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</front><body><![CDATA[ <p><a name="top"></a><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Historia cl&iacute;nica electr&oacute;nica y confidencialidad</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Electronic medical records and confidentiality</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Juan Medrano y Luis Pacheco</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Uno de los m&aacute;s notables acontecimientos recientes de nuestra realidad sanitaria es la progresiva importancia que ha adquirido la confidencialidad (cl&aacute;sica y corporativamente englobada en el llamado secreto m&eacute;dico) y, en paralelo, los temores de que la historia cl&iacute;nica electr&oacute;nica (HCE) se convierta en una especie de libro abierto al que pueda acceder cualquier persona, comprometiendo el derecho del paciente a que sus confidencias queden exclusivamente en el marco de la relaci&oacute;n asistencial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El Art. 18 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, as&iacute; como el secreto de las comunicaciones, y prev&eacute; que la Ley "limitar&aacute; el uso de la inform&aacute;tica para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos", algo que no deja de tener su m&eacute;rito en una Carta Magna aprobada en 1978, una &eacute;poca en la que los ordenadores todav&iacute;a eran computadoras y era dif&iacute;cil de atisbar que terminaran haci&eacute;ndose omnipresentes o que llegara a existir la figura de los <i>hackers</i>. Posteriormente, en 1999, la Ley Org&aacute;nica de Protecci&oacute;n de Datos (LOPD) estableci&oacute; el marco general para consagrar el derecho a la intimidad y la privacidad en materia de datos de car&aacute;cter personal, lo que se terminar&iacute;a de configurar con el Real Decreto 1720/2007 que la desarrolla. Ambas normas establecen que los datos de salud tienen una especial protecci&oacute;n. Paralelamente, el derecho a la intimidad y la confidencialidad ha estado protegido por disposiciones penales que castigan su quebrantamiento, como en los Arts. 197 y siguientes del actual C&oacute;digo Penal, con previsi&oacute;n de penas m&aacute;s graves cuando quien revela secretos es un funcionario p&uacute;blico (Art. 198) o un profesional (Art. 199).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La legislaci&oacute;n sanitaria reconoce el derecho de los pacientes a la confidencialidad e intimidad y/o el deber de los profesionales a garantizarlo, que aparece en el Art. 10 de la Ley General de Sanidad, as&iacute; como en la Ley de Ordenaci&oacute;n de las Profesiones Sanitarias o en el Estatuto Marco del personal estatutario de los Servicios de Salud. Sin embargo, en materia de confidencialidad, el texto sanitario fundamental es la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, b&aacute;sica reguladora de la autonom&iacute;a del paciente y de derechos y obligaciones en materia de informaci&oacute;n y documentaci&oacute;n cl&iacute;nica (LBRAP), que en su Art. 7 proclama el derecho de toda persona a que se respete el car&aacute;cter confidencial de los datos referentes a su salud, y a que nadie pueda acceder a ellos sin previa autorizaci&oacute;n amparada por la Ley, al tiempo que responsabiliza a los centros sanitarios de la adopci&oacute;n de las medidas oportunas para garantizar esta confidencialidad. Complementariamente, el paciente tiene derecho a que los centros sanitarios establezcan un "mecanismo de custodia activa y diligente de las historias cl&iacute;nicas" que permita "la recogida, la integraci&oacute;n, la recuperaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n de la informaci&oacute;n sometida al principio de confidencialidad" (Art. 19).