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<journal-title><![CDATA[Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DSM-5, un año después]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>DSM-5, un a&ntilde;o despu&eacute;s</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>DSM-5, a year later</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Juan Medrano</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Despu&eacute;s de un largo y tortuoso camino, en mayo de 2013 se public&oacute; el DSM-5, &uacute;ltima edici&oacute;n del cat&aacute;logo nosogr&aacute;fico y nosol&oacute;gico de la Asociaci&oacute;n Psiqui&aacute;trica Americana (APA). Desde que se dieron a conocer sus contenidos preliminares, la nueva versi&oacute;n ha sufrido un rechazo muy superior al experimentado por sus predecesores, con cr&iacute;ticos tan significativos y reputados como Allen Frances, que fue nada menos que el responsable del grupo de trabajo que casi 20 a&ntilde;os antes alumbr&oacute; el DSM-IV. El proceso de elaboraci&oacute;n del nuevo manual ha supuesto un esfuerzo de muchos a&ntilde;os, con un coste significativo y ha debido abandonar en el camino la pretensi&oacute;n de introducir un sistema dimensional que diera cuenta de que muchos s&iacute;ntomas se presentan a lo largo de un continuo, permitiera el uso de escalas (que, por ejemplo, midiesen rasgos de personalidad) o remitiera a circuitos neurobiol&oacute;gicos espec&iacute;ficos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Traducido ya al espa&ntilde;ol, un gran n&uacute;mero de profesionales disponen tanto de la gu&iacute;a de consulta de criterios diagn&oacute;sticos (lo que antes se denominaba breviario) como del texto completo, editado con una solidez y presencia superior a la de ediciones previas, a las que supera claramente en esa funci&oacute;n tan propia de los libros de consulta que es la de dar prestancia a la biblioteca. A la espera de conocer las innovaciones que pueda traer consigo la CIE-11 de la OMS, pr&oacute;xima a publicarse, el DSM-5 va penetrando en la cultura profesional, y se van asumiendo sus novedades, por lo que tal vez sea oportuno repasar las cr&iacute;ticas que se le han formulado.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>La cr&iacute;tica al DSM-5</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Poco antes de la presentaci&oacute;n del DSM-5, Thomas Insel, director del National Institute of Mental Health (NIMH) estadounidense, colg&oacute; en su blog un comentario sobre el DSM (1), al que describi&oacute; como "en el mejor de los casos, un diccionario que crea una serie de etiquetas y las define", al tiempo que se&ntilde;alaba que "su debilidad es su falta de validez". Apuntaba que por este motivo el NIHM buscar&iacute;a una forma alternativa de orientar su investigaci&oacute;n, evitando al manual de la APA, ya que sus diagn&oacute;sticos "se basan en el consenso acerca de agrupaciones de s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos, no en medidas objetivas de laboratorio". La cr&iacute;tica de Insel, aunque despu&eacute;s fue matizada, contrapon&iacute;a el modelo DSM al de los llamados Research Domain Criteria (RDoC), que pretenden buscar las causas de los trastornos, m&aacute;s que centrarse en los s&iacute;ntomas, y desentra&ntilde;ar los mecanismos neurobiol&oacute;gicos y bioconductuales subyacentes para poder as&iacute; desarrollar tratamientos efectivos (2). La cr&iacute;tica de Insel se propag&oacute; por la red, y fue jaleada por colectivos opuestos al modelo m&eacute;dico y biol&oacute;gico en Psiquiatr&iacute;a sin percatarse de que propon&iacute;a una alternativa mucho m&aacute;s centrada en lo neurobiol&oacute;gico que el DSM, y de que al margen de que le queda mucho por definir y precisar, los RDoC pierden de vista todo el contexto social e interpersonal, como si la experiencia humana pudiera reducirse a determinados fen&oacute;menos a nivel de circuitos neuronales. La cuesti&oacute;n es si la alternativa del listado de s&iacute;ntomas seleccionados por consenso tiene sentido.