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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>M&Aacute;RGENES DE LA PSIQUIATR&Iacute;A Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Reflexiones nerviosas Los fantasmas</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Reflections nerve. The ghosts</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Juan Medrano</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&eacute;dico psiquiatra. Red de Salud Mental de Bizkaia.    <br><a href="mailto:donlogan@hotmail.es">donlogan@hotmail.es</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Han pasado unos meses desde la muerte de Moncho Alpuente<sup>1</sup>, letrista de</i> "Desde Santurce a Bilbao Blues Band". <i>Algunos temas del grupo se deben a otros grandes autores, como Luis Eduardo Aute, creador de</i> "Los fantasmas". <i>Este corte sonaba muy festivo en la versi&oacute;n de la banda y deber&iacute;a tenerse en mente a modo de tonadilla par&aacute;sita ("earworm", seg&uacute;n la literatura en ingl&eacute;s), mientras se lee esta pieza... si se tiene la paciencia y el cuajo suficientes para leerla. Con ella, adem&aacute;s de razonar que los profesionales sanitarios tenemos mucho de fantoches, fantasmones o globeros, despedimos la secci&oacute;n recordando a figuras ya fallecidas que han contribuido a que este mundo sea a veces un Valle efectivamente de L&aacute;grimas, pero de risa</i>.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Ya est&aacute;n aqu&iacute; los fantasmas, siempre los mismos fantasmas...</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hace casi 25 a&ntilde;os, Walter estudi&oacute; los t&eacute;rminos usados en ingl&eacute;s coloquial para denominar a los psiquiatras, rastreando su etimolog&iacute;a o el momento de su acu&ntilde;aci&oacute;n (1). Es popular el t&eacute;rmino <i>"shrinker"</i> o <i>"headshrinke"</i>, que asimila al psiquiatra a los j&iacute;baros reductores de cabezas (aqu&iacute; dir&iacute;amos <i>comecocos</i> o <i>jamacocos</i>). M&aacute;s chocante es el juego de palabras que convierte <i>psychotherapist</i> (psicoterapeuta) en <i>psycho, the rapist</i> (Psicopat&oacute;n, el violador). ¡Qu&eacute; idea tienen los angloparlantes de los psiquiatras!</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s tarde el mismo Walter, estudiando imagen del psiquiatra en el c&oacute;mic norteamericano entre 1941 y 1990 (2) concluy&oacute; que en ese medio siglo se hab&iacute;a mantenido estable. Y que era lamentable. El psiquiatra del c&oacute;mic es hombre, generalmente calvo, barbudo y con gafas; practica la psicoterapia; est&aacute; loco, es licencioso con sus pacientes, o simplemente se desentiende de lo que le cuentan. Con el paso del tiempo parece cada vez m&aacute;s interesado por el dinero. Consigue pocos cambios en sus pacientes y para mal (en un 15% de las historietas el paciente empeora y solo en un 2% mejora). Aunque el c&oacute;mic sea una deformaci&oacute;n de la realidad, no puede decirse que nos encuentre eficientes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No es mejor la imagen que ofrece el c&oacute;mic europeo. Herg&eacute;<sup>2</sup>, el creador de Tint&iacute;n, describi&oacute; muy negativamente al gremio. En <i>"Los cigarros del Fara&oacute;n"</i> (1933), cuando se fuga de un manicomio, Tint&iacute;n es perseguido por el director que, porra en ristre, lidera a un grupo de malencarados asistentes. En la versi&oacute;n redibujada y coloreada de 1954 el doctor ha cambiado de aspecto, pero sigue blandiendo la porra. E <i>"La Isla Negra"</i> (1938), el psiquiatra Dr. M&uuml;ller pertenece a una banda de falsificadores de moneda y dirige un manicomio donde hace enloquecer a sus enemigos. Para Herg&eacute; los psiquiatras no eran extra&ntilde;os, ya que su madre padeci&oacute; y fue hospitalizada por lo que pudo haber sido una depresi&oacute;n psic&oacute;tica. &Eacute;l mismo sufri&oacute; depresiones recurrentes que combati&oacute; con retiros al lago L&eacute;man. Tambi&eacute;n es cierto que m&aacute;s adelante, en plena crisis vital, el ilustrador consult&oacute; con un disc&iacute;pulo de Jung. La experiencia no debi&oacute; ser mala, ya que si bien el Dr. Krospell, el &uacute;nico psiquiatra creado por Herg&eacute; tras su paso por el div&aacute;n, empieza <i>"Vuelo 714 para Sidney"</i> (1968) al servicio del malvado Rastapop&oacute;pu-los, con el devenir de la aventura se redimir&aacute;, incorpor&aacute;ndose al bando de los buenos. Frente a estos psiquiatras represivos, malvados o corruptos, el Profesor Fan-Se-Yeng de <i>"El Loto Azul"</i> (1936) descubre el ant&iacute;doto del <i>rajaijah</i>, el veneno que hace perder la raz&oacute;n. Los autores de un trabajo sobre el estigma en Tint&iacute;n (3) no pudieron ponerse de acuerdo sobre si el profesor es psiquiatra o neurocient&iacute;fico, pero a la vista del mal concepto que parec&iacute;a tener Herg&eacute; de los alienistas, deduciremos que Fan-Se-Yeng era investigador y no cl&iacute;nico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El m&aacute;s genial guionista europeo, Ren&eacute; Goscinny<sup>3</sup>, aunque m&aacute;s benevolente, no dej&oacute; pasar ocasi&oacute;n de ridiculizar a los psiquiatras, salvo tal vez a Amn&eacute;six, el druida psiquiatra de <i>"El combate de los Jefes"</i> (1966), que mantiene sus habilidades curativas pese a desarrollar un cuadro m&oacute;rico-dismn&eacute;sico tras recibir un menhirazo craneoencef&aacute;lico. En <i>"La curaci&oacute;n de los Dalton"</i> (1975) de la serie Lucky Luke, el profesor Otto Von Himbeergeist, que busca eliminar los impulsos delictivos de los bandidos, termina descubriendo su reprimida vocaci&oacute;n criminal. Tan sutil abreacci&oacute;n le lleva a erigirse en un quinto Dalton (¡qu&eacute; evocaciones a los diversos quintos <i>Beatles</i>!), y se erige en l&iacute;der y cerebro de una banda que caer&aacute; cuando -parad&oacute;jicamente- Averell Dal-ton, el &uacute;nico hermano al que el psiquiatra ha conseguido curar, eche por tierra sus planes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los "Almanaques de Locos" de la Editorial Valenciana, de los que encontrar&aacute;s un excelente estudio de Andr&eacute;s Porcel en este mismo n&uacute;mero de la revista, tampoco ofrec&iacute;an una buena imagen de los psiquiatras: peseteros, desequilibrados, con intervenci&oacute;n esencialmente custodial. Aunque evidentemente eran una caricatura distorsionadora de la realidad, no dejaban de indicar una visi&oacute;n socialmente compartida (4).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tambi&eacute;n se ha estudiado la imagen de los psiquiatras en el cine. Gharaibeh analiz&oacute; 106 pel&iacute;culas, sin facilitar sus criterios de selecci&oacute;n ni el listado de los filmes escudri&ntilde;ados, aunque debemos reconocer que pormenoriza sus conclusiones (5). Los psiquiatras cinematogr&aacute;ficos suelen ser varones (71.2%), de mediana edad (50.8%) y amistosos (63.6%). En la relaci&oacute;n con sus pacientes un preocupante 44.9% transgrede los l&iacute;mites considerados correctos; un 30.5% con transgresiones <i>"no sexuales"</i> y un 23.7%, <i>"sexuales"</i>, por lo que un 9.3% lo hacen <i>en ambas modalidades</i>. Adem&aacute;s, hasta un 47.5% es retratado como incompetente. El autor concluye que no podemos enorgullecernos de la imagen cinematogr&aacute;fica de los psiquiatras.