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<journal-title><![CDATA[Nutrición Hospitalaria]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Grupo Arán]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Influencia de la nutrición y del entorno social en la maduración ósea del niño]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Influence of nutrition and of the social environment on the bone maturation of the child]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Universitario 12 de Octubre Departamento de Pediatría Unidad de Nutrición Clínica]]></institution>
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<institution><![CDATA[,Centro de Salud María Montessori  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><a name="top"></a><b>CARTA AL DIRECTOR</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Influencia de la nutrici&oacute;n y del entorno social en la maduraci&oacute;n &oacute;sea del ni&ntilde;o</font></b></p>     <P><font face="Verdana" size="4"><B>Influence of nutrition and of the social environment on the bone maturation of the child</B></font></P>      <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><a href="#back"><font face="Verdana" size="2">Dirección para correspondencia</font></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sr. Director:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El crecimiento representa un indicador muy sensible para valorar el estado de salud en los ni&ntilde;os. El crecimiento y la maduraci&oacute;n son atributos biol&oacute;gicos que diferencian fundamentalmente la fisiolog&iacute;a y la patolog&iacute;a del ni&ntilde;o con respecto al adulto. Existe una clara relaci&oacute;n entre estado de salud, ingesta adecuada y suficiente y crecimiento. En este sentido tiene inter&eacute;s el estudio de Trist&aacute;n y cols., recientemente publicado<sup>1</sup>. El trabajo contiene, a nuestro entender, aspectos discutibles tanto en su dise&ntilde;o, como en sus conclusiones sobre los que queremos hacer alguna consideraci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Los autores se&ntilde;alan en el resumen que los m&eacute;todos radiol&oacute;gicos empleados en la medida o c&aacute;lculo de la edad &oacute;sea fueron dise&ntilde;ados a mediados del siglo XX bas&aacute;ndose en radiograf&iacute;as de ni&ntilde;os de otros pa&iacute;ses y cuestionan la validez de estos m&eacute;todos tradicionales. Sin embargo, a lo largo de todo el art&iacute;culo no se hace ninguna consideraci&oacute;n al respecto: ni se mencionan dichos m&eacute;todos, ni las alternativas ni, por tanto, ning&uacute;n estudio comparativo. El trabajo se centra en un aspecto muy distinto, aunque no menos interesante: la posible influencia de la nutrici&oacute;n y el entorno en la maduraci&oacute;n &oacute;sea del ni&ntilde;o.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La referencia sobre la lactancia materna es incorrecta y podr&iacute;a interpretarse negativamente. Entendemos que los autores han querido se&ntilde;alar que la lactancia materna <i> exclusiva</i> prolongada por encima de los seis meses ser&iacute;a insuficiente para una nutrici&oacute;n adecuada en pa&iacute;ses desarrollados. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud recomienda el mantenimiento de la lactancia materna hasta los dos a&ntilde;os de edad junto con una alimentaci&oacute;n complementaria correcta. Otras dos afirmaciones de la introducci&oacute;n son motivo de controversia: se desconoce el mecanismo &uacute;ltimo que explique el papel positivo de la ingesta de frutas y verduras sobre la mineralizaci&oacute;n &oacute;sea aunque pudiera estar relacionado con un consumo mayor de vitamina C y otros antioxidantes<sup>2</sup>. Esta asociaci&oacute;n positiva entre ingesta de frutas y verduras y contenido mineral &oacute;seo no parece relacionado con un ambiente alcalino<sup>3</sup>. El segundo aspecto est&aacute; relacionado con el papel del calcio y el estado mineral &oacute;seo. No existe duda de que los cambios que ocurren en la masa &oacute;sea y en el tama&ntilde;o dependen de tanto de la ingesta de calcio como del ejercicio, habiendo encontrado las mayores diferencias en ni&ntilde;os prepuberales con alta ingesta de calcio y que realizan ejercicio intenso<sup>4</sup>. En todo caso ambos factores no tienen ninguna correlaci&oacute;n con el estado de maduraci&oacute;n &oacute;sea -objetivo del trabajo- y s&iacute; con el contenido mineral &oacute;seo, concepto bien distinto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La antropometr&iacute;a es un m&eacute;todo cl&aacute;sico de medida indirecta de la composici&oacute;n corporal, pero no permite conocer ni la maduraci&oacute;n &oacute;sea ni el contenido mineral &oacute;seo. Es un m&eacute;todo sencillo y econ&oacute;mico de inter&eacute;s para el seguimiento nutricional de individuos y poblaciones, aunque sujeto a una gran variabilidad interobservadores. No puede considerarse, por tanto, el m&eacute;todo ideal para la valoraci&oacute;n de la composici&oacute;n corporal. Tampoco la antropometr&iacute;a constituye un m&eacute;todo diagn&oacute;stico de un problema nutricional como se&ntilde;alan los autores, sino tan s&oacute;lo un marcador del estado nutricional.