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</front><body><![CDATA[ 
    <p>&nbsp;</p>

<font face="Verdana" size="4">
    <p><b>Requerimientos en nutrici&oacute;n parenteral pedi&aacute;trica</b></p>
    <p><b>Requirements for pediatric parenteral nutrition</b></p>
</font>
    <p>&nbsp;</p>
    <p>&nbsp;</p>

<font face="Verdana" size="2">
    <p><b>Cecilia Mart&iacute;nez Costa<sup>1</sup> y Consuelo Pedr&oacute;n Giner<sup>2</sup></b></p>
    <p><sup>1</sup>Secci&oacute;n de Gastroenterolog&iacute;a y Nutrici&oacute;n Pedi&aacute;trica. Hospital Cl&iacute;nico. Universidad de Valencia. <sup>2</sup>Secci&oacute;n de Gastroenterolog&iacute;a y Nutrici&oacute;n Pedi&aacute;trica. Hospital Infantil Universitario Ni&ntilde;o Jes&uacute;s. Madrid</p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p>&nbsp;</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>
    <p>La nutrici&oacute;n parenteral (NP) en el ni&ntilde;o enfermo tiene como principal objetivo suministrar las demandas espec&iacute;ficas de energ&iacute;a y nutrientes debidas a su enfermedad, manteniendo un balance de energ&iacute;a positivo que permita un crecimiento y desarrollo adecuados, procurando evitar tanto la infra como la sobrenutrici&oacute;n.</p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS ENERG&Eacute;TICOS</b></p>
    <p>Cl&aacute;sicamente, la principal preocupaci&oacute;n a la hora de prescribir una NP era el no alcanzar las necesidades energ&eacute;ticas del paciente; sin embargo, actualmente, el problema se centra m&aacute;s en las consecuencias negativas a las que conduce el exceso o desequilibrio de los diversos nutrientes. La estimaci&oacute;n de las necesidades energ&eacute;ticas en los ni&ntilde;os con NP precisa considerar los distintos componentes del gasto energ&eacute;tico y el hecho de que la mayor&iacute;a de ellos est&aacute;n hospitalizados, inactivos, con o sin alimentaci&oacute;n enteral concomitante y con diversos grados de estr&eacute;s metab&oacute;lico (1,2).</p>

    <p><b>Componentes del gasto energ&eacute;tico del ni&ntilde;o</b></p>
    <p>La energ&iacute;a ingresada diariamente con los macronutrientes en su mayor proporci&oacute;n va a ser utilizada por el organismo (energ&iacute;a metabolizable), excepto una peque&ntilde;a parte que se pierde de forma obligada (orina, heces, sudor). Esta energ&iacute;a disponible se va a consumir en el metabolismo basal, en la termog&eacute;nesis de los alimentos (ambos constituyen el gasto energ&eacute;tico en reposo, GER), en la termorregulaci&oacute;n, en la actividad f&iacute;sica y en el crecimiento (3). Este &uacute;ltimo es el que diferencia esencialmente la nutrici&oacute;n del ni&ntilde;o respecto a la del adulto haci&eacute;ndolo especialmente vulnerable en &eacute;pocas de crecimiento acelerado sobre todo en el reci&eacute;n nacido pret&eacute;rmino (RNPT) (1). La suma de todos ellos constituye el gasto energ&eacute;tico total (GET) cuyo principal componente es el metabolismo basal (3). De este modo, el balance energ&eacute;tico del ni&ntilde;o ser&aacute;:</p>
    <p align="center"><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_formula.jpg" alt="formula"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Si sobra energ&iacute;a esta se almacenar&aacute; en forma de grasa y si falta se movilizar&aacute;n los dep&oacute;sitos org&aacute;nicos.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>
En el ni&ntilde;o enfermo estas circunstancias pueden variar considerablemente. Aunque hay que contemplar los requerimientos suplementarios para la recuperaci&oacute;n de la desnutrici&oacute;n, se debe poner especial cuidado en evitar el exceso de energ&iacute;a debido a las complicaciones que puede comportar: esteatosis hep&aacute;tica, hiperglucemia e infecciones. Cl&aacute;sicamente se ha hecho un gran &eacute;nfasis en el balance negativo generado por el estr&eacute;s, sin embargo, diferentes estudios en ni&ntilde;os sometidos a cirug&iacute;a o que precisan cuidados intensivos demuestran que el aumento del gasto metab&oacute;lico no es tan grande como se cre&iacute;a y se produce solo en las primeras 24 horas. En general, el paciente encamado tiene un GET generalmente disminuido por la inactividad lo que puede en parte compensar el incremento condicionado por diversos mecanismos (inflamaci&oacute;n, p&eacute;rdidas por ostom&iacute;as...) (1,4,5).</p>

    <p><b>C&aacute;lculo de los aportes energ&eacute;ticos en el ni&ntilde;o con NP</b></p>