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Todav&iacute;a m&aacute;s pormenorizado es el trabajo Szykiersky y Raviv sobre el psicoterapeuta en la Literatura (la art&iacute;stica, no la profesional) (6). Estudiaron 19 novelas, analizando las relaciones del psicoterapeuta con otros personajes y su funcionamiento personal y profesional. Los escritores varones que narran terapias de pacientes femeninas por parte de terapeutas masculinos describen a la mujer (paciente) como una amenaza para el hombre (terapeuta) mediante el fracaso y la desvalorizaci&oacute;n. En cambio, las escritoras perciben que las mujeres solo podr&iacute;an ser adecuadamente entendidas por terapeutas femeninas; eso s&iacute;: en sus novelas las mujeres terapeutas tambi&eacute;n pueden ayudar a pacientes varones. Parece un jaleo pero es solo el viejo clich&eacute; de que las mujeres saben escuchar y los varones no. Son frecuentes las referencias a alimentos y bebidas, lo que los autores relacionan con la funci&oacute;n nutricia del tratamiento. Tambi&eacute;n es recurrente el dinero, con la carga negativa del alto coste de un tratamiento ineficaz. Aunque muchos terapeutas parecen seguir un enfoque psicoanal&iacute;tico, su actitud es m&aacute;s activa que lo marca ese modelo. La elevada proporci&oacute;n de terapeutas de origen extranjero refleja las di&aacute;sporas de profesionales que por motivos pol&iacute;ticos o econ&oacute;micos se vieron obligados a establecerse en otros pa&iacute;ses. Los ojos y la mirada aparecen mucho m&aacute;s que los o&iacute;dos y la escucha, indicando una concepci&oacute;n de los profesionales como personas intuitivas que penetran en las mentes de sus pacientes, m&aacute;s que como sujetos capaces de escuchar o comprender. En resumen, lo intuitivo y las condiciones especiales del psicoterapeuta prevalecen sobre la t&eacute;cnica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cine, el c&oacute;mic, la Literatura, y el lenguaje popular no tienen una buena opini&oacute;n de psiquiatras y psicoterapeutas, y los ven como un colectivo que torpe y que olvida frecuentemente sus propias normas y principios &eacute;ticos. Bien podr&iacute;an aplic&aacute;rsele dos sabios proverbios: <i>"En casa del herrero, cuchillo de palo"</i> y <i>"Consejos vendo y para m&iacute; no tengo"</i>. En esta l&iacute;nea, ¿qu&eacute; puede decirse de la salud de los psiquiatras? Un indicador de bienestar es la tasa de divorcios, en la cual los psiquiatras son los m&eacute;dicos a los que peor les luce el pelo (al menos, en los EEUU) (7). M&aacute;s espec&iacute;fico es su nivel de salud mental. Los m&eacute;dicos tienen un mayor riesgo de depresi&oacute;n y intentar o consumar el suicidio, sobre todo en las mujeres (8), y la Psiquiatr&iacute;a figura entre las especialidades con mayor riesgo depresivo (9). Tambi&eacute;n parece que los psiquiatras viven menos, seg&uacute;n un estudio sobre las necrol&oacute;gicas publicadas en el BMJ (10). La edad media de fallecimiento de los psiquiatras (70.8) era inferior a la de ginec&oacute;logos, m&eacute;dicos de familia, internistas, bioqu&iacute;micos o cirujanos, entre otros. Solo los anestesistas ten&iacute;an menos esperanza de vida que los psiquiatras. Curiosamente, los que murieron a m&aacute;s edad fueron los radi&oacute;logos, pese a estar expuestos a radiaciones delet&eacute;reas, mientras que los especialistas en Salud P&uacute;blica, obstinados en mejorar los niveles de salud de la poblaci&oacute;n, figuraban tambi&eacute;n en el grupo de los menos longevos. Otros que usan cuchillo de palo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque parece que los psiquiatras tienen una mayor satisfacci&oacute;n profesional que otros especialistas (11), no se libran de quemarse o sufrir, ni est&aacute;n vacunados contra el trauma vicariante o secundario, ese malestar que afecta a profesionales por exposici&oacute;n a los sufrimientos de sus pacientes (12). Tampoco tranquiliza el resultado de una encuesta postal de Rathod y colaboradores (13) sobre el efecto de recientes cambios en la atenci&oacute;n psiqui&aacute;trica brit&aacute;nica orientados a aliviar la carga asistencial de los profesionales y evitar retiros precoces. La baja tasa de respuestas (44%) relativi-za los hallazgos, pero si bien ha descendido el deseo de jubilaci&oacute;n precoz, han aumentado la autoprescripci&oacute;n y las ideas de suicidio. Los parches en las condiciones laborales no parecen alivian el malestar de los psiquiatras...</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>...con sus montajes fantasmas, vaya un tost&oacute;n...</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La Historia de la Medicina muestra lo borroso del l&iacute;mite entre la idea de enfermedad y la de vicio y c&oacute;mo ciertas causas -reales o figuradas- de enfermedad han servido para poner el acento, m&aacute;s que en el dolor del paciente, en las conductas reprobables supuestamente relacionadas con su aparici&oacute;n. En la &eacute;poca moderna, superadas las peregrinas teor&iacute;as masturbatorias sobre la epilepsia o la histeria -a las que lleg&oacute; a apuntarse Freud-, el paradigma son las enfermedades infecciosas. La penicilina redimi&oacute; a los enfermos de ven&eacute;reas al curar su padecimiento, pero el VIH reaviv&oacute; la idea de la enfermedad como retribuci&oacute;n, sin redenci&oacute;n posible, para la conducta depravada (14), demostrando la disposici&oacute;n humana a retomar concepciones y clich&eacute;s previos. Sin aparcar definitivamente la sexualidad como origen de la enfermedad-castigo, nuestra &eacute;poca ha desplazado lo m&eacute;dicamente pecaminoso hacia atentados contra la pureza corporal desde lo metab&oacute;lico o cardiovascular, vicios postmodernos que se contraponen a los virtuosos h&aacute;bitos saludables en la alimentaci&oacute;n y las costumbres. La Medicina, pues, detecta <i>pecados</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El saber de los sanitarios es normativo, ordena la vida de los pacientes y de todo el que se deje en el sentido de dar orden y de dar &oacute;rdenes. Los sanitarios somos una colecci&oacute;n de petarditos, que sermonea qu&eacute; hacer, cambiando sus recomendaciones: ora hay que tener determinada tensi&oacute;n arterial, ora hay que tener otra; ora debe estar alto el colesterol "bueno", ora no es tan conveniente que lo est&eacute;; ora son malas las grasas, ora los carbohidratos; ora los lactantes deben dormir boca abajo, ora boca arriba, ora de costado; ora ya no hay enfermedades infecciosas, ora lo antiguamente psicosom&aacute;tico est&aacute; causado por el malvado <i>H. Pylori</i>; ora hay que atiborrarse de vitaminas, ora no; ora se crean conceptos (trastorno generalizado del desarrollo, depresi&oacute;n, trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n), ora, visto su desmedido &eacute;xito los criticamos como