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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESE&Ntilde;AS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Vivian Nutton, ed. Pestilential complexities: Understanding medieval plague.</b> London: The Wellcome Trust Centre for the History of Medicine at UCL &#91;Medical History, Supplement n<sup>o</sup> 27&#93;; 2008, 130 p. ISBN-10: 0-85484-116-4; ISBN-13: 978-0-85484-116-5.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hasta el siglo XIX las historias de peste tuvieron un peso importante en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica ante las distintas crisis epid&eacute;micas a las que se ven&iacute;a enfrentando Europa desde el oto&ntilde;o de 1347. Los tratados de peste y tambi&eacute;n las cr&oacute;nicas sobre la misma, reflejaban y articulaban de manera eficaz modelos explicativos, diagn&oacute;sticos, preventivos y terap&eacute;uticos con los que enfrentarse a la enfermedad desde experiencias pasadas de la misma. A partir de la descripci&oacute;n de la peste en 1894 desde presupuestos microbiol&oacute;gicos, es la historia la que se infecta de medicina, reley&eacute;ndose retrospectivamente las historias de peste desde el bacilo gram-negativo como eje definidor de las mismas. Durante casi cien a&ntilde;os, hubo consenso entre los investigadores en aceptar que la peste que desde Messina afect&oacute; a Europa en el siglo XIV, era id&eacute;ntica a la que Shibasaburo Kitasato y Alexandre Yersin hab&iacute;an puesto bajo el microscopio en Hong Kong. Sin embargo, desde mediados de los a&ntilde;os ochenta del siglo XX, algunas voces comenzaron a disentir sobre esta identificaci&oacute;n y tanto desde la historia como desde las ciencias de la vida, se plantearon otros candidatos posibles como agentes causales de la gran mortandad europea medieval. El libro <i>Pestilential Complexities</i> es el resultado de una conferencia que tuvo lugar en 2006 (Londres, Wellcome Trust Centre for the History of Medicine at UCL) con el objetivo de reflexionar sobre las bases materiales e interpretativas que sostienen las posturas de quienes apoyan la candidatura de la Yersinia pestis como agente causal de la peste medieval y la de quienes apuestan por otras opciones. La disensi&oacute;n surge, como apunta Vivian Nutton en la introducci&oacute;n que abre el volumen, ante el distinto patr&oacute;n epidemiol&oacute;gico de la Peste Negra y el de la que en el siglo XIX afect&oacute; a China y a la India. La morbilidad era distinta, as&iacute; como su mortalidad, su velocidad de propagaci&oacute;n, su contagiosidad, la inmunidad adquirida y posiblemente tambi&eacute;n su vector de transmisi&oacute;n. ¿C&oacute;mo, entonces, se puede sostener que ambas epidemias est&aacute;n causadas por el mismo agente?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Despu&eacute;s de un repaso general a la historiograf&iacute;a sobre la peste, Nutton presenta los principales problemas expuestos en la conferencia del 2006, las posturas de los distintos autores invitados a participar y las principales conclusiones y resultados de la discusi&oacute;n. Si de un acercamiento multidisciplinar sobre el tema podr&iacute;a esperarse una convergencia de posturas o al menos, un acercamiento de las mismas, el resultado de la reuni&oacute;n, a juzgar por lo contenido en el libro, no puede ser m&aacute;s decepcionante. Cada uno de los autores permanece en sus tesis inmune a cualquier opci&oacute;n alternativa. Es cierto que los trabajos de arqueolog&iacute;a biomolecular se han presentado, en ocasiones, como capaces de cerrar con sus resultados la pol&eacute;mica; pero, los resultados aportados por los estudios de ADN son escasos y muy discutidos. El cap&iacute;tulo de Daniel Antoine aborda este tema. De forma muy did&aacute;ctica analiza los problemas en la interpretaci&oacute;n y uso de las pruebas arqueol&oacute;gicas en la discusi&oacute;n sobre la etiolog&iacute;a de la peste medieval. Se centra en las conclusiones derivadas de los estudios realizados sobre los enterramientos de apestados en East Smithfield (Londres) que tuvieron lugar entre 1348 y 1349, aunque sustenta su reflexi&oacute;n en un contexto m&aacute;s amplio que recoge estudios arqueol&oacute;gicos sobre, incluso, escenarios de la llamada peste de Justiniano (541-c.750). Antoine pone de relieve que las evidencias cient&iacute;ficas actuales proporcionadas por la arqueolog&iacute;a son muy escasas en pr&aacute;cticamente cada uno de los posibles escenarios a estudiar, desde la zooarqueolog&iacute;a de roedores e invertebrados a los estudios sobre las fosas de enterramiento de apestados. El an&aacute;lisis de los resultados de la investigaci&oacute;n biomolecular sobre los esqueletos no queda mejor parado, siendo especialmente cr&iacute;tico con la metodolog&iacute;a utilizada por los estudios que han intentado rastrear el ADN de la <i>Yersinia pestis</i> en los esqueletos (fundamentalmente en la pulpa dental). Si los estudios de ADN parece que no aportan datos definitivos para quienes apoyan la continuidad ni para quienes defienden la discontinuidad entre la peste medieval y la moderna, los conocimientos m&eacute;dicos actuales sobre el patr&oacute;n epidemiol&oacute;gico y cl&iacute;nico de la peste en el mundo, tampoco lo har&iacute;an, al ser el patr&oacute;n actual de una enorme variabilidad. Elisabeth Carniel, investigadora del Instituto Pasteur, contribuye al volumen con un panorama general sobre lo que la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica conoce hoy d&iacute;a sobre la peste, para concluir que: "Although we cannot prove anything one way or the other, it should be emphasized that it is not possible to reject the plague aetiology of the Black Death simply because certain symptoms and epidemiological features do not match those found today" (p. 122).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero, va a ser precisamente sobre estas diferencias epidemiol&oacute;gicas y cl&iacute;nicas, sobre las que el resto de los autores se apoyan para defender una postura u otra sin que, parad&oacute;jicamente, las reflexiones expuestas por los otros participantes que acabo de citar hayan servido para modificarlas. Lars WallØe defensor de la continuidad etiol&oacute;gica de la peste de Hong Kong y la peste medieval, ignora las cr&iacute;ticas a la arqueolog&iacute;a molecular expuestas por Antoine y espera del an&aacute;lisis molecular la resoluci&oacute;n de la disputa (p. 68). Samuel Cohn, por su parte, defensor de las tesis opuestas, sigue insistiendo, como principal argumento en contra, en las diferencias epidemiol&oacute;gicas y ecol&oacute;gicas de la tercera pandemia con respecto a las dos anteriores, sin tener en cuenta las precisiones de Carniel. Ambas contribuciones son, en cualquier caso, muy cuidadosas en el an&aacute;lisis de las fuentes y se agradece la claridad en la exposici&oacute;n de sus tesis que desmontan uno por uno los argumentos contrarios. Menos clara resulta la idea que gu&iacute;a el trabajo de Ann Carmichael sobre el lenguaje de la peste que encuentra en relatos contempor&aacute;neos y tratados de peste. El an&aacute;lisis de m&aacute;s de setenta tratados de peste compuestos en lat&iacute;n entre 1360 y 1500 y de un estudio de caso (la peste de Mil&aacute;n entre 1452 y 1522), lleva a esta autora a revalorizar la sintomatolog&iacute;a cl&iacute;nica, en especial, la presencia de bubones como el signo patognom&oacute;nico de peste en el mundo medieval y como argumento para apoyar la etiolog&iacute;a de la Yersinia pestis para esta pandemia. Sugerente, pero claramente no desarrollada para el caso particular de la peste, resulta la breve contribuci&oacute;n de Kay Peter Jankrift que invita a reflexionar cr&iacute;ticamente sobre las fuentes y llama la atenci&oacute;n sobre la necesidad de hacer estudios regionales comparados para una historia de las enfermedades epid&eacute;micas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El volumen se acompa&ntilde;a de un &iacute;ndice detallado; pero, donde, por esos juegos del inconsciente, falta la entrada correspondiente a &iexcl;Alexandre Yersin!</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Vivian Nutton, editor de la monograf&iacute;a, aclaraba en la introducci&oacute;n que el objetivo de este volumen no era fijar una soluci&oacute;n sobre la identidad de la epidemia que conocemos como Peste Negra y las magras conclusiones de la discusi&oacute;n confirman la dificultad en llegar a puntos de convergencia, salvo aquellos que se&ntilde;alan la dificultad de la tarea. Imaginemos, sin embargo, que en un futuro pr&oacute;ximo se llega a una soluci&oacute;n, a favor o en contra. ¿Qu&eacute; novedosas preguntas de relevancia historiogr&aacute;fica nos plantear&iacute;amos en este nuevo escenario? Pienso que ninguna.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Fernando Salm&oacute;n,</b> Universidad de Cantabria</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Serge Gruzinski. Les quatre parties du monde. Histoire d'une mondialisation.</b> Paris: &Eacute;ditions de la Martini&egrave;re, Seuil (collection "Points", H358); 2004, 556 p. &#91;Edici&oacute;n ilustrada: &Eacute;ditions de la Martini&egrave;re; 2004, 480 p. ISBN 9782846751049, &euro; 35&#93;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Serge Gruzinski suele hacer libros con una estructura especial, donde un pr&oacute;logo o un ep&iacute;logo transportan a sus lectores a los momentos de inspiraci&oacute;n que la actualidad m&aacute;s inmediata ofreci&oacute; al autor para fraguar la escritura de cada libro. Lo hizo a&ntilde;os atr&aacute;s en La guerra de las im&aacute;genes (1990), donde el mundo de Crist&oacute;bal Col&oacute;n en 1492 se relacionaba con el de Blade Runner en un - cada vez m&aacute;s cercano - a&ntilde;o 2019. Volvi&oacute; a hacerlo en El pensamiento mestizo (1999) a partir de hechos acaecidos en 1997 en la Amazon&iacute;a brasile&ntilde;a y en la ex-Alemania del Este. Lo hace en esta, su &uacute;ltima obra, cuando evoca una procesi&oacute;n brasile&ntilde;a de 2001, tras los atentados del 11-S, en el pr&oacute;logo ("La Vierge et les deux tours", p. 9-14), y la trilog&iacute;a f&iacute;lmica de Matrix en el ep&iacute;logo ("De Matrix a Camoes", p. 441-446) al interpretar el sentido de una proyecci&oacute;n mundial simult&aacute;nea de la pel&iacute;cula frente a un "pu&ntilde;ado de creaciones locales que resisten a la estandarizaci&oacute;n del espect&aacute;culo y del imaginario" (p. 444).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esta estrategia no est&aacute; relacionada solamente con una <i>captatio benevolentia</i> del lector que encuentra as&iacute; elementos que le sirven de "atracci&oacute;n" hacia el tema que realmente va a tratar el autor, sino que debe sobre todo ponerse en relaci&oacute;n con el juego acad&eacute;micamente heterodoxo que Gruzinski suele proponer a los lectores, sin por ello despegarse ni un &aacute;pice del rigor intelectual y la exigencia formal de las publicaciones acad&eacute;micamente m&aacute;s convencionales. No parece necesario confesar la "atracci&oacute;n" que este rese&ntilde;ador siente por este tipo de propuestas. Me limitar&eacute; a se&ntilde;alar que la noci&oacute;n de atracci&oacute;n - como se ver&aacute; al final de estas l&iacute;neas - forma parte del modo de pensar y de escribir de Serge Gruzinski, de relacionarse con su tema de estudio, de establecer puentes con sus lectores y, en una suerte de autoreflexi&oacute;n, de su manera de interpretar las fuentes hist&oacute;ricas que sostienen su edificio interpretativo, en especial las im&aacute;genes. La cultura visual es, as&iacute;, <i>leit motiv</i> de sus inspiraciones y espina dorsal de su hermen&eacute;utica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Gruzinski es un historiador que ha desarrollado en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os una de las obras m&aacute;s interesantes y originales relacionadas con las consecuencias de la expansi&oacute;n colonial emprendida por castellanos y portugueses a finales del siglo XV. Su primera brillante aproximaci&oacute;n fue <i>La colonizaci&oacute;n de lo imaginario</i> (1988), que fue seguida de la ya citada <i>La guerra de las im&aacute;genes</i> (1989). Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, dio a luz una imprescindible investigaci&oacute;n sobre las formas y los mecanismos del mestizaje en el mundo amerindio del siglo XVI, en <i>El pensamiento mestizo</i> (1999). A diferencia de estas obras, todas ellas traducidas al espa&ntilde;ol (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica las dos primeras y Paid&oacute;s la tercera) y al portugu&eacute;s (Companhia das Letras) esta "historia de una mundializaci&oacute;n" referida a la globalizaci&oacute;n ib&eacute;rica en manos de "la Monarqu&iacute;a Cat&oacute;lica" entre 1580 y 1640 no ha sido todav&iacute;a traducida ni en castellano, ni en portugu&eacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Puede un indio ser moderno? (p. 22). Las primeras p&aacute;ginas de Gruzinski est&aacute;n dedicadas al Diario que Domingo Chimalpahin, de origen chalca, llev&oacute; a lo largo de casi toda su vida y en el que consignaba todo lo que pasaba en M&eacute;xico y todo lo que llegaba (en forma de noticia, de personaje o de mercanc&iacute;a) a su ciudad. Es el mundo de finales del XVI y principios del XVII visto desde M&eacute;xico. Chimalpahin igual habla de la masacre de frailes en Jap&oacute;n (1597), que de la muerte de Enrique IV de Francia (1610), de las embajadas japonesas que pasan por la ciudad (1610 y 1614, &eacute;sta &uacute;ltima camino de Roma) o de las explicaciones cient&iacute;ficas que circulaban sobre el eclipse de 1611. La primera consideraci&oacute;n de Gruzinski es que "el indio Chimalpahin es un escritor mestizo" (p. 29); consciente de ser s&uacute;bdito del rey m&aacute;s poderoso de la tierra, a quien llama Cemanahuac Tlahtohuani (se&ntilde;or universal), se (re)presenta a s&iacute; mismo como un sabio ind&iacute;gena que ha optado por el cristianismo, marcando distancia de sus huehuetque (ancianos), pero tambi&eacute;n de los sabios europeos, una "doble distancia" que "es uno de los indicios de esa modernidad planetaria que trataremos de ir delimitando al hilo de estos cap&iacute;tulos" (p. 22).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En efecto, &eacute;se es el principal hilo conductor del libro: rescatar para una historia diferente una serie de personajes y espacios sistem&aacute;ticamente marginados, cuando no ignorados, en la narraci&oacute;n euroc&eacute;ntrica de la modernidad, que se inicia en el Renacimiento. Si modernidad es en el siglo XVI tomar distancia del saber antiguo con respecto a lo que lo que acontece en el mundo, Gruzinski recuerda que "lo que est&aacute; pasando" es que los ib&eacute;ricos lo han globalizado, al conectar por vez primera los cuatro continentes (les quatre parties du monde del t&iacute;tulo del libro). Por eso, a los modernos habr&iacute;a que encontrarlos entre los "expertos" puestos al servicio del imperio ib&eacute;rico (especialmente en el per&iacute;odo 1580-1640, la &eacute;poca de uni&oacute;n de las coronas de Castilla y Portugal). Esos expertos pueden ser europeos, criollos americanos o mestizos como Chimalpahin. A ellos dedica Gruzinski tres cap&iacute;tulos fundamentales en la tercera parte de la obra, titulada "Las cosas del mundo": los expertos de la Iglesia y de la corona (cap. 7, p. 179-199), los de los saberes del mar, de la tierra y el cielo (m&eacute;dicos, cosm&oacute;grafos y pilotos, ingenieros y "propagandistas" de la monarqu&iacute;a (cap. 8, p. 200-220) y "las primeras elites mundializadas" (cap. 11, p. 276-311), encargadas de la expansi&oacute;n pol&iacute;tica, religiosa, cient&iacute;fica, econ&oacute;mica y art&iacute;stica del proyecto ib&eacute;rico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las dos partes que preceden a &eacute;sta est&aacute;n constituidas por seis cap&iacute;tulos en donde nos presenta con brillantez el logro de "la mundializaci&oacute;n ib&eacute;rica" (primera parte, caps. 1-3, p. 15-84) y los mecanismos por los que los distintos mundos preexistentes se "encadenaron" mediante la acci&oacute;n de marinos, soldados, frailes, m&eacute;dicos, cosm&oacute;grafos y comerciantes, especialmente en los nuevos espacios urbanos creados por los colonizadores, escenario principal de las "v&iacute;as tortuosas del mestizaje" (segunda parte, caps. 4-6, p. 86-175). El material sobre el que se basa son im&aacute;genes, personajes y textos gestados en la inmensidad de los espacios del proyecto imperial ib&eacute;rico, que dio lugar a una nueva geograf&iacute;a del mundo, espacios locales que al aunarse a la dimensi&oacute;n imperial fueron proyectados en lo global. Como siempre en Gruzinski, las im&aacute;genes ocupan un lugar medular como fuente de demostraci&oacute;n. La expansi&oacute;n ib&eacute;rica activ&oacute; una concordancia de tiempos entre Europa, Asia, &Aacute;frica, y Am&eacute;rica que los contempor&aacute;neos llamaron Monarqu&iacute;a Cat&oacute;lica y que dio lugar a un inmenso arsenal de representaciones en im&aacute;genes y textos, generalmente presentados como marginales, ex&oacute;ticos o perif&eacute;ricos por los historiadores.