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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana"><b>EDITORIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>La &eacute;tica de la ignorancia</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>The ethics of ignorance</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Leal Rubio</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Psic&oacute;logo especialista en Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica, Psicoanalista, Barcelona, Espa&ntilde;a.    <br> <a href="mailto:joseleal@copc.cat">joseleal@copc.cat</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">La historia del  conocimiento est&aacute; marcada por el progresivo aumento del mismo a la vez que por su tendencia a la disgregaci&oacute;n y el agrupamiento en disciplinas que dan cuenta de diversos aspectos de la realidad. Asimismo, el reconocimiento de la complejidad de los distintos hechos de la vida lleva a la necesidad de articular de alg&uacute;n modo los distintos saberes, siempre parcelarios, a trav&eacute;s de lo que llamamos trabajo interdisciplinar. En el campo de la atenci&oacute;n a la salud y la salud mental, ese proceso es relativamente reciente y ha sido una de las se&ntilde;as de identidad de la reforma psiqui&aacute;trica, en la que participaron un gran n&uacute;mero de profesiones y disciplinas. Una de ellas es la psicolog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El reconocimiento de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria parec&iacute;a ser el modo consensuado de consolidaci&oacute;n de la psicolog&iacute;a en el campo de la salud. Para acceder a dicha especializaci&oacute;n sanitaria, la v&iacute;a no pod&iacute;a ser otra que la ya establecida para el acceso a las dem&aacute;s especialidades sanitarias, el sistema PIR. Desde sus inicios hasta la actualidad han transcurrido ya cerca de 40 a&ntilde;os; 20 desde la constituci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Nacional Promotora de la Especialidad de Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica; 18 desde la aparici&oacute;n del Real Decreto por el que se creaba la especialidad y 15 desde la regulaci&oacute;n de las v&iacute;as transitorias para el acceso a la misma. Sobre dicho proceso hay una amplia y valiosa documentaci&oacute;n en diversas revistas y medios de difusi&oacute;n cient&iacute;fico-profesionales entre los que destacan la <i>Revista de la AEN,</i> la del COP y la de la AEPCP, asociaciones que tuvieron un papel preponderante en los esfuerzos por la obtenci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de dicha especialidad sanitaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El proceso seguido desde el inicio ha tenido toda la ilusi&oacute;n y las tensiones propias de un movimiento instituyente al que hay que considerar ya instituido con todas sus ventajas e inconvenientes. En tanto disciplina instituida, la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica est&aacute; expuesta a presiones de disciplinas colindantes y a la necesidad de formular una respuesta "defensiva" ante las mismas. Cada cierto tiempo, dichas tensiones surgen en el seno de la propia organizaci&oacute;n colegial, que agrupa a psic&oacute;logos especialistas y no especialistas; disciplina, o m&aacute;s bien profesi&oacute;n, la psicolog&iacute;a, que est&aacute; teniendo un crecimiento vertiginoso tanto en n&uacute;mero de profesionales como en campos de intervenci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La consideraci&oacute;n de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria de la psicolog&iacute;a fue producto de un empe&ntilde;o e ilusi&oacute;n colectiva en la que no faltaron grandes resistencias que, con esfuerzo, fueron siendo superadas. De hecho, no es posible entender la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria fuera de las caracter&iacute;sticas de ese tiempo en que comenz&oacute; a ser concebida por un grupo de profesionales que desarrollaban sus tareas, novedosas, creativas e ilusionadas, en un contexto de cambio social de tal intensidad que puede parecer incomprensible a quienes no tuvieron la suerte de vivirlo. Digamos que, en gran medida, fue una cuesti&oacute;n generacional, y quienes lo vivimos sentimos la inmensa suerte de haber trabajado mucho y haber tenido unas experiencias apasionantes, porque pr&aacute;cticamente todo estaba por hacer. Es incuestionable que el