si fueran ajenos a nuestro mundillo, olvidando que fuimos quienes tiramos la primera piedra. Todos estos bandazos se producen, <i>of course,</i> sin un examen de conciencia que reconozca que recientemente defend&iacute;amos con id&eacute;ntica vehemencia puntos de vista contradictorios con los actuales. Y por supuesto, sin dolor del pecado de la soberbia de actuar como si lo que sabemos hoy lo hubi&eacute;ramos sabido siempre y adem&aacute;s fuera la verdad definitiva. Sin prop&oacute;sito de enmienda, a falta de un confesor (deber&iacute;a ser la sociedad) a quien exponer el pecado de la prepotencia, y sin mostrar -faltar&iacute;a m&aacute;s-la menor disposici&oacute;n a cumplir penitencia alguna, los sanitarios estamos hechos una banda de fantasmones y solo nos damos cuenta de lo endeble de nuestros montajes cuando los a&ntilde;os y la enfermedad nos sit&uacute;an como usuarios al otro lado de la mesa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El af&aacute;n por ordenar vidas ajenas deriva de las connotaciones sacerdotales, inici&aacute;ticas, ritualistas, de la profesi&oacute;n m&eacute;dica, que hacen que todav&iacute;a se hable de una "clase m&eacute;dica". Una "clase" que en el Juramento Hipocr&aacute;tico, tan citado y supuestamente rector de la profesi&oacute;n como escasamente conocido, proclama fidelidad a la tradici&oacute;n m&eacute;dica preservando el secreto de sus contenidos (15) con el compromiso de <i>"venerar como a mi padre a quien me ense&ntilde;&oacute; este arte, compartir con &eacute;l mis bienes y asistirle en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos m&iacute;os, ense&ntilde;arles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las ense&ntilde;anzas secretas y todo lo dem&aacute;s de la doctrina a mis hijos, y a los hijos de mi maestro y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento seg&uacute;n costumbre, pero a nadie m&aacute;s"</i>. Aunque m&aacute;s adelante establece la base de lo que hoy en d&iacute;a llamamos secreto m&eacute;dico ("<i>Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesi&oacute;n, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callar&eacute; y lo guardar&eacute; con secreto inviolable</i>"), el Juramento proclama antes que nada otra variante de secreto, el de fabricaci&oacute;n: la reserva, confiada a un reducido n&uacute;mero de personas, de los trucos, saberes y habilidades del arte de curar. El Juramento atribuye a los m&eacute;dicos un saber exclusivo e impone que no lo compartan con cualquiera; su representante ser&iacute;a el druida Panor&aacute;mix, custodio de la f&oacute;rmula de la poci&oacute;n m&aacute;gica, que solo puede transmitirse de boca de druida a o&iacute;do de druida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hoy d&iacute;a los ritos inici&aacute;ticos y de paso son la nota alta de Selectividad, los ex&aacute;menes en la carrera, o el MIR precedido de sacrificados meses de estudio y rico en preguntas rebuscadas, puramente selectivas que no calibran conocimientos o aptitudes. Tras cumplir la mili social de la residencia para ser ungido especialista, se afronta otro rito de paso, con oposiciones nuevamente jalonadas de preguntas retorcidas y rebuscadas, m&aacute;s acertijo que adecuada valoraci&oacute;n de capacidades profesionales, que han de resolverse para obtener la ansiada plaza en el sistema p&uacute;blico. Como con el enigma de la Esfinge, no acertar la respuesta de la pregunta sobre el etnotrastorno que padece un ciudadano chino en un servicio de urgencias de su pa&iacute;s puede tener consecuencias terribles para el opositor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los ritos inici&aacute;ticos alcanzan su culmen en el mundillo psicoanal&iacute;tico, donde para ser analista <i>comme il faut</i> debe recorrerse un complejo itinerario con an&aacute;lisis personal, did&aacute;ctico, formativo. Lo psicoanal&iacute;tico retoma elementos en otros contextos considerados irracionales, como la lectura y el estudio reverencial de las (sagradas) escrituras del inventor de la terapia, ll&aacute;mese Segismundo, Melania, Santi o Donald Woods. O remedar la forma de hablar de estos profetas, dirigi&eacute;ndose al resto del mundo como si lo que se dice fuera entendible por el com&uacute;n de los mortales. O la fantasma-da extrema de hablar para escucharse o para ser entendido &uacute;nicamente por correligionarios igualmente iniciados en el discurso.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s de cumplir ritos y ordenar la vida de la gente, los dedicados a esto de la Salud Mental nos arrogamos conocimientos superlativos. Recuerdo emocionado una conversaci&oacute;n en la que una compa&ntilde;era se rebelaba contra las restricciones para usar un f&aacute;rmaco. Defend&iacute;a su criterio argumentando: <i>"¿Qui&eacute;n va a saber mejor que el psiquiatra lo que necesita el paciente?"</i>. Qu&eacute; privilegio fue vivir la revelaci&oacute;n, en tan condensada y elocuente p&iacute;ldora, de la prepotente, egoc&eacute;ntrica y sesgada ignorancia de nuestra profesi&oacute;n y de nuestra habitual incapacidad para apreciar la influencia de la industria. Qu&eacute; maravilla, qu&eacute; momento tan sublime. Al evocarlo me brotan l&aacute;grimas de emoci&oacute;n, de dolor, de verg&uuml;enza y tambi&eacute;n -a veces- de risa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El furor por ordenar vidas ajenas vive del reconocimiento, y de la creaci&oacute;n, de especies morbosas que conllevan obligados preceptos para la recuperaci&oacute;n. La enfermedad sustituye al pecado y el sacerdote muta en m&eacute;dico, como brillantemente describi&oacute; Jules Romains<sup>4</sup> en <i>"Knock o el Triunfo de la Medicina"</i> (1922), una obra que desvela el riesgo de manipulaci&oacute;n y dominio que encierra toda ideolog&iacute;a y toda actividad humana. Knock concibe a la gente con aspecto sano como enfermos que desconocen serlo y necesitan que el m&eacute;dico se lo revele y les ordene la existencia. Erigido en "mes&iacute;as de la salud" (16), Knock impone una higiene social y mental basada en el temor a la enfermedad y se afana en mostrar taras (faltas tan involuntarias como el pecado original), llevando al extremo la m&aacute;xima de que todo conocimiento, tambi&eacute;n el referido a la salud, es poder, algo que entronca con la medicalizaci&oacute;n de la vida cotidiana. En su estudio Bamforth (16) cita un elocuente aforismo de Lichtenberg (1742-1799) para ilustrar esa contaminaci&oacute;n de la vida por el pensamiento m&eacute;dico: <i>"La salud es contagiosa"</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Demostrando que la Psiquiatr&iacute;a es m&aacute;s proclive a los excesos y a las caricaturas que el resto de la Medicina, cuatro d&eacute;cadas antes que Knock hab&iacute;a visto la luz <i>"El alienista"</i>, del brasile&ntilde;o Machado de Assis<sup>5</sup> (1839-1908). El Dr. Bacamarte dirige un establecimiento, "La casa Verde", en el que ingresan pacientes psiqui&aacute;tricos, pero con el paso del tiempo, el psiquiatra internar&aacute; a todo ciudadano que considere pr&oacute;ximo a desarrollar una enfermedad