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero, en mi opini&oacute;n, es en los cinco cap&iacute;tulos de la cuarta parte ("La esfera de cristal", p. 315-440) donde la capacidad de interpretaci&oacute;n sugestiva de Gruzinski alcanza su cima. Una vez descritos los escenarios y los protagonistas de la mundializaci&oacute;n ib&eacute;rica, es necesario desentra&ntilde;ar sus l&iacute;mites, arrojar luz sobre el mecanismo esencial que la sustenta: el poder imperial y sus bases intelectuales irrenunciables. Existen territorios en donde el mestizaje no tiene lugar, espacios vedados por el poder imperial; la globalizaci&oacute;n del corpus te&oacute;rico y del pensamiento abstracto, sobre los cuales se sustenta el imperio, no admite brechas. La planetarizaci&oacute;n del Renacimiento europeo admiti&oacute;, ciertamente, el uso de ciertas t&eacute;cnicas locales, pero el resultado deb&iacute;a ser impecablemente occidental. El mestizaje se aten&uacute;a, o desaparece, ante las exigencias de las elites urbanas que piden sean aplicadas las convenciones europeas. Entre ellas, Gruzinski da especial relieve a las formas del aristotelismo, los grandes principios del razonamiento, las categor&iacute;as fundamentales y la idea de naturaleza que impregnan los esp&iacute;ritus, moldean el pensamiento y gu&iacute;an la acci&oacute;n. La occidentalizaci&oacute;n es una empresa de dominaci&oacute;n de otros mundos a trav&eacute;s de la colonizaci&oacute;n, de la aculturaci&oacute;n y del mestizaje; como gr&aacute;ficamente escribe Gruzinski: "Globalizaci&oacute;n y occidentalizaci&oacute;n son las dos cabezas del &aacute;guila ib&eacute;rica". Y lo que se aparta del modelo globalizado es enviado a la categor&iacute;a de "ex&oacute;tico" o "primitivo". Lo emocionante para el autor (y para este lector) es seguir descubriendo las realizaciones (en cualquier &aacute;mbito cultural: la cartograf&iacute;a, la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, la poes&iacute;a o al arte religioso) que demuestran c&oacute;mo en los siglos XVI y XVII fue posible la plasmaci&oacute;n de un pensamiento mestizo, fuera de la esfera de la globalizaci&oacute;n, siempre en los confines de la occidentalizaci&oacute;n. Realizaciones, que, por ello, no son reconocidas como parte integrante del acervo cient&iacute;fico, religioso o art&iacute;stico de occidente, que no han sido incorporadas a la Historia. Con la ayuda de algunos de ellos Gruzinski nos propone desde hace dos d&eacute;cadas descubrir algunos m&aacute;s e imaginar otra historia diferente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A lo largo de su obra, Gruzinski se muestra beligerante hacia la historiograf&iacute;a euroc&eacute;ntrica, pero tambi&eacute;n hacia otras corrientes alternativas. Desde luego, incita al abandono de las historias nacionales, especialmente en Am&eacute;rica, pero no s&oacute;lo, como se&ntilde;ala al rechazar la pat&eacute;tica ignorancia mutua de los historiadores ib&eacute;ricos (historias coloniales de espa&ntilde;oles sin portugueses y viceversa). Pero tambi&eacute;n invita a ir m&aacute;s all&aacute; de la visi&oacute;n del genocidio de los vencidos y de los discursos engarzados en torno del "Nosotros" y del "Otro": nociones que, seg&uacute;n Gruzinski, son "un producto de la mente de ciertos intelectuales que se benefician del oscurantismo y de acad&eacute;micos adeptos a lanzar modas ef&iacute;meras". Asimismo, rechaza la <i>World History</i> altamente sospechosa de preocuparse por problemas y sucesiones de hechos tejidos en Occidente. En cuanto a la microhistoria (o la micro-etnohistoria) "no ha contribuido nada a ensanchar nuestros horizontes" (p. 33). Por lo que se refiere a otras modas - quiz&aacute; no tan ef&iacute;meras - me limitar&eacute; a transcibir la nota 65 (p. 450): "Aux &Eacute;tats-Unis, depuis les ann&eacute;es 1980, les cultural studies, les subaltern studies et les postcolonial studies ont d&eacute;nonc&eacute; une histoire que ne serait que la projection de l'Occident, de ses cat&eacute;gories ou de ses fantasmes sur la reste de la plan&egrave;te. Non sans raison ni sans hypocrisie, car l'ethnocentrisme id&eacute;ologique et linguistique des universit&eacute;s am&eacute;ricaines est tout aussi inacceptable pour l'historien europ&eacute;en ou latino-am&eacute;ricain".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Gruzinski no niega, sin embargo, que el estudio de la modernidad sea inseparable del de la colonialidad (como en sus obras ha venido insistiendo Walter D. Mignolo). Pero no se trata de algo simple. A lo que se opone su propuesta historiogr&aacute;fica es a "la idea de que existir&iacute;a una historia del mundo susceptible de integrar los diferentes pasos de las sociedades humanas en el seno de una narraci&oacute;n unificada y desde un punto de vista &uacute;nico" (p. 452). No parece impertinente considerar que la historia de la ciencia como narraci&oacute;n unificada y de perenne ambici&oacute;n universalista est&aacute; incluida en este serio cuestionamiento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La monarqu&iacute;a cat&oacute;lica entre 1580 y 1640 es el "teatro de observaci&oacute;n" elegido en esta ocasi&oacute;n por Serge Gruzinski. <i>Les quatre parties du monde</i> trata de descubrir c&oacute;mo determinados elementos culturales actuaron de <i>attracteurs</i> entre creencias, costumbres o conceptos amerindios, asi&aacute;ticos, africanos y europeos, dando as&iacute; lugar a innumerables historias conectadas que conformaron la construcci&oacute;n de las sociedades coloniales ib&eacute;ricas. Inspirado en esa noci&oacute;n de las <i>connected histories</i>, que Gruzinski toma de Sanjay Subrahmanyan, propone su tarea como una actuaci&oacute;n "a la manera de un electricista que vendr&iacute;a a reparar lo que los historiadores han desconectado".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Josep Pardo</b>, IMF-CSIC, Barcelona</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Tara Nummedal. Alchemy and authority in the Holy Roman empire.</b> Chicago: The University of Chicago Press; 2007, xvii + 260 p. ISBN 978-0-226-60856-3, $ 37,50.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuenta Konrad Gesner, en su <i>Thesaurus de remediis secretis</i> (Zurich, 1552), que la verdadera extracci&oacute;n de la quintaesencia de las flores, hierbas y ra&iacute;ces pasa por recogerlas bien maduras, en tiempo sereno, con luna creciente, ya casi llena; lavarlas y cortarlas cuidadosamente en trocitos; fermentarlas en alambique ciego, dentro de esti&eacute;rcol de caballo, durante un mes; destilar el resultado de la fermentaci&oacute;n en un alambique con nariz, en ba&ntilde;o Mar&iacute;a; triturar las heces resultantes y, tras a&ntilde;adir agua destilada, macerarlas en esti&eacute;rcol y volver a destilarlas; repetir el proceso una vez m&aacute;s y, acabada la cuarta destilaci&oacute;n, colocar todo en un vaso circulatorio cerrado y proceder a destilarlo por quinta vez. Cinco destilaciones consecutivas destinadas a ir eliminando impurezas y seleccionando lo m&aacute;s puro de cada sustancia, su verdadera esencia y raz&oacute;n de ser. Algo similar podr&iacute;a decirse del libro que nos ocupa. Como si de un preparado alqu&iacute;mico se tratara, <i>Alchemy and authority in the Holy Roman empire</i> es el resultado de las sucesivas purificaciones que se han ido haciendo en la historia de la alquimia. Atr&aacute;s quedan los dif&iacute;ciles tiempos en los que Walter Pagel, Frances A. Yates, Allen G. Debus o Betty Jo Teeter Dobbs navegaban solos en los entonces procelosos mares alqu&iacute;micos, intentando dar entidad a una disciplina que, en el mejor de los casos, era tachada de esot&eacute;rica. Debus, &uacute;ltimo representante vivo de esa generaci&oacute;n pionera, me comentaba hace apenas cuatro meses el orgullo y la satisfacci&oacute;n que sent&iacute;a al ver la larga lista de participantes en la Conferencia Internacional Chymia. Science and Nature in Early Modern Europe (1450-1750), celebrada en El Escorial el pasado mes de septiembre, donde se reun&iacute;an expertos venidos de todo el mundo con el &uacute;nico objetivo de hablar de alquimia. Expertos entre los que se encontraba la autora del monogr&aacute;fico que hoy rese&ntilde;o, Tara Nummedal, destacada representante de la &uacute;ltima hornada de historiadores de la alquimia que est&aacute;n colocando esta disciplina en el verdadero lugar que le corresponde dentro de la historia de la ciencia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Fruto de laboriosas investigaciones en diferentes archivos alemanes, <i>Alchemy and authority in the Holy Roman empire</i> nos ofrece un interesante fresco de lo que fueron las pr&aacute;cticas alqu&iacute;micas en las diferentes cortes y estados que, durante los siglos XVI y XVII, conformaron el Sacro Imperio Romano Germ&aacute;nico. Siguiendo la estela pionera de Bruce T. Moran (<i>The alchemical world of the GermancCourt: Occult philosophy and chemical medicine in the circle of Moritz of Hessen (1572-1632).</i> Stuttgart: Franz Steiner Verlag; 1991) y Pamela H. Smith (<i>The business of alchemy: Science and culture in the Holy Roman empire.</i> Princeton: Princeton University Press; 1994) Tara Nummedal utiliza la historia de Philipp S&ouml;mmering (ca. 1540-1575), alquimista al servicio del duque Julius de Braunschweig-Wolfenb&uuml;ttel, como tel&oacute;n de fondo sobre el que proyectar el curioso entramado que teji&oacute; la pr&aacute;ctica alqu&iacute;mica con la pol&iacute;tica, la sociedad, la econom&iacute;a y la ciencia practicada en la Europa Central de la Edad Moderna.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La obra se encuentra dividida en seis cap&iacute;tulos, correspondientes a otras tantas tem&aacute;ticas que tienen la alquimia como eje central. El primer cap&iacute;tulo (<i>Assembling expertise</i>) plantea la forma en que alguien pod&iacute;a llegar a ser alquimista en la Edad Moderna. Puesto que la alquimia se encontraba fuera de los gremios y de las universidades, las dos instituciones que durante el periodo se&ntilde;alado se encargaban de la ense&ntilde;anza, el adiestramiento alqu&iacute;mico se vio en la necesidad de seguir otros circuitos alternativos, entre los que destacan la lectura de libros y manuscritos especializados o el contacto con otros conocedores del arte. Minas y boticas se transformaron en los primeros escenarios de aprendizaje para futuros alquimistas, debido a la similitud de las t&eacute;cnicas empleadas; mineros, orfebres, m&eacute;dicos y boticarios fueron algunos de los primeros maestros.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo (<i>The alchemist's personae</i>) explora la evoluci&oacute;n del t&eacute;rmino "alquimista", desde la concepci&oacute;n medieval de artesano, estudioso o incluso profeta hasta una evoluci&oacute;n negativa que, en pleno siglo XVI, hace del alquimista un criminal corrupto e impostor. En efecto, desde el siglo XIII se va desarrollando un discurso en torno a la relaci&oacute;n entre alquimia y fraude cuyo origen se encuentra en la imagen que los propios alquimistas quisieron crear de ellos mismos como verdaderos imitadores de la naturaleza. Se trata de un aspecto que est&aacute; despertando gran inter&eacute;s entre los estudiosos de la alquimia moderna, centrado en la vinculaci&oacute;n de la alquimia con el arte y la imitaci&oacute;n de la naturaleza, y que tiene entre sus principales aportaciones los estudios realizados por William R. Newman (<i>Promethean ambitions: Alchemy and the quest to perfect nature.</i> Chicago: University of Chicago Press; 2004) y Pamela H. Smith (<i>The body of the artisan: Art and experience in the scientific revolution.</i> Chicago: University of Chicago Press; 2004).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo <i>(Entrepreneurial alchemy)</i> se dedica al estudio de las motivaciones e intereses que tuvieron los mecenas del siglo XVI a la hora de patrocinar a los muchos alquimistas que proliferaron por toda Europa. Pr&iacute;ncipes y mercaderes fueron, con diferencia, los m&aacute;s destacados patronos de alquimistas que dec&iacute;an poseer el secreto para transmutar metales o producir medicinas milagrosas. En gran medida, fueron estos mecenas los que avivaron el fuego que mantuvo activo el mercado de la alquimia durante toda la Edad Moderna, creando una demanda de art&iacute;fices y expertos que circulaban de una corte a otra con una facilidad que, a&uacute;n hoy, no deja de sorprendernos. Objetivo central del cap&iacute;tulo es demostrar que la alquimia fue atractiva para estas elites pol&iacute;ticas y financieras no s&oacute;lo como idea sino como tecnolog&iacute;a de la que obtener beneficios econ&oacute;micos. De esta forma, la transmutaci&oacute;n alqu&iacute;mica deja de ser una quimera y se transforma en una t&eacute;cnica real con potenciales resultados econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, una "invenci&oacute;n" que puede ser considerada como propiedad intelectual que poseer y ofrecer para su venta. Estamos, pues, ante una nueva faceta de la alquimia, que nada tiene que ver con la visi&oacute;n "c&oacute;smica" que ten&iacute;a Paracelso o muchos de los art&iacute;fices reunidos en la Praga de Rodolfo II, ejemplo paradigm&aacute;tico al que todos los estudiosos de la alquimia cortesana recurren una y otra vez.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo <i>(Contracting the philosophers' stone)</i> profundiza en la relaci&oacute;n que se establece entre patronos y alquimistas. Nummedal nos ofrece una apasionante visi&oacute;n sobre la dif&iacute;cil tarea de encontrar un patrono en la Europa de la Edad Moderna, c&oacute;mo acceder a ellos a trav&eacute;s de cartas o intermediarios encargados de explicar la val&iacute;a del ofrecimiento y, una vez logrado el acceso real, la forma en que se deb&iacute;a superar la &uacute;ltima prueba, la demostraci&oacute;n del arte, paso previo a la firma del ansiado contrato entre ambas partes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El quinto cap&iacute;tulo <i>(Laboratories, space, and secrecy)</i> analiza el espacio f&iacute;sico en el que se van a llevar a cabo las transmutaciones. ¿C&oacute;mo era un laboratorio alqu&iacute;mico en la Edad Moderna? Las fuentes a las que se ha recurrido tradicionalmente son las pinturas de artistas, principalmente de Brueghel, donde se hacen representaciones m&aacute;s o menos idealizadas que poco o nada tienen que ver con lo que fue un laboratorio alqu&iacute;mico real. A partir de los numerosos documentos conservados en archivos y bibliotecas, Nummedal nos aproxima a algunos de los m&aacute;s destacados laboratorios alqu&iacute;micos que funcionaron en las principales cortes alemanas de la &eacute;poca. Centros especialmente dise&ntilde;ados para la tarea alqu&iacute;mica, divididos en diferentes estancias donde se desarrollaban diferentes facetas del arte: transmutaciones met&aacute;licas, preparaci&oacute;n de quintaesencias o destilaciones de aguas medicinales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El sexto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo <i>(Betr&uuml;ger on trial)</i> estudia los procesos abiertos contra diversos alquimistas que, tras haber pasado todos los tr&aacute;mites se&ntilde;alados, fueron incapaces de cumplir con el contrato firmado. Procesos que se enmarcan en una tradici&oacute;n legal que remonta sus or&iacute;genes al siglo XIII y que juzga a los alquimistas no por la actividad que realizaban sino por el fraude que comet&iacute;an al no cumplir con lo pactado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Escrito de una forma amena y did&aacute;ctica, con un estilo impecable y un conocimiento profundo de las fuentes, tanto primarias como secundarias, <i>Alchemy and authority in the Holy Roman empire</i> es el vivo ejemplo de la categor&iacute;a intelectual de su autora. Una historiadora que no ha escrito un libro m&aacute;s sobre historia de la alquimia, sino que ha incorporado la alquimia a la historia cultural de la Edad Moderna. Una buscadora de datos que conoce la importancia de encerrarse durante a&ntilde;os en perdidos archivos y bibliotecas, rescatando informes y reportes, cartas y contratos, documentos que nos hablan de la verdadera historia, de c&oacute;mo fue y qui&eacute;n la gest&oacute;. Una verdadera conocedora del arte de separar lo puro de lo impuro, extractando lo verdaderamente importante y relat&aacute;ndolo en apenas doscientas p&aacute;ginas pues, como dijo Baltasar Graci&aacute;n, "lo breve, si bueno, dos veces bueno". Cuando un profano en la materia pasa la &uacute;ltima p&aacute;gina de <i>Alchemy and authority in the Holy Roman empire</i> comprende que "eso de la alquimia" nos es obra de cuatro pirados encerrados en sus oscuros laboratorios subterr&aacute;neos, rodeados de fuego y humo en busca de la m&iacute;tica piedra filosofal. Ya va siendo hora de que se coloque la alquimia en el lugar que le corresponde, dejando de lado falsos mitos y creencias. A fin de cuentas, nos dice Tara Nummedal, "if Isaac Newton took alchemy seriously, so must we".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Mar Rey Bueno,</b> Sociedad Espa&ntilde;ola de Historia de la Alquimia</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Didier Kahn. Alchimie et paracelsisme en France &agrave; la fin de la Renaissance (1567-1625).</b> Gen&egrave;ve: Droz &#91;Cahiers d'Humanisme et Renaissance, Vol. 80&#93;; 2007, 806 p. ISBN 9782600006880, &euro; 86,48.