    <p>El c&aacute;lculo de los requerimientos energ&eacute;ticos debe realizarse de forma individualizada, seg&uacute;n edad, estado nutricional y enfermedad subyacente. En pacientes con enfermedades que conlleven alto riesgo de desnutrici&oacute;n (cirug&iacute;a mayor, neoplasias, fibrosis qu&iacute;stica, cardiopat&iacute;as cong&eacute;nitas, etc.), el mejor m&eacute;todo es el c&aacute;lculo del GER corregido por un factor que incluye la actividad y el grado de estr&eacute;s. La forma m&aacute;s id&oacute;nea de conocer el GER es mediante calorimetr&iacute;a indirecta que determina el O<sub>2</sub> consumido y el CO<sub>2</sub> eliminado durante la oxidaci&oacute;n de los nutrientes, obteniendo el cociente respiratorio (VCO<sub>2</sub>/VO<sub>2</sub>). Esta medici&oacute;n por calorimetr&iacute;a incluye las modificaciones del metabolismo basal por el estr&eacute;s, a diferencia de las ecuaciones predictivas, y solo precisa del ajuste por actividad f&iacute;sica. Sin embargo, la mayor&iacute;a de los cl&iacute;nicos no disponen de esta t&eacute;cnica y, por tanto, precisan aproximar las necesidades energ&eacute;ticas con c&aacute;lculos orientativos mediante ecuaciones de predicci&oacute;n, siendo la m&aacute;s aceptada la f&oacute;rmula de Schofield (6). Si no se dispone de la talla se puede emplear la de Schofield para el peso o la f&oacute;rmula de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) (1,2,5,7-10) (<a href="#t1">Tabla I</a>). Para lactantes estas ecuaciones calculan cifras muy por debajo de las necesidades reales y no contemplan el crecimiento acelerado en esta edad. Para esta edad, en la <a href="#t2">tabla II</a> se proponen las recomendaciones basadas en el GET incluyendo el crecimiento (11).</p>
    <p align="center"><a name="t1"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla1.jpg" alt="tabla1"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p align="center"><a name="t2">&lt;/><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla2.jpg" alt="tabla2"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Una vez calculado el GER tal como se indica en la <a href="#t1">tabla I</a> se corregir&aacute; por un factor que tenga en cuenta el estr&eacute;s de la enfermedad y la actividad, considerando que ambos se van a compensar en la mayor&iacute;a de los casos. Generalmente para evitar la sobrealimentaci&oacute;n se suele emplear un factor de multiplicaci&oacute;n 1,1 a 1,2 en ni&ntilde;os con enfermedad de moderada intensidad (GdE 4) (5). No hay razones para incrementar la energ&iacute;a en casos de cirug&iacute;a no complicada (GdE 2) (5). En situaciones de NP prolongada y desnutrici&oacute;n grave este factor se puede incrementar hasta 1,5-1,6. Algunos autores recomiendan cantidades aproximadas de energ&iacute;a seg&uacute;n la edad que se recogen en la <a href="#t2">tabla II</a> (1,2,5).</p>

    <p>Circunstancias especiales</p>
    <p>1. Teniendo en cuenta que la <i>obesidad</i> infantil ha alcanzado una prevalencia muy elevada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, es preciso considerar el soporte parenteral en estos casos. Desde el punto de vista antropom&eacute;trico, consideraremos obesidad cuando el z-score del &iacute;ndice de masa corporal (IMC) del paciente previo a la enfermedad sea superior a 2 desviaciones est&aacute;ndares (DE) en relaci&oacute;n a los patrones de referencia para ni&ntilde;os mayores de 5 a&ntilde;os y superior a 3 DE para los menores de 5 a&ntilde;os (WHO 2006 para 0-5 a&ntilde;os) (12) y WHO 2007 para 5-19 a&ntilde;os (13), siendo este exceso de peso debido principalmente a adiposidad. En los adolescentes obesos, la American Society for Parenteral and Enteral Nutrition (ASPEN) recomienda calcular el GER, siempre que sea posible, utilizando la calorimetr&iacute;a indirecta (GdE 5) (14), debido a las diferencias que pueden existir en la masa magra, y considerando por ello, que ni el peso ideal ni ninguna ecuaci&oacute;n de predicci&oacute;n puede determinar estas diferencias. Pese a ello, si no se dispone de calorimetr&iacute;a, recomendamos calcular el GER con el peso correspondiente a un IMC entre 0 y +1 DE.</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Los ni&ntilde;os con <i>desnutrici&oacute;n</i> requieren calor&iacute;as extra para el crecimiento de recuperaci&oacute;n <i>(catch up)</i> y por ello el c&aacute;lculo de calor&iacute;as no se har&aacute; en funci&oacute;n del peso actual sino del peso ideal para su talla, teniendo en cuenta que la administraci&oacute;n debe hacerse de forma muy progresiva. Suele ser necesario multiplicar por 1,3-1,5 (GdE 4) (5).</p>
    <p>3. Los pacientes <i>cr&iacute;ticos</i> tienen elevado riesgo de desnutrici&oacute;n relacionado con las alteraciones metab&oacute;licas que conlleva su estado de estr&eacute;s y de inflamaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n de sobrenutrici&oacute;n si el soporte no es el adecuado. En ambos casos, el pron&oacute;stico de la enfermedad puede afectarse negativamente (15). Por ello, seg&uacute;n ASPEN, es necesaria la planificaci&oacute;n de un soporte nutricional especializado evitando la sobre y la subnutrici&oacute;n (GdE 5) suministrando siempre que sea posible nutrici&oacute;n enteral (NE) (GdE 5) (15). Sin embargo, actualmente a&uacute;n no existe una gu&iacute;a clara de actuaci&oacute;n en relaci&oacute;n a la NP y NE (16). Las necesidades energ&eacute;ticas se calcular&aacute;n por calorimetr&iacute;a indirecta, y si no es posible, aplicando f&oacute;rmulas o normogramas (GdE 5) (15). Se ha publicado una f&oacute;rmula que correlaciona bien con el GER medido (5) y que se expone as&iacute; mismo en la <a href="#t1">tabla I</a>. Recientemente se ha comunicado que aproximadamente el 60% de los ni&ntilde;os cr&iacute;ticos (0-14 a&ntilde;os) estaban sobrealimentados, sugiriendo el uso de la calorimetr&iacute;a indirecta siempre que sea posible (17). Un an&aacute;lisis multic&eacute;ntrico en unidades de cr&iacute;ticos concluye que la NP precoz cuando no es posible alcanzar el objetivo cal&oacute;rico con NE, no mejora la evoluci&oacute;n de los pacientes frente a la NP iniciada a partir del 8º d&iacute;a (18). El an&aacute;lisis de estos resultados se expone en el cap&iacute;tulo de "Nutrici&oacute;n parenteral en situaciones cl&iacute;nicas especiales".</p>