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La LBRAP, que se ha complementado con las legislaciones auton&oacute;micas que derivan de ella, establece para la historia cl&iacute;nica "criterios de unidad y de integraci&oacute;n, en cada instituci&oacute;n asistencial como m&iacute;nimo", con el fin de facilitar "el mejor y m&aacute;s oportuno conocimiento por los facultativos de los datos de un determinado paciente en cada proceso asistencial" (Art. 15.4). Esta medida, unida a las exigentes condiciones de custodia de archivos determinada por la LOPD, hace que la HCE m&aacute;s que un signo de los tiempos sea una necesidad ineludible.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero como muchas veces sucede, los desarrollos inform&aacute;ticos no se han hecho de manera coordinada, estableci&eacute;ndose diferentes sistemas de HCE y de receta electr&oacute;nica en las diversas comunidades aut&oacute;nomas, que habr&aacute; que ir haciendo interoperables de la misma manera que se avanza con dificultades en la elaboraci&oacute;n de un &uacute;nico sistema a nivel europeo. Pero lo que es peor, estos desarrollos se han producido con m&aacute;s atenci&oacute;n a las caracter&iacute;sticas t&eacute;cnicas de los diferentes sistemas y aplicaciones que al material humano que los maneja, lo que ha facilitado una situaci&oacute;n que por momentos se hace ca&oacute;tica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las organizaciones sanitarias han ido implantando la sanidad electr&oacute;nica o e-Salud pasando por alto que muchos de sus trabajadores de mayor edad proceden de un universo anal&oacute;gico y no digital, y tienen dificultades para manejarse con los sucesivos programas y aplicaciones que les van cayendo. Tampoco han tenido en cuenta las organizaciones que si bien sus profesionales sanitarios saben aproximadamente escribir a mano, no todos tienen una habilidad mecanogr&aacute;fica suficiente como para dar el salto del bol&iacute;grafo al teclado sin que se resienta la calidad de la historia cl&iacute;nica en forma (por errores) o en fondo (por la menor extensi&oacute;n de las anotaciones al ser m&aacute;s costoso para muchos teclear que caligrafiar). Finalmente, han ignorado tambi&eacute;n que muchos profesionales no saben escribir en el teclado sin mirar directamente a dicho instrumento, provocando esto que - en los &uacute;ltimos tiempos - los profesionales apenas miremos directamente a la cara de nuestros pacientes, con todos los inconvenientes que esto tiene en general para la relaci&oacute;n entre el profesional y el enfermo y de manera quiz&aacute;s mucho m&aacute;s particular, en el &aacute;mbito de la Salud Mental.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero es m&aacute;s notable a&uacute;n la forma en que la HCE se ha introducido en muchos lugares, sin el necesario acompa&ntilde;amiento de una formaci&oacute;n adecuada de los profesionales. No es solo que falte informaci&oacute;n acerca de la normativa sobre aspectos tales como el derecho de acceso a la historia por parte de profesionales y pacientes, sino que ni siquiera se ha aprovechado la ocasi&oacute;n para refrescar y en su caso infundir unos conocimientos adecuados sobre qu&eacute; es una historia cl&iacute;nica, cu&aacute;l es su finalidad y c&oacute;mo ha de redactarse. Lamentablemente, a juzgar por la m&iacute;nima formaci&oacute;n e informaci&oacute;n que aportan entre su gente en torno a aspectos normativos b&aacute;sicos en la relaci&oacute;n asistencial, las organizaciones sanitarias parecen estar convencidas de que sus profesionales son perfectos conocedores de todas estas cuestiones, tal vez por leer cada d&iacute;a los diversos boletines oficiales que les afectan mientras toman el caf&eacute; del desayuno. La confusi&oacute;n sobre qu&eacute; contenidos de la historia pueden facilitarse a los pacientes surge en buena medida de una insuficiente informaci&oacute;n sobre el tema a los profesionales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La introducci&oacute;n de la HCE hubiera sido un buen momento para recordar (o en su caso informar) a sus trabajadores que esta es, seg&uacute;n la LBRAP, el conjunto de los documentos relativos a los procesos asistenciales de cada paciente, con la identificaci&oacute;n de los m&eacute;dicos y de los dem&aacute;s profesionales