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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Nutrición enteral: pasado y futuro]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital de León Servicio de Farmacia ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Perioperative nutrition has during the last century been transformed from a tool to provide calorie and nitrogen support to a tool to boost the immune system and increase resistance to complications. Despite all progress in medicine and surgery has perioperative morbidity, rate of infections, thrombosis and development of serosal adhesions remained the same as long as can be judged or at least during the last eighty years. Most prone to develop complications are persons above the age of 65 and persons with depressed immunity. About cighty percent of the immune system is localised in the gastrointestinal tract, which offers great opportunities for modulation through enterar nutrition. As the stomach has a tendency to develop postoperative paralysis, tube feeding is often necessary. Andresen demonstrated already in 1918 the advantages of enteral nutrition, which starts already on the table. Mulholland et al and Rhoads and co-workers demonstrated during the 1940s certain advantages of enteral tube feeding. Also works by Alexander, Fischer, Ryan and their co-workers supported the value of early enteral feeding, and suggested enteral feeding as an effective tool to boost the immune system. it was, however, works published in the early nineties by Moore et al and by Kudsk et al, which made surgeons more aware of the advantages of early enteral nutrition. Major surgery is known to have a high rate of complications. Uninterrupted perioperative nutrition, eg nutrition during the night before, during surgery and immediately after offers a strong tool to prevent complications. lt is essential that the nutrition provides food also for the colon, e.g. fibres and healthy bacteria (probiotics) to ferment the fibre and boost the immune system.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Nutrición enteral perioperatoria]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Enteral nutrition perioperative]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="4"><b>Alimentos funcionales</b></font></p>           <p><b><font size=5>Nutrición enteral: pasado y futuro</font></b></p>           <p><font size="3">S. Bengmark<sup>*</sup> y J. J. Ortiz de Urbina<sup>#</sup></font></p>           <p><font size="2"><i><sup>*</sup> Departamento de Hepatología y Cirugía, Facultad de Medicina, Universidad de Londres. RU.       <sup> #</sup> Servicio de Farmacia,    <br>       Hospital de León. León.</i></font></p>           <p>&nbsp;</p>           <div align="center">             <center>         <table border="0" width="100%">           <tr>             <td width="48%" valign="top">           <p><b>Resumen</b> </p>               <b>         Durante el último siglo la nutrición perioperatoria ha pasado de ser un          mero instrumento para proporcionar calorías y soporte nitrogenado a una          herramienta reforzadora del sistema inmunológico aumentando la resistencia          a las complicaciones. A pesar de todo el progreso que ha experimentado          la medicina y la cirugía, la morbilidad perioperatoria, tasa de infecciones,          trombosis y formación de adherencias postoperatorias permanecen iguales          al menos durante los últimos ochenta años. Las personas con edad superior          a 65 años y con la inmunidad deprimida son las más propensas a desarrollar          complicaciones. En torno al ochenta por ciento del sistema inmunológico          se localiza en el tracto gastrointestinal, permitiendo grandes oportunidades          para la modulación a través de la nutrición enteral. Cuando el estómago          tiene tendencia a desarrollar parálisis postoperatoria es necesaria frecuentemente          la alimentación por medio de sonda. Andersen demostró alrededor de 1918          las ventajas de la nutrición enteral, que comienzan ya en la mesa de operaciones.          Mulholland y cols. y Rhoads y cols. demostraron durante 1940 ciertas ventajas          de la alimentación enteral por sonda. Igualmente los trabajos de Alexander,               Fischer, Ryan y cols. apoyaron la importancia del inicio precoz de la          alimentación enteral, sugiriendo que este tipo de alimentación puede ser          efectiva como apoyo al sistema inmunológico. Fueron, sin embargo, los          trabajos publicados al inicio de los años noventa por Moore y cols. y          por Kudsk y cols. los que hicieron más consciente a los cirujanos de las          ventajas de la nutrición enteral precoz. La cirugía mayor con amplias          resecciones se conoce por tener una alta proporción de complicaciones.          La nutrición perioperatoria ininterrumpida, por ejemplo la nutrición durante          la noche anterior, durante la cirugía e inmediatamente después ofrece          un instrumento muy eficaz para prevenir las complicaciones. Es esencial          que la nutrición también proporcione alimento al colon, por ejemplo fibras          y bacterias promotoras de la salud (probióticos) para fermentar la fibra          y reforzar el sistema inmunológico.</b>           <p align="right">(<i>Nutr Hosp</i> 2004, 19:110-120)</p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Palabras clave: <i> Nutrición enteral perioperatoria.</i></p>             </td>             <td width="4%">&nbsp;</td>             <td width="48%" valign="top">           <p align="center"><b>ENTERAL NUTRITION: PAST AND FUTURE</b></p>               <b>         Abstract&nbsp;</b>                   <p><b>         Perioperative nutrition has during the last century been transformed from          a tool to provide calorie and nitrogen support to a tool to boost the          immune system and increase resistance to complications. Despite all progress          in medicine and surgery has perioperative morbidity, rate of infections,          thrombosis and development of serosal adhesions remained the same as long          as can be judged or at least during the last eighty years. Most prone          to develop complications are persons above the age of 65 and persons with          depressed immunity. About cighty percent of the immune system is localised          in the gastrointestinal tract, which offers great opportunities for modulation          through enterar nutrition. As the stomach has a tendency to develop postoperative               paralysis, tube feeding is often necessary. Andresen demonstrated already          in 1918 the advantages of enteral nutrition, which starts already on the               table. Mulholland et al and Rhoads and co-workers demonstrated during          the 1940s certain advantages of enteral tube feeding. Also works by Alexander,               Fischer, Ryan and their co-workers supported the value of early enteral               feeding, and suggested enteral feeding as an effective tool to boost the          immune system. it was, however, works published in the early nineties          by Moore et al and by Kudsk et al, which made surgeons more aware of the          advantages of early enteral nutrition. Major surgery is known to have          a high rate of complications. Uninterrupted perioperative nutrition, eg          nutrition during the night before, during surgery and immediately after          offers a strong tool to prevent complications. lt is essential that the          nutrition provides food also for the colon, e.g. fibres and healthy bacteria               (probiotics) to ferment the fibre and boost the immune system.</b></p>             </center>           <p align="right">(<i>Nutr Hosp</i> 2004, 19:110-120)</p>           <p align="left">Key words: <i> Enteral nutrition perioperative.</i></p>           </td>           </tr>         </table>       </div>       <hr width="48%" align="left">         <p align="left"><font size="2"><b>Correspondencia:</b> Stig Bengmark.&nbsp;    <br>  Departamento de Hepatología        y Cirugía.&nbsp;    <br>  Facultad de Medicina.&nbsp;    <br>  Universidad de Londres (UK).    <br>     <a href="mailto:sbengmark@onetel.net.uk">sbengmark@onetel.net.uk</a></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="2">Recibido: 12-VI-2003.    <br> Aceptado: 30-XII-2003.</font></p>        <p align="left">&nbsp;</p>       <p align="left"><b>Introducción</b></p>        <p align="left">Existen tres factores principales en toda cirugía mayor          de gran importancia para el resultado final. Estos factores, todos con          igual importancia, son: el estado inmunológico del paciente y su resistencia          para enfermar; el tratamiento perioperatorio, del que la nutrición es          un ingrediente importante y el conocimiento, experiencia y habilidad del          cirujano. Hubo un tiempo en que se dio demasiado énfasis a la importancia          de las habilidades personales del cirujano, pero se aprendió amargamente          que sin una selección apropiada de pacientes y un tratamiento perioperatorio          de calidad no se lograban los objetivos esperados de la operación.</p>           <p align="left">Casi el 20 por ciento de la población occidental, y un número          creciente en el resto del mundo, sufren una sintomatología relacionada          con el estilo de vida llamado <i>síndrome metabólico</i>, caracterizado          por uno o más de los siguientes síntomas: obesidad, hipertensión, intolerancia          a la glucosa, dislipidemias, resistencia a insulina, depresión mental          y otras manifestaciones. Todos ellos, a menudo graves<sup>1</sup>.          Cerca de la mitad de los pacientes de los hospitales occidentales se piensa          que pueden sufrir el síndrome metabólico, y es precisamente entre estos          individuos donde se encuentran la mayoría de los pacientes que sufren          patologías endémicas tales como: enfermedad coronaria, diabetes, cáncer,          artritis y enfermedades neuro-degenerativas. Lo más importante en esta          relación es que en este grupo de pacientes, con frecuencia, existen complicaciones          y secuelas a la cirugía como infecciones, trombosis y formación de adherencias<sup>          1,2</sup>. Debemos dar una gran importancia a la identificación          del síndrome metabólico eventual, tomando medidas no sólo antes sino también          durante y después de la cirugía. Los recientes avances en medicina y nutrición          proporcionan un nuevo y mejor entendimiento de los potentes tratamientos          para prevenir los pobres resultados en estos pacientes sensibles, frecuentemente       immuno-deprimidos.