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<institution><![CDATA[,Hospital Universitario 12 de Octubre Unidad de Nutrición Clínica ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p><B><font size="4">Carta al Director</font></B> </p>     <p><B><font size=5>Trasplante intestinal en el paciente con nutrición parenteral  domiciliaria</font></B> </p>     <p><font size="3">J. M. Moreno Villare</font> </p>     <P><I><font size="2">Unidad de Nutrición Clínica. Hospital Universitario 12 de Octubre.  Madrid</font></I></p>     <P>&nbsp;</p>Sr. Director:      <P>El artículo De Cos y cols., publicado en el número de noviembre-diciembre de  Nutrición Hospitalaria no hace sino mostrar el discutido estado de opinión sobre  el tratamiento del fracaso intestinal permanente  (FIP)<sup>1</sup>.</P>     <P>A diferencia de lo que ocurre con los trasplantes de otros órganos sólidos,  en especial hígado y riñón, la opinión de los médicos implicados en el cuidado  de los pacientes con FIP no es uniforme.</P>     <P>El análisis detallado de los datos publicados muestra que 2/3 de los  trasplantes se han realizado en pacientes pediátricos, mientras que el número de  pacientes adultos con nutrición parenteral domiciliaria (NPD) es cuatro veces  superior al de pacientes pediátricos. Parecería, por tanto, que nos encontramos  con dos situaciones distintas, la del adulto y la del niño, que merecen  consideración distinta.</P>     <P>Cuando se revisan cuáles fueron las indicaciones de NPD en aquellos pacientes  que la recibieron por un período superior a los 6 meses, se observa que  alrededor del 90% corresponden a causas benignas<sup>2</sup>. En  los últimos datos del registro NADYA-SENPE, correspondientes al año 2000, de los  67 pacientes comunicados sólo el 16,4% padecían una enfermedad  maligna<sup>3</sup>. Las tasas de supervivencia para adultos con  FIP con NPD están alrededor del 85% a los 2 años, y del 70% a los cinco años en  grupos con gran experiencia en la técnica, mientras que la dependencia de la NPD  se cifra en el 49% a los dos años y el 45% a los  cinco<sup>4-6</sup>. En este grupo de edad los resultados  globales de los trasplantados después de 1995 muestran una supervivencia del  paciente del 65% al año y del 50% a los cuatro años, mientras que la del injerto  es del 57% y del 40% respectivamente<sup>7,</SUP>8</SMALL>. A esto hay  que añadir que de los que sobreviven más de un año, sólo algo más de la mitad  consigue autonomía nutricional completa<sup>9</sup>. En España  sólo existe un equipo trasplantador cuya experiencia inicial comentan los  autores en su artículo aunque no disponemos de los resultados de supervivencia a  medio o largo plazo.</P>     <P>Lamentablamente no hay datos tan precisos sobre el pronóstico del FIP en el  paciente pediátrico, aunque es bien conocida su mayor capacidad de adaptación  intestinal, sobre todo en el síndrome de intestino corto de origen neonatal.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Las complicaciones asociadas a la NPD son más frecuentes en los pacientes  pediátricos, en especial las complicaciones hepáticas. Esto explica, en parte,  que la mayor parte de trasplantados y candidatos a trasplante intestinal sean  pacientes pediátricos. Las otras indicaciones aprobadas por Medicare como razón  suficiente para financiar el trasplante (trombosis de dos vías centrales  mayores, sepsis asociadas a catéter repetidas y deshidrataciones frecuentes)  están más relacionadas con una técnica pobre que con complicaciones de la NPD en  sí<sup>10</sup>. Parece, por tanto, que sería más rentable y  eficaz establecer medidas para la mejora de la técnica de la NPD en estas  situaciones que la indicación del trasplante. De forma indirecta se podría  presuponer que si la mala técnica se debe más al paciente que al centro de  referencia se cuestionaría su capacidad de mantener los cuidados y controles que  un trasplante de órgano sólido conlleva. En el paciente pediátrico hay que tener  cuenta además los riesgos asociados al tratamiento inmunosupresor durante una  vida estimada prolongada. Se ha publicado recientemente que el riesgo de  desarrollar insuficiencia renal crónica después de un trasplante distinto del  riñón están entre el 7 y el 21% a los cinco años, con el consiguiente aumento en  el riesgo de muerte<sup>11</sup>.</P>     <P>En nuestro entender, las indicaciones del trasplante intestinal son todavía  limitadas. En el caso de los niños y en la línea de los comentarios del Grupo de  Trabajo sobre trasplante hepático e intestinal que se reunió durante el  1.<sup>er</sup> Congreso Mundial de Gastroenterología,  Hepatología y Nutrición Pediátrica, la indicación de TI aislado o combinado con  hepático debe reservarse para cuando la NP haya llegado a sus  límites<sup>12</sup>.