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El diagn&oacute;stico psiqui&aacute;trico es problem&aacute;tico, y lo ha sido especialmente en el pasado, cuando no se compart&iacute;an criterios uniformes sobre las enfermedades, &eacute;poca en que se hizo cl&aacute;sico el aserto de que para curar de esquizofrenia a un estadounidense, bastaba con que cruzara el Atl&aacute;ntico, ya que en Europa se le diagnosticar&iacute;a de otro problema, presumiblemente menos grave. Para intentar dar rigor al diagn&oacute;stico, hace aproximadamente medio siglo algunos autores estadounidenses con una clara orientaci&oacute;n m&eacute;dica (esto es: con la convicci&oacute;n de que los trastornos psiqui&aacute;tricos eran comparables a los de cualquier rama de la Medicina) propugnaron que para emitir un diagn&oacute;stico de enfermedad mental deber&iacute;a cumplirse necesariamente una serie de s&iacute;ntomas o &iacute;tems. Estos &iacute;tems deber&iacute;an ser operativos, es decir, libres de connotaciones subjetivas o condicionamientos aprior&iacute;sticos basados en posicionamientos te&oacute;ricos (en una clara alusi&oacute;n al Psicoan&aacute;lisis, por entonces imperante en la Psiquiatr&iacute;a estadounidense). Fruto de sus esfuerzos y tras varios pasos intermedios, surgi&oacute; en 1980 el DSM-III de la APA, que revolucion&oacute; la concepci&oacute;n de los trastornos psiqui&aacute;tricos y la idea de c&oacute;mo deber&iacute;an formularse los diagn&oacute;sticos en la especialidad, con un &eacute;xito que tuvo su eco en la CIE-10 de la OMS. Lo chocante es que los criterios y conceptos b&aacute;sicos del DSM-III se basaron esencialmente en el consenso de expertos, y no en datos objetivos o en hallazgos de la investigaci&oacute;n, una metodolog&iacute;a que no ha cambiado sustancialmente en ulteriores ediciones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El DSM-III consagraba un modelo categorial, seg&uacute;n el cual los trastornos psiqui&aacute;tricos son discretos. Al mismo tiempo los conceb&iacute;a como constructos imposibles de objetivar, por lo que s&oacute;lo se pueden caracterizar indirectamente, a trav&eacute;s de sus s&iacute;ntomas. Descartaba as&iacute; el modelo dimensional, para el que s&oacute;lo existen s&iacute;ntomas. En t&eacute;rminos de Goldberg (3), con el DSM-III Plat&oacute;n se impon&iacute;a a Arist&oacute;teles. A pesar de su enfoque pretendidamente ate&oacute;rico y su voluntad de establecer categor&iacute;as revisables, en realidad el DSM-III encerraba -y lo siguen haciendo sus sucesores- unas connotaciones esencialistas en virtud de las cuales cualquiera de sus m&uacute;ltiples trastornos se plantea como una realidad cl&iacute;nica, casi corp&oacute;rea (4).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, el concepto de trastorno psiqui&aacute;trico, tal como aparec&iacute;a en el DSM-III y ha ido transmiti&eacute;ndose en las sucesivas ediciones del manual, es vago, impreciso, omnicomprensivo, hasta el punto que permite incorporar a la noci&oacute;n de enfermedad m&uacute;ltiples conductas y estados psicol&oacute;gicos. Para el DSM-5, en concreto, es "un <i>s&iacute;ndrome caracterizado por una alteraci&oacute;n cl&iacute;nicamente significativa del estado cognitivo, la regulaci&oacute;n emocional o el comportamiento de un individuo, que refleja una disfunci&oacute;n de los procesos psicol&oacute;gicos, biol&oacute;gicos o del desarrollo que subyacen en su funci&oacute;n mental. Habitualmente los trastornos mentales van asociados a un estr&eacute;s significativo o una discapacidad, ya sea social, laboral o de otras actividades importantes</i>". Una definici&oacute;n vaga, en la que cabe todo, a pesar de que el manual especifique, con &aacute;nimo de acotar m&aacute;s el concepto, que "una <i>respuesta predecible o culturalmente aceptable ante un estr&eacute;s usual o una p&eacute;rdida, tal como la muerte de un ser querido, no constituye un trastorno mental. Un comportamiento socialmente an&oacute;malo (ya sea pol&iacute;tico, religioso o sexual) y los conflictos existentes principalmente entre el individuo y la sociedad, no son trastornos mentales salvo que la anomal&iacute;a o el conflicto sean el resultado de una disfunci&oacute;n del individuo, como las descritas anteriormente</i>".