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto a la elecci&oacute;n de los puntos de corte del &iacute;ndice de masa corporal (IMC) utilizados por los autores para definir sobrepeso y obesidad difieren de los com&uacute;nmente empleados. As&iacute;, el documento reciente de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Pediatr&iacute;a recogiendo la doctrina m&aacute;s com&uacute;n define obesidad cuando el IMC es mayor o igual al P95, mientras que los ni&ntilde;os con valores de IMC comprendidos entre el P85 y el P95 tienen riesgo de obesidad<sup>5</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El desarrollo del trabajo plantea, a su vez, numerosos interrogantes, que condicionan notablemente la validez de las conclusiones. En el apartado de material y m&eacute;todos no se se&ntilde;ala qu&eacute; m&eacute;todo utilizan los autores para valorar el desarrollo esquel&eacute;tico. Por otra parte, no hay ninguna referencia a la autorizaci&oacute;n de loa padres para la participaci&oacute;n en el estudio o la aprobaci&oacute;n de un Comit&eacute; &Eacute;tico de investigaci&oacute;n cl&iacute;nica, entendiendo que se realiz&oacute; una prueba -valoraci&oacute;n de la edad &oacute;sea- distinta del objetivo por el que acudieron al Servicio de Urgencias. No se correlaciona la edad &oacute;sea ni con el estadio puberal ni con el sexo. Ambas variables determinan de forma importante la maduraci&oacute;n &oacute;sea. La mineralizaci&oacute;n es similar hasta los 10 a&ntilde;os de edad, en los que claramente se acelera la maduraci&oacute;n en las ni&ntilde;as<sup>6</sup>. Esta sola omisi&oacute;n obliga a la revisi&oacute;n de los resultados del trabajo. Tampoco hemos sido capaces de encontrar c&oacute;mo se ha realizado la valoraci&oacute;n de la dieta. Ni la tabla I que se cita en el texto sobre el contenido m&iacute;nimo en alimentos que se deben tomar por d&iacute;a o semana aparece en el texto, ni se menciona el tipo de encuesta nutricional. Para un estudio de estas caracter&iacute;sticas deber&iacute;an usarse recuerdos de ingesta o encuesta diet&eacute;tica de varios d&iacute;as junto con un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos. Incluso una situaci&oacute;n ideal como esta est&aacute; sujeta a limitaciones<sup>7</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como consecuencia de lo anterior la interpretaci&oacute;n de los resultados se hace dif&iacute;cil. El uso de un punto infrecuente de corte de IMC para definir obesidad explicar&iacute;a la paradoja de que &iexcl;el grupo de obesos sea superior al de cualquiera otro de los grupos, incluido el normopeso! Por cierto, la tabla II del texto es realmente la I, cuyos datos parecen duplicados en la figura 1. Gran parte de los resultados est&aacute;n encaminados a la creaci&oacute;n de un modelo te&oacute;rico, a partir de un an&aacute;lisis multivariante. Aunque se nos dan datos de la bondad del modelo te&oacute;rico -tabla V-, &eacute;ste &iexcl;no se define en el trabajo! Haciendo imposible su comparaci&oacute;n con el "modelo real", sea esto lo que fuera. En ese modelo final se incluyen variables como el h&aacute;bito de fumar de la madre durante el embarazo que no fueron presentados o recogidos ni en el apartado de material y m&eacute;todos, ni en la exposici&oacute;n de resultados. Lo mismo ocurre con la pr&aacute;ctica de deporte. Es, por tanto, dif&iacute;cil de asumir alguno de los resultados como la relaci&oacute;n entre ingesta de pan y maduraci&oacute;n &oacute;sea y mucho menos la posible explicaci&oacute;n cient&iacute;fica.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La relaci&oacute;n entre maduraci&oacute;n &oacute;sea y contenido mineral &oacute;seo necesita establecerse con precisi&oacute;n. La correlaci&oacute;n de ambas variables con la nutrici&oacute;n y el entorno son muy interesantes. Pero el trabajo presentado, aunque ambicioso en su concepci&oacute;n, nos deja lejos de responder a muchos de nuestros interrogantes.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><b><font face="Verdana" size="2">J. M. Moreno Villares* y M.ª J. Galiano Segovia**</font></b></p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2">*Unidad de Nutrici&oacute;n Cl&iacute;nica. Departamento de Pediatr&iacute;a. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>**Pediatra. Centro de Salud Mar&iacute;a Montessori. Legan&eacute;s. Madrid.