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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Más sobre la interpretación (II): ideas y creencias]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this second part of the study, the ambiguous concept of belief is addressed. In ordinary language, the term belief basically refers to two notions: an epistemological one, the idea or reflexive belief, and a psychological one, belief as a disposition to action. Both notions include a third one, namely knowledge. Knowledge is thus envisaged as an idea based on objectively sufficient reasons. As for belief as a disposition for action, individual and collective beliefs, the relationship between belief and knowledge, and belief systems, are discussed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana"><b><a name="top"></a>ART&Iacute;CULOS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>M&aacute;s sobre la interpretaci&oacute;n (II). Ideas y creencias</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>More on interpretation (II). Ideas and beliefs</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Antonio Diez Patricio</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Psiquiatra, C&oacute;rdoba, Espa&ntilde;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#corresp">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En esta segunda parte del trabajo tratamos en primer lugar el ambiguo concepto de creencia. En el lenguaje ordinario el t&eacute;rmino creencia alude, fundamentalmente, a dos nociones: una epistemol&oacute;gica, la de idea o creencia reflexiva, y otra psicol&oacute;gica, la de creencia como disposici&oacute;n a la acci&oacute;n. Ambas nociones implican otra, la de saber. Saber es la idea basada en razones objetivamente suficientes. En la creencia como disposici&oacute;n se analizan las creencias individuales y colectivas, la relaci&oacute;n entre creencias y conocimiento y, por &uacute;ltimo, los sistemas de creencias.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> idea, creencia, saber, sistema de creencias.</font></p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">In this second part of the study, the ambiguous concept of belief is addressed. In ordinary language, the term belief basically refers to two notions: an epistemological one, the idea or reflexive belief, and a psychological one, belief as a disposition to action. Both notions include a third one, namely knowledge. Knowledge is thus envisaged as an idea based on objectively sufficient reasons. As for belief as a disposition for action, individual and collective beliefs, the relationship between belief and knowledge, and belief systems, are discussed.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> idea, belief, knowledge, belief systems.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una cosa es la verdad como realidad independiente del sujeto y otra es la verdad subjetiva o psicol&oacute;gica, que es la consideraci&oacute;n que de la verdad tenga este. En la primera parte del presente trabajo se dio por descontado que existe una realidad "externa" al sujeto, una realidad emp&iacute;rica, cuya aprehensi&oacute;n constituye el conocimiento como conjunto de saberes. Esta noci&oacute;n de realidad no tiene en cuenta al sujeto, pero es obvio que es este quien juzga si un hecho existe o no, si es verdadero o falso; es por esta raz&oacute;n que es importante saber de qu&eacute; manera ante un hecho <i>p</i> el sujeto accede al conocimiento de su existencia. En definitiva, una cosa es la verdad de <i>p</i> y otra cosa son los criterios de que se sirve el sujeto para saber que <i>p</i> es verdadero. En la psicolog&iacute;a natural se considera verdadero bien lo que es evidente o bien lo que est&aacute; verificado o es verificable. La verificaci&oacute;n ha de ser entendida aqu&iacute; como un proceso cognitivo, es decir, psicol&oacute;gico, pues el sujeto tiende a tomar como verdaderas las ideas que consigue verificar: si perdidos en la monta&ntilde;a encontramos una senda, juzgamos que esta conduce a alg&uacute;n lugar habitado; si al seguir la senda llegamos a una poblaci&oacute;n, cualquiera sea su tama&ntilde;o, nuestro juicio queda verificado. Se trata este de un principio psicol&oacute;gico pero no l&oacute;gico, pues, como tuvimos ocasi&oacute;n de ver al tratar la inducci&oacute;n como forma de razonamiento en la primera parte del presente trabajo, no todo lo verificado es verdadero. En definitiva, frente a la teor&iacute;a de la verdad como realidad independiente del sujeto est&aacute; la teor&iacute;a subjetiva, dox&aacute;stica, de la verdad, esto es, la verdad como creencia. Verdad y creencia, sostiene Mario Bunge (1) son t&eacute;rminos heterog&eacute;neos, s&oacute;lo sin&oacute;nimos para el dogm&aacute;tico. La creencia es una verdad subjetiva, una convicci&oacute;n, algo que el sujeto considera cierto, y no debe ser confundida con la verdad objetiva, cuya correspondencia en la teor&iacute;a del conocimiento es el concepto  de <i>saber.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El sujeto no se relaciona con la realidad sino con la representaci&oacute;n (mental) que se hace de ella. En la representaci&oacute;n mental de un objeto lo primero y fundamental es discriminar si se trata de un objeto solo mental (por ejemplo, un recuerdo) o si esa representaci&oacute;n corresponde a un objeto emp&iacute;rico presente. O sea, lo primero es considerar si se trata de un objeto emp&iacute;rico o de una representaci&oacute;n. Cuando se trata de un objeto emp&iacute;rico, es obvio que su representaci&oacute;n no es el objeto mismo, sino una imagen que el sujeto se hace de &eacute;l, imagen en cuya formaci&oacute;n influyen las experiencias anteriores en la relaci&oacute;n tenida con el objeto y la concepci&oacute;n que el sujeto tiene del objeto. Esto quiere decir que la representaci&oacute;n del objeto puede tener diferentes grados de verosimilitud o de acercamiento a la verdad; el mayor grado de distanciamiento de esta acontece cuando el sujeto confunde una representaci&oacute;n con la realidad emp&iacute;rica, como ocurre en el caso de la alucinaci&oacute;n (2).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La mente es un sistema de conocimiento, un sistema cognitivo. El t&eacute;rmino <i>conocimiento </i>puede emplearse en dos sentidos: 1) Para referirnos a la actividad de conocer; en este caso es equiparable a <i>conciencia</i>, y, as&iacute;, "perdi&oacute; la conciencia" y "perdi&oacute; el conocimiento" son expresiones equivalentes. 2) Para referirnos al rendimiento de esta actividad, a lo conocido o sabido. Se puede hablar entonces del conocimiento como lo <i>cognoscente</i> y del conocimiento como lo <i>conocido.</i> En cualquier caso, el conocimiento exige la relaci&oacute;n de un sujeto con un objeto, la relaci&oacute;n de un yo con un no-yo (3). Por lo tanto, en el conocimiento del objeto existe siempre una impronta, mayor o menor, del sujeto. En otras palabras, todo saber tiene un componente de creencia, de subjetividad. Estoy refiri&eacute;ndome ahora a la creencia como <i>idea, </i>tambi&eacute;n denominada <i>creencia reflexiva.