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A lo largo de las sucesivas ediciones ha cambiado el concepto de algunos trastornos. El DSM-III no permit&iacute;a el diagn&oacute;stico de paranoia con cl&iacute;nica alucinatoria, algo que s&iacute; ha sido posible despu&eacute;s. El DSM-5, en una de sus innovaciones m&aacute;s pol&eacute;micas, permite que pueda diagnosticarse depresi&oacute;n mayor en presencia de un duelo, lo que no era posible hasta ahora y lo que seg&uacute;n algunos cr&iacute;ticos favorece que un proceso psicol&oacute;gico (sufrimiento normal por una p&eacute;rdida) se convierta en psicopatol&oacute;gico (depresi&oacute;n). Ante la protesta de muchos especialistas (entre ellos, Allen Frances), el DSM-5 explica que ante ciertas p&eacute;rdidas pueden aparecer fen&oacute;menos coincidentes con los observados de la depresi&oacute;n (no duda de hecho en llamarlos "s&iacute;ntomas"), e indica que si bien "<i>pueden ser comprensibles o considerarse apropiados a la p&eacute;rdida, tambi&eacute;n se deber&iacute;a pensar atentamente en la presencia de un episodio de depresi&oacute;n mayor adem&aacute;s de &#091;en&#093; la respuesta normal a una p&eacute;rdida significativa. Esta decisi&oacute;n requiere inevitablemente el criterio cl&iacute;nico basado en la historia del individuo y en las normas culturales para la expresi&oacute;n del malestar en el contexto de la p&eacute;rdida</i>". Con el fin de aclarar conceptos que se ven oscurecidos por una redacci&oacute;n confusa, el texto introduce una nota a pie de p&aacute;gina que en la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de la gu&iacute;a de consulta, por cierto, enreda m&aacute;s la cuesti&oacute;n al traducir <i>grief</i> (duelo) por "culpabilidad", en un curioso lapsus que m&aacute;s all&aacute; de la tradicionalmente deficiente traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de los cat&aacute;logos de la APA, no deja de ser simp&aacute;tica teniendo en cuenta las cr&iacute;ticas al DSM-5. En la versi&oacute;n "completa" en espa&ntilde;ol, conviene aclararlo, el error se ha subsanado y, si esa era la causa, ya no se nos deja entrever ning&uacute;n sentimiento de culpa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otros cambios tienen el efecto colateral de un cambio en la prevalencia de los trastornos correspondientes. La adopci&oacute;n del DSM-5 entra&ntilde;a una modificaci&oacute;n de la prevalencia de los ahora llamados trastornos del espectro autista (5), que vendr&iacute;a a caer en torno al 10% inferior. Sin embargo, el DSM-5 podr&iacute;a clasificar como jugadores patol&oacute;gicos a m&aacute;s sujetos que el DSM-IV (6), mientras que el nivel de discordancia entre los dos manuales en relaci&oacute;n con el estr&eacute;s postraum&aacute;tico es francamente preocupante (7). Esto, desde luego, no son cuestiones menores. No solo por las consecuencias para los pacientes, sino porque el DSM ha cristalizado en el mundo de la investigaci&oacute;n. Para definir los trastornos sobre los que se investiga, la norma es recurrir a los criterios del manual de la APA, lo que quiere decir que si se consolidan los de la nueva edici&oacute;n, los hallazgos de la investigaci&oacute;n previa para, pongamos por caso, el TEPT, no ser&aacute;n v&aacute;lidos para el "nuevo" TEPT. Y los datos que se obtengan con grupos seleccionados tirando de los nuevos criterios no ser&aacute;n homologables con los procedentes de estudios que utilizaron los del DSM-IV. En el campo de la terap&eacute;utica, seg&uacute;n se primen unos s&iacute;ntomas u otros, puede resultar que en sucesivos ensayos cl&iacute;nicos f&aacute;rmacos con un perfil pongamos ansiol&iacute;tico resulten m&aacute;s eficaces para la versi&oacute;n DSM-IV que para la DSM-5 de un mismo trastorno, o viceversa, contribuyendo a generar