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A&uacute;n sin que el propio autor sepa si finalmente habr&aacute; editados tres o cuatro vol&uacute;menes, aparece el primero de ellos, perteneciente a su Tesis Doctoral, defendida casi diez a&ntilde;os antes, en 1998 y en la Universidad de Paris IV. Ello da muestra de dos cosas referentes al autor y a la obra. Por un lado, Didier Kahn, vuelve a dar muestras de ser un investigador extremadamente meticuloso (aunque lo primero lleve impl&iacute;cito lo segundo, hay ocasiones en que no se cumple), capaz de manejar una cantidad de documentaci&oacute;n ingente y de gestionarla con una habilidad como pocas veces se ha visto, capaz de producir unos resultados, no s&oacute;lo fruct&iacute;feros, sino tambi&eacute;n duraderos en una disciplina como la Historia de la Ciencia, en constante evoluci&oacute;n. En la actualidad, Kahn ha traspasado su propio &aacute;mbito de historiador de la Alquimia y se ha convertido en una reconocida autoridad internacional, de referencia indispensable. La Historia de la Alquimia se ha convertido en un vigoroso campo acad&eacute;mico. Desde que el oscuro lenguaje herm&eacute;tico de los alquimistas est&aacute; siendo descifrado, los historiadores est&aacute;n alcanzando a analizar las conexiones intelectuales entre esta disciplina y otras facetas de la historia de la cultural occidental, como la sociol&oacute;gica, la psicol&oacute;gica, las de las comunidades intelectuales, incluso la evoluci&oacute;n de la Ciencia y la Filosof&iacute;a. El impacto cultural de la alquimia y su innegable trasfondo hist&oacute;rico han provocado que muchos historiadores de la ciencia aborden la Historia de la Alquimia desde unos novedosos puntos de vista. Nuevos componentes como el papel del artesano como conocedor de unas t&eacute;cnicas y unas artes propias; el comercio material e intelectual; la alquimia como un componente m&aacute;s para el ejercicio del poder pol&iacute;tico, o la continua aparici&oacute;n de nuevos textos, adem&aacute;s del creciente apoyo universitario hacen de la Historia de la Alquimia una disciplina actualmente en auge. Si a esto a&ntilde;adimos que los historiadores, j&oacute;venes o m&aacute;s mayores, comparten entre s&iacute; una estupenda relaci&oacute;n, aumentada con el intercambio continuo de informaci&oacute;n, la situaci&oacute;n que aparece por delante se puede calificar de ideal. Con todo, esta comunidad sigue colocando, por motivos obvios al leer el texto que ahora nos ocupa, a Didier Kahn, junto a otros dos grandes historiadores en camino de su "beatificaci&oacute;n" como sabios, cuales son Carlos Gillyy Joachim Telle, como jugadores de otra Liga, mientras el resto estamos gustosos de jugar en una magn&iacute;fica Segunda Divisi&oacute;n. En cuanto a la materia del libro que rese&ntilde;amos, dos son los aspectos que se analizan, la Alquimia y el Paracelsismo, que, si bien pueden ser estudiados separadamente, cuando se tratan de forma conjunta revelan un impacto, una realidad hist&oacute;rica tremenda e innegable. Los efectos generados por ambos elementos durante la Edad Moderna europea son de un calado tal que merecen un estudio como el que hace Didier Kahn.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El libro est&aacute; dividido en una introducci&oacute;n y cuatro partes, m&aacute;s una impresionante bibliograf&iacute;a de unas ciento cincuenta p&aacute;ginas. La Introducci&oacute;n General hace honor al nombre y delimita el terreno, amplio, por el que Kahn nos va a llevar. Con la valent&iacute;a habitual de quienes dominan por completo el tema que van a tratar, el autor nos pone enfrente, y de entrada, las cuestiones m&aacute;s espinosas: ¿Qu&eacute; es la Alquimia y qu&eacute; no es?; el Paracelsismo operativo y su &uacute;nico enlace, la Medicina; y la cuesti&oacute;n de la renovaci&oacute;n paracelsista. Es esta &uacute;ltima, a mi juicio, la m&aacute;s importante de todas, ya que mientras no es un logro que haya Alquimia, ni tampoco que Paracelso, como m&eacute;dico en el dintel del Humanismo, sintiera a la vez la esclerosis cr&oacute;nica del Galenismo y la necesidad de ejercer su profesi&oacute;n con un aire fresco (muchos otros ya lo intentaban y lo hac&iacute;an, cada uno a su manera), ni incluso supon&iacute;a un triunfo nuevo el acercamiento de la Medicina a la Alquimia, s&iacute; que lo fue (y hasta extremos que ni &eacute;l mismo pudo imaginar) la renovaci&oacute;n que se gener&oacute; en su alrededor. Tal renovaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de toda la turbulencia inmediata, se transform&oacute; en un proceso cuya dimensi&oacute;n abarc&oacute; no s&oacute;lo a la Medicina, sino a la Ciencia y, por extensi&oacute;n al Pensamiento y la Cultura. La parte m&aacute;s interesante de dicho proceso de renovaci&oacute;n se dio en Francia y en los a&ntilde;os que Didier Kahn abarca en este libro: 1567-1625. Es la historia de un &eacute;xito, cuya clave estuvo en que se logr&oacute; renovar, m&aacute;s all&aacute; de la Medicina, algo indispensable: el lenguaje. Y con un lenguaje nuevo, profundamente asumido por los paracelsistas galos, s&oacute;lo era posible el di&aacute;logo y el entendimiento entre los que lo hablaban y lo entend&iacute;an, no con aqu&eacute;llos que se obstinaban en establecer una comunicaci&oacute;n usando una <i>frecuencia</i> diferente. Eso era imposible.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el resto del libro, el autor va recorriendo un camino desde lo general a lo particular. As&iacute;, en la primera, trata del origen y desarrollo de los impresos de Alquimia en Europa y luego en Francia. En la segunda aborda la llegada del paracelsismo a Francia, y la particular relaci&oacute;n que se establece con la Alquimia. En la tercera parte, aborda el arranque del problem&aacute;tico proceso de asimilaci&oacute;n de las ideas paracelsistas en el pa&iacute;s galo; y la cuarta parte analiza algunos aspectos particulares, como el de la Literatura y el de la Religi&oacute;n, que tuvieron lugar all&iacute;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En definitiva, estamos ante otro buen ejemplo de la situaci&oacute;n actual de la Historia de la Alquimia a nivel internacional. Las l&oacute;gicas tensiones iniciales sufridas, como efecto de su primera introducci&oacute;n como disciplina independiente y profesional, han sido hoy atenuadas debido a una creciente madurez de los trabajos acad&eacute;micos y la aceptaci&oacute;n de una metodolog&iacute;a unificada. Desde la &uacute;ltima d&eacute;cada hasta nuestros d&iacute;as, se ha llegado a un estado sorprendentemente agradable y fruct&iacute;fero, mejor que nunca, dir&iacute;a yo. Un nutrido grupo de historiadores ha colocado a la Historia de la Alquimia en una posici&oacute;n susceptible de dotar su objeto de estudio, la Alquimia, con la entidad suficiente para poder arrojar mucha luz sobre la Edad Moderna, especialmente sobre el espectacular siglo XVII. Con este libro podremos comprobar que las fases hacia la madurez de la Historia de la Alquimia se han cruzado exitosamente, que los obst&aacute;culos han sido todos salvados gracias a la aplicaci&oacute;n de una enorme dosis de coraje y optimismo. Junto a Didier Kahn, otros reconocidos historiadores, como Lawrence Principe, William Newman, Pamela Smith, Bruce Moran, William Eamon, o Antonio Clericuzio, por mencionar s&oacute;lo a algunos de ellos, han conseguido algo nunca antes visto. Si a&uacute;n no tenemos una imagen certera de los siglos XVI y XVII, con todos sus componentes bien calibrados, s&iacute; podemos imaginar un siglo de estos dos como un cuadro puntillista, donde cada color es indispensable para ver el todo, todos ellos, Kahn incluido, tienen sus colores preparados y los pinceles en la mano. Su importante contribuci&oacute;n a este cuadro puntillista es, hoy por hoy, de total ayuda para poder ofrecer una mejor imagen.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Miguel L&oacute;pez P&eacute;rez</b>, Sociedad Espa&ntilde;ola de Historia de la Alquimia</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>Lawrence M. Principe, ed. New narratives in eighteenth-century chemistry.</b> Dordrectht: Springer; 2007, xii + 200 p. ISBN 978-1-4020-6273-5, $ 110,66.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Este nuevo n&uacute;mero monogr&aacute;fico de la serie Archimedes recoge las aportaciones discutidas en el congreso celebrado en abril de 2005 en California. Est&aacute; dedicado al estudio de la qu&iacute;mica del siglo XVIII, un tema que ha merecido la atenci&oacute;n de los historiadores desde hace ya algunas d&eacute;cadas. Por un lado, los trabajos de Frederic L. Holmes, Bernadette Bensaude-Vincent, Ursula Klein, Ferdinardo Abbri y otros han permitido un cambio de perspectiva que ha conducido a abandonar la imagen de Antoine Lavoisier como padre fundador de la qu&iacute;mica. El lector acostumbrado a este tipo de literatura heroica se mostrar&aacute; sorprendido del escaso papel que juega Lavoisier en las p&aacute;ginas del libro rese&ntilde;ado. La qu&iacute;mica del siglo XVIII ha dejado de ser estudiada solamente en funci&oacute;n de los acontecimientos de finales del siglo (teor&iacute;a del flogisto, qu&iacute;mica pneum&aacute;tica, etc.), para pasar a constituir un &aacute;rea de estudio propia, con su particular colecci&oacute;n de problemas, personajes y fuentes hist&oacute;ricas. Adem&aacute;s, los estudios hist&oacute;ricos sobre la alquimia y la "chymia" moderna (como los realizados por William Newman, Lawrence Principe, Antonio Clericuzzio, etc.), han ofrecido nuevas perspectivas de an&aacute;lisis al reconsiderar la interpretaci&oacute;n de los siglos inmediatamente anteriores. La introducci&oacute;n de Lawrence Principe ofrece una interesante reflexi&oacute;n sobre las consecuencias de estos cambios, sugiriendo la provocativa idea de una revoluci&oacute;n silenciosa que sit&uacute;a entre 1675 y 1725. Seg&uacute;n Principe, esta revoluci&oacute;n apenas percibida por los qu&iacute;micos-historiadores, afect&oacute; a varios aspectos de la qu&iacute;mica: los objetivos y las aplicaciones, el estatus y las ocupaciones de sus cultivadores y las innovaciones te&oacute;ricas basadas en nuevas pr&aacute;cticas experimentales. Principe considera tan peligrosas las narraciones centradas en la obra de Lavoisier como las interpretaciones que establecen escuelas enfrentadas ("newtonianos" frente a "cartesianos") en la qu&iacute;mica de principios del siglo XVIII. Esta perspectiva resulta particularmente inadecuada para analizar las investigaciones desarrolladas en los laboratorios del siglo XVIII, un espacio donde las lecturas filos&oacute;ficas tuvieron menos peso que las pr&aacute;cticas experimentales, y donde los objetivos perseguidos fueron, por lo general, "h&iacute;bridos", es decir, tal y como se&ntilde;ala el cap&iacute;tulo de Ursula Klein, a caballo entre el mundo acad&eacute;mico y los intereses comerciales o los fines terap&eacute;uticos. Al cuestionar la imagen de Homberg o Lemery como "qu&iacute;micos cartesianos", Principe no pretende afirmar que los trabajos de estos autores fueran puramente emp&iacute;ricos. Por el contrario, a trav&eacute;s de ejemplos, Principe defiende que los historiadores deben tratar de entender las cuestiones te&oacute;ricas que trataban de resolver los qu&iacute;micos del siglo XVIII, lo cual es un objetivo especialmente complejo porque el marco te&oacute;rico no suele aparecer expl&iacute;cito en la mayor parte de los trabajos, lo que produce la apariencia de mera descripci&oacute;n de resultados variopintos y fen&oacute;menos curiosos, sin ning&uacute;n orden ni concierto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todos estos temas apuntados por Principe se encuentran m&aacute;s o menos presentes en los art&iacute;culos que aparecen en este libro. En primer lugar, las transformaciones de la qu&iacute;mica de principios del siglo XVIII son analizados por Kevin Chang a trav&eacute;s de un estudio de las cambiantes ideas de Georg E. Stahl sobre la alquimia. El m&eacute;dico alem&aacute;n, m&aacute;s conocido por su teor&iacute;a del flogisto, pas&oacute; a lo largo de su carrera de partidario a detractor de la alquimia, un recorrido que siguieron muchos otros autores de esa &eacute;poca. Chang aprovecha este episodio para analizar la relaci&oacute;n de Stahl con sus editores y las confusiones que ha producido la publicaci&oacute;n tard&iacute;a de sus lecciones. Los siguientes dos art&iacute;culos est&aacute;n dedicados a Herman Boerhaave. El primero, realizado por John C. Powers, recoge las conclusiones de la tesis doctoral del autor, donde analiza el concepto de "elemento-instrumento" en la obra del autor holand&eacute;s, con particular atenci&oacute;n a su papel did&aacute;ctico, dada la gran influencia que ejercieron las lecciones de Boerhaave en toda Europa. El otro cap&iacute;tulo est&aacute; firmado por Rina Knoeff y desarrolla la tesis - ya defendida en su libro <i>Herman Boerhaave: Calvinist, chemist and physician</i>, Amsterdam, 2002 - sobre la relaci&oacute;n entre el pensamiento religioso de Boerhaave con su obra cient&iacute;fica. En este caso, Knoeff trata de mostrar c&oacute;mo la fuerte influencia de los textos hipocr&aacute;ticos en Boerhaave puede explicarse por una interpretaci&oacute;n de los mismos que encajaba perfectamente en el pensamiento calvinista holand&eacute;s en cuestiones tales como la lectura de la Biblia, la providencia y la observaci&oacute;n meticulosa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los tres siguientes cap&iacute;tulos mueven el foco de atenci&oacute;n a la mitad del siglo XVIII. El trabajo de Bensaude-Vincent y Christine Lehman, basado en la tesis doctoral de esta &uacute;ltima, ofrece una visi&oacute;n panor&aacute;mica de un sorprendentemente elevado n&uacute;mero de cursos p&uacute;blicos de qu&iacute;mica realizados en Francia a mediados del siglo. Las autoras han recopilado informaci&oacute;n sobre m&aacute;s de veinticinco cursos celebrados en once ciudades francesas por un n&uacute;mero semejante de autores, la mayor parte de ellos poco conocidos hasta ahora. Las autoras reconstruyen la biograf&iacute;a colectiva de estos profesores y demostradores, sus cambiantes p&uacute;blicos y las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas asociadas, sugiriendo la necesidad de revisar las im&aacute;genes habituales (generalmente basadas en la f&iacute;sica experimental) sobre el papel del experimento en las aulas. El otro trabajo, el m&aacute;s extenso del libro, ha sido realizado por Ursula Klein y est&aacute; dedicado a los farmac&eacute;uticos alemanes de esos a&ntilde;os. El principal objetivo de Klein, que ha desarrollado en un trabajo m&aacute;s reciente, (U. Klein; W. Lefevre. <i>Materials in eighteenth-century science. A historical ontology.</i> Cambridge; 2007), es describir la cultura "h&iacute;brida" del "qu&iacute;mico-boticario" del siglo XVIII, a medio camino entre el mundo acad&eacute;mico y el artesanal. Klein ofrece una buena reconstrucci&oacute;n del aprendizaje farmac&eacute;utico (empleando a menudo textos autobiogr&aacute;ficos), as&iacute; como de la cultura material y las pr&aacute;cticas experimentales de la botica. Tambi&eacute;n analiza el papel de los viajes de estudios y la aparici&oacute;n de las revistas qu&iacute;mico-farmac&eacute;uticas (que no se limit&oacute; a los famosos <i>Annnalen de Crell</i>). Finalmente, ofrece una tipolog&iacute;a de los "qu&iacute;micos-boticarios" y centra su atenci&oacute;n en las biograf&iacute;as de A. Marggraf y M. Klaproth.