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</front><body><![CDATA[  <a name="top"></a>    <p><font face="Verdana" size="2"><b>ART&Iacute;CULOS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>El diagn&oacute;stico del narcisismo: una lectura relacional</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>The diagnosis of narcissism: a relational view</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Jacqueline Karen Andrea Serra Und&uuml;rraga</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Universidad de Las Am&eacute;ricas, Santiago de Chile, Chile    <br><a href="mailto:kserra@uc.cl">kserra@uc.cl</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Introduccci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">EL NARCISISMO HA SIDO CONCEPTUALIZADO hist&oacute;ricamente desde la indiferencia (teor&iacute;a freudiana) (1) o la hostilidad (teor&iacute;a kleiniana) (2) hacia los objetos. De esta forma, la patologizaci&oacute;n del narcisista se ve facilitada. Este queda etiquetado como un paciente no analizable o al menos dif&iacute;cil. Kohut es el primer autor que se rebela consistentemente contra esta noci&oacute;n. Adem&aacute;s, es una de las grandes influencias del enfoque relacional en psicoan&aacute;lisis (3-7). Resulta curioso que desde su inter&eacute;s por entender al narcisismo, conceptualizado por Freud como la imposibilidad de vincularse con otro objeto distinto del yo (1), se d&eacute; inicio a todo un cuerpo te&oacute;rico que, justamente, pone a la relaci&oacute;n en primera plana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Kohut construye su teor&iacute;a desde el contraste con los autores imperantes en su contexto hist&oacute;rico: Freud y Klein (8-9). Ambos presentan un enfoque que sit&uacute;a a la pulsi&oacute;n, remitida a las profundidades de la subjetividad, como la causa primera del conflicto ps&iacute;quico. Kohut se rebela contra esta conceptualizaci&oacute;n, proponiendo una matriz vincular, m&aacute;s o menos efectiva, como base explicativa de los s&iacute;ntomas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con este aporte, Kohut sembr&oacute; las semillas para un enfoque relacional en torno al narcisismo. No obstante, no logr&oacute; consolidar este trabajo de forma decisiva. En su &uacute;ltimo libro, a&uacute;n intentaba hacer complementarias la perspectiva freudiana y la suya propia. Este intento se traduce en una estrategia que, como argumenta Mitchell (10), intenta preservar el enfoque cl&aacute;sico y las nuevas ideas, cayendo en contradicciones importantes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por ejemplo, Kohut (8) concluy&oacute; que la psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo era apta para el tratamiento de los trastornos narcisistas, y que las neurosis estructurales deb&iacute;an trabajarse mediante el psicoan&aacute;lisis cl&aacute;sico. Esto resulta discordante, debido a que su enfoque postula que la pulsi&oacute;n es secundaria a una desintegraci&oacute;n a nivel vincular; esta afirmaci&oacute;n no puede ser complementaria a la idea cl&aacute;sica de la pulsi&oacute;n como primaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por este motivo, el enfoque relacional propiamente dicho alcanzar&aacute; su consolidaci&oacute;n m&aacute;s adelante. Como puntualizan Mitchell y Aron, "los conceptos relacionales no proveen comprensiones de fen&oacute;menos diferentes que los explorados por el modelo de pulsi&oacute;n/defensa; los conceptos relacionales proveen comprensiones alternativas a los mismos fen&oacute;menos" (7).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este sentido, hay un claro deslinde de la propuesta complementaria que realiza Kohut (8). No se trata de que el tratamiento centrado en el v&iacute;nculo sirva para algunas patolog&iacute;as y para otras no, sino que se trata de una nueva perspectiva que re-interpreta todos los casos desde un nuevo paradigma. Es desde este esp&iacute;ritu que se analizar&aacute;n en el presente art&iacute;culo las conceptualizaciones del narcisismo creadas desde los enfoques cl&aacute;sicos, freudianos y kleinianos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este empe&ntilde;o, en primer lugar, se repasar&aacute;n sucintamente las conceptuali-zaciones freudianas y kleinianas con respecto al narcisismo, para luego describir el enfoque de la psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo de Kohut y los aportes relacionales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Siguiendo este orden, se pasar&aacute; a analizar de forma reflexiva y cr&iacute;tica, desde una perspectiva relacional, las conceptualizaciones sobre el narcisismo construidas desde una l&oacute;gica cl&aacute;sica. Los autores a los que se les dar&aacute; m&aacute;s &eacute;nfasis respecto a esto ser&aacute;n Rosenfeld y Kernberg, quienes han dedicado buena parte de su trabajo a pensar el narcisismo. Dentro de estas teorizaciones hay ciertos supuestos, como la baja altura estructural del narcisismo o la etiolog&iacute;a constitucional a partir de la excesiva pulsi&oacute;n de muerte (11-16). Es importante explicitar que cuando se menciona la <i>visi&oacute;n tradicional</i> acerca del narcisismo nos referimos a la que presenta estos supuestos a la base.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es de inter&eacute;s cuestionar estos supuestos desde una perspectiva relacional, debido a que, desde estos postulados, se tiende a demonizar el diagn&oacute;stico de narcisismo. Resultan altamente preocupantes las consecuencias vinculares que esta demonizaci&oacute;n puede arrojar sobre la interacci&oacute;n psicoterap&eacute;utica. De esta manera, en la &uacute;ltima parte de este trabajo se analizar&aacute; la demonizaci&oacute;n del narcisista y sus posibles consecuencias.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El enfoque freudiano del narcisismo</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El concepto de narcisismo es largamente discutido en la obra freudiana. Este art&iacute;culo solo pretende ofrecer una sucinta orientaci&oacute;n acerca de la conceptualizaci&oacute;n de Freud del narcisismo en lo que refiere a sus manifestaciones psicopatol&oacute;gicas y vinculares.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Lo primero que resulta relevante es que, para Freud, el narcisismo primario implica que aun no existe relaci&oacute;n con el mundo externo; las investiduras libidinales est&aacute;n dirigidas hacia el propio yo, que ser&iacute;a el primer objeto. En el narcisismo secundario existe un repliege de las investiduras libidinales hacia la propia persona. Esto implica que en el narcisismo no hay relaci&oacute;n con objetos que no sean el propio yo o representantes de este (1).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la misma l&iacute;nea, Freud (1) se&ntilde;ala las diferencias entre la elecci&oacute;n narcisista del objeto y la elecci&oacute;n por apuntalamiento. Haciendo una s&iacute;ntesis al respecto, se puede decir que en la elecci&oacute;n narcisista lo que se busca en el objeto es la admiraci&oacute;n y el cari&ntilde;o sobre s&iacute;. De esta forma, se ans&iacute;a un objeto que represente lo que uno es, fue, querr&iacute;a ser o a la persona que fue parte del s&iacute;-mismo. En cambio, en el apuntalamiento se buscar&iacute;a a la mujer nutricia o al hombre protector. Como se puede concluir, en la elecci&oacute;n narcisista el objeto s&oacute;lo funciona como un representante del s&iacute;-mismo, por lo que sigue siendo v&aacute;lido que no hay relaci&oacute;n con los objetos fuera del yo. M&aacute;s adelante, Melanie Klein producir&aacute; un cisma frente a las conceptualizaciones freudianas cl&aacute;sicas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Aportes kleinianos y post-kleinianos</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las posibilidades terap&eacute;uticas para el narcisismo eran casi nulas con la conceptualizaci&oacute;n freudiana: El an&aacute;lisis requiere de la posibilidad de establecer una transferencia entre analista y paciente, y en el caso del narcisismo esto no resulta posible por su inmersi&oacute;n en la propia subjetividad. En ese sentido, ser&iacute;an pacientes que caben en la categor&iacute;a de no-analizables (14). Klein ser&aacute; una figura pionera a la hora de cambiar este panorama.