confusi&oacute;n. En el marco de la duda generalizada acerca de la efectividad de los antidepresivos frente al placebo, tal vez la versi&oacute;n DSM-5 de la depresi&oacute;n mayor, que permite incluir casos en los que los fen&oacute;menos cl&iacute;nicos son secundarios a un duelo (proceso, en principio, autolimitado), consolide la impresi&oacute;n de que estos medicamentos no pasan de ser placebos caros y potencialmente t&oacute;xicos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El sistema DSM mantiene la ilusi&oacute;n de que sus trastornos est&aacute;n claramente definidos. Aunque el DSM-5 quiso evitarlo y apunta en su Ap&eacute;ndice III visiones dimensionales, los l&iacute;mites de las categor&iacute;as son r&iacute;gidos, de modo que la concurrencia de &iacute;tems o s&iacute;ntomas englobables en categor&iacute;as diferentes es mucho m&aacute;s que una posibilidad te&oacute;rica. Se abre as&iacute; la puerta a una multiplicidad de combinaciones de diagn&oacute;sticos que se ha plasmado en una inagotable comorbilidad, particularmente forzada en el caso de la depresi&oacute;n y la ansiedad. El DSM-5 insiste en mantener la primera b&aacute;sicamente en la categor&iacute;a de depresi&oacute;n mayor, un concepto vago y heterog&eacute;neo, mientras que la segunda est&aacute; atomizada en diversos trastornos (fobia, angustia, ansiedad generalizada, ansiedad social), incluso despu&eacute;s de que el DSM-5 haya destinado cap&iacute;tulos espec&iacute;ficos al trastorno obsesivo-compulsivo o a los trastornos por estr&eacute;s. Pero el DSM, desde su tercera edici&oacute;n, descarta que ambas puedan presentarse conjuntamente, en forma de lo que Tyrer (8) denomin&oacute; cotimia, ignorando que es esto precisamente lo m&aacute;s habitual en la cl&iacute;nica. La escisi&oacute;n del s&iacute;ndrome ansioso - depresivo (que s&iacute; reconoce como trastorno la CIE-10) es especialmente chocante si se considera que las sucesivas ediciones desde el DSM-III han incluido una categor&iacute;a de trastorno adaptativo con presentaci&oacute;n conjunta de ambos elementos, aunque la gu&iacute;a del DSM-5 la traduzca con el confuso t&iacute;tulo de "&#091;Trastorno de adaptaci&oacute;n&#093; con ansiedad mixta y estado de &aacute;nimo depresivo".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Pese a negar la esa "cotimia", los DSM no han podido evitar la proliferaci&oacute;n de categor&iacute;as o diagn&oacute;sticos. Frente a los 180 trastornos mentales del DSM-II de 1968, el DSM-III-R inclu&iacute;a en 1987 nada menos que 292 categor&iacute;as diagn&oacute;sticas que siete a&ntilde;os despu&eacute;s, en el DSM-IV, ascend&iacute;an a m&aacute;s de 350 (9). Un servidor no ha tenido la paciencia de ponerse a contar las categor&iacute;as incluidas en el DSM-5, pero cr&iacute;ticos como Frances afirman que superan a las de sus predecesores. Esto enlaza con otra cr&iacute;tica al DSM, la de que fomenta la medicalizaci&oacute;n, lo que en ingl&eacute;s se ha dado en llamar <i>disease mongering</i> (10) y se denomina a veces de una forma un tanto simplista invenci&oacute;n de enfermedades (11), cuando la idea est&aacute; m&aacute;s cercana a la propagaci&oacute;n &#091;del concepto de cada una&#093; de las enfermedades de que se trate, m&aacute;s que a una invenci&oacute;n genuina de conceptos. Detr&aacute;s de esa difusi&oacute;n subyace, seg&uacute;n acuerdo general, el inter&eacute;s de la industria por vender f&aacute;rmacos, pero es dudoso que la industria sea la responsable de la creaci&oacute;n de las categor&iacute;as; m&aacute;s bien hay que atribuirle el papel de divulgadora de ciertos conceptos cl&iacute;nicos y diagn&oacute;sticos. La industria no invent&oacute; los s&iacute;ntomas negativos de la esquizofrenia, pero los utiliz&oacute; en la promoci&oacute;n de los "at&iacute;picos"; ni la hip&oacute;tesis serotonin&eacute;rgica de la depresi&oacute;n, pero se vali&oacute; de ella para vender ISRS; ni siquiera invent&oacute; las piernas inquietas (12), concepto que remite a Ekbom, quien retomando la noci&oacute;n