mental. Tras una serie de vicisitudes, el alienista llega a la conclusi&oacute;n de que las personas mentalmente equilibradas son minor&iacute;a y consecuentemente, estad&iacute;sticamente anormales y por ello enfermas, por lo que ingresar&aacute; y tratar&aacute; a las personas honradas, leales y prudentes. Acometida tan noble tarea, Bacamarte descubre que &eacute;l mismo es el &uacute;nico ser equilibrado que queda en el pueblo y con total coherencia se ingresa a s&iacute; mismo como &uacute;nico paciente del establecimiento, donde fallecer&aacute; casi a&ntilde;o y medio despu&eacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El &iacute;mpetu diagnosticador y terap&eacute;utico se plasma para Bell (17) en la <i>"Dependencia de tratamiento"</i> (DT), por la que los terapeutas necesitan tratar m&aacute;s y m&aacute;s pacientes para encontrarse bien, siendo los m&aacute;s afectados quienes trabajan en dependencias... precisamente. Al describir el cuadro seg&uacute;n el esquema de las dependencias del DSM-III-R, Bell explica que tratar enfermos se convierte para el m&eacute;dico (paciente) en su principal preocupaci&oacute;n y actividad, estrech&aacute;ndose su repertorio de terapias, con compulsi&oacute;n a tratar e incremento de la tolerancia a la actividad terap&eacute;utica (debe tratarse cada vez m&aacute;s enfermos para obtener gratificaci&oacute;n). La deprivaci&oacute;n (dejar de tratar) provoca intensos sentimientos de culpa, ansiedad y minusval&iacute;a, as&iacute; como una profunda rabia porque se escaqueen de miles de personas que deber&iacute;an tratarse. De no abordarse el cuadro a tiempo puede surgir un estado maniaco con grandiosidad, hiperactividad y conductas orientadas a tratar a m&aacute;s y m&aacute;s enfermos. La deprivaci&oacute;n aparece de forma espont&aacute;nea por falta de actividad o de usuarios a los que tratar, pero tambi&eacute;n tras la exposici&oacute;n a antagonistas, es decir: personas, art&iacute;culos o libros que cuestionan el valor o eficacia del tratamiento que realiza el m&eacute;dico (paciente), El antagonista m&aacute;s potente descubierto hasta la fecha es el <i>escepticismo</i>, que a peque&ntilde;as dosis produce un cortejo de abstinencia tan intenso que ning&uacute;n comit&eacute; de &eacute;tica autorizar&iacute;a emplearlo para descartar DT cuando se sospecha su presencia. Como sucede con otras dependencias podr&iacute;a intentarse una terapia de mantenimiento con un antagonista a dosis bajas (en este caso, el escepticismo, o en todo caso, una postura cient&iacute;fica sana), pero Bell cree que la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica de esta idea es complicada, ya que los pacientes est&aacute;n muy poco motivados para abandonar su dependencia y la adscripci&oacute;n ser&iacute;a baja. Por otro lado la Ciencia es un producto escaso y caro, y vivimos &eacute;pocas de contenci&oacute;n del gasto sanitario. Adem&aacute;s, el cuadro de abstinencia cede con la reexposici&oacute;n a la droga (tratar enfermos), por lo que hay siempre riesgo de reca&iacute;da.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>...todos somos muy fantasmas, no hay quien no sea fantasma...</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La Psiquiatr&iacute;a abraz&oacute; en los a&ntilde;os 70 el modelo m&eacute;dico, donde modelo m&eacute;dico quiere decir concebir los problemas que aborda como enfermedades comparables <i>grosso modo</i> a las del resto de la Medicina. Esto tuvo como consecuencia: la descripci&oacute;n operativa de enfermedades o, al decir de los DSM desde 1980, "trastornos"; la aparente inutilidad -desde el DSM-IV- de la diferenciaci&oacute;n de trastornos "org&aacute;nicos", derivados de patolog&iacute;as con asiento o fisiopatolog&iacute;a som&aacute;tica conocida; la medicalizaci&oacute;n del psiquiatra que, se&ntilde;ala Lip-sitt (18), adquiri&oacute; la bata como atributo y toga; y sobre todo, el recurso a los f&aacute;rmacos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los perversos f&aacute;rmacos, que alteran la natural homeostasis y -peor a&uacute;n- son sint&eacute;ticos. "Qu&iacute;mica", dicen algunos peyorativamente, como si el ser humano y la vida en su conjunto no fueran procesos f&iacute;sico-qu&iacute;micos. "Qu&iacute;mica" intr&iacute;nsecamente antinatural, contaminada y contaminante. "Qu&iacute;mica", se espeta con asco, al estilo de algunos pacientes alcoh&oacute;licos que m&aacute;s que al alcohol atribu&iacute;an las secuelas del consumo a productos nocivos supuestamente a&ntilde;adidos al vino en su elaboraci&oacute;n. "Qu&iacute;mica" mala y sucia, que lleva a algunos a creer m&aacute;s sano un tratamiento con fitoter&aacute;picos, "naturales" (enfat&iacute;cese al leer), como si ser creados por la madre Naturaleza los hiciera inherentemente buenos y como si el ricino, el curare, el veneno de las setas, no fueran tambi&eacute;n "naturales". Se consagra as&iacute; un naturalismo a caballo entre el buen salvaje de Rousseau (obvio consumidor de dieta paleol&iacute;tica, sana y "natural", aunque D. Jean-Jacques lo desconociera) y el ed&eacute;n judeocristiano, donde Ad&aacute;n y Eva, sin duda, se nutr&iacute;an de productos "naturales" y ecol&oacute;gicos. El &aacute;rbol de la ciencia del Bien y del Mal se debi&oacute; a una p&eacute;rfida modificaci&oacute;n gen&eacute;tica por parte de la serpiente, evidente precedente de Monsanto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Lo bueno y ben&eacute;fico de lo "natural" hace olvidar que todo remedio "natural" es un batiburrillo de mol&eacute;culas cada una de las cuales va por libre, generando efectos farmacodin&aacute;micos dispares. Tambi&eacute;n oculta que nada hay absolutamente inocuo, sobre todo si el paciente a&ntilde;ade a un f&aacute;rmaco "algo natural" que potenciar&aacute; sus efectos colaterales. Ciertos pacientes que sufren un cuadro serotonin&eacute;rgico al combinar hip&eacute;rico con un antidepresivo no dudan en culpar al f&aacute;rmaco. Cuando el mismo hip&eacute;rico -reputado inductor enzim&aacute;tico- reduzca la efectividad de anovulatorios, inmunosupresores y antirretrovirales, ser&aacute; dif&iacute;cil convencer a la persona damnificada de que lo sucedido tiene que ver con un producto "natural", porque lo "natural" parece intr&iacute;nsecamente bueno.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Intr&iacute;nsecamente bueno es tambi&eacute;n cualquier m&eacute;todo basado en la palabra, que eluda al f&aacute;rmaco. Cualquier m&eacute;todo significa cualquiera de los centenares de psicoterapias descritas, propuestas o indicadas. Tan buena es la psicoterapia como mala la "qu&iacute;mica", ya que al contrario de esta, no cambia la personalidad, no da&ntilde;a el natural equilibrio; si acaso, lo mejora. La palabra se dirige al alma, mientras que el f&aacute;rmaco apunta al cuerpo, carnal, mundano y falible. En la tradici&oacute;n religiosa el veh&iacute;culo de los milagros es la palabra; no existe registro de curaci&oacute;n o resurrecci&oacute;n mediando una sustancia, una p&oacute;cima, mucho menos una pastilla. Es la palabra la que infunde sus espec&iacute;ficas propiedades al agua milagrosa. Siendo sana, limpia y <i>buena</i>, parece inconcebible que la palabra sea iatr&oacute;gena, como si todo acercamiento verbal careciera de secundarismos, excesos o efectos colaterales. Han quedado en el olvido la epidemia de falsos trastornos disociativos de la personalidad y las infundadas denuncias por abusos sexuales, que tantas familias destrozaron y que Richard McNally (19) defini&oacute; como la mayor cat&aacute;strofe en el campo de la salud mental desde la era de la lobotom&iacute;a. El excesivo &eacute;nfasis sobre la utilidad de ciertas psicoterapias, no sustanciado (20), sugiere una inadecuada evaluaci&oacute;n de los resultados. La magnificaci&oacute;n del efecto de la psicoterapia parece ser efecto de la visi&oacute;n sesgada de lo natural y lo verbal como excelso y bueno.