</p>             <p align="left">Durante siglos y milenios la nutrición oral/enteral asociada          con la cirugía fue la única alternativa. Sólo desde hace pocas décadas          se ha hecho posible la nutrición enteral por medio de sonda y se ha generalizado          su uso. Es cierto que a lo largo de varios siglos se intentó desarrollar          alimentos y tubos para alimentación por sonda, pero el método que seguía          dominando para la alimentación perioperatoria seguía siendo comer o beber.          La frecuente parálisis intestinal que se producía y que hacía la alimentación          oral difícil o imposible, se aceptó como una consecuencia fisiopatológica          normal de la cirugía que no podía evitarse. Para puentear el problema          la instilación rectal de nutrientes fue una práctica frecuente durante          el siglo XIX y principios del XX. Sólo durante el último siglo se ha reconocido          que la parálisis gastrointestinal (Gl) está restringida principalmente          al estómago y que se puede evitar en gran medida.</p>           <p align="left">Nos han pedido que contribuyamos con un artículo sobre la          nutrición en la cirugía, su pasado y futuro. La mayoría de estudios realizados          hasta ahora se han hecho en relación con la cirugía gástrica y colónica.          Sin embargo, en los últimos años existe un interés creciente entre los          cirujanos por realizar estudios especiales en pacientes sometidos a cirugía          pancreática y hepática, incluido el trasplante hepático, probablemente          porque la morbilidad postoperatoria es considerablemente más alta en la          cirugía de órganos sólidos. Nuestra intención con este artículo no es          proporcionar una revisión exhaustiva, sino enfocar los esfuerzos hacia          una nutrición enérgica perioperatoria. Nos centraremos por ello en revisar          algunos estudios individuales realizados durante el último siglo que desde          nuestro punto de vista subjetivo han contribuido a avanzar en esta disciplina.          Lamentando que al hacerlo omitamos algunas contribuciones importantes.</p>             <p align="left"><b>1918 - Albert F.R. Andresen, Brooklyn (NY)</b></p>             <p align="left">Durante la segunda década del siglo XX la alimentación por          sonda se había hecho posible gracias a sondas adecuadas como la gastroduodenal          de Rehfuss. Andresen<sup>3</sup> no sólo comprendió que          esta sonda podía usarse con éxito para nutrición enteral pre- y perioperatoria,          si no que también entendió que la nutrición enteral debería proporcionarse          inmediatamente. Escribió: <i>&quot;La alimentación comienza enseguida,          ya en la mesa de operaciones, aproximadamente doscientos o doscientos          cincuenta ml que se administran muy lentamente</i>&quot;. Se usó una          solución caliente realizada en el hospital (40,6 ºC) que consistía en          leche peptonizada y dextrosa. Además, la alimentación se dio frecuentemente          &quot;<i>sin despertar al paciente, día y noche</i>&quot;. Cuando          empezó la alimentación en la mesa de operaciones, con el abdomen abierto          pudo observar que &quot;<i>los prime-ros cien ml distendieron el yeyuno.          Detrás del estoma de la gastroyeyunostomía. Pero entonces se producían          fuertes contracciones peristálticas que rápidamente empujaban el volumen          hacia abajo, lo que permitía que cuando se administrara toda la cantidad          el yeyuno estuviera vacío&quot;</i>. Andresen concluyó que había mostrado          que la alimentación yeyunal precoz &quot;<i>no sólo es segura sino que          es un procedimiento sumamente valioso, y recomendable</i>&quot;. Añadió          que &quot;<i>debe probarse en todo tipo de casos, como un método más          seguro y en la mayoría de los casos un método menos incómodo de administración          postoperatoria de líquidos y nutrientes que los métodos usados ordinariamente&quot;</i>.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">No hay nada que indique que los trabajos pioneros de Andresen          recibieran alguna atención por parte de sus colegas quirúrgicos. De hecho,          tuvieron que pasar muchos años antes de que sus postulados fueran generalmente reconocidos. Hay pocos datos que indiquen un interés importante en la          nutrición por parte de los cirujanos en ese momento. Tampoco se realizó          mucha investigación en nutrición perioperatoria en esos días. </p>             <p align="left">         Sin embargo, trabajos realizados durante los años treinta e inicios de          los cuarenta por Ravdin y cols.<sup>4,5</sup> (EE.UU.) y Cuthbertson<sup> 6</sup>, entre          otros, atrajeron la atención sobre la hipoproteinemia como factor especial          de riesgo de obtener pobres resultados, y creó un interés general por          proporcionar más nitrógeno, tanto intravenoso como enteralmente. Elman<sup>          7</sup> y Brunschwig y cols.<sup>8</sup> mostraron          al principio de los años cuarenta que la sustitución de proteínas por          aminoácidos de hidrolizado de caseína no sólo era factible sino que también          era segura. También se dispuso de nuevas y mejores sondas gastrointestinales          como la Levin y la Abbott-Rawson. Además, se disponía de formulaciones          preparadas por la industria para el suministro de nitrógeno y calorías          como Amigen (hidrolizado de caseína, conteniendo aproximadamente 85% de          amino-ácidos libres y 15% de polipeptidos) y Nutramigen (Amigen más azúcar,          grasa neutra, fibra como el almidón de arrurruz, gluconato de calcio,          minerales y levadura de cerveza), ambos de Mead-Johnson. Todo esto contribuyó          a aumentar significativamente el interés entre los cirujanos por una nutrición          perioperatoria más agresiva, de lo que fue en el pasado.             <p align="left"><b>1943 y 1947 - Mulholland y Rhoads</b></p>             <p align="left">En 1943 John H Mulholland y cols. del hospital Bellevue          de Nueva York, realizaron un pequeño pero, para su época, importante estudio<sup>9</sup>          que se convirtió en el primer intento de comparar la nutrición parenteral          y enteral de una manera sistemática. A un grupo de pacientes se les proporcionó          una mezcla intravenosa seguida por un aumento gradual en la alimentación          oral, siguiendo el procedimiento estándar de esa época; el otro grupo          se alimentó a través de una sonda de doble luz Molinero-Abbott con una          combinación de Amigen y Nutramigen. Los autores comunican un balance nitrogenado          positivo, un excedente en el nitrógeno acumulado y un aumento progresivo          en el peso corporal y en las proteínas plasmáticas en los pacientes a          los que proporcionaron una nutrición enteral protein-reforzada. Sin embargo,          el grupo de nutrición parenteral contrasta claramente por el déficit de          nitrógeno acumulado, la disminución progresiva en el peso corporal y en          las proteínas plasmáticas que se observan durante los primeros 7-12 días.</p>             <p align="left">Un estudio igualmente importante se publicó cuatro años          después por Rhoads y cols. en Philadelphia<sup> 10</sup>.</p>             <p align="left">Los autores compararon la eficacia de cinco fórmulas de          nutrición diferentes que estaban disponibles en ese momento: comida hecha          en el hospital especialmente preparada en una cocina metabólica; comida          hospitalaria reforzada con Amigen; sólo Amigen; hidrolizado de lactoalbúmina          y una preparación especial realizada en el hospital que consistía en 500          ml de leche desnatada reforzada por la suplementación con 50 g de leche          desnatada en polvo, 50 g de requesón, 50 g de harina de soja y un huevo.          Los diferentes métodos parecían ser igualmente eficaces con tal de que          se satisficiera una demanda mínima de 0,3 g de nitrógeno / Kg peso corporal          y 30 calorías / Kg peso corporal.</p>             <p align="left"><b>1980 - Fischer, Alexander, Shephard y Roediger</b></p>             <p align="left">En el año 1980 se publicaron varios estudios importantes,          de los que seleccionamos cuatro:</p>           <p align="left">1. Fischer y cols. en Cincinatti publicaron en 1980 un estudio          muy interesante<sup>11</sup>, dónde se seleccionaron pacientes          sometidos a cirugías muy amplias: esofágica, gastroduodenal, biliar y          pancreática. Recibieron de forma randomizada terapia intravenosa de glucosa          isotónica o suplemento de dieta elemental (Vivonex, laboratorios Eaton)          por vía del catéter de la yeyunostomía. La infusión enteral se iniciaba          inmediatamente al llegar los pacientes a la sala de reanimación a una          velocidad de 50 ml/h.</p>             <p align="left">En los 26 pacientes que recibieron la alimentación enteral          y en los 22 pacientes del grupo control intravenoso, el balance nitrogenado          acumulado de 10 días fue de + 11,7 ± 5,4 y - 44,7 ± 6,5 de media          respectivamente (p = 0,0001). Los pacientes alimentados enteralmente no          sufrieron pérdida de peso (+0,02 ± 0,5 Kg) comparados con los alimentados          intravenosamente (-3,8 ± 0,3 Kg). El único efecto adverso observado          fue la diarrea que ocurrió en el 34% de los pacientes junto a la rotura          de un catéter. Es importante destacar que la alimentación enteral a 50          ml/h en el postoperatorio inmediato se realizó sin que se observara ninguna          consecuencia negativa.