, como todo lo que viene de allende el Atl&aacute;ntico en materia psiqui&aacute;trica, crean tendencia, as&iacute; que es de imaginar que a no mucho tardar los boronitos europeos que nos dedicamos a estas cosas de los nervios y de la salud mental andaremos recitando de corrida las innovaciones del DSM-5 como un dogma incontrovertible, como una verdad aut&eacute;ntica y cierta y absoluta y cient&iacute;fica, y veremos de pronto natural que desaparezcan los subtipos de esquizofrenia; la discreta retirada de la exigencia de que las ideas delirantes sean falsas; la individualizaci&oacute;n del trastorno obsesivo - compulsivo, que como el estr&eacute;s postraum&aacute;tico se desanexiona de los trastornos de ansiedad; la introducci&oacute;n del trastorno por acaparamiento; la redefinici&oacute;n de los trastornos generalizados del desarrollo (que pasan a ser trastornos del espectro autista); o la reconceptualizaci&oacute;n de la discapacidad intelectual evitando referencias psicom&eacute;tricas a sus niveles y subtipos. Bueno, creo que esto es lo m&aacute;s sustancial, que recuerde, porque he de reconocer que no consigo encontrar el breviario en castellano de la obra, del que dispongo hace algo m&aacute;s de un mes, pero que es imposible encontrar en el desorden f&iacute;sico y metaf&iacute;sico del infrascrito (o m&aacute;s bien suprascrito, vista la maquetaci&oacute;n de esta secci&oacute;n).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La lamentable desaparici&oacute;n de mi breviario me impide comprobar si, como me atrevo a conjeturar, el DSM-5 persevera en el expansionismo nosol&oacute;gico de sus predecesores. Seg&uacute;n David Healy (2), que al parecer ha tenido la paciencia de ponerse a contarlos, en 1968, el DSM-II distingu&iacute;a 180 trastornos mentales, que para 1987 (DSM-III-R) hab&iacute;an crecido hasta los 292, registro pulverizado en 1994 con los m&aacute;s de 350 TM del DSM-IV. Por desgracia, la descripci&oacute;n de la progresi&oacute;n es incompleta, porque Healy no incluy&oacute; al DSM-TR, que introdujo alguna variante m&aacute;s, como la demencia con trastornos de conducta (chocantemente no recogida hasta entonces, a pesar de que posiblemente sea, al menos en nuestro medio, la principal causa de intervenci&oacute;n psiqui&aacute;trica en la demencia). Para confirmar si el recauchutado en 2000 del DSM-IV incorpora m&aacute;s trastornos, el suprascrito (esta vez me ha salido a la primera) deber&iacute;a haber comprobado cu&aacute;ntos trastornos aparecen en el DSM-IV-TR, pero -lo que son las cosas-le da mucha pereza.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cierto es que la cuasib&iacute;blica multiplicaci&oacute;n de diagn&oacute;sticos se debe en buena parte a la descripci&oacute;n e incorporaci&oacute;n de variantes sintom&aacute;ticas y evolutivas de trastornos mentales previamente descritos. Pero no lo es menos que hay que hacer algunas consideraciones. El concepto de enfermedad mental grave se ha estrechado con las progresivas ediciones de los DSM, ya que en sentido estricto, para diagnosticar entidades de tal carga psicopatol&oacute;gica como la demencia, la esquizofrenia, la man&iacute;a o la depresi&oacute;n, no basta con la existencia de los s&iacute;ntomas, sino que ha de constatarse adem&aacute;s una repercusi&oacute;n sobre la capacidad funcional del individuo. En segundo lugar, y aunque seguramente es poco relevante desde el punto de vista de la masa nosol&oacute;gica, al mismo tiempo que los DSM han incorporado nuevas categor&iacute;as diagn&oacute;sticas han expurgado otras: el ejemplo m&aacute;s evidente es la homosexualidad. Y, por &uacute;ltimo (<i>last but not least</i>) debe destacarse que el crecimiento de los DSM (y el progresivo incremento del grosor de sus tratados) se ha producido en buena medida gracias a una prolijidad nosol&oacute;gica en el &aacute;mbito de la Salud Mental menos pesada, m&aacute;s alejada de la Psiquiatr&iacute;a cl&aacute;sica, m&aacute;s lindante con la Psicolog&iacute;a (que no Psicopatolog&iacute;a) de la Vida Cotidiana y, en cierta medida -dicho sea con todo el reconocimiento del sufrimiento que acarrea- m&aacute;s trivial. Tan es as&iacute; que algunos malpensados ven en ello una sinergia con los intereses de la industria farmac&eacute;utica: en una &eacute;poca en la que la terap&eacute;utica gravita sobre la botica, la ampliaci&oacute;n del concepto de enfermedad hasta invadir lo que anta&ntilde;o era vida ps&iacute;quica normal permite aumentar el n&uacute;mero de <i>beneficiarios</i> del abordaje farmacol&oacute;gico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero por mucho que se critique al DSM-5, en su expansionismo nosol&oacute;gico se ha dejado algunas posibilidades para extender el &aacute;mbito de la actividad saludmental&oacute;loga, algo que a uno le sume en un profundo estupor. En la confianza de que en ulteriores ediciones del DSM la APA aproveche estos cuadros para ampliar su cat&aacute;logo, dedicaremos este espacio para repasar algunas posibilidades de incorporaciones futuras, esperando que los dirigentes de la citada asociaci&oacute;n (que, me consta, siguen con inter&eacute;s esta publicaci&oacute;n) tomen buena nota de todas ellas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por ejemplo, pensemos en la <b>paruresis</b>, o incapacidad para orinar o defecar en urinarios p&uacute;blicos, en especial si hay personas alrededor. Debe decirse que, como en toda discusi&oacute;n cient&iacute;fica que se precie, no hay acuerdo entre los estudiosos de la cuesti&oacute;n, ya que hay autores que consideran que el t&eacute;rmino paruresis ha de reservarse para el temor o incapacidad de orinar en aseos y mingitorios p&uacute;blicos, en tanto que para el cuadro an&aacute;logo referido a la defecaci&oacute;n ha de reservarse el t&eacute;rmino <i>parcopresis</i> (3). Seg&uacute;n los activistas de la <i>International Paruresis Association</i> (IPA; sitio web en: <a href="http://www.paruresis.org/" target="_blank">http://www.paruresis.org/</a>), este problema, denominado tambi&eacute;n con t&eacute;rminos tan descriptivos y posiblemente desafortunados como <i>"vejiga t&iacute;mida", "vejiga vergonzosa</i>" o incluso <i>"timidez vesical</i>", afecta en sus formas m&aacute;s discapacitantes a entre uno y dos millones de estadounidenses, mientras que otros 15 millones son "parur&eacute;ticos de bajo nivel" y presentan formas "frustras" del trastorno. En total, nada menos que el 5% de la poblaci&oacute;n, que no es poco.