proyecto de especialidad para la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica estaba vinculado a los vientos de ruptura o reforma que soplaban en el pa&iacute;s en el campo de la salud, la educaci&oacute;n, la justicia, y los derechos y libertades individuales y colectivas. Sin el impulso de todos aquellos que trabajaron con tes&oacute;n en lo que con mayor o menor precisi&oacute;n hemos llamado reforma psiqui&aacute;trica no habr&iacute;a sido posible el cambio tan importante que signific&oacute; la creaci&oacute;n de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria y la incorporaci&oacute;n de muchos profesionales a los servicios. Tampoco habr&iacute;a sido posible sin el impulso de un alto n&uacute;mero de psiquiatras progresistas que cuestionaban la asistencia asilar, limitante, cronificadora, marginalizante y estigmatizadora que se llevaba a cabo b&aacute;sicamente en instituciones obsoletas que generaban muchos da&ntilde;os y escasos beneficios, ni sin el impulso firme de muchos psic&oacute;logos incorporados a diversos equipos que ven&iacute;an aportando nuevos referentes y pr&aacute;cticas deseosos de hacer valer sus esfuerzos en la construcci&oacute;n de un campo interdisciplinar y superador de la asistencia psiqui&aacute;trica tradicional. Todo ello coincidi&oacute; con una importante confluencia entre la organizaci&oacute;n de profesionales, el Colegio Oficial de Psic&oacute;logos, liderado por compa&ntilde;eros de un gran empuje, y una asociaci&oacute;n como la AEN, que se comprometi&oacute; especialmente en el desarrollo del proceso y sin cuyo soporte activo y generoso no habr&iacute;a sido posible la creaci&oacute;n de la especialidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la actualidad, la AEN sigue firmemente comprometida en la defensa de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria y de la formaci&oacute;n PIR como el sistema m&aacute;s adecuado de acceso a la misma. Algunas declaraciones, cuando menos ambiguas, de distintos miembros del CGCOP hacen dudar de la satisfacci&oacute;n actual de dicha organizaci&oacute;n con el logro de un objetivo del que, en diversos momentos, se ha sentido orgullosa, y en cuya consecuci&oacute;n, como he se&ntilde;alado, tuvo un importante papel. Hay que decirlo con toda claridad: como especialidad sanitaria, la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica ha sido un proyecto formativo vinculado a una concepci&oacute;n comunitaria, continuada, preventiva e interdisciplinar de la salud, para cuya realizaci&oacute;n es imprescindible la existencia de un equipo que articule creativamente sus saberes, siempre parciales, porque no hay disciplina que pueda hacer frente a tanta complejidad como la que caracteriza al ser humano y los procesos de salud y enfermedad. Sin ese componente ut&oacute;pico de crear un instrumento al servicio de una determinada concepci&oacute;n de la salud y de las estrategias p&uacute;blicas para su desarrollo, el proyecto de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica no habr&iacute;a sido otra cosa que un proyecto gremial y elitista. Y eso nunca fue as&iacute;. En consecuencia, cualquier debate sobre el tema debe tener en cuenta esos or&iacute;genes, que fueron generosos y luchadores porque hubo que vencer las resistencias de gremios que ostentaban un gran poder. En l&iacute;neas generales, ven&iacute;an a ser los mismos que se opon&iacute;an de diversos modos a la reforma psiqui&aacute;trica, aunque algunos de ellos se presentaron despu&eacute;s como adalides de la misma.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La creaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Nacional Promotora de la Especialidad de Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica fue una decisi&oacute;n "pol&iacute;tica" valiente, y muy importantes los esfuerzos de todos los miembros que la compusimos: psic&oacute;logos con experiencia, pioneros muchos de ellos en las experiencias precursoras de los programas PIR auton&oacute;micos (Andaluc&iacute;a, Asturias, Galicia, etc.) y, la gran mayor&iacute;a, miembros a su vez de la AEN, cuya representante en la Comisi&oacute;n Promotora y en las siguientes, Bego&ntilde;a Olabarr&iacute;a, fue su presidenta y desempe&ntilde;&oacute; una labor muy importante en ella. Las reuniones de la Comisi&oacute;n Nacional eran espacios de creatividad y cooperaci&oacute;n, aunque no tardaran en aparecer discrepancias de cierto