</i> Si nos atenemos a esta consideraci&oacute;n, la pregunta que debemos hacernos entonces no es qu&eacute; es la realidad, sino cu&aacute;l es la realidad, y para responder a esta pregunta hay que tener presente el contexto sociocultural. As&iacute;, siguiendo un ejemplo de Peter Berger y Thomas Luckman (4), si un sujeto dice que habla con los muertos, no hemos de interpretar este enunciado de la misma manera si dicho sujeto es un empleado de banca madrile&ntilde;o o un campesino de Hait&iacute;; es muy probable que la concepci&oacute;n de la realidad del campesino de Hait&iacute; sea muy diferente a la del empleado de banca y que por consiguiente la expresi&oacute;n "hablar con los muertos" tenga un significado muy diferente. Es decir, "las cuestiones referentes a la situaci&oacute;n psicol&oacute;gica no pueden decidirse sin reconocer las definiciones de la realidad que se dan por establecidas en la situaci&oacute;n social del individuo. Para expresarlo m&aacute;s terminantemente, la situaci&oacute;n psicol&oacute;gica est&aacute; relacionada con las definiciones sociales de la realidad en general y, de por s&iacute;, se define socialmente" (4). En este sentido, la herencia cultural constituye un <i>a priori</i> en el modo en que el sujeto aprehende la realidad: "Lo que en la sociedad se da por establecido como conocimiento, llega a ser simult&aacute;neo con lo cognoscible, o en todo caso proporciona la armaz&oacute;n dentro de la cual todo lo que a&uacute;n no se conoce llegar&aacute; a conocerse en el futuro. &Eacute;ste es el conocimiento que se aprende en el curso de la socializaci&oacute;n y que mediatiza la internalizaci&oacute;n dentro de la conciencia individual de las estructuras objetivadas del mundo social" (4).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Atendiendo a estas consideraciones, en esta segunda parte del presente trabajo se tratar&aacute;n las nociones de idea y creencia. Y es que la noci&oacute;n de creencia incluye, aparte la anteriormente mencionada de idea o creencia reflexiva, que es una noci&oacute;n epistemol&oacute;gica, la psicol&oacute;gica como disposici&oacute;n del sujeto a la acci&oacute;n.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Ideas y creencias</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como no existe una teoría unívoca que lo  sustente, el concepto de creencia es necesariamente ambiguo. Prosiguiendo con la  tradición, aquí se adoptarán dos conceptuaciones, la <i>epistemol&oacute;gica</i>, en la que la creencia es el producto de un acto judicativo, de un razonamiento sobre la realidad, producto al que llamar&eacute; <i>idea -creencia reflexiva</i>, para algunos autores- y la <i>psicol&oacute;gica</i>, en la que la creencia es una disposici&oacute;n, una potencia del sujeto, del mismo modo que tambi&eacute;n son disposiciones los rasgos del car&aacute;cter, los h&aacute;bitos o los instintos. A esto lo llamaremos <i>creencia.</i> La primera, la creencia como idea, es la concepci&oacute;n tradicional de creencia; la segunda, como disposici&oacute;n, es m&aacute;s moderna (5).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un buen punto de partida para aclarar la confusa noci&oacute;n de creencia lo constituye el ensayo de Jos&eacute; Ortega y Gasset <i>Ideas y creencias</i> (6). Sostiene Ortega que las <i>ideas</i> -a las que tambi&eacute;n denomina, quiz&aacute; poco afortunadamente, <i>ocurrencias-</i> son los "pensamientos" (razonamientos) sobre el tema que sea y cualquiera sea su grado de verdad; en cualquier caso, son ideas que a un sujeto se le ocurren, ya sea originalmente o ya sea inspir&aacute;ndose en las ideas de otro. "De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades m&aacute;s rigurosas de la ciencia- podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas" (6). Por tanto, <i>idea</i> es el t&eacute;rmino que usamos para denominar el resultado de la actividad intelectual. Respecto a la segundas, las <i>creencias</i>, a diferencia de las ideas-ocurrencias, son ideas ya asumidas por la sociedad y con las que el sujeto en su desarrollo se encuentra y adopta como interpretaci&oacute;n de la realidad. El contenido de las creencias suele referirse al mundo o al s&iacute; mismo: "No son ideas que tenemos, son ideas que somos" (6). Constituyen los cimientos de la vida humana: "estamos en ellas" -de aqu&iacute; el dicho "estar en la creencia"-: "en la creencia se est&aacute; y la ocurrencia se tiene y se sostiene" (6), y son el trasfondo de toda existencia: "operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo" (6). En definitiva: "creencias son todas aquellas cosas con que absolutamente contamos, aunque no pensemos en ellas. De puro estar seguro de que existen y de que son seg&uacute;n creemos, no nos hacemos cuesti&oacute;n de ellas, sino que autom&aacute;ticamente nos comportamos teni&eacute;ndolas en cuenta" (6). Por contra, respecto a las ideas dice: "pero hay cosas y situaciones ante las cuales nos encontramos sin creencia firme: nos encontramos en la duda de si son o no, y de si son as&iacute; o de otro modo. Entonces no tenemos m&aacute;s remedio que <i>hacernos</i> una idea, una opini&oacute;n sobre ellas. Las ideas son, pues, las 'cosas' que nosotros de manera consciente construimos, elaboramos, precisamente porque <i>no creemos en ellas'"</i> (6, cursivas en el original). Tomando como punto de partida lo hasta ahora dicho, desarrollaremos a continuaci&oacute;n estas nociones. Nos referiremos en primer lugar a la idea y, seguidamente, seg&uacute;n la tradici&oacute;n en epistemolog&iacute;a, al saber como creencia verdadera justificada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Ideas</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Veamos en primer lugar la creencia como idea, tradicionalmente tambi&eacute;n denominada <i>creencia reflexiva.</i> Dice Russell que "toda la vida intelectual consiste en creencias, y en el pasaje de una creencia a otra por medio de lo que se llama 'razonamiento'" (7). Aplicado a una proposici&oacute;n, el uso m&aacute;s frecuente del verbo creer es "creer que", uso al que pueden reducirse casi todos los dem&aacute;s (8): "Rosita cre&iacute;a que Gerardo la amaba"; "yo no creo que exista el demonio"; "Pantale&oacute;n se cree todo lo que le cuentan", que es lo mismo que "Pantale&oacute;n cree que todo lo que le cuentan es cierto"; "te creo", es decir, "creo que lo que dices es verdad". Como ya vimos en la primera parte del presente trabajo, si se considera que una idea o proposici&oacute;n es verdadera cuando se corresponde con los hechos, entonces <i>creer</i> significa tener algo por verdadero o existente pero sin estar seguro de ello; equivale a suponer o presumir. Henry Price (5, 9) describe dos elementos fundamentales de la idea: 1) Tener presente o considerar una proposici&oacute;n comprendi&eacute;ndola, pero sin afirmarla o negarla, y 2) asentir, adoptar esa proposici&oacute;n o estar de acuerdo con ella. El asentimiento se acompa&ntilde;a de un sentimiento de seguridad o confianza en que lo cre&iacute;do es verdadero. Este sentimiento tiene grados: "pienso que..."; "estoy seguro de que...". El m&aacute;ximo grado es la convicci&oacute;n absoluta. Por otro lado, una idea implica un conocimiento o saber y este saber se basa en razones. Si creo que <i>p</i> es verdadera es porque tengo alg&uacute;n conocimiento acerca de <i>p</i>, esto es, tengo razones para creer que <i>p</i> existe. Por eso, dice Price, creer que <i>p</i> implica, por un lado, saber de un hecho, y, por otro, saber que ese hecho hace m&aacute;s probable <i>p</i> que otras alternativas (q, <i>r</i>, s...). En definitiva, el asentimiento est&aacute; determinado tanto cognitiva como emocionalmente; cognitivamente mediante el conocimiento de pruebas y razones a favor y en contra de la proposici&oacute;n; la parte emocional se expresa mediante el grado de seguridad que el sujeto tiene sobre la verdad de  <i>p</i>. En toda idea o creencia reflexiva existen estos dos aspectos en mayor o menor grado uno y otro.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿C&oacute;mo se produce el asentimiento a una proposici&oacute;n  <i>p</i>? Idealmente, en el proceso de constituci&oacute;n de la idea ("creer que <i>p</i>"), intervienen seg&uacute;n Price 4 factores: 1. Tener en cuenta o considerar <i>p</i> junto con otras proposiciones alternativas <i>q, r.</i> 2. Conocer un hecho (o conjunto de hechos) en relaci&oacute;n con la existencia de <i>p, q, r.</i> 3.Saber que <i>f</i> hace m&aacute;s probable <i>p</i> que <i>q</i> y r, esto es, tener m&aacute;s pruebas de <i>p</i> que de <i>q</i> y <i>r.