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La paruresis se considera la segunda forma m&aacute;s frecuente de fobia social, tras la fobia a hablar en p&uacute;blico y por delante de la ereutofobia o temor a sonrojarse igualmente en p&uacute;blico. Lo f&oacute;bicosocial, en este caso, tiene que ver con el temor a ser contemplado orinando o defecando o a hacerse notar en este tipo de actuaciones por medio de los fen&oacute;menos ac&uacute;sticos u olfativos que las acompa&ntilde;an. Las personas afectadas llegan a ser incapaces de evacuar en cualquier lugar que no sea el excusado de su propio domicilio, y por este motivo tienen grandes dificultades para cualquier actividad que implique alejarse de &eacute;l durante varias horas. Les resulta imposible trabajar en jornadas prolongadas, viajar incluso a lugares relativamente pr&oacute;ximos, o disfrutar de toda actividad de ocio que se desarrolle lejos de casa o cuya duraci&oacute;n exceda el tiempo que pueden contener la orina. Tambi&eacute;n puede ser paur&eacute;tica la dificultad para la micci&oacute;n que algunas personas experimentan cuando se les requieren muestras de orina para control de t&oacute;xicos en centros de tratamiento de drogodependencias o en competiciones deportivas. Las repercusiones del problema llegan a ser serias: inestabilidad laboral, inseguridad econ&oacute;mica, profundo malestar psicol&oacute;gico o conflictos familiares por la negativa del parur&eacute;tico a salir de vacaciones, muchas veces no explicada por verg&uuml;enza. No faltan tampoco las complicaciones urol&oacute;gicas, como infecciones urinarias por estasis, incontinencia por rebosamiento y otras.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La IPA estima que la prevalencia que apuntan en los EEUU se puede generalizar a todo el mundo, y es posible que muchos ciudadanos est&eacute;n afectados por un problema sin conocer que hay quien lo viene ya tratando y conceptualizando en t&eacute;rminos m&eacute;dicos. Una pormenorizada revisi&oacute;n realizada en nuestro medio (4), habla en detalle de las dificultades que han de afrontar los afectados por el cuadro y de lo que el autor llama "la salida del armario de la comunidad parur&eacute;tica", lo que da idea de la extensi&oacute;n del cuadro. Sin embargo, nos conf&iacute;a un detalle que hace pensar que el fen&oacute;meno es menos frecuente en nuestros lares. Al parecer, en los EEUU, por mera laxitud normativa, es habitual que los urinarios p&uacute;blicos sean colectivos, con largas hileras de mingitorios verticales, sin las separaciones individuales t&iacute;picas en nuestro medio. Tambi&eacute;n nos cuentan que en ese amplio pa&iacute;s la legislaci&oacute;n no obliga a que las puertas de las cabinas de retretes sean de techo a suelo, por lo que quien est&aacute; haciendo uso de la taza sabe que desde el exterior le pueden ver las piernas imp&uacute;dicamente descubiertas, con los pantalones o las faldas plegados. Y adem&aacute;s, y sin duda con m&aacute;s poder fob&oacute;geno, es consciente de que cuando se incorpore, una vez concluida la tarea evacuatoria, se le puede ver la cara. El poder fob&oacute;geno del dise&ntilde;o de los urinarios y retretes p&uacute;blicos eeuuense es tan alto que los autores de la IPA destacan que para los parur&eacute;ticos norteamericanos es un enorme alivio viajar a (y orinar en) Europa, donde los encuentran m&aacute;s privacidad. La <i>timidez vesical,</i> por lo tanto, es un ejemplo m&aacute;s de cuadro psiqui&aacute;trico en el que se combina la susceptibilidad o disposici&oacute;n individual con la capacidad moduladora y modeladora del ambiente. Tambi&eacute;n nos enteramos por un art&iacute;culo, firmado por el presidente de la IPA, sobre la evoluci&oacute;n del cuarto de ba&ntilde;o y sus implicaciones para la paruresis, de que el cuadro apareci&oacute; hace relativamente poco tiempo, unos trescientos a&ntilde;os, cuando la micci&oacute;n y la defecaci&oacute;n pasaron a ser actos &iacute;ntimos y privados (5). En definitiva, pues, se trata de un fen&oacute;meno con condicionantes sociales, culturales e hist&oacute;ricos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Algunos parur&eacute;ticos dise&ntilde;an estrategias para mitigar las repercusiones de su problema. Hay personas que elaboran un aut&eacute;ntico mapa mental de los v&aacute;teres de confianza, y s&oacute;lo se aventuran a deambular o trabajar por los lugares pr&oacute;ximos a estos excusados. Otros individuos, incapaces de usar un retrete que no sea el suyo propio, seleccionan los lugares (siempre cercanos) hasta los que pueden desplazarse sin temor a que les llegue a oprimir la necesidad de orinar y defecar; en otras palabras, llegan a estar condicionados por lo que, por analog&iacute;a con las aeronaves, podr&iacute;amos llamar autonom&iacute;a esfinteriana. Los hay que evitan todo v&aacute;ter en el que no existan cabinas "de puerta a suelo y techo" que confieran la necesaria privacidad a la evacuaci&oacute;n y otros, casos m&aacute;s