calado -procedentes especialmente de la organizaci&oacute;n colegial- con respecto a los criterios de acreditaci&oacute;n de los profesionales y a la calidad de la formaci&oacute;n y experiencia que deb&iacute;an demostrar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La formaci&oacute;n PIR, hay que decirlo tambi&eacute;n, es una experiencia formativa muy interesante para todos aquellos que logran acceso a la misma, a la vez que supone una importante aportaci&oacute;n de los profesionales a los espacios grupales a los que se incorporan y a la atenci&oacute;n de los pacientes. Como todo sistema, ha de estar sujeto a un proceso de evaluaci&oacute;n y revisi&oacute;n para adaptarse a las nuevas circunstancias sociales y pol&iacute;ticas, pero no tengo conocimiento de una forma mejor de adquisici&oacute;n de conocimientos y habilidades para el desarrollo de una formaci&oacute;n seria, continuada, con seguimiento y responsabilidad, tutorizada, rotando por los diversos espacios de experiencia de la cl&iacute;nica, etc. Y, personalmente, deseo que la formaci&oacute;n especializada siga siendo un proyecto innovador de formaci&oacute;n al servicio de pol&iacute;ticas de atenci&oacute;n rompedoras, comprometidas, abiertas, inter y transdisciplinares e interesadas en la b&uacute;squeda permanente de las aportaciones de diversos saberes al servicio de las personas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El numero anual de plazas convocadas anualmente para la formaci&oacute;n de especialistas en psicolog&iacute;a cl&iacute;nica es insuficiente para el gran n&uacute;mero de psic&oacute;logos que lo solicitan. Ello hace que la aparici&oacute;n de la especialidad haya sido vista por muchos como una restricci&oacute;n al desarrollo profesional en un campo muy deseado por quienes realizan el grado. De este modo, la creaci&oacute;n del M&aacute;ster en Psicolog&iacute;a General Sanitaria (PGS), favorecido por la organizaci&oacute;n colegial, algunas asociaciones de psic&oacute;logos de su entorno cercano y muy celebrado por la universidad -que nunca mostr&oacute; inter&eacute;s por la especializaci&oacute;n fuera de su &aacute;mbito-, se presenta como una soluci&oacute;n a dicho problema. Desde un principio, surgieron (y persisten) serias dificultades en cuanto a la articulaci&oacute;n entre ambas titulaciones, de caracter&iacute;sticas, contenidos e intensidad bastante diferentes, porque, en la pr&aacute;ctica, el PGS se siente de alg&uacute;n modo como un experto en cl&iacute;nica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de que puede hablarse de una institucionalizaci&oacute;n s&oacute;lida de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica como especialidad sanitaria, cada cierto tiempo aparecen argumentos, informaciones, rumores, etc., que sobresaltan a los especialistas, que sienten que est&aacute;n en juego la consolidaci&oacute;n de un modelo de formaci&oacute;n y un gran n&uacute;mero de puestos de trabajo. Creo que no es desde&ntilde;able pensar que en el fondo de algunas de las tensiones entre la formaci&oacute;n PIR y el m&aacute;ster en PGS est&aacute; el aumento exagerado en el n&uacute;mero de psic&oacute;logos atra&iacute;dos por la cl&iacute;nica que salen de las facultades y van a un mercado que es imposible que pueda ofrecerles un lugar de trabajo, a&uacute;n generando necesidades (como ya mostraron con claridad Baudrillard, Illich y otros). Pero la inquietud por la ocupaci&oacute;n de tantos profesionales <i>psi</i> deber&iacute;a ir acompa&ntilde;ada de una preocupaci&oacute;n similar por la masificaci&oacute;n de una disciplina cuyo incremento en el n&uacute;mero de sus miembros no se corresponde con las necesidades de la comunidad. No me siento con autoridad para hacer una evaluaci&oacute;n de la calidad de la formaci&oacute;n que se imparte en el m&aacute;ster en PGS ni de las habilidades para la pr&aacute;ctica de quienes lo cursan, pero parece evidente, no obstante, que debe haber una gran diferencia entre la calidad de la formaci&oacute;n PIR y el m&aacute;ster en PGS, aunque solo sea por el tiempo de dedicaci&oacute;n y el soporte que reciben quienes completan la primera. La realidad es que la existencia de las dos titulaciones se mueve en un conflicto permanente, y m&aacute;xime si tenemos en cuenta que desde algunos sectores de la administraci&oacute;n se plantea que la diferencia entre el psic&oacute;logo cl&iacute;nico y el PGS no es de competencias sino de &aacute;mbito de actuaci&oacute;n, cosa dif&iacute;cilmente comprensible. Esta tensi&oacute;n y los intereses de distinto signo que laten en la misma van a ser dif&iacute;cilmente resolubles.