del XIX acerca de una "<i>anxietas tibialis</i>" acu&ntilde;&oacute; el expresivo t&eacute;rmino de "<i>anxietas crurum paresthetica</i>" (13) para referirse a una inquietud crural que la industria vio interesante y, por lo tanto, divulg&oacute;, cuando unas seis d&eacute;cadas despu&eacute;s se pudo tratar con antiparkinsonianos. El buen vendedor, dice el adagio, no vende refrescos de cola, vende sed, y vender sed, en este terreno, es divulgar la idea de que existen enfermedades insuficientemente atendidas, o hip&oacute;tesis etiol&oacute;gicas o fisiopatol&oacute;gicas esenciales no asumidas, o conceptos cl&iacute;nicos ineludibles... siempre que fomenten el uso de los f&aacute;rmacos. El problema, por lo tanto, es la fiabilidad y el fuste de esos conceptos. El DSM-IV identific&oacute; tres categor&iacute;as que seg&uacute;n reconoce contrito el propio Frances (14: p&aacute;g. 48) dieron lugar a tres "falsas epidemias" (sic) en Psiquiatr&iacute;a. El trastorno de Asperger (desaparecido en el DSM-5) tuvo tal &eacute;xito que la prevalencia de trastornos generalizados del desarrollo se multiplic&oacute; por 20 en relaci&oacute;n a datos de tres lustros antes; la presentaci&oacute;n en sociedad nosol&oacute;gica del trastorno bipolar II hizo que se doblara la prevalencia relativa del trastorno bipolar respecto de la depresi&oacute;n unipolar, y la formulaci&oacute;n del trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n multiplic&oacute; su prevalencia por tres. Seg&uacute;n Frances, la divulgaci&oacute;n de estas nuevas definiciones de sed dio lugar a mayores ventas de refrescos de cola en forma de antipsic&oacute;ticos, "reguladores del humor", y psicoestimulantes. En una recient&iacute;sima obra (15), el propio Frances alerta sobre los excesos del DSM-5 y las ventajas que de ello obtiene la industria, pero hay que hacer una reflexi&oacute;n sobre d&oacute;nde radica el error y la responsabilidad. No tanto en quien se aprovecha de lo endeble del andamiaje nosol&oacute;gico y nosogr&aacute;fico de la Psiquiatr&iacute;a, y de lo que damos en llamar Salud Mental, sino m&aacute;s bien en la inconsistencia del mismo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En ocasiones se pierde de vista lo que es el DSM. Por empezar por ah&iacute;, todo el tinglado es sin lugar a dudas un considerable negocio, que ha de mover cantidades importantes de dinero teniendo en cuenta que el manual es el astro central de un sistema bibliogr&aacute;fico que incluye la gu&iacute;a de consulta, el texto sobre diagn&oacute;stico diferencial, el volumen de casos cl&iacute;nicos y tantos otros que hemos ido conociendo en sucesivas ediciones del manual. Tambi&eacute;n es importante desde el punto de vista econ&oacute;mico para los profesionales que lo utilizan, ya que incluye los diagn&oacute;sticos que en su entorno original justificar&aacute;n la intervenci&oacute;n profesional y la facturaci&oacute;n por sus servicios; un agudo comentarista brit&aacute;nico opinaba recientemente que el DSM-5 ser&aacute; m&aacute;s eficaz que su predecesor a la hora de cumplir con su principal motivaci&oacute;n de capacitar a los psiquiatras para cobrar por sus actuaciones profesionales (16). Cuantos m&aacute;s diagn&oacute;sticos y entidades se creen, tantas m&aacute;s oportunidades de caracterizar la intervenci&oacute;n del profesional. Valorar a un paciente con quejas de p&eacute;rdida de memoria pero que no cumple criterios de demencia acaba siendo una intervenci&oacute;n sin diagn&oacute;stico; si DSM-5 en mano puede sostenerse que tiene un trastorno neurocognitivo menor, se dispone ya del diagn&oacute;stico que justifica la actuaci&oacute;n profesional (y su facturaci&oacute;n) independientemente de si eso quiere decir que cognitivamente, para su edad, est&aacute; m&aacute;s sano que una manzana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, la medicalizaci&oacute;n, o la salud-mentalizaci&oacute;n de lo cotidiano, su conversi&oacute;n en fen&oacute;menos cl&iacute;nicos que requieren ayuda profesional, tiene m&aacute;s