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Freud (17-18) se centra en la dimensi&oacute;n ed&iacute;pica, con la concepci&oacute;n de un yo posterior; en cambio, Klein es una de las pioneras del trabajo con tem&aacute;ticas pre-ed&iacute;picas. De esta forma, se aparta de la concepci&oacute;n de Freud dando cabida a un yo previo (19). Esto resultar&aacute; importante en la inclusi&oacute;n del narcisismo en el tratamiento psicoanal&iacute;tico, el cual quedar&aacute; remitido a los fen&oacute;menos pre-ed&iacute;picos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta forma, contin&uacute;a existiendo una complementariedad entre las teor&iacute;as freudianas y kleinianas, como analiza Mitchell con respecto a Kohut y Freud (10). En este caso, la separaci&oacute;n se establece entre patolog&iacute;as ed&iacute;picas y pre-ed&iacute;picas, estableciendo para las segundas m&eacute;todos anal&iacute;ticos modificados. Se puede pensar que en este intento no existe un cambio fundamental en el paradigma, sino una ampliaci&oacute;n a otros fen&oacute;menos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Klein (20) dibuja un beb&eacute; en quien se disputan las pulsiones de vida y muerte. Esta &uacute;ltima, a la que ella denomina instinto de muerte, se manifiesta a partir de impulsos destructivos. Un ejemplo de estos impulsos es la envidia, que es catalogada como parte de la psicopatolog&iacute;a del narcisismo por las teor&iacute;as con influencia kleiniana y se concibe como el impulso a quitar y da&ntilde;ar eso bueno y deseable que tiene el objeto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Siguiendo a Castell&agrave; (20), Klein fue pasando de concebir etapas narcisistas a estados narcisistas de las relaciones objetales. Estos se caracterizar&iacute;an por la presencia de fantas&iacute;as omnipotentes y por una falta de diferenciaci&oacute;n que se evidencia por la presencia de mecanismos defensivos arcaicos de la fase esquizo-paranoide.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de que su teor&iacute;a da mucho &eacute;nfasis a los factores constitucionales, Klein (2) realiza un cambio muy importante a favor de una concepci&oacute;n m&aacute;s cercana a la relacional, al establecer que el autoerotismo y el narcisismo del beb&eacute; son contempor&aacute;neos con la primera relaci&oacute;n de objeto. As&iacute;, sus observaciones contradicen la teor&iacute;a freudiana, que aboga por un estado autoer&oacute;tico y de narcisismo sin relaci&oacute;n con el objeto externo. Sin embargo, a diferencia del enfoque relacional, para Klein estas relaciones est&aacute;n mediadas principalmente por la fantas&iacute;a, determinada pulsionalmente, y no por el v&iacute;nculo real con los padres (5, 19, 22).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tambi&eacute;n Rosenfeld (13, 23) esclarece que en los casos narcisistas hay una transferencia en particular caracterizada por la omnipotencia y la identificaci&oacute;n por proyecci&oacute;n o introyecci&oacute;n. Las ansiedades son paranoides y las defensas juegan en contra del reconocimiento de la separaci&oacute;n entre el s&iacute;-mismo y el objeto, ya que esto implicar&iacute;a sentimientos de dependencia. La dependencia se asocia con reconocer el valor del objeto, lo que conduce a la agresi&oacute;n y la envidia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por su lado, Kernberg<sup><a name="top_fn1"></a><a href="#back_fn1">1</a></sup> describe que existe envidia hac&iacute;a los dem&aacute;s, menosprecio e idealizaci&oacute;n. Las relaciones son explotadoras o parasitarias. No pueden depender de objetos buenos internalizados. La personalidad antisocial constituir&iacute;a un subgrupo de la narcisista donde adem&aacute;s hay una patolog&iacute;a del supery&oacute;. El autor dice: "En particular, son incapaces de experimentar aut&eacute;nticos sentimientos de tristeza, duelo, anhelo y reacciones depresivas, siendo esta &uacute;ltima carencia una caracter&iacute;stica b&aacute;sica de sus personalidades" (11).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En resumen, Klein y los autores influenciados por ella, a diferencia del pensamiento freudiano, afirman que s&iacute; hay relaciones objetales en el narcisismo, que estas son arcaicas y est&aacute;n dirigidas por fantas&iacute;as intraps&iacute;quicas. Para estos autores, la destructividad constitucional es un claro factor etiol&oacute;gico y descriptivo del narcisismo. De esta forma, el aspecto relacional queda como secundario a la pulsi&oacute;n, que es la que dirige las vinculaciones.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>La psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A partir del contraste con las figuras de Freud y Klein, Kohut desarrolla su propia teor&iacute;a: la psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo (9). Kohut declara: "As&iacute; pues, estoy batallando en general contra dos ortodoxias: la que decreta que toda cura descansa en el an&aacute;lisis del complejo de Edipo, y la que legisla que toda cura descansa en el an&aacute;lisis de las depresiones y furias de la primera infancia" (8). Con esta sentencia, Kohut se est&aacute; refiriendo a la orientaci&oacute;n freudiana y kleiniana respectivamente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Kohut (24) hace primero una teorizaci&oacute;n del narcisismo m&aacute;s alineada con la teor&iacute;a freudiana, en tanto sit&uacute;a como base etiol&oacute;gica a las pulsiones. Sin embargo, desde el comienzo el autor hace un giro conceptual, dejando de concebir al narcisismo como la investidura de la propia persona. Enuncia que lo contrario del narcisismo es el amor objetal, no las relaciones de objeto. Es decir, que en el narcisismo s&iacute; existen relaciones objetales, aunque estas tienen una cualidad narcisista, esto es, que el otro es visto solamente en relaci&oacute;n al sustento que reporta al s&iacute;-mismo<sup><a name="top_fn2"></a><a href="#back_fn2">2</a></sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es importante notar c&oacute;mo Freud (1) concibe al narcisismo en relaci&oacute;n con la elecci&oacute;n de objeto (con &eacute;nfasis en el objeto). Esto significa que la pregunta est&aacute; localizada en relaci&oacute;n a si las investiduras libidinales se dirigen hacia el sujeto o hacia el objeto. En cambio, a mediados de la segunda mitad del siglo XX, Kohut (25) concebir&aacute; al narcisismo como una forma de vincularse (con &eacute;nfasis en el tipo de relaci&oacute;n), dando por sentado que existe como base una vinculaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Estas distintas formas de conceptualizar al narcisismo van aparejadas con posibilidades de tratamiento diferenciadas. Desde la perspectiva freudiana no hay relaci&oacute;n con los objetos externos, por lo que no hay tratamiento posible. Desde la visi&oacute;n kleiniana s&iacute; hay relaci&oacute;n, aunque caracterizada por la envidia y la necesidad de suturar la diferencia; de esta manera, s&iacute; puede existir un tratamiento para los narcisistas, aunque ser&aacute; dificultoso por estas caracter&iacute;sticas que se conciben como intr&iacute;nsecas al sujeto. Por &uacute;ltimo, desde el punto de vista de Kohut s&iacute; hay v&iacute;nculo con los objetos, aunque, no obstante, es un v&iacute;nculo que va dirigido a conseguir la sustentaci&oacute;n del s&iacute;-mismo. Desde esta perspectiva, el tratamiento es posible, y tiene que ser un tratamiento donde el paciente logre encontrar en el v&iacute;nculo con el terapeuta este sustento que su s&iacute;-mismo requiere.