extremos, utilizan kits de cateterizaci&oacute;n y bolsas de orina que les permiten no tener que acudir a ning&uacute;n v&aacute;ter. Hay quien usa t&eacute;cnicas simples pero efectivas, como dar a la bomba mientras orina (apagando los ruidos de diverso matiz y origen que el orinante puede producir en la evacuaci&oacute;n) y no faltan quienes recurren a un <i>'"pee buddy</i>" (un compa&ntilde;ero de meada, con perd&oacute;n) contraf&oacute;bico. Qui&eacute;n sabe si la costumbre ampliamente extendida en la poblaci&oacute;n femenina de ir a los servicios en cuadrilla no es m&aacute;s que una estrategia para afrontar una paruresis m&aacute;s generalizada de lo que suponemos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otro cuadro peculiarmente extendido es la <b>Rinotiloexomania,</b> t&eacute;rmino propuesto en un primer trabajo (6), seminal, sobre el tema, publicado por Jefferson y Thompson en 1995. Tan se&ntilde;era aportaci&oacute;n recordaba que algunas conductas que en su d&iacute;a no fueron consideradas m&aacute;s que h&aacute;bitos inadecuados y groseros, como la onicofagia o la tricotiloman&iacute;a, han merecido con el paso del tiempo la categor&iacute;a de s&iacute;ntomas o incluso trastornos psiqui&aacute;tricos. En esta l&iacute;nea suger&iacute;a que las prospecciones nasales, aunque no suelen pasar de ser una pr&aacute;ctica tan habitual como benigna (a <i>common benign practice,</i> dec&iacute;an nuestros investigadores), podr&iacute;an ser a veces un problema psiqui&aacute;trico, por ocupar excesivo tiempo, dar lugar a situaciones socialmente comprometedoras o generar problemas f&iacute;sicos secundarios. Jefferson y Thompson, de hecho, comunicaban los resultados de un cuestionario desarrollado al efecto que remitieron a 1000 ciudadanos de su comunidad elegidos al azar. S&oacute;lo lo devolvieron 254 sujetos, por lo que con una tasa de respuesta de poco m&aacute;s del 25% cabe preguntarse si los resultados son representativos. Sea como fuere, hay varios aspectos que llaman poderosamente la atenci&oacute;n. En primer lugar, parece que las prospecciones nasales son una pr&aacute;ctica generalizada, ya que de entre quienes respondieron un 91% confesaba que acostumbraba a meterse el dedo en la nariz. Ahora bien, no todos los espele&oacute;logos nasales consideraban que lo suyo era compartido por toda la poblaci&oacute;n, puesto que s&oacute;lo el 75% ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que se trate de un h&aacute;bito extendido. Tambi&eacute;n sorprende que quienes contestaron eran capaces de definir con gran precisi&oacute;n su h&aacute;bito en materia de frecuencia, t&eacute;cnica y efectos colaterales. As&iacute;, tres personas afirmaron que se met&iacute;an el dedo en la nariz al menos una vez cada hora y dos sujetos aseguraron que invert&iacute;an entre 15 y 30 minutos cada d&iacute;a en estas tareas, lo que no es nada comparado con las dos horas diarias que entregaba a tales menesteres otro individuo. Dos personas confesaron que hab&iacute;an llegado a producirse perforaciones del tabique. Entre las conductas asociadas destacan arrancarse padrastros y cut&iacute;culas (25%), pellizcarse granos (20%), morderse las u&ntilde;as (18%) y arrancarse el pelo (6%), lo que demuestra que la rinotiloexoman&iacute;a se asocia a lo que en ingl&eacute;s se llaman <i>grooming disorders</i> o trastornos de acicalamiento, alguno de los cuales, como la tricotiloman&iacute;a o el trastorno por excoriaci&oacute;n (o reventado compulsivo de granos, en castizo), han sido ubicados por el DSM-5 en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). ¿Ser&aacute; cuesti&oacute;n de ubicar en el DSM-6 a la rinotiloexoman&iacute;a en el TOC? ¿O tal vez mejor individualizamos, a la luz de la comorbilidad, un espectro acicalador o incluso un trastorno &uacute;nico por acicalamiento?. Por cierto, que se ha propuesto el tratamiento de este grupo de trastornos con N-acetil ciste&iacute;na (6), producto que en el caso de la rinotiloexoman&iacute;a tendr&iacute;a un mecanismo de acci&oacute;n dual al tratarse de un mucol&iacute;tico. Otros datos de inter&eacute;s desvelados por nuestros estudiosos: el dedo m&aacute;s utilizado para llevar a cabo esta tarea era el &iacute;ndice (65.1%), seguido del me&ntilde;ique (20.2%) y el pulgar (16.4%) (cabe suponer que quienes emplean este dedo han de tener amplios orificios nasales). Una vez extra&iacute;do el trofeo, la mayor parte de los sujetos acostumbraba a examinarlo antes de emplastarlo en un pa&ntilde;uelo (90.3%), tirarlo al suelo (28.6%), pegarlo a alg&uacute;n mueble (7.6%) o, simplemente, comerlo (8.0%), datos todos ellos merecedores de la secci&oacute;n de caracter&iacute;sticas descriptivas y trastornos mentales asociados del DSM. Parte del camino para integrarse en el cat&aacute;logo de la APA, ya lo tiene recorrido la rinotiloexoman&iacute;a.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Una segunda aportaci&oacute;n, de los investigadores indios Andrade y Srihari (8), alcanz&oacute; una mayor notoriedad al ser galardonada con el IgNobel de Salud P&uacute;blica de 2001.