</i> 4. Dar nuestro asentimiento a <i>p</i>, lo cual, a su vez, incluye: a) preferir <i>p</i> a <i>q</i> y <i>r;</i> b) tener un cierto grado de seguridad en relaci&oacute;n a <i>p</i> (9). Esto es as&iacute; en una situaci&oacute;n ideal ya que en el razonamiento ordinario este proceso se suele simplificar y alcanzarse r&aacute;pidamente el asentimiento, sin tener demasiado en cuenta proposiciones o hip&oacute;tesis alternativas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Vimos anteriormente que existen grados en la manera en que se mantiene o acepta la proposici&oacute;n cre&iacute;da, que van desde la mera sospecha a la completa seguridad: "sospecho que <i>p"</i>, "m&aacute;s bien creo que <i>p"</i>, "pienso que <i>p"</i>, "estoy casi seguro que <i>p"</i>, "estoy completamente seguro que <i>p".</i> En el caso de un sujeto razonable, lo normal es que el grado de seguridad var&iacute;e seg&uacute;n las razones que tenga a favor de la idea en cuesti&oacute;n, de tal manera que no ser&iacute;a sensato mantener un elevado grado de seguridad cuando las razones que se poseen son d&eacute;biles. Una idea se considera racional si es acorde con las razones: si determinadas razones son m&aacute;s favorables a <i>p</i> que a q, entonces lo razonable es creer que p. No obstante, ni que decir tiene que creer que <i>p</i> no necesariamente conlleva que <i>p</i> sea verdad; esto es algo que puede ocurrir incluso con ideas aparentemente razonables, que finalmente pueden resultar ser falsas; del mismo modo, una idea poco razonable, esto es, sostenida sobre pruebas d&eacute;biles, podr&iacute;a ser correcta por azar. Esto es, como veremos m&aacute;s adelante, no siempre que un sujeto que cree que <i>p</i> y <i>p</i> es verdadera se puede afirmar que sabe que <i>p</i> pues podr&iacute;a tratarse de una casualidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>a) Certeza y evidencia</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De importancia capital para el tema que nos ocupa son los conceptos de <i>certeza</i> y <i>evidencia. </i>La palabra certeza deriva del lat&iacute;n <i>certus</i>, seguro. En espa&ntilde;ol se dice "estoy seguro de que..." y tambi&eacute;n "tengo la certeza de que...". Algunos autores, como Luis Villoro (10), hablan de convicci&oacute;n <i>versus </i>certeza mientras que otros, como Jes&uacute;s Moster&iacute;n (8), de certeza <i>versus</i> verdad. En efecto, Villoro usa <i>convicci&oacute;n</i> para referirse a "los grados de seguridad o de adhesi&oacute;n que acompa&ntilde;a a la creencia", y <i>certeza</i> como "grados de probabilidad con que se presenta" (la creencia), y a&ntilde;ade: "mientras los grados de convicci&oacute;n dependen de la importancia personal que concedemos a la creencia, los grados de certeza corresponden a la probabilidad de lo cre&iacute;do. &Eacute;sta es una propiedad de la proposici&oacute;n, no del sujeto" (10). Sin embargo, aqu&iacute; consideraremos los t&eacute;rminos <i>certeza</i> y <i>convicci&oacute;n</i> como sin&oacute;nimos y los confrontaremos con el t&eacute;rmino <i>verdad.</i> La certeza consiste entonces en el grado de seguridad personal que acompa&ntilde;a a la creencia; no se trata por tanto de una propiedad de esta, sino m&aacute;s bien del sujeto que la sostiene. Sobre esto dice Moster&iacute;n (8) que la certeza es al sujeto lo que la verdad es a la idea. Las afirmaciones de Gustave Le Bon a este respecto son conclusivas: "Frecuentemente se confunden la verdad y la certeza. En su vocabulario filos&oacute;fico M. Goblot insiste acertadamente sobre la diferencia que las separa: 'No hay que emplear la palabra certeza -dice- m&aacute;s que para designar el estado del esp&iacute;ritu que se cree en posesi&oacute;n de la verdad; no debe hablarse de la certeza de una proposici&oacute;n y s&iacute; a la <i>verdad</i> o la <i>evidencia</i> debe referirse: <i>la certeza es un estado mental</i>'. Littr&eacute; da una definici&oacute;n an&aacute;loga cuando dice que la certeza es la 'convicci&oacute;n que tiene el esp&iacute;ritu de que los objetos son tal y como &eacute;l los concibe'. La simple certeza es una creencia, la verdad es un conocimiento" (11, cursivas en el original).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como la certeza depende de los afectos y no de las razones, su intensidad no se corresponde con la verosimilitud de lo cre&iacute;do. Seg&uacute;n sea la resistencia que oponga el sujeto a admitir su falta de razones para sustentar una idea, as&iacute; ser&aacute; el grado de certeza o la intensidad de su convicci&oacute;n. Sobre esto afirma Villoro: "La convicci&oacute;n corresponde a las creencias que nos importan vitalmente, las que satisfacen nuestros fines y dan sentido a nuestra existencia, las que orientan acciones necesarias para la vida, y no forzosamente a las m&aacute;s probables o probadas" (10). Las anteriores afirmaciones nos conducen al terreno de la motivaci&oacute;n: en lo que respecta a la idea o creencia reflexiva no solo hemos de considerar las razones que la justifican sino tambi&eacute;n los motivos que tiene el sujeto para mantenerla. Recurrimos a la explicaci&oacute;n por motivos cuando nos parecen insuficientes las razones que un sujeto esgrime para sustentar una idea. Los deseos, sentimientos, etc., pueden dirigir la atenci&oacute;n del sujeto hacia unas razones y no hacia otras, como se ve f&aacute;cilmente en lo que se denomina <i>racionalizaci&oacute;n. </i>M&aacute;s atr&aacute;s hemos visto que las creencias reflexivas tienen grados; pues bien, en el par razones/motivos, las razones influyen en la probabilidad de la idea, o en su verosimilitud, mientras que los motivos influyen en la certeza o convicci&oacute;n del sujeto pensante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Veamos ahora qu&eacute; relaci&oacute;n tiene la certeza con el otro concepto esencial para el tema que nos ocupa, el de <i>evidencia.</i> Cuando un sujeto <i>S</i> est&aacute; completamente seguro de algo, sin que tenga la menor duda, se dice que ese algo es evidente para S: <i>S</i> tiene la certeza de que <i>p</i> si <i>p</i> es evidente para S. Aunque parezca contradictorio, el concepto de evidencia es tambi&eacute;n subjetivo y, por tanto, no constituye ninguna garant&iacute;a de verdad: no es verdad, aunque s&iacute; evidente, que el Sol "sale" cada ma&ntilde;ana. Como criterio de verdad, la evidencia solo es aplicable en algunos casos: "Una evidencia segura es lo que se <i>supone</i> incondicionalmente seguro, algo de acuerdo con lo que <i>actuamos</i> con seguridad, sin duda alguna" (12, cursivas en el original). Y m&aacute;s adelante: "Que tengo dos manos es una evidencia irrefutable &#091;...&#093; ¿Qu&eacute; creer&iacute;a si no creyera eso? No tengo ning&uacute;n sistema dentro del cual pudiera darse tal duda (12)". De proposiciones como estas no se puede dudar "sin renunciar a todo juicio" (12).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>b) Saber</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un concepto estrechamente relacionado con el de idea es el de <i>saber.