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde el comienzo, Kohut enfatiza que los s&iacute;ntomas del narcisismo se entienden a partir de frustraciones tempranas e intensas de las necesidades evolutivas del sujeto (24). De esta manera, la vulnerabilidad narcisista se piensa desde fallas vinculares debido a las cuales el cuidador no pudo cumplir para el ni&ntilde;o la funci&oacute;n de sustentar su s&iacute;-mismo apoyando y celebrando las manifestaciones del infante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para Kohut (24-25), el exhibicionismo, por ejemplo, es una etapa normal que tiene que ser acompa&ntilde;ada por frustraciones graduales y el amor de parte de las figuras cuidadoras. Cuando esto no es as&iacute;, y hay rechazo, sobre-indulgencia, o impredecibilidad por parte del ambiente, el s&iacute;-mismo comienza a presentar formas aberrantes de descargar su tensi&oacute;n exhibicionista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con el tiempo, Kohut se distancia de la teor&iacute;a freudiana llegando al desarrollo de la psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo (8, 26). El viraje m&aacute;s notable que realiza es el de considerar que la disociaci&oacute;n de las pulsiones es secundaria a una injuria al s&iacute;-mismo. De esta forma, la causalidad se ubica en una falla en la matriz de relaciones entre el s&iacute;-mismo y sus objetos s&iacute;-mismo<sup><a name="top_fn3"></a><a href="#back_fn3">3</a></sup>, y no en la hostilidad objetal o la oralidad, por poner algunos ejemplos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como consecuencia de este cambio te&oacute;rico, hay una lectura positiva del paciente como una persona que intenta crecer y necesita v&iacute;nculos con objetos s&iacute;-mismo que se lo permitan. De este modo, el terapeuta queda interpelado a ser parte del v&iacute;nculo con el paciente, un v&iacute;nculo que logre ser usado para el desarrollo de este &uacute;ltimo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde esta matriz comprensiva, Miller (27) se&ntilde;ala que la propuesta de tratamiento de Kohut es una que promueve que el psicoterapeuta entregue sustento al paciente. Kohut especifica que muchas veces una interpretaci&oacute;n, sobre todo cuando versa acerca de una motivaci&oacute;n oscura y oculta del paciente, logra desvitalizar al s&iacute;-mismo de este. Por eso, el autor propone intervenciones que logren dar una interpretaci&oacute;n positiva de las intenciones del paciente. A diferencia de la escuela tradicional, donde se sospecha de las motivaciones del paciente, Kohut participa de una visi&oacute;n donde hay una confianza b&aacute;sica a este respecto (28).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>El psicoan&aacute;lisis relacional</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El psicoan&aacute;lisis relacional tambi&eacute;n hace aportes importantes al narcisismo. Sobre todo en la forma de conceptualizarlo, ya que se renuncia a la teor&iacute;a etiol&oacute;gica pulsional y en su lugar aparece el v&iacute;nculo como fundador del desarrollo ps&iacute;quico y sus dificultades (4-6, 29).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es importante aclarar que esto no significa, en ning&uacute;n caso, que se est&eacute; desestimando la importancia de la dimensi&oacute;n intraps&iacute;quica. Lejos de eso, lo que realiza el psicoan&aacute;lisis relacional es iluminar lo intraps&iacute;quico desde una perspectiva relacional. Esto es, desde una teor&iacute;a que entiende que lo que se ha configurado como parte de la subjetividad tiene que ver con patrones interaccionales internalizados (7, 30-33). Esto es relevante, ya que lo que aparece como una caracter&iacute;stica estructural se entiende como una cristalizaci&oacute;n debida a repetidas interacciones que conformaron una forma de ser. A diferencia de las pulsiones que vienen desde la biolog&iacute;a interna, los patrones interaccionales se pueden modificar vincularmente: si una estructura cristaliz&oacute; por determinados v&iacute;nculos se puede transformar por otros v&iacute;nculos sostenidos y sanadores.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Morrison y Stolorow (34) resaltan que en la concepci&oacute;n freudiana del narcisismo, este era descrito como un estado regresivo patol&oacute;gico en el que el sujeto se aleja de formas maduras de relacionarse hacia una absorci&oacute;n en s&iacute;-mismo. En contraste con esta noci&oacute;n, los autores entienden el narcisismo como el deseo de ser apreciado como especial y &uacute;nico por otra persona importante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Siguiendo a Kohut (26), consideran este deseo como algo esperable y normal. Lo comprenden como la necesidad de especularizaci&oacute;n que teoriza Kohut. Argumentan que si esto logra ser desarrollado, es decir, si las personas que componen los objetos s&iacute;-mismo del individuo logran entregarle ese aprecio a su persona entera como especial y valiosa, entonces se consolida un sentido del s&iacute;-mismo estable y cohesivo (34).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Benjamin (35-37) desarrolla su teor&iacute;a de la intersubjetividad, a la que se refiere como el reconocimiento de uno mismo y del otro en su diferencia. Justamente, un logro evolutivo que hace falta en el narcisismo. A partir de este concepto de Benjamin, Shaw (38-39) concibe el narcisismo como una relaci&oacute;n traum&aacute;tica de subyugaci&oacute;n, esto es, como una vinculaci&oacute;n donde no se permite que surja el otro en su diferencia e independencia. Asimismo, el diagn&oacute;stico de narcisismo queda remitido a un patr&oacute;n interaccional nocivo que no permite la emergencia de una subjetividad reconocida como tal.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, el psicoan&aacute;lisis relacional sit&uacute;a el v&iacute;nculo y no las pulsiones en la base de las manifestaciones cl&iacute;nicas. Se concibe el narcisismo como un conjunto de necesidades del individuo: de reconocimiento, de cuidado y de valoraci&oacute;n como persona completa. Solo cuando estas necesidades no se han visto acogidas surge el cuadro narcisista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Frente a esta epistemolog&iacute;a vincular se sit&uacute;a el diagn&oacute;stico tradicional, que comprende el fen&oacute;meno cl&iacute;nico como aislado del observador y del contexto. En los pr&oacute;ximos apartados se describir&aacute;n algunas aristas del diagn&oacute;stico cl&aacute;sico del narcisismo y se reflexionar&aacute; cr&iacute;ticamente en torno a ellas desde lo desarrollado por el psicoan&aacute;lisis relacional.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El supuesto de la estructura</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Uno de los componentes importantes a la hora de realizar un diagn&oacute;stico tradicional es la pregunta por la estructura a la base del mismo. Esta pregunta, referida a la altura estructural del narcisismo, tiene diversas respuestas. Como se ha visto, Kernberg (11) lo sit&uacute;a dentro de lo lim&iacute;trofe, aunque con un desarrollo algo m&aacute;s avanzado que estos en el control de impulsos. Podr&iacute;amos considerar esta teor&iacute;a coherente con los postulados kleinianos (21), que sit&uacute;an el narcisismo en un lugar intermedio entre las psicosis y las neurosis.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, en su &uacute;ltimo libro Kohut (8) hace un ordenamiento de los problemas cl&iacute;nicos, situando en un nivel m&aacute;s b&aacute;sico las psicosis y los estados l&iacute;mites, en un nivel intermedio a los cuadros narcisistas de la personalidad y el comportamiento, y, por &uacute;ltimo, a las neurosis cl&aacute;sicas de transferencia. Por &uacute;ltimo, Johnson (40) utiliza los planteamientos de Mahler (41) para definir la altura estructural del narcisismo, postulando que las fallas espec&iacute;ficas en la subfase de reacercamiento y en el ciclo de separaci&oacute;n-individuaci&oacute;n son las que derivan en el narcisismo propiamente dicho.