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<publisher-name><![CDATA[Arán Ediciones, S. L.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reflexiones sobre la enfermedad tromboembólica venosa]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Clínico Universitario Servicio de Medicina Interna ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="15%" valign="top"></td>     <td width="85%" valign="top"><font size=5><b>Reflexiones sobre la enfermedad tromboemb&oacute;lica venosa</b></font>           <p>&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p><i>  Gabriel Botella F. Reflexiones sobre la enfermedad tromboemb&oacute;lica venosa.  An Med Interna (Madrid)    <br>  2003; 20: 447-450.</i></p> <hr>     <p><font size="3">  La enfermedad tromboemb&oacute;lica venosa (ETEV) es un proceso grave y potencialmente  mortal, caracterizado por la aparici&oacute;n de un trombo formado, inicialmente,  por plaquetas y fibrina en el interior del sistema venoso profundo, que puede  crecer y fragmentarse. En este &uacute;ltimo caso, uno de los fragmentos puede  desprenderse, progresar en la direcci&oacute;n del flujo sangu&iacute;neo, y  llegar al pulm&oacute;n provocando una embolia pulmonar (EP). Por todo ello,  actualmente, se considera que la trombosis venosa profunda (TVP) y el EP son  dos manifestaciones de la misma enfermedad, a la que llamamos ETEV. </font></p>     <p><font size="3">  La incidencia  de la TVP en la poblaci&oacute;n general es de 160 casos/100.000 habitantes/a&ntilde;o  y la de la EP de 60 casos/100.000 habitantes/a&ntilde;o, lo que dar&iacute;a  como resultado una incidencia total de ETEV de 220 casos/100.000 habitantes/a&ntilde;o  (1). En un estudio reciente de Heit y cols. (2), la incidencia era de 117 casos/100.000  habitantes/a&ntilde;o. En el trabajo realizado por Montes y cols. publicado en  este mismo n&uacute;mero (3) se aprecia un marcado aumento de las hospitalizaciones  por TEP durante el oto&ntilde;o y el invierno, as&iacute; como una mayor mortalidad  en primavera. En Espa&ntilde;a, no existen datos epidemiol&oacute;gicos fiables,  aunque se puede extrapolar que, posiblemente, haya alrededor de 65.000 casos  de TVP y 25.000 de EP/a&ntilde;o, lo que dar&iacute;a una incidencia total de  ETEV de 90.000 casos/a&ntilde;o. Esta cifra tan elevada, unida a su morbimortalidad,  da idea de la importancia real del problema. En nuestro pa&iacute;s el 2,5% de  las bajas laborales totales se deben a procesos tromb&oacute;ticos venosos(4).  En 1992, supon&iacute;a ya un gasto anual de 420,71 millones de €&nbsp;(5). </font></p>     <p><font size="3">  Adem&aacute;s,  la ETEV, debe considerarse una enfermedad cr&oacute;nica debido a tres complicaciones  en su devenir natural (6): </font></p>     <blockquote>     <p><font size="3">1. La muerte, con una serie de factores que la determinan,  como el EP y sus complicaciones m&aacute;s graves, fundamentalmente la disfunci&oacute;n  ventricular derecha y la hipertensi&oacute;n pulmonar cr&oacute;nica. Oscila  entre el 23,1 y el 30% a los 8 a&ntilde;os del episodio inicial y, aunque la  mortalidad es m&aacute;s alta durante el primer a&ntilde;o (16,7%) las tasas  de mortalidad anual en los a&ntilde;os siguientes son del 1,6%. Datos que est&aacute;n  en sinton&iacute;a con los resultados obtenidos por Echegaray y cols. (7), publicado en este mismo n&uacute;mero.     <br> 2. El tromboembolismo venoso recurrente. A pesar de emplear una anticoagulaci&oacute;n inicial efectiva, su tasa acumulativa oscila  entre el 17,5 y el 30,3% a los 2 y 8 a&ntilde;os, respectivamente, de la  trombosis inicial.