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En esta situaci&oacute;n, parece inexcusable afrontar algunas reflexiones -que ojal&aacute; puedan hacerse con serenidad- acerca de dos cuestiones: 1) el posible lugar de los psic&oacute;logos en los servicios de Atenci&oacute;n Primaria, y 2) la titulaci&oacute;n, los conocimientos y las habilidades de quienes tendr&iacute;an que ocupar ese espacio, generalistas o especialistas, es decir, psic&oacute;logos con el M&aacute;ster en Psicolog&iacute;a General Sanitaria o psic&oacute;logos especialistas en psicolog&iacute;a cl&iacute;nica v&iacute;a PIR.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cabe pensar que la intensidad con que desde hace unos a&ntilde;os se debate la posibilidad o conveniencia de crear plaza(s) de psic&oacute;logo(s) en Atenci&oacute;n Primaria no es ajena a la detecci&oacute;n de un incremento en los malestares que llegan a dichos servicios, que algunos consideran como un problema sanitario de tipo psicol&oacute;gico y, por ello, susceptible de tratamiento por parte de psic&oacute;logos. Por mi parte, creo que habr&iacute;a que concretar si ello es as&iacute;, y, si lo fuera, habr&iacute;a que definir las expectativas de usuarios, equipos y profesionales y llevar a cabo una aproximaci&oacute;n a las posibilidades y l&iacute;mites del conocimiento y a los efectos que pueden esperarse de la puesta en juego del mismo. Junto a ello hay que plantear qu&eacute; pasa, a qu&eacute; obedece el incremento de dichos malestares, a qu&eacute; tipo de mensajes y de aprendizaje se debe la tendencia creciente a interpretarlos como un problema sanitario y si la psicolog&iacute;a, generalista o especializada, es la soluci&oacute;n a los mismos. Por lo tanto, la condici&oacute;n de generalista o especialista es un debate secundario que corre el riesgo de convertirse en el debate gremial de unos profesionales preocupados por la puesta en juego, honesta y leg&iacute;tima, de sus saberes, pero tambi&eacute;n de sus intereses ocupacionales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El fracaso evidente de los modelos biologicistas en el campo de la salud -y de la salud mental en particular-, centrados en la pasi&oacute;n por los diagn&oacute;sticos y el f&aacute;rmaco, es tambi&eacute;n el fracaso de los modelos de intervenci&oacute;n sanitaria -m&eacute;dica o no m&eacute;dica- fascinados por las supuestas certezas de los expertos (sean psiquiatras, psic&oacute;logos u otros profesionales), que deber&iacute;an preguntarse si, realmente, lo que necesita la persona que sufre lo puede resolver el sistema sanitario o si hace falta buscar otros espacios en los que hacer frente al malestar sin convertirlo en una enfermedad o un trastorno, requisito para que sea atendido en un sistema sanitario sobre el que a&uacute;n gravita en exceso la concepci&oacute;n de corte positivista que considera que el &uacute;nico conocimiento valioso y &uacute;til es el de las ciencias experimentales. Nadie est&aacute; exento de consideraciones de ese calibre y de la tendencia a atribuir a su disciplina un saber incuestionable y cargado de certezas que sustenta la creencia de que el poder de "curar" o cuidar depende en exclusiva de ese saber experto. Pero ello no es as&iacute; en el campo del sujeto, que es al que nos dedicamos quienes escuchamos su sufrir -venga de donde venga- y tratamos de no basar nuestro saber en una cientificidad positivista, conscientes de que valores como el buen trato, el respeto, la autonom&iacute;a y la libertad son la primera condici&oacute;n para instaurar un proceso que genere cambios. Seguir transmitiendo que hay un saber objetivo para tanto malestar, y que disponemos del mismo, es una falacia que no es exclusiva de las disciplinas tradicionales. Desde este convencimiento, creo que es necesario apelar a una &eacute;tica de la ignorancia, condici&oacute;n para seguir aprendiendo frente a la arrogancia de los saberes expertos. Y que hemos de transmitir que nuestro saber es limitado y no generar expectativas que prontamente van a verse frustradas, como ya est&aacute; sucediendo en muchos servicios que esperaron demasiado de los saberes <i>psi.