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para quien no los conozca, estos premios son una parodia del Premio Nobel y se entregan cada a&ntilde;o por logros cient&iacute;ficos que "primero hacen re&iacute;r a la gente, y luego le hacen pensar". Organizada por la revista de humor cient&iacute;fico <i>Annals of Improbable Research,</i> la entrega de los premios tiene lugar en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard y la realiza un grupo de personas entre las que figuran aut&eacute;nticos Premios Nobel. Los premios, seg&uacute;n sus creadores, pretenden celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo y estimular el inter&eacute;s de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnolog&iacute;a. Pues bien, el trabajo sobre rinotiloexoman&iacute;a merecedor del ambiguo galard&oacute;n se llev&oacute; a cabo en una muestra de 200 adolescentes de Bangalore. Seg&uacute;n los autores, la decisi&oacute;n de sondear el fen&oacute;meno en adolescentes se debi&oacute; a que las conductas habituales (repetitivas, m&aacute;s o menos estereotipadas) son habituales a esa edad. Tambi&eacute;n se&ntilde;alaban que los centros en los que hab&iacute;an llevado a cabo el estudio cubr&iacute;an todo el espectro social, con lo que la prevalencia obtenida podr&iacute;a considerarse global, y no sesgada por factores socioecon&oacute;micos. Para su experiencia, Andrade y Srihari dise&ntilde;aron un cuestionario recogido en el art&iacute;culo, con 25 preguntas referidas a la miner&iacute;a nasal y a pr&aacute;cticas afines. Preocupados por el riesgo de que los probandos echaran a perder el estudio con las respuestas vacilonas esperables en la adolescencia, los autores incluyeron como "marcador" de sinceridad la siguiente pregunta: <i>¿Comes a veces la materia nasal que te sacas?.</i> En su opini&oacute;n, quien contestase afirmativamente era un guas&oacute;n y deber&iacute;a ser excluido de la lista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sometieron a sus resultados a un cumplido tratamiento estad&iacute;stico, gracias al cual sabemos que la media de exploraciones nasales de la muestra ascend&iacute;a a 8.4, con una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar de 13.6; la mediana era 4 y la moda 2; un 31.8% de los encuestados se escarbaba la nariz m&aacute;s de 5 veces al d&iacute;a; un 15.3%, m&aacute;s de 10, y un 7.6%, m&aacute;s de 20 (por lo que sorprendentemente m&aacute;s del 50% pod&iacute;an cuantificar con bastante precisi&oacute;n el n&uacute;mero de veces que se met&iacute;an el dedo en la nariz a lo largo del d&iacute;a). Tambi&eacute;n es llamativo que solo 7 (3.5%) individuos no se metieran nunca el dedo en la nariz, lo que indica que entre los adolescentes de Bangalore la espeleolog&iacute;a nasal es m&aacute;s frecuente que en la poblaci&oacute;n general de un condado de Wisconsin, dato &eacute;ste que merece un cuidadoso an&aacute;lisis por expertos en Psiquiatr&iacute;a Transcultural y Trans-etaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Cu&aacute;les son los motivos para hacerse sondeos nasales? Los adolescentes de Bangalore aportan unos motivos m&aacute;s variados que los habitantes de Wisconsin. El m&aacute;s frecuentemente invocado fue la higiene personal, seguido de la liberaci&oacute;n del conducto nasal y la necesidad de eliminar barricadas nasales. En cuanto a la opini&oacute;n de los encuestados acerca de su h&aacute;bito, aunque el 46.7 % pensaba que es una conducta generalizada, casi el 60% lo enjuiciaba desfavorablemente. Esto supone que hay un cierto solapamiento (no cuantificado en el estudio) de personas (tal vez mis&aacute;ntropos) que consideran que las excavaciones nasales son al mismo tiempo comunes y deplorables. Tambi&eacute;n se inquiri&oacute; sobre la asociaci&oacute;n con conductas obsesivoides en el terreno de juego dermatol&oacute;gico, resultando que eran comunes la onicofagia (47%), el rascado y expresi&oacute;n de granos (23%) y la tricotiloman&iacute;a (12.5%); de haber escrito su trabajo unos pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde los autores podr&iacute;an haber propuesto la existencia del Trastorno de Espectro Acicalador al que nos refer&iacute;amos m&aacute;s arriba. M&aacute;s de la mitad de la muestra presentaba al mismo tiempo dos de las cuatro (incluyendo la exploraci&oacute;n y liberaci&oacute;n de los t&uacute;neles nasales), y hasta un 11% reconoc&iacute;an que sus allegados les hab&iacute;an dicho que su persistencia en estos h&aacute;bitos merecer&iacute;a atenci&oacute;n psiqui&aacute;trica. S&oacute;lo 9 (4.5%) de los sujetos reconoc&iacute;an ingerir el trofeo, pero dado que sus restantes respuestas no se desviaban del patr&oacute;n general, los autores decidieron que no eran unos vacilones y optaron por considerarlos moc&oacute;fagos sinceros. Por sexos, los varones ten&iacute;an una mayor afici&oacute;n a los rastreos nasales, eran m&aacute;s exhibicionistas (se hurgaban la nariz en p&uacute;blico con mayor frecuencia), ten&iacute;an episodios de ep&iacute;staxis por rascado con mayor asiduidad que las mujeres y tend&iacute;an a enjuiciar con mayor severidad que las mujeres su conducta exploradora de los conductos nasales. Quienes reconoc&iacute;an tener un problema o dec&iacute;an que se lo hab&iacute;a hecho notar su entorno no difer&iacute;an en el patr&oacute;n prospectivo nasal del resto de la muestra (no se met&iacute;an m&aacute;s el dedo en la nariz, ni eran m&aacute;s exhibicionistas), en cierta sinton&iacute;a con la percepci&oacute;n por algunos sujetos de que el h&aacute;bito es al mismo tiempo frecuente y condenable.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la discusi&oacute;n, Andrade y Srihari nos describen la comorbilidad de la rinotiloexoman&iacute;a. Seg&uacute;n la bibliograf&iacute;a se asocia al Alzheimer de inicio tard&iacute;o, a la onicofagia, a la tricotiloman&iacute;a y a al TOC. Y en cuanto al tratamiento farmacol&oacute;gico nos cuentan un caso extremo en el que se us&oacute; un ISRS (faltar&iacute;a m&aacute;s) con resultado favorable.