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="3">Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Trist&aacute;n Fern&aacute;ndez JM, Ruiz Santiago F, P&eacute;rez de la Cruz A, Lobo Ta&ntilde;er G, Aguilar Cordero MJ, Collado Torreblanca F. Influencia de la nutrici&oacute;n y del entorno social en la maduraci&oacute;n &oacute;sea del ni&ntilde;o. Nutr Hosp 2007; 22:417-24.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514448&pid=S0212-1611200700080001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Prynne CJ, Mishra GD, O'Connell MA, Mu&ntilde;iz G, Lakey MA, Yan L y cols. F. Fruit and vegetable intakes and bone mineral status: a cross-sectional study in 5 age and sex cohorts. Am J Clin Nutr 2006; 83:1420-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514449&pid=S0212-1611200700080001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Ginty F, Prynne CJ, Mu&ntilde;iz G y cols. No evidence for a negative association between bone mineral status and indirect stimates of renal net acid excretion in younger and older age groups. Proc Nutr Soc 2006; 64:80A (abstract).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514450&pid=S0212-1611200700080001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Heaney RP, Weaver CM. Newer perspectives on calcium nutrition and bone quality. J Am Coll Nutr 2005; 24:574S-81S.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514451&pid=S0212-1611200700080001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Dalmau Serra J, Alonso Franch M, G&oacute;mez L&oacute;pez L, Mart&iacute;nez Costa C, Sierra Salinas C. Obesidad infantil. Recomendaciones del Comit&eacute; de Nutrici&oacute;n de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Pediatr&iacute;a. Parte II. Diagn&oacute;stico. Comorbilidades. Tratamiento. An Pediatr (Barc) 2007; 66:294-304.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514452&pid=S0212-1611200700080001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Alonso Franch M, Redondo de los R&iacute;os MP. Nutrici&oacute;n y patolog&iacute;a &oacute;sea en la infancia. En: Tratado de Nutrici&oacute;n. Tomo IV. Nutrici&oacute;n Cl&iacute;nica. A Gil (ed.). Acci&oacute;n M&eacute;dica. Madrid 2005; pp. 993-1018.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514453&pid=S0212-1611200700080001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Magkos F, Manios Y, Babaroutsi E, Sidossis LS. Differences in the quantitative and qualitative performance of a calcium-specific food frequency questionnaire across age and sex. J Hum Nutr Diet 2006; 19:331-42.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3514454&pid=S0212-1611200700080001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="back"></a><a href="#top"><img src="/img/revistas/nh/v22n6/seta.gif" width="15" height="17" border="0"></a><b>Direcci&oacute;n para correspondencia:</b>    <BR>Jos&eacute; Manuel Moreno Villares.    <BR>Unidad de Nutrici&oacute;n Cl&iacute;nica.    <BR>Hospital 12 de Octubre.    <BR>28041 Madrid    <BR>E-mail: <a href="mailto:jmoreno.hdoc@salud.madrid.org">jmoreno.hdoc@salud.madrid.org</a></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Recibido: 23-VII-2007.    <BR>Aceptado: 17-IX-2007.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <P>&nbsp;</P>     <p><b><font face="Verdana" size="4">R&eacute;plica de los autores</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Estimado director:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Le mandamos esta carta en contestaci&oacute;n a la remitida por los doctores Moreno y Galiano sobre el art&iacute;culo nº 2634 que se public&oacute; en la revista n.º 4 julio-agosto 2007 de Nutrici&oacute;n Hospitalaria<sup>1</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En primer lugar agradecerles las m&uacute;ltiples observaciones que pudieran ser objeto de un rico debate, aunque nos centraremos expl&iacute;citamente a las que ata&ntilde;en directamente a nuestro art&iacute;culo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En primer lugar se cuestionan aspecto de la metodolog&iacute;a aplicada. Efectivamente en el apartado de "material y m&eacute;todos" no se especifica cu&aacute;les han sido los m&eacute;todos radiol&oacute;gicos empleados para la determinaci&oacute;n &oacute;sea en los ni&ntilde;os. Aunque este no era el objetivo principal de este estudio, creo que es un dato importante para los lectores interesados. Por eso les remito a otras publicaciones donde se especifica<sup>2, 3</sup>. En ellas se trataba de valorar la concordancia de los m&eacute;todos de Greulich and Pyle, Semp&eacute; yTanner-Whitehouse con la edad cronol&oacute;gica de los ni&ntilde;os de nuestro entorno. Aunque se concluy&oacute; que la edad &oacute;sea