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">2. Alexander, Fischer y cols. también publicaron en 1980          un estudio<sup> 12</sup> en niños con quemaduras del 60%          de la superficie total de promedio. A un grupo de pacientes se les proporcionó          una dieta normal con un suplemento nutritivo equilibrado (se les suministro          de promedio el 87% de la ingesta calórica deseada, 17% de proteína) y          al otro grupo se le suplementó con proteínas del suero de la leche (recibieron          de promedio el 78% de la ingesta calórica deseada, 23% de proteína). El          primer grupo (grupo proteína normal) demostró, comparandolo con el grupo          proteína-reforzado un peor índice de opsonización (0,42 ± 0,04 <i>vs</i>          0,62 ± 0,05; p &lt; 0,007), niveles más bajos de C3 (1371 ± 55 vs 1585          ± 64 mcg/ml; p &lt;0,01), niveles más bajos de IgG (805 ± 52 <i>vs</i>          975 ± 56 mcg/ml; p &lt; 0,03), niveles más bajos de transferrina (200          ± 10 <i>vs</i> 283 ± 18 mg/dl; p &lt; 0,0001), niveles más bajos de proteína          sérica (5,5 ± 0,1 <i>vs</i> 6,3 ± 0,2 g/dl; p &lt; 0,005), más días de          bacteriemia (11% <i>vs</i> 8%; p &lt; 0,005) y peor supervivencia (5/9-56%          <i>vs</i> 9/9-100%; p &lt; 0,03). Aunque ya se había discutido en el pasado,          este trabajo mostró la fuerte asociación entre alimentación e immunocompetencia.</p>             <p align="left">3. Aunque se suponía, nunca se había demostrado que al comer          se incrementa el flujo de sangre visceral, la motilidad intestinal y la          absorción. Por lo tanto, en cirugía el aporte de nutrientes al tracto          gastrointestinal debe ser pre-requisito para mantener la motilidad Gl          y el flujo de sangre visceral y de la mucosa. Shephard<sup>13 </sup>demostró          en 1980 la presencia de autorregulación del flujo de sangre intestinal          durante la absorción de alimentos, y que tanto los mecanismos metabólicos          como los miogénicos estaban implicados.</p>             <p align="left">4. Roediger en Melbourne (Australia) publicó en 1980 un          estudio<sup>14</sup> qué atrajo la atención del papel de          la fermentación microbiana y de la fermentación de productos para la nutrición          del intestino. Los combustibles respiratorios preferidos de la mucosa          del intestino delgado son la glutamina y los cuerpos cetónicos en lugar          de la glucosa que se oxida pobremente y se convierte mayoritariamente          en ácido láctico. </p>             <p align="left">Las bacterias anaerobias producen en el colon ácidos grasos          de cadena corta (AGCCs), principalmente acetato, propionato y butirato,          solubles en agua y fácilmente absorbibles. Roediger demuestra que, por          lo menos en la rata, más del 80% de la necesidad de energía de la mucosa          del colon se obtiene de ácidos grasos producidos intraluminalmente y absorbidos,          principalmente n-butirato. Basado en sus estudios, Roediger sugiere que          los ácidos grasos de las bacterias anaerobias son la fuente principal          de energía para la mucosa del colon, particularmente del colon distal.</p>             <p align="left"><b>Ryan y una vez más la alimentación postoperatoria precoz</b></p>             <p align="left">Ryan y cols. publicaron en 1981 un estudio muy interesante<sup>15</sup>          sobre la alimentación yeyunal con una dieta elemental en el postoperatorio          inmediato de cirugía gastrointestinal. Este trabajo se había realizado          en los años 1975-76, pero por alguna razón desconocida no se publicó hasta          1981. Fue este trabajo el que estimuló a Fischer y sus colaboradores a          realizar el estudio descrito anteriormente y en el que también participó          Ryan.</p>             <p align="left">Ryan hace referencia a la extensa investigación realizada          durante los años 60 y 70 (desgraciadamente no observada por más médicos)          que convincentemente mostraba que la motilidad y la absorción del intestino          delgado es normal también en el período postoperatorio inmediato. Reconoció          el hecho de que varios investigadores han utilizado anteriormente estos          conocimientos como razón para administrar tempranamente fluidos y nutrientes          en el yeyuno después de cirugía gastrointestinal. Lamentablemente, estos          conocimientos continuaron pasando inadvertidos para la mayoría de los          médicos, que seguían basando la nutrición perioperatoria en la nutrición          parenteral total.</p>             <p align="left">Ryan y cols. que trabajaron en la base de la fuerza aérea          de Lackland (San Antonio, USA) estudiaron dos grupos de adultos a los          que se les practicó colectomia parcial programada: un grupo recibió alimentación          yeyunal precoz a través del catéter de yeyunostomía (grupo ED) y el otro          grupo recibió una infusión intravenosa precoz de dextrosa (grupo IV).</p>             <p align="left">El grupo ED requirió un catéter intravenoso durante un período          más corto (1,8 días <i>vs</i> 6,6 días,) y sufrió una pérdida significativamente          más pequeña de peso (2,8% <i>vs</i> 6,1%). Sin embargo, debieron pasar          otros diez años antes de que la mayoría de los médicos fueran conscientes          de las posibilidades y ventajas de la nutrición enteral postoperatoria          precoz. Hay razones obvias para el retraso en la aceptación de la nutrición          enteral perioperatoria de forma rutinaria; la más probable e importante          es que la nutrición parenteral fue promovida por la industria mucho más          que la enteral, pero también que los médicos bajo una pesada carga laboral          no tuvieron, y todavía no tienen, el tiempo necesario para leer la literatura          científica.</p>             <p align="left"><b>1992 - Los hermanos Moore y Kudsk</b></p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">Nuestra impresión es que fueron los trabajos realizados          al inicio de los años 90 por los hermanos Moore y cols. y por Kudsk y          cols. los que hicieron darse cuenta a los médicos de las ventajas de la          alimentación enteral precoz.</p>             <p align="left">Moore y cols.<sup>16</sup> publicaron en          1992 un, por así llamarlo, meta-análisis de dos partes, recogiendo datos          de ocho ensayos prospectivos y randomizados diseñados para comparar la          eficacia nutricional de la nutrición enteral precoz (NEP) y de la nutrición          parenteral (NP) en pacientes quirúrgicos de alto riesgo. La combinación          de datos dio un números suficiente de pacientes (NEP = 118, NP = 112).          Las complicaciones sépticas eran significativamente menores en el grupo          NEP (18% <i>vs</i> 35%). La diferencia más significativa se vio en el          grupo de traumatismos y en especial en el subgrupo de traumatismos cerrados.</p>             <p align="left">Kudsk y cols. mostraron los grandes efectos de la NEP en          pacientes con traumatismos abdominales cerrados y por perforación en una          impresionante serie de 98 pacientes<sup>17</sup>. La nutrición          se inició en todos los pacientes dentro de las 24 horas siguientes al       traumatismo. El grupo de NEP sufrió menos neumonías (12% <i>vs</i> 31%.          p &lt; 0,02), menos abscesos intra-abdominales (2% <i>vs</i> 13%, p &lt;          0,04), significativamente menos infecciones por paciente y menos infecciones          por paciente infectado. Además, se observó que las diferencias más significativas          en los resultados ocurrieron en el grupo de pacientes más graves.</p>             <p align="left"><b>La morbilidad en la cirugía muy amplia se mantiene alta</b></p>             <p align="left">La cirugía hoy, a pesar de los avances significativos en          las técnicas quirúrgicas, está lejos de ser segura, particularmente en          el caso de la cirugía de órganos como el hígado y el páncreas, incluyendo          los trasplantes. En este sentido, los principales progresos que se han          hecho en este largo proceso se han realizado durante los últimos 50 a          75 años.</p>             <p align="left">Las tres causas principales de complicaciones y secuelas:          infecciones, trombosis y formación de adherencias permanecen aun, en gran          medida, sin resolverse. Se ha calculado que cada año aproximadamente 2          millones de americanos (6% de los pacientes hospitalizados) sufre infecciones          nosocomiales<sup>18</sup>. La mayoría de estos pacientes          tienen reducidas las funciones inmunes y la mitad de ellos han sobrepasado          los 65 años<sup>18</sup>. Las infecciones son especialmente          comunes en los pacientes neutropénicos (48%), después de un trasplante          (50% aproximadamente) y después de cirugías amplias como resección de          hígado o páncreas (33% aprox.), pero también son inaceptablemente altas          después de las resecciones gástricas y de colon (20% aprox.). La mortalidad          en condiciones agudas como la pancreatitis grave se incrementa al menos          cuatro veces cuando el tejido pancreático se infecta con bacterias anaerobias          del intestino (con una mortalidad por encima del 40%). Está descrito que          la sepsis pancreática ocurre después de 2 semanas de enfermedad en un          tercio de los pacientes y después de 3 semanas en dos tercios de los mismos<sup>19</sup>.</p>             <p align="left">El riesgo de adquirir infecciones nosocomiales es especialmente          alto entre los pacientes de la unidad de cuidados intensivos (UCI): en          estos pacientes el riesgo de infección es 10 veces superior comparado          con el resto de los pacientes ingresados en otras áreas del hospital<sup>          20,</sup> 21. Según estudios europeos en UCI<sup>22</sup>          los principales tipos de infección son: neumonía / infecciones respiratorias          bajas (65%), infección del tracto urinario (18%) e infección del torrente          sanguíneo (12%). Un estudio americano similar encontró principalmente          cuatro sistemas involucrados: el tracto respiratorio (31%), el tracto          urinario (24%), el torrente sanguíneo (16%) y las heridas quirúrgicas          (8%)<sup>23</sup>.