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El siguiente cap&iacute;tulo aborda otros usos de la qu&iacute;mica a mediados del siglo XVIII, esta vez en el terreno de la agronom&iacute;a, a trav&eacute;s de los estudios realizados en Escocia por James Anderson. Su autor, Matthew Eddy, afirma que la "fluidez intelectual" y la permeabilidad de las fronteras disciplinares permiti&oacute; una constante "migraci&oacute;n" de conceptos entre la medicina, la agricultura, la geolog&iacute;a y la qu&iacute;mica. Para mostrarlo, Eddy emplea un gran n&uacute;mero de fuentes, incluyendo los cuadernos de estudiantes de Anderson, que son una fuente tambi&eacute;n relevante en el art&iacute;culo de Bensaude y Lehman, ya citado. Finalmente, el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo lo firma un autor tambi&eacute;n suficientemente conocido, Trevor H. Levere, que vuelve sobre uno de sus temas favoritos: la obra qu&iacute;mico-m&eacute;dica de Thomas Beddoes, una personalidad excepcional para estudiar muchos aspectos de la revoluci&oacute;n qu&iacute;mica. Levere resume la "conversi&oacute;n" de Beddoes a la nueva qu&iacute;mica y su conocido proyecto de "medicina pneum&aacute;tica", a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de la <i>Pneumatic institution</i>, un centro destinado a investigar las propiedades curativas de los gases recientemente descubiertos. Aunque el proyecto tuvo corta duraci&oacute;n, sirvi&oacute;, entre otras cosas, para que Humphry Davy iniciara su brillante carrera como qu&iacute;mico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El libro se cierra con unas conclusiones de Seymour Mauskopf que sirven de contrapunto a la introducci&oacute;n de Lawrence Principe. Se trata ahora de un historiador que ha centrado su atenci&oacute;n en la parte final del siglo XVIII, con especial atenci&oacute;n a las investigaciones sobre la p&oacute;lvora y los trabajos de Louis Proust. Al contrario de Principe, la reflexi&oacute;n historiogr&aacute;fica de Mauskopf gira en torno a las consecuencias que el libro rese&ntilde;ado tiene sobre la imagen de la revoluci&oacute;n qu&iacute;mica. Una vez que Lavoisier ha sido desbancado como protagonista principal y se ha ampliado el n&uacute;mero de escenarios, problemas y actores hist&oacute;ricos, queda por dilucidar cual ser&aacute; la nueva reconstrucci&oacute;n global de los acontecimientos, la nueva <i>big picture</i> de la qu&iacute;mica de finales del siglo XVIII. Es una cuesti&oacute;n complicada, que ha sido objeto de discusi&oacute;n por parte de historiadores de la ciencia de otros per&iacute;odos y disciplinas. La proliferaci&oacute;n de estudios locales, la ampliaci&oacute;n de las fuentes y las cuestiones analizadas, el creciente n&uacute;mero de personajes hasta ahora desconocidos, el abandono de las narraciones heroicas y la ampliaci&oacute;n espacial y temporal de los temas, entre otras cuestiones, han complicado la creaci&oacute;n de grandes s&iacute;ntesis en historia de la ciencia. El libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado permite reflexionar sobre este asunto desde m&uacute;ltiples puntos de vista pero me limitar&eacute; a dos cuestiones que recorren la obra. En primer lugar, la aparici&oacute;n de un gran n&uacute;mero de personajes escasamente conocidos que desarrollan actividades como la farmacia, la medicina, la agronom&iacute;a, la ense&ntilde;anza y las demostraciones p&uacute;blicas, la construcci&oacute;n de instrumentos, etc. Adem&aacute;s, autores como Stahl y Boerhaave, que eran los &uacute;nicos protagonistas de las narraciones tradicionales, son ahora analizados desde nuevas perspectivas, ya no centradas en los acontecimientos de finales del siglo. La ampliaci&oacute;n de personajes y la reconsideraci&oacute;n del papel de los protagonistas de las narraciones hist&oacute;ricas conducen a una segunda reflexi&oacute;n que mencionan los autores del libro. La vieja historia disciplinar, desarrollada por qu&iacute;micos-historiadores en busca de los or&iacute;genes de los conceptos b&aacute;sicos de su ciencia, ha perdido totalmente vigencia. Los lectores del libro se ver&aacute;n obligados a cruzar constantemente unas fronteras disciplinares muy diferentes a las actuales. Pr&aacute;cticamente ning&uacute;n art&iacute;culo puede ser encuadrado en una historia disciplinar concreta, ni siquiera en lo que habitualmente se considera "historia de la qu&iacute;mica". Esta es una tendencia muy saludable, que ha permitido enriquecer el campo de estudio, como muestran libros como el que ahora analizamos. Su principal rival no es la historia acad&eacute;mica, donde apenas cuenta con partidarios serios, sino la memoria hist&oacute;rica que comparten muchos cient&iacute;ficos, la cual sigue basada en una tradici&oacute;n de momentos fundacionales y personajes heroicos construidos durante el siglo XIX y XX. Este es, probablemente, el otro gran reto de los autores del libro: transformar sus estudios particulares en una narraci&oacute;n que pueda ser ense&ntilde;ada y comprendida por un p&uacute;blico amplio, m&aacute;s all&aacute; del reducido c&iacute;rculo de especialistas que leer&aacute;n un libro como el que hemos analizado. Y no s&oacute;lo por sus contenidos, sino tambi&eacute;n por su precio desorbitado, lo que viene siendo una lamentable pr&aacute;ctica de algunas editoriales privadas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La edici&oacute;n electr&oacute;nica y los proyectos de acceso libre al conocimiento ofrecen nuevas formas de publicar los resultados de la investigaci&oacute;n especializada, manteniendo el nivel acad&eacute;mico, el rigor y los filtros de calidad necesarios, pero sin depender de los intereses econ&oacute;micos de unas pocas multinacionales.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Ram&oacute;n Bertomeu S&aacute;nchez</b>, Universitat de Val&egrave;ncia</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>George K. York and David A. Steinberg. An introduction to the life and work of John Hughlings Jackson with a catalogue raisonn&eacute; of his writings.</b> London: The Wellcome Trust Centre for the History of Medicine at UCL &#91;Medical History, Supplement n<sup>o</sup> 26&#93;; 2006, viii + 157 p. ISBN 0-85484-109-1; 978-085484-109-7, &euro; 52.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La revista <i>Medical History</i> dedic&oacute; el suplemento n&uacute;mero 26 a la publicaci&oacute;n de este interesante estudio biobibliogr&aacute;fico sobre el neurofisi&oacute;logo brit&aacute;nico John Hughlings Jackson (1835-1911), a quien debemos no s&oacute;lo la descripci&oacute;n de un tipo de epilepsia conocido bajo su ep&oacute;nimo, sino tambi&eacute;n el establecimiento del marco conceptual y metodol&oacute;gico de la neurofisiolog&iacute;a cl&iacute;nica que revolucionaron el diagn&oacute;stico neurol&oacute;gico y permitieron el desarrollo de una neurolog&iacute;a cient&iacute;fica. Su m&aacute;xima contribuci&oacute;n fue la aplicaci&oacute;n de las teor&iacute;as evolucionistas contempor&aacute;neas - muy especialmente, la adaptaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n de Herbert Spencer - a la neurofisiolog&iacute;a y al estudio de la enfermedad neurol&oacute;gica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La obra que estamos comentando es resultado de la labor realizada por dos doctores - George K. York, neur&oacute;logo consultor (<i>Stockton Medical Center</i> de California) y David A. Steinberg, matem&aacute;tico (<i>School of Mathematical Sciencies</i> de la Universidad de Tel Aviv), investigador en esos momentos de las bases matem&aacute;ticas y f&iacute;sicas de las nuevas tecnolog&iacute;as de diagn&oacute;stico de imagen -, que se sintieron atra&iacute;dos por la historia de las ciencias - frecuentemente expuesta bajo forma de biograf&iacute;as de cient&iacute;ficos - y, muy especialmente, por el origen y desarrollo del diagn&oacute;stico neurol&oacute;gico y la neurolog&iacute;a cient&iacute;fica. Esa atracci&oacute;n motiv&oacute; el inicio de un estudio que revel&oacute; r&aacute;pidamente el papel clave de los trabajos de John Jackson en la neurolog&iacute;a de los siglos XIX y XX, raz&oacute;n por la que este neur&oacute;logo se constituy&oacute; en el centro de la cuidadosa investigaci&oacute;n realizada por G. York y D. Steinberg.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El volumen, que pretende poner en manos de los lectores y futuros investigadores un rico material sobre la actividad cient&iacute;fico-profesional de Jackson, se ha estructurado en dos partes. La primera de ellas es "una introducci&oacute;n a la vida y obra de John H. Jackson", mientras que la segunda - y m&aacute;s extensa - es un cat&aacute;logo razonado de sus trabajos. La obra se completa con dos ap&eacute;ndices y un &uacute;til &iacute;ndice tem&aacute;tico. El Ap&eacute;ndice 1 recoge los folletos de este neurofisi&oacute;logo contenidos en la biblioteca m&eacute;dica Rockefeller del Instituto de Neurolog&iacute;a (UCL), y el Ap&eacute;ndice 2 sus manuscritos no publicados, que se conservan tambi&eacute;n en la citada instituci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El car&aacute;cter sint&eacute;tico que posee la primera parte no le resta valor. De hecho, las pinceladas biogr&aacute;ficas y la informaci&oacute;n sobre la formaci&oacute;n recibida por Jackson en Yorkshire, Londres y Edimburgo, sus sucesivas acreditaciones para trabajar en dichos lugares y los profesores relevantes con los que se relacion&oacute;, permiten que el lector tome conciencia de la influencia que dichas figuras - como el profesor de Edimburgo, Thomas Laycock o Charles E. Brown-S&eacute;quard, pionero de la neurofisiolog&iacute;a - pudieron ejercer en el trabajo posterior del neur&oacute;logo brit&aacute;nico, y facilitan tambi&eacute;n la comprensi&oacute;n y valoraci&oacute;n de sus aportaciones dirigidas a la aplicaci&oacute;n cl&iacute;nica. Es precisamente a estas &uacute;ltimas a las que los autores han concedido mayor extensi&oacute;n en el estudio introductorio. As&iacute; las p&aacute;ginas siguientes dan paso sucesivo a la exposici&oacute;n de los rasgos caracter&iacute;sticos del m&eacute;todo neurol&oacute;gico de Jackson y de sus principales aportaciones te&oacute;ricas, pudi&eacute;ndose advertir el proceso de construcci&oacute;n y maduraci&oacute;n de algunas de ellas y la evoluci&oacute;n registrada en sus principales ideas. La lectura atenta de estas p&aacute;ginas informa al lector de su concepci&oacute;n qu&iacute;mica de la descarga epil&eacute;ptica - y no el&eacute;ctrica, como han se&ntilde;alado otros autores -, y de su origen en el c&oacute;rtex - considerado inexcitable por el pensamiento convencional -, as&iacute; como de la importancia que tuvo su descripci&oacute;n del inicio del ataque epil&eacute;ptico en diferentes partes del cuerpo - por cuanto implicaba que comenzaba en distintas partes del sistema nervioso - o de la evoluci&oacute;n de los movimientos ictiales a lo largo del cuerpo durante el ataque por cuanto ello supon&iacute;a la demostraci&oacute;n de la representaci&oacute;n somatot&oacute;pica del cuerpo en el sistema nervioso. Los autores del estudio muestran bien c&oacute;mo todo esto implic&oacute; desbancar la vigente teor&iacute;a de que todas las partes del sistema nervioso eran funcionalmente equipotenciales y validaba el concepto cl&iacute;nico de que el an&aacute;lisis del desarrollo temporal de un d&eacute;ficit neurol&oacute;gico focal es &uacute;til para el diagn&oacute;stico. Queda bien manifiesto, tambi&eacute;n en esta primera parte del trabajo, la concepci&oacute;n jacksoniana del sistema nervioso como una m&aacute;quina sensoriomotora, cuya funci&oacute;n estar&iacute;a controlada, pero no por un agente inmaterial como era admitido entonces. La expl&iacute;cita y fruct&iacute;fera aplicaci&oacute;n que hizo Jackson de los principios de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n a la investigaci&oacute;n de la epilepsia aparece muy bien reflejada a lo largo de las p&aacute;ginas del estudio introductorio de la obra que estamos comentando, as&iacute; como el reconocimiento de su trabajo por algunas figuras de la neurolog&iacute;a como Charcot.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como cierre de la primera parte se incluye un peque&ntilde;o apartado en el que se expone c&oacute;mo procedieron los autores del estudio para construir y organizar el cat&aacute;logo bibliogr&aacute;fico que constituye la segunda parte, as&iacute; como un peque&ntilde;o an&aacute;lisis de la producci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y algunos datos pr&aacute;cticos que facilitan al lector la identificaci&oacute;n de la bibliograf&iacute;a rese&ntilde;ada en el cat&aacute;logo. Con todo ello la primera parte se constituye en una herramienta &uacute;til y apropiada para comprender y aprovechar mejor el contenido de la segunda.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El "cat&aacute;logo razonado de los trabajos de John Hughlings Jackson", segunda parte de la obra que venimos comentando, recoge en sus m&aacute;s de cien p&aacute;ginas todos los trabajos del autor, salvo las cartas escritas a mano dirigidas a familiares que est&aacute;n en manos privadas. Dicho cat&aacute;logo, organizado cronol&oacute;gicamente, incluye tambi&eacute;n muchos de los trabajos y publicaciones sobre Jackson que aparecieron en las revistas m&eacute;dicas brit&aacute;nicas durante su vida. Hay que felicitar la labor exhaustiva que han realizado los autores del estudio para localizar, catalogar y organizar los 537 trabajos realizados por o sobre Jackson entre 1861 y 1911. Por un lado, esta labor ha permitido la identificaci&oacute;n de 84 nuevas aportaciones de este neur&oacute;logo desconocidas hasta ahora, y, por otro, va a facilitar la labor de quien desee conocer mejor la obra de Jackson y/o iniciar nuevas investigaciones sobre su figura, sus principales contribuciones al desarrollo de la neurolog&iacute;a y otros aspectos cient&iacute;fico-profesionales, como su participaci&oacute;n en la <i>Ophtalmological Society</i> del Reino Unido y la <i>Medical Society</i> de Londres o la recepci&oacute;n de sus trabajos en otros colectivos m&eacute;dicos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La bibliograf&iacute;a contenida en el libro aclara tambi&eacute;n algunos aspectos de la personalidad de Jackson en sentido contrario al retrato realizado por sus bi&oacute;grafos anteriores. De hecho, se desvanece esa idea de cient&iacute;fico solitario, aislado y modesto y emerge una imagen de un m&eacute;dico ambicioso profesional e intelectualmente, con escaso inter&eacute;s cultural m&aacute;s all&aacute; de la ciencia, que disfrut&oacute; de la compa&ntilde;&iacute;a de otros m&eacute;dicos, particip&oacute; en numerosos congresos m&eacute;dicos en Londres, fue elegido presidente de, al menos, cuatro sociedades m&eacute;dicas y fue el primero en firmar la carta de protesta cuando la plantilla m&eacute;dica del <i>National Hospital for the Paralysed and Epilectic</i> de Londres present&oacute; una denuncia p&uacute;blica contra la direcci&oacute;n del hospital.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A tenor de lo que se ha ido exponiendo parece evidente el acierto de la obra que venimos comentando, por cuanto nos acerca a la figura del neur&oacute;logo Jackson desde una perspectiva m&aacute;s completa, desmintiendo algunos datos err&oacute;neos e informaciones anteriores e iluminando algunos aspectos que hab&iacute;an permanecido oscuros. Y ello lo hace, por un lado, desde una cuidadosa y sint&eacute;tica biograf&iacute;a que ha otorgado un lugar relevante a la presentaci&oacute;n de las principales aportaciones te&oacute;ricas que fue efectuando Jackson, encuadr&aacute;ndolas en el contexto en el que se produjeron. Y, por otro, desde la extensa bibliograf&iacute;a de y sobre esta importante figura de la neurolog&iacute;a contempor&aacute;nea, que es fruto de una exhaustiva labor de investigaci&oacute;n, compilaci&oacute;n, catalogaci&oacute;n y ordenaci&oacute;n. Cabe, por tanto, felicitar a G. York y D. Steinberg por la calidad y oportunidad de su aportaci&oacute;n, por cuanto han conferido nueva actualidad a este importante neurofisi&oacute;logo cl&iacute;nico que se hizo eco inmediato de los principios de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n y los aplic&oacute; a la neurofisiolog&iacute;a - y, muy especialmente, a la investigaci&oacute;n de la epilepsia - con un fruct&iacute;fero resultado. Quiz&aacute;s cabr&iacute;a hacer una peque&ntilde;a cr&iacute;tica a la edici&oacute;n y es la omisi&oacute;n en el t&iacute;tulo de las fechas de nacimiento y muerte de Jackson pues, aunque se trate de una figura tan conocida, la obra habr&iacute;a quedado m&aacute;s redonda con la inclusi&oacute;n de dichas fechas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En suma, creemos que una edici&oacute;n como la comentada es una &uacute;til herramienta para facilitar la labor de historiadores de la medicina - y, muy especialmente, de la neurolog&iacute;a -, pero, tambi&eacute;n, la de quienes se interesen en conocer mejor la figura de Jackson y sus principales contribuciones en el terreno cient&iacute;fico y/o profesional.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Isabel Porras Gallo</b>, Universidad de Castilla-La Mancha</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Claudia M&oacute;nica Garc&iacute;a. Las "fiebres del Magdalena". Medicina y sociedad en la construcci&oacute;n de una noci&oacute;n m&eacute;dica colombiana, 1859-1886. </b> Bogot&aacute;: Instituto de Salud P&uacute;blica-Universidad Nacional de Colombia; 2006, iii + 173 p. ISBN 978-958-701-750-2, COL $ 20,000.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El material cient&iacute;fico de este libro proviene de la tesis con menci&oacute;n laureada que ley&oacute; la autora en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia dirigida por la soci&oacute;loga Diana Obreg&oacute;n. Su tema general es el origen del conocimiento cient&iacute;fico, m&eacute;dico particularmente, tratado desde la perspectiva del socioconstructivismo. Temas subsidiarios son la geograf&iacute;a m&eacute;dica colombiana, el debate historiogr&aacute;fico centro-periferia y la profesionalizaci&oacute;n de la medicina en Colombia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El contenido est&aacute; estructurado en introducci&oacute;n y seis cap&iacute;tulos de exposici&oacute;n a los que siguen los apartados de conclusiones, bibliograf&iacute;a y un &iacute;ndice de figuras, cuadros, tablas y mapas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El texto nos lleva en principio a la nosolog&iacute;a que sosten&iacute;an m&eacute;dicos colombianos de mediados del siglo XIX que, en el caso de las fiebres, amalgam&oacute; el empirismo cl&iacute;nico y novedades del empirismo anatomo-patol&oacute;gico franc&eacute;s con los paradigmas neohipocr&aacute;ticos y los desarrollos aut&oacute;ctonos de topograf&iacute;as m&eacute;dicas. El dominio sobre lo local pretend&iacute;a adem&aacute;s, en opini&oacute;n de la autora, mejorar las expectativas de legitimaci&oacute;n social de los m&eacute;dicos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Analiza luego los idearios de la elite dirigente colombiana respecto a su proyecto de pa&iacute;s en el que pugnaron el modelo productivo tradicional latifundista y los anhelos de un orden mercantil moderno; tambi&eacute;n respecto a la mala &iacute;ndole del clima c&aacute;lido, un supuesto extendido desde los tiempos coloniales. En este contexto algunos m&eacute;dicos del centro del pa&iacute;s fijaron su atenci&oacute;n en las "calenturas" end&eacute;micas de las riberas altas del r&iacute;o Magdalena, que, en su forma de enfermedades epid&eacute;micas, produc&iacute;an una mortalidad alarmante, precisamente all&iacute;, donde los cultivos de tabaco y a&ntilde;il dedicados a la exportaci&oacute;n ten&iacute;an ahora un &eacute;xito econ&oacute;mico sin precedentes. La tesis de este libro defiende que los m&eacute;dicos reformularon sus teor&iacute;as cient&iacute;ficas seg&uacute;n las necesidades ideol&oacute;gicas, econ&oacute;micas y gremiales de aquellos debates.