    <p>4. En los <i>RNPT</i> existe evidencia de que alcanzar los objetivos cal&oacute;ricos y proteicos precozmente (<a href="#t2">Tablas II</a> y <a href="#t3">III</a>), mejora la evoluci&oacute;n cl&iacute;nica, reduce la restricci&oacute;n del crecimiento y favorece el neurodesarrollo, por lo que se recomienda una nutrici&oacute;n intensiva desde los primeros d&iacute;as (19,20). Se recomienda iniciar la NP aportando 60 kcal/kg/d&iacute;a, con incrementos hasta 90-100 kcal/kg/d&iacute;a en la primera semana y hasta 120 a la tercera semana (21,22) (<a href="#t2">Tabla II</a>). Sin embargo esta pauta a&uacute;n es escasamente implementada en las unidades neonatales (19).</p>
    <p align="center"><a name="t3"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla3.jpg" alt="tabla3"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><i>Ejemplo de c&aacute;lculo energ&eacute;tico:</i></p>
    <p>Ni&ntilde;o 8 a&ntilde;os sometido a NP tras intervenci&oacute;n por peritonitis. El c&aacute;lculo del GER para su peso de 24 kg seg&uacute;n la ecuaci&oacute;n de Schofield (<a href="#t1">Tabla I</a>) es de 1.050 kcal y corregido por un factor actividad-estr&eacute;s de 1,1 ser&iacute;an 1.155 kcal/d&iacute;a (48 kcal/kg/d&iacute;a), mientras que corregido por un factor de 1,2 supondr&aacute; un total de aproximadamente 1.260 kcal/d&iacute;a (53 kcal/kg/d&iacute;a).</p>
    <p>Distribuci&oacute;n cal&oacute;rica</p>
    <p>Una vez calculada la energ&iacute;a total diaria es fundamental que su aporte en principios inmediatos est&eacute; equilibrado para conseguir una adecuada retenci&oacute;n nitrogenada y evitar alteraciones metab&oacute;licas (4). El c&aacute;lculo de los requerimientos de prote&iacute;na debe realizarse siempre en primer lugar y es el que determina el resto del aporte cal&oacute;rico no proteico. Se recomienda 150-200 kcal no proteicas por cada gramo de nitr&oacute;geno lo que equivale a 24-32 kcal no proteicas /gramo de prote&iacute;na (1,2,8-10) (<a href="#t1">Tabla I</a>). Para calcular los gramos de nitr&oacute;geno se divide la cantidad total de amino&aacute;cidos por 6,25 (el contenido de nitr&oacute;geno de la prote&iacute;na es aproximadamente del 16%). Estos aportes vienen a suponer una distribuci&oacute;n cal&oacute;rica final de 12-16% de las calor&iacute;as en forma de amino&aacute;cidos y el resto, que constituyen las kcal no proteicas, se reparten aproximadamente entre l&iacute;pidos 25-40% y glucosa 75-60% (1,2,5). En circunstancias de estr&eacute;s elevado (paciente cr&iacute;tico, trasplante de m&eacute;dula&hellip;), la relaci&oacute;n kcal no proteicas/g de nitr&oacute;geno puede llegar a ser 100/1 a 130/1.</p>
    <p>Consideraci&oacute;n especial merece el RNPT de bajo peso debido a la r&aacute;pida acreci&oacute;n proteica por el crecimiento y a que la oxidaci&oacute;n proteica contribuye de forma especial a la producci&oacute;n de energ&iacute;a. En ellos la relaci&oacute;n prote&iacute;na/energ&iacute;a (g/100 kcal) var&iacute;a en funci&oacute;n del peso al nacimiento (21) (<a href="#t3">Tabla III</a>). En fase estable tambi&eacute;n se recomienda mantener una relaci&oacute;n 150-200 kcal no proteicas por cada gramo de nitr&oacute;geno (21).</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS PROTEICOS</b></p>
    <p>Las prote&iacute;nas se suministran en forma de soluciones de amino&aacute;cidos (AA) y son esenciales para mantener la masa corporal magra. Su aporte debe minimizar el catabolismo proteico inducido por el estr&eacute;s y el ayuno, y favorecer la s&iacute;ntesis proteica sin producir complicaciones hep&aacute;ticas y/o renales (1).</p>
    <p>Los aportes recomendados seg&uacute;n la edad se recogen en la <a href="#t4">tabla IV</a> (1,2,5). Estudios recientes sustentan la importancia de alcanzar r&aacute;pidamente las dosis m&aacute;ximas incluso en el neonato pret&eacute;rmino siempre que se guarde la relaci&oacute;n nitr&oacute;geno/kcal no proteicas. En el RNPT es segura su utilizaci&oacute;n desde el primer d&iacute;a con un aporte m&iacute;nimo de 1,5 g/kg/d&iacute;a que evite el balance nitrogenado negativo (5,21). Las estudios m&aacute;s recientes comienzan con 2,4-3,6 g/kg/d&iacute;a incluso desde el primer d&iacute;a, consider&aacute;ndose necesario llegar a aportes hasta de 4 g/kg/d&iacute;a para favorecer la retenci&oacute;n proteica (1,2,5,21,23). Recientemente se ha cuantificado que la s&iacute;ntesis de alb&uacute;mina es sustancialmente superior cuando a los RNPT se les administra precozmente dosis elevadas de AA/l&iacute;pidos (3,6/2 g/kg/d&iacute;a) frente a la administraci&oacute;n de dosis menores de AA/l&iacute;pidos (2,4/2 g/kg/d&iacute;a) y exclusivamente AA (2,4/0 g/kg/d&iacute;a) (24) (ver cap&iacute;tulo de "Nutrici&oacute;n parenteral en situaciones cl&iacute;nicas especiales").</p>