</i> Seg&uacute;n Joan Corominas y Jos&eacute; Antonio Pascual (13), <i>saber</i> deriva del lat&iacute;n <i>sapere</i>, que significa "tener tal o cual sabor" -de hecho, una acepci&oacute;n de <i>saber</i> tiene relaci&oacute;n con el sentido del gusto: "esta comida me sabe mal"- y tambi&eacute;n "tener inteligencia, ser entendido", "tener juicio". En su origen, <i>saber</i> tiene, pues, relaci&oacute;n con lo que se sabe por experiencia, ya que el sentido del gusto, junto con el del tacto, se consideraban v&iacute;as de conocimiento objetivo y directo de los objetos. Al igual que ocurre con el verbo creer, tambi&eacute;n el uso m&aacute;s frecuente del verbo saber es "saber que": "Juan sabe que 2 es la ra&iacute;z cuadrada de 4"; "Ignacio a&uacute;n no sabe que le ha tocado la loter&iacute;a". Gilbert Ryle (14) destaca dos usos de saber: el ya visto, saber que <i>(knowing that)</i> y saber c&oacute;mo <i>(knowing how)</i>, que consiste en una habilidad o un conocimiento de m&eacute;todo. Aqu&iacute; me referir&eacute; exclusivamente al primero, ya que el segundo ser&aacute; tratado m&aacute;s adelante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tradicionalmente, se considera racional la idea suficientemente justificada, lo que la diferencia del saber, que es la idea justificada y, adem&aacute;s, verdadera. Si creer reflexivamente es tener algo por verdadero o existente sin estar seguro de ello, saber se refiere a la idea verdadera, es decir, a la que se corresponde con los hechos, con la realidad. Es el hecho objetivo lo que hace que la idea sea verdadera o falsa. Leopoldo piensa que el Rayo Vallecano ganar&aacute; la liga de futbol; finalizada esta, el Rayo Valle-cano la ha ganado o no; seg&uacute;n el resultado, la idea de Leopoldo es verdadera o falsa. Cuando no existe ninguna duda razonable sobre la verdad de una proposici&oacute;n, se usa el verbo saber; en caso contrario, se usa creer. Las expresiones "justificaci&oacute;n objetiva" y "razones objetivamente suficientes" se emplean cuando las razones que se aportan aseguran la existencia real del contenido de una idea.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Atendiendo al an&aacute;lisis tradicional del concepto de saber, saber que <i>p</i> supone: 1) creer que p; 2) tener razones adecuadas para creer que p; 3) <i>p</i> es verdadero. Edmund Gettier (15) aduce que estos criterios no son apropiados para determinar que <i>S</i> sabe que <i>p</i> porque podr&iacute;a darse el caso de que para <i>S </i>est&eacute; justificado creer que <i>p</i> siendo <i>p</i> falsa. Los ejemplos que pone Gettier en el trabajo citado y los numerosos que posteriormente han sido aportados por otros autores se basan fundamentalmente en lo siguiente: por un lado existe una proposici&oacute;n <i>p</i> que, aun siendo falsa, est&aacute; justificada para S; por otro lado, existe una proposici&oacute;n q, inferida a partir de <i>p</i>, que es verdadera, pero no lo es por las razones que para <i>S</i> justifican <i>p</i> sino por otras diferentes. Entonces, respecto a <i>q</i>, se dan los tres criterios antes se&ntilde;alados pero no se puede decir que <i>S</i> sabe que <i>q</i> porque realmente <i>S</i> desconoce las razones que hacen verdadera a <i>q</i> y cree que <i>q</i> es verdadera por razones que no son al caso. Como ejemplo, valga el de Roderick Chisholm (16): supongamos que <i>S</i> dice "veo una oveja en el campo"; esta proposici&oacute;n (<i>i</i>) aunque es evidente para <i>S</i>, es falsa (S ha confundido un perro con una oveja). La proposici&oacute;n (<i>h</i>) "hay una oveja en el campo" es evidente para <i>S.</i> Supongamos ahora que, en efecto, hay una oveja en el campo que <i>S</i> no ha visto. Entonces, no se puede decir que S sabe que hay una oveja en el campo, aunque el razonamiento satisfaga la definici&oacute;n cl&aacute;sica de saber, esto es, <i>S</i> cree que p; <i>S</i> est&aacute; justificado en creer que <i>p</i>; es verdad que <i>p</i>. O sea, la proposici&oacute;n "<i>p</i>" "veo una oveja en el campo" es falsa, pero para <i>S</i> est&aacute; justificada perceptualmente pues cree haberla visto. La proposici&oacute;n <i>"q"</i>, "hay una oveja en el campo" es verdadera, pero su verdad no est&aacute; basada en las razones aportadas por <i>S</i>, por lo que no se puede decir que <i>S</i> sabe que <i>q.</i> Otro ejemplo, este extra&iacute;do de la cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica, es el siguiente: un sujeto (S) que sufre un delirio de celos asegura que su mujer (M) ama a un vecino (S) que vive enfrente. <i>S</i> basa su idea en que a veces ha visto a <i>M</i> mirando por la ventana hacia las viviendas de enfrente y cree que lo hace para ver a S'; por otro lado, en una ocasi&oacute;n encontr&oacute; una colilla en la cocina, que su mujer atribuy&oacute; al fontanero que repar&oacute; una aver&iacute;a del fregadero, pero que <i>S</i> atribuy&oacute; a que S' hab&iacute;a estado en la casa. El caso es que realmente <i>M</i> y <i>S'</i> son amantes, pero no se puede decir que <i>S</i> lo sab&iacute;a. En definitiva, como afirma Villoro: "La falla que los ejemplos del tipo Gettier muestran en el an&aacute;lisis tradicional del saber, no consiste tanto en la verdad o falsedad de las proposiciones de que depende la justificaci&oacute;n, cuanto a que &eacute;sta se base en <i>razones diferentes</i> a aquellas que garantizan la verdad de la creencia. Para que <i>S</i> sepa que <i>p</i> es menester que lo sepa por las razones que hacen <i>'p'</i> verdadera y no por otras" (10, cursivas en el original).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al igual que el concepto de verdad estudiado en la primera parte del presente trabajo, tambi&eacute;n el concepto de saber es poco pr&aacute;ctico, ya que en muchas ocasiones resulta imposible concluir si una proposici&oacute;n es verdadera. Dado el car&aacute;cter conjetural de la mayor parte del conocimiento, algunos autores proponen usar el concepto de idea racional y dejar el uso del verbo saber para los hechos considerados incontrovertibles. Si nos atenemos al an&aacute;lisis tradicional de la noci&oacute;n de saber arriba expuesta, esto es, creer que  <i>p</i>; estar justificado en creer que p; es verdad que p, solo excepcionalmente se cumple este tercer criterio. Para usos pr&aacute;cticos, el verbo saber solo deber&iacute;a ser aplicado a las ideas razonables, s&oacute;lidamente justificadas y que han resistido serios intentos de refutaci&oacute;n. "podemos calificar de 'saberes' a las creencias razonables que basten para lograr una acci&oacute;n exitosa en las circunstancias particulares de la vida diaria." (10). Esta es la raz&oacute;n por la que Norman Malcolm (17) propone dos usos de <i>saber</i>, uno "fuerte", en el que no se considera la posibilidad de que <i>p</i> sea falsa, y otro "d&eacute;bil", en el que no se excluye que pueda demostrarse que lo sea. Cuando se usa <i>saber </i>en sentido d&eacute;bil el sujeto est&aacute; dispuesto a admitir que mediante el proceso que sea (investigaci&oacute;n, c&aacute;lculo, etc.), se llegue a determinar si <i>p</i> es verdadera o falsa. Obviamente, la noci&oacute;n de saber en sentido d&eacute;bil se solapa con la de idea bien justificada, y esto es as&iacute; porque, como dec&iacute;a Josep Llu&iacute;s Blasco, los criterios de verdad aplicables al lenguaje ordinario son laxos, ya que "incluyen desde creencias basadas en indicios emp&iacute;ricos hasta creencias fruto de ideolog&iacute;as vigentes, y desde verdades que son resultado de observaciones hasta verdades que son resultado de inferencias de otras verdades" (18).