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s sutil etimol&oacute;gicamente es la <b><i>veisalgia</i></b> un fen&oacute;meno cl&iacute;nico que en realidad resulta extraordinariamente ubicuo en nuestra sociedad y que, si atendemos a los doctores Wiese y asociados (9), autores de una seminal revisi&oacute;n sobre el problema, esconde un fen&oacute;meno de grav&iacute;simas consecuencias sanitarias y sociolaborales. Nos referimos a la humilde y ampliamente conocida en la poblaci&oacute;n -por experimentada- resaca o clavo consecutivo a intoxicaci&oacute;n en&oacute;lica. El vocablo veisalgia, de oscura autor&iacute;a, est&aacute; construida con "algia", del griego, cuyo significado no creemos necesario recordar, y -esto es para nota- "kveis", una palabra que nada menos que en noruego quiere decir algo as&iacute; como "desasosiego tras la intemperancia y entrega a la sensualidad excesiva"; m&aacute;s castizamente podr&iacute;amos decir que es el "malestar que te queda despu&eacute;s de pasarte siete pueblos, una comarca y dos partidos judiciales". Nos hallamos, pues, ante un notable ejemplo de mestizaje etimol&oacute;gico (y antropol&oacute;gico) que a&uacute;na la idea griega de dolor y la vikinga de clavo en un palabro, que tal vez encuentre el lector o lectora m&aacute;s en crucigramas de Oc&oacute;n de Oro que en la bibliograf&iacute;a al uso, pero que designa un cuadro que, como recuerdan Wiese y sus colaboradores, es dif&iacute;cil de definir, aunque muy reconocible e identificable. La constelaci&oacute;n sintom&aacute;tica de la veisalgia incluye cefalea, malestar general, diarrea, anorexia, na&uacute;seas y fatiga como elementos m&aacute;s notables, pero tambi&eacute;n puede observarse taquicardia, temblor, ortostatismo e incluso disminuci&oacute;n del rendimiento cognitivo y de las habilidades visuoespaciales. Lo elusivo del concepto y la enorme carga subjetiva (sintom&aacute;tica) del mismo hace que los autores de la revisi&oacute;n opten por diagnosticar veisalgia siempre que despu&eacute;s del consumo de alcohol y su metabolismo completo aparezcan menos dos de los primeros siete elementos rese&ntilde;ados, con una intensidad tal que afecte a la funcionalidad del individuo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y un apunte especial: la veisalgia es la principal repercusi&oacute;n sociolaboral del alcohol. Sus costes salariales y productivos son muy superiores a los del alcoholismo cr&oacute;nico, lo que teniendo en cuenta que el cuadro afecta sobre todo a bebedores ligeros y moderados nos lleva a la chocante conclusi&oacute;n de que desde el punto de vista estrictamente socioecon&oacute;mico y laboral es mucho m&aacute;s da&ntilde;ina la embriaguez ocasional con clavo que la dependencia del alcohol. Y a&uacute;n m&aacute;s: los fen&oacute;menos cognitivos y conductuales integrantes o derivados de la veisalgia tienen importantes implicaciones para el bienestar del individuo, ya que pueden limitar su capacidad de conducir veh&iacute;culos o manejar maquinaria y modificar su estado de &aacute;nimo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ha de notarse que una veisalgia propiamente dicha aparece tras la metabolizaci&oacute;n del alcohol ingerido, por lo que no es un efecto directo de la intoxicaci&oacute;n. Tampoco es, a pesar de que se ha definido as&iacute;, una especie de fase precoz del s&iacute;ndrome de deprivaci&oacute;n de alcohol, del que difiere en aspectos fenomenol&oacute;gicos, neurofisiol&oacute;gicos o bioqu&iacute;micos. En realidad la veisalgia es algo as&iacute; como el poso que dejan en el organismo o bien el efecto del alcohol sobre los sistemas homeost&aacute;ticos, o bien sus metabolitos, o bien sus acompa&ntilde;antes. Una de las acciones m&aacute;s notables del etanol es que potencia la diuresis a trav&eacute;s de la reducci&oacute;n de la ADH; es este el motivo por el que cuanto m&aacute;s alcohol se bebe m&aacute;s se orina, incluso por encima de lo que cabr&iacute;a esperar en funci&oacute;n del volumen ingerido. La consecuencia es que a mayor ingesta, menor concentraci&oacute;n de ADH, mayor diuresis durante la libaci&oacute;n, mayor deshidrataci&oacute;n posterior y mayor intensidad del clavo. Otra hip&oacute;tesis relaciona la veisalgia con acetaldeh&iacute;do, conocido metabolito intermedio del alcohol. Por &uacute;ltimo, hay que recordar que desde un punto de vista farmacol&oacute;gico las bebidas en&oacute;licas son elixires o soluciones alcoh&oacute;licas en las que existen "a&ntilde;adidos" o <i>"cong&eacute;neres</i>" que parecen tener mucho que ver en la fisiopatolog&iacute;a del cuadro. De hecho, a igualdad cantidad de etanol ingerida, las bebidas "claras", como el vodka, la ginebra o el ron blanco dejan menos clavo que las "oscuras", como el brandy, el whisky o el vino, m&aacute;s ricos en "cong&eacute;neres" o solutos a&ntilde;adidos, todos los cuales bien pueden enredar a sus anchas en el organismo del libador hasta generar el cortejo veis&aacute;lgico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Est&aacute; por determinar el mecanismo exacto por el que se produce la veisalgia, pero se sospecha la participaci&oacute;n de mecanismos inflamatorios y la implicaci&oacute;n de las citoquinas, algo que no debe extra&ntilde;arnos por dos motivos: el primero es que tanto el etanol como sus <i>"cong&eacute;neres</i>" son capaces de poner en marcha cascadas inflamatorias en las que participan estas simp&aacute;ticas mol&eacute;culas; el segundo, que desde hace unos cuantos a&ntilde;os ninguna hip&oacute;tesis neuroqu&iacute;mica o neurofisiol&oacute;gica que pretenda asentarse olvida a los mecanismos inflamatorios y las citoquinas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El abordaje de la veisalgia tiene una doble vertiente. Por un lado, hay medidas que podr&iacute;amos llamar preventivas e higi&eacute;nicas, como evitar un consumo excesivo de alcohol, nutrirse e hidratarse debidamente, dormir y evitar una actividad f&iacute;sica excesiva (de donde se deduce que una ingesta excesiva de bebidas "oscuras" a ritmo discotequero es garant&iacute;a