    <p align="center"><a name="t4"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla4.jpg" alt="tabla4"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>En los casos especiales en que exista desnutrici&oacute;n grave con riesgo de s&iacute;ndrome de realimentaci&oacute;n, la introducci&oacute;n ser&aacute; m&aacute;s lenta.</p>
    <p>Las soluciones de AA parenterales deben contener una adecuada proporci&oacute;n de amino&aacute;cidos esenciales y no esenciales; conviene recordar que los AA no esenciales pueden ser esenciales en determinadas circunstancias dependientes de la edad, estr&eacute;s y enfermedad subyacente. As&iacute; la ciste&iacute;na, tirosina y taurina son AA semiesenciales en el reci&eacute;n nacido (RN) a t&eacute;rmino (RNT) y RNPT lo que obliga a su inclusi&oacute;n en las soluciones parenterales administradas en esta edad. La ciste&iacute;na es un sustrato para el glutati&oacute;n y por ello tiene propiedades antioxidantes. La taurina puede mejorar la colestasis neonatal y prevenir la alteraci&oacute;n retiniana (1,5,23).</p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS DE L&Iacute;PIDOS</b></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los l&iacute;pidos deben formar parte de las soluciones de NP por su elevada densidad cal&oacute;rica, por ser fuente de &aacute;cidos grasos esenciales (AGE) importantes para el neurodesarrollo (especialmente en RNPT), por disminuir la osmolaridad de la soluci&oacute;n y por evitar los efectos negativos de la sobrecarga de glucosa. Adem&aacute;s, se ha demostrado que su adici&oacute;n a la NP mejora el balance de nitr&oacute;geno (23). Se recomienda que constituyan del 25 al 40% de las calor&iacute;as no proteicas, pero su m&aacute;xima oxidaci&oacute;n se produce cuando suministran el 40% de las calor&iacute;as no proteicas en el RN y hasta el 50% en resto de los lactantes (1,5). Los aportes m&aacute;ximos diarios y velocidad de infusi&oacute;n recomendados en NP se resumen en la <a href="#t5">tabla V</a> (1,5). Como ya hemos mencionado, es m&aacute;s importante que la mezcla total sea equilibrada que su introducci&oacute;n progresiva. En RNPT de muy bajo peso con hiperbilirrubinemia, es recomendable incrementos paulatinos de 0,5-1 g/kg/d&iacute;a (22,23) que permiten controlar la hipertrigliceridemia. Las cifras no deben superar la concentraci&oacute;n de 150 mg/dL en pret&eacute;rminos, 250 mg/dL en lactantes y 400 mg/dL en los ni&ntilde;os mayores (5,22). En una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica se demostr&oacute; que su inicio en los dos primeros d&iacute;as de vida parece ser seguro en los RNPT de muy bajo peso al nacer (25) y no se han demostrado efectos adversos sobre el pulm&oacute;n o sobre la toxicidad de la bilirrubina (21).</p>
    <p align="center"><a name="t5"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla5.jpg" alt="tabla5"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>En algunas circunstancias, hay que tener precauci&oacute;n y reducir los aportes (0,5-1 g/kg/d&iacute;a) garantizando el aporte de AGE: infecciones graves (disminuci&oacute;n de lipoproteinlipasa); hiperbilirrubinemia neonatal (riesgo kernicterus); trombocitopenia (inferior a 100.000/mm<sup>3</sup>); insuficiencia hep&aacute;tica y enfermedades pulmonares (8,9).</p>
    <p>Se recomienda incluirlos en la bolsa junto a AA y glucosa en forma de soluciones ternarias, a no ser que sea inestable debido a su composici&oacute;n (ver cap&iacute;tulo de "Preparaci&oacute;n de las nutriciones parenterales pedi&aacute;tricas"). Se sugiere la adici&oacute;n de carnitina en NP de m&aacute;s de 4 semanas (5) aunque no se ha demostrado evidencia de que mejore la nutrici&oacute;n y la tolerancia lip&iacute;dica en la NP de los neonatos (26). De forma sistem&aacute;tica ASPEN recomienda su inclusi&oacute;n rutinaria en la NP del RN a dosis de 2-5 mg/kg/d&iacute;a si no lleva ning&uacute;n aporte por v&iacute;a enteral (27). La adici&oacute;n de heparina a la NP no est&aacute; justificada en la inmensa mayor&iacute;a de las situaciones, a pesar de ser una pr&aacute;ctica frecuente en Unidades Neonatales en nuestros centros (ver cap&iacute;tulo de "Componentes de las mezclas de nutrici&oacute;n parenteral para pediatr&iacute;a"). En neonatos se ha aconsejado la adici&oacute;n de heparina con el objetivo de disminuir la formaci&oacute;n de fibrina en los cat&eacute;teres de larga duraci&oacute;n y con ello, la reducci&oacute;n de la adhesi&oacute;n bacteriana (28).</p>