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A este respecto, se pregunta Price (5) "¿c&oacute;mo A sabe que <i>p</i>?", pregunta que carece de sentido cuando se trata de hechos incontrovertibles, inmediatos, y aduce este autor que, en sentido estricto, el saber mediato, inferencial, no existe; en estos casos habr&iacute;a que hablar m&aacute;s bien de creencia reflexiva, no de saber. Y al contrario, los casos de saber inmediato, de directa verificaci&oacute;n emp&iacute;rica, no se pueden formular en t&eacute;rminos de creencia, como acontece con los estados mentales propios: si pienso "estoy impaciente por llegar" o "tengo hambre", yo s&eacute; que estoy impaciente o que tengo hambre, mientras el otro puede creer muy razonablemente que estoy impaciente o que tengo hambre a partir de mi gestualidad y otros indicios, pero no puede afirmarlo. Como dice Wittgenstein: "solo t&uacute; puedes saber si tuviste la intenci&oacute;n" (19); "yo puedo solamente <i>creer</i> que otro tiene un dolor, pero lo s&eacute; si yo lo tengo" (19). Sobre los estados mentales de otros no podemos saber, solo podemos inferirlos de su conducta; no son por lo tanto objeto de conocimiento sino de hip&oacute;tesis o conjetura. En otros casos, como en "no s&eacute; d&oacute;nde vive Juan; creo que vive en C&oacute;rdoba", creer se sit&uacute;a en un escal&oacute;n por debajo de saber; aqu&iacute; "creo que" ser&iacute;a una forma de saber, y este saber ser&iacute;a un grado m&aacute;ximo de creencia. No siempre es as&iacute;; existen "saberes" (conocimientos) que no tienen su correspondiente grado de creencia, como es el caso de lo que hemos denominado m&aacute;s atr&aacute;s evidencia segura, como, por ejemplo, "estas son mis manos" o "estoy sentado". En definitiva, no existe una separaci&oacute;n n&iacute;tida entre los conceptos de saber y creer porque tanto uno como otro son conceptos borrosos, mal delimitados y, por lo tanto, aplicables a enunciados de muy diversa &iacute;ndole. Ludwig Wittgenstein sosten&iacute;a que "en general no usamos el lenguaje conforme a reglas estrictas, &#091;...&#093; somos incapaces de delimitar claramente los conceptos que utilizamos; y no porque no conozcamos su verdadera definici&oacute;n, sino porque no hay 'definici&oacute;n' verdadera de ellos" (20).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Creencias</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Dedicar&eacute; este apartado a la noci&oacute;n de creencia, no como idea, que es como la he considerado hasta ahora, sino como <i>disposici&oacute;n.</i> Se trata, como he dicho m&aacute;s atr&aacute;s, de una noci&oacute;n psicol&oacute;gica seg&uacute;n la cual creer implica la tendencia a actuar como si aquello en lo que se cree fuera verdadero, como si existiera realmente. Toda disposici&oacute;n comporta un juicio condicional que puede formularse de la siguiente manera: si <i>S</i> tiene la disposici&oacute;n <i>n</i>, actuar&aacute; haciendo <i>x.</i> Por ejemplo, en el caso de las creencias: Juan cree que todos los perros muerden; si Juan se encuentra con un perro, lo m&aacute;s probable es que huya de &eacute;l. Y a la inversa: Si cada vez que Juan se encuentra con un perro emprende la hu&iacute;da, lo m&aacute;s probable es que Juan crea que todos los perros muerden. Es decir, la creencia supone una expectativa de actuaci&oacute;n por parte del sujeto creyente, pues lo <i>dispone</i> a actuar de determinada manera. Esta es la raz&oacute;n por la cual es posible inferir las creencias de un sujeto a partir de la observaci&oacute;n reiterada de su conducta: "porque al creer en un hecho considero que ese hecho forma parte del mundo real y, por lo tanto, me relaciono con el mundo contando con su existencia. Creer que <i>p</i> ser&iacute;a estar en un estado tal que dispone a tener m&uacute;ltiples comportamientos en relaci&oacute;n con <i>p</i>, seg&uacute;n las distintas ocasiones que se presenten" (10). En la formulaci&oacute;n de Richard B. Braithwaite (21), una creencia, por ejemplo "creo que <i>p"</i>, implica que: 1) "tengo presente <i>p";</i> y 2) "tengo la disposici&oacute;n a actuar como si <i>p</i> fuese verdadera". Es obvio que si se tiene esta disposici&oacute;n es porque se considera que <i>p</i> es verdadera; es decir, el sujeto piensa que <i>p</i> es real y por eso la creencia de que <i>p</i> constituye un m&oacute;vil de su conducta. "¿Por qu&eacute; comulgas siempre que vas a misa?": "porque creo en la eucarist&iacute;a", es decir, "porque creo que el pan y el vino consagrados son el cuerpo y la sangre de Cristo". Ahora bien, la tendencia a actuar como si <i>p</i> fuese verdadera es una caracter&iacute;stica de la creencia, no importa cu&aacute;l sea la consideraci&oacute;n que tengamos de esta; tambi&eacute;n en la creencia como idea si <i>S</i> cree que <i>p</i>, implica que, dado el caso, <i>S</i> actuar&aacute; como si <i>p </i>fuese real o probablemente real; si <i>S</i> dudara de la verdad de <i>p, </i>no actuar&iacute;a; de hecho, cuando se est&aacute; en la duda acerca de la existencia de algo no es nada sensato actuar como si ese algo existiera realmente. El sentimiento de certeza o convicci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cito en la creencia; es m&aacute;s, constituye una prueba de la existencia de la creencia. Cuando hablamos de la disposici&oacute;n como tendencia a actuar, esta tendencia comporta que <i>si se dieran</i> las circunstancias favorables, tanto emp&iacute;ricas como subjetivas (necesidad, deseo, etc.), el sujeto actuar&iacute;a como si <i>p</i> fuera verdadero: "la creencia no es un conjunto de acciones reales, sino un conjunto de disposiciones a la acci&oacute;n, tendencias que no entrar&iacute;an en acci&oacute;n sino en circunstancias apropiadas &#091;...&#093; la tendencia es el hecho de que, si ciertas cosas suceden, tendr&iacute;an lugar ciertas acciones" (21). El punto de vista de la creencia como disposici&oacute;n se corresponde m&aacute;s con la visi&oacute;n que en general se tiene del concepto de creencia y es m&aacute;s abarcador, pues permite tener en cuenta la existencia de creencias latentes o inconscientes, en muchas ocasiones negadas por el sujeto creyente pero inferibles de la observaci&oacute;n de su conducta. Llegados a este punto, es necesario hacer notar que cuando hablamos de creencia estamos refiri&eacute;ndonos a un constructo &uacute;til para dar cuenta de las motivaciones de la conducta. Las creencias se infieren, no se observan, y, al igual que todo lo correspondiente al mundo mental del sujeto, aunque &eacute;ste nos informara verbalmente acerca de ellas, esta informaci&oacute;n podr&iacute;a ser falsa, sea porque estemos ante un sujeto mendaz, sea porque el sujeto est&eacute; equivocado y se auto enga&ntilde;e. Siguiendo el modelo de aparato ps&iacute;quico de la primera t&oacute;pica freudiana -consciente-preconsciente-inconsciente- (22), las creencias inconscientes pueden ser preconscientes y subconscientes; las primeras son aquellas que, advertido el sujeto de su probable existencia -existencia que inferimos de su conducta- repara en ellas y las hace conscientes, con su posible conversi&oacute;n en creencia reflexiva o idea; las segundas son las que el sujeto no reconoce como propias de ninguna manera.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En una clasificaci&oacute;n muy general de las creencias, habr&iacute;a que diferenciar las creencias individuales y las colectivas, y, entre estas, las creencias sociales propias de un determinado momento hist&oacute;rico y las creencias culturales (religiosas, est&eacute;ticas, morales, etc.). Obviamente, cada sujeto tiene su propia asunci&oacute;n de las creencias colectivas, as&iacute; como su propio grado de elaboraci&oacute;n y de certeza sobre ellas. Entre las creencias individuales, son de especial relevancia las referidas a la identidad personal o <i>self.