</i> Lo que necesitamos poner en com&uacute;n es el reconocimiento humilde de nuestras limitaciones, evitando generar falsas ilusiones en los usuarios que luego se encuentran con unos resultados insuficientes y frustrantes, dando paso a modos de hacer realistas y con responsabilidades compartidas. Lo opuesto a ello es seguir confiando en el poder de nuestro saber y en el refuerzo de los recursos desde un saber todopoderoso que s&oacute;lo puede sostenerse en la sumisi&oacute;n del otro y/o su confianza desesperada. Creo que es una exigencia &eacute;tica ir delimitando los fundamentos de nuestros saberes y los efectos de su aplicaci&oacute;n. Y me parece que no se est&aacute; teniendo en cuenta nada de esto en este debate acerca de a qui&eacute;nes hay que contratar en Atenci&oacute;n Primaria, porque no est&aacute;, en mi criterio, tan claro que tantos malestares sean problemas de salud, sino efectos del incremento humanamente insoportable de la indefensi&oacute;n y el desamparo en nuestra sociedad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A las cuestiones referidas al aumento de plazas de psic&oacute;logos y en qu&eacute; lugares y con qu&eacute; formaci&oacute;n hay que responder con la mayor precisi&oacute;n: ¿para hacer qu&eacute;, c&oacute;mo y en qu&eacute; forma de organizaci&oacute;n?, porque &eacute;sta puede condicionar los efectos de las pr&aacute;cticas, en especial si no se garantiza un trabajo interdisciplinar bien articulado, algo extremadamente complejo y arduo. En mi opini&oacute;n, un incremento en el n&uacute;mero de profesionales sin una transformaci&oacute;n estructural de lo que se est&aacute; haciendo reforzar&aacute; estilos de hacer que se han mostrado insuficientes y solo significar&aacute; una disminuci&oacute;n temporal y un aumento no lejano de la demanda y la presi&oacute;n asistencial.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En estos momentos de cuestionamiento de lo que en su d&iacute;a se declararon evidencias cient&iacute;ficas, de revisi&oacute;n de conceptos tales como la rehabilitaci&oacute;n de corte funcional para ir hacia la recuperaci&oacute;n de capacidades y derechos vinculados al ser humano -tan frecuentemente vulnerados en las personas con alg&uacute;n tipo de sufrimiento o malestar ps&iacute;quico-, de reconocimiento del saber sobre s&iacute; que cada sujeto posee y que le capacita en la toma de decisiones, de aparici&oacute;n y desarrollo de nuevas formas de acompa&ntilde;ar a las personas y afrontar los problemas, cabe pensar que un debate centrado en si son necesarios m&aacute;s o menos psic&oacute;logos, si &eacute;stos deben ser especialistas o generalistas y en qu&eacute; lugar se les debe colocar no sea la mayor de las urgencias. Sin duda, diversas disciplinas o campos del saber pueden aportar mucho en la planificaci&oacute;n coherente de la atenci&oacute;n a la salud mental. Pero quiz&aacute;s sea el momento de pensar si el resultado de nuestra actividad profesional est&aacute; siendo tan valioso como para no cuestionar la estructura sanitaria en la que se viene desenvolviendo, y si no es urgente pensar en desarrollos comunitarios colectivos en los que tendr&iacute;an mucho que decir otros profesionales y, por supuesto, los propios usuarios y sus familias; &eacute;stas, en gran medida, han sostenido y sostienen con medios insuficientes algunas de las muchas necesidades y limitaciones que implica el padecimiento ps&iacute;quico, entre las que se encuentran el rechazo, el estigma y muchas otras dificultades para el disfrute de una vida digna y en igualdad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Creo que &eacute;ste es el verdadero debate en el que nos debemos centrar todos aquellos que sentimos que nuestro trabajo s&oacute;lo tiene sentido teniendo al otro como n&uacute;cleo de nuestra actividad, de manera que lo que debe hacer una asociaci&oacute;n como la AEN, interdisciplinar o interprofesional (un t&eacute;rmino cada vez m&aacute;s utilizado como expresi&oacute;n de la dificultad para defender las disciplinas en este momento postdisciplinar y de un nomadismo cada vez mayor en el saber), es cuestionar y dar pasos valientes hacia una apertura de las formas de trato y tratamiento, hacia un replanteamiento del peso de lo sanitario en la atenci&oacute;n a la salud mental, hacia el reconocimiento de los efectos "terap&eacute;uticos" de intervenciones en contextos no cl&iacute;nicos y hacia el estudio de los muchos factores sociales que est&aacute;n provocando que tantos sujetos vayan quedando al margen o recibiendo del sistema pr&oacute;tesis -diagn&oacute;sticos m&uacute;ltiples, medicaciones, (psico)terapias de distintos tipos, etc.