    <p>Las soluciones de l&iacute;pidos han evolucionado en su composici&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La soluci&oacute;n de l&iacute;pidos procedente de soja (Intralipid<sup>&reg;</sup>) fue sustituida en las unidades pedi&aacute;tricas europeas por otras soluciones bas&aacute;ndose en el desequilibrio en AGE por exceso de omega-6 y en la hepatotoxicidad (29) debida a la peroxidaci&oacute;n lip&iacute;dica y al efecto de los fitosteroles (30,31). Las soluciones mixtas de LCT y MCT (Lipofundina MCT/LCT 20%<sup>&reg;</sup>) han sido administradas durante tiempo siendo bien toleradas incluso en lactantes peque&ntilde;os (1). La disponibilidad de soluciones m&aacute;s complejas como el Lipoplus<sup>&reg;</sup> que incluye aceite de soja, MCT y aceite de pescado o el SMOFlipid<sup>&reg;</sup> que incluye estos adem&aacute;s de aceite de oliva se consideran seguras y con buena tolerancia en todas las edades pedi&aacute;tricas. Al reducir el aporte de soja y contener vitamina E se postula que el aporte y proporci&oacute;n de AGE es muy equilibrado (31,32) y deben disminuir la peroxidaci&oacute;n lip&iacute;dica y contribuir a reducir la enfermedad hep&aacute;tica relacionada con la NP especialmente en casos de s&iacute;ndrome de intestino corto (SIC).</p>
    <p>El tipo de l&iacute;pidos en NP contin&uacute;a siendo un aspecto controvertido y no existen recomendaciones claras. En RNPT se obtuvo una significativa reducci&oacute;n de bilirrubina total y directa junto con un equilibrio en la proporci&oacute;n de AGE en los tratados con SMOFlipid<sup>&reg;</sup> frente a los que recibieron Intralipid<sup>&reg;</sup> (33). Estos beneficios en los niveles de bilirrubina, as&iacute; como en los de triglic&eacute;ridos e incidencia de infecci&oacute;n, no se han confirmado en un metaan&aacute;lisis posterior (34). Otros metaan&aacute;lisis no han podido demostrar en el RN el efecto protector del aceite de pescado frente a la enfermedad hep&aacute;tica relacionada con la NP (35) ni pruebas suficientes para recomendar ninguna soluci&oacute;n lip&iacute;dica mixta sobre las convencionales a base de aceite puro de soja o viceversa sugiriendo la necesidad de estudios adicionales, aunque se haya observado una peque&ntilde;a reducci&oacute;n de la retinopat&iacute;a del prematuro y de la displasia broncopulmonar en los tratados con la f&oacute;rmula SMOFlipid<sup>&reg;</sup> (36).</p>
    <p>En el caso del SIC la gu&iacute;a ASPEN (2014) no resulta aclaratoria para nuestra pr&aacute;ctica, ya que en EE. UU. la comercializaci&oacute;n de soluciones lip&iacute;dicas es muy distinta a la europea: no existe comercializada la soluci&oacute;n de Lipoplus<sup>&reg;</sup> o de SMOFlipid<sup>&reg;</sup> y siguen usando mayoritariamente Intralipid<sup>&reg;</sup> a la que a&ntilde;aden una soluci&oacute;n de aceite de pescado (Omegaven<sup>&reg;</sup>) en casos de colestasis (reduciendo simult&aacute;neamente el aporte de soja) (37,38). La soluci&oacute;n Omegaven<sup>&reg;</sup> ha mostrado eficacia en el tratamiento de rescate de pacientes con enfermedad hep&aacute;tica relacionada con la NP especialmente en los afectos de SIC (32,40), aunque la mejor&iacute;a en la colestasis no siempre se asocia a menor progresi&oacute;n de la fibrosis (41,42). En un reciente metaan&aacute;lisis realizado por ESPGHAN (39) solo se ha podido concluir que a pesar de la falta de trabajos suficientes para sustentarlo, existe cierta evidencia de que las emulsiones lip&iacute;dicas mixtas conteniendo aceite de pescado pueden contribuir a reducir los niveles de bilirrubina en ni&ntilde;os con fallo intestinal y NP prolongada (ver cap&iacute;tulo de "Complicaciones de la nutrici&oacute;n parenteral pedi&aacute;trica" y "Nutrici&oacute;n parenteral domiciliaria pedi&aacute;trica").</p>
    <p>En resumen, en tanto se dispone de estudios con evidencia suficiente sobre los efectos de las soluciones mixtas, consideramos que por su composici&oacute;n (equilibrio de AGE, ausencia de fitosteroles, contenido en vitamina E) parecen las m&aacute;s recomendables.</p>
    <p>Se recomienda que las soluciones de l&iacute;pidos se administren al 20% por producir menor elevaci&oacute;n de l&iacute;pidos plasm&aacute;ticos y tener una relaci&oacute;n triglic&eacute;ridos/fosfol&iacute;pidos m&aacute;s adecuada (1,2,8-10,23) (ver "Componentes de las mezclas de nutrici&oacute;n parenteral para pediatr&iacute;a").</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS DE GLUCOSA</b></p>
    <p>La D-glucosa es el hidrato de carbono indicado en la NP. Es responsable, en gran parte, de la osmolaridad de la soluci&oacute;n. Su aporte no debe exceder el 60-75% de las calor&iacute;as no proteicas (50% kcal totales) (1,2,5). El ritmo de infusi&oacute;n (mg/kg/minuto) debe ser progresivo y dependiente de la edad, tal y como se detalla en la <a href="#t6">tabla VI</a>, con el fin de evitar la hiperglucemia y la diuresis osm&oacute;tica. En pacientes cr&iacute;ticos el ritmo de infusi&oacute;n de glucosa puede tener que limitarse a 5 mg/kg/minuto (5).</p>
    <p align="center"><a name="t6"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla6.jpg" alt="tabla6"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Su concentraci&oacute;n en la soluci&oacute;n parenteral por v&iacute;a perif&eacute;rica no debe sobrepasar el 10-12%; sin embargo, por v&iacute;a central se puede incrementar en funci&oacute;n del aporte de l&iacute;quido (1,2,8-10,41).</p>
