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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La recuperación centrada en la persona y sus implicaciones en salud mental]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[One major source of confusion surrounding the use of the term recovery derives from a lack of clarity about the respective roles of health care practitioners and people with mental health problems. We offer two definitions of recovery in order to distinguish between the process of recovery and the provision of recovery-oriented care. Recovery refers to the ways in which a person manages a mental health condition trying to restore or develop a meaningful sense of belonging and a positive sense of identity apart from this condition. Recovery is a process of change through which individuals improve their health and wellness, conduct self-directed lives, and strive to reach their full potential. Recovery-oriented care is what mental health treatment and rehabilitation practitioners offer in support of the person's own long-term recovery efforts. The promotion of wellness through self-care and early intervention, both mental and physical, is an important component of it. Recovery-oriented care requires that people in recovery be involved in all aspects and phases of the care delivery process. In this article we clarify the terminology and provide a discussion of some of the ways in which recovery and recovery-oriented practice are commonly viewed from the perspectives of policy and practice. In contrast, we argue for a paradigm shift in which the role of the person "in recovery" remains at the center of all conceptualizations and debates while considering the role of culture in shaping how recovery is viewed and best promoted in different societies. We propose to promote this approach with cultural adaptations and to include this model in health schools and residency programs. Students and future professionals of health will thus have information about this model and will be able to decide on its integration in their daily practice.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana"><b><a name="top"></a>DOSSIER: LA RECUPERACI&Oacute;N A DEBATE</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>La recuperaci&oacute;n centrada en la persona y sus implicaciones en salud mental</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Person-centered recovery and its implications in mental health</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Larry Davidson y &Agrave;ngels Gonz&aacute;lez-Ib&aacute;&ntilde;ez</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Yale Program for Recovery and Community Health, Department of Psychiatry, School of Medicine, Yale University, New Haven, CT, Estados Unidos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#corresp">Direcci&oacute;n para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una fuente importante de la confusi&oacute;n que rodea el uso del t&eacute;rmino recuperaci&oacute;n deriva de la falta de claridad sobre las funciones respectivas de los profesionales de la atenci&oacute;n a la salud y de las personas con problemas de salud mental. En este art&iacute;culo se ofrecen dos definiciones para distinguir entre el proceso de recuperaci&oacute;n y la provisi&oacute;n de atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n. La recuperaci&oacute;n se refiere a las formas en que una persona maneja un problema de salud mental tratando de restaurar o desarrollar un sentido significativo de pertenencia y un sentido positivo de identidad independiente de este problema. La recuperaci&oacute;n es un proceso de cambio mediante el cual los individuos mejoran su salud y bienestar, conducen sus vidas de forma aut&oacute;noma y se esfuerzan por alcanzar su m&aacute;ximo potencial. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n es lo que los profesionales del tratamiento y rehabilitaci&oacute;n en salud mental ofrecen para apoyar los esfuerzos de recuperaci&oacute;n de la persona a largo plazo. La promoci&oacute;n del bienestar mediante el autocuidado y la intervenci&oacute;n temprana, tanto mental como f&iacute;sica, es un componente importante de la misma. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n requiere que las personas en recuperaci&oacute;n se impliquen en todos los aspectos y fases del proceso de la atenci&oacute;n. En este art&iacute;culo se clarifica la terminolog&iacute;a y se discuten algunas de las maneras en que la recuperaci&oacute;n y la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se ven com&uacute;nmente desde las perspectivas de la pol&iacute;tica y de la pr&aacute;ctica. As&iacute;, defendemos que la persona "en recuperaci&oacute;n" ha de permanecer en el centro de todas las conceptualizaciones y debates, as&iacute; como la necesidad de considerar la cultura en la configuraci&oacute;n de c&oacute;mo se ve la recuperaci&oacute;n y se promueve en diferentes sociedades. Creemos necesario promover este enfoque con adaptaciones culturales e incluirlo en las escuelas de salud y en los programas de residencia. As&iacute;, los estudiantes y futuros profesionales de la salud conocer&aacute;n el modelo y podr&aacute;n decidir sobre su integraci&oacute;n en la pr&aacute;ctica diaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> recuperaci&oacute;n, atenci&oacute;n centrada en la persona, atenci&oacute;n centrada en la recuperaci&oacute;n, adaptaci&oacute;n cultural, salud mental.</font></p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">One major source of confusion surrounding the use of the term recovery derives from a lack of clarity about the respective roles of health care practitioners and people with mental health problems. We offer two definitions of recovery in order to distinguish between the process of recovery and the provision of recovery-oriented care. Recovery refers to the ways in which a person manages a mental health condition trying to restore or develop a meaningful sense of belonging and a positive sense of identity apart from this condition. Recovery is a process of change through which individuals improve their health and wellness, conduct self-directed lives, and strive to reach their full potential. Recovery-oriented care is what mental health treatment and rehabilitation practitioners offer in support of the person's own long-term recovery efforts. The promotion of wellness through self-care and early intervention, both mental and physical, is an important component of it. Recovery-oriented care requires that people in recovery be involved in all aspects and phases of the care delivery process. In this article we clarify the terminology and provide a discussion of some of the ways in which recovery and recovery-oriented practice are commonly viewed from the perspectives of policy and practice. In contrast, we argue for a paradigm shift in which the role of the person "in recovery" remains at the center of all conceptualizations and debates while considering the role of culture in shaping how recovery is viewed and best promoted in different societies. We propose to promote this approach with cultural adaptations and to include this model in health schools and residency programs. Students and future professionals of health will thus have information about this model and will be able to decide on its integration in their daily practice.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> recovery, recovery-oriented care, person-centered, cultural adaptation, mental health.