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Nada menos que en 1936, Rosenzweig (21) realiz&oacute; un primer estudio sobre la efectividad de las psicoterapias, concluyendo que exist&iacute;an en todas sus variantes elementos comunes tan frecuentes e importantes que las diferencias entre ellas eran peque&ntilde;as. Sus resultados se plasmaban la frase con la que el Dodo de <i>"Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas"</i> emite su veredicto sobre el resultado de una carrera: <i>"todos han ganado, as&iacute; que todos tendr&aacute;n premio"</i>. El an&aacute;lisis, cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s, por Luborsky et al (22), de 40 estudios sobre diferentes formas de psicoterapia, hall&oacute; que todas eran efectivas, incluso cuando el tratamiento realizado era m&iacute;nimo, lo que consagr&oacute; la expresi&oacute;n "el veredicto del Dodo" para transmitir que las psicoterapias obtienen resultados similares, al margen de sus presupuestos te&oacute;ricos. Smith y Glass (23), tras analizar 375 estudios, y Wampold (24) llegaron a conclusiones similares que hacen cuestionarse si la psicoterapia incorpora realmente elementos que no sean pura y b&aacute;sicamente relacionales. Moerman (25,26) considera que la psicoterapia es simplemente una buena interacci&oacute;n humana entre una persona necesitada y su terapeuta, en la que los factores responsables del &eacute;xito no son los elementos diferenciales de la t&eacute;cnica, sino la confianza, la creencia, la expectativa, la motivaci&oacute;n y la esperanza. Para Wampold lo realmente efectivo es la alianza terap&eacute;utica, que -se&ntilde;ala acertadamente- es esencial incluso en los tratamientos medicamentosos. Parece, pues, que el marco te&oacute;rico de estas t&eacute;cnicas no es menos fantasm&oacute;n que las verdades incompletas de la Neurociencia Ficci&oacute;n propagadas interesadamente la industria para promover sus f&aacute;rmacos. ¿C&oacute;mo puede ser esto?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nuestra especie se caracteriza por dos rasgos -la prolongada crianza de las cr&iacute;as humanas y la solidaridad social de las comunidades primitivas- que son la base de la necesidad de ayuda y afecto... y del placebo (27). La solidaridad intragrupal tiene hondas ra&iacute;ces evolutivas, incluso paleopatol&oacute;gicas, como demuestra un cr&aacute;neo de m&aacute;s de medio mill&oacute;n de a&ntilde;os de antig&uuml;edad de un <i>H. Heldelbergensis</i> con graves malformaciones hallado en Atapuerca. Sus descubridores creen que el individuo sobrevivi&oacute; a la primera infancia porque recibi&oacute; un cuidado <i>"conespec&iacute;fico"</i> suplementario de modo que su patolog&iacute;a <i>"no fue un impedimento para que recibiera la misma atenci&oacute;n"</i> que cualquier otro ni&ntilde;o (28). El placebo asienta sobre estos rasgos tan humanos y es una forma de curaci&oacute;n interpersonal. Lo esencial en la respuesta placebo es la colaboraci&oacute;n de otro: el m&eacute;dico, o el cham&aacute;n en sociedades primitivas. O el psicoterapeuta. O el home&oacute;pata. O el acupuntor. Porque las t&eacute;cnicas alternativas (o complementarias) carecen de fundamento desde el punto de vista cient&iacute;fico (29), pero no puede negarse que sean de ayuda para algunas personas. Una ayuda basada en charlataner&iacute;a, si se quiere, pero real, porque esos terapeutas acient&iacute;ficos y -c&oacute;mo no- fantasmas, ofrecen el marco de inter&eacute;s y ayuda necesario para que funcione el placebo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Y qu&eacute; tiene de malo movilizar el placebo? Todos podemos (y deber&iacute;amos) ser capaces de ponerlo en marcha, de activar un proceso de curaci&oacute;n autogenerado en el sentido de que el placebo no aporta otra ayuda externa que no sean las ideas o impresiones implantadas en la mente del paciente. Todo el trabajo lo hace el cuerpo del paciente, pero son necesarias esas ideas que como se&ntilde;ala Humphrey (30) deben proceder directamente (contacto personal) o indirectamente (libros u otro material) de otra persona; al igual que las cosquillas, el placebo requiere de un otro.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La respuesta placebo, creencia m&aacute;s que condicionamiento, remite al contexto espec&iacute;fico de la dimensi&oacute;n social. Los mecanismos que subyacen al dolor son m&aacute;s complejos en nuestra especie que en otros animales por la importancia de lo social, que implica la posibilidad de recibir cuidado (atenci&oacute;n m&eacute;dica) o, contrariamente, que la queja sea desautorizada, como sucede a pacientes con patolog&iacute;as dolorosas cr&oacute;nicas que son impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente acusados de exagerados, simuladores o "hist&eacute;ricos". Evans (31) indica que a los actos consumativos que desencadena el dolor, como retirarse de la noxa de forma refleja o consciente, el <i>H. Sapiens</i> a&ntilde;ade una variante social, la novedad evolutiva de buscar ayuda. Dar ayuda y darla bien es empezar a curar, y moviliza el placebo porque el doliente se siente ayudado por otro (recordemos que el placebo, como las cosquillas, es heteroaplicado). Ese otro ha evolucionado con el tiempo a sanitario. Pero, para ser eficaces, todas sus intervenciones deben cumplir los requisitos que Chummy Ch&uacute;mez<sup>6</sup> explicaba a su m&eacute;dico: <i>"Ustedes, doctor, sin tener conciencia de los efectos curativos que pueden producir con su presencia, son los verdaderos placebos. Basta con que nos estrechen la mano cuando entramos en su consulta, basta con que nos acompa&ntilde;en hasta la puerta de su consulta cuando se despiden de nosotros, basta con que nos miren con afecto y no con indiferencia, basta con que los enfermos adivinen que usted se est&aacute; interesando por nuestra persona, basta con eso para que nosotros, los desdichados y asustados enfermos, nos sintamos mejor cuando salimos de su consulta que cuando entramos llenos de ansiedades"</i> (32).