que han intervenido en ellos, con objeto de obtener la m&aacute;xima integraci&oacute;n posible de la documentaci&oacute;n cl&iacute;nica de cada paciente, al menos, en el &aacute;mbito de cada centro (Art. 14.1), y que tan importante en ella es la recogida de los datos y confidencias del paciente como de la justificaci&oacute;n de las decisiones de quienes le atienden. Tampoco hubiera estado de m&aacute;s se&ntilde;alar que siendo el fin principal de la historia facilitar la asistencia sanitaria, dejando constancia de todos aquellos datos que, bajo criterio m&eacute;dico, permitan el conocimiento veraz y actualizado del estado de salud (Art. 15.2), la HCE debe ser completa, pero al mismo tiempo ha de recoger datos pertinentes y no superfluos o que resulten irrelevantes para la prestaci&oacute;n sanitaria. En una asistencia sanitaria integrada, adem&aacute;s, deben sobrar las abreviaturas idiosincr&aacute;ticas, o en general cualquier forma de elaboraci&oacute;n que la acerque m&aacute;s a ser el cuaderno de bit&aacute;cora o al diario de actividades del profesional, en lugar de a ser un documento compartible y compartido por quienes deben garantizar una atenci&oacute;n adecuada al paciente. Dicho de otra manera, la inacci&oacute;n en este terreno hace pensar que al igual que las organizaciones sanitarias presumen que sus profesionales saben mecanografiar y se desenvuelven perfectamente en el universo digital a nivel de usuario, tambi&eacute;n presumen que saben qu&eacute; es una historia cl&iacute;nica y, sobre todo, saben c&oacute;mo elaborarla.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, la HCE, en tanto que compartida y abierta a diferentes niveles asistenciales, incluido "personal sanitario debidamente acreditado que ejerza funciones de inspecci&oacute;n, evaluaci&oacute;n, acreditaci&oacute;n y planificaci&oacute;n" (Art. 16.5 de la LBRAP) despierta en muchas personas la duda de si las confidencias de los pacientes pueden llegar a ser conocidas por personas que el paciente no desear&iacute;a que tuvieran acceso a ellas. Incluso cabe preguntarse si los datos de algunas especialidades deber&iacute;an ser accesibles a las dem&aacute;s (el ejemplo paradigm&aacute;tico es la Salud Mental, algunos de cuyos contenidos, parecen aprior&iacute;sticamente m&aacute;s delicados que los de la generalidad de las especialidades, pero seguramente podr&iacute;a pensarse tambi&eacute;n que otras ramas de la Medicina, como Ginecolog&iacute;a, Dermatolog&iacute;a, Pediatr&iacute;a, Medicina Interna o la propia Atenci&oacute;n Primaria, entre otras, que son ricas en contenidos sensibles). Otras veces son profesionales asistenciales quienes acceden a determinadas historias animados por emociones tan b&aacute;sicamente humanas como la curiosidad o el cotilleo, a pesar de los sistemas de traza que detectan los accesos potencialmente inapropiados y tambi&eacute;n del cada vez mayor n&uacute;mero de sentencias y resoluciones administrativas que vienen castigando esta pr&aacute;ctica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ante el riesgo de accesos indebidos, o simplemente de que confidencias o datos del paciente lleguen a ser conocidos por quienes no deben o no necesitan conocerlos, algunos profesionales se resisten a emplear la HCE aduciendo que el compromiso &eacute;tico con el paciente les impide utilizar un instrumento tan permeable, y siguen escribiendo en la cl&aacute;sica historia en papel, que en materia de protecci&oacute;n de datos tiene la "ventaja" de que la caligraf&iacute;a de algunos sanitarios la convierte en un documento con un nivel de encriptaci&oacute;n que la hace indescifrable. No debe olvidarse, sin embargo, que el respeto a la confidencialidad es un integrante b&aacute;sico del compromiso &eacute;tico, pero no el &uacute;nico, ya que en una &eacute;poca caracterizada por la fragmentaci&oacute;n asistencial es esencial y exigible toda medida que, como la HCE, contribuya a una integraci&oacute;n que redunde en una mejor atenci&oacute;n. Otra reacci&oacute;n, menos