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque actualmente se habla en todo el mundo del &quot;movimiento de recuperaci&oacute;n&quot;, &eacute;ste tiene sus verdaderos or&iacute;genes en las experiencias traum&aacute;ticas y las protestas de personas con graves enfermedades mentales que en el pasado fueron hospitalizadas en contra de su voluntad (1, 2). Habiendo encontrado que el sistema de salud mental no responde a sus preocupaciones e incluso puede llegar a ser degradante y abusivo, las personas autodenominadas &quot;consumidores/supervivientes/ex-pacientes&quot; -hoy com&uacute;nmente llamados usuarios- han pasado unos cuarenta a&ntilde;os abogando por un cambio transformador. Al principio, las iniciativas se centraron en las leyes de salud mental, especialmente aquellas que sancionaban las intervenciones involuntarias y coercitivas, pero m&aacute;s tarde tambi&eacute;n se propusieron cambios en la pr&aacute;ctica de la salud mental, incluyendo la aparici&oacute;n de &quot;alternativas&quot; al sistema en forma de grupos de apoyo y organizaciones de iguales (1). Desafortunadamente, este contexto hist&oacute;rico a menudo se ha pasado por alto en los esfuerzos por transformar los servicios hacia una orientaci&oacute;n de recuperaci&oacute;n, de manera que el concepto ha empezado a perder su inspiraci&oacute;n y su objetivo &uacute;ltimo, que no es sino restaurar a las personas con trastornos mentales graves su sentido de dignidad, respeto, autoestima y ciudadan&iacute;a (3).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Asimismo, se ha producido un desmantelamiento similar con respecto al cuerpo de evidencia acumulado en los &uacute;ltimos 45 a&ntilde;os que acredita la validez y la credibilidad cient&iacute;fica de las historias de recuperaci&oacute;n de los usuarios. En la estela del Estudio Piloto Internacional de la Esquizofrenia patrocinado por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud a finales de la d&eacute;cada de  1960, una corriente de estudios innovadores como los de Strauss y Carpenter (4-6), Harding y colaboradores (7, 8) y otros (9, 10) han refutado consistentemente la visi&oacute;n tradicional atribuida a Kraepelin (11) seg&uacute;n la cual la esquizofrenia es una enfermedad de por vida que inevitablemente conduce al deterioro. Estos estudios han encontrado que el 67% de sus muestras experimentaban mejoras significativas a lo largo del tiempo, y que muchas personas se recuperaban por completo. Entre los que no se recuperaban completamente hab&iacute;a algunas personas que mejoraban en algunas &aacute;reas (por ejemplo, los s&iacute;ntomas), pero no en otras (por ejemplo, el funcionamiento social), y el 33% restante de la muestra presentaba puntuaciones diferentes a lo largo de un amplio continuo de resultados, desde el deterioro progresivo hasta la estabilidad cl&iacute;nica. En la d&eacute;cada de 1980, estos datos llevaron a una reconceptualizaci&oacute;n del pron&oacute;stico de las enfermedades mentales graves (13). Pero este cuerpo de investigaci&oacute;n, junto con sus s&oacute;lidas implicaciones para la atenci&oacute;n cl&iacute;nica, todav&iacute;a tiene que hacer su camino desde las revistas acad&eacute;micas a la pr&aacute;ctica cotidiana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este art&iacute;culo, nuestro objetivo es examinar cr&iacute;ticamente algunas de las maneras en que la recuperaci&oacute;n y la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se ven com&uacute;nmente desde las perspectivas de la pol&iacute;tica y la pr&aacute;ctica. En contraste, defendemos un cambio de paradigma en el que la persona "en recuperaci&oacute;n" permanezca en el centro de todas las conceptualizaciones y debates, desde el protagonismo en su propio cuidado hasta el co-desarrollo y la co-evaluaci&oacute;n de programas. Dado que presentamos una introducci&oacute;n a la pr&aacute;ctica de la recuperaci&oacute;n en el contexto espa&ntilde;ol, consideraremos el papel de la cultura en la configuraci&oacute;n de c&oacute;mo se ve y se promueve la recuperaci&oacute;n en diferentes sociedades, y valoraremos por qu&eacute; la recuperaci&oacute;n puede llegar a parecer diferente en Espa&ntilde;a a como se ha visto en los pa&iacute;ses de habla inglesa. Lo haremos en cada uno de los tres niveles siguientes: 1) el individuo; 2) el programa; y 3) la pol&iacute;tica. Pero primero, debemos aclarar nuestra terminolog&iacute;a, ya que ha sido fuente de confusi&oacute;n.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>¿Qu&eacute; entendemos por recuperaci&oacute;n?</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una de las causas de la confusi&oacute;n acerca de la recuperaci&oacute;n y sus implicaciones para la atenci&oacute;n es que la misma palabra significa cosas diferentes para diferentes personas. A primera vista, no es infrecuente que la gente asuma que la recuperaci&oacute;n en relaci&oacute;n con una enfermedad mental significa lo mismo que la recuperaci&oacute;n en otras condiciones m&eacute;dicas. De hecho, la forma en que se ha concebido la recuperaci&oacute;n en la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica en psiquiatr&iacute;a ha sido consistente con este punto de vista, defini&eacute;ndola como la ausencia de todos y cada uno de los s&iacute;ntomas y d&eacute;ficits. Como sugiri&oacute; originalmente Slade, nos referiremos a esta definici&oacute;n como "recuperaci&oacute;n cl&iacute;nica" (14). No obstante, no todo el mundo con una enfermedad mental grave alcanza un grado tan completo de recuperaci&oacute;n en este sentido. Por el contrario, observamos una amplia heterogeneidad, y ello implica reconocer otra forma de recuperaci&oacute;n en la cual las personas asumen un papel activo en la b&uacute;squeda de c&oacute;mo vivir con una enfermedad mental grave an&aacute;loga a la forma en que las personas aprenden a vivir con otras enfermedades "cr&oacute;nicas". Esta es la forma de "recuperaci&oacute;n" que surgi&oacute; del movimiento de consumidores/supervivientes, ya que cada vez m&aacute;s personas vieron que no necesitaban ser "curadas" completamente de sus trastornos para reclamar una vida plena.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Este concepto m&aacute;s reciente de recuperaci&oacute;n ha sido descrito de diversas maneras, incluyendo la expresi&oacute;n "estar en recuperaci&oacute;n" de una grave enfermedad mental (15), un modelo de recuperaci&oacute;n del "usuario" por oposici&oacute;n al modelo cient&iacute;fico (16) o, de nuevo siguiendo a Slade (14), "recuperaci&oacute;n personal" en comparaci&oacute;n con "recuperaci&oacute;n cl&iacute;nica". Seg&uacute;n nuestro conocimiento, este nuevo significado de recuperaci&oacute;n apareci&oacute; por primera vez en la literatura de usuarios de servicios en 1988, cuando Patricia Deegan (una defensora de usuarios de salud mental con un doctorado en psicolog&iacute;a cl&iacute;nica) public&oacute; un art&iacute;culo titulado "Recuperaci&oacute;n: la experiencia vivida en rehabilitaci&oacute;n". En lo que se convirti&oacute; en un pasaje muy influyente, escribi&oacute; que "recuperaci&oacute;n <i>&#091;recovery&#093; </i>se refiere a la experiencia de la vida vivida o real de las personas a medida que aceptan y superan el desaf&iacute;o de la discapacidad, &#091;de manera que&#093; se experimentan recuperando un nuevo sentido de s&iacute; mismos dentro y fuera de los l&iacute;mites de la discapacidad" (17). Poco despu&eacute;s de que el trabajo de Deegan comenzara a conocerse, William Anthony (director a la saz&oacute;n del Centro de Rehabilitaci&oacute;n Psiqui&aacute;trica de la Universidad de Boston) ofreci&oacute; su propia definici&oacute;n de recuperaci&oacute;n como "un proceso profundamente personal y &uacute;nico de cambiar nuestras actitudes, valores, sentimientos, metas, habilidades y roles. Es una forma de vivir una vida satisfactoria, esperanzadora y activa, incluso con las limitaciones causadas por la enfermedad. La recuperaci&oacute;n implica el desarrollo de un nuevo sentido y prop&oacute;sito en la vida a medida que se crece m&aacute;s all&aacute; de los efectos catastr&oacute;ficos de la enfermedad mental" (18). Anthony se refiri&oacute; luego a este nuevo significado de recuperaci&oacute;n como la "visi&oacute;n orientadora del sistema de servicios de salud mental en los a&ntilde;os noventa" (18), declarando as&iacute; la d&eacute;cada de 1990 como "la d&eacute;cada de la recuperaci&oacute;n".