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, el contexto relacional puede potenciar (placebo) toda actuaci&oacute;n sanitaria, pero tambi&eacute;n puede hacerla in&uacute;til o desagradable (nocebo). La adscripci&oacute;n extrema a algoritmos, protocolos, programas de psicoterapia, representa un culto a la forma y la t&eacute;cnica, m&aacute;s que una consideraci&oacute;n del paciente, sus necesidades, su malestar y su dignidad. Como las personas queremos que nos quieran y sentir que nuestro malestar importa a quienes nos tratan; si el sanitario se queda en el algoritmo o en el programa, su actuaci&oacute;n ser&aacute; puro nocebo. Complementariamente, los remedios sofisticados y caros conllevan un gasto de dinero y tiempo que hace sentir al paciente que se valida su sufrimiento personal; por eso Espay y colaboradores han observado que en pacientes con Parkinson el placebo es m&aacute;s efectivo si el paciente cree que es caro que si lo cree barato (33).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Retomemos los ritos de formaci&oacute;n sanitaria. Juan G&eacute;rvas (34) apunta que los estudiantes de Medicina se seleccionan entre quienes consiguen mejores notas en los estudios preuniversitarios y que en Espa&ntilde;a los as&iacute; seleccionados est&aacute;n fuera de la <i>"normalidad"</i>. Para el autor, son <i>"monstruitos"</i> que no representan la media ni de los estudiantes ni de la poblaci&oacute;n. En general, indica, logran sus calificaciones con una enorme capacidad de sacrificio y autocastigo que guarda poca relaci&oacute;n con valores necesarios para ser un buen m&eacute;dico, como ternura, sensibilidad, piedad, inteligencia, &eacute;tica, empat&iacute;a, cortes&iacute;a, compromiso, compasi&oacute;n y capacidad de comunicaci&oacute;n: los valores del m&eacute;dico placebo de Chumy Ch&uacute;-mez. Para G&eacute;rvas <i>"necesitamos seleccionar a los estudiantes de medicina por su capacidad intelectual, pero tambi&eacute;n por su capacidad para comprometerse a largo plazo con los pacientes y poblaciones y con sus compa&ntilde;eros y su profesi&oacute;n. Es clave que sean ricos en los valores necesarios para ser un buen m&eacute;dico"</i>. Apegarse a la t&eacute;cnica (para lo que entrena la facultad) deja de lado al enfermo y a sus necesidades.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El druida Amn&eacute;six, antes aludido, sabe que lo que necesitan las personas es ayuda para vivir con sus problemas. En el viejo esquema de la OMS, ser&iacute;a m&aacute;s &uacute;til compensar la discapacidad o la limitaci&oacute;n funcional que intentar a todo trance eliminar el defecto o el s&iacute;ntoma. Para ayudar al transitivista que se cree un jabal&iacute;, Amn&eacute;six le ense&ntilde;a a caminar a dos patas, haciendo que su problema sea menos aparente (y, dir&iacute;amos hoy, genere menos rechazo social). Y para procurar alivio al f&oacute;bico que teme que el cielo se desplome sobre su cabeza, le entrena a caminar sobre las manos: as&iacute; la b&oacute;veda celeste topar&aacute; antes con sus pies. El pragm&aacute;tico y sensible Amn&eacute;six se centra en los problemas de sus pacientes y busca soluciones, sin obcecarse en borrar el s&iacute;ntoma con boticas (pociones) o psicoterapias que le imponen marcos de referencia profesional. ¿Sabremos los fantasmas despojarnos de nuestras s&aacute;banas (o pieles de armi&ntilde;o) t&eacute;cnicas, qu&iacute;micas, verbales, o "naturales", para redescubrir nuestra funci&oacute;n y nuestro arte, para ser los profesionales placebo que necesitan los pacientes?</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>...y el que no lo reconozca es un caaa...</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute;, dejando que la imaginaci&oacute;n del oyente completase la palabra, terminaba la versi&oacute;n de "Los fantasmas" de <i>"Desde Santurce a Bilbao Blues Band"</i>. Raz&oacute;n lleva la canci&oacute;n al descalificar a quien no asume sus limitaciones, su prepotencia y sus fantasmadas. Zarifian recuerda que las diversas profesiones que pueblan el ecosistema laboral de la Salud Mental viven del sufrimiento ajeno (35): <i>"El neur&oacute;tico es quien fabrica castillos en el aire; el psic&oacute;tico, quien vive en ellos; y el psiquiatra... quien cobra los alquilere"</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Una especialidad dada a encontrar beneficios secundarios o terciarios en el paciente deber&iacute;a reparar en el beneficio material y social que obtiene el profesional. Pero los sanitarios, y los dedicados a lo psi, en particular, no somos tan importantes como solemos creer. Una rese&ntilde;a period&iacute;stica proclamaba: "Por <i>fin alguien ha definido el valor de un psiquiatra. Un individuo que reten&iacute;a rehenes a punta de pistola en el Hospital St Jude de Memphis liber&oacute; a uno de ellos -un psiquiatra- a cambio de cinco hamburguesas normales, cinco hamburguesas con queso y unas patatas fritas"</i> (36).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nuestro valor, muy superior al de ese lote de comida basura, no radica en la t&eacute;cnica, el oropel del supuesto conocimiento o los aires de grandeza que lindan con la prepotencia y generan desencanto en pacientes y profesionales. La relaci&oacute;n terap&eacute;utica, ese encuentro privilegiado con otro ser humano, da sentido a nuestra profesi&oacute;n y a nuestra esencia como personas. M&aacute;s que en t&eacute;cnicas o modelos, los profesionales nos reconocemos unos a otros en ese empe&ntilde;o com&uacute;n y en esa experiencia gratificante que compartimos. Nos respetamos y apreciamos la val&iacute;a de colegas en esa especial dimensi&oacute;n y no en otras m&aacute;s vistosas y fantasmonas. Y valoramos a colegas plac&eacute;bicos (y plac&eacute;bicas) porque hemos elegido ayudar, y buscamos hacerlo. Que siga siendo as&iacute; y que la t&eacute;cnica, la neurociencia ficci&oacute;n, los programas de tratamiento o las sagradas escrituras de nuestros respectivos gur&uacute;s no confundan ese empe&ntilde;o.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Bueno, ya vale. Antes de cerrar definitivamente la secci&oacute;n como cerraba sus noticiarios en "El Papus" el gran Iv&aacute;<sup>7</sup>, no puedo por menos, lector o lectora, que hacerte llegar un cordial saludo de despedida de parte de estas cinco hamburguesas normales, m&aacute;s cinco hamburguesas con queso, m&aacute;s unas patatas fritas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b><i>Oraci&oacute;n despedida y cierre. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii</i>.</b></font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr width="30%" align="left" size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>1</sup> Moncho Alpuente (1949-2015). Periodista, escritor, humorista y m&uacute;sico espa&ntilde;ol. Letrista de la mayor parte de los temas de <i>Desde Santurce a Bilbao Blues Band</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>2</sup> Georges R&eacute;mi (Herg&eacute;) (1907-1983). Guionista y dibujante de c&oacute;mic, uno de los padres del g&eacute;nero. Creador de Tint&iacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>3</sup> Ren&eacute; Goscinny (1926-1977). Guionista de series tan exitosas como <i>El peque&ntilde;o Nicol&aacute;s</i> (ilustrada por Semp&eacute;), <i>Oumpah-Pah</i> (dibujada por Uderzo), <i>Lucky Luke</i> (con Morris como dibujante), <i>Iznogud</i> (con Jean Tabary) y, sobre todo <i>Ast&eacute;rix</i> (con Uderzo como ilustrador).