</p>             <p align="left"><b>Necesidad de calorías y balance nitrogenado: excesivamente          valorados </b></p>             <p align="left">Durante un tiempo fue costumbre administrar a pacientes          extremadamente graves, parenterales que proporcionaban gran cantidad de          calorías (hiperalimentación), actualmente no. Cada vez somos más conscientes          de que sobrealimentar con macronutrientes al paciente crítico, así como          a individuos sanos, es muy peligroso. La nutrición excesiva ya sea vía          parenteral o enteral, parece que a menudo lleva a serias consecuencias          metabólicas, a veces fatales<sup> 24</sup>. La hiperalimentación          hoy en día raramente esta indicada en la nutrición perioperatoria, por          lo menos no durante las dos primeras semanas después de la cirugía.</p>             <p align="left">Un reciente estudio randomizado y correctamente diseñado          se ha realizado en 300 pacientes a los que se les practicó cirugía mayor,          comparando nutrición parenteral total (NPT) frente a un suplemento de          sólo 1.000-1.500 Kcal/día iv como glucosa, administradas cuando          era necesario hasta 15 días post-operación<sup>25</sup>.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">No se encontraron diferencias significativas en morbilidad          y mortalidad entre los dos grupos. La pérdida de nitrógeno durante la          primera semana se redujo a la mitad en el grupo de glucosa comparado con          el grupo NPT. La mayoría de los pacientes volvieron a la alimentación          normal en aproximadamente una semana y sin problemas aparentes. Sin embargo,          la NPT podría ser la solución para el aproximadamente 20% de los pacientes          que no pueden regresar a la alimentación normal pasadas 2 semanas. Los          autores concluyen como impresión general del estudio que &quot;sobrealimentar          parece ser un problema más grande que hipoalimentar&quot;.</p>             <p align="left">Otro estudio de diseñó similar se ha publicado recientemente          por el <i>Memorial Sloan Kettering Cancer Center</i> de Nueva York, dónde          se randomizaron 195 pacientes con resección de neoplasias del tracto gastrointestinal          superior para recibir suplemento enteral (NE) con la llamada dieta       inmunoestimulante          (Impact, Novartis) o infusión iv de cristaloides (CIV)<sup>26</sup>.</p>             <p align="left">La alimentación en el grupo NE no comenzó inmediatamente,          aunque si dentro de las 24 horas post-operación. No se suplemento con          fibra. El aporte calórico fue bajo en los dos grupos: 61% y 22% respectivamente          de los objetivos óptimos (25 Kcal/kg/día, por ejemplo en una persona de          70 kg aproximadamente 1.000 Kcal en el grupo NE y en el grupo CIV aproximadamente          400 Kcal). No se encontró ninguna diferencia en el número de complicaciones          menores (Impact 26/97, CIV 16/98), mayores (Impact 27/97, CIV 25/98) o          infección de la herida (Impact 20/97, CIV 23/97). No existían diferencias          en la mortalidad (Impact 2/97, CIV 3/98) ni en la estancia (11 días de          media en ambos grupos).</p>             <p align="left">Un estudio con criterio de inclusión de pacientes semejante,          diseñado específicamente para estudiar la cinética de las proteínas encontró          una disminución significativa en la oxidación grasa y catabolismo proteico          y un mejor balance nitrogenado neto en el grupo &quot;alimentación enteral/immuno-estimulante&quot;<sup>27</sup>.          El cociente insulin/glucagon y los niveles de la hormona de crecimiento          en el quinto día postoperatorio aumentaron significativamente en el grupo          &quot;alimentación enteral/immuno-estimulante&quot;. Pero, ninguno          de estos cambios parece tener alguna influencia significativa en los resultados.</p>             <p align="left"><b>Mayor importancia del control inmune </b></p>             <p align="left">Como puede concluirse del estudio anterior y de otros mas          recientes, el mantenimiento calórico y el balance nitrogenado en los pacientes          quirúrgicos comunes ha perdido su gran importancia. Muchos autores, sobre          todo Fischer, Alexander, Moore y Kudsk, han resaltado el importante papel          de la nutrición enteral como una herramienta para la modulación del sistema          inmunológico. Es importante recordar que aproximadamente el 80% del total          de las células productoras de inmunoglobulinas del cuerpo se localizan          sobre todo en la lámina propia del intestino<sup>28</sup>          y que grandes cantidades, sobre todo de IgA son liberadas cada día al          lumen del intestino. La síntesis de IgA es muy dependiente de las células          T y varias citoquinas producidas por los linfocitos activados influyen          en diferentes pasos de la ruta de diferenciación de la IgA<sup>29</sup>.          Esta descrito que cambios en la nutrición, actividad física, sueño, humor,          edad, género, ritmo circadiano, temperatura corporal, consumo de drogas          y enfermedades pueden influir en la función linfocitaria y en la producción          de inmunoglobulinas y por lo tanto en la resistencia para enfermar. </p>             <p align="left">Los cuidados en la UCI son una situación frecuentemente          asociada no sólo con cambios dramáticos en el suministro nutricional y          en la actividad física si no también en todas las otras funciones corporales,          que en combinación con el aumento de consumo de fármacos provocan una          reducción importante de la respuesta inmune del paciente. El conocimiento          de que muchos nutrientes, incluyendo aminoácidos como la glutamina y la          arginina, grasas poliinsaturadas y antioxidantes, tienen efectos moduladores          de la respuesta inmune ha llevado al desarrollo comercial de nutriciones          llamadas inmunoestimuladoras. Desgraciadamente, estos compuestos nunca          han demostrado la eficacia esperada<sup>30-33</sup>. A          pesar del hecho que algunos autores han presentado los datos convincentemente          en la literatura y que hay muchas evidencias que los apoyan, por el momento          no se puede recomendar el uso rutinario de estas fórmulas. Podría haber          varias razones para la falta de un éxito mayor. Es importante que hasta          la fecha ninguna de las soluciones disponibles contiene aporte de nutrientes          específicos para el colon, por ejemplo substratos para la fermentación          colónica y la liberación local de nutrientes específicos como ácidos grasos          de cadena corta, glutamina, arginina, antioxidantes, factores de crecimiento          y coagulación y muchos otros.</p>             <p align="left"><b>1997 y 1998. Shirabe y Windsor</b></p>             <p align="left">Varias observaciones en el pasado apoyan que no sólo es          posible, sino también muy deseable, usar nutrición enteral precoz y agresiva          para mejorar la resistencia postoperatoria del individuo a la morbilidad,          sobre todo a la sepsis. Recientemente se han presentado dos contribuciones          importantes apoyando estas ideas: Estos estudios realizados por Shirabe          y cols.<sup>34</sup> y Windsor y cols.<sup>35</sup>,          muestran claramente que las influencias de la NE son mucho más marcadas          en inmunología que en los parámetros nutritivos.</p>             <p align="left">Shirabe y cols. comparan en pacientes con resección hepática,          hiperalimentación parenteral (NP) frente a nutrición enteral (NE). Estos          autores no encuentran ninguna diferencia en los parámetros nutritivos          como proteína ligadora del retinol, transferrina, prealbúmina, 3-metilhistidina<sup>34</sup>.          En claro contraste, las diferencias más significativas entre NE y NP se          observaron en los parámetros inmunológicos como el número de linfocitos          (114 <i>vs</i> 66, p &lt; 0,05), respuesta a fitohemaglutinina (103 <i>vs</i>          78, p &lt; 0,05) y la actividad de células natural killer (106 <i>vs</i>          49, p &lt; 0,05). Lo más importante fue la incidencia de complicaciones          infecciosas, 8% en el grupo NE comparado con 31% en el grupo NP.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">Windsor y cols. realizaron un estudio similar pero en pancreatitis          aguda y alcanzaron resultados similares<sup>35</sup>;          escalas de gravedad (APACHE II) (6 <i>vs</i> 8, p &lt; 0,0001), proteína          C-reactiva (PCR) (84 <i>vs</i> 156, p &lt; 0,005), anticuerpos de endotoxina          IgM anticore (EndoCAB) (-1,1 <i>vs</i> +29, p &lt; 0,05) e índice       antioxidante          total (+33 <i>vs</i> -28%, p &lt; 0,05). Siendo los resultados significativamente          mejores en el grupo NE comparado con el grupo NP. Además la respuesta          inflamatoria sistémica, tasa de sepsis, incidencia de fracaso orgánico          y estancia en la unidad de cuidados de intensivos eran significativamente          mejores en el grupo NE.</p>             <p align="left"><b>Un nuevo milenio: todavía mucha controversia </b></p>             <p align="left">No se puede y no se debe negar que en el pasado y por varias          razones muchos estudios no han mostrado ninguna ventaja significativa          de la nutrición enteral postoperatoria. Existen por lo menos cinco principios          fundamentales<sup>2,33</sup> que se deben abordar si se          pretende que la nutrición enteral sea inmunoestimuladora, por ejemplo          para controlar la respuesta a la fase aguda (RFA) y las funciones inmunes;          principios no tenidos en cuenta en el pasado por muchos estudios. Estos          principios son:</p>             <p align="left">1.<i> La NE debe instaurarse inmediatamente,</i> si es posible          incluso antes de la lesión/operación, pero siempre lo más pronto posible          después del comienzo de la enfermedad o de infligir la lesión. Las alteraciones          significativas en la RFA se inician ya durante los primeros minutos y          horas. El período de inanición enteral postoperatorio es hoy cada vez          más corto, pero todavía ha habido menor preocupación en reducir o eliminar          los frecuentes largos períodos de 12-20 horas de inanición intestinal          preoperatoria e intraoperatoria. Además, la motilidad gástrica se paraliza          si no se la mantiene activa.