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos siguientes ahonda el texto en detalles de los acontecimientos que rodearon la aparici&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la noci&oacute;n m&eacute;dica nueva (y colombiana) de las "fiebres del Magdalena". Revisa las publicaciones que la trataron, los contenidos que la configuraron, su incursi&oacute;n acad&eacute;mica y vigencia pr&aacute;ctica de dos d&eacute;cadas. Termina con el an&aacute;lisis de la decadencia de la noci&oacute;n m&eacute;dica, que es concurrente con el ascenso de la teor&iacute;a microbiana, pero, asimismo, coincidente con la extinci&oacute;n de los intereses de clase vinculados a su formulaci&oacute;n por los m&eacute;dicos capitalinos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El libro puede juzgarse como modesto en el alcance de sus declaraciones, pero es en esa peque&ntilde;a escala, a mi entender, donde radican sus m&eacute;ritos: inserta a figuras m&eacute;dicas en las realidades cotidianas que marcaron sus decisiones profesionales y sus procesos cognoscitivos; rescata la epidemiolog&iacute;a descriptiva que entonces hicieron como un saber de neto alcance regional, concordante con las din&aacute;micas de un territorio inconexo dentro s&iacute; y con el exterior. Es en fin, un relato que logra reproducir el ambiente cient&iacute;fico de una &eacute;poca en que las fiebres fueron consideradas, por la clase social dirigente, como un obst&aacute;culo mayor a rendir para la explotaci&oacute;n de la riqueza natural del pa&iacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La bibliograf&iacute;a es tratada can&oacute;nicamente. Las fuentes primarias son publicaciones m&eacute;dicas y de prensa, en general de circulaci&oacute;n local. Para los interesados en la historiograf&iacute;a m&eacute;dica colombiana ser&aacute;n de segura utilidad las particularidades de producci&oacute;n y la localizaci&oacute;n de estas fuentes que son comentadas al final de la Introducci&oacute;n (p. 20-21) y en las citas de pie de p&aacute;gina a lo largo del texto. En la literatura cr&iacute;tica, amplia, figuran textos obligados de la sociolog&iacute;a del conocimiento cient&iacute;fico y de la historia de la ciencia y la medicina occidental. Para el &aacute;mbito particular de la investigaci&oacute;n se apoya en estudios de historia econ&oacute;mica y pol&iacute;tica colombiana y en la historiograf&iacute;a de la medicina colombiana. &Eacute;sta, tanto en su vertiente cl&aacute;sica producida por y para la profesi&oacute;n m&eacute;dica, como la m&aacute;s novel y variada que desde hace unas dos d&eacute;cadas introduce en Colombia enfoques de las ciencias sociales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En lo esencial y en lo formal este libro es un texto cient&iacute;fico y da justamente lo que predica. No obstante, la ciencia tiene un cometido trasformador de la sociedad que requiere una difusi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de las audiencias especializadas. En este sentido la representaci&oacute;n de la informaci&oacute;n al uso conserva, en mi opini&oacute;n, mucho olor a la literatura gris que le da origen. Es un libro encuadernado en r&uacute;stica, de tama&ntilde;o de una octava mayor, es decir aproximadamente la octava parte de un antiguo pliego de impresi&oacute;n en la nomenclatura en desuso. Le hace juego una sobria car&aacute;tula compuesta sobre un mapa hist&oacute;rico en tonos sepia. Las hojas de respeto, de portada, contraportada, dedicatoria y agradecimientos tratadas austeramente contrastan con la de derechos que relaciona a directivos institucionales que no tienen cr&eacute;dito directo en la producci&oacute;n de la obra, una costumbre rancia para una editorial universitaria. La escritura por su parte, tiene rigor acad&eacute;mico y la autora logra mediante un ponderado uso de la primera persona comprometerse con sus enunciados. Con excepci&oacute;n de esto &uacute;ltimo, los dem&aacute;s detalles mencionados, probablemente fuera del rango de decisi&oacute;n de la autora y un tanto pedestres, son, sin embargo, parte de un enjambre de decisiones cruciales para la efectiva recepci&oacute;n del mensaje.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Atender el medio - la forma - del mensaje es un aspecto pol&iacute;tico pertinente de la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica de la disciplina hist&oacute;rico-m&eacute;dica, cu&aacute;nto m&aacute;s, cuando arrecian las dificultades para penetrar a&uacute;n los propios p&uacute;blicos de las escuelas de medicina.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Marco Luna Maldonado</b>, Universidad de Granada</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>John Rosser Matthews. La b&uacute;squeda de la certeza: la cuantificaci&oacute;n en medicina.</b> San Sebasti&aacute;n: Triacastela; 2007, 304 p. ISBN 84-95840-27-8, &euro; 23,07.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La publicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol de "La b&uacute;squeda de la certeza", tras la edici&oacute;n del original en ingl&eacute;s en 1995, guarda inter&eacute;s por ser un &aacute;rea de investigaci&oacute;n viva, pues la introducci&oacute;n de lo num&eacute;rico - me refiero al c&aacute;lculo probabil&iacute;stico -, como tecnolog&iacute;a de "cientificaci&oacute;n" (perm&iacute;taseme el neologismo por lo acertado de lo que trata de capturar) es un proceso a&uacute;n en marcha que no se cerr&oacute; s&oacute;lo con la entrada, en la pr&aacute;ctica de la investigaci&oacute;n, del ensayo cl&iacute;nico. Desde su introducci&oacute;n en 1946 hasta la casi obligatoria inclusi&oacute;n del ensayo cl&iacute;nico (o mayores sofisticaciones estad&iacute;sticas) para la aceptaci&oacute;n de una investigaci&oacute;n en revistas m&eacute;dicas que las comunidades cient&iacute;ficas han negociado como "de calidad", o la casi obligatoria consulta de las pruebas suministradas por la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) para cualquier decisi&oacute;n en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, ha transcurrido m&aacute;s de medio siglo de desigual incorporaci&oacute;n mundial de esta tecnolog&iacute;a num&eacute;rica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El libro de J. Rosser Matthews, escrito con agilidad envidiable, sigue siendo una lectura de gran inter&eacute;s para conocer algunos momentos estelares de la introducci&oacute;n de los n&uacute;meros en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica que, centr&aacute;ndose en tres episodios, el autor vincula en sus or&iacute;genes a las transformaciones de una medicina inmersa en los cambios revolucionarios de la Francia de comienzos del siglo XIX. Para esta lectora, su utilidad no reside en ser un ejemplo hist&oacute;rico, con s&oacute;lida y polif&oacute;nica base heur&iacute;stica, de la imparable marcha hacia la "cientificaci&oacute;n" de la medicina, sino porque reflexiona sobre procedimientos y logros, sobre cambios en la relaci&oacute;n entre pacientes y m&eacute;dicos, y muestra que sabemos m&aacute;s sobre c&oacute;mo los m&eacute;dicos fueron absorbiendo las matem&aacute;ticas, como parte del oficio de explicar la enfermedad y proporcionar tratamiento, que sobre c&oacute;mo han ido viviendo los pacientes, mujeres y hombres, su proceso concreto de enfermar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque se trata de un trabajo hist&oacute;rico, el texto obliga, como el autor se&ntilde;ala, a acercarse a algunas cuestiones cl&aacute;sicas en filosof&iacute;a de la ciencia, tales como las bases epistemol&oacute;gicas del conocimiento m&eacute;dico, el proceso de convertir a la medicina en una ciencia, o c&oacute;mo vincular los procesos cient&iacute;ficos a las pol&iacute;ticas y modos de la democracia, como ocurre cuando relaciona la extensi&oacute;n del ensayo cl&iacute;nico a la cultura pol&iacute;tica democr&aacute;tica (cap&iacute;tulo sexto). La monograf&iacute;a incluso permite reflexionar sobre el impacto de ciertas tradiciones historiogr&aacute;ficas como marcas perdurables de los relatos con los que hacemos o ense&ntilde;amos historia. En este sentido me refiero a los comentarios de Matthews sobre la importancia concedida por Foucault a la visi&oacute;n localista (anatomo-cl&iacute;nica) de la enfermedad, en lugar de a la matematizaci&oacute;n de la experiencia m&eacute;dica (p. 65), para explicar la consolidaci&oacute;n cient&iacute;fica de la medicina y los efectos que ha tenido su obra en la manera de contar la historia de la ciencia m&eacute;dica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para estudiar la incorporaci&oacute;n de las matem&aacute;ticas a la cl&iacute;nica, Mathews se centra en varios escenarios geogr&aacute;ficos: Francia y el "nacimiento de la cl&iacute;nica", Alemania y el escenario de la fisiolog&iacute;a experimental e Inglaterra y la creaci&oacute;n del primer departamento universitario de estad&iacute;stica matem&aacute;tica. Los cap&iacute;tulos se estructuran alrededor de tres pol&eacute;micas de 1837, 1850 y comienzos del siglo XX.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la primera pol&eacute;mica (cap&iacute;tulos 1 y 2) entre Louis (introducci&oacute;n del m&eacute;todo num&eacute;rico para la elecci&oacute;n terap&eacute;utica) y Amador, se dirim&iacute;a el debate entre la medicina como arte (basado en un conocimiento t&aacute;cito) o una ciencia (basada en las matem&aacute;ticas). El debate culminar&iacute;a con las propuestas de Gavarret (cap&iacute;tulo 3) para la introducci&oacute;n del c&aacute;lculo probabil&iacute;stico que encontr&oacute; numerosas resistencias, incluso entre los defensores del m&eacute;todo num&eacute;rico de Louis, y entre pa&iacute;ses como Alemania e Inglaterra. En el cap&iacute;tulo 4 se muestra la segunda pol&eacute;mica, entre los partidarios de que la medicina de laboratorio dotara de car&aacute;cter cient&iacute;fico a la medicina - Claude Bernard defend&iacute;a esta postura -, frente a quienes cre&iacute;an en la matem&aacute;tica como fuente de ciencia. En el cap&iacute;tulo 5 explora el paso de las matem&aacute;ticas como herramienta descriptiva a predictiva que tuvo su base en la idea de "correlaci&oacute;n" entre dos series de n&uacute;meros de Galton y en los desarrollos de Pearson. Un disc&iacute;pulo de Pearson, Greenwood, fue el responsable de expandir el uso de la estad&iacute;stica como fundamento cient&iacute;fico de la medicina y, junto al americano Pearl, de consolidar profesionalmente a quienes se dedicaban a la estad&iacute;stica aplicada a la investigaci&oacute;n m&eacute;dica (cap&iacute;tulo 6). Semejantes intentos persuasivos, esta vez en relaci&oacute;n a la utilidad del ensayo a doble ciego para confirmar resultados terap&eacute;uticos en las d&eacute;cadas centrales del siglo XX, son el objeto del cap&iacute;tulo 7.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para mi gusto son algo problem&aacute;ticos algunos aspectos de la Introducci&oacute;n escrita por Jos&eacute; Luis Puerta, quiz&aacute; vinculado a una visi&oacute;n positivista de la ciencia y a una idea de progreso cient&iacute;fico m&aacute;s familiar en c&iacute;rculos pr&oacute;ximos a la reflexi&oacute;n sobre pol&iacute;ticas cient&iacute;ficas que a quienes nos dedicamos a la historia de la ciencia u otras parcelas cr&iacute;ticas con la misma. Hay una visi&oacute;n muy desde "el centro" en eso de reclamar, siguiendo a Kuhn, la necesidad de asumir paradigmas modernizadores, como la estad&iacute;stica, si no se plantea que la construcci&oacute;n de centros y periferias de conocimientos es un proceso activo, como viene mostrando mucha historiograf&iacute;a y teor&iacute;a cr&iacute;tica. Por ejemplo, cabe preguntarse si lo que el m&eacute;todo num&eacute;rico indica como oportuno es lo que m&aacute;s interesa o preocupa a quienes padecemos enfermedades, si la persuasi&oacute;n matem&aacute;tica facilita nuestras relaciones terap&eacute;uticas o bien si la obtenci&oacute;n de ciertas certezas estad&iacute;sticas no promociona injusticias planetarias o est&aacute;ndares que dejan fuera gran parte de la realidad, como viene mostrando todo el debate sobre los llamados "sesgos de g&eacute;nero" en los ensayos cl&iacute;nicos, es decir sobre los problemas de asumir, literalmente, el "hombre medio" como patr&oacute;n de normalidad. Afortunadamente, Matthews en su conclusi&oacute;n proporciona, a mi entender, algunas claves que, en cierta forma, responden a la introducci&oacute;n. Pero, sobre todo, el contraste entre ambas partes del libro muestra que todos andamos algo enredados en nuestras propias creencias en la modernidad - aunque nunca hallamos sido modernos que dir&iacute;a Latour - y, a veces, exigimos a los productos cient&iacute;ficos (art&iacute;culos o libros) lo que en otro plano discursivo estar&iacute;amos en disposici&oacute;n de criticar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por tanto, se trata de una lectura necesaria para profundizar en la historia de la medicina como ciencia y en el conocimiento de la genealog&iacute;a hist&oacute;rica de valores epist&eacute;micos imperantes en la cultura m&eacute;dica. Claro que, se mire como se mire, no deja de ser una historia del centro, y no de las periferias (geogr&aacute;ficas, institucionales o de culturas epist&eacute;micas) que no informa de si la incorporaci&oacute;n de las matem&aacute;ticas ha supuesto, tambi&eacute;n, una fuente de certeza personal ante los dilemas que ocasiona la enfermedad en quienes, con m&aacute;s o menos paciencia, la padecemos.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Rosa M.<sup>a</sup> Medina Dom&eacute;nech</b>, Universidad de Granada</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>El Laboratorio de Espa&ntilde;a. La Junta para Ampliaci&oacute;n de Estudios e Investigaciones Cient&iacute;ficas (1907-1939). Cat&aacute;logo de la Exposici&oacute;n (MC/MEC/ Fundaci&oacute;n Giner de los R&iacute;os).</b> Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales/Publicaciones de la Residencia de Estudiantes; 2007, 664 p. ISBN 978-84-95078-58-2, &euro; 50.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre las diversas actuaciones dedicadas a rememorar la Junta para Ampliaci&oacute;n de Estudios, la exposici&oacute;n que alberg&oacute; el "Pabell&oacute;n Trasatl&aacute;ntico" de la Residencia de Estudiantes madrile&ntilde;a entre diciembre de 2007 y marzo de 2008 (y que fue luego ampliada), reviste una significaci&oacute;n particular. Los comisarios S&aacute;nchez Ron y Lafuente optaron, como han hecho tambi&eacute;n en otras ocasiones, por acercar la ciencia al visitante medio y dar a conocer a un p&uacute;blico amplio la mec&aacute;nica y los instrumentos materiales de la producci&oacute;n de conocimiento, dibujando alguna de las rutas de su apropiaci&oacute;n por los cient&iacute;ficos concretos - en solitario o en equipo - sus grados o niveles, sus formas colectivas y esbozos o tanteos, sus logros. Los aparatos y, con ellos, los usos cotidianos de la pr&aacute;ctica de laboratorios y seminarios que despleg&oacute; la JAE, pudieron verse all&iacute; de una forma directa y bien palpable, junto a los desarrollos pedag&oacute;gicos que constituyeron su preocupaci&oacute;n esencial. En la estela de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, ser&iacute;a determinante para la Junta propiciar la socializaci&oacute;n de aquellos modos de "estar y ser" que, andando el tiempo, deber&iacute;an haber hecho de la preparaci&oacute;n cultural y de la innovaci&oacute;n creadora el nervio de una Espa&ntilde;a bien distinta a aquella en que viv&iacute;an quienes la construyeron, un pa&iacute;s m&aacute;s europeo y m&aacute;s culto, m&aacute;s rico y m&aacute;s libre tambi&eacute;n. El documental que se exhib&iacute;a en la muestra, <i>¿Qu&eacute; es Espa&ntilde;a?