era m&aacute;s exacta con los dos primeros, como edad &oacute;sea de nuestros ni&ntilde;os para la realizaci&oacute;n de los distintos an&aacute;lisis estad&iacute;sticos con el resto de variables se consider&oacute; la edad media de los tres m&eacute;todos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Efectivamente se aprovecharon para este trabajo las radiograf&iacute;as realizadas en urgencias a ni&ntilde;os sanos por traumatismos que no distorsionaban la anatom&iacute;a &oacute;sea. En ese momento o de forma diferida se contactaba con los padres a los que se les explicaba el estudio a realizar con el fin de obtener el correspondiente consentimiento sin el cual no hubi&eacute;ramos podido realizar las medidas antropom&eacute;tricas y cumplimentar los cuestionarios con las diferentes variables que requer&iacute;an de la informaci&oacute;n recabada tanto de ni&ntilde;os como de sus progenitores.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Entre las variables independientes, tanto la edad, el sexo, el h&aacute;bito de fumar materno y la pr&aacute;ctica de deporte en los ni&ntilde;os, as&iacute; como otras muchas no relacionadas con la alimentaci&oacute;n, han sido recogidas en nuestra base de datos y han sido consideradas en los distintos an&aacute;lisis estad&iacute;sticos. Efectivamente, al menos las significativas, deber&iacute;an haberse detallado en el apartado de material y m&eacute;todos. Concretamente el tabaco se valor&oacute; de forma num&eacute;rica (cigarrillos/d&iacute;a) y categ&oacute;rica dicot&oacute;mica, clasificando a las madres como fumadoras o no fumadoras. Esta &uacute;ltima es la que result&oacute; significativa en el an&aacute;lisis multivariante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La ventaja del an&aacute;lisis multivariante es que elimina los factores de confusi&oacute;n y trata de obtener un modelo te&oacute;rico que explique los resultados observados en la variable dependiente. Con las variables que han resultado significativas somos capaces de discriminar en un 82% de los casos si la edad &oacute;sea del ni&ntilde;o estar&aacute; adelantada o atrasada con respecto a la edad cronol&oacute;gica. El otro 18% se explicar&iacute;a por otras variables que probablemente no se han incluido en el estudio y que indican que el desarrollo y maduraci&oacute;n esquel&eacute;tica es el resultado de un conjunto de factores dif&iacute;ciles de abarcar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cualquier caso, este es un estudio transversal y como cualquier estudio de este tipo solo demuestra asociaci&oacute;n entre variables y nunca una relaci&oacute;n causa-efecto. Son otros tipos de estudios, fundamentalmente cohortes y ensayo cl&iacute;nico, los que deben confirmar las hip&oacute;tesis surgidas en un estudio transversal.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto a los valores del IMC para valorar obesidad nos hemos basado en las tablas de Hern&aacute;ndez y cols<sup>4</sup>. Es cierto que el punto de corte del IMC para definir la obesidad es motivo de controversia con autores que lo colocan en el percentil 90, 95 &oacute; 98<sup>4-6</sup>. Por tanto cualquier comparaci&oacute;n del porcentaje de ni&ntilde;os obesos debe realizarse conociendo el punto de corte elegido. Este punto de corte inevitablemente influir&aacute; en los valores de sensibilidad y especificidad en la detecci&oacute;n de la obesidad. Actualmente el IMC para identificar a ni&ntilde;os o ni&ntilde;as con obesidad parece tener alta sensibilidad (95-100%) pero baja especificidad (36-66%)<sup>7, 8</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto al contenido refieren en primer lugar que las afirmaciones sobre la lactancia materna pueden interpretarse incorrectamente. Efectivamente una lectura r&aacute;pida del tema puede ser motivo de obtenci&oacute;n de conclusiones err&oacute;neas. Existen m&uacute;ltiples trabajos sobre la repercusi&oacute;n de la duraci&oacute;n de la lactancia en el crecimiento infantil con resultados dispares, puesto que existen autores que han encontrado un retraso en el crecimiento con la prolongaci&oacute;n de la lactancia y otros, sin embargo, una mayor velocidad de crecimiento<sup>9-11</sup>. La posible influencia positiva de la lactancia materna sobre el desarrollo infantil se vio contrarrestada en estos estudios por aquellos casos en que la lactancia materna se prolongaba con el objeto de compensar o tratar a aquellos ni&ntilde;os con bajo desarrollo. Esto supuso un factor de confusi&oacute;n que hizo obtener resultados contradictorios. Actualmente los beneficios nutricionales de la prolongaci&oacute;n de la lactancia son menos discutibles, aunque mucho m&aacute;s evidentes en los entornos desfavorables para el crecimiento del ni&ntilde;o y menos