</p>             <p align="left">2.<i> La NE siempre debe incluir fibra.</i> Una parte importante          del sistema inmunológico está en el intestino grueso con las células más          activas inmunológicamente: flora, células de la mucosa y tejido linfoide          asociado al intestino (GALT, del inglés: Gut Associated Lymphoid Tissue).</p>             <p align="left">Las soluciones de NE deben, si es posible, contener siempre sustrato (fibra)          para la fermentación de la flora comensal y la producción local de muchos          de los nutrientes inmuno-reguladores necesarios (AGCCs, poliaminas, aminoácidos,          antioxidantes, vitaminas, etc.). En la mayoría de los estudios clínicos          publicados no incluyeron fibra en las fórmulas para la nutrición enteral.          La selección del tipo de fibra para administrar es igualmente importante          porque la flora puede producir varios nutrientes necesarios, antioxidante,          factores de crecimiento y coagulación sólo si el sustrato contiene los          precursores necesarios.</p>             <p align="left">3.<i> El suministro de grasa saturada debe evitarse,</i>          se conoce que es inmunodepresiva. La grasa en la dieta ha demostrado          influir significativamente en la salud<sup>1,2</sup>.</p>             <p align="left">4.<i> La preservación de la flora comensal es esencial.</i>          La fibra por sí mismo no afecta a la diarrea, por ejemplo, como se ha          publicado repetidas veces. La razón para esto es que a menudo la flora          se suprime y la fermentación apropiada no puede tener lugar. La flora          casi siempre se suprime en una persona enferma y la administración de          antibióticos consigue empeorarlo. Los antibióticos y otros fármacos con          efecto inmunodepresivo reducen la flora y deben ser evitados en la medida          de lo posible. Cuando sea necesario debe considerarse el re-suministro          de flora (probióticos).</p>             <p align="left">5.<i> Siempre deben considerarse los antioxidantes. </i>Hay          que darse cuenta de que la producción de radicales libres en los pacientes          muy enfermos es elevada einevitable y que consumen grandes cantidades          de antioxidantes. Los niveles séricos de antioxidantes importantes como          el glutatión y la vitamina C se conocen por ser indicadores muy sensibles          de enfermedad. El contenido en vitamina C del plasma en individuos sanos          es 62 µmol/L de promedio (rango 55-72), pero disminuye en los pacientes          con gastritis a aproximadamente 47 µmol/L, en la diabetes a 45 µmol/L,          y en los pacientes de la UCI a niveles tan bajos como 11,0 ìmol/L (rango          8-22)<sup>36</sup>. Pacientes que posteriormente desarrollaron          fallo multiorgánico (FMO) mostraron niveles sumamente bajos de vitamina          C (FMO: 3,8 ± 1 <i>vs</i> no FMO: 11,2 ± 1,8). Es importante recordar          que niveles bajos de antioxidante en suero son asociados con elevaciones          muy altas de citoquinas como IL-6 y TNF-alfa y en las proteínas de          la fase aguda.</p>             <p align="left"><b>Nutrición ininterrumpida perioperatoria: Pruitt y Warden</b></p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">El cese de la alimentación preoperatoria en pacientes quemados,          con su hipermetabolismo muy documentado, constituye &quot;una disminución          significativa en calorías y balance nitrogenado&quot;<sup>37</sup>,          especialmente para este grupo de pacientes que necesitan frecuentemente          varias operaciones. El grupo de Pruitt debe ser reconocido por haber desafiado          la tradición centenaria de inanición enteral perioperatoria<sup>37</sup>.          En 1990 publicaron su experiencia en nutrición enteral perioperatoria          en 47 pacientes gravemente quemados &quot;<i>quienes continuaron con          su alimentación enteral en el quirófano</i>&quot;. Aunque no dan detalles          del tiempo, tipo y cantidad de alimento enteral administrado por hora,          se entiende que dieron cantidades considerables de calorías enteralmente          durante el procedimiento perioperatorio completo. No se encontró ninguna          complicación relacionada con la alimentación enteral y los autores concluyen:          &quot;<i>La alimentación enteral puede mantenerse de forma segura durante          el período perioperatorio cuando la posición de la sonda apropiada es          adecuada</i>&quot;.</p>             <p align="left">Un estudio más amplio y reciente<sup>38</sup>          describe la experiencia de alimentación enteral ininterrumpida en cuarenta          pacientes durante 161 procedimientos quirúrgicos, es decir, cuatro operaciones          por paciente. Un grupo similar de cuarenta pacientes tenía apoyo de nutrición          enteral interrumpida en 129 operaciones. El grupo de alimentación ininterrumpida          mostró en el perioperatorio un déficit calórico significativamente menor          (p &lt; 0,006), una incidencia menor de infección en las heridas (p &lt;          0,02) y requirió menos suplementación con albúmina para mantener los niveles          séricos en un mínimo de 2,5 g/dl (p &lt; 0,04). Los autores concluyen:          &quot;<i>La correcta supervisión de la posición de la sonda y la tolerancia          individual del paciente proporciona un suministro seguro de los nutrientes          necesarios para los pacientes quemados durante los procedimientos quirúrgicos</i>&quot;.          Esta afirmación no sólo es importante y válida para los pacientes quemados,          sino que se puede aplicar también para millones de pacientes sometidos          a operaciones quirúrgicas cada año. Algunos centros médicos están usando          de forma rutinaria la nutrición enteral ininterrumpida y los informes          de la experiencia en operaciones orofaríngeas, pancreáticas y hepáticas          son alentadores<sup>39</sup>.</p>             <p align="left">Si esperamos que la nutrición enteral ininterrumpida sea          ampliamente utilizada, debe estar disponible una alimentación yeyunal          eficaz y fácil de manejar. Tales sondas deben tener una proporción alta          de colocación postpilorica &quot;espontánea&quot; (sin ayuda de endoscopia          o radiografía) y su punta alcanzar la región del ángulo de Treitz en pocos          minutos u horas. También es necesario que la proporción de desalojamiento          involuntario (regurgitación o retirada accidental) se reduzca considerablemente.          Las sondas usadas en el pasado dieron malos resultados; con las sondas          convencionales la colocación espontanea postpilorica sólo se obtiene en          un 33% aproximadamente de los pacientes después de 24 horas y aproximadamente          un 66% después de 72 horas<sup>40</sup>. Además, la mitad,          por lo menos, de las sondas convencionales se desalojan en una semana.</p>             <p align="left"><b>Nueva tecnología de sondas de alimentación: un imperativo          para el futuro </b></p>             <p align="left">La falta de sondas eficaces llevó a Bengmark<sup>          41</sup> a desarrollar una sonda diferente en el diseño de todas          las existentes. Una espiral reemplaza el balón común o peso en la punta          de la sonda. La espiral (<a href="#f1">fig. 1</a>) esta fabricado para absorber al máximo la motilidad del estómago y del duodeno          y usar la motilidad gastrointestinal para su transporte a la región del          ángulo de Treitz<sup> 40,41</sup>. Su habilidad para absorber          la motilidad puede aumentarse aún más incrementando la adhesión de la          espiral a la mucosa, a través de finas escamas flexibles tanto en el exterior          como en el interior convirtiendo la superficie exterior en rugosa<sup>42,43</sup>.          La espiral de la sonda se coloca en el estómago con la ayuda de una guía          metálica y se le permite desplegarse totalmente. La motilidad gastro-duodenal          se estimula a través de una pequeña comida (bocadillo, pizza, espaguetis,          fruta o preferentemente zumo de verdura como el V8), la punta de la sonda          (la espiral) normalmente está junto a la comida y es transportada a su          posición final y óptima alrededor del ángulo de Treitz. La sonda no sólo          se fabrica para auto-propulsarse/auto-colocarse, si no también para       auto-fijarse          resistiendo la regurgitación. La experiencia también ha mostrado que la          proporción de desalojamiento comparada con las sondas convencionales es          mucho menor. Además, no es necesario verificar la posición de la punta          antes del inicio de la administración de la nutrición. Si fuera necesario          puede hacerse fácilmente con una o varias medidas del pH.</p> 		    <p align="center">         <a name="f1">         <img src="/img/nh/v19n2/09/9_figura1.jpg" width="223" height="288">          </a>          <i>    <br><font size="2">         Fig. 1.-Sonda de alimentación de    <br>         autoposicionamiento y resistente          a la    <br>         regurgitación Bengmark Flo-Care (Royal    <br>         NumicoNutricia group, Zoetermeer,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>         The Netherlands).</font></i>           <p align="left">Sin embargo, está aumentando la práctica de empezar inmediatamente          la alimentación una vez colocada la sonda en el estómago sin esperar a          que la espiral se mueva a su última posición. No se necesita ningún esfuerzo          por controlar la posición de la espiral, ya que éste casi siempre se encuentra          en unos minutos en la región del ángulo de Treitz. La sonda está disponible          en el mercado europeo (Bengmark Flo-Care, Royal Numico-Nutricia group,          Zoetermeer, Holanda), pero todavía no en otros continentes.