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con esta segunda definici&oacute;n, podemos ver que estamos a cierta distancia del primer significado de la recuperaci&oacute;n, esto es, el de estar curado. De hecho, en estas definiciones el &eacute;nfasis se desplaza hacia el papel activo y central de la persona en la creaci&oacute;n de una vida llena de significado y prop&oacute;sito, tratando de recuperar un nuevo sentido de s&iacute; mismo frente a los "efectos catastr&oacute;ficos" de la enfermedad mental. Dadas las ra&iacute;ces del movimiento de recuperaci&oacute;n en la experiencia de los consumidores/supervivientes, no es de extra&ntilde;ar que muchos de estos movimientos hayan subrayado que estos efectos catastr&oacute;ficos no se deb&iacute;an s&oacute;lo a la propia enfermedad, sino tambi&eacute;n, y tal vez m&aacute;s, a la forma en que esta se ve&iacute;a socialmente, apuntando al estigma al que las personas con enfermedades mentales han sido sometidas tanto dentro como fuera de las instituciones. En cualquier caso, la coexistencia de estos dos conceptos diferentes de recuperaci&oacute;n ha provocado algunas confusiones y ha hecho dif&iacute;cil identificar y llevar a cabo intervenciones en la pr&aacute;ctica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Dentro de estas confusiones, la m&aacute;s perniciosa ha sido tal vez la existente entre "recuperaci&oacute;n personal" y "recuperaci&oacute;n cl&iacute;nica", que ha sido utilizada por algunos para recortar la financiaci&oacute;n para el cuidado a la salud mental. Si tantas personas se recuperan (por completo), y por lo tanto no requieren atenci&oacute;n durante el resto de su vida, entonces podemos gastar menos en servicios. Y si hay personas que simplemente no se recuperan, entonces es que no est&aacute;n trabajando "lo suficientemente duro" en su propia recuperaci&oacute;n (19). Esta "culpabilizaci&oacute;n de la v&iacute;ctima" se desprende de algunas declaraciones seg&uacute;n las cuales la recuperaci&oacute;n personal es una "responsabilidad de la persona" o un "viaje personal &uacute;nico" (20).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esta confusi&oacute;n podr&iacute;a ser menos perjudicial si s&oacute;lo afectara a personas que se han recuperado completamente de enfermedades mentales graves; es decir, a personas que ya no requieren cuidados intensivos de salud mental. Pero aplicar este razonamiento a las personas en recuperaci&oacute;n -personas que est&aacute;n haciendo lo posible para poder vivir con una enfermedad mental- representa un serio malentendido sobre la naturaleza de la "recuperaci&oacute;n personal". Esta constituye un proceso en curso, y no se debe entender como un resultado. Recurriendo a un t&eacute;rmino publicitario, no es una recuperaci&oacute;n <i>light</i> (descafeinada). M&aacute;s bien, el hecho de estar en recuperaci&oacute;n se entiende mejor sobre la base del modelo de discapacidad se&ntilde;alado anteriormente. De acuerdo con la redefinici&oacute;n de la enfermedad mental como discapacidad bajo la Ley de Estadounidenses con Discapacidades de 1990, Deegan se inspir&oacute; en el Movimiento de Vida Independiente de las personas con discapacidades f&iacute;sicas (21) y concibi&oacute; la recuperaci&oacute;n como una forma o un camino para que las personas con enfermedades mentales mantengan el control de sus vidas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ninguna justificaci&oacute;n para recortar fondos para la atenci&oacute;n puede derivarse de dicho modelo de discapacidad. De hecho, uno de los motivos para adoptar un modelo de discapacidad es que aboga por eliminar las restricciones arbitrarias de financiaci&oacute;n que actualmente se aplican a los apoyos comunitarios en salud mental. Dentro del marco de la discapacidad, tiene el mismo (poco) sentido tener a un preparador laboral lejos de una persona con enfermedad mental que tener una silla de ruedas lejos de una persona con problemas de movilidad o un perro gu&iacute;a lejos de una persona ciega. Las personas con lo que se ha descrito como "discapacidad psiqui&aacute;trica" (21) tienen importantes necesidades de apoyo, al igual que las personas con discapacidades f&iacute;sicas, a quienes nuestras sociedades han prometido los recursos, oportunidades y adaptaciones necesarias para permitirles vivir lo m&aacute;s independientemente posible.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Retrospectivamente, podr&iacute;a parecer que los defensores de la recuperaci&oacute;n se equivocaron al se&ntilde;alar que la recuperaci&oacute;n es un viaje personal sobre el que la persona tiene una gran responsabilidad. Pero estas afirmaciones se hicieron con respecto a una forma de recuperaci&oacute;n que implica un proceso de aprendizaje a largo plazo para vivir el d&iacute;a a d&iacute;a con una condici&oacute;n discapacitante. Las personas que no tienen otra opci&oacute;n que vivir con una discapacidad deben contar con nuestra compasi&oacute;n y apoyo -social y material- en lugar de nuestra culpa o negligencia. Una primera implicaci&oacute;n pol&iacute;tica de este punto de vista es, por lo tanto, que el apoyo debe proporcionarse en los contextos comunitarios en los que hay necesidades (en el trabajo, en el hogar, etc.) y durante el tiempo que sea necesario.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Del mismo modo, muchos de los abusos cometidos con el t&eacute;rmino "recuperaci&oacute;n" se abordan mejor recurriendo de nuevo al modelo de discapacidad (19, 22). Tomemos, por ejemplo, la preocupaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n de los profesionales sobre la recuperaci&oacute;n, esto es, el riesgo. Su preocupaci&oacute;n es que alentar a las personas con problemas psiqui&aacute;tricos a que tomen sus propias decisiones aumentar&aacute; el grado en que tomar&aacute;n malas decisiones, har&aacute;n malas elecciones y se pondr&aacute;n a s&iacute; mismos o a otros en situaciones de riesgo. ¿En qu&eacute; se basa esta preocupaci&oacute;n? ¿Se tiende a tener una preocupaci&oacute;n similar con personas con cualquier otro tipo de discapacidad? ¿Qu&eacute; hace que los profesionales piensen que saben mejor c&oacute;mo vivir con una discapacidad que nunca han experimentado que las personas que viven con esa discapacidad todos los d&iacute;as? Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de las personas con enfermedades mentales que viven fuera de los entornos institucionales toman sus propias decisiones de todos modos, al igual que lo hacen otros miembros de la comunidad. ¿Qu&eacute; da&ntilde;o puede causar reconocer este hecho abiertamente y trabajar en colaboraci&oacute;n con ellos para ayudarles a tomar las mejores decisiones? La gran mayor&iacute;a de las personas en recuperaci&oacute;n no son m&aacute;s agresivas ni representan m&aacute;s riesgo que las personas con o sin otras formas de discapacidad. Tener una enfermedad mental por s&iacute; sola no hace que la gente sea "mala" o peligrosa. As&iacute; pues, es necesario aceptar y luego promover la autoderminaci&oacute;n en las personas con enfermedad mental.