</i> Las creencias se almacenan en la memoria (23); las creencias sociales y culturales se almacenan en la memoria sem&aacute;ntica, mientras que la referidas al <i>self</i> lo hacen en la memoria epis&oacute;dica o autobiogr&aacute;fica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, complementariamente a lo anterior, hay que decir que las creencias no constituyen el &uacute;nico factor disposicional de la conducta; otros factores son las actitudes, los instintos, los rasgos de car&aacute;cter y las necesidades. Por su relaci&oacute;n con el tema que nos ocupa, es preciso destacar el concepto de <i>actitud;</i> la actitud es tambi&eacute;n una preconducta, una disposici&oacute;n a actuar de determinada manera. Para Milton Rokeach (24), la actitud tiene tres componentes: <i>cognitivo</i> (la creencia); <i>afectivo</i> (el valor) y <i>conativo </i>(la predisposici&oacute;n a actuar). Este es el concepto de actitud aceptado por la mayor&iacute;a de los autores; sin embargo, otros autores prefieren restringir el concepto de actitud al aspecto afectivo, de tal modo que la actitud constituir&iacute;a una disposici&oacute;n de aceptaci&oacute;n o rechazo del objeto; pero, en cualquier caso, antes que la actitud est&aacute; la creencia, pues, en virtud de ella, el objeto aceptable o rechazable es tomado como verdadero, es decir, como existente. Toda evaluaci&oacute;n afectiva, toda actitud, se hace sobre un referente, que es el objeto de la creencia, y todo referente genera una actitud; la disposici&oacute;n a actuar exige la previa creencia en que el objeto existe y la <i>direcci&oacute;n </i>de la acci&oacute;n (de aceptaci&oacute;n o rechazo) la determina la actitud. Generalmente se atribuyen a las actitudes una estructura similar a la de los <i>sistemas de creencias</i> (v&eacute;ase m&aacute;s adelante), esto es, una estructura que suele denominarse central-perif&eacute;rica. Cuanto m&aacute;s central es una actitud, m&aacute;s resistente al cambio es, pues m&aacute;s conectada est&aacute; con otras que dependen de ella. Asimismo, estas actitudes centrales suelen ser las m&aacute;s b&aacute;sicas e importantes para el sujeto, pues constituyen el n&uacute;cleo de su identidad o <i>self</i> (25).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>a) Creencias y conocimiento</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El verbo conocer corresponde a <i>connaîre</i> en franc&eacute;s y a <i>to know (something)</i> en ingl&eacute;s. En espa&ntilde;ol, conocer casi siempre implica un conocimiento directo, un conocimiento que exige una proximidad con la cosa conocida, una experiencia o un contacto; es lo que Bertrand Russell denomina conocimiento por familiaridad <i>(by acquaintance)</i> (26); por eso en espa&ntilde;ol se usan expresiones como las siguientes: "conozco a Agapito desde hace a&ntilde;os", "conozco bien Madrid; viv&iacute; all&iacute; 7 a&ntilde;os", "¿conoces los cuartetos de cuerda de Beethoven?" Teniendo esto en cuenta, podemos proponer ahora una clasificaci&oacute;n de los diferentes tipos de conocimiento: 1. El denominado por Russell conocimiento <i>por familiaridad</i> o conocimiento directo de algo, ya referido; el saber impl&iacute;cito en este tipo de conocimiento supone una experiencia personal, una cierta familiaridad con el objeto conocido. 2. Conocimiento de hechos: <i>know what</i> de Ryle (14) o conocimiento por referencia o descripci&oacute;n <i>(by description)</i> de Russell; se trata del saber <i>(saber que)</i> y se enuncia mediante una proposici&oacute;n; por ejemplo: "la distancia entre C&oacute;rdoba y Madrid es de 400 kms". 3. Conocimiento de m&eacute;todo: <i>saber c&oacute;mo (know how</i> de Ryle); se refiere a una habilidad: saber c&oacute;mo hacer algo; a veces conlleva un conocimiento de hechos: el de los fundamentos del m&eacute;todo. En saber c&oacute;mo Jos&eacute; Hierro incluye: a) saber c&oacute;mo usar una lengua, que es el conocimiento impl&iacute;cito de la gram&aacute;tica de esa lengua; b) saber c&oacute;mo comportarse o conocimiento impl&iacute;cito de las reglas sociales, y c) saber c&oacute;mo razonar l&oacute;gicamente (27).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el tema del conocimiento es cita obligada el <i>Teeteto</i> de Platon (28), donde se se&ntilde;alan las diferencias entre tener y poseer, es decir, entre tener algo en el momento presente y poseer cosas a tu disposici&oacute;n para usarlas cuando las necesites: "por mi parte, entiendo que poseer no es lo mismo que tener. De quien haya adquirido un vestido y, aun siendo due&ntilde;o de &eacute;l, no lo lleva encima, no diremos en realidad que lo tiene sino que lo posee" (28). El conocimiento es algo que se posee m&aacute;s que algo que se tiene; en este sentido, el conocimiento es una "potencia" que puede ser actualizada en cualquier momento. Dicho desde el punto de vista cognitivo, el conocimiento que se posee se conserva en la memoria sem&aacute;ntica y puede ser actualizado cuando es necesario: s&eacute; que la distancia entre C&oacute;rdoba y Madrid es de 400 kms; es un conocimiento que poseo y que tengo a mi disposici&oacute;n mientras est&eacute; consciente; tambi&eacute;n lo poseo mientras estoy dormido, pero en este estado no podr&iacute;a actualizarlo, obviamente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; como el conocimiento gu&iacute;a nuestras acciones, del mismo modo funcionan las creencias. Conocimiento y creencias constituyen gu&iacute;as o mapas de la realidad en la que ha de desenvolverse el sujeto: s&eacute; que la distancia C&oacute;rdoba-Madrid es de 400 kms; se trata de un conocimiento al que recurro cuando he de planificar un viaje entre estas dos ciudades. De manera semejante funcionan las creencias: si creo en Dios, es normal que rece. Y es que la creencia no es m&aacute;s que una informaci&oacute;n que inconscientemente tomamos como verdadera en el momento de su adquisici&oacute;n. Tanto el conocimiento como la creencia act&uacute;an desde el trasfondo como gu&iacute;as de la acci&oacute;n. Un punto de vista similar sostiene Le Bon, autor que ha tratado extensamente el problema de las creencias; para este autor la creencia ser&iacute;a una especie de "intuici&oacute;n inconsciente" cuyo origen es ajeno a la voluntad del sujeto creyente; su funci&oacute;n consiste en superar la incertidumbre propia de la vida humana; constituyen una explicaci&oacute;n del mundo y por tanto suponen, como hemos dicho, una especie de gu&iacute;a para el desenvolvimiento del sujeto en la realidad. Ello se logra sin el esfuerzo que supone la adquisici&oacute;n de conocimientos, pues la certeza que conlleva la creencia se sostiene sobre la fe (traduzco del franc&eacute;s): "Siempre &aacute;vido de certezas definitivas el esp&iacute;ritu humano conserva mucho tiempo opiniones falsas fundamentadas en la necesidad de explicaci&oacute;n y considera enemigos de su reposo a los que las combaten" (29). Por ello, "las creencias son como un alimento mental, tan necesarios para la vida espiritual como los alimentos materiales para el mantenimiento del cuerpo" (29). Y tambi&eacute;n: "El hombre ha buscado sin tregua la explicaci&oacute;n de esos misterios. Jam&aacute;s ha consentido ignorar la raz&oacute;n de las cosas. Su imaginaci&oacute;n supo encontrarlas siempre. El esp&iacute;ritu humano pasa f&aacute;cilmente sin verdades, pero no puede vivir sin certezas" (11).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Unas palabras acerca de la duda. Si, como hemos dicho, las creencias son un remedio para el desasosiego que suscita la incertidumbre, se puede colegir que el ser humano tiene aversi&oacute;n a la duda. La duda es lo contrario de la creencia, aunque, al igual que en esta, como dice Ortega (6), en la duda "se est&aacute;" -de ah&iacute; la expresi&oacute;n "salir de dudas"-. Pero as&iacute; como la creencia entra&ntilde;a estabilidad, la duda es inestabilidad, ya que supone debatirse entre dos o m&aacute;s creencias, a veces antag&oacute;nicas; por eso, si la creencia constituye una gu&iacute;a de la acci&oacute;n y un m&oacute;vil de esta, con la duda ocurre lo contrario: la duda provoca la inhibici&oacute;n, la par&aacute;lisis de la acci&oacute;n. Charles S. Peirce dec&iacute;a al respecto: "La duda es un estado de inquietud e insatisfacci&oacute;n del que luchamos por liberarnos y pasar a un estado de creencia; mientras que este &uacute;ltimo es un estado de tranquilidad y satisfacci&oacute;n que no deseamos eludir o cambiar por una creencia en otra cosa" (30). Por eso, la duda "nos estimula a indagar hasta destruirla" (30), y por eso nos aferramos a nuestras creencias; de aqu&iacute; tambi&eacute;n la tendencia que el ser humano muestra a confirmar, antes que refutar, sus creencias, ya que "no puede negarse que una fe firme e inamovible depare una gran paz mental" (30). Si comparamos creencias y conocimientos, vemos que las primeras son expresi&oacute;n de los sentimientos y del pensamiento m&aacute;gico que todo sujeto, aun el m&aacute;s racional, posee, mientras que el conocimiento lo es m&aacute;s de la raz&oacute;n; el conocimiento se basa en datos y argumentos y, una vez alcanzado, se mantiene e incluso se supera a la luz de nuevos datos y razones, mientras que las creencias exigen para su sostenimiento el empleo de iconos, emblemas, rituales, ceremonias, m&iacute;tines, etc.