segura de clavo). Y en cuanto a las medidas farmacol&oacute;gicas se han ensayado varias, ya sea con car&aacute;cter profil&aacute;ctico o curativo y con &eacute;xito desigual. La modesta pero siempre eficaz piridoxina o vitamina B<sub>6</sub> es &uacute;til si se toma antes, durante y despu&eacute;s de la ingesta en&oacute;lica. Los AINEs (con menci&oacute;n especial al &aacute;cido telfen&aacute;mico, no disponible en nuestro mercado) reducen la intensidad de la veisalgia, lo cual valida en cierto modo la teor&iacute;a inflamatoria del cuadro. Menci&oacute;n especial merecen los remedios herbales y hort&iacute;colas, ampliamente divulgados en Internet. La supuesta efectividad de la alcachofa y sus derivados tendr&iacute;a que ver con su capacidad antioxidante; sin embargo, en un ensayo cl&iacute;nico aleatorizado no pudo demostrarse que redujera la intensidad de la resaca (10), lo que no debe extra&ntilde;arnos mucho a la vista de que las teor&iacute;as oxidativas est&aacute;n un tanto de capa ca&iacute;da en el ranking de las hip&oacute;tesis omniexplicativas. A&ntilde;os despu&eacute;s de su revisi&oacute;n sobre el clavo, el propio Wiese y colaboradores publicaron los resultados de un ensayo cl&iacute;nico realizado igualmente siguiendo los c&aacute;nones de la ciencia m&aacute;s cient&iacute;fica (11), en el que pudieron comprobar que el extracto de chumbera <i>(Opuntia ficus indica)</i> reduce discreta pero notoriamente los s&iacute;ntomas de la veisalgia. A rebufo de la hip&oacute;tesis estrella en estos momentos, los autores relacionan el efecto beneficioso del extracto con su capacidad moduladora de los mecanismos inflamatorios. Otra cuesti&oacute;n es que en el extracto de una planta existir&aacute; necesariamente un batiburrillo de mol&eacute;culas cada una con su acci&oacute;n (no siempre beneficiosa), por lo que consumir la chumbera no es m&aacute;s que otra forma de polifarmacia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Existe incluso una forma extrema de veisalgia que se articula en s&iacute;ntomas disociativos y en trastornos conductuales que por analog&iacute;a con la borrachera patol&oacute;gica podr&iacute;amos llamar <i>"resaca patol&oacute;gica".</i> Los estudiosos del tema lo llaman <i>S&iacute;ndrome de Elpenor,</i> en recuerdo a un compa&ntilde;ero de Ulises que en una resaca muri&oacute; al saltar confuso desde un tejado. No obstante, la bibliograf&iacute;a sobre la cuesti&oacute;n es oscura, toda vez que otros autores se refieren a este s&iacute;ndrome como despertar confusional <i>(Schlaftrunkenheit)</i> o embriaguez del sue&ntilde;o (<i>ivresse du sommeil</i>), con lo que su fisiopatolog&iacute;a no ser&iacute;a en realidad veis&aacute;lgica, sino relacionada con anomal&iacute;as producidas por el alcohol en la estructura y calidad del sue&ntilde;o (12).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No queda aqu&iacute; la cosa. Hay una amplia y rica gama de candidatos a ser considerados cuadros psiqui&aacute;tricos, con mayor o menor impacto sobre el individuo y la sociedad. De algunos tenemos ya cumplida referencia, como sucede con la compra compulsiva o las adicciones a las nuevas tecnolog&iacute;as, redes sociales, etc. Otras tienen un cierto toque puritano, como la idea de criminalizar, perd&oacute;n, de psiquiatrizar, el placer chocolat&oacute;filo, mediante el concepto de adicci&oacute;n al chocolate, o la propuesta de incluir la obesidad entre las adicciones. Otras, en cambio, tienen un cierto aire buenista, como la sugerencia de definir al racismo como una enfermedad mental. Y no faltan las emparentadas con el saber popular, como la idea de convertir el enamoramiento en una forma de alteraci&oacute;n u obnubilaci&oacute;n de la raz&oacute;n. Las hay incluso relacionadas con el mundo administrativo. Por ejemplo, el catedr&aacute;tico Jos&eacute; Luis Gonz&aacute;lez de Rivera y Revuelta (13) acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino <b>Trastornos por mediocridad arrancando</b> de la obra de Abraham Maslow, que intuye en el ser humano una disposici&oacute;n hacia el desarrollo y perfeccionamiento espiritual, una aspiraci&oacute;n por la excelencia. Sin embargo, a juicio de nuestro autor, hay personas en las que esta aspiraci&oacute;n consustancialmente humana est&aacute; inhibida o es defectuosa, dando lugar a s&iacute;ndromes de mediocridad, de los que distingue tres variedades.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El <i>Tipo I</i>, m&aacute;s sencillo y benigno, se solapa con el fen&oacute;meno psicol&oacute;gico y conductual de la conformidad, y resulta por lo general adaptado y adaptativo, ya que como nos se&ntilde;ala Gonz&aacute;lez de Rivera, en muchas formas de sociedad, la conformidad asegura la felicidad. El mediocre simple o no complicado es un buen consumidor, se adapta a la cultura materialista que nos envuelve y de la que somos parte y dispone de una maleabilidad que le permitir&aacute;, "con un poco de entrenamiento" (<i>sic</i>), llegar a mimetizar en su comportamiento "las formas externas de procesos creativos de &iacute;ndole tanto art&iacute;stica como cient&iacute;fica".