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como se desprende de los casos anteriores, muchos de los malentendidos que se han ido acumulando alrededor del concepto de recuperaci&oacute;n se han centrado en la persona como individuo: ¿se ha recuperado?, ¿es probable que lastime a alguien?, y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante, ¿est&aacute; asumiendo la responsabilidad de su propia vida? Esto significa que se ha prestado menos atenci&oacute;n al entorno material, social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico en el que se puede fomentar o impedir la recuperaci&oacute;n, o a la naturaleza de las relaciones interpersonales necesarias para apoyar a las personas en recuperaci&oacute;n, ya sean profesionales de salud mental, familia o amigos. Intentaremos destacar ahora el importante papel de este tipo de factores y consideraremos los diferentes niveles en los que el concepto de recuperaci&oacute;n promete transformar la atenci&oacute;n a la salud mental.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El nivel individual</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A nivel del individuo, la recuperaci&oacute;n personal parece involucrar cinco procesos centrales: 1) conectarse con otros; 2) tener un sentido de esperanza y optimismo sobre el futuro; 3) tener un sentido positivo de la identidad; 4) otorgar un sentido o significado a la propia vida; y 5) estar empoderado para cuidar y decidir por s&iacute; mismo (23). Es a trav&eacute;s de la conexi&oacute;n con el apoyo y el cuidado de los dem&aacute;s que las personas son capaces de desarrollar o mantener un sentido de esperanza y optimismo en la enfermedad mental. Con estos fundamentos, es posible desarrollar un sentido positivo de la identidad, otorgar un sentido a la propia vida y convertirse en un ciudadano empoderado capaz de ejercitar el cuidado de s&iacute; mismo y actuar por cuenta propia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De acuerdo con estos procesos, la recuperaci&oacute;n puede promoverse a nivel individual a trav&eacute;s de: 1) fomentar las relaciones que dan un sentido de pertenencia y autoestima; 2) transmitir esperanza y ofrecer modelos de recuperaci&oacute;n mediante el contacto con otros que est&aacute;n viviendo con sentido sus vidas; 3) centrarse en las fortalezas (en contraposici&oacute;n a los d&eacute;ficits) y en los esfuerzos de la persona para desarrollar y mantener un sentido positivo de la propia identidad; 4) apoyar a la persona en la realizaci&oacute;n de actividades de las que pueda derivar sentido y prop&oacute;sito; y 5) educar y empoderar a la gente para que asuma el cuidado de s&iacute; misma y reivindique sus derechos de ciudadan&iacute;a e inclusi&oacute;n social.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La implementaci&oacute;n de cada uno de estos enfoques en la pr&aacute;ctica variar&aacute; probablemente dependiendo del contexto social y pol&iacute;tico-econ&oacute;mico. En los Estados Unidos, muchas de estas intervenciones han sido conceptualizadas dentro del marco de la atenci&oacute;n centrada en la persona y basada en sus fortalezas. Los or&iacute;genes de este tipo de atenci&oacute;n se encuentran en el trabajo seminal de Carl Rogers y en el Movimiento de Vida Independiente de las personas con discapacidades f&iacute;sicas. Asimismo, la necesidad de una especificidad cultural en la atenci&oacute;n se ha hecho m&aacute;s evidente a medida que los Estados Unidos se han convertido en una sociedad m&aacute;s multicultural. En publicaciones anteriores, hemos sugerido que para lograr estos objetivos es necesario: "1) orientarse hacia la promoci&oacute;n de la recuperaci&oacute;n en lugar de minimizar la enfermedad; 2) basarse en las propias metas y aspiraciones de la persona; 3) articular el rol de la persona y el papel de otros para ayudarla a alcanzar sus propios objetivos; 4) centrarse y trabajar las capacidades, fortalezas e intereses de la persona; 5) hacer hincapi&eacute; en el uso de los recursos de la comunidad en lugar de recurrir a programas segregados; y 6) permitir la incertidumbre, los retrocesos y los desacuerdos como pasos inevitables en el camino hacia una mayor autodeterminaci&oacute;n" (24, 25).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como resulta obvio a partir de esta definici&oacute;n, los enfoques estadounidenses de la atenci&oacute;n centrada en la persona y la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n est&aacute;n muy "focalizados en la persona", es decir, reflejan muy bien los valores individualistas subyacentes a la cultura estadounidense, de manera que el objetivo de esta forma de cuidados se concibe como conducente a una "mayor autodeterminaci&oacute;n". A medida que el concepto de recuperaci&oacute;n personal se ha extendido por el mundo, el &eacute;nfasis en la "autodeterminaci&oacute;n" -que los l&iacute;deres norteamericanos de los usuarios han propuesto para reemplazar la noci&oacute;n de recuperaci&oacute;n completa- ha llegado a ser cada vez m&aacute;s cuestionado. Incluso dentro de los Estados Unidos, personas de cultura hispana han se&ntilde;alado que este enfoque es culturalmente inapropiado al limitarse demasiado a la persona fuera de su contexto familiar y comunitario. Y cr&iacute;ticas similares se han hecho desde la perspectiva de la cultura china (26, 27) y, m&aacute;s recientemente, de la india (28).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con la intenci&oacute;n de matizar este enfoque, planteamos los cuatro principios siguientes para llevar a cabo una atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n que no sea tan individualista en su esencia (29):</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">1. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n identifica y construye a partir de las fortalezas propias de las personas, de su familia y de su red social, as&iacute; como con los recursos y oportunidades que existen en su comunidad. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se centra en el apoyo continuo de la persona que lleva una vida significativa y gratificante en su comunidad, con su familia y amigos. La enfermedad, la discapacidad y las diversas formas de disfunci&oacute;n no se ignoran, sino que se consideran obst&aacute;culos potenciales en la vida que la persona habr&iacute;a afrontado de otra manera. Por esta raz&oacute;n, los profesionales de la salud mental necesitan primero conocer a la persona, su familia y sus amigos y averiguar cu&aacute;les son sus roles dentro de la comunidad, ya que esto proporciona el contexto para el tratamiento y otras intervenciones. El tipo de vida que la persona puede vivir, d&oacute;nde la puede vivir, las fortalezas y recursos que la persona y su red social aportan a estas actividades, etc., son dimensiones importantes a considerar en la planificaci&oacute;n y pr&aacute;ctica del cuidado orientado a la recuperaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">2. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se centra en educar, equipar y em-poderar a las personas para que asuman un papel activo en el manejo de enfermedades mentales graves. La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se basa en la premisa de que las enfermedades mentales pueden ser abordadas mediante los esfuerzos conjuntos de la persona, sus allegados y los profesionales. Esto sigue siendo cierto incluso en las vidas de aquellas personas m&aacute;s desmoralizadas por una enfermedad mental grave y la discriminaci&oacute;n asociada a estas condiciones. Para estos individuos, un paso temprano en la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n puede ser ayudarlos a ellos y a sus seres queridos a verlos como agentes capaces de conducir su propia vida, de manera que pueden aprender a asumir un cierto grado de auto-cuidados. Hacerlo no minimiza el papel que la familia y otros seres queridos pueden desempe&ntilde;ar, pero anima a la persona a ocupar un papel valioso en su propia vida. En conjunto, pues, el enfoque de la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se desplaza desde lo que el profesional debe hacer para tratar la enfermedad a lo que la persona y sus seres queridos necesitan saber para gestionar las enfermedades en la vida cotidiana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">3. La planificaci&oacute;n y provisi&oacute;n de atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n son procesos colaborativos en los que las personas y sus seres queridos son estimulados y capacitados para desempe&ntilde;ar un rol activo y significativo. Paralelamente al papel activo que la persona y sus allegados desempe&ntilde;an en la gesti&oacute;n diaria de la enfermedad, la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n implica que todas las partes asuman un papel activo en todos los procesos de toma de decisiones. Estos incluyen no s&oacute;lo la toma de decisiones sobre tratamientos espec&iacute;ficos -tal vez utilizando herramientas de toma compartida de decisiones-, sino tambi&eacute;n las decisiones sobre qui&eacute;nes participan en la planificaci&oacute;n de la atenci&oacute;n y sobre los objetivos en los que ha de basarse la misma. En el caso de las personas que prefieren que otras personas participen en sus decisiones, los m&eacute;dicos deben respetar estas preferencias, ya que no actuar&iacute;an muy "centrados en la persona" si insistieran en que las personas tomen sus propias decisiones cuando su preferencia ser&iacute;a remitirse a la sabidur&iacute;a o la prudencia de la familia o las personas ancianas (30).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">4. La prestaci&oacute;n de atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n se basa en un plan de atenci&oacute;n centrado en la persona en el que el individuo y sus seres queridos desempe&ntilde;an un papel integral en asociaci&oacute;n con los profesionales de la salud. Un plan de cuidado centrado en la persona es un plan que aspira a capacitarla a vivir una vida que ella y sus seres queridos valoran positivamente (31), e incluye los servicios y apoyos que pueda necesitar para hacerlo, como, por ejemplo, tratamientos para reducir o superar los s&iacute;ntomas y otras barreras generadas por la enfermedad mental. Como el plan tambi&eacute;n se orienta a promover el autocuidado y la gesti&oacute;n de la enfermedad, incluye los pasos que la persona tendr&aacute; que tomar por s&iacute; misma, as&iacute; como las tareas que la familia y los amigos han acordado asumir. Por &uacute;ltimo, es importante que la persona y sus seres queridos desempe&ntilde;en un papel importante en colaboraci&oacute;n con los profesionales en el desarrollo del plan.</font></p>     <p>&nbsp;</p> </blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El nivel program&aacute;tico</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿C&oacute;mo puede cambiar la adopci&oacute;n de ese enfoque la forma en que se proporcionan los servicios a nivel program&aacute;tico? En este punto es &uacute;til volver a la noci&oacute;n de discapacidad descrita anteriormente. Dentro del contexto estadounidense, una vez que una enfermedad mental grave se redefine como discapacidad, la persona con dicha discapacidad conserva todos los derechos y responsabilidades de ciudadan&iacute;a asociadas a la pertenencia a la comunidad. As&iacute;, se le debe permitir el acceso a una vida en la comunidad, y si se requieren "adaptaciones" para permitir dicho acceso, se le proporcionar&aacute;n. Al hablar de adaptaciones nos referimos normalmente a cosas tales como sillas de ruedas, rampas para sillas de ruedas y pasamanos en los cuartos de ba&ntilde;o para personas con movilidad reducida. Del mismo modo, los signos Braille y los perros gu&iacute;a pueden considerarse adaptaciones para personas con d&eacute;ficits visuales. Aunque todav&iacute;a estamos valorando qu&eacute; adaptaciones pueden tener sentido desde el punto de vista psiqui&aacute;trico, la adopci&oacute;n del modelo de discapacidad ha permitido insistir en que las personas no tienen que estar completamente "curadas" de sus enfermedades mentales para volver a la vida comunitaria como miembros de pleno derecho. La adopci&oacute;n de este modelo tiene as&iacute; implicaciones de gran alcance en el sentido de que la atenci&oacute;n a la salud mental necesita cambiar para apoyar a las personas a unirse a la vida comunitaria aun cuando puedan permanecer discapacitados por una enfermedad mental.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La naturaleza de este cambio puede apreciarse considerando las diferencias entre la pr&aacute;ctica tradicional en los hospitales de larga estancia y en los entornos comunitarios. Las personas ingresaban en el hospital porque estaban enfermas, recib&iacute;an un tratamiento que les deb&iacute;a hacer sentirse mejor, y luego eran devueltas a la comunidad. En el hospital, las personas adoptaban el "rol de enfermo", que los absolv&iacute;a de cualquier responsabilidad, pero tambi&eacute;n de cualquier sentido de autonom&iacute;a. En el hospital, otras personas toman decisiones por ti y hacen cosas por ti porque no est&aacute;s en condiciones de hacerlo por ti mismo. Si bien la adopci&oacute;n de la funci&oacute;n de paciente puede ser apropiada en la atenci&oacute;n a casos agudos, hacerlo de forma sistem&aacute;tica menoscaba la recuperaci&oacute;n a largo plazo al ignorar los recursos internos y externos que la persona ha de movilizar para combatir la enfermedad. No obstante, como muchos cr&iacute;ticos han se&ntilde;alado, este marco hospitalario sigui&oacute; aplic&aacute;ndose fuera de las instituciones durante la desinstitucionalizaci&oacute;n y, seg&uacute;n los partidarios de la recuperaci&oacute;n, sigue siendo propagado por los servicios comunitarios. Cambiar la perspectiva del "ser curado o recuperarse primero y retomar tu vida despu&eacute;s" ha sido un foco importante del movimiento de recuperaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Lo que estos principios sugieren es que las personas con enfermedades mentales, sus familias y su comunidad son corresponsables en la recuperaci&oacute;n. El papel del profesional es el de un consultor experto que dispone de informaci&oacute;n, habilidades de comunicaci&oacute;n, tratamientos u otras intervenciones para apoyar los esfuerzos de la persona y la familia en la recuperaci&oacute;n. Cada parte, incluyendo la comunidad en general, posee fortalezas y recursos que pueden ser identificados y utilizados en el proceso de recuperaci&oacute;n, que puede evolucionar de diferentes maneras para diferentes personas. Apoyamos a las personas en su recuperaci&oacute;n cuando las respetamos y tratamos con dignidad como seres humanos -esto es, como personas que son algo m&aacute;s que su diagn&oacute;stico o enfermedad-, cuando se les ofrece esperanza y cuando se honran su identidad cultural, sus valores, sus filiaciones y sus preferencias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La v&iacute;a principal para promover la recuperaci&oacute;n son, por lo tanto, las relaciones de la persona con otros, incluyendo a la familia, pero no s&oacute;lo. Estas relaciones deben ofrecer un sentido de ser aceptado como &uacute;til y &uacute;nico, esto es, como una persona que es o tiene el potencial de ser valorado como un miembro de la sociedad. En contraste con el modelo hospitalario de recuperaci&oacute;n cl&iacute;nica primero y tener una vida despu&eacute;s, la atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n implica aceptarse como una persona con una historia &uacute;nica y valiosa primero y luego trabajar juntos para encontrar y transitar los caminos m&aacute;s propicios para la recuperaci&oacute;n. De esta manera, la mayor&iacute;a de las adaptaciones desarrolladas para las personas con enfermedades mentales discapacitantes han consistido en otras personas que ofrecen apoyo <i>in vivo.