</P>     <P>No deja de preocuparnos la escasa implantación de la NPD en España tanto en  niños como en adultos cuando nos comparamos con países de nuestro entorno. El  FIP continúa siendo para algunos médicos una situación sin tratamiento o sin  tratamiento efectivo. La NPD y el trasplante intestinal no son estrategias  contrapuestas sino que se inscriben dentro de una cronología lógica y  complementaria<sup>13</sup>. Establecer estrategias de mejora en  cada uno de los niveles parece el objetivo más razonable. En el de la NPD la  estandarización de los cuidados, la colaboración multicéntrica y el rigor de los  registros. NADYA tiene en este campo un papel imprescindible. En el del  trasplante intestinal, centrando en un número pequeño de centros su realización  y protocolizando cuidadosamente la indicación y el momento de la valoración.  Todavía hay más. El objetivo final es la rehabilitación intestinal. Hay que  potenciar la investigación en el uso de nutrientes y en el de factores de  crecimiento específicos que puedan ayudar a  conseguirla<sup>14,</SUP>15</SUP>.</p>     <P><B>Referencias</B></P>     <P>1. De Cos AI, Gómez Candela C, Vázquez C, López-Santamaría M, Vicente E y  Grupo NADYA-SENPE: Trasplante intestinal en el paciente con nutrición parenteral  domiciliaria.<I> Nutr Hosp</I> 2003, 18:325-330.</P>     <P>2. Bozzetti F, Mariani L, Boggio Bertiet y cols.: Central venous catheter complications in 447 patients on home parenteral nutrition: an analysis of over 100.000 catheter days.<I> Clin Nutr </I>2002, 21:475-485.</P>     <P>3. Planas M, Castellà M, León M y cols.: Nutrición parenteral domiciliaria (NPD): registro NADYA. Año 2000.<I> Nutr Hosp </I>2003, 18:29-33.</P>     <P>4. Messing B, Crenn P, Beau P, Boutron-Ruault MC, Rambaud JC, Matuchausky C: Long-term survival and parenteral nutrition dependence in adult patients with short bowel syndrome. <I>Gastroenterology</I> 1999, 117:1043-50.</p>     <P>5. Scolapio JS, Flemming CR, Kelly DG, Wick DM, Zinsmeister AR: Survival of  home parenteral nutrition-treated patients: 20 years of experience at the Mayo  Clinic.<I> Mayo Clin Proc</I> 1999, 74:217-22.</P>     <P>6. Pironi L, Paganelli F, Labate AMM, Merli C, Guidetti C, Spinucci G, Miglioli M: Safety and efficacy of home parenteral nutrition for chronic intestinal failure: a 16-year experience at a single centre.<I> Digestive and Liver Disease</I> 2003,  35:314-324.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>7. Grant D: Intestinal transplantation: 1997. Report of the International Registry. <I>Transplantation</I> 1999, 67:1061-4 (pueden consultarse datos actualizados del registro en www.lhsc.on.ca/itr).</P>     <P>8. 2000 Annual Report. The US Scientific Registry of Transplant Recipients and the Organ Procurement and Transplantation Network. Transplant data 1990-1999. US  Department of Health and Human Services, Health Resources and Services  Administration, Office of Special Programs, Division of Transplantation,  Rockvillw, MD; United Network of Organ Sharing, Richmond VA.</P>     <P>9. Rovera GM, Schoen RE, Goldbach B y cols.: Intestinal and multivisceral transplantation: dynamics of nutrition management and functional autonomy.<I> J Parent Ent Nutr</I> 2003, 27:252-9.</P>     <P>10. Buchman AL, Scolapio J, Fryer J: AGA Technical Review on short bowel syndrome and intestinal transplantation.<I> Gastroenterology</I> 2003, 124:111-34.</P>     <P>11. Ojo AO, Held PJ, Port FK y cols.: Chronic renal failure after transplantation of a nonrenal organ.<I> N Engl J Med</I> 2003, 349:931-940.</P>     <P>12. Sokal EM, Cleghorn G, Goulet O, Reverbel da Silveira T, McDiarmid S, Whitington P: Liver and intestinal transplantation in children: Working Group Report of the First World Congress of Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition.<I> J Pediatr Gastroenterol Nutr</I> 2002, 35:S159-72.</P>     <P>13. Ricour C: Étique et assitence nutritionelle extrême chez l'enfant.<I> Arch Pédiatr</I> 2002, 9(Supl.1):32-7.</P>     <P>14. Byrne TA, Cox S, Karimbakas M, Veglia LM, Bennett HM, Lautz DB y cols.: Bowel rehabilitation: an alternative to long-term parenteral nutrition and intestinal transplantation for some patients with short bowel syndrome.<I> Transplant Proc </I>2002, 34:887-90.</P>     <P>15. Cummings AG, Thompson FM: Effect of breast milk and weaning on epithelial growth of the small intestine in humans.<I> Gut</I> 2002, 51:748-54.</P> <hr width="48%" align="left">     <P><font size="2"><B>Correspondencia: </B>J. M. Moreno Villares.&nbsp;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Unidad de Nutrición  Clínica.Hospital Universitario 12 de Octubre.&nbsp;    <br>  Ctra. de Andalucía, km. 5,400.&nbsp;    <br>  28041  Madrid&nbsp;    <br>  e-mail: <a href="mailto:jmoreno.hdoc@salud.madrid.org">jmoreno.hdoc@salud.madrid.org</A></font></P>     <P><font size="2"> Recibido: 5-II-2004.    <BR> Aceptado: 5-II-2004.</font></P>      ]]></body>
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