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s grave es el <i>Tipo II</i>, o trastorno por mediocridad inoperante, en el que aparecen elementos pasivo-agresivos. La persona afectada se caracteriza por una pseudooperatividad y una pseudocreatividad superficiales que llevan al estancamiento de todas las organizaciones y actuaciones en que est&eacute; inmersa. Seg&uacute;n se&ntilde;ala nuestro autor, la organizaci&oacute;n que lo padece presenta una creciente par&aacute;lisis funcional acompa&ntilde;ada por lo general de una hiperfunci&oacute;n burocr&aacute;tica con la que se pretende disimular la falta de operatividad. Aunque parezca una paradoja, son sujetos que participan activamente desde la pasividad o inactividad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La forma m&aacute;s severa es el <i>Tipo III</i>, tambi&eacute;n denominado <i>Mediocridad Inoperante Activa</i> <b>o</b> <i>MIA</i>. El sujeto afectado es una hiperactivo inoperante, deseoso de notoriedad e influencia que, a juicio de Gonz&aacute;lez de Rivera, llega a "adquirir tintes casi mesi&aacute;nicos". El MIA es un problema de primer orden, ya que tiende a infiltrar organizaciones complejas, es particular si ya existen formas menores del s&iacute;ndrome. Parece que el mundo acad&eacute;mico es particularmente vulnerable, aunque uno no pondr&iacute;a la mano en el fuego por la resiliencia de otras organizaciones. El trastorno se encapsula en grupos o comit&eacute;s que no producen nada pero que se asignan funciones de seguimiento y control que permiten entorpecer o aniquilar el avance de individuos brillantes. Si dispone de poder, el mediocre inoperante activo generar&aacute; grandes cantidades de trabajo innecesario que impondr&aacute; a los dem&aacute;s, agotando su tiempo y limitando cualquier actividad creativa. Su particular predisposici&oacute;n a la envidia, y su sufrimiento ante el bien y el progreso ajenos le lleva a acosar y atacar a las personas que identifica como peligrosas. Desde el punto de vista de las relaciones laborales, Gonz&aacute;lez de Rivera relaciona el MIA con el acoso laboral. Impulsado por el motor de la envidia, el mediocre inoperante fustiga y golpea a la v&iacute;ctima envidiada mediante diversas maniobras:</font></p>     <blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">a) Someter a su v&iacute;ctima a acusaciones o insinuaciones mal&eacute;volas, sin permitirle defenderse o expresarse.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">b) Aislarle de sus compa&ntilde;eros, privarle de informaci&oacute;n; interrumpir o bloquear sus l&iacute;neas de comunicaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">c) Desconsiderar e invalidar su trabajo, distorsionar o tergiversar sus actividades y comentarios, atribuirle motivaciones espurias o vergonzantes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">d) Desacreditar su rendimiento, dificultar el ejercicio de sus funciones, ocultar sus logros y &eacute;xitos, exagerar y difundir, fuera de contexto, todos sus fallos, tanto reales como aparentes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">e) Comprometer su salud, f&iacute;sica y ps&iacute;quica, mediante una constante presi&oacute;n estresante que favorece las alteraciones depresivas, psicosom&aacute;ticas, y actos de huida que pueden llegar hasta la renuncia brusca al puesto laboral o al suicidio.</font></p> </blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">Otra propuesta de patolog&iacute;a espec&iacute;fica en el mundo de la empresa y el trabajo se debe a Powers (14), que en hace ya unos cuantos a&ntilde;os public&oacute; en un tono m&aacute;s jocoso una carta en el <i>American Journal of Psychiatry</i> en la que propon&iacute;a la nueva entidad del <b>"Bur&oacute;crata".</b> Este cuadro, seg&uacute;n su autor, es un constructo cl&iacute;nico con validez transcultural, m&aacute;s apropiado del Eje II y con elementos fundamentalmente inherentes al cluster C (aunque seg&uacute;n destacaba el autor, algunos pacientes exhiben caracter&iacute;sticas del cluster B). Esta combinaci&oacute;n de rasgos pasivo-agresivos y psicop&aacute;ticos no se deben, a juicio de Powers, a ninguna lesi&oacute;n cerebral, por lo que a su entender la comunidad psicoanal&iacute;tica deber&iacute;a dedicar una cuidadosa atenci&oacute;n a los mecanismos psicodin&aacute;micos subyacentes a la manera de pensar y actuar del bur&oacute;crata. Como colof&oacute;n de su propuesta, Powers presentaba unos criterios diagn&oacute;sticos que se solapan en parte con el trastorno por mediocridad. As&iacute;, el paciente:</font></p>     <blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">A) Lleva trabajando durante al menos dos a&ntilde;os en un puesto que no produce un servicio ni un beneficio claro</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">B) A lo largo del &uacute;ltimo a&ntilde;o ha presentado al menos 4 de los siguientes s&iacute;ntomas:</font></p>     <blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">1. Se queja con frecuencia de que cobra poco, pero rara vez busca un empleo mejor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">2. Se queja con frecuencia de trabajar demasiado, pero rara vez trabaja m&aacute;s de 38 horas semanales</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">3. Pospone todo tipo de actividades a la jubilaci&oacute;n</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">4. Asiste a dos o m&aacute;s reuniones semanales, con una duraci&oacute;n de al menos 45 minutos cada una</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">5. Produce o hace circular uno o m&aacute;s dossiers semanales sobre aspectos de control y calidad</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">6. Cree que los dem&aacute;s son incapaces de reconocer la trascendencia de su responsabilidad profesional</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">7. Cree que su trabajo es esencial para el orden p&uacute;blico, los derechos del ciudadano o del consumidor o el funcionamiento correcto de la empresa o del gobierno, a pesar de que no existen evidencias que sustenten esta creencia</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">8. Ante la confrontaci&oacute;n profesional opta por el aplazamiento, la resistencia encubierta o el abandono.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">9. Mantiene el control por medio de regulaciones, comit&eacute;s de estudio o amenazas de actuaci&oacute;n.