</i> Es decir, las pr&oacute;tesis primarias en salud mental son de naturaleza social, e implican el contacto con otros seres generosos que pueden apoyar a las personas a lo largo del tiempo en la materializaci&oacute;n de sus esperanzas y aspiraciones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto a los modelos, la provisi&oacute;n de apoyos <i>in vivo</i> para promover la participaci&oacute;n de la comunidad se estableci&oacute; por primera vez en el llamado tratamiento asertivo comunitario <i>(assertive community treatment</i>, ACT) y en el trabajo anti-institucional de Basaglia y sus colaboradores en la Italia de la d&eacute;cada de 1970. En un sentido amplio, incluye intervenciones como la vivienda y el empleo asistidos, as&iacute; como el apoyo comunitario en el &aacute;mbito de la educaci&oacute;n, el cuidado de los hijos, la socializaci&oacute;n, la espiritualidad y otros (32-37). En estos modelos, las personas se consideran "listas" para vivir independientemente y trabajar; lo &uacute;nico que hay que hacer es proveer los apoyos <i>in situ</i> en casa o en el trabajo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, estos apoyos se prestan tanto tiempo como sea necesario (no hay plazos limitados), si bien la persona es libre de cambiar su colaborador de la misma manera que las personas con discapacidades f&iacute;sicas pueden cambiar de asistentes de cuidado personal (21). Finalmente, estos apoyos est&aacute;n siendo ofrecidos cada vez m&aacute;s por personas que tambi&eacute;n se encuentran en recuperaci&oacute;n; las ventajas de este <i>peer support</i> o apoyo entre iguales han empezado a reconocerse y apreciarse.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tan r&aacute;pido ha sido el crecimiento y la expansi&oacute;n del apoyo entre iguales que el movimiento de recuperaci&oacute;n a menudo se identifica con &eacute;l y a veces s&oacute;lo es visto como un nuevo modelo de prestaci&oacute;n de servicios. La capacitaci&oacute;n y contrataci&oacute;n de personas que est&aacute;n en recuperaci&oacute;n para proporcionar este tipo de apoyo dentro del sistema de salud mental comenz&oacute; en la d&eacute;cada de 1990. Los primeros intentos fueron una consecuencia natural de los grupos de apoyo mutuo que se hab&iacute;an formado en el coraz&oacute;n del movimiento de consumidores/supervivientes, ya que los proveedores esperaban que algunos de los beneficios de estos pudieran ser importados al sistema de salud mental. Al principio, se crearon puestos de voluntarios para que personas recuperadas apoyaran a otros que todav&iacute;a estaban en camino. Pero, a principios de la d&eacute;cada de 1990, se crearon puestos remunerados para que estos iguales desempe&ntilde;aran una variedad de funciones, como auxiliares de gesti&oacute;n de casos, personal de apoyo en viviendas asistidas o incluso activistas en favor de la recuperaci&oacute;n. Si bien no disponemos todav&iacute;a de suficiente evidencia para evaluar esta nueva forma de prestaci&oacute;n de servicios, algunas revisiones recientes han comenzado a demostrar que el apoyo entre iguales puede ser un complemento muy valioso de los servicios tradicionales, especialmente en cuanto a involucrar a la gente en la atenci&oacute;n promoviendo esperanza y autocuidado y reduciendo el uso de costosos servicios de atenci&oacute;n aguda tales como visitas a las salas de emergencia y hospitalizaciones (39, 40).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>El nivel de la pol&iacute;tica</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si bien el alcance de los cambios previstos y, en cierta medida implementados, a nivel individual y program&aacute;tico podr&iacute;a parecer desalentador, los cambios m&aacute;s sustanciales y duraderos que se deben hacer son a nivel del dise&ntilde;o y la gesti&oacute;n de pol&iacute;ticas y sistemas de atenci&oacute;n. De acuerdo con la perspectiva de los derechos de las personas con discapacidad que ha inspirado al movimiento de recuperaci&oacute;n desde su creaci&oacute;n, los defensores de la recuperaci&oacute;n han propuesto adoptar un lema de este movimiento anterior: "nada sobre nosotros sin nosotros". As&iacute; pues, no deber&iacute;a corresponder a las personas no discapacitadas decidir c&oacute;mo deben ser apoyadas las personas con discapacidades o c&oacute;mo deben vivir sus propias vidas. Del mismo modo, un principio central del movimiento de recuperaci&oacute;n es que las necesidades, preferencias y vidas de las personas con enfermedades mentales graves no deben estar determinadas por personas sin experiencia vivida de enfermedad mental. Al principio, esta demanda de participaci&oacute;n se compar&oacute; con la imagen de los internos haci&eacute;ndose cargo del hospital psiqui&aacute;trico. Desde entonces, los sistemas que se han beneficiado de la participaci&oacute;n de los usuarios han comenzado a apreciar que los internos probablemente habr&iacute;an tenido muchas ideas creativas y constructivas sobre c&oacute;mo se podr&iacute;an haber mejorado los hospitales psiqui&aacute;tricos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la actualidad, existen muchas maneras de que los usuarios de servicios puedan comprometerse y contribuir en el dise&ntilde;o y la gesti&oacute;n del sistema, desde completar encuestas de satisfacci&oacute;n con los servicios hasta dise&ntilde;ar, administrar y analizar tales encuestas asumiendo funciones administrativas clave (41). En parte, esto se debe a que las personas en recuperaci&oacute;n no est&aacute;n s&oacute;lo en recuperaci&oacute;n. Tambi&eacute;n pueden ser proveedores de servicios (ya sea como apoyo entre iguales o como profesionales acreditados), investigadores, activistas, legisladores, ministros o ejecutivos de alto nivel. Ser una persona con experiencia vivida de recuperaci&oacute;n es s&oacute;lo uno de los muchos roles que una persona puede desempe&ntilde;ar. Tambi&eacute;n es un papel que puede inspirar y enriquecer cualquier otro papel que la persona puede optar por asumir. Por esta raz&oacute;n, todos los sistemas de salud mental en los Estados Unidos est&aacute;n obligados a solicitar la aportaci&oacute;n de las personas en recuperaci&oacute;n en las decisiones pol&iacute;ticas importantes, y todos tienen oficinas de usuarios de servicios o de defensa de los consumidores. A nivel federal, el actual director del Centro de Servicios de Salud Mental es &eacute;l mismo una persona en recuperaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No es sorprendente que la participaci&oacute;n de los usuarios se haya quedado rezagada en pa&iacute;ses en los que la recuperaci&oacute;n no fue demandada ni introducida inicialmente por personas que estaban en recuperaci&oacute;n; pa&iacute;ses que, en otras palabras, importaron la recuperaci&oacute;n como una visi&oacute;n pol&iacute;tica que no se acompa&ntilde;aba de la experiencia vivida de la que surgi&oacute;. La participaci&oacute;n de los usuarios suele plantearse de un modo muy diferente en esos lugares (42), as&iacute; como en los pa&iacute;ses que tienen estructuras de poder m&aacute;s jer&aacute;rquicas y en los que se pone menos &eacute;nfasis en el empoderamiento personal, como la cultura china y otras culturas asi&aacute;ticas (43). Pero lo m&aacute;s importante tal vez es que el "genio est&aacute; ahora fuera de la l&aacute;mpara": las personas con experiencia vivida de recuperaci&oacute;n se est&aacute;n convirtiendo cada vez m&aacute;s en l&iacute;deres visibles, p&uacute;blicos y eficaces, tanto en los sistemas de salud mental como en la comunidad en general.