    <p>Especial cuidado se debe tener en los casos de desnutrici&oacute;n grave en los que se debe realizar el aporte muy progresivo (1,2,8-10) para evitar el s&iacute;ndrome de realimentaci&oacute;n.</p>
    <p>En los neonatos especialmente en los RNPT, ASPEN recomienda poner especial &eacute;nfasis en evitar la hipoglucemia y en tratarla sistem&aacute;ticamente en caso de presentarse (GdE 1) (43). Se sugiere adem&aacute;s que la glucemia no sobrepase los 150 mg/dL (GdE 5) (43) ya que se asocia con mayores complicaciones particularmente en los RNPT y/o de bajo peso al nacer. Es importante evitar el exceso de energ&iacute;a en forma de glucosa y administrar l&iacute;pidos conjuntamente siempre que sea posible (sin olvidar que su contenido en glicerol es un sustrato neoglucog&eacute;nico) (44).</p>
    <p>Las principales consecuencias de los aportes excesivos de glucosa e insuficientes de l&iacute;pidos a cualquier edad son: a) la hiperglucemia, con retenci&oacute;n h&iacute;drica y diuresis osm&oacute;tica; b) el aumento en la producci&oacute;n de CO<sub>2</sub> con incremento del cociente respiratorio (VCO2/VO2) y la retenci&oacute;n h&iacute;drica que pueden inducir insuficiencia respiratoria en pacientes con funci&oacute;n pulmonar comprometida; c) la esteatosis y la alteraci&oacute;n de la funci&oacute;n hep&aacute;tica; y d) el aumento del riesgo de infecci&oacute;n (5,8-10).</p>
    <p>La tolerancia a la glucosa depende de muchas circunstancias (estado metab&oacute;lico, enfermedad aguda, modo de administraci&oacute;n continuo <i>vs.</i> c&iacute;clico); por ello, debe monitorizarse con frecuencia.</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los RN no se recomienda el uso rutinario de insulina precozmente para evitar la hiperglucemia debido al riesgo elevado de hipoglucemia e incremento de mortalidad (43,44); solo se propone su administraci&oacute;n en casos de hiperglucemia persistente cuando ya se han intentado evitar y/o regular sus causas (43). Se infundir&aacute; en perfusi&oacute;n continua conectada en "Y" a la NP o bien, se puede incluir en la bolsa de la NP (esta &uacute;ltima posibilidad se contemplar&aacute; en pacientes estables). Se recomienda administrar a dosis de 0,02-0,04 U/kg/hora poniendo especial cuidado en preparar una diluci&oacute;n adecuada (de 0,05 a 0,2 unidades/mL) (1).</p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS DE AGUA Y ELECTROLITOS</b></p>
    <p>Los requerimientos de agua para la NP se calcular&aacute;n en funci&oacute;n de la edad, tama&ntilde;o corporal, estado de hidrataci&oacute;n, factores ambientales y enfermedad subyacente.</p>
    <p>- En el RNT y especialmente en el RNPT, los aportes h&iacute;dricos deben ser muy cuidadosos y ajustados a su fase de adaptaci&oacute;n postnatal (<a href="#t7a">Tablas VII A</a> y <a href="#t7b">B</a>). Se deben contemplar tres momentos especiales (5,12):</p>
    <p align="center"><a name="t7a"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla7a.jpg" alt="tabla7a"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p align="center"><a name="t7b"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla7b.jpg" alt="tabla7b"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>1. Fase de transici&oacute;n, inmediata al nacimiento (primeros 3-6 d&iacute;as), caracterizada por oliguria seguida de poliuria, horas o d&iacute;as despu&eacute;s, que finaliza cuando se da la m&aacute;xima p&eacute;rdida de peso. En el pret&eacute;rmino el aporte de l&iacute;quidos guarda relaci&oacute;n inversa con el peso al nacer debido a las p&eacute;rdidas insensibles transcut&aacute;neas muy elevadas (20,21). De este modo en los RNPT de peso &gt; 1.500 gramos, se comenzar&aacute; con 60-80 mL/kg/d&iacute;a el primer d&iacute;a, y en los de peso &lt; 1.500 g se iniciar&aacute; con aportes de 80-90 mL/kg/d&iacute;a, con incrementos progresivos en ambos en los d&iacute;as siguientes (1,2,5,21,45).</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Fase intermedia, de duraci&oacute;n 5-15 d&iacute;as, en la que disminuyen las p&eacute;rdidas cut&aacute;neas, la diuresis se incrementa a 1-2 mL/kg/hora y disminuye la excreci&oacute;n de sodio.</p>
    <p>3. Fase de crecimiento estable que se caracterizada por un balance positivo de agua y sodio paralelo al incremento ponderal.</p>
    <p>- En el lactante a partir del mes de edad se administrar&aacute;n 100 mL/kg/d&iacute;a, m&aacute;s las p&eacute;rdidas extraordinarias (120-150, m&aacute;ximo 180 mL/kg/d&iacute;a).</p>
    <p>- En el resto de las edades se realizar&aacute; el c&aacute;lculo de Holliday-Segar (mantenimiento) (1,2,46) al que se sumar&aacute;n los requerimientos espec&iacute;ficos y las p&eacute;rdidas extraordinarias (1,2,5,8-10). De forma aproximada se administrar&aacute;n: de 1-2 a&ntilde;os, 80-120 mL/kg/d&iacute;a; de 3-5 a&ntilde;os, 80-100 mL/kg/d&iacute;a; de 6-12 a&ntilde;os 60-80 mL/kg/d&iacute;a; y de 13-18 a&ntilde;os, 50-70 mL/kg/d&iacute;a (5) (<a href="#t7b">Tabla VIIB</a>).</p>