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando pensamos en lo estructural desde un marco relacional, hay algunas certezas que se derrumban. Desde un marco intersubjetivo, las dimensiones intraps&iacute;quicas -la subjetividad- se comprenden siempre desde la din&aacute;mica relacional en la que est&aacute;n imbricadas y viceversa (6, 42, 43). Por ejemplo, divisiones como consciente e inconsciente tienen que ver con la matriz vincular en la que est&aacute; inserta la subjetividad: en ciertos contextos relacionales algunos contenidos quedar&aacute;n inaccesibles, y en otros podr&aacute;n ser elaborados (29, 43, 44). De esta misma forma, la estructura de una persona no se puede concebir como aislada de su contexto relacional. As&iacute;, tambi&eacute;n tiene sentido que distintos autores lleguen a distintas conclusiones con respecto a la estructura del narcisismo, ya que hay un tramado intersubjetivo de por medio (45).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se propone que en el narcisismo se da, cl&iacute;nicamente, una desestabilizaci&oacute;n del s&iacute;-mismo debido a que necesita de sustentaci&oacute;n (34). Esto se puede ver en la cl&iacute;nica en una persona con cierta sintomatolog&iacute;a (como impulsividad, polarizaci&oacute;n, etc.) que remite a la hip&oacute;tesis de una baja estructura a la base.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, lo que se quiere enfatizar desde el abordaje relacional es que esta sintomatolog&iacute;a no proviene de una estructura intraps&iacute;quica inamovible. Estos s&iacute;ntomas remiten a patrones vinculares establecidos que se cristalizan. Esto puede aparecer como una estructura estable, pero no lo es, ya que puede modificarse con nuevas formas de vincularse, debido a que, en principio, se ha construido a partir de relaciones carentes y nocivas. Por ejemplo, si pensamos en un paciente narcisista que asiste a un psicoterapeuta que intenta propiciar una interacci&oacute;n sustentadora para el s&iacute;-mismo, seguramente, despu&eacute;s de repetidas y constantes interacciones reparatorias, ser&aacute; dif&iacute;cil reconocer los indicios de una baja estructura. Esto se explica porque los s&iacute;ntomas no derivan de una estructura intraps&iacute;quica inamovible, sino de patrones relacionales cristalizados en el paciente. De esta forma, si se propicia una relaci&oacute;n significativa, constante y reparadora, se podr&aacute; re-construir un s&iacute;-mismo m&aacute;s estable y cohesivo.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El supuesto de la destructividad constitucional</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Estrechamente vinculado al apartado anterior acerca de la altura estructural del narcicismo se encuentra el tema de la destructividad en este diagn&oacute;stico, ya que esta est&aacute; asociada a una baja estructura.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Kernberg (11) hace una divisi&oacute;n del narcisismo, incluyendo el <i>narcisismo maligno</i> como un paso intermedio entre el narcisismo y la personalidad antisocial. Como explicita Russell (46), en las elaboraciones de Kernberg la agresi&oacute;n es vista primariamente en t&eacute;rminos pulsionales, por lo que es concebida como un aspecto inherente al desorden narcisista de personalidad. De forma similar, Britton (15) concibe un narcisismo destructivo cuando el ni&ntilde;o, primariamente, tiene un exceso de hostilidad objetal.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En contraste, Lachmann (47) nos da una visi&oacute;n distinta y acorde con el paradigma relacional. En los autores antes mencionados, con mayor o menor flexibilidad, prima un paradigma intraps&iacute;quico para explicar la destructividad. En estas teorizaciones existe el halo de un cuestionamiento dicot&oacute;mico muy antiguo: ¿La destructividad viene de dentro o es ambiental? En cambio, para explicar la perversi&oacute;n (asociada a la destructividad y a los extremos m&aacute;s bajos del narcisismo), este autor propone basarse en la <i>violaci&oacute;n de expectativas.</i> Este concepto revela la interacci&oacute;n como base para entender la sintomatolog&iacute;a.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Las expectativas son generadas dentro de una diada y luego pueden ser comprobadas, frustradas o ferozmente violadas. Por ejemplo, en una relaci&oacute;n se puede crear la expectativa de que si una de las partes se siente vulnerable la otra parte la acoger&aacute;. Esta expectativa se puede violar dr&aacute;sticamente si, por ejemplo, frente a la vulnerabilidad de la persona, su contraparte la ignora y rechaza. Seg&uacute;n Lachmann (47), el comportamiento perverso se dar&iacute;a porque ese sujeto sufri&oacute; una violaci&oacute;n de expectativas constante en su infancia, y luego comenz&oacute; a violar las expectativas de otros.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s de la violaci&oacute;n de expectativas, Lachmann (47) agrega el concepto de interpretaciones <i>leading edge</i>, que podr&iacute;amos traducir como "liderando el borde". Estas interpretaciones explican lo que hace un paciente en t&eacute;rminos relacionales, utilizando el <i>para qu&eacute;</i> en vez del <i>por qu&eacute;.</i> Al mismo tiempo, otorgan una connotaci&oacute;n positiva al acto del paciente. Este tipo de interpretaciones son de la autor&iacute;a de Kohut, quien nunca escribi&oacute; expl&iacute;citamente al respecto, aunque, sin embargo, su supervisado Jule Miller (27) s&iacute; lo hizo. Para ilustrarlo, Lachmann (48) hace una distinci&oacute;n entre agresi&oacute;n eruptiva y reactiva, siendo ambas producto de injurias narcisistas, esto es, de injurias al s&iacute;-mismo. La agresi&oacute;n eruptiva parecer&iacute;a como innata y surgida de la nada, a diferencia de la reactiva que es en respuesta a una injuria narcisista actual. Sin embargo, la primera solo <i>parece</i> innata, pues tiene que ver con abuso y negligencia temprana y persistente. En estos casos, la agresi&oacute;n eruptiva reemplaza a otros afectos como ansiedad, verg&uuml;enza, excitaci&oacute;n, etc.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el caso de estar con un paciente que ha tenido un estallido de agresi&oacute;n eruptiva, ser&iacute;a distinto interpretarlo cl&aacute;sicamente que hacerlo al estilo de Kohut. En el primer caso, lo podr&iacute;amos explicar como fruto de la pulsi&oacute;n de muerte con su tendencia a la destrucci&oacute;n. En el segundo, si hacemos una interpretaci&oacute;n <i>leading edge</i> (27), podr&iacute;amos decir que el paciente reacciona defendi&eacute;ndose brutalmente, ya que as&iacute; de intensa siente la agresi&oacute;n externa a la que fue sometido tantas veces en su infancia. De esta forma, su agresi&oacute;n responde a un intento desesperado de defenderse, haciendo notar que no est&aacute; dispuesto a ser nuevamente ignorado y amedrentado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta forma, Lachmann (47) no recurre a concebir una maldad inherente al sujeto con el tono moralista que esto implica, sino que explica este fen&oacute;meno en t&eacute;rminos de entramados vinculares en los que hay un quiebre y continuado en las expectativas del ni&ntilde;o que le impide desarrollarse. Entonces, contin&uacute;a su vida reproduciendo -repitiendo- este mismo quiebre de expectativas, aunque esta vez desde un lugar activo y no ya como v&iacute;ctima.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una buena forma de detener este ciclo es posibilitando una relaci&oacute;n significativa que tenga cierta predictibilidad y logre restaurar las expectativas relacionales positivas. Esto es realizable a trav&eacute;s de un v&iacute;nculo terap&eacute;utico que no culpabilice ni demonice al paciente, sino que logre validar el sentido de su comportamiento (interpretaciones "liderando el borde").</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta manera, damos por finalizada la reflexi&oacute;n en torno a la destructividad en el narcisismo. Un aporte fundamental en Lachmann (47) es que cuando nos trasladamos a un entendimiento relacional podemos situar esta <i>destructividad</i> de forma tratable vincularmente, ya que tambi&eacute;n se produjo de esta manera.