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>4</sup> Jules Romains (1895-1972), nacido Louis Henri Jean Farigoule, fue un escritor franc&eacute;s, fundador del movimiento unanimista.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>5</sup> Joaquim Maria Machado de Assis (1839-1908) fue un escritor brasile&ntilde;o, hijo de mulato, como Alexandre Dumas. Considerado uno de los grandes narradores del siglo XIX, escribi&oacute; tambi&eacute;n poes&iacute;a y cr&iacute;tica literaria y fue uno de los creadores de la cr&oacute;nica en su pa&iacute;s. Fund&oacute; la Academia Brasile&ntilde;a de Letras.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>6</sup> Chumy Ch&uacute;mez, nacido Jos&eacute; Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez Castrillo (1927-2003). Humorista gr&aacute;fico, escritor y director de cine. Colabor&oacute; con <i>La Codorniz</i> y fund&oacute; <i>Hermano Lobo</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>7</sup> Iv&agrave;, nacido Ram&oacute;n Tosas Fuentes (1941-1993): Historietista de <i>Barrab&aacute;s, El Papus</i> y <i>El Jueves</i> ("<i>Historias de la puta mili</i>", "<i>Makinavaja</i>"). En <i>El Papus</i> publicaba un noticiario semanal, comentando titulares de peri&oacute;dicos, que se cerraba a la manera en que TVE conclu&iacute;a cada noche sus emisiones: Oraci&oacute;n, despedida y cierre, seguido de un pitido de desconexi&oacute;n.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Fuentes</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Walter G. The naming of our species: Appellations for the psychiatrist. Aus N Zel J Psychiatr 1991; 25: 123-128 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/2049009" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/2049009</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722314&pid=S0211-5735201500030001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Walter G. The psychiatrist in american cartoons, 1941-1990. Acta Psychiatr Scand 1992; 85: 167-172 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1543044" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1543044</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722316&pid=S0211-5735201500030001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Medrano J, Malo P. Uriarte JJ, L&oacute;pez AP. Stigma and prejudice in Tintin. BMJ 2009; 339: 1406-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722318&pid=S0211-5735201500030001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Porcel Torrens A. Almanaques de locos: la representaci&oacute;n popular de la locura en la Espa&ntilde;a de la Postguerra. Rev Asoc Esp Neuropsiquiatr 2015; 127:649-671.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722320&pid=S0211-5735201500030001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Gharaibeh NM. The psychiatrist's image in commercially available American movies. Acta Psychiatr Scand 2005; 111: 316-9 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15740468" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15740468</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722322&pid=S0211-5735201500030001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Szykiersky D, Raviv A. The image of the psychotherapist in literature. Am J Psychother 1995; 49: 405-15 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8546237" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8546237</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722324&pid=S0211-5735201500030001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Rollman BL, Mead LA, Wang N-Y, Klag MJ. Medical specialty and the incidence of divorce.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722326&pid=S0211-5735201500030001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Schernhammer ES, Colditz GA. Suicide Rates Among Physicians: A Quantitative and Gender Assessment (Meta-Analysis). Am J Psychiatry 2004; 161:2295-2302 (Accesible en: <a href="http://mwia.net/wp-content/uploads/2012/07/SuicideRatesAmongPhysi-cians.pdf" target="_blank">http://mwia.net/wp-content/uploads/2012/07/SuicideRatesAmongPhysi-cians.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722328&pid=S0211-5735201500030001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Pabbati C. Symptoms of Depression as a Function of Sex and Level of Training Amongst Healthcare Professionals. Poster presented at the 168th meeting of the American Psychiatric Association. 16 May 2015. Comentario en: <a href="http://www.psychcon-gress.com/article/suicide-attempts-high-among-female-medical-professionals-22417" target="_blank">http://www.psychcon-gress.com/article/suicide-attempts-high-among-female-medical-professionals-22417</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722330&pid=S0211-5735201500030001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Wright DJ, Roberts AP. Which doctors die first? Analysis of BMJ obituary columns. BMJ 1996; 313: 1581-2 (Accesible en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/arti-cles/PMC2359095/" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/arti-cles/PMC2359095/</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722332&pid=S0211-5735201500030001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Shanafelt TD, Boone S, Tan L, Dyrbye LN, Sotile W, Satele D, et al. Burnout and satisfaction with work-life balance among US physicians relative to the general US population. Arch Intern Med 2012; 172: 1377-85. 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Psychiatric Times, November 17, 2010 (Accesible en: <a href="http://www.psychiatrictimes.com/ptsd/secondary-trauma-issues-psychia-trists" target="_blank">http://www.psychiatrictimes.com/ptsd/secondary-trauma-issues-psychia-trists</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722336&pid=S0211-5735201500030001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Rathod S, Mistry M, Ibbotson B, Kingdon D. Stress in psychiatrists: coping with a decade of rapid change. The Psychiatrist 2011; 35: 130-4 (Accesible en: <a href="http://pb.rcpsych.org/content/35/4/130.full-text.pdf+html" target="_blank">http://pb.rcpsych.org/content/35/4/130.full-text.pdf+html</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722338&pid=S0211-5735201500030001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Bud R. Antibiotics. From germophobia to the carefree life and back again: the lifecycle of the antibiotic brand. En: Tone E, Siegel Watkins E. Medicating modern America. Prescription drugs in history. New York: New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722340&pid=S0211-5735201500030001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Juramento hipocr&aacute;tico. Actualizaci&oacute;n de la f&oacute;rmula hipocr&aacute;tica que llev&oacute; a cabo la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial (Asamblea General, celebrada en Ginebra, 1948), luego revisada en 1968 (Sydney) (Accesible en: <a