    <p>Debe vigilarse el peso, el estado de hidrataci&oacute;n y las constantes hemodin&aacute;micas (frecuencia cardiaca, tensi&oacute;n arterial), la diuresis, la densidad urinaria y el balance hidroelectrol&iacute;tico seg&uacute;n se indica en el cap&iacute;tulo de "Monitorizaci&oacute;n de la nutrici&oacute;n parenteral pedi&aacute;trica". Diversas condiciones pueden modificar estos c&aacute;lculos: a) el exceso de l&iacute;quidos en el RNPT puede asociarse a persistencia del ductus arterioso, displasia broncopulmonar y hemorragia intraventricular; por ello, en esta edad, se debe tener especial cuidado con el balance hidroelectrol&iacute;tico; b) las necesidades se pueden incrementar en situaciones de: fiebre, fototerapia con calor radiante, diarrea, v&oacute;mitos, aspiraci&oacute;n g&aacute;strica, glucosuria, poliuria, deshidrataci&oacute;n, hiperventilaci&oacute;n y estados hipercatab&oacute;licos; y c) puede ser necesaria la restricci&oacute;n h&iacute;drica en: insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal oligoan&uacute;rica, enfermedad respiratoria y situaciones que cursan con edema (1,2).</p>
    <p>En relaci&oacute;n a los electrolitos, en la <a href="#t7b">tabla VIIB</a> se resumen las necesidades para cada edad. Los aportes a los RN y especialmente a los pret&eacute;rmino se har&aacute;n adecu&aacute;ndose a sus cambios biol&oacute;gicos de adaptaci&oacute;n postnatal. Es imprescindible tener en cuenta el ingreso de electrolitos por f&aacute;rmacos y por otras perfusiones; por ello se requiere la monitorizaci&oacute;n frecuente (8-10).</p>
    <p>En pacientes que han sufrido cirug&iacute;a abdominal y particularmente los que tienen ostom&iacute;as se deben corregir las p&eacute;rdidas digestivas con fluidos cuya composici&oacute;n en iones se asemeje al del contenido intestinal y que se resumen en la <a href="#t8">tabla VIII</a> (1,47,48). Con el fin de adaptarse lo m&aacute;ximo posible a la situaci&oacute;n del paciente, se recomienda su reposici&oacute;n con otras soluciones electrol&iacute;ticas independientes de la NP que puedan ajustarse a lo largo del d&iacute;a en ritmo y composici&oacute;n (1).</p>
    <p align="center"><a name="t8"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla8.jpg" alt="tabla8"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Se debe tener especial cuidado en la terapia nutricional del ni&ntilde;o muy desnutrido particularmente al inicio, evitando el aporte r&aacute;pido y excesivo de fluidos y ajustando muy bien los aportes de iones, evitando el exceso de sodio y administrando potasio de forma muy progresiva (ver s&iacute;ndrome de realimentaci&oacute;n en el cap&iacute;tulo de "Complicaciones de la nutrici&oacute;n parenteral pedi&aacute;trica").</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>

    <p><b>REQUERIMIENTOS DE MINERALES Y OLIGOELEMENTOS</b></p>
    <p>Los requerimientos de minerales var&iacute;an seg&uacute;n la edad y peso corporal (1,2,8-10,22) (<a href="#t9">Tabla IX</a>). Las cantidades de calcio y f&oacute;sforo totales est&aacute;n limitadas por su solubilidad que dependen del pH de la f&oacute;rmula (un pH alcalino favorece la precipitaci&oacute;n) y de la proporci&oacute;n entre ambos. Sin embargo, si se utilizan fuentes org&aacute;nicas de fosfato es posible alcanzar todos los requerimientos (ver Componentes de la nutrici&oacute;n parenteral y Preparaci&oacute;n). Para conseguir una mejor retenci&oacute;n fosfo-c&aacute;lcica se recomienda una relaci&oacute;n calcio:f&oacute;sforo molar de 1,3/1 o una relaci&oacute;n por peso de 1,3-1,7/1 (1,2,8-10). En el pret&eacute;rmino, aunque algunos autores recomiendan cantidades superiores de calcio y de f&oacute;sforo, nos parecen m&aacute;s conveniente las rese&ntilde;adas en la <a href="#t9">tabla IX</a>, ya que hay que tener en consideraci&oacute;n que diversos factores como la acidosis, el uso de diur&eacute;ticos y de corticoides pueden favorecer la nefrocalcinosis. Adicionalmente, conviene tener en cuenta la posibilidad de hipermagnesemia en neonatos que por factores maternos han sido expuestos a sulfato magn&eacute;sico prenatal y considerarlo para la NP del primer d&iacute;a (ver cap&iacute;tulo de "Nutrici&oacute;n parenteral en situaciones cl&iacute;nicas especiales").</p>
    <p align="center"><a name="t9"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla9.jpg" alt="tabla9"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Los oligoelementos (<a href="#t10">Tabla X</a>) suelen administrarse de forma conjunta, aunque es posible proporcionar alg&uacute;n elemento aislado como el zinc. Es controvertida la adici&oacute;n de hierro a las f&oacute;rmulas de NP; se ha administrado el hierro dextrano muy diluido sin complicaciones, sin embargo se piensa que puede aumentar el riesgo de infecci&oacute;n. Adem&aacute;s, tanto el hierro como el cobre favorecen la peroxidaci&oacute;n cuando se adicionan a soluciones ternarias (1,8).</p>