</font></p> </blockquote> </blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">Un retrato tan asentado en la realidad y en el mundo de lo presuntamente adaptado que, posiblemente, nunca lleguemos a ver se&ntilde;alado como an&oacute;malo. Ni siquiera en el DSM.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Frances A. Opening Pandora's box: The 19 worst suggestions for DSM5. Psychiatric Times, February 11, 2010. Accesible en: <a href="http://www.janusonline.it/sites/default/files/allegati_news/FrancesA_PsychiatricTimes110210.pdf" target="_blank">http://www.janusonline.it/sites/default/files/allegati_news/FrancesA_PsychiatricTimes110210.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740828&pid=S0211-5735201400020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Healy D. The antidepressant era. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740830&pid=S0211-5735201400020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Barros RE. Paruresis and parcopresis in social phobia: a case report. Rev Bras Psiquiatr 2011; 33: 416-7 (Texto completo en: <a href="http://www.scielo.br/pdf/rbp/v33n4/v33n4a19.pdf" target="_blank">http://www.scielo.br/pdf/rbp/v33n4/v33n4a19.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740832&pid=S0211-5735201400020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Loriente Zamora C. ¿Qu&eacute; es la Paruresis o S&iacute;ndrome de la Vejiga T&iacute;mida? Una investigaci&oacute;n transdisciplinar. Actas Urol Esp 2007; 31: 328-37 (Texto completo en: http://apps.elsevier.es/watermark/ctl_servlet?_f=10&amp;pident_articulo=13143700&amp;pident_usuario=0&amp;pcontactid=&amp;pident_revista=292&amp;ty=127&amp;accion=L&amp;origen=zonadelectur a&amp;web=zl.elsevier.es&amp;lan=es&amp;fichero=292v31n04a13143700pdf001.pdf).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740834&pid=S0211-5735201400020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Soifer S. The Evolution of the Bathroom and the Implications for Paruresis. Accesible en: <a href="http://paruresis.org/evolution.htm" target="_blank">http://paruresis.org/evolution.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740836&pid=S0211-5735201400020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Jefferson JW, Thompson TD. Rhinotilloexomania: Psychiatric disorder or habit? J Clin Psychiatry 1995; 56: 56-59 (Abstract).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740838&pid=S0211-5735201400020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Dean O, Giorlando F, Berk M. N-acetylcysteine in psychiatry: current therapeutic evidence and potential mechanisms of action. J Psychiatry Neurosci 2011; 36: 78-86 (Texto completo en: <a href="http://www.cma.ca/multimedia/staticContent/HTML/N0/l2/jpn/vol-36/issue-2/pdf/pg78.pdf" target="_blank">http://www.cma.ca/multimedia/staticContent/HTML/N0/l2/jpn/vol-36/issue-2/pdf/pg78.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740840&pid=S0211-5735201400020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Andrade C, Srihari BS. A preliminary survey of rhinotillexomania in an adolescent sample. J Clin Psychiatry. 2001; 62: 426-31 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11465519" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11465519</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740842&pid=S0211-5735201400020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Wiese JG, Shlipak MG, Browner WS. The alcohol hangover. Ann Intern Med 2000; 132: 897-902. (Texto completo en <a href="http://annals.org/article.aspx?articleid=713513" target="_blank">http://annals.org/article.aspx?articleid=713513</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740844&pid=S0211-5735201400020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Pittler MH, White AR, Stevinson C, Ernst E. Effectiveness of artichoke extract in preventing alcohol-induced hangovers: a randomized controlled trial. CMAJ 2003; 169: 1269-73 (Texto completo en: <a href="http://www.cmaj.ca/cgi/content/full/169/12/1269" target="_blank">http://www.cmaj.ca/cgi/content/full/169/12/1269</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740846&pid=S0211-5735201400020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Wiese J, McPherson S, Odden MC, Shlipak MG. Effect of Opuntia ficus indica on symptoms of the alcohol hangover. Arch Intern Med. 2004 Jun 28;164(12):1334-40 (Abstract en <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15226168?dopt=Abstract" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15226168?dopt=Abstract</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740848&pid=S0211-5735201400020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Carrot E, Velluz J. Syndrome d'Elpe'nor. Presse Me'd 1947; 55: 573.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740850&pid=S0211-5735201400020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Gonz&aacute;lez de Rivera y Revuelta JL. El Trastorno por Mediocridad Inoperante Activa (s&iacute;ndrome MIA). Psiquis 1997; 18: 229-231 (Texto completo en: <a href="http://www.mobbing.nu/GdeRivera-MIA.htm" target="_blank">http://www.mobbing.nu/GdeRivera-MIA.htm</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740852&pid=S0211-5735201400020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Powers RE. Bureaucrat: A new disorder (letter). Am J Psychiatry 1994; 151: 1716 (Accesible en: <a href="http://ajp.psychiatry-online.org/article.aspx?articleid=170638" target="_blank">http://ajp.psychiatry-online.org/article.aspx?articleid=170638</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4740854&pid=S0211-5735201400020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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