</p>             <p align="left">La sonda se ha diseñado especialmente para pacientes con          motilidad normal y la punta de la sonda normalmente se coloca, sin estímulo          farmacológico, en su posición óptima en unos minutos y siempre dentro          de un plazo de cuatro horas<sup>44</sup>. Aunque la sonda          se diseño como una herramienta sólo para pacientes con la motilidad intacta,          por ejemplo introducirla antes de la cirugía y asociada con la cirugía          programada, también se han incrementado las pruebas en los pacientes con          la motilidad reducida (pacientes de la UCI) donde se introduce con o sin          estímulo farmacológico de motilidad. Para más información sobre tecnología          en nutrición enteral perioperatoria agresiva ver<sup>2,39</sup>.</p>             <p align="left"><b>2002 - Rayes y Oláh: nuevas herramientas en inmuno-estimulación          </b></p>             <p align="left">Algunas especies de lactobacillus (LAB) tienen una fuerte          influencia en el sistema inmunológico (<a href="#t1">tabla I</a>). Su eficacia clínica se          ha investigado ampliamente de forma experimental<sup>45</sup>          y también, pero a una magnitud más pequeña, clínicamente. Algunos estudios          recientes en relación con la cirugía abdominal, trasplante hepático y          pancreatitis aguda grave están pendientes de publicación. Para mas información          ver<sup>46,47</sup>.</p>             <p align="center"><a name="t1"><img src="/img/nh/v19n2/09/9_tabla1.jpg" width="300" height="370"></a></p>             <p align="left"><i>Hígado, páncreas y otras operaciones abdominales</i></p>             <p align="left">Rayes y cols. en la clínica Charité/Virchow (Berlín) realizaron          un estudio aleatorizado y prospectivo en pacientes sometidos a operaciones          abdominales como resecciones hepática, de páncreas, gástrica, de colon          y by-pass intestinal, comparando el efecto del suministro postoperatorio          inmediato de <i>Lactobacillus plantarum</i> 299 (LAB) vivo a una dosis          de 10<sup>9</sup>, <i>Lacto-bacillus plantarum</i> 299          muertos por calor a la misma dosis y nutrición parenteral (NP)<sup>48</sup>.</p>             <p align="left">Cada uno de los tres grupos incluye 30 pacientes. Los grupos          tratados con ambos LAB, vivos o muertos por calor, sufrieron menos infecciones          (3/30 en cada grupo, 10%) comparado con el grupo de NP (9/30, 30%), p          = 0,001. Se observó una diferencia aún mayor cuando el subgrupo de pacientes          de cirugía gástrica y pancreática fue analizado separadamente: Ninguno          de los ocho pacientes que recibieron LAB vivos, uno de los ocho pacientes          (12%) que recibieron LAB muertos por calor y tres de los 6 (50%) de los          pacientes que recibieron NP convencional sufrió infecciones.</p>             <p align="left"><i>Pacientes con trasplante hepático </i></p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">El mismo grupo de médicos realizó recientemente un estudio          en pacientes con trasplante de hígado. Igualmente este estudio se diseñó          controlado, randomizado e incluyendo un número de pacientes similar<sup>49</sup>.</p>             <p align="left">Se compararon tres grupos: desinfección del intestino selectiva (DIS)          + formula enteral estándar; <i>Lacto-bacillus plantarum</i> 299 vivos          + avena y fibras de inulina; y <i>Lactobacillus plantarum</i> 299 muertos          por calor + avena y fibras de inulina. La cantidad total de fibras en          los dos últimos grupos era aproximadamente 11 gramos. Se suplementó con          LAB sólo durante los primeros cinco días.</p>             <p align="left">La proporción de sepsis fue          de 48% en el grupo con desinfección del intestino selectivo, 34% en el          grupo tratado con LAB inactivados por calor y 13% en el grupo que recibía          LAB vivo (p = 0,0017). Igualmente en el grupo LAB vivos la media de terapia          antibiótica, la media de estancia hospitalaria total y la estancia en          la UCI fue más corta frente a los grupos LAB inactivo + fibra y con DIS.</p>             <p align="left"><i>Pancreatitis aguda grave </i></p>             <p align="left">Recientemente se ha realizado un estudio prospectivo, doble          ciego y randomizado en pacientes con pancreatitis aguda grave, comparando          la influencia de <i>Lactobacillus plantarum</i> 299 vivos y fibra de avena          con <i>Lactobacillus plantarum</i> 299 muertos por calor y fibra de la          avena (grupo control)<sup>50</sup>. El estudio fue diseñado          para finalizar en el momento en el que el análisis estadístico mostrara          diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos del estudio.          Esto ocurrió cuando habían entrado en el estudio 45 pacientes. En ese          momento 22 pacientes habían recibido tratamiento con LAB vivos durante          siete días y 23 con LAB muertos por calor. Se produjeron necrosis infectada          y abscesos en 1/22 pacientes (4,5%) en el grupo LAB vivos y en 7/23 pacientes          (30%) con LAB muertos por calor. Los abscesos ocurrieron en 1/22 (4,5%)          en el grupo LAB vivos frente a 7/23 (30%) (p = 0,023) en el grupo LAB          muertos por calor. Aunque la duración de la estancia media fue 13,7 días          en el grupo de tratamiento <i>vs</i> 21,4 días en el grupo control, las          diferencias no alcanzaron diferencias significativas estadísticamente          en el momento en el que el estudio fue interrumpido. El único paciente          que desarrolló sepsis en el grupo de tratamiento lo hizo después de quince          días, ocho días después de que el tratamiento fuera suspendido. Estos          datos parecen sugerir que el tratamiento debe mantenerse un mínimo de          14 días, y probablemente mientras los pacientes estén con       antibióticos          o tengan señales de colonización GI.</p>             <p align="left"><b>Aspectos futuros</b></p>             <p align="left">La serie de reacciones sumamente complejas inmediatas al          estrés y a las lesiones (como traumatismos, operaciones quirúrgicas...)          iniciadas para detener la extensión del daño, librar el organismo de infecciones          y agentes patógenos e iniciar la reparación son de la máxima importancia          para el resultado. Estas reacciones son conocidas como Respuesta de Fase          Aguda (RFA). Para la RFA es importante que el eje hipotalamico-pituitario-suprarrenal          comience y controle una serie completa de reacciones esenciales en el          cuerpo, en la ausencia de lo cual el individuo tiende a morir<sup>51</sup>.       Si por ejemplo, la respuesta neuroendocrina es dañada por          adrenalectomía, tras la administración de lipopolisacárido, una incontrolada          y enorme producción posterior de citoquinas inflamatorias aumenta la letalidad          500 veces<sup>52</sup>.</p>             <p align="left">Los individuos que sufren de síndrome metabólico parecen          desarrollar una exagerada/abrumadora respuesta de fase aguda y también          &quot;crónica&quot; (llevando al desarrollo de enfermedades crónicas          endémicas). La exagerada RFA se manifiesta en un incremento significativo          de la producción de citoquinas pro-inflamatorias como IL-6 y de proteínas          de la fase aguda como el activador inhibidor del plasminógeno 1 (PAI-1)<sup>53</sup>.</p>             <p align="left">IL-6 y PAI-1 se consideran a menudo &quot;factores de          pronóstico&quot; del resultado en condiciones agudas, operaciones/traumatismos,          infarto de miocardio o pancreatitis, pero también en situaciones inflamatorias          semi-crónicas o crónicas como la artritis, depresión mental o Alzheimer.          Una abrumadora respuesta de IL-6 (por ejemplo prolongación y/o elevación          extrema de IL-6 circulante) se encuentra en pacientes que padecen infección,          quemaduras o traumatismos incluyendo trauma quirúrgico frecuentemente          asociado a eventos clínicos adversos como el distrés respiratorio agudo          y el fracaso multiorgánico<sup>54</sup>.</p>             <p align="left">El apoyo para este planteamiento también es proporcionado          por un estudio en trasplante hepático, dónde los pacientes con un incremento          de seis veces (o mayor) de citoquinas, TNF&#945; e IL-6 durante la fase          tardía de la operación eran propensos a desarrollar sepsis en los días          posteriores al postoperatorio<sup>55</sup>. Presenta un          interés especial el hecho de que IL-6 y PAI-1 son secretadas por las células          grasas, sobre todo viscerales más que por las subcutáneas. Esto podría          explicar por qué las personas con obesidad visceral sufren un riesgo más          alto de enfermedad<sup>56,57</sup>, sobre todo cuando consideramos          el hecho que la cantidad de grasa en el abdomen puede variar de unos pocos          mililitros a aproximadamente seis litros en las personas con gran obesidad,          lo que explicaría las variaciones interindividuales observadas en la          liberación de IL-6 y PAI-1 en la respuesta para niveles de estrés equivalentes<sup>47</sup>.</p>             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">Hay una serie entera de funciones corporales que son importantes          para la defensa inmune y resistencia a las complicaciones. Las secreciones          gastrointestinales están llenas de factores para prevenir las infecciones          y la superinflamación. En condiciones normales son secretados hasta 10          litros, sólo de saliva más de 2,5 litros. Las secreciones gastrointestinales          deben mantenerse intactas en la medida que sea posible<sup> 2</sup>.          La inanición intestinal provoca una respuesta exagerada de citoquinas          y superinflamación. Por lo tanto hay que hacer todo lo posible para prevenir          la inanición intestinal pre-, peri- y post-operatoria. La nutrición enteral          ininterrumpida, tal como proporcionar alimento por sonda durante la noche          antes, durante e inmediatamente después de la cirugía proporciona una          herramienta eficaz que es recomendable usar rutinariamente en la cirugía          mayor como la hepática y la pancreática incluyendo trasplantes.</p>             <p align="left">Es importante que las soluciones de la nutrición siempre          contengan nutrientes destinados para el intestino grueso por ej. fibras.          