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Las consecuencias vinculares de la demonizaci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como se ha discutido, y en contraste con las conceptualizaciones de la psicolog&iacute;a del s&iacute;-mismo y el psicoan&aacute;lisis relacional, el narcisismo ha sido utilizado como un diagn&oacute;stico que califica al paciente como intr&iacute;nsecamente dif&iacute;cil. Es sobre esta tem&aacute;tica que se reflexionar&aacute; en este apartado. Se pondr&aacute; &eacute;nfasis en las consecuencias que podr&iacute;a tener la forma de vincularse con el paciente a trav&eacute;s de un diagn&oacute;stico que lo demoniza. Esto &uacute;ltimo a partir de la consideraci&oacute;n acerca de que ninguna aproximaci&oacute;n te&oacute;rico-cl&iacute;nica es inocua en lo que produce en el fen&oacute;meno cl&iacute;nico mismo. Tal como recordaba Stolorow: "El contexto intersubjetivo, nosotros proponemos, tiene un rol constitutivo en todas las formas de psicopatolog&iacute;a, y no se pueden comprender psicoanal&iacute;ticamente los fen&oacute;menos cl&iacute;nicos como separados del campo intersubjetivo en el cual cristalizan. En el tratamiento psicoanal&iacute;tico, como Kohut tambi&eacute;n enfatiz&oacute;, el impacto del observador es concebido como intr&iacute;nseco a lo observado" (6).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta forma, elaborar&eacute; especialmente sobre c&oacute;mo los desarrollos de Kernberg (11-12) y Rosenfeld (13,23) promueven un &eacute;nfasis en la etiqueta y la demonizaci&oacute;n del narcisismo, as&iacute; como las consecuencias relacionales que esta actitud podr&iacute;a tener.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El narcisismo, lamentablemente, tiene una larga data de desarrollos te&oacute;rico-cl&iacute;nicos que enfatizan la patologizaci&oacute;n. As&iacute;, es conocido que se dice que los narcisistas tienen muchos problemas en la cl&iacute;nica, especialmente en relaci&oacute;n al v&iacute;nculo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Kernberg plantea que existe envidia hac&iacute;a los dem&aacute;s, idealizaci&oacute;n y menosprecio. Las relaciones con otros son explotadoras o parasitarias. "Es como si sintieran tener derecho a controlar y poseer a los dem&aacute;s y a explotarlos sin culpa; detr&aacute;s de una fachada de encanto y simpat&iacute;a se llega a percibir su naturaleza fr&iacute;a y despiadada" (11). Claramente, la teorizaci&oacute;n de Kernberg pone el &eacute;nfasis en la estructura intraps&iacute;quica, donde las pulsiones y sus defensas hacen estragos en el comportamiento del individuo: "La indagaci&oacute;n anal&iacute;tica revela a menudo que su comportamiento altivo, grandioso y controlador es una defensa contra rasgos paranoides vinculados con la proyecci&oacute;n de la rabia oral, componente esencial de su psicopatolog&iacute;a" (11). Desde esta perspectiva, lo que se puede observar es una especie de demonizaci&oacute;n del narcisista, que queda enclavado como un paciente dif&iacute;cil, envidioso y manipulador. Adem&aacute;s, se realiza una lectura intraps&iacute;quica: los factores constitucionales como la envidia y la rabia oral son las principales etiolog&iacute;as. Con esto, los factores vinculares quedan desplazados de la importancia central y fundacional que le dan las teor&iacute;as relacionales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Qu&eacute; formas de relacionarse entre psicoterapeuta y paciente facilita este modelo? Con la lectura intraps&iacute;quica se sit&uacute;a a las pulsiones destructivas como la causa de una florida sintomatolog&iacute;a caracterizada por la frialdad y la manipulaci&oacute;n. Se propone que con esta visi&oacute;n el psicoterapeuta no se ve como part&iacute;cipe de la interacci&oacute;n, sino como testigo u observador de las pulsiones destructivas en acci&oacute;n. As&iacute;, hay un observador externo que estudia a esta persona intr&iacute;nsecamente malvada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es interesante pensar, tal como desarrolla Stolorow (45), que la teor&iacute;a y t&eacute;cnica del psicoterapeuta van produciendo sus mismos componentes. Es decir, es muy probable que un paciente con dificultades narcisistas, tratado de esta forma, desarrolle en la relaci&oacute;n con el psicoterapeuta justamente lo que se espera de &eacute;l: agresividad, desconfianza, envidia, omnipotencia, etc. Si entendemos al narcisismo como una desestabilizaci&oacute;n del s&iacute;-mismo por una falla de las relaciones entre el s&iacute;-mismo y los objetos s&iacute;-mismo (8, 26), no podemos apoyar cualquier teor&iacute;a o tratamiento que implique nuevas fallas masivas a la sustentaci&oacute;n del s&iacute;-mismo. Cuando se interpreta una motivaci&oacute;n oscura en el paciente, cuando se concibe como una persona estructuralmente deficiente, etc. se est&aacute; reproduciendo un v&iacute;nculo que no reconoce y patologiza. Este v&iacute;nculo no har&aacute; m&aacute;s que desvitalizar al s&iacute;-mismo de paciente y con esto confirmar, o incluso aumentar, la sintomatolog&iacute;a que le da validez al diagn&oacute;stico de personalidad narcisista. Esto es problem&aacute;tico para los pacientes con dificultades narcisistas importantes, quienes, grosso modo, tendr&iacute;an como factor etiol&oacute;gico principal una falta de resonancia de la figura materna con el ni&ntilde;o, el cual no es reconocido en su vulnerabilidad, en sus necesidades. Es demandado para ser otra cosa, lo que se necesita de &eacute;l (40, 49).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A partir de esto, resulta sumamente problem&aacute;tico reproducir una relaci&oacute;n entre terapeuta y paciente en la que justamente sus aspectos vulnerables y sus necesidades resultan eclipsadas por la demonizaci&oacute;n. Con esta se espera que el paciente cambie, que se exorcice, en vez de comprender los aspectos destructivos dentro de un marco relacional. Se propone que desde la patologizaci&oacute;n no se propicia que se vea al paciente como una persona en su particularidad ni se da prioridad a la necesidad b&aacute;sica de reconocimiento del narcisista (34).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con el uso del diagn&oacute;stico patologizante se puede caer f&aacute;cilmente en utilizar el r&oacute;tulo como elemento de poder, para justificar modos de intervenir; o, simplemente, con la acci&oacute;n de reducir y demonizar a la persona, como es el caso del r&oacute;tulo <i>narcisismo maligno</i> (11). ¿Qu&eacute; puede esperar una persona rotulada de esta manera de s&iacute; mismo y de los dem&aacute;s?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde el psicoan&aacute;lisis relacional la experiencia del paciente, o la del terapeuta, se va a entender desde el v&iacute;nculo que la hace posible (6). Por ejemplo, si un paciente se siente digno de amor, eso se entiende dentro de los marcos vinculares que hacen que esa experiencia (el sentirse <i>amable)</i> sea posible.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta forma, podemos pensar como deseable el facilitar matrices relacionales entre psicoterapeuta y paciente que entreguen al paciente la posibilidad de experienciarse de forma espont&aacute;nea, sinti&eacute;ndose m&aacute;s cercano a lo que fenomenol&oacute;gicamente se siente como &eacute;l mismo. Esto se encuentra muy lejos de la imposici&oacute;n de forma unilateral de un diagn&oacute;stico demonizante.