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Pero las creencias no solo son esenciales para la econom&iacute;a ps&iacute;quica del sujeto, sino que algunos tipos de ellas tambi&eacute;n constituyen un factor primordial de cohesi&oacute;n social. La relevancia social de las creencias est&aacute; bien descrita en la siguiente cita de Juan Antonio Estrada acerca de las creencias religiosas: "La religi&oacute;n subsiste en cuanto que responde a necesidades sociales: las de identidad y de cohesi&oacute;n de grupo; la asistencial y caritativa; la de heredera de tradiciones y folklores mayoritariamente aceptados; la de ofrecer rituales y ceremonias significativas para momentos importantes de la vida de la gente; etc. Esta plurifuncionalidad de la religi&oacute;n es la que hace posible que participen en sus rituales, fiestas, devociones y pr&aacute;cticas personas que no son practicantes ni, a veces, creyentes; personas que mantienen su adhesi&oacute;n a rituales y tradiciones que forman parte de su identidad colectiva, sin que impliquen siquiera la fe en Dios" (31).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>b) Sistemas de creencias</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El conjunto de las creencias de un sujeto se organiza en sistemas. Obviamente, cuando hablamos de sistema de creencias no estamos refiri&eacute;ndonos a un hecho natural sino a un constructo del que nos valemos para mejor entender el fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n, por lo que caben muy diferentes modelos; a este respecto, en el modelo que propone Rokeach (32), uno de los aspectos m&aacute;s relevantes es que todo sistema de creencias incluye en su seno el subsistema de las increencias. En efecto, el sistema de las creencias de un sujeto incluye en su seno el conjunto de las creencias que acepta y el de las creencias que rechaza. Ambos conjuntos no son especulares, antes bien, suelen ser completamente asim&eacute;tricos. En uno de sus ejemplos, el autor se&ntilde;ala c&oacute;mo un psicoanalista freudiano acepta las teor&iacute;as de Freud a la vez que rechaza las de Adler, Jung, etc., pero tambi&eacute;n teor&iacute;as no psicoanal&iacute;ticas, como la <i>gestalt</i> o el conductismo. Un marxista leninista rechaza el trotskismo y tambi&eacute;n la socialdemocracia y el fascismo. Otro aspecto relevante del modelo de Rokeach es que, con frecuencia, el sistema de creencias-increencias funciona de acuerdo con una especie de regla del "todo o nada", de tal modo que si, por ejemplo, se es cat&oacute;lico, no se es baptista, presbiterano o evangelista. Es decir, as&iacute; como la creencia supone la certeza sobre la verdad o existencia real de lo cre&iacute;do, la increencia supone otra certeza, la de la falsedad o irrealidad de aquello en lo que no se cree; por consiguiente, as&iacute; como la creencia conlleva una disposici&oacute;n a actuar de acuerdo con lo cre&iacute;do, la increencia implica una disposici&oacute;n a no actuar en virtud del rechazo que suscita lo no cre&iacute;do. Es necesario ahora hacer dos consideraciones. La primera es que un sistema de creencias no es un sistema l&oacute;gico sino psicol&oacute;gico; una caracter&iacute;stica fundamental de un sistema l&oacute;gico es que sus constituyentes est&aacute;n interrelacionados de modo tal que se deducen unos de otros, mientras que en un sistema psicol&oacute;gico no solo suelen existir contradicciones en su seno sino que, adem&aacute;s, partes de &eacute;l se mantienen aisladas del resto; es decir, en la medida en que las creencias que constituyen un sistema no son, en su mayor parte, racionales y conscientes, este sistema no se organiza en funci&oacute;n de una l&oacute;gica deductiva sino en funci&oacute;n de una l&oacute;gica pragm&aacute;tica que viene a subvenir determinadas necesidades del sujeto; es el sujeto, o mejor dicho, la conducta del sujeto, a partir de la cual inferimos sus creencias, lo que proporciona apariencia de unidad al sistema. El sistema de creencias de un sujeto ha de ser cognitivamente consistente, raz&oacute;n por la cual se rechazan las creencias cognitivamente disonantes (33). La necesidad de consistencia es un motivo para creer o no creer, pero si no tienes m&aacute;s remedio que creer, has de racionalizar, o sea, convencerte de que tienes razones suficientes para creer. La segunda consideraci&oacute;n es que una religi&oacute;n o una ideolog&iacute;a pol&iacute;tica no constituyen un sistema de creencias; la noci&oacute;n de sistema de creencias, como hemos dicho, es una noci&oacute;n psicol&oacute;gica: es el sistema de creencias e increencias de un sujeto y que solo a t&iacute;tulo de explicaci&oacute;n dividimos en creencias religiosas, pol&iacute;ticas, morales, etc.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya vimos anteriormente al hablar de las actitudes que el sistema de creencias de un sujeto est&aacute; organizado en niveles que van del centro a la periferia. El nivel central est&aacute; ocupado por las creencias <i>primarias</i>, que son creencias acerca del mundo f&iacute;sico, del s&iacute; mismo <i>(self)</i> y de los dem&aacute;s, constituidos en lo que George H. Mead denominaba <i>el otro generalizado</i> (34). Por ejemplo, una creencia primaria acerca del mundo f&iacute;sico podr&iacute;a consistir en la idea de que &eacute;ste solo puede ser conocido a trav&eacute;s de los sentidos y la increencia consistir&iacute;a en que no es posible la percepci&oacute;n extrasensorial. Las creencias primarias son an&aacute;logas a lo que en ciencia se denominan <i>axiomas;</i> se trata de creencias que no suelen cuestionarse ya que funcionan como cimientos sobre los que se erige el sistema de creencias-increencias. En el nivel intermedio est&aacute;n las creencias derivadas de las anteriores, que son aprendidas a partir de las personas significativas para el sujeto y dotadas por &eacute;ste de autoridad epist&eacute;mica. A este nivel corresponde la casi totalidad de las creencias acerca del mundo f&iacute;sico y la sociedad. El tercer nivel o nivel perif&eacute;rico lo constituyen creencias derivadas de las anteriores que son elaboradas por el sujeto a partir de informaci&oacute;n de muy diversa &iacute;ndole; ejemplos de ellas son las creencias acerca del control de la natalidad, la vida sana, etc. Aqu&iacute; caben subniveles de creencias, no todas con la misma relevancia para cada sujeto, ya que lo que uno considerar&iacute;a esencial para otro ser&iacute;a totalmente accesorio.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(1) Bunge M. Tratado de Filosof&iacute;a. Sem&aacute;ntica II. Interpretaci&oacute;n y verdad. Barcelona: Gedisa, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732471&pid=S0211-5735201700010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(2) D&iacute;ez Patricio A. El discurso psic&oacute;tico. En: D&iacute;ez Patricio A. An&aacute;lisis del discurso psic&oacute;tico. Madrid: Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Neuropsiquiatr&iacute;a, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732473&pid=S0211-5735201700010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(3) Llopis B. Introducci&oacute;n dial&eacute;ctica a la psicopatolog&iacute;a. Madrid: Morata, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732475&pid=S0211-5735201700010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(4) Berger PL, Luckman T. La construcci&oacute;n social de la realidad. Madrid: Amorrortu, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732477&pid=S0211-5735201700010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(5) Price HH. Belief. Londres: George Allen &amp; Unwin, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732479&pid=S0211-5735201700010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(6) Ortega y Gasset J. Ideas y creencias. Madrid: Espasa-Calpe, 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732481&pid=S0211-5735201700010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(7) Russell B. La creencia. En An&aacute;lisis del esp&iacute;ritu. Buenos Aires: Paidos, 1950.