href="http://www.bioeticanet.info/documentos/JURHIP.pdf" target="_blank">http://www.bioeticanet.info/documentos/JURHIP.pdf</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722342&pid=S0211-5735201500030001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Bamforth I. Knock: a study in medical cynicism. Med Humanit 2002; 28: 14-8 (Accesible en: <a href="http://mh.bmj.com/con-tent/28/1/14.long" target="_blank">http://mh.bmj.com/con-tent/28/1/14.long</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722344&pid=S0211-5735201500030001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Bell J. Treatment dependence: preliminary description of yet another syndrome.Br J Addict 1992; 87: 1049-54 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1643398" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1643398</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722346&pid=S0211-5735201500030001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Lipsitt DR. White coat: to wear or not to wear? Gen Hosp Psychiatry 1993; 15: 89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722348&pid=S0211-5735201500030001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Richard McNally Amicus Letter. June 3, 2005 (Accesible en: <a href="http://ncrj.org/get-informed-2/richard-mcnally-amicus-letter/" target="_blank">http://ncrj.org/get-informed-2/richard-mcnally-amicus-letter/</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722350&pid=S0211-5735201500030001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Taylor M, Perera U. NICE CG178 Psychosis and Schizophrenia in Adults: Treatment and Management - an evidence-based guideline? Br J Psychiatry 2015; 206: 357-9 (Abstract en: <a href="http://bjp.rcpsych.org/content/206/5/357" target="_blank">http://bjp.rcpsych.org/content/206/5/357</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722352&pid=S0211-5735201500030001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. Rosenzweig S. Some implicit common factors in diverse methods of psychotherapy: "At last the Dodo said, 'Everybody has won and all must have prizes'". Am J Orthopsychiatry 1936; 6: 412-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722354&pid=S0211-5735201500030001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Luborsky L, Singer B, Luborsky L. Comparative studies of psychotherapies. Is it true that "Everybody has won and all must have prizes?" Proc Annu Meet Am Psycho-pathol Assoc 1976; (64): 3-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722356&pid=S0211-5735201500030001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Smith ML, Glass GV. Meta analysis of psychotherapy outcome studies. Am Psychol 1977; 32: 752-60 (Abstract en: http://psycnet.apa.org/index.cfm?fa=buy.op-tionToBuy&amp;id=1978-10341-001).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722358&pid=S0211-5735201500030001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Wampold BE. The great psychotherapy debate. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates Inc., 2001</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722360&pid=S0211-5735201500030001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Moerman DE. Meaning, medicine, and the "placebo effect". Cambridge University Press: New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722361&pid=S0211-5735201500030001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26. Moerman DE, Jonas WB (2002). Deconstructing the placebo effect and finding the meaning response. Ann Intern Med 2002; 136: 471-6 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11900500" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11900500</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722363&pid=S0211-5735201500030001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">27. Miller FG, Colloca L, Kaptchuk TJ. The placebo effect: illness and interpersonal healing. Perspect Biol Med 2009; 52: 518-3 (Accesible en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2814126/" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2814126/</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722365&pid=S0211-5735201500030001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">28. Gracia A, Arsuaga JL, Mart&iacute;nez I, Lorenzo C, Carretero JM, Berm&uacute;dez de Castro JM, et al. Craniosynostosis in the Middle Pleistocene human Cranium 14 from the Sima de los Huesos, Atapuerca, Spain. Proc Natl Acad Sci USA 2009; 106: 6573-8 (Accesible en: <a href="http://www.pnas.org/con-tent/106/16/6573.full" target="_blank">http://www.pnas.org/con-tent/106/16/6573.full</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722367&pid=S0211-5735201500030001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">29. Goldacre B. Mala ciencia. Barcelona: Planeta, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722369&pid=S0211-5735201500030001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">30. Humphrey N. Great expectations: the evolutionary psychology of faith-healing and the placebo effect. En von Hofsten C, Backman L (eds). Psychology at the Turn of the Millennium, Vol. 2: Social, Developmental, and Clinical Perspectives. Hove: Psychology Press; p. 225-46, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722371&pid=S0211-5735201500030001300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">31. Evans D. Placebo. El triunfo de la mente sobre la materia en la medicina moderna. Barcelona: Alba, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722373&pid=S0211-5735201500030001300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">32. Ch&uacute;mez C. Cartas de un hipocondriaco a su m&eacute;dico de cabecera. Madrid: EDAF, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722375&pid=S0211-5735201500030001300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">33. Espay AJ, Norris MM, Eliassen JC, Dwivedi A, Smith MS, Banks C, et al. Placebo effect of medication cost in Parkinson disease: a randomized double-blind study. Neurology 2015; 84: 794-802 (Abstract en: <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25632091" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25632091</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722377&pid=S0211-5735201500030001300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">34. G&eacute;rvas J. ¿Quiere buenos m&eacute;dicos? ¡Seleccione mejores estudiantes! Acta Sanitaria, 26 de abril de 2015 (Accesible en: <a href="http://www.actasanitaria.com/quiere-buenos-medicos-seleccione-mejores-estudiantes/" target="_blank">http://www.actasanitaria.com/quiere-buenos-medicos-seleccione-mejores-estudiantes/</a>).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722379&pid=S0211-5735201500030001300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">35. Zarifian E: Los jardineros de la locura. Espasa-Calpe, Madrid, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722381&pid=S0211-5735201500030001300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">36. The Times, 8 febrero 1982; citado en Hume F, Pullen I: Rehabilitation in psychiatry. Churchill-Livingstone, Edinburgh, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4722383&pid=S0211-5735201500030001300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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