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Comentario de un caso</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Para cerrar este apartado, se recurrir&aacute; a Shaw (38), quien de forma muy ilustrativa discute el an&aacute;lisis que hace Rosenfeld (13) de un paciente narcisista. En esta discusi&oacute;n queda claro c&oacute;mo un enfoque que promueve un entendimiento fundamentalmente intraps&iacute;quico de la patolog&iacute;a reproduce un v&iacute;nculo actual entre psicoterapeuta y paciente que se puede calificar como patol&oacute;gico e incluso iatrog&eacute;nico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La din&aacute;mica del paciente es descrita as&iacute; por Rosenfeld: "Un paciente narcisista, que manten&iacute;a vac&iacute;as y muertas las relaciones con los objetos externos y con el analista al asesinar constantemente cualquier parte de su s&iacute;-mismo que intentara relacionarse objetalmente..." (13). A continuaci&oacute;n, Rosenfeld describe un sue&ntilde;o del paciente en el que hay un ni&ntilde;o en estado de coma que se est&aacute; muriendo, posiblemente por un envenenamiento. Este ni&ntilde;o est&aacute; al sol y nadie hace nada por moverlo. El paciente, en el sue&ntilde;o, critica al doctor que est&aacute; con el ni&ntilde;o por no llevarlo a la sombra. Rosenfeld interpreta el sue&ntilde;o en base a la din&aacute;mica interna del paciente de matar a su s&iacute;-mismo libidinal no dejando que recibiera ayuda, ya que recibir nutrici&oacute;n de parte del analista implicar&iacute;a debilidad. Esta debilidad ser&iacute;a negativa para la organizaci&oacute;n narcisista destructiva, que le da al paciente una sensaci&oacute;n de superioridad. Rosenfeld adem&aacute;s se&ntilde;ala que exist&iacute;a una coraza del paciente, que s&oacute;lo a veces era penetrada por las interpretaciones del analista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por su parte, Shaw describe c&oacute;mo Rosenfeld, siguiendo los postulados kleinianos, se explica el fen&oacute;meno que est&aacute; observando en el paciente a trav&eacute;s de la pulsi&oacute;n de muerte: "La falla del paciente de crecer bajo el cuidado del analista es vista como un trabajo de la agresividad de la pulsi&oacute;n de muerte, alimentando la determinaci&oacute;n del paciente de triunfar sobre al analista al no recibir su ayuda" (38). En contraste con esta forma de interpretar, Shaw considera que el paciente no puede crecer por el trauma experienciado en su desarrollo (no por un exceso de hostilidad). Propone la hip&oacute;tesis de que en el sue&ntilde;o del paciente, y en la situaci&oacute;n anal&iacute;tica, se est&aacute; enactuando la misma situaci&oacute;n traum&aacute;tica. El analista no se da cuenta de c&oacute;mo participa en esto, dejando nuevamente al paciente en una situaci&oacute;n traum&aacute;tica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De este modo, Shaw entrega otra posible interpretaci&oacute;n al sue&ntilde;o. El autor identifica al doctor incompetente con el analista, que no se da cuenta de las necesidades del paciente de ser movido a la sombra fuera de los dolorosos rayos del sol, que simbolizar&iacute;an a las interpretaciones condenatorias, e intensamente penetrantes, del analista (38). Shaw sugiere que, de haber estado en el lugar de Rosenfeld, le gustar&iacute;a que entre el paciente y &eacute;l pudieran darse cuenta de sus propias disociaciones como terapeuta. Disociaciones facilitadas por la frustraci&oacute;n relacionada con el propio narcisismo, que se ve afectado en los fracasos terap&eacute;uticos y que le facilit&oacute; el camino al imponer al paciente su interpretaci&oacute;n de la realidad sin tomar en consideraci&oacute;n el dolor del &eacute;ste.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta manera, Shaw consigue ilustrar las consecuencias da&ntilde;inas que puede tener sobre el paciente el concebirlo desde un paradigma intraps&iacute;quico y patologizador (38). En la interacci&oacute;n terap&eacute;utica se reproduce un fallo an&aacute;logo a los que vivi&oacute; el paciente en su infancia y que facilitaron la adquisici&oacute;n de una constelaci&oacute;n narcisista.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En las descripciones mencionadas de Kernberg (11) y Rosenfeld (13), el psicoterapeuta queda desplazado de su rol intr&iacute;nseca y humanamente vinculado con el paciente. Se figura como un espectador de los mecanismos intraps&iacute;quicos del paciente, relacion&aacute;ndose exclusivamente de forma <i>objetiva</i> para intervenir sobre la patolog&iacute;a del paciente, concebida como un fen&oacute;meno externo a su participaci&oacute;n. A esto se suma la conceptualizaci&oacute;n de unos mecanismos pulsionales, esenciales a la patolog&iacute;a narcisista, que buscan anular la diferencia con el objeto, triunfar sobre &eacute;l y destruirlo, entre otros prop&oacute;sitos (11, 14, 19). Con este panorama, es decir, con la visi&oacute;n fundamentalmente intraps&iacute;quica de la patolog&iacute;a y con los supuestos de mecanismos pulsionales destructivos a la base, queda pavimentado el camino a la demonizaci&oacute;n del narcisista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se propone que, en esta din&aacute;mica vincular, se da una polarizaci&oacute;n moral donde el paciente es el portador de la patolog&iacute;a y la maldad, y el psicoterapeuta el portador de la verdad y la sanidad. Como se&ntilde;ala Shaw (38), cualquier v&iacute;nculo donde se considere que s&oacute;lo una de las partes tiene que desarrollarse es en alg&uacute;n grado un v&iacute;nculo de subyugaci&oacute;n. Claramente, esta din&aacute;mica relacional no reporta ning&uacute;n beneficio a la mejor&iacute;a del paciente. Lejos de ello, reproduce un v&iacute;nculo de subyugaci&oacute;n que se considera facilitador de la patolog&iacute;a narcisista. Y, finalmente, desde una conceptualizaci&oacute;n relacional, es decir, con el supuesto de que el v&iacute;nculo est&aacute; en los fundamentos de la organizaci&oacute;n subjetiva, la conceptualizaci&oacute;n de que hay un mecanismo pulsional destructivo a la base del narcisismo queda obsoleta.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de esto, se levantan alarmas frente a las consecuencias relacionales iatrog&eacute;nicas que ese paradigma puede tener. Esto fundamentalmente porque diagnosticar al otro como esencialmente problem&aacute;tico y situarnos, como psicoterapeutas, como observadores neutrales que pueden evaluar objetivamente la subjetividad del paciente implica una forma de relacionarse donde la subyugaci&oacute;n (38) puede hacer su aparici&oacute;n. En este tipo de relaci&oacute;n no se permite que el otro emerja en su subjetividad, justamente el problema central del narcisismo (38). As&iacute;, este tipo de relaci&oacute;n terap&eacute;utica no har&iacute;a sino perpetuar un funcionamiento narcisista.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s, como se ha mencionado, algunas de las dificultades del narcisismo son la falta de reconocimiento de este en su vulnerabilidad (40, 49), y la carencia de un reconocimiento adecuado de sus expresiones como &uacute;nicas y agradables (34). Estos d&eacute;ficits y fallas relacionales se perpet&uacute;an en el trato a un paciente que se concibe a priori como dif&iacute;cil e intr&iacute;nsecamente destructivo. As&iacute;, se puede pensar que el tratamiento cl&aacute;sico reproduce una din&aacute;mica narcisista.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Adem&aacute;s, el psicoan&aacute;lisis cl&aacute;sico tiene una perspectiva fundamentalmente esencialista de la patolog&iacute;a. En ese sentido, se podr&iacute;a pensar que padece de narcisismo, ya que no puede vislumbrar los dinamismos vinculares fundacionales en la emergencia de la subjetividad. Si se toma seriamente la reflexi&oacute;n sobre el entorno relacional que se produce en el contexto terap&eacute;utico no se puede sino cuestionar las consecuencias vinculares que tienen las teor&iacute;as a las que se adhiere.</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" align="left" width="30%">      <p><font face="Verdana" size="2"><a name="back_fn1"></a><a href="#top_fn1"><sup>1</sup></a> Kernberg se sit&uacute;a dentro de la psicolog&iacute;a del yo junto a otros exponentes como Mahler y Jacobson. Sin embargo, est&aacute; fuertemente influenciado por la teor&iacute;a kleiniana de las relaciones objetales (50). Los adherentes a la psicolog&iacute;a del yo se basan en los &uacute;ltimos escritos de Freud, que descansan en la segunda t&oacute;pica: yo-ello-supery&oacute;. Desde ah&iacute; explican el conflicto ps&iacute;quico a partir de las dificultades entre estas instancias, o entre la realidad y alguna de las instancias (51).