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732483&pid=S0211-5735201700010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(8) Moster&iacute;n J. Lo mejor posible. Racionalidad y acci&oacute;n humana. Madrid: Alianza, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732485&pid=S0211-5735201700010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(9) Price HH. Algunas consideraciones sobre la creencia. En: Griffiths A, editor. Conocimiento y creencia. Madrid: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732487&pid=S0211-5735201700010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(10) Villoro L. Creer, saber, conocer. Mexico: Siglo XXI, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732489&pid=S0211-5735201700010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(11) Le Bon G. La vida de las verdades. Madrid: Aguilar, 1914.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732491&pid=S0211-5735201700010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(12) Wittgenstein L. Sobre la certeza. Barcelona: Gedisa, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732493&pid=S0211-5735201700010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(13) Corominas J, Pascual JA. Diccionario etimol&oacute;gico castellano e hisp&aacute;nico. Madrid: Gredos. 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732495&pid=S0211-5735201700010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(14) Ryle G. El concepto de lo mental. Barcelona: Paid&oacute;s, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732497&pid=S0211-5735201700010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(15) Gettier EL. ¿Es conocimiento la creencia verdadera justificada? En: Griffiths A, editor. Conocimiento y creencia. Madrid: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732499&pid=S0211-5735201700010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(16) Chisholm RM. Theory of Knowledge. London: Prentice-Hall, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732501&pid=S0211-5735201700010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(17) Malcolm N. Conocimiento y creencia. En: Griffiths, AP, editor. Conocimiento y creencia. Madrid: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732503&pid=S0211-5735201700010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(18) Blasco JL. Verdad y creencia. En: VVAA. Conocimiento y creencia. Madrid: Teorema, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732505&pid=S0211-5735201700010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(19) Wittgenstein L. Investigaciones filos&oacute;ficas. Barcelona: Cr&iacute;tica, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732507&pid=S0211-5735201700010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(20) Wittgenstein L. Los cuadernos azul y marr&oacute;n. Barcelona: Planeta-De Agostini, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732509&pid=S0211-5735201700010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(21) Braithwaite RB. La naturaleza del creer. En: Griffiths AP, editor. Conocimiento y creencia. Madrid: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732511&pid=S0211-5735201700010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(22) Freud S. La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os. En: Obras completas. 9 vols. Vol. II. Madrid: Biblioteca Nueva, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732513&pid=S0211-5735201700010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(23) Wyer RS, Albarracin D. Belief Formation, Organization and Change: Cognitive and Motivational Influences. En Albarrac&iacute;n D, Johnson BT, Zanna MP, editors. The Handbook of Attitudes. New York: Psychology Press, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732515&pid=S0211-5735201700010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(24) Rokeach M. Beliefs, Attitudes, and Values. San Francisco (California): Jossey-Bass, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732517&pid=S0211-5735201700010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(25) Rodriguez Gonz&aacute;lez A. Interpretaci&oacute;n de las actitudes. En: Mayor J, Pinillos JL, editores. Tratado de psicolog&iacute;a general, Vol. 7. Creencias, actitudes y valores. Madrid: Alhambra, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732519&pid=S0211-5735201700010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(26) Russell B. Conocimiento directo y conocimiento por referencia. En: Los problemas de la filosof&iacute;a. Barcelona: Labor. 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732521&pid=S0211-5735201700010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(27) Hierro J. Conocimiento, creencia y competencia ling&uuml;&iacute;stica. En: VVAA. Conocimiento y creencia. Madrid: Teorema, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732523&pid=S0211-5735201700010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(28) Plat&oacute;n. Teeteto, o de la ciencia. Buenos Aires: Aguilar, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732525&pid=S0211-5735201700010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(29) Le Bon G. Les opinions et les croyances. Par&iacute;s: Flammarion, 1911.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732527&pid=S0211-5735201700010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(30) Peirce CS. La fijaci&oacute;n de la creencia. En: El hombre, un signo. Barcelona: Cr&iacute;tica, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732529&pid=S0211-5735201700010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(31) Estrada JA. La atracci&oacute;n del creyente por la increencia. En: Muguerza J, Estrada JA, editores. Creencia e increencia: un debate en la frontera. XXIII Foro sobre el hecho religioso. Malia&ntilde;o (Cantabria): Editorial Sal Terrae, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732531&pid=S0211-5735201700010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(32) Rokeach M. The Open and Closed Mind. New York: Basic Books, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732533&pid=S0211-5735201700010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(33) Baron RA, Byrne D. Psicolog&iacute;a Social. Madrid: Pearson Educaci&oacute;n, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732535&pid=S0211-5735201700010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(34) Mead GH. Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. Buenos Aires: Paidos, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4732537&pid=S0211-5735201700010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#top" name="corresp"><img src="/img/revistas/neuropsiq/v37n131/seta.jpg" border="0"></a><b>Direcci&oacute;n para correspondencia:</b>    <br>Antonio Diez Patricio    <br></font><font face="Verdana" size="2"><a href="mailto:adiezpatricio@gmail.com">adiezpatricio@gmail.com</a></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Recibido: 04/02/2016    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Aceptado con modificaciones: 31/05/2016</font></p>      ]]></body><back>
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