</i>, reconstruido por el Instituto Valenciano de Cinematograf&iacute;a sobre im&aacute;genes de la &eacute;poca - y que por s&iacute; mismo merec&iacute;a una visita a la exposici&oacute;n de la Residencia -, hac&iacute;a centellear ante el espectador los destellos de modernizaci&oacute;n social y cultural que convierten el esfuerzo cient&iacute;fico de la JAE en algo extraordinario en la historia reciente de Espa&ntilde;a. Un reto para cuya resoluci&oacute;n iban logrando frutos los dos recursos fundamentales empleados: la producci&oacute;n de ciencia en t&eacute;rminos extensos, la investigaci&oacute;n y, situada en el centro de la funci&oacute;n pol&iacute;tica y social del marco reformista, la nueva ciencia de la pedagog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es de ley resaltar el esfuerzo de divulgaci&oacute;n que, como ya indiqu&eacute;, inspira <i>El laboratorio de Espa&ntilde;a</i>, y que revela su imprescindible cat&aacute;logo. Siendo como es muy accesible la informaci&oacute;n que de sus actividades viene proporcionando la Sociedad Estatal de Conmemoraciones, y muy completa tambi&eacute;n la que difunden el CSIC y la propia Residencia de Estudiantes en sus web (a lo que hay que sumar la divulgaci&oacute;n general de I+D+i por parte de la Comunidad de Madrid), es digno de aplauso el hecho de que los contenidos de la muestra se hayan puesto a disposici&oacute;n de un variado p&uacute;blico. Esa voluntad de comunicaci&oacute;n rige tambi&eacute;n la construcci&oacute;n y organizaci&oacute;n del cat&aacute;logo, grueso y bien editado e ilustrado volumen, que contiene aportaciones sustanciales para la sistematizaci&oacute;n actualizadas de lo mucho que ya vamos sabiendo de la inmensa tarea de la JAE.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para nadie es ya objeto de discusi&oacute;n que la Junta para Ampliaci&oacute;n de Estudios represent&oacute; un salto cualitativo en la vida cultural espa&ntilde;ola. Los treinta a&ntilde;os que preceden a nuestra guerra civil, con la herramienta de aquella pol&iacute;tica de pensiones en el extranjero que pusieron en marcha Cajal y Castillejo - siempre detr&aacute;s de ellos, como de los ministros liberales, la impronta y el consejo de Giner y la eficiencia de Coss&iacute;o -, contemplaron un despliegue espectacular de las ciencias experimentales, de la medicina y las humanidades, junto a la pintura y en general las artes. Todo ello a la vez, y todo en una entusiasta y estimulante relaci&oacute;n. Tampoco es discutido a estas alturas que aquel esfuerzo de pol&iacute;tica cient&iacute;fica - cuando asentado estaba, y cuando m&aacute;s fruto hubiera dado -, iba a quedar deshecho por la guerra civil. Y m&aacute;s que por ella incluso, por la victoria arrasadora del franquismo, que en general despreci&oacute; el trabajo intelectual y abomin&oacute; del pensamiento libre.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los "objetos" cient&iacute;ficos, los instrumentos pr&aacute;cticos y a la vez de alto valor simb&oacute;lico que formaron la exposici&oacute;n madrile&ntilde;a del <i>Trasatl&aacute;ntico</i>, fueron, por descontado, el &aacute;tomo y la neurona; pero tambi&eacute;n el espa&ntilde;ol (la lengua) y la sierra madrile&ntilde;a del Guadarrama (la geograf&iacute;a y el paisaje), adem&aacute;s de, imprescindiblemente, la educaci&oacute;n en su despliegue cotidiano. Por ello se agradeci&oacute; la contemplaci&oacute;n de aquellos cuadernos de los alumnos del Instituto Escuela (a los que eran a&uacute;n tan parecidos en forma y en estilo, pero no ciertamente en contenido, los de mi propia infancia). Pod&iacute;an recorrerse con la vista aquellos cuadernos, verdes y azules, que no s&eacute; si desplazaban de verdad a los libros de texto - como se insiste en repetir t&oacute;picamente -, pero que de hecho los convert&iacute;an en mera apoyatura, junto a precios&iacute;simos dibujos y emocionantes publicaciones del trabajo cient&iacute;fico de los pensionados ilustres, trabajos que fueron decisivos no solo en histolog&iacute;a y neurolog&iacute;a, pero que, como es bien sabido, en ellas alcanzaron su dimensi&oacute;n universal. Pod&iacute;a igualmente el visitante acercarse a los aparatos de grabaci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la voz humana que, aun hoy, hacen importantes los esfuerzos en fonolog&iacute;a de Tom&aacute;s Navarro Tom&aacute;s, o bien contemplar los mapas dialectales, los inventarios art&iacute;sticos y patrimoniales de un "proyecto nacional" que situ&oacute; en el centro de la recuperaci&oacute;n del pa&iacute;s a la historia y a la filolog&iacute;a, ambas disciplinas de la mano; entre otros instrumentos, la balanza de Enrique Moles y un interfer&oacute;metro.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto a los art&iacute;culos que forman el cat&aacute;logo, adem&aacute;s de una completa cronolog&iacute;a a cargo de Ana Romero de Pablos y Jos&eacute; Manuel S&aacute;nchez Ron, y de unas biograf&iacute;as en las que solo se echa en falta alguna mujer m&aacute;s (en solitario la &uacute;nica directiva de la JAE, Mar&iacute;a de Maeztu), adem&aacute;s de una recopilaci&oacute;n legislativa siempre &uacute;til, el resto se organiza en dos partes. Una de ellas va dedicada a los aspectos hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos y culturales, incluidas las relaciones exteriores y, &eacute;sta vez s&iacute;, el papel general de las mujeres en la JAE, en torno a ella y a partir de ella. Son, respectivamente, textos de S&aacute;nchez Ron, Antonio Lafuente, Juan Pablo Fusi, Jos&eacute; Garc&iacute;a Velasco, Consuelo Naranjo, Rosa Capel y Carmen Magall&oacute;n, que llevan un colof&oacute;n de Juan Francisco Fuentes dedicado al hermoso documental que ya mencion&eacute; al principio, y que fue atribuido a Araquist&aacute;in. La segunda parte corresponde l&oacute;gicamente al despliegue necesario, pormenorizado, de los recorridos cient&iacute;ficos y pedag&oacute;gicos que impuls&oacute; la JAE. La f&iacute;sica, la qu&iacute;mica y las matem&aacute;ticas son ah&iacute; actualizadas por Ana Romero de Pablos; el Laboratorio de Fon&eacute;tica del Centro de Estudios Hist&oacute;ricos lo estudian Leoncio L&oacute;pez-Oc&oacute;n, Mar&iacute;a Jos&eacute; Albal&aacute; y Juana Gil; de la biolog&iacute;a de P&iacute;o del R&iacute;o Hortega se ocupa Alfredo Baratas, y de las artes Leticia S&aacute;nchez de Andr&eacute;s, que tambi&eacute;n repasar&aacute; los cuadernos escolares m&aacute;s adelante, en otro de los textos incluidos. Sobre la Residencia de Estudiantes escribe a su vez Isabel P&eacute;rez-Villanueva, y sobre la arquitectura de la JAE en el contexto de la renovaci&oacute;n madrile&ntilde;a, Salvador Guerrero. Para finalizar, diremos que aspectos diversos de la pedagog&iacute;a estimulada por influencia de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza son punteados por Antonio Moreno Gonz&aacute;lez, en tanto que sobre "la construcci&oacute;n de una naturaleza nacional", como parte inseparable de la labor cient&iacute;fica de la JAE, argumenta Santos Casado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En resumen, y como ocurriera algo antes con alg&uacute;n otro de los esfuerzos de investigaci&oacute;n, prensa y divulgaci&oacute;n ligados al centenario de la Junta (por ejemplo <i>Tiempos de Investigaci&oacute;n. JAE-CSIC. Cien a&ntilde;os de ciencia en Espa&ntilde;a</i>, 1907-2007, edici&oacute;n a cargo de M. &Aacute;ngel Puig-Samper y con la participaci&oacute;n de destacados especialistas), estamos ante un texto de ahora en adelante imprescindible para el seguimiento de un pasado cient&iacute;fico, el espa&ntilde;ol del siglo XX, interrumpido violenta y culpablemente, y cuyo conocimiento no es en modo alguno irrelevante de cara a su prosecuci&oacute;n en el siglo XXI.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Elena Hern&aacute;ndez Sandoica</b>, Universidad Complutense de Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Enric Novella. Der Junge Foucault und die Psychopathologie. Psychiatrie und Psychologie im fr&uuml;hen Werk von Michel Foucault.</b> Berliner Arbeiten zur Erziehungs - und Kulturwissenschaft Bd. 40. Berlin: Logos Verlag; 2008, 80 p. ISBN 978-3-8325-1906-3, &euro; 12,80.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Atender a la obra de Foucault por parte de los psiquiatras es algo que viene de antiguo y que se salda con una ingente bibliograf&iacute;a, la mayor&iacute;a muy centrada tem&aacute;ticamente y buena parte de ella cr&iacute;tica, como se&ntilde;ala el mismo Enric J. Novella (Valencia, 1972). Otra cosa es abordar espec&iacute;ficamente la psicopatolog&iacute;a y m&aacute;s aun hacerlo sobre la obra anterior a la publicaci&oacute;n de la <i>Historia de la locura.</i> Este abordaje, por s&iacute; mismo, es destacable, porque hace que el autor se introduzca en la entra&ntilde;a misma del problema psiqui&aacute;trico que para Foucault resulta relevante en cuanto fil&oacute;sofo. Creo que este es, precisamente, el plano de lectura que resulta m&aacute;s fruct&iacute;fero, m&aacute;s inagotable y m&aacute;s imperecedero por abierto, sobre todo frente a las abundantes aproximaciones realizadas desde la historia institucional o la historiograf&iacute;a sociol&oacute;gica que, en ning&uacute;n caso, pueden pretender obtener desde esa posici&oacute;n ninguna legitimidad para abordar la cuesti&oacute;n nuclear psicopatol&oacute;gica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Centrarse en esta etapa supone situarse en el punto a partir del cual Foucault se dispone a dar un giro a su indagaci&oacute;n y permite preguntarse por la g&eacute;nesis de la arqueolog&iacute;a, el cuestionamiento de los t&eacute;rminos sujeto, poder y verdad, como los motivos de su enfrentamiento a las corrientes predominantes en la psicolog&iacute;a y psiquiatr&iacute;a de la &eacute;poca, es decir, las corrientes evolucionistas, hegeliano-marxistas, el psicoan&aacute;lisis y la fenomenolog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Novella se pregunta c&oacute;mo, m&aacute;s all&aacute; de ciertas cuestiones personales, en absoluto irrelevantes pero por s&iacute; mismas carentes de significaci&oacute;n filos&oacute;fica, advierte Foucault en la psiquiatr&iacute;a una problematicidad peculiar que sabe interrogar certeramente para desvelar las dificultades, insuficiencias y apor&iacute;as de las corrientes psicol&oacute;gicas que se sosten&iacute;an sobre presupuestos filos&oacute;ficos cuestionables. Son las consecuencias de estos presupuestos filos&oacute;ficos puestos en acci&oacute;n, concretados en pr&aacute;cticas discursivas y no discursivas, lo que le sirve a Foucault para poner en valor a la psiquiatr&iacute;a de cara a su significaci&oacute;n filos&oacute;fica. Estas dejan al descubierto el desacoplamiento entre discurso y realidad, queda en el aire la excedencia de la realidad que no ha sido sometida al concepto. La semiolog&iacute;a m&eacute;dica, exportada a la psiquiatr&iacute;a en continuidad con el proceder positivista, aparece como un ejercicio meramente abstracto, impostado y huero, un modo de an&aacute;lisis inadecuado para los requerimientos cl&iacute;nicos (p. 24). Las semiolog&iacute;as construidas sobre las concepciones psicol&oacute;gicas se desacreditan al desvelar que, pretendiendo aparecer como herramientas neutras, no son otra cosa que dispositivos t&eacute;cnicos que encubren posturas filos&oacute;ficas (gnoseol&oacute;gicas y ontol&oacute;gicas) y que con su puesta en pr&aacute;ctica confieren consistencia al entramado conceptual-institucional y crean, al mismo tiempo, sus propios objetos y sujetos. Ello significa que el v&iacute;nculo entre psicolog&iacute;a y subjetividad ha tomado una orientaci&oacute;n fatal en vista de la perspectiva epistemol&oacute;gica adoptada (p. 69). La relaci&oacute;n subyacente entre signo y representaci&oacute;n, mediada a trav&eacute;s de la simbolog&iacute;a psicoanal&iacute;tica o la filosof&iacute;a anal&iacute;tica, no deja de estar presente. El una y otra vez reprobado psicologismo representa el ep&iacute;tome de una acepci&oacute;n de la modernidad que impone un modo de relaci&oacute;n entre el ser humano y la verdad, con consecuencias significativas e inesperadas, algo que la psiquiatr&iacute;a permite mostrar mejor que otras pr&aacute;cticas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Veamos entonces el recorrido argumentativo. Por lo que respecta a la psicolog&iacute;a positivista, como a la psiquiatr&iacute;a de la &eacute;poca, las cr&iacute;ticas son bien conocidas. La psicolog&iacute;a y psiquiatr&iacute;a positivistas imponen estrategias reduccionistas e inconsistentes, no s&oacute;lo l&oacute;gicamente, sino emp&iacute;ricamente, de modo que los resultados de la misma est&aacute;n a la vista hoy mismo. En el fondo se trata siempre de invertir el argumento ontol&oacute;gico para nivelar el plano ps&iacute;quico y org&aacute;nico, por medio de una semiolog&iacute;a que sirva de enlace. Una vez hecho esto, es f&aacute;cil ejecutar una metapatolog&iacute;a (p. 23) o una metapsicolog&iacute;a. La multiplicidad de estrategias y autores, pasando por H. Jackson, Ribot, Janet o Freud, confluyen en desactivar la subjetividad en su complejidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No obstante, Foucault considera que el psicoan&aacute;lisis supone un paso adelante en la consideraci&oacute;n de la individualidad respecto a las posturas evolucionistas, sobre todo por lo que se refiere al descubrimiento del sentido (p. 32), si bien en esto, al menos, debe compartir el m&eacute;rito con Dilthey y Janet. Para Foucault, la obra de Freud acaba con los elementos naturalistas de partida, pero no resuelve el problema de la subjetividad, lo que se pone de manifiesto en la significaci&oacute;n que atribuye a la hermen&eacute;utica objetiva con la que pretende atrapar el sentido, un sentido reducido que exige una subjetividad escindida, en la que el sujeto que sue&ntilde;a objetiva su sue&ntilde;o, busca la significaci&oacute;n de un texto oculto. En definitiva, se exige que se comprenda el sujeto como una interioridad que puede ser por completo analizable y determinada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tampoco el an&aacute;lisis existencial va a estar para Foucault en disposici&oacute;n de comprender la enfermedad mental en su g&eacute;nesis efectiva, en parte porque no est&aacute; en condiciones de atender, seg&uacute;n el Foucault de 1954, a las condiciones sociales, econ&oacute;micas y culturales. Aqu&iacute; es menester decir que Novella no nos facilita el camino, pues nada hay en su exposici&oacute;n que nos habilite para comprender la impotencia de Foucault atrapado entre la explicaci&oacute;n sociogen&eacute;tica de corte marxista y la anal&iacute;tico existencial. La alternativa aportada, por la que se establece el enlace entre la cr&iacute;tica a ambas corrientes y la soluci&oacute;n de su propia arqueolog&iacute;a de la psicolog&iacute;a y ontolog&iacute;a de la enfermedad mental, aparece sin un paso intermedio que el propio Foucault nos escamotea y el autor tampoco nos ofrece.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esto supone, desde luego, estar m&aacute;s all&aacute; del Foucault de esa primera etapa. Pero el autor nos ha ido dando claves, a mi entender, para transitar de una manera si no concluyente s&iacute;, al menos, factible. A todo lo largo del trabajo ha aparecido la negatividad del ser humano como un elemento expl&iacute;cito en el juego frente a las pretensiones de verdad de las ciencias (p. 22 y 66), o impl&iacute;cito en el trabajo de la imaginaci&oacute;n (p. 48). Esta negatividad est&aacute; actuando como desfondamiento de la subjetividad y tambi&eacute;n como condici&oacute;n de la aparici&oacute;n de lo completamente otro de s&iacute; (p. 38). Negatividad entendida como libertad y por tanto como el no ser en que consiste la subjetividad, algo indisponible no susceptible de ser determinado que posibilita la cancelaci&oacute;n de todo poder autorreferencial, la diferencia en que consiste el s&iacute; mismo (Selbst) que deja aparecer lo otro de s&iacute;. Supone tratar con un aspecto preterido de la subjetividad desde el racionalismo que Kant y el idealismo pusieron al descubierto y que no ha logrado ser conjurado desde entonces por la filosof&iacute;a y las ciencias. La transformaci&oacute;n sutil pero decisiva del t&iacute;tulo de la segunda edici&oacute;n de <i>Enfermedad mental y personalidad</i> (1954) como <i>Enfermedad mental y psicolog&iacute;a</i> (1962), denota ya la nueva l&iacute;nea abierta con <i>Historia de la locura</i> fuera de una explicaci&oacute;n estrictamente economicista. Se pone en duda el mismo estatus cient&iacute;fico de la psicolog&iacute;a y las dificultades de la propia psicopatolog&iacute;a por definir su lenguaje. Quedan de manifiesto la existencia de restos incontrolables pertenecientes a la historia de nosotros mismos que, en su car&aacute;cter de residuos, hablan del contenido ontol&oacute;gico usado, pero no determinado, agotado, o realizado, es decir, indisponible. Es, a mi ver, una influencia heideggeriana clara, que ahora va a ser le&iacute;da en clave nietzscheana y de Canguilhem y con ayuda de la terminolog&iacute;a estructural usada por el autor en la cr&iacute;tica al psicoan&aacute;lisis (p. 33). All&iacute; la oscilaci&oacute;n entre lenguaje y habla se hac&iacute;a ya en el mismo plano que la necesidad de remitirse a una experiencia concreta del ser humano real.