- para un yo en permanente jaque.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ser&iacute;a un serio error pensar que el problema al que asistimos en la atenci&oacute;n a la salud mental es la limitaci&oacute;n de recursos asistenciales y que increment&aacute;ndolos se producir&iacute;a una mejora definitiva. Sin duda, un incremento de recursos aligerar&iacute;a la carga profesional y facilitar&iacute;a temporalmente una mayor intensidad en el cuidado, m&aacute;xime si tenemos en cuenta la disminuci&oacute;n de recursos por efecto de las pol&iacute;ticas restrictivas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero lo que ha de cuestionarse son los modos de hacer excesivamente centrados en el consultorio y los espacios sanitarios, y evidenciar la necesidad de un esfuerzo continuado para no reproducir en ellos las inercias del modelo manicomial y de un modelo de intervencionismo sanitario que fomenta el consumo asistencial, la incorporaci&oacute;n sin l&iacute;mite de profesionales y el descuido de las potencialidades de los usuarios. Por todo ello, debemos calibrar las ventajas e inconvenientes de decisiones tan importantes como qu&eacute; tipo de recursos y pr&aacute;cticas son necesarias en este momento para hacer frente al incremento de malestares sociales que se derivan al sistema sanitario y, en especial, al de salud mental, cada vez m&aacute;s impotente frente a tanta demanda y tarea.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tambi&eacute;n ser&iacute;a un error quedar atrapados en dial&eacute;cticas biologistas/psicologistas -o ratios de profesionales- sin tener en cuenta las inmensas implicaciones que lo social tiene sobre el enfermar y la salud, as&iacute; como la necesidad de superar las restricciones que impone la propia organizaci&oacute;n del sistema sanitario. Sin este urgente debate, vinculado a la reflexi&oacute;n y a la actualizaci&oacute;n de un determinado modelo de atenci&oacute;n, la cuesti&oacute;n de cu&aacute;ntos psic&oacute;logos, d&oacute;nde ubicarlos y si han de ser especialistas o generalistas no dejar&aacute; de ser un tema de poder inter e intraprofesional en el que muchos no tenemos inter&eacute;s alguno. A estas alturas, como ya he se&ntilde;alado, hay escasas posibilidades de encontrar una soluci&oacute;n satisfactoria para todos en este conflicto profesional. Del mismo modo que en los equipos de salud mental es frecuente la dificultad para establecer criterios de derivaci&oacute;n entre sus diferentes miembros, ser&aacute; muy dif&iacute;cil distinguir con precisi&oacute;n los roles y actividades competenciales entre el nivel generalista y el especializado -definibles, en este caso, m&aacute;s por el lugar que por el saber-, porque todos conocemos que los roles se definen como est&aacute;ticos organizativamente pero se desarrollan din&aacute;micamente si no queremos quedar atrapados en repeticiones est&eacute;riles.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nunca es del todo soslayable el riesgo de que una parte de las energ&iacute;as necesarias para un debate sobre el modelo asistencial o de cuidados se pierda en luchas acerca de cu&aacute;ntos profesionales de ciertas disciplinas hay que colocar en determinados servicios. No lo digo con &aacute;nimo de escandalizar. Es comprensible que cada colectivo intente llevar el agua a su molino, pero habr&iacute;a que exigir a las organizaciones colegiales una mayor altura de miras. As&iacute; pues, es necesario limitar esta tendencia si consideramos que lo importante es definir un modelo de atenci&oacute;n centrado en los sujetos y que cuente con su activa implicaci&oacute;n. Ojal&aacute; que estas preocupaciones de los profesionales, en este caso psic&oacute;logos, constituyan un revulsivo para el debate urgente sobre lo que est&aacute; pasando, lo que estamos haciendo y las nuevas pr&aacute;cticas que necesitamos. La AEN, como asociaci&oacute;n interdisciplinar, est&aacute; en condiciones de plantear estas cuestiones de manera que quede muy claro su alejamiento de intereses profesionales particulares y su lucha por un modelo planteado desde la m&aacute;s entera libertad e independencia. Esa es nuestra historia.</font></p>      ]]></body>
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