perceptibles en los pa&iacute;ses desarrollados<sup>3</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Estamos de acuerdo en que se desconoce el mecanismo &uacute;ltimo que explique el papel positivo de la ingesta de frutas y verduras sobre la mineralizaci&oacute;n &oacute;sea, que algunos autores han atribuido al papel alcalinizante sobre la dieta que conlleva una reducci&oacute;n en la excreci&oacute;n urinaria de calcio<sup>12</sup>, mientras que otros lo cuestionan y le conceden mayor importancia al mayor consumo de vitamina C y otros antioxidantes, basados en estudios transversales que correlacionan la excreci&oacute;n de &aacute;cido en la orina con la dieta<sup>13</sup>. En cualquier caso este debate queda fuera del objetivo de este trabajo que no era otro que la influencia de la nutrici&oacute;n en la maduraci&oacute;n &oacute;sea que, efectivamente, es diferente al concepto de contenido mineral &oacute;seo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En definitiva, agradecemos los comentarios de los autores que podr&iacute;an ser motivo de extensos debates. Esperamos que nuestra respuesta aclare aquellos aspectos en los que es posible obtener una respuesta.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><b><font face="Verdana" size="2">J. M. Trist&aacute;n Fern&aacute;ndez</font></b></p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2">Departamento de Enfermer&iacute;a. Laboratorio de Antropolog&iacute;a F&iacute;sica. Universidad de Granada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="3">Referencias</font></b></p>     <p><font face="Verdana" size="2">1. Trist&aacute;n Fern&aacute;ndez JM, Ruiz Santiago F, P&eacute;rez de la Cruz A, Lobo Ta&ntilde;er G, Aguilar Cordero MJ, Collado Torreblanca F. Influencia de la nutrici&oacute;n y del entorno social en la maduraci&oacute;n &oacute;sea del ni&ntilde;o. Nutr Hosp 2007; 22:417-24.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">2. Trist&aacute;n Fern&aacute;ndez JM, Ruiz Santiago F, Botella L&oacute;pez y cols. An&aacute;lisis de los m&eacute;todos radiol&oacute;gicos que predicen la edad &oacute;sea de los ni&ntilde;os desde el punto de vista Antropol&oacute;gico. Antropo 2006; 12: 93-102. www.didac.ehu.es/antropo</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">3. Trist&aacute;n Fern&aacute;ndez JM. Influencia de diversos factores de salud y sociodemogr&aacute;ficos en el desarrollo esquel&eacute;tico y antropom&eacute;trico. Tesis doctoral. Universidad de Granada. Granada 2005.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">4. Hern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez RA. Manual de antropometr&iacute;a nutricional. T&eacute;cnicas-Instrumentos. Laboratorio de Evaluaci&oacute;n Nutricional.Universidad. Sim&oacute;n Bol&iacute;var. 1997. Caracas.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">5. US Preventive Services Task Force. Screening and interventions for overweight in children and adolescents: recommendation statement. Pediatrics 2005; 116(1):205-209.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">6. Scotish Intercollegiate Guideline Network. Management of obesity in children and young people. A national guideline. Scotish Intercollegiate Guideline Network. 2003.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">7. Colomer Revuelta J. Prevenci&oacute;n de la obesidad infantil. PrevInfad (AEPap). 2005.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">8. Centers for Disease Control. Overweight children and adolescents: recommendations to screen, assess and manage. 2005.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">9. Grummer-Strawn LM. Does prolonged breast-feeding impair child growth? A critical review. Pediatrics 1993; 91(4):766.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">10. Onyango AW, Esrey SA, Kramer MS. Continued breastfeeding and child growth in the second year of life: a prospective cohort study in western Kenya. The Lancet 1999; 354(9195):2041-2045.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">11. Taren D, Chen J. A positive association between extended breast feeding and nutritional status in rural Hubei Province, People's Republic of China. Am J Clin Nutr 1993; 58:862-867.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">12. Chen Y, Ho SC, Lee R y cols. Fruit intake is associated with better bone mass among Hong-Kong Chinese early postmenopausal women. J Bone Mineral Res 2001; 16(S1):S386.</font></p>    <p><font face="Verdana" size="2">13. Prynne CJ, Mishra GD, O'Connell MA, Mu&ntilde;iz G, Lakey MA, Yan L y cols. F. Fruit and vegetable intakes and bone mineral status: a cross-sectional study in 5 age and sex cohorts. Am J Clin Nutr 2006; 83:1420-8.</font></p>      ]]></body><back>
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