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Acceder a esta experiencia requiere un uso de la contingencia y dispersi&oacute;n en que se queda desperdigado el acontecer hist&oacute;rico, un campo de sobras y restos, que la arqueolog&iacute;a pretende poder someter a cierto control y expresi&oacute;n. El problema es siempre hacer inteligible lo singular, por ello ese ejercicio arqueol&oacute;gico consiste en la reconstrucci&oacute;n incesante del significado hasta completar suficientemente el fen&oacute;meno dado, el signo o el s&iacute;ntoma. En este sentido dicha tarea puede considerarse de reflexi&oacute;n, y supondr&iacute;a hacerse cargo del procedimiento por el que la negatividad forma parte de la experiencia. Se requiere afrontar la tarea psiqui&aacute;trica de enunciar algo de alguien en su transici&oacute;n a lo otro de s&iacute;, como acto libre. Por ello se cita con pertinencia al final del libro (p. 72) la necesidad de acceder a un estrato de la mismidad que no siendo mera autorreferencia, sea producto del cuidado de s&iacute;, que permita una relaci&oacute;n con la verdad no moderna, por tanto que no sea aquella con la que se identifica la psicolog&iacute;a, una relaci&oacute;n que conlleva una determinaci&oacute;n inexorable para la psiquiatr&iacute;a que se sostiene en estos presupuestos. Todo esto debe ser la tarea de la psicopatolog&iacute;a.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Novella muestra como la obra de Foucault en los sesenta se aparta ya de la posibilidad de afectar a la psicopatolog&iacute;a. En base a la arqueolog&iacute;a y la genealog&iacute;a, se sit&uacute;a en la cr&iacute;tica, pero no est&aacute; en disposici&oacute;n de ofertar una alternativa a la psicopatolog&iacute;a porque se centra en el binomio sujeto-poder/saber-poder y no resuelve la relaci&oacute;n entre sujeto-signo-representaci&oacute;n, ante la que se hab&iacute;a dispuesto en sus obras tempranas. Querer situarse en el discurso para encontrar sus condiciones de posibilidad dentro de &eacute;l, sin reducir su verdad a la del objeto como hace el positivismo, le exige ontologizar el modo como se rige el propio discurso, finalmente como poder. En la actualizaci&oacute;n de las posibilidades de lo real elimina al sujeto de su sujeci&oacute;n entreg&aacute;ndolo a una trama dispersa de fragmentos y residuos, poderes y saberes que al plegarse generan zonas de subjetivizaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n lo hace con la libertad que abre desde s&iacute; mismo y deja aparecer lo otro de s&iacute; como inmediatez, retray&eacute;ndose. Y sin esta dimensi&oacute;n subjetiva no hay psicopatolog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cabe decir de esta lectura de Novella, l&uacute;cida y rigurosa, que hay que pasar por Foucault, entender su desarrollo y su encuentro con la psiquiatr&iacute;a para estar a la altura de la tarea de hacer psicopatolog&iacute;a, del mismo modo que estar en disposici&oacute;n de entender la aportaci&oacute;n de Foucault s&oacute;lo es posible, precisamente, por haberse planteado la psiquiatr&iacute;a y la psicopatolog&iacute;a como problemas. Porque del mismo modo que la psiquiatr&iacute;a se origina en el saber moderno, en la filosof&iacute;a y en las ciencias, s&oacute;lo remont&aacute;ndonos a sus problemas m&aacute;s b&aacute;sicos y fundamentales podremos atrapar sus posibilidades, obtener una identidad satisfactoria y cumplir con sus deberes comprensivos y terap&eacute;uticos. S&oacute;lo estando en condiciones de trazar su camino, podr&aacute; escapar a la coerci&oacute;n de una cientificidad limitante que en ella se manifestaba ejemplarmente. Estar a la altura del problema es a lo que contribuye con claridad este libro.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Pablo Ramos Gorostiza</b>, Hospital de La Princesa, Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Steven Jay Peitzman. Dropsy, dialysis, transplant. A short history of failing kidneys.</b> Baltimore: The John's Hopkins University Press; 2007, 213 p. ISBN 0801887348, &euro; 24,95.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El relato describe, seg&uacute;n el propio autor - nefr&oacute;logo e historiador -, el curso de la(s) enfermedad(es) renal(es), de su descubrimiento y conocimiento paulatino por parte de pacientes, m&eacute;dicos/as, pol&iacute;ticos, gobiernos, medios de comunicaci&oacute;n, fundaciones y corporaciones. Es un recorrido terminol&oacute;gico, de la perspectiva m&eacute;dica y del paciente, pero tambi&eacute;n del orden social, laboral y moral. El libro se dirige a un p&uacute;blico variado. Responde a las inquietudes cl&iacute;nicas de los profesionales sanitarios, de mentes abiertas interesadas por procesos biol&oacute;gicos y fisiol&oacute;gicos o de "profanos" con af&aacute;n de adquirir conocimientos t&eacute;cnicos sobre enfermedades del ri&ntilde;&oacute;n: ofrece datos y denominaciones, tratamientos y diagn&oacute;sticos, nombres de personalidades m&eacute;dicas, es decir, reconstruye la historia del conocimiento m&eacute;dico, de las t&eacute;cnicas y de la enfermedad. Al fin y al cabo, nos permite la comprensi&oacute;n de c&oacute;mo las enfermedades renales empezaron por una simple retenci&oacute;n de l&iacute;quidos y acabaron con la realizaci&oacute;n de trasplantes de &oacute;rganos. Pero el objetivo del autor no se detiene aqu&iacute;. Peitzman elabora la historia de los/las pacientes, de los cambios en su visi&oacute;n o encuentro con la enfermedad y explica la incorporaci&oacute;n progresiva de los actores sociales que configuran el mapa y conceptualizaci&oacute;n de las enfermedades renales. La(s) propia(s) enfermedad(es) adquiere(n) identidad propia, condiciona(n) las interacciones entre los dem&aacute;s sujetos implicados, el punto de vista cl&iacute;nico o la posici&oacute;n de las autoridades pol&iacute;ticas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El autor respeta en cada paso de su descripci&oacute;n los conceptos y t&eacute;rminos propios de la &eacute;poca, contextualiza los procesos y acontecimientos, sin &aacute;nimo de traducirlos al lenguaje tecnol&oacute;gico contempor&aacute;neo. Sin embargo, al final de cada cap&iacute;tulo, incluye el apartado <i>A later pespective</i>, donde presenta una explicaci&oacute;n cient&iacute;fica actual de los contenidos descritos en el cap&iacute;tulo. La bibliograf&iacute;a se organiza por cap&iacute;tulos y recoge una variedad de fuentes: desde textos como el de Richard Bright publicado en el <i>Reports of Medical Cases</i> (1827) a libros y art&iacute;culos actuales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El volumen comienza con una explicaci&oacute;n: ¿por qu&eacute; escribir un libro sobre la historia de la(s) enfermedad(es) del ri&ntilde;&oacute;n? La respuesta es tri-causal: por la incidencia actual (e hist&oacute;rica) de la enfermedad, para presentar c&oacute;mo se define, categoriza, entiende y trata la enfermedad y, tercero, como s&iacute;mbolo de la medicina tecnol&oacute;gica representada por la di&aacute;lisis y el trasplante. Nombrar estos tres objetivos no responde a la necesidad objetiva de justificar el libro, sino es, m&aacute;s bien, una forma de expresar a qui&eacute;nes se dirige el texto y un modo de explicar, de manera concisa, que la medicina altamente tecnol&oacute;gica tiene un pasado, un curso y un por qu&eacute;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La primera variable que cambia a lo largo de esta historia es el t&eacute;rmino mismo de afecci&oacute;n renal que pas&oacute; de ser una a m&uacute;ltiple. Los enfoques, tratamientos e investigaci&oacute;n se hicieron m&aacute;s complejos y los/las pacientes m&aacute;s numerosos (por lo menos se visualiz&oacute; m&aacute;s su existencia y participaci&oacute;n o los costes que generaban). Sin embargo, en el curso de la enfermedad renal hacia las enfermedades renales, el autor nos ofrece comparaciones y paralelismos (tanto reales, como simb&oacute;licos), en un aparente juego temporal y sit&uacute;a la historia de la(s) enfermedad(es) renal(es) en una espiral, con grandes bucles ascendentes. La t&eacute;cnica no es s&oacute;lo de estilo expositivo, sino un mensaje indirecto de c&oacute;mo la historia tiene momentos que se repiten o que se viven e interpretan desde una perspectiva parecida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La historia del la(s) enfermedad(s) renal(es) empieza en el siglo XVII, cuando est&aacute;n fechados los primeros documentos m&eacute;dicos escritos e ilustraciones representando enfermos/as con hidropes&iacute;a. En el cap&iacute;tulo se incluye la imagen de una mujer alemana, dibujada en 1695, sentada en una silla y con el cuerpo visiblemente afectado por la hidropes&iacute;a, una dolencia &uacute;nica a la que se enfrentaban los m&eacute;dicos como enfermedad (no como un c&uacute;mulo de s&iacute;ntomas) y descrita como parte del entorno natural. Los tratamientos eran de diur&eacute;ticos, purgantes, vomitivos y sudor&iacute;feros y se aplicaba a menudo la paracentesis como t&eacute;cnica quir&uacute;rgica de eliminaci&oacute;n del l&iacute;quido acumulado en el vientre. Los/las enfermos/as se convert&iacute;an en personas dependientes, con movilidad reducida, a menudo estaban postrados en una silla y, los que ten&iacute;an posibilidades econ&oacute;micas, buscaban alivio en lugares con climas c&aacute;lidos. La enfermedad se evidenciaba por la retenci&oacute;n de l&iacute;quidos tanto por los m&eacute;dicos como por el entorno social.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con el hallazgo de alb&uacute;mina en la orina y la deformaci&oacute;n del ri&ntilde;&oacute;n, evidenciada por la autopsia, realizado por Richard Bright (1789-1858), la enfermedad renal (todav&iacute;a una sola enfermedad) se enfoc&oacute; desde el mecanismo pato-fisiol&oacute;gico y se distanci&oacute; de su sentido social, f&aacute;cil de reconocer, y se concentr&oacute; en manos de los m&eacute;dicos el poder de convertir a las personas en enfermos/as y pacientes. La aportaci&oacute;n de Bright determin&oacute; el cambio del nombre de la hidropes&iacute;a, que pas&oacute; a ser a nivel formal "enfermedad de Bright" y a tratarse con bicarbonato s&oacute;dico, laxantes y dieta alimenticia. Adem&aacute;s, Bright identific&oacute; tres variantes de la ahora patolog&iacute;a, lo que llev&oacute; a la configuraci&oacute;n de dos corrientes de pensamiento: por un lado quienes cre&iacute;an que se trataba de tres enfermedades distintas (F. T. Von Frerichs) y, por otro, quienes las consideraban tres estados/variantes de una misma enfermedad (Rudolph Virchow, George Johnson o William Osler). La investigaci&oacute;n anatomo-patol&oacute;gica y fisiol&oacute;gica que se llev&oacute; a cabo sobre todo en Alemania e Inglaterra acab&oacute; formulando hacia principios del siglo XX un acuerdo acerca de la existencia de una forma aguda de la enfermedad de Bright, relacionada con enfermedades infecciosas previas, gota o exposici&oacute;n laboral al plomo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Thomas Addis, en 1931, reconcili&oacute; el modelo estructural y funcional de conocimiento m&eacute;dico y us&oacute; el nivel de creatinina en sangre como indicador de la funci&oacute;n renal. La conclusi&oacute;n de Addis fue que las nefronas de los ri&ntilde;ones da&ntilde;ados ten&iacute;an que compensar el trabajo de eliminar la urea producida por la ingesta de prote&iacute;nas. El tratamiento propuesto fue b&aacute;sicamente una dieta pobre en prote&iacute;nas, lo que situaba al propio enfermo como responsable de su evoluci&oacute;n, protagonista de su enfermedad, conocedor de sus s&iacute;ntomas y familiarizado con su tratamiento (al igual que lo hac&iacute;a la hidropes&iacute;a en el siglo XVII). El prop&oacute;sito del control de la dieta, m&aacute;s all&aacute; de la superaci&oacute;n o alivio de los s&iacute;ntomas, era la vuelta a una vida laboral activa como indicativo de mejor&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La investigaci&oacute;n m&eacute;dica del siglo XX sigui&oacute; teniendo como escenario los pa&iacute;ses europeos, aunque Estados Unidos se uni&oacute; con rapidez incorporando personal investigador de procedencia europea. El contexto de esta migraci&oacute;n fue la reforma de la educaci&oacute;n estadounidense (empezada en 1870) y la creaci&oacute;n de fundaciones de investigaci&oacute;n m&eacute;dica, gracias a la concentraci&oacute;n de capital y a la colaboraci&oacute;n entre investigadores procedentes de centros dispersos por la geograf&iacute;a estadounidense.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El acuerdo de los cient&iacute;ficos sobre el diagn&oacute;stico y especificidad del fallo renal agudo, llev&oacute; a identificar un nuevo tipo de patolog&iacute;a renal "aguda reversible", relacionada con la intoxicaci&oacute;n con bicloruro merc&uacute;rico (empleado como veneno en suicidios y abortos inducidos, sobre todo en la sociedad americana), el uso de f&aacute;rmacos antimicrobianos contra las neumon&iacute;as o meningitis (sulfonamidas) o tras lesiones musculares provocadas por bombardeos durante la segunda guerra mundial. El s&iacute;ndrome del fallo renal agudo se convirti&oacute; en s&iacute;mbolo del horror de la guerra, pero aceler&oacute; la b&uacute;squeda de conocimientos m&eacute;dicos y llev&oacute; a la creaci&oacute;n de la m&aacute;quina de hemodi&aacute;lisis (por Willem Kolff) y a su uso por primera vez en 1946 en Canad&aacute; y en 1948 en EEUU, curiosamente (¿o no?) en dos casos parecidos, de j&oacute;venes mujeres, sin recursos econ&oacute;micos, cuyo fallo renal agudo se hab&iacute;a producido tras un aborto auto-inducido con bicloruro merc&uacute;rico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hacia 1950, ya se hab&iacute;a definido la nefrolog&iacute;a como especialidad m&eacute;dica, la t&eacute;cnica de hemodi&aacute;lisis mejor&oacute; con el uso de nuevas m&aacute;quinas de acero inoxidable y el tratamiento se organiz&oacute; alrededor de unidades hospitalarias, con el apoyo de equipos multidisciplinarios de profesionales sanitarios. Se configuraba por tanto, el entramado institucional y organizativo de la especialidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La nomenclatura de las diversas enfermedades renales se aclar&oacute; una vez puesta en marcha la biopsia renal como t&eacute;cnica de diagn&oacute;stico exacto. Aunque las causas de las enfermedades renales no se especificaban, ponerle un nombre exacto a cada tipo de patolog&iacute;a ayud&oacute; al paciente, en opini&oacute;n del autor, al permitir adentrarse en los entresijos cl&iacute;nicos de su fallo renal y posicionarse en relaci&oacute;n con los/las m&eacute;dicos/as. La enfermedad se burocratiz&oacute; inscribi&eacute;ndose en las secciones 581 y 582 de la <i>Internacional Classification of Disease</i>, lo que configur&oacute; un marco legal para la gesti&oacute;n de facturas y costes derivados del tratamiento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La hemodi&aacute;lisis trascendi&oacute; la intervenci&oacute;n en el fallo renal agudo para aplicarse en el cr&oacute;nico cuando Belding Scribner evidenci&oacute; la irreversibilidad de algunas patolog&iacute;as renales. Las unidades de hemodi&aacute;lisis se multiplicaron aunque, en pa&iacute;ses como EE.UU., pese a contar con apoyo p&uacute;blico, se financiaban en gran medida con fondos privados o a trav&eacute;s de fundaciones en las que interven&iacute;an intereses econ&oacute;micos. Cuando la enfermedad renal cr&oacute;nica grave adopt&oacute; el rango de "enfermedad renal terminal" (1972, EEUU), los pacientes que la sufr&iacute;an pudieron beneficiarse de adquirir una certificaci&oacute;n del grado de discapacidad y se configur&oacute; un nuevo tipo de paciente, tambi&eacute;n profesionalizado (no s&oacute;lo por ser especialista en su propia enfermedad sino, tambi&eacute;n, porque su ocupaci&oacute;n suele ser su propia di&aacute;lisis).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hacia los a&ntilde;os ochenta, se increment&oacute;, sin precedentes, el n&uacute;mero de personas enfermas renales predominando en Norteam&eacute;rica los pacientes afroamericanos de edad mediana. La enfermedad renal alcanz&oacute; el grado de epidemia y se propusieron criterios de igualdad en el acceso a los recursos terap&eacute;uticos emergiendo, al mismo tiempo, cuestiones morales, como por ejemplo, si eran "buenos pacientes" o su aceptaci&oacute;n del hecho de estar conectados de por vida a la m&aacute;quina de di&aacute;lisis. En este punto, Peitzman reflexiona acerca de si la di&aacute;lisis puede considerarse un fallo o un &eacute;xito y concluye que se trata de un entramado de interacciones y debates entre quienes padecen la enfermedad y los profesionales que los atienden.