Las fibras son, sin embargo, ineficaces en ausencia de flora. El suministro          de bacterias ácido lácticas (BAL) específicas ofrecen una potente herramienta          para modular la respuesta en fase aguda y limitar la superinflamación          inducida. Existen fuertes indicios de que las bacterias ácido lácticas          y las fibras actúan conjuntamente y potencian sus efectos recíprocamente.          Por lo tanto podemos esperar obtener efectos clínicos mas fuertes combinando          varias bacterias ácido lácticas y varias fibras. Una formula-ción prometedora          es la Synbiotic 2000 (Medipharm, Kågeröd, Suecia) compuesta por cuatro          bacterias ácido lácticas y cuatro fibras, que se está ensayando actualmente          a nivel mundial. Las BAL y las fibras en esta formulación son especialmente          escogidas por su alta bioactividad; incluyendo la capacidad de adhesión          del moco, capacidad de fermentación, índice antioxidante, factor de transcripción          NF-KB, influencia en la liberación de citoquinas etc.<sup>58</sup></p>             <p align="left">La combinación de BAL (probioticos) y fibra (prebióticos)          se espera que tenga los efectos más pronunciados si se proporciona con          la nutrición enteral ininterrumpida y durante, por lo menos, 14 días después          de la cirugía, o mientras el paciente no tolere comida normal. Existe          ya alguna experiencia que indica que en pacientes que han sufrido un trasplante,          los beneficios a largo plazo del suministro postoperatorio de BAL y fibra          se prolongan a menudo durante meses y años. </p>             <p align="left"><b>Referencias</b> </p>             <!-- ref --><p align="left">1. Bengmark S: Nutritional modulation of acute and &quot;chronic&quot;          phase response. <i>Nutrition</i>, 2001, 17:489-495. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444873&pid=S0212-1611200400020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">2. Bengmark S: Aggressive peri and intraoperative enteral nutrition. Strategy          for the future. En: Scott A, Shikora SA, Martin-dale RG, Schwaitzberg          SD (ed.): <i>Nutritional Considerations in the Intensive Care Unit. Science,          Rationale and Practice</i>. American Society for Parenteral and Enteral          Nutrition and Kendall Hunt Publishing Co. 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444874&pid=S0212-1611200400020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">3. Andresen AFR: Immediate jejunal feeding after gastroenterostomy. <i>Ann          Surg</i>, 1918, 67:565-566. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444875&pid=S0212-1611200400020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">4. Mecray Jr PM, Barden RP y Ravdin IS: Nutritional edema effect on gastric          emptying time before and after gastric operations. <i>Surgery</i>, 1937,          1:53-64. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444876&pid=S0212-1611200400020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">5. Thompson W, Ravdin IS y Frank IL: Effect of hypoproteinemia on woud disruption. <i>Arch Surg</i>, 1938, 36:500-508. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444877&pid=S0212-1611200400020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">6. Elman R: Parenteral replacement of protein with amino-acid of hydrolysed casein. <i>Ann Surg</i>, 1940, 112:594-600. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444878&pid=S0212-1611200400020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">7. Brunschwig A, Clark DE y Corbin N: Postoperative nitrogen loss and          studies on parenteral nitrogen nutrition by means of casein digest. <i>Ann          Surg</i>, 1942, 115:1091-1105. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444879&pid=S0212-1611200400020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">8. Cuthbertson DP: Postshock metabolic response. <i>Lancet</i>, 1942,          1:433-437. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444880&pid=S0212-1611200400020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">9. Mulholland JH, Tui C, Wright AM y cols.: Nitrogen metabolism, caloric          intake and weight loss in postoperative convalescence. <i>Ann Surg, </i>1943,          117:512-534. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444881&pid=S0212-1611200400020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">10. Riegel C, Koop CE, Drew J y cols.: The nutritional requirements for          nitrogen balance in surgical patients during early postoperative periods.          <i>J Clin Invest</i>, 1947, 26:18-23. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444882&pid=S0212-1611200400020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">11. Hoover HC, Ryan Jr JA, Anderson EJ y Fischer JE: Nutritional benefits          of immediate postoperative jejunal feeding of an elemental diet. <i>Am          J Surg</i>, 1980, 139:153-159. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444883&pid=S0212-1611200400020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">12. Alexander JW, MacMillan BG, Stinnett JD y cols.: Benefical effects          of aggressive protein feeding in severely burned children. <i>Ann Surg,</i>          1980, 192:505-517. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444884&pid=S0212-1611200400020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">13. Shepherd AP: Intestinal blood flow autoregulation during foodstuff absorption. <i>Am J Physiol</i>, 1980, 239:561-562. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444885&pid=S0212-1611200400020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">14. Roediger WEW: Role of anaerobic bacteria in the metabolic welfare          of the colonic mucosa in man. <i>Gut</i>, 1980, 21:793-798. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444886&pid=S0212-1611200400020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">15. Ryan Jr JA, Page CP y Babcock L: Early postoperative jejunal feeding          of elemental diet in gastrointestinal surgery. <i>The American Surgeon</i>,          1981, 47:393-403. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444887&pid=S0212-1611200400020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">16. Moore FA, Feliciano DF, Andrassy JR y cols.: Early enteral feeding          compared with parenteral, reduces postoperative septic complications:          the result of a meta-analysis. <i>Ann Surg</i>, 1991, 216:172-183. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444888&pid=S0212-1611200400020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">17. Kudsk KA, Groce MA, Fabian TC y cols.: Enteral versus parenteral feeding:          effects on septic morbidity after blunt and penetrating abdominal trauma.          <i>Ann Surg</i>, 1992, 215:503-513. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444889&pid=S0212-1611200400020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">18. Swartz NN: Hospital-acquired infections: diseases with increasingly          limited therapies. <i>Proceedings of National Academy of Science</i>,          1994, 91:2420-2427. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444890&pid=S0212-1611200400020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">19. Isenmann R y Büchler MW: Infection and acute pancreatitis. <i>British          Journal of Surgery</i>, 1994, 81:1707-1708. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444891&pid=S0212-1611200400020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">20. Brawley RL, Weber DJ, Samsa GP y cols.: Multiple nosocomial infections;          an incidence study. <i>Am J Epidemiol</i>, 1989, 130:769-780. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444892&pid=S0212-1611200400020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">21. Weber DJ, Raasch R y Rutala WA: Nosocomial infections in the ICU;          the growing importance of antibiotic-resistant pathogens. <i>Chest,</i>          1999, 115:34S-41S. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444893&pid=S0212-1611200400020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">22. Vincent JL, Bihari DJ, Suter DM y cols.: The prevalence of nosocomial          infection in intensive care units in Europe. Results of the European prevalence          of infection in intensive care (EPIC) study. <i>JAMA</i>, 1993, 274:639-644. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444894&pid=S0212-1611200400020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">23. Weinstein RA: Epidemiology and control of nosocomial infection in          adult ICU. <i>Am J Med,</i> 1991, 91:179S-184S. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444895&pid=S0212-1611200400020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">24. Klein CUJ, Stanek GS y Wiles CE: Overfeeding macronutrients to critically          ill adults: metabolic complications. <i>J Am Diet Assoc</i>, 1998, 98:795-806. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444896&pid=S0212-1611200400020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">25. Sandström R, Drott C, Hyltander A y cols.: The effect of postoperative          intravenous feeding (TPN) on outcome following major surgery evaluated          in a randomized study. <i>Ann Surg</i>, 1993, 217:185-195. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444897&pid=S0212-1611200400020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">26. Heslin MJ, Latkany L, Leung D y cols.: A prospective randomized trial of early          enteral feeding after resection of upper gastrointestinal malignancy.          <i>Ann Surg</i>, 1997, 226:567-580. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444898&pid=S0212-1611200400020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">27. Hochwald SN, Harrison LE, Heslin MJ y cols.: Early postoperative enteral          feeding improves whole body protein kinetics in upper gastrointestinal          cancer patients. <i>Am J Surg</i>, 1997, 174:325-330. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444899&pid=S0212-1611200400020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">28. Brandtzaeg P, Halstensen TS, Kett K y cols.: Immunobiology and immunopathology          of human gut mucosa: humoral immunity and intraepithelial lymphocytes.          <i>Gastroenterology</i>, 1989, 97:1562-1584. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444900&pid=S0212-1611200400020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">29. Kiyono H y McGhee JR: T helper cells for mucosal immune responses.          En: Ogra PL, Mestecky J, Lamm ME, y cols. (eds): <i>Handbook of mucosal          immunology</i>. Adademic Press, Orlando, Florida. 1994, 263-274. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444901&pid=S0212-1611200400020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">30. Moore FA: Effect of immune-enhancing diets on infectious morbidity          and multiple organ failure. <i>JPEN</i>, 2001, 25:36S-43S. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444902&pid=S0212-1611200400020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">31. Heyland DK y Novak F: Immunonutrition in the critically ill patients:          more harm than good? <i>JPEN</i>, 2001, 25:51S-55S. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444903&pid=S0212-1611200400020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">32. Bengmark S: Gut microenvironment and immune function. <i>Current Opinion          in Clinical Nutrition and Metabolic Care</i>, 1999, 2:83-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444904&pid=S0212-1611200400020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">33. Bengmark S: Gut and the immune system: enteral nutrition and immunonutrients.          En: Baue AE, Faist E, Fry D (ed): <i>SIRS,MODS and MOF -          systemic inflammatory response syndrome, multiple organ dysfunction syndrome,          multiple organ failure - pathophysiology, prevention and therapy</i>. Springer. New York, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444905&pid=S0212-1611200400020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">34. Shirabe K, Matsumata T, Shimada M y cols.: A comparison of parenteral          hyperalimentation and early enteral feeding regarding systemic immunity          after major hepatic resection -the result of a randomized prospective          study<i>. Hepato-Gastroenterology</i>, 1997, 44:205-209. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444906&pid=S0212-1611200400020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">35. Windsor ACJ, Kanwar S, Li AGK, y cols.: Compared with parenteral nutrition,          enteral feeding attenuates the acute phase response, and improves disease          severity in acute pancreatitis. <i>Gut</i>, 1998, 42:431-435. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444907&pid=S0212-1611200400020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">36. Schorah CJ, Downing C y Piripitsi A: Total vitamin C, ascorbic acid,          and dehydroascorbic acid concentrations in plasma in critically ill patients.          <i>Am J Clin Nutr</i>, 1996, 63:760-765. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444908&pid=S0212-1611200400020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">37. Buescher TM, Cioffi WG, Becker WK y cols.: Perioperative enteral feedings.          <i>Proc Am Burn Assoc</i>, 1990, 22:162. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444909&pid=S0212-1611200400020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">38. Jenkins ME, Gottslich MM y Warden GD: Enteral feeding during operative          procedures in thermal injuries. <i>J Burn Care Rehab</i>, 1994, 15:199-205. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444910&pid=S0212-1611200400020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">39. Mangiante G, Colucci G y Ciola M: Our experience with self-propelling          Bengmark&acute;s tube on surgical nutrition. <i>Clin Nutr</i>, 2003,          22:83S-84S. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444911&pid=S0212-1611200400020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">40. Levenson R, Turner Jr WW, Dyson A, Zike L y Reisch J: Do weighted          nasoenteric feeding tubes facilitate duodenal intubations? <i>JPEN</i>,          1988, 12:135-137. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444912&pid=S0212-1611200400020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">41. Bengmark S: Swedish patent 8700582, PTC patent 0278937, US patent          4.887.996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444913&pid=S0212-1611200400020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">42. Jeppsson B, Tranberg K y Bengmark S: Technical developments. A new self-propelling nasoenteric feeding tube. <i>Clin Nutr,</i> 1992, 11:373-375. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444914&pid=S0212-1611200400020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">43. Bengmark S: Swedish patent 507786 PTC application SE 98/00145. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444915&pid=S0212-1611200400020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">44. Mangiante G, Colucci G, Marinello P y cols.: Bengmark&acute;s selfpropelling naso-jejunal tube: a new useful device for intensive enteral nutrition.          <i>Int Care Med,</i> 1998, 24: abstract 330. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444916&pid=S0212-1611200400020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">45. Bengmark S: Prospect for a new and rediscovered form of therapy: Probiotic          and phage. En: Andrew PW, Oystron P, Smith GL, Stewart DL (ed): <i>Tull          Fighting Infection in the 21</i><i>st</i><i> century</i>. Blackwells, 2000, 97-132. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444917&pid=S0212-1611200400020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">46. Bengmark S: Pre-, pro-, and synbiotics. <i>Current Opinion in Clinical          Nutrition and Metabolic Care,</i> 2001, 4:571-579. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444918&pid=S0212-1611200400020000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">47. Bengmark S: Gut microbial ecology in critical illness: is there a          role for pre-, pro-, and synbiotics. <i>Current Opinion Critical Care</i>,          2002, 8:145-151. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444919&pid=S0212-1611200400020000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">48. Rayes N, Hansen S, Boucsein K y cols.: Early enteral supply of fibre          and lactobacilli vs parenteral nutrition -a controlled trial in          major abdominal surgery patients. <i>Nutrition</i>, 2002, 18:609-615. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444920&pid=S0212-1611200400020000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">49. Rayes N, Hansen S, Seehofer D y cols.: Early enteral supply of <i>Lactobacillus          </i>and fibre <i>vs</i> selective bowel de contamination (SBD) -a          controlled trial in liver transplant recipients. <i>Transplantation</i>,          2002, 15:123-127. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444921&pid=S0212-1611200400020000900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">50. Oláh A, Belágyi T, Issekutz A y cols.: Early enteral nutrition with          specific lactobacillus and fibre reduces sepsis in severe acute pancreatitis.          <i>Br J Surg</i>, 2002, 89:1103-1107. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444922&pid=S0212-1611200400020000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">51. Berczi I y Nagy F: Neurohormonal control of cytokines during injury.          En: Rothwell NJ, Berkenbosch F (ed): <i>Brain control of the response          to injury</i>, Cambridge University Press. New York, 1994, 32-107. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444923&pid=S0212-1611200400020000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">52. Ramachandra RN, Sehon AH y Berczi I: Neuro-hormonal host defence in          endotoxin shock. <i>Brain Behav Immun</i>, 1992, 6:157-169. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444924&pid=S0212-1611200400020000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">53. Landin K, Stigendal L, Eriksson E y cols.: Abdominal obesity is associated          with impaired fibrinolytic activity and elevated plasminogen activator inhibitor-1. <i>Metabolism</i>, 1990, 39: 1044-1048. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444925&pid=S0212-1611200400020000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">54. Biffl WL, Moore EE, Moore, FA y Barnett CC: Interleukin-6 delays neutrophil          apoptosis via a mechanism involving platelet-activating factor. <i>The          Journal of Trauma, Injury, Infection and Critical Care</i>, 1996, 40:575-579. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444926&pid=S0212-1611200400020000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">55. Sautner T, Függer R, Götzinger P y cols.: Tumour necrosis factor-alfa          and interleukin-6: Early indicators of bacterial infection after human          orthotopic liver transplantation. <i>Eur J Surg</i>, 1995, 161:97-101. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444927&pid=S0212-1611200400020000900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">56. Fried SK, Bunkin DA y Greenberg AS: Omental and subcutaneous adipose          tissues of obese subjects release interleukin-6: depot difference and          regulation by glucocorticoid. <i>J Clin Endocrinol Metabol</i>, 1998,          83:847-840. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444928&pid=S0212-1611200400020000900056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">57. Alessi MC, Peiretti F, Morange P y cols.: Production of plasminogen          activator inhibitor 1 by human adipose tissue. Possible link between visceral          fat accumulation and vascular disease. <i>Diabetes</i>, 1997, 46:860-867. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444929&pid=S0212-1611200400020000900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left">58. Kruszewska D, Lan J-G, Lorca G y cols.: Selection of Lactic Acid Bacteria          as probiotic strains by <i>in vitro</i>  tests. <i>Microecology and Therapy</i>,          2002, 29:37-51. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3444930&pid=S0212-1611200400020000900058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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