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="back_fn2"></a><a href="#top_fn2"><sup>2</sup></a> La conceptualizaci&oacute;n del s&iacute;-mismo en la obra de Kohut es cambiante. En un inicio (25) se refer&iacute;a al s&iacute;-mismo como estructura del aparato ps&iacute;quico y como contenido del mismo, ambos referidos a la representaci&oacute;n que se tiene de la propia persona. Posteriormente (26), alej&aacute;ndose de una visi&oacute;n estructural y acerc&aacute;ndose a una visi&oacute;n fenomenol&oacute;gica, propone que el s&iacute;-mismo es el centro del universo psicol&oacute;gico. Ya al final de su trayectoria (8) (libro p&oacute;stumo) se inclin&oacute; a&uacute;n m&aacute;s por considerar al s&iacute;-mismo como la experiencia subjetiva que se tiene de uno mismo. Posteriormente, los psic&oacute;logos del s&iacute;-mismo se refieren a este desde la cualidad de la experiencia del s&iacute;-mismo, definiendo la salud como el estado de vitalizaci&oacute;n del s&iacute;-mismo, esto es, como el sentirse a uno mismo integrado y cohesivo en el tiempo, vigorizado y vital (52-53).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="back_fn3"></a><a href="#top_fn3"><sup>3</sup></a> Los objetos s&iacute;-mismo <i>(self objects)</i> son objetos que tienen la principal funci&oacute;n de sustentar al s&iacute;mismo. De esta manera, no son objetos externos propiamente tales. La matriz entre el s&iacute;-mismo y los objetos del s&iacute;-mismo (o objetos s&iacute;-mismo), refiere, justamente, a este entramado que se produce entre el s&iacute;-mismo y los objetos s&iacute;-mismo que puede propiciar el desarrollo del primero (26).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Freud S. Introducci&oacute;n al Narcisismo. Obras completas V: XIV. Buenos Aires: Amorrortu; 1980 (1914).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735394&pid=S0211-5735201600010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Klein M. Los or&iacute;genes de la transferencia. Obras completas. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1988 (1952).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735396&pid=S0211-5735201600010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Fosshage JL. Self Psychology and Its Contributions to Psychoanalysis. Int Forum Psychoanal. 1995;4:238-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735398&pid=S0211-5735201600010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Fosshage JL. Contextualizing Self Psychology and Relational Psychoanalysis. Contemp Psychoanal. 2003;39(3):411-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735400&pid=S0211-5735201600010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Berman E. Relational Psychoanalysis: A historical Background. Am J Psychother. 1997;51(2):185-203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735402&pid=S0211-5735201600010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Stolorow RD. Autobiographical reflections on the intersubjective history of an inter-subjective perspective in psychoanalysis. Psychoanal Inq. 2004;24:542-58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735404&pid=S0211-5735201600010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Mitchell SA, Aron L. Relational Psychoanalysis: The Emergence of a Tradition. New York: Routledge; 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735406&pid=S0211-5735201600010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Kohut H. How does analysis cure? Chicago: University of Chicago Press; 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735408&pid=S0211-5735201600010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Serra JK. Tensiones te&oacute;ricas en relaci&oacute;n a Kohut: una revisi&oacute;n cr&iacute;tica. Cl&iacute;nica e Investig Relac. 2015;9(1):206-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735410&pid=S0211-5735201600010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Mitchell SA. Heinz Kohut's theory of narcissism. Am J Psychoanal. 1981; 41: 317-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735412&pid=S0211-5735201600010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Kernberg O. Desordenes Fronterizos y Narcisismo Patol&oacute;gico. Barcelona: Paid&oacute;s Ib&eacute;rica; 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735414&pid=S0211-5735201600010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Kernberg O. La patolog&iacute;a narcisista hoy. VI Congreso Nacional de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Psiquiatria y Psicoterapia de Ni&ntilde;os y Adolescentes (SEPYPNA). Barcelona; 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735416&pid=S0211-5735201600010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Rosenfeld H. A clinical approach to the psychoanalytic theory of the life and death instincts: an investigation into the aggressive aspects of narcissism. Int J Psychoanal. 1971;52:169-78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735418&pid=S0211-5735201600010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Rosenfeld H. On the psychopathology of narcissism: A clinical approach. Int J Psychoanal. 1964;45:332-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735420&pid=S0211-5735201600010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Britton R. Narcissistic disorders in clinical practice. J Anal Psychol. 2004;49(Marzo 2003):477-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735422&pid=S0211-5735201600010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Green A. Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu; 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735424&pid=S0211-5735201600010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Freud S. Tres ensayos de teor&iacute;a sexual. Obras completas Vol: VII. Buenos Aires: Amorrortu; 1980 (1905).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735426&pid=S0211-5735201600010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Freud S. El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras completas Vol: XIX. Buenos Aires: Amorrortu; 1976 (1924).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735428&pid=S0211-5735201600010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Segal H. Introducci&oacute;n a la obra de Melanie Klein. Barcelona: Paid&oacute;s Ib&eacute;rica; 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735430&pid=S0211-5735201600010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Klein M. Envidia y gratitud y otros trabajos. Barcelona: Paid&oacute;s Ib&eacute;rica; 1988 (1957).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735432&pid=S0211-5735201600010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. Castell&agrave; R. El narcisismo como fracaso del conflicto est&eacute;tico: Apuntes desde la perspectiva postkleiniana. Intercambios de Psicoan&aacute;lisis (revista electr&oacute;nica). 2004;13:31-5. Disponible en: <a href="http://intercanvis.es/articulos/13/art_n13_05R.html" target="_blank">http://intercanvis.es/articulos/13/art_n13_05R.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735434&pid=S0211-5735201600010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Cohen J. "I-not-I": narcissism beyond the onde and the other. En: Gaitanidis A, Curk P, editores. Narcissism: A critical reader. London: Karnac; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735436&pid=S0211-5735201600010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Rosenfeld H. On the psychopathology of narcissism: A clinical approach. Int J Psychoanal. 1964;45(2-3):332-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735438&pid=S0211-5735201600010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Kohut H. Forms and Transformations of Narcissism. J Am Psychoanal Assoc. 