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En concierto o a veces en oposici&oacute;n con otros factores como la disponibilidad de recursos, la contraposici&oacute;n de prioridades p&uacute;blicas y las preocupaciones sobre la seguridad de la comunidad, la sabidur&iacute;a colectiva forjada a trav&eacute;s de la experiencia vivida de la recuperaci&oacute;n parece desempe&ntilde;ar un papel cada vez m&aacute;s importante en la configuraci&oacute;n del cuidado a la salud mental.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La atenci&oacute;n orientada a la recuperaci&oacute;n ha ganado credibilidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como un modelo centrado en la persona que considera todos los aspectos de su vida. Es un modelo optimista en el que la persona con un problema de salud mental no necesita estar "curada" completamente para llevar una vida productiva, plena y significativa. Es un enfoque menos jerarquizado en el que los profesionales de la salud mental se convierten en miembros de un equipo m&aacute;s amplio al que aportan su conocimiento, experiencia y buen juicio para lograr el objetivo com&uacute;n que es el bienestar de la persona que sufre. No se trata de dejar a un lado los modelos o tratamientos que hayan demostrado su eficacia. Se trata de incorporar las ventajas que ofrece este enfoque en el que se tiene en cuenta a la persona en su contexto familiar, social y cultural. En diferentes marcos culturales, el sentido de la recuperaci&oacute;n puede variar, ya que la "vida buena" o deseable tambi&eacute;n es distinta en diferentes lugares. Cada vez va a ser m&aacute;s importante incluir este enfoque en los programas universitarios y de residencia para que los estudiantes y futuros profesionales de la salud mental puedan aprender e integrar estos principios en su pr&aacute;ctica diaria. Seg&uacute;n nuestro punto de vista, es necesario que los profesionales tengan una visi&oacute;n m&aacute;s social y humana de las enfermedades mentales en el sentido de que las personas enfermas no son enfermedades, sino personas con una enfermedad cuya expresi&oacute;n es diferente seg&uacute;n la persona, el contexto familiar, social y cultural. El conocimiento de este enfoque y su aplicaci&oacute;n puede contribuir a una sociedad mejor en la que el respeto y el cuidado de nosotros mismos y de los dem&aacute;s, as&iacute; como los derechos de los ciudadanos, se valoren por encima de todo.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(1) Chamberlin J. The ex-patients' movement: Where we've been and where we're going. Journal of Mind and Behavior 1990, 11: 323-336.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751325&pid=S0211-5735201700010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(2) Davidson L, Tondora J, O'Connell MJ, Lawless MS, Rowe M. A practical guide to recovery-oriented practice: tools for transforming mental health care. New York: Oxford University Press; 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751327&pid=S0211-5735201700010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(3) Rowe M, Davidson L. Recovering citizenship. Israel Journal of Psychiatry and Related Sciences 2016, 53(1): 14-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751329&pid=S0211-5735201700010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(4) Strauss JS, Carpenter WT. The prediction of outcome in schizophrenia, I: characteristics of outcome. Arch Gen Psychiatry 1972; 27(6):739-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751331&pid=S0211-5735201700010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(5) Strauss JS, Carpenter WT. The prediction of outcome in schizophrenia, II: relationships between predictor and outcome variables. Arch Gen Psychiatry 1974; 31(1):37-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751333&pid=S0211-5735201700010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(6) Strauss JS, Carpenter WT. Prediction of outcome in schizophrenia, III: five-year outcome and its predictors. Arch Gen Psychiatry 1977; 34(2):158-63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751335&pid=S0211-5735201700010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(7) Harding CM, Brooks GW, Ashikaga T, Strauss JS, Breier A. The Vermont longitudinal study of persons with severe mental illness, II: long-term outcome of subjects who retrospectively met DSM-III criteria for schizophrenia. Am J Psychiatry 1987; 144(6):727-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751337&pid=S0211-5735201700010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(8) Harding CM, Zubin J, Strauss JS. Chronicity in schizophrenia: fact, partial fact, or artifact? Hosp Community Psychiatry 1987; 38(5):477-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751339&pid=S0211-5735201700010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(9) Ciompi L. The natural history of schizophrenia in the long term. Br J Psychiatry 1980; 136(5):413-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751341&pid=S0211-5735201700010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(10) Lin KM, Kleinman AM. Psychopathology and clinical course of schizophrenia: a cross-cultural perspective. Schizophr Bull 1988; 14(4):555-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751343&pid=S0211-5735201700010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(11) Kraepelin E. Lectures on clinical psychiatry (T. Johnstone, editor). New York, NY: William Wood &amp; Company; 1904.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751345&pid=S0211-5735201700010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(12) Davidson L, McGlashan TH. The varied outcomes of schizophrenia. Can J Psychiatry 1997; 42(1):34-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751347&pid=S0211-5735201700010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(13) Carpenter WT Jr, Kirkpatrick B. The heterogeneity of the long-term course of schizophrenia. Schizophr Bull 1988; 14(4):645-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751349&pid=S0211-5735201700010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(14) Slade M. Personal recovery and mental illness: a guide for mental health professionals. Cambridge: Cambridge University Press; 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751351&pid=S0211-5735201700010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(15) Davidson L, Roe D. Recovery from versus recovery in serious mental illness: One strategy for lessening confusion plaguing recovery. J Ment Health 2007;16(4):459-470.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751353&pid=S0211-5735201700010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(16) Bellack AS. Scientific and consumer models of recovery in schizophrenia: concordance, contrasts, and implications. Schizophrenia Bulletin 2006; 32(3): 432-442.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751355&pid=S0211-5735201700010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(17) Deegan P. Recovery: The lived experience of rehabilitation. Psychosocial Rehabilitation Journal 1988; 11(4), 11-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751357&pid=S0211-5735201700010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(18) Anthony WA. Recovery from mental illness: The guiding vision of the mental health service system in the 1990s. Psychosocial Rehabilitation Journal 1993, 16(4), 11-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751359&pid=S0211-5735201700010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(19) Slade M, Amering M, Farkas M, Hamilton B, O'Hagan M, Panther G, Shepard G, Tse S, Whitley R. Uses and abuses of recovery: implementing recovery-oriented practices in mental health systems. World Psychiatry 2014; 13(1): 12-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751361&pid=S0211-5735201700010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(20) Braslow JT. The manufacture of recovery. Annual Review of Clinical Psychology 2013, 9: 781-809.