dr&aacute;stica, pero surgida igualmente del recelo, es reducir al m&aacute;ximo las anotaciones propias en la HCE o confidencializar ciertos contenidos, si las aplicaciones lo permiten. Esta estrategia, no obstante, desvirt&uacute;a el sentido de la HCE y la acerca, de nuevo, a no ser m&aacute;s que un diario o un cuaderno de bit&aacute;cora para quien la escribe, por lo que pierde el valor que tiene para el paciente, al no permitir que se compartan datos necesarios. Y eso, sin contar con que dado que en materia de responsabilidad profesional la historia es el documento probatorio b&aacute;sico, una HCE incompleta, telegr&aacute;fica o que por estar muy confidencializada resulta inasequible a otros profesionales implicados en el caso, termina siendo un instrumento perfecto para generar(se) problemas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las posibilidades de la Inform&aacute;tica aplicada a la asistencia sanitaria son enormes. Es esperable, y casi exigible, que se corrijan los errores de concepto y de dise&ntilde;o de la HCE, permitiendo que puedan establecerse contenidos esenciales y otros de acceso limitado a determinados profesionales o niveles asistenciales, algo que, sin duda, es t&eacute;cnicamente factible. Y una vez definidos niveles de confidencialidad ser&iacute;a posible, adem&aacute;s, que cada paciente pudiera decidir cu&aacute;l aplicar a un dato concreto, determinando qu&eacute; profesionales podr&iacute;an acceder al mismo pero sabiendo tambi&eacute;n qu&eacute; consecuencias puede tener limitarlo en extremo. Las m&aacute;s triviales podr&iacute;an ser que necesitar&iacute;a volver a revelar el dato cada vez que sea atendido por profesionales sin acceso al mismo pero que deban conocerlo, algo que, por otra parte, es lo que ha sucedido cuando solo exist&iacute;an historias en papel custodiadas en cada centro. Las m&aacute;s graves tendr&iacute;an que ver con la posibilidad de que por no tener acceso a un determinado dato de salud, exista la posibilidad de que la intervenci&oacute;n profesional sea insuficiente, inadecuada o err&oacute;nea, algo que tambi&eacute;n suced&iacute;a con la historia en papel pero que la HCE puede evitar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En la tensi&oacute;n entre las ventajas e inconvenientes de cualquier innovaci&oacute;n ha de tenerse en cuenta c&oacute;mo reaccionar&aacute; ante ella quien debe utilizarla, por lo que adem&aacute;s de la dimensi&oacute;n puramente t&eacute;cnica, no debe perderse de vista que la relaci&oacute;n asistencial es una forma de interacci&oacute;n entre personas, y que quien est&aacute; en la funci&oacute;n profesional no deja de ser tan persona como su paciente. Y las personas tenemos dificultades para adaptarnos a novedades, especialmente a partir de cierto momento de la vida. Tambi&eacute;n funcionamos a menudo m&aacute;s por costumbres emanadas de d&eacute;cadas de escribir historias que por un conocimiento real de su sentido, contenido y elementos b&aacute;sicos. Tenemos derecho a recibir informaci&oacute;n y formaci&oacute;n sobre aspectos que pueden ser trascendentales en nuestra actividad profesional, y tenemos derecho a esa formaci&oacute;n y a esa informaci&oacute;n porque las necesitamos. Y, finalmente, -ay, c&oacute;mo somos las personas...- no dejamos de tener ciertas debilidades y vicios que conviene corregir instaurando un clima de respeto a la intimidad de los pacientes que yugule para siempre la curiosidad y el cotilleo, fruto ambos m&aacute;s a menudo de la ignorancia y de la falta de una cultura de valores que de una aut&eacute;ntica mala intenci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todav&iacute;a estamos a tiempo de corregir los errores de fondo y forma cometidos en la implantaci&oacute;n de la HCE. Cuanto antes nos pongamos a ello antes conseguiremos generar un instrumento &uacute;til, que beneficie al paciente y gener&aacute;ndole la misma seguridad y confianza que necesita el profesional.</font></p>      ]]></body>
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