beneficiarios que la siempre socorrida industria, ese malo necesario que sirve para desplazar culpas y complicidades. Los profesionales precisan de un diagn&oacute;stico que en nuestro entorno justifica tambi&eacute;n la intervenci&oacute;n del sistema p&uacute;blico, por lo que la caracterizaci&oacute;n de nuevos trastornos tiene un inter&eacute;s personal y corporativo. Y no habr&iacute;a esa tendencia cultural a hablar de "s&iacute;ndromes" para describir malestares si no existiera una disposici&oacute;n a identificar como algo ajeno a la salud cualquier desviaci&oacute;n de una pl&aacute;cida seguridad y de una ilusoria felicidad. Y si no hubiera personas dispuestas a explorar y encontrar campos de intervenci&oacute;n profesional. Los intereses creados lo son de la industria, de los profesionales y de la poblaci&oacute;n, que ha aprendido que es preferible ser "enfermo" que infeliz, y que serlo puede tener ciertas ventajas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El DSM es un texto accesible a un mercado mucho mayor que el que probablemente fue inicialmente su objetivo. Su conceptualizaci&oacute;n simplista de la enfermedad mental, mediante criterios diagn&oacute;sticos (parafraseando sin mala intenci&oacute;n a Javier Krahe cuando habla de la silla el&eacute;ctrica, puede decirse que el DSM es "<i>moderno, americano, funcional</i>"), hace, adem&aacute;s, que parezca tambi&eacute;n asequible a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio. Tan es as&iacute; que a la vista de c&oacute;mo se han utilizado ediciones previas, el DSM-5 incorpora una "<i>Declaraci&oacute;n cautelar para el empleo forense del DSM-5</i>" en la que "no <i>se recomienda que las personas sin formaci&oacute;n cl&iacute;nica, m&eacute;dica y, en general, sin la formaci&oacute;n adecuada, utilicen el DSM-5 para valorar la presencia de un trastorno mental</i>". El DSM entra&ntilde;a una trivializaci&oacute;n de la cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica y consagra una Psiquiatr&iacute;a de checklist (en agraciada expresi&oacute;n del psiquiatra dan&eacute;s LS Nilsson) que, pese a ir chequeando la presencia o ausencia de criterios operativos de un determinado trastorno, puede llegar a conclusiones dispares en un caso tan llamativo y tr&aacute;gico como el de Anders Behring Breivik, autor confeso de la matanza de 77 civiles en Oslo y en la isla de Ut&oslash;ya, sobre el que un informe pericial psiqui&aacute;trico lo diagnosticaba de esquizofrenia paranoide y el otro, de trastorno narcisista de la personalidad con rasgos antisociales (17). El sistema de criterios operativos no solo ha supuesto un empobrecimiento de la psicopatolog&iacute;a y de la comprensi&oacute;n del enfermo mental (18), sino que ha favorecido una lectura err&oacute;nea y una trivializaci&oacute;n del diagn&oacute;stico psiqui&aacute;trico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Qu&eacute; cabe concluir, entonces, acerca del DSM-5 y de los DSM, en general? A quien suscribe le da la sensaci&oacute;n de que el modelo es rico en fallos e inconsistencias y que sus sucesivos parcheos introducen m&aacute;s confusi&oacute;n que orden. A pesar de ello, el diagn&oacute;stico es esencial, lo que convierte al DSM en un mal necesario. Podr&aacute; discutirse sobre si lo oportuno es que sea categorial o dimensional, si debe basarse en hallazgos neurobiol&oacute;gicos o en la m&aacute;s cl&aacute;sica y formal psicopatolog&iacute;a (el tal caso, ser&iacute;a conveniente desempolvarla), pero caben pocas dudas sobre la necesidad de identificar los casos y las situaciones en que es necesario un abordaje sanitario, desde las instituciones y profesiones dedicadas a la salud. Lamentablemente, la propia definici&oacute;n de salud de la OMS es tan maximalista que complementariamente cualquier malestar puede dar lugar a una valoraci&oacute;n, si no de enfermedad, s&iacute; de indicaci&oacute;n de intervenci&oacute;n sanitaria. Dado que el DSM y en general los sistemas de clasificaci&oacute;n y los cat&aacute;logos de trastornos mentales son un pretexto