    <p align="center"><a name="t10"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla10.jpg" alt="tabla10"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p>Se recomienda si la NP es mixta (con enteral) administrar zinc diariamente y el resto de oligoelementos de forma peri&oacute;dica (semanal). La adici&oacute;n de oligoelementos diaria puede condicionar excesivo aporte de algunos oligoelementos como el cobre por lo que si se administra deber&iacute;an monitorizarse sus niveles. El manganeso cuando se administra a dosis elevadas es un t&oacute;xico hep&aacute;tico y del sistema nervioso central. El cobre y manganeso se deben limitar en caso de colestasis y en enfermedades renales el selenio, molibdeno y cromo (1,2,8-10). El cromo es especialmente nefrot&oacute;xico en neonatos por lo que ASPEN recomienda reducir su administraci&oacute;n (hasta dosis 0,0006 mcg/kg/d&iacute;a) (<a href="#t10">Tabla X</a>) o administrar productos que no lo contengan (27).</p>
    <p>&nbsp;</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>REQUERIMIENTOS DE VITAMINAS</b></p>
    <p>Las recomendaciones seg&uacute;n ASPEN en vitaminas para el RNPT y resto de las edades, se recogen en la <a href="#t11">tabla XI</a> constituyendo una s&iacute;ntesis de las principales recomendaciones (1,2,28). Como se expone en la misma, actualmente se dispone de un preparado comercial que cubre estas necesidades (Infuvite Pedi&aacute;trico<sup>&reg;</sup>) aunque tambi&eacute;n se pueden alcanzar con la combinaci&oacute;n de otros productos. Las dosis para neonatos y resto de las edades, se especifican en la misma <a href="#t11">tabla XI</a> (ver cap&iacute;tulos de "Componentes de las mezclas de nutrici&oacute;n parenteral para pediatr&iacute;a" y "Preparaci&oacute;n de las nutriciones parenterales pedi&aacute;tricas"). El sistema de infusi&oacute;n deber&aacute; estar protegido de la luz y ser lo m&aacute;s corto posible (1,8).</p>
    <p align="center"><a name="t11"></a><img src="/img/revistas/nh/v34s3/05_martinez_tabla11.jpg" alt="tabla11"></p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><b>RECOMENDACIONES</b></p>
    <p>- Las necesidades energ&eacute;ticas en NP se deben calcular procurando evitar tanto la infra como la sobrenutrici&oacute;n. La forma id&oacute;nea es calcular el GER usando calorimetr&iacute;a indirecta y multiplicarlo por un coeficiente de actividad (generalmente 1-1,2) (GdE 4). Si no se dispone de calorimetr&iacute;a, el GER se calcular&aacute; mediante ecuaciones de predicci&oacute;n para ni&ntilde;os mayores de un a&ntilde;o (Schofield, OMS) (GdE 2). En lactantes las recomendaciones se basan en sus necesidades energ&eacute;ticas incluido el crecimiento. No hay razones para incrementar la energ&iacute;a en casos de cirug&iacute;a no complicada (GdE 2). En desnutrici&oacute;n suele ser necesario multiplicar por 1,3-1,5 (GdE 4).</p>
    <p>- Es fundamental que la mezcla sea equilibrada y guarde la relaci&oacute;n de 150-200 Kcal no proteicas por g de nitr&oacute;geno, o menor en pacientes cr&iacute;ticos o gravemente enfermos.</p>
    <p>- Los aportes de prote&iacute;nas variar&aacute;n en funci&oacute;n de la edad y del grado de estr&eacute;s. En neonatos se tiende a comenzar con aportes elevados incluso desde el primer d&iacute;a (2,4-3,6 g/kg/d&iacute;a), siendo necesarios aportes posteriores hasta de 4 g/kg/d&iacute;a para favorecer la retenci&oacute;n proteica. Diversos estudios han demostrado que la administraci&oacute;n de AA desde el primer d&iacute;a consiguen un balance de nitr&oacute;geno positivo sin efectos adversos (GdE 1).</p>
    <p>- Los l&iacute;pidos deben formar parte de las soluciones de NP por su elevada densidad cal&oacute;rica, por ser fuente de AGE importantes para el neurodesarrollo (especialmente en RNPT), por disminuir la osmolaridad de la soluci&oacute;n y por evitar los efectos negativos de la sobrecarga de glucosa. Se ha demostrado que su adici&oacute;n a la NP mejora el balance de nitr&oacute;geno. En pret&eacute;rminos de muy bajo peso al nacer, su inicio en los dos primeros d&iacute;as de vida es seguro (GdE 1). No se conoce con exactitud cu&aacute;l debe de ser la soluci&oacute;n de l&iacute;pidos adecuada; sin embargo, aquellas que incluyen aceite de soja, MCT, aceite de oliva y aceite de pescado se consideran seguras y con buena tolerancia en todas las edades pedi&aacute;tricas.</p>
    <p>- El ritmo de infusi&oacute;n de glucosa (mg/kg/minuto) debe ser progresivo y dependiente de la edad, con el fin de evitar la hiperglucemia y la diuresis osm&oacute;tica, especialmente en pacientes cr&iacute;ticos. En los neonatos sobre todo en los RNPT, ASPEN recomienda poner especial &eacute;nfasis en evitar la hipoglucemia y en tratarla sistem&aacute;ticamente en caso de presentarse (GdE 1).</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Los requerimientos de agua, minerales y vitaminas para la NP se calcular&aacute;n en funci&oacute;n de la edad, tama&ntilde;o corporal, estado de hidrataci&oacute;n, factores ambientales y enfermedad subyacente.</p>
    <p>&nbsp;</p>

    <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>
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