1966;14:243-72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735440&pid=S0211-5735201600010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Kohut H. An&aacute;lisis del self: El tratamiento psicoanal&iacute;tico de los trastornos narcisistas de la personalidad. Buenos Aires: Amorrortu; 1989 (1971).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735442&pid=S0211-5735201600010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26. Kohut H. The restoration of the self. Chicago: University of Chicago Press; 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735444&pid=S0211-5735201600010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">27. Miller JP. How Kohut Actually Worked. Prog Self Psychol. 1985;1:13-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735446&pid=S0211-5735201600010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">28. Orange DM. El desconocido que sufre: Hermen&eacute;utica para la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica cotidiana. Santiago: Cuatro Vientos; 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735448&pid=S0211-5735201600010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">29. Sassenfeld A. Principios cl&iacute;nicos de la psicoterapia relacional. Santiago: SODEPSI; 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735450&pid=S0211-5735201600010001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">30. Stern D. El mundo interpersonal del infante: Una perspectiva desde el psicoan&aacute;lisis y la psicolog&iacute;a evolutiva. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735452&pid=S0211-5735201600010001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">31. Bruschweiler-Stern N, Harrison AM, Lyons-Ruth K, Morgan AC, Nahum JP, Sander LW, et al. Explicating the implicit: the local level and the microprocess of change in the analytic situation. Int J Psychoanal. 2002;83:1051-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735454&pid=S0211-5735201600010001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">32. Mitchell SA. Relationality: From attachment to intersubjectivity. New Jersey: The Analytic Press; 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735456&pid=S0211-5735201600010001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">33. Stolorow RD. Prereflective Organizing Principles and the Systematicity of Experience in Kant's Critical Philosophy. Psychoanal Psychol. 2005;22(1):96-100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735458&pid=S0211-5735201600010001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">34. Morrison A, Stolorow RD. Shame, narcissism, and intersubjectivity. En: Lansky M, Morrison A, editores. The widening scope of shame. New Jersey: Analytic Press; 1997, p. 63-87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735460&pid=S0211-5735201600010001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">35. Benjamin J. An outline of intersubjectivity: The development of recognition. Psychoanal Psychol. 1990;7:33-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735462&pid=S0211-5735201600010001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">36. Benjamin J. The Bonds of Love: Psychoanalysis, Feminism, and the problem of domination. New York: Pantheon Books; 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735464&pid=S0211-5735201600010001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">37. Benjamin J. El tercero. Reconocimiento. Cl&iacute;nica e Investig Relac. 2012;6(2):169-79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735466&pid=S0211-5735201600010001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">38. Shaw D. Traumatic Narcissism: Relational Systems of Subjugation. New York: Routledge; 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735468&pid=S0211-5735201600010001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">39. Shaw D. Enter Ghosts: The Loss of Intersubjectivity in Clinical Work With Adult Children of Pathological Narcissists. Psychoanal Dialogues (revista electr&oacute;nica). 2010;20:46-59. Disponible en: <a href="http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/10481880903559120" target="_blank">http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/10481880903559120</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735470&pid=S0211-5735201600010001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">40. Johnson S. Humanizing the Narcissistic Style. New York: W. W. Norton and Company, Inc.; 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735472&pid=S0211-5735201600010001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">41. Mahler M, Pine F, Bergman A. The psychological birth of the human infant. New York: Basic Books; 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735474&pid=S0211-5735201600010001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">42. Ogden T. Subjects of Analysis. Maryland: Rowman &amp; Littlefield; 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735476&pid=S0211-5735201600010001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">43. Stolorow RD. From Isolated Minds to Experiential Worlds: An Intersubjective Space Odyssey. Am J Psychother. 2000;54(2):149-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735478&pid=S0211-5735201600010001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">44. Stolorow RD. The Contextuality of Emotional Experience. Psychoanal Psychol. 2005;22(1):101-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735480&pid=S0211-5735201600010001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">45. Stolorow RD, Atwood GE. Faces in a Cloud: Subjectivity in Personality Theory. Northvale: Jason Aronson; 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735482&pid=S0211-5735201600010001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">46. Russell GA. Narcissism and the narcissistic personality disorder: a comparison of the theories of Kernberg and Kohut. Br J Med Psychol. 1985;58:137-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735484&pid=S0211-5735201600010001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">47. Lachmann F. Transforming narcissism: Reflections on empathy, humor and expectations. New York: Taylor &amp; Francis Group; 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735486&pid=S0211-5735201600010001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">48. Stolorow RD, Lachmann F. Psychoanalysis of developmental arrests. New York: In ternational Universities Press; 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735488&pid=S0211-5735201600010001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">49. Miller A. El drama del ni&ntilde;o dotado: Y la b&uacute;squeda del verdadero yo. Buenos Aires: Tusquets; 2009 (1979).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735490&pid=S0211-5735201600010001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">50. Nos J. Entrevista al Dr. Otto Kernberg. Temas de Psicoan&aacute;lisis. 2011;2:1-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735492&pid=S0211-5735201600010001100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">51. Yildiz I. Psicolog&iacute;a del Yo, Klein y postkleinianos y el grupo "independiente". Psicoan&aacute;lisis (APC). 2007;XIX(1):56-88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735494&pid=S0211-5735201600010001100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">52. Sassenfeld A. Afecto, v&iacute;nculo y desarrollo del self. Cl&iacute;nica e Investig Relac. 2011;5(2):261-94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735496&pid=S0211-5735201600010001100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">53. Fosshage J. Forming and transforming self-experience. Int J Psychoanal Self Psychol. 2013;8(4):437-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4735498&pid=S0211-5735201600010001100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Recibido: 07/09/2015    <br>Aceptado con modificaciones: 05/03/2016</font></p>      ]]></body><back>
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