para que esas intervenciones puedan ser entendidas como profesionales, incluyen en su texto entidades y conceptos a los que el modelo m&eacute;dico categorial les puede sentar mejor (demencia, delirium, intoxicaciones) o peor (trastorno adaptativo, trastorno de personalidad), pero mientras no definamos mejor la salud y la Psiquiatr&iacute;a (o la salud mental si se prefiere), junto con su &aacute;mbito de actuaci&oacute;n, es dif&iacute;cil que la soluci&oacute;n nos la den las <i>taskforces</i> de la APA. Entre tanto, el DSM-5 cumplir&aacute; una funci&oacute;n esencial y b&aacute;sica: tranquilizar a quienes lo leamos y eventualmente lo utilicemos, haci&eacute;ndonos sentir, a trav&eacute;s de sus imperfecciones, que la culpa es de otros.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Insel T. Director's blog: Transforming diagnosis, April 29, 2013. Accesible en: <a target="_blank" href="http://www.nimh.nih.gov/about/director/2013/transforming-diagnosis.shtml">http://www.nimh.nih.gov/about/director/2013/transforming-diagnosis.shtml</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713654&pid=S0211-5735201400040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Kirmayer LJ, Crafa D. What kind of science for psychiatry? Front Hum Neurosci 2014; 8: 435.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713656&pid=S0211-5735201400040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Goldberg D. Plato versus Aristotle: Categorical and dimensional models for common mental disorders. Compr Psychiatry 2000; 41 (Suppl 1): 8-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713658&pid=S0211-5735201400040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Birley JL. DSM-III: from left to right or from right to left? Br J Psychiatry 1990; 157:116-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713660&pid=S0211-5735201400040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Carson RC. Costly compromises: a critique of the diagnostic and statistic manual of mental disorders. En Fisher S y Greenberg RP (editores): From placebo to panacea. Putting psychiatric drugs to the test. 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The prevalence of post-traumatic stress disorder (PTSD) in U.S. combat soldiers: a head-to-head comparison of DSM-5 versus DSM-IV-TR symptom criteria with the PTSD checklist. The Lancet Psychiatry. 2014 August 14. (Epub ahead of print). doi:10.1016/S2215-0366(14)70235-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713666&pid=S0211-5735201400040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Tyrer P The case for cothymia: mixed anxiety and depression as a single diagnosis. 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London: IconBooks, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713680&pid=S0211-5735201400040000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Frances A. ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatr&iacute;a. Barcelona: Ariel, 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713682&pid=S0211-5735201400040000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Mayou R. Is the DSM-5 chapter on somatic symptom disorder any better than DSM-IV somatoform disorder? Br J Psychiatry 2014; 204: 418-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713684&pid=S0211-5735201400040000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Stetka BS, Nilsson LS. Mass Murder and the Flaws of Checklist Psychiatry. Medscape Psychiatry, June 02, 2014. Accesibleen: <a target="_blank" href="http://www.medscape.com/viewarticle/825800">http://www.medscape.com/viewarticle/825800</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713686&pid=S0211-5735201400040000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Andreasen NC. DSM and the Death of Phenomenology in America: An Example of Unintended Consequences. Schizopr Bull 2007; 33: 108-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4713688&pid=S0211-5735201400040000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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