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751363&pid=S0211-5735201700010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(21) Deegan PE. The independent living movement and people with psychiatric disabilities: Taking back control over our own lives. Psychiatric Rehabilitation Journal 1992, 15(3): 3-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751365&pid=S0211-5735201700010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(22) Davidson L, O'Connell MJ, Tondora J, Styron T, Kangas K. The top ten concerns about recovery encountered in mental health system transformation. Psychiatric Services 2006; 57(5): 640-645.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751367&pid=S0211-5735201700010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(23) Leamy M, Bird V, Le Boutillier C, Williams J, Slade M. Conceptual framework for personal recovery in mental health: systematic review and narrative synthesis. British Journal of Psychiatry 2011; 199: 445-452.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751369&pid=S0211-5735201700010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(24) Tondora J, Miller R, Davidson L. The top ten concerns redux: Implementing person-centered care. Sociedad Iberoamericana de Informaci&oacute;n Cient&iacute;fica. 1 Mayo 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751371&pid=S0211-5735201700010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(25) Tondora J, Miller R, Slade M, Davidson L. Partnering for recovery in mental health: A practical guide to person-centered planning. London: Wiley Blackwell; 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751373&pid=S0211-5735201700010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(26) Davidson L, Chan B, Rowe M. Core elements of mental health transformation in an Asian context. Asia Health Care Journal, 2013, April, 11-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751375&pid=S0211-5735201700010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(27) Davidson L, Tse S. What will it take for recovery to flourish in Hong Kong? East Asian Archives of Psychiatry 2014; 24: 110-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751377&pid=S0211-5735201700010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(28) Bayetti C, Jadhav S, Jain S. The re-covering self: a critique of the recovery-based approach in India's mental health care. Disability and the Global South 2016; 3(1): 889-909.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751379&pid=S0211-5735201700010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(29) Davidson L, Tondora J, O'Connell M, Bellamy C, Pelletier JF, DiLeo P, &amp; Rehmer P. Recovery and recovery-oriented practice. En: Jacobs SC, Steiner JL, editors. Yale textbook of public psychiatry. New York: Oxford University Press, 2016; pp. 33-47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751381&pid=S0211-5735201700010001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(30) Tondora J, O'Connell M, Dinzeo T, Miller R, Bellamy C, Andres-Hyman R, Davidson L. A clinical trial of peer-based culturally responsive person-centered care for psychosis for African Americans and Latinos. Clinical Trials 2010; 7, 368-379.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751383&pid=S0211-5735201700010001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(31) Sen A. Development as freedom. New York: Anchor Books; 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751385&pid=S0211-5735201700010001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(32) Drake RE, Becker DR, Clark RE, Mueser KT. Research on the individual placement and support model of supported employment. Psychiatr Q 1999; 70(4):289-301.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751387&pid=S0211-5735201700010001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(33) Ridgway P, Zipple AM. The paradigm shift in residential services: from the linear continuum to supported housing approaches. Psychosoc Rehabil J 1990; 13(4):11-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751389&pid=S0211-5735201700010001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(34) Unger KV, Anthony WA, Sciarappa K, Rogers ES. A supported education program for young adults with long-term mental illness. Hosp Community Psychiatry 1991; 42(8):838-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751391&pid=S0211-5735201700010001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(35) David D, Styron T, Davidson L. Supported parenting as a way of meeting the parenting needs and concerns of mothers with severe mental illness. Am J Psychiatr Rehabil 2011; 14(2):137-53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751393&pid=S0211-5735201700010001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(36) Russinova Z, Blanch A. Supported spirituality: a new frontier in the recovery-oriented mental health system. Psychiatr Rehabil J 2007; 30(4):247-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751395&pid=S0211-5735201700010001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(37) Stefanic A, Tsemberis S. Housing first for long-term shelter dwellers with psychiatric disabilities in a suburban county: a four-year study of housing access and retention. J Prim Prev 2007; 28(3):265-79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751397&pid=S0211-5735201700010001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(38) Davidson L, Chinman M, Kloos B, Weingarten R, Stayner D, &amp; Tebes JK. Peer support among individuals with severe mental illness: A review of the evidence. Clinical Psychology: Science and Practice 1999; 6: 165-187.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751399&pid=S0211-5735201700010001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(39) Chinman M, George P, Doughtery RH, Daniels AS, Ghose SS, Swift A, et al. Peer support services for individuals with serious mental illnesses: assessing the evidence. Psychiatr Serv 2014; 65(4):429-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751401&pid=S0211-5735201700010001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(40) Davidson L, Bellamy C, Guy K, Miller R. Peer support among persons with severe mental illnesses: a review of evidence and experience. World Psychiatry 2012; 11(2):123-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751403&pid=S0211-5735201700010001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(41) Davidson L, Ridgway P, O'Connell MJ, Kirk TA. Transforming mental health care through the participation of the recovery community. En: Nelson G, Kloos B, Ornelas J, editors. Community psychology and community mental health: Towards transformative change. New York: Oxford University Press, 2014; pp. 90-107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751405&pid=S0211-5735201700010001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(42) Storm M, Knudsen K, Davidson L, Hausken K, Johannessen JO. "Service user involvement in practice": The evaluation of an intervention program for service providers and inpatients in Norwegian Community Mental Health Centers. Psychosis 2010, 1-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4751407&pid=S0211-5735201700010001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">(43) Tang J, Davidson L, Tse S. The big picture unfolds: Using photovoice to study user participation in mental health services. 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