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Las contribuciones de Alexis Carrel, U. U. Voronoy, George Thorn, Murray o Roy Calne (entre muchos otros), posibilitaron el desarrollo de t&eacute;cnicas y f&aacute;rmacos inmunosupresores que permitieron poner en marcha los transplantes renales. Una tecnolog&iacute;a que, para el autor, permiti&oacute; no s&oacute;lo el mantenimiento de los/las pacientes, sino, tambi&eacute;n, su curaci&oacute;n, la afirmaci&oacute;n de la virtud de la medicina altamente tecnol&oacute;gica y el final de la enfermedad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la transici&oacute;n de los siglos XX al XXI, se est&aacute; dando un enfoque preventivo a las enfermedades renales. Se ha retomado el inter&eacute;s por la dieta rica en prote&iacute;nas (por ejemplo Barry Brenner ha mostrado que la "hiperfiltraci&oacute;n" es el esfuerzo de las unidades celulares sanas del ri&ntilde;&oacute;n para filtrar las sustancias nocivas, en la misma l&iacute;nea que lo hizo Addis en 1931), por la medicaci&oacute;n contra la hipertensi&oacute;n y por frenar la "progresi&oacute;n" de la enfermedad. Las causas del da&ntilde;o renal no son prioritarias, son los factores de riesgo los que interesan ahora. En este siglo se ha abandonado el nombre de "fallo renal agudo" opt&aacute;ndose por "enfermedad cr&oacute;nica del ri&ntilde;&oacute;n", expresi&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil de entender para los ciudadanos, al igual que lo era la enfermedad de Bright en su momento, seg&uacute;n el autor. De la misma manera que Bright, los nefr&oacute;logos actuales alertan sobre la alta incidencia de enfermedades renales en la poblaci&oacute;n, aunque hoy en d&iacute;a el objetivo de las pol&iacute;ticas m&eacute;dicas es prevenir y detectar el fallo renal, de manera precoz. Pero, se pregunta el autor, ¿c&oacute;mo se van a enfrentar los gobiernos a los costes econ&oacute;micos de la asistencia? ¿C&oacute;mo se van a equilibrar los presupuestos entre la prevenci&oacute;n y los tratamientos de la enfermedad avanzada? ¿C&oacute;mo considerar el valor de la detecci&oacute;n precoz sin tener en cuenta los costes emocionales y econ&oacute;micos de declarar enfermos/as a millones de personas, s&oacute;lo a trav&eacute;s de una anal&iacute;tica sangu&iacute;nea? ¿C&oacute;mo hacer que la industria farmac&eacute;utica contribuya con medicamentos y aparatos, sin influir en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica? ¿C&oacute;mo puede el personal sanitario adaptarse a las necesidades emocionales y asistenciales de quienes padecen la enfermedad, mientras persiste el marco epidemiol&oacute;gico de la enfermedad?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al igual que al inicio del texto se anunciaban las razones por las que el pasado necesita ser explicado, el libro lanza nuevas preguntas sobre el futuro de las enfermedades del ri&ntilde;&oacute;n. Seguramente, para responder y comprender las preguntas sobre el futuro, se tendr&iacute;a que completar la historia de las enfermedades renales, que Pietzman acaba a comienzos del siglo XXI, incorporando los procesos tecnol&oacute;gicos, las implicaciones culturales y sociales del proceso, sin descuidar el cambio en las interacciones humanas y en la identidad de donantes y trasplantados/as en diferentes contextos culturales.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Alina Danet</b>, Escuela Andaluza de Salud P&uacute;blica</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Laurinda Abreu; Patrice Bourdelais; Teresa Ortiz-G&oacute;mez; Guillermo Palacios, eds. Dynamics of health and welfare: texts and contexts. Din&aacute;micas de salud y bienestar: textos y contextos.</b> &Eacute;vora: Edi&ccedil;&otilde;es Colibri; CIDEHUS/UE-Centro Interdisciplinar de Hist&oacute;ria, Culturas e Sociedades da Universidade de &Eacute;vora; Alfa-Graph/Phoenix TN; 2007, 256 p. ISBN 978-972-772-773-5.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las antolog&iacute;as de fuentes constituyen una herramienta de gran utilidad en el contexto de la ense&ntilde;anza universitaria pre y postgraduada, que cuenta con cierta tradici&oacute;n dentro de las ciencias hist&oacute;ricas. Desde hace d&eacute;cadas, las demandas docentes han estimulado el desarrollo de este g&eacute;nero en el &aacute;mbito de historia de la medicina; no as&iacute; en el caso de la salud p&uacute;blica cuya historia s&oacute;lo muy recientemente se ha configurado como materia de creciente atenci&oacute;n dentro de los estudios universitarios de postgrado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>Dynamics of health and welfare: texts and contexts</i> constituye una selecci&oacute;n antol&oacute;gica comentada de textos pasados y presentes sobre la salud p&uacute;blica y el bienestar social, y sus intersecciones con el g&eacute;nero y con los procesos migratorios y urban&iacute;sticos, centrado en Europa y Latinoam&eacute;rica. El material aparece agrupado en tres grandes campos tem&aacute;ticos, cada cual al cuidado de un equipo de editores espec&iacute;fico: "Salud y bienestar" (Laurinda Abreu y Patrice Bourdelais, p. 13-100), "Perspectivas en g&eacute;nero y salud" (Teresa Ortiz-G&oacute;mez y Denise Bernuzzi Sant'Anna, p. 101-173) y "Migraci&oacute;n, urbanizaci&oacute;n y salud" (Mar&iacute;a Rosa Gudi&ntilde;o, Laura Rojas y Guillermo Palacios, p. 175-256).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El volumen, resultado de un proyecto en el marco del programa Alfa de cooperaci&oacute;n internacional entre universidades de la Uni&oacute;n Europea y de Am&eacute;rica Latina, presenta un formato de manual universitario expresamente orientado a las demandas de la ense&ntilde;anza postgraduada en torno a la salud p&uacute;blica y a la historia de la medicina y de la salud. En sus tres partes, la informaci&oacute;n recogida se estructura de modo id&eacute;ntico. Cada parte se abre con una introducci&oacute;n general m&aacute;s bien breve (unas 15 p&aacute;ginas) sobre el tema. Le siguen quince ep&iacute;grafes tem&aacute;ticos que se presentan de forma muy escueta y se ilustran con uno o m&aacute;s documentos de una extensi&oacute;n conjunta breve (2-3 p&aacute;ginas). El broche final de cada parte lo pone una bibliograf&iacute;a general de los trabajos citados en ella. Las introducciones generales a las tres partes responden al mismo prop&oacute;sito: suministran un estado general del arte, apunt&aacute;ndose incluso algunas nuevas perspectivas en cada &aacute;mbito, y dan raz&oacute;n de los distintos ep&iacute;grafes tem&aacute;ticos bajo los cuales se organiza la antolog&iacute;a, todo ello convenientemente adobado con referencias bibliogr&aacute;ficas de las obras en cada secci&oacute;n m&aacute;s destacadas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los 45 grupos de documentos editados en las tres secciones (fundamentalmente fuentes hist&oacute;ricas, pero tambi&eacute;n algunos an&aacute;lisis hist&oacute;ricos o te&oacute;ricos de asuntos espec&iacute;ficos) ocupan una extensi&oacute;n breve (2-3 p&aacute;ginas), ilustran cuestiones relativas a la salud p&uacute;blica y las citadas intersecciones en Europa y Am&eacute;rica Latina fundamentalmente durante los siglos XIX y XX, y se publican en ingl&eacute;s, castellano, portugu&eacute;s y, en menor medida, franc&eacute;s. Sus introducciones aparecen redactadas en la misma lengua que los textos. La bibliograf&iacute;a suministrada (m&aacute;s de 700 referencias) tiene por lenguas vehiculares predominantes el ingl&eacute;s, el castellano y el portugu&eacute;s, y en mucha menor medida, el franc&eacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si se hiciera una nueva edici&oacute;n de esta obra, ser&iacute;a deseable un mayor cuidado editorial, particularmente en la tipograf&iacute;a, que se ver&iacute;a beneficiada del uso de una mayor variedad de tipos y estilos gr&aacute;ficos para distinguir mejor las presentaciones de los documentos, de la edici&oacute;n propiamente dicha de &eacute;stos; en la incorporaci&oacute;n a la bibliograf&iacute;a general de las tres partes, de algunas referencias citadas en sus estudios introductorios; y en la evitaci&oacute;n de reiteraciones de las filiaciones institucionales de las autor&iacute;as, que hubiera podido resolverse de forma m&aacute;s satisfactoria con una &uacute;nica relaci&oacute;n completa, al comienzo o final de la obra, de las personas colaboradoras en &eacute;sta.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cualquier caso, las observaciones se&ntilde;aladas no restan un &aacute;pice de inter&eacute;s a una iniciativa editorial internacional que proporciona una herramienta sumamente &uacute;til para la docencia postgraduada tanto en historia de la medicina y de la salud, como en aquellos programas de especializaci&oacute;n en salud p&uacute;blica que reconocen el valor a&ntilde;adido que la perspectiva diacr&oacute;nica aporta a la formaci&oacute;n de los futuros profesionales. En efecto, esta antolog&iacute;a ofrece, bajo una vertebraci&oacute;n coherente y una contextualizaci&oacute;n oportuna de las cuestiones tratadas, una muestra documental representativa de las principales cuestiones, pasadas y presentes, en relaci&oacute;n a la salud en Europa y Latino-am&eacute;rica y a sus intersecciones con el g&eacute;nero y los procesos migratorios y urban&iacute;sticos. No puedo por menos que destacar, finalmente, el esfuerzo desplegado por los cuatro editores generales de la obra y por los siete espec&iacute;ficos a cargo de sus tres partes, para coordinar un equipo interdisciplinario de veinticuatro profesionales (si se incluyen los editores), vinculados a instituciones acad&eacute;micas (universidades, sobre todo) europeas (cinco hispanas, una sueca, una francesa y una portuguesa) y latinoamericanas (dos mexicanas, cuatro brasile&ntilde;as y una argentina).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Jon Arrizabalaga</b>, IMF-CSIC, Barcelona</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Consuelo Miqueo Miqueo, Mar&iacute;a Jos&eacute; Barral Mor&aacute;n, Carmen Magall&oacute;n Portol&eacute;s, coords. Estudios iberoamericanos de g&eacute;nero en ciencia, tecnolog&iacute;a y salud: GENCIBER.</b> Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza; 2008, 783 p. ISBN 978-84-7733-971-7.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las comunidades epist&eacute;micas pueden levantar barreras para distinguirse de otras, evitarlas y hasta tratar de derribarlas. Entre el soslayo y el derribo se despliegan las pr&aacute;cticas de las mujeres contempor&aacute;neas. Por un lado se establecen, se sit&uacute;an en lugares donde se aprende y se ense&ntilde;a. En esas colocaciones, muchas se estudian a s&iacute; mismas, otras exploran genealog&iacute;as; las que no, analizan la autoridad y el mando. En ese trayecto hacia la sabidur&iacute;a que sea se dibujan las identidades, se cartograf&iacute;an planes de trabajo y se construyen las siluetas de mundos en los que diferentes perspectivas conviven y se exponen entre s&iacute;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El congreso de Zaragoza de Ciencia, Tecnolog&iacute;a y G&eacute;nero que se celebr&oacute; en 2006 forz&oacute; con &eacute;xito la integraci&oacute;n de las feministas acad&eacute;micas procedentes de los estudios de filosof&iacute;a y las de aquellas procedentes de la medicina. Salud y medio ambiente se combinaron en la agenda a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n de las m&eacute;dicas, mientras se manten&iacute;an los estudios de g&eacute;nero de los sistemas de ense&ntilde;anza - tanto en el sistema sanitario como en el de las denominadas ciencias - y los trabajos dirigidos a la paridad en el sistema de ciencia y tecnolog&iacute;a, de forma que se compart&iacute;an referentes intelectuales, marcos anal&iacute;ticos y criterios epistemol&oacute;gicos feministas propios de los estudios sociales y culturales de la producci&oacute;n de conocimiento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La salud de las mujeres y el pensamiento filos&oacute;fico feminista tiene muchas intersecciones, pero los encuentros sociales, aunque sean de tipo acad&eacute;mico, no son habituales. Se comparten preocupaciones: hay semejanzas en las imperfecciones de los mundos de los que se ocupan. Las diversidades que se mostraron ata&ntilde;en a subjetividades y emociones, a genealog&iacute;as y discriminaciones, a sesgos y prejuicios de las pr&aacute;cticas profesionales, intelectuales y de pensamiento que fueron objeto de las conferencias, mesas redondas y ponencias as&iacute; como de la novedad que supuso el taller sobre subjetividad fragmentada y trasgresi&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En esta publicaci&oacute;n que recoge esas actividades, se muestran esas diversidades y al mismo tiempo se trazan trayectos de trabajo, encuentros disciplinares y profesionales entre pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y anal&iacute;ticas, entre medicina, antropolog&iacute;a y filosof&iacute;a, intersecciones de estrategias, generalmente de inclusi&oacute;n. El conjunto es un completo despliegue de los temas atendidos por un conjunto variado de personas que se encuentran para mostrar precisamente esos cruces y esas intersecciones. Los espacios compartidos se reflejan en las referencias bibliogr&aacute;ficas tanto como en los temas y en la composici&oacute;n del comit&eacute; cient&iacute;fico. En &eacute;ste - entre fil&oacute;sofas, m&eacute;dicas, cient&iacute;ficas sociales y experimentales qued&oacute; hecho el programa - Eulalia P&eacute;rez Sede&ntilde;o, iniciadora de la organizaci&oacute;n de estos congresos pioneros en Espa&ntilde;a, y Marta I. Gonz&aacute;lez; la coordinadora de la organizaci&oacute;n, Consuelo Miqueo, una de las m&aacute;s eficaces promotoras de los estudios de mujer y salud junto a otras en el comit&eacute;, entre ellas Teresa Ortiz y Carme Valls. La presencia espa&ntilde;ola fue grande pero no la &uacute;nica y el apelativo "iberoamericano" se apoyaba en la participaci&oacute;n en el dise&ntilde;o del congreso de Diana Maf&iacute;a, Silvia Kochen, Gloria Bonder y Norma Bl&aacute;zquez, por citar s&oacute;lo algunas de las mujeres que en la Am&eacute;rica Latina se ocupan de los asuntos de g&eacute;nero en sus comunidades profesionales y nacionales de la regi&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El grupo Genciana - organizador del congreso, editor del libro, uno de los que en Espa&ntilde;a es m&aacute;s activo en el trabajo permanente sobre mujeres, ciencia, salud y g&eacute;nero - ha dado un estilo al volumen, que recoge una buena parte de los estudios que se presentaron al congreso. Im&aacute;genes sexuadas de las ciencias - biotecnolog&iacute;as, pr&aacute;ctica m&eacute;dica y en general biolog&iacute;a son las m&aacute;s f&aacute;cilmente visibilizadas pero no son las &uacute;nicas -, genealog&iacute;as de mujeres sabias y sus experiencias en la producci&oacute;n de saberes y pr&aacute;cticas de salud y cient&iacute;ficas, sociolog&iacute;a de las mujeres en la vida acad&eacute;mica, documentaci&oacute;n, ling&uuml;&iacute;stica y antropolog&iacute;a y vida de mujeres son los temas articuladores del &iacute;ndice.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por suerte, los estudios de g&eacute;nero apenas necesitan presentaci&oacute;n. Su visibilidad y su representaci&oacute;n perfilan y retratan pr&aacute;cticas dirigidas a poner de manifiesto las barreras que para las mujeres tiene el mundo profesional androc&eacute;ntrico tanto como la participaci&oacute;n de im&aacute;genes igualmente sesgadas del conocimiento de los cuerpos, la vida y los materiales de las culturas en la historia y en la contemporaneidad. Los cuerpos entran y salen de las salas de discusi&oacute;n, de disecci&oacute;n, de atenci&oacute;n sanitaria, de las aulas educativas y de los laboratorios, de los centros de toma de decisiones pol&iacute;ticas. Su transparencia se hace visible a trav&eacute;s de las distintas aproximaciones metodol&oacute;gicas al estudio de la identidad y de los espacios en los que esas identidades se desarrollan. En esos lugares de trabajo, las mujeres se colocan, unas se cuelan, otras se apoyan en aquellas cuya genealog&iacute;a rastrean, y la permanente reflexividad de los discursos y las pr&aacute;cticas, los rasgos activistas se coordinan bien en esta gu&iacute;a de estudios de g&eacute;nero.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las coordinadoras quisieron y lograron un espacio visible sin techos de cristal. Este libro muestra el esfuerzo de integraci&oacute;n. Las compilaciones de comunicaciones a congresos son m&aacute;s que referencias para estudiantes y menciones en curr&iacute;cula que exhiben distinci&oacute;n acad&eacute;mica, sabidur&iacute;a y cualidades sociales; constituyen la puesta en escena de la memoria colectiva de una comunidad extensa y variada que se abre paso en la vida acad&eacute;mica en Espa&ntilde;a e Iberoam&eacute;rica con visibilidad creciente aunque protagonismo acad&eacute;mico aun pendiente. No se conoce otra forma de contribuir al reconocimiento que hacer visible la autoridad entre mujeres que desplazan las barreras que pudo haber levantado el tecnicismo amn&eacute;sico de apariencia neutral que se sigue ense&ntilde;ando en las aulas de cualquier escuela.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El repaso del &iacute;ndice es informativo, evocador y sugerente de otras pr&aacute;cticas que indagan en supuestas anomal&iacute;as, en incertidumbres y hasta en las certezas adquiridas. Las mujeres en las comunidades cient&iacute;ficas, la perspectiva de g&eacute;nero en educaci&oacute;n, discursos y pr&aacute;cticas de mujeres y perspectivas de salud y biotecnolog&iacute;as en las vidas de las mujeres articulan el conjunto. Son los temas sobre los que los estudios de g&eacute;nero se han ocupado y se ocupan y la muestra es conveniente adem&aacute;s de excelente. Deja el rastro de todas quienes pasamos por all&iacute; y es hora de devolver a las editoras un reconocimiento agradecido.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Jes&uacute;s Santesmases</b>, CSIC, Madrid</font></p>      ]]></body>
</article>