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  3. El s&iacute;ndrome postromb&oacute;tico (SPT). De la mayor parte  de los estudios disponibles actualmente, se deduce que puede establecerse un  a&ntilde;o despu&eacute;s del episodio tromb&oacute;tico agudo, a pesar de una  anticoagulaci&oacute;n oral adecuada, en el 17 al 50% de este tipo de pacientes. </font></p> </blockquote>     <p><font size="3">  Los factores que predisponen a la trombosis venosa fueron descritos inicialmente  por Virchow en 1856 y comprenden el enlentecimiento del flujo sangu&iacute;neo,  la activaci&oacute;n plasm&aacute;tica de la coagulaci&oacute;n y la lesi&oacute;n  de la pared del vaso. Esta &uacute;ltima se pensaba que influ&iacute;a mucho  m&aacute;s en la g&eacute;nesis de la trombosis arterial que en la venosa, sin  embargo, hoy sabemos que la lesi&oacute;n del vaso, y el consiguiente da&ntilde;o  endotelial provocan la liberaci&oacute;n de sustancias implicadas de manera importante  en la activaci&oacute;n de la coagulaci&oacute;n y la formaci&oacute;n del  trombo (8). </font></p>     <p><font size="3">  El enlentecimiento del flujo facilita el estasis sangu&iacute;neo en las  v&aacute;lvulas venosas, lo que favorece la activaci&oacute;n de la coagulaci&oacute;n.  Esta, generalmente, se inicia por la lesi&oacute;n de la pared del vaso que pone  al descubierto el col&aacute;geno, con la consiguiente adhesi&oacute;n y posterior  activaci&oacute;n plaquetar, liberaci&oacute;n del factor tisular (FT) que activa  la v&iacute;a extr&iacute;nseca de la coagulaci&oacute;n, y que a su vez provoca  la formaci&oacute;n de trombina y la posterior de fibrina. Esta &uacute;ltima,  unida a las plaquetas y los hemat&iacute;es constituye la estructura del trombo  inicial, sobre el que van deposit&aacute;ndose capas sucesivas (8). </font></p>     <p><font size="3">  Los factores  de riesgo de la ETEV se han definido como adquiridos y cong&eacute;nitos. Entre  los primeros tendr&iacute;amos tres grandes grupos: los generales y los asociados  a cirug&iacute;a, traumatismos o procesos m&eacute;dicos (3,9,10). </font></p>     <p><font size="3">  Dentro de  los factores de riesgo adquiridos generales, posiblemente, los m&aacute;s importantes  sean la edad, la inmovilizaci&oacute;n prolongada, los antecedentes de ETEV,  los anticonceptivos orales, el embarazo, e incluso el s&iacute;ndrome clase turista.  La edad constituye, sin ninguna duda, uno de los factores de riesgo m&aacute;s  importantes, ya que a partir de los 40 a&ntilde;os comienza a aumentar paulatinamente  su incidencia, haci&eacute;ndose particularmente importante desde de los 70 a&ntilde;os. </font></p>     <p><font size="3">  En cuanto a los factores de riesgo asociados a cirug&iacute;a o traumatismos, se  conoce desde hace tiempo el alto riesgo de padecer una ETEV en el postoperatorio  de diversos tipos de cirug&iacute;a, y que var&iacute;a entre el 10% para las  intervenciones por hernia inguinal hasta un m&aacute;ximo del 75% para la cirug&iacute;a  de rodilla, en pacientes no sometidos a ning&uacute;n tipo de profilaxis. En  cuanto a la duraci&oacute;n del riesgo de la ETEV es tambi&eacute;n variable,  al oscilar entre 7-10 d&iacute;as para la cirug&iacute;a general, y cuatro a  seis semanas para la ortop&eacute;dica y oncol&oacute;gica. </font></p>     <p><font size="3">  Existen una serie  de procesos m&eacute;dicos asociados a un riesgo elevado de ETEV. Entre ellos,  quiz&aacute; los m&aacute;s importantes sean las lesiones neurol&oacute;gicas,  las neoplasias, la presencia de anticoagulante l&uacute;pico y/o anticuerpos  antifosfol&iacute;pidos, y la hiperhomocisteinemia de origen adquirido. </font></p>     <p><font size="3">  Tambi&eacute;n  existen una serie de factores de riesgo cong&eacute;nitos que constituyen lo  que habitualmente denominanos trombofilia cong&eacute;nita (11). Actualmente  sabemos que entre el 20 y el 40% de los pacientes que presentan un episodio de  ETEV padecen una alteraci&oacute;n de tipo cong&eacute;nito. Posiblemente, en  muchos casos, el defecto cong&eacute;nito no sea suficiente para provocar un  episodio tromb&oacute;tico. As&iacute;, todos los casos de trombosis venosas  podr&iacute;an implicar la convergencia de una o m&aacute;s de la mutaciones  hereditarias protromb&oacute;ticas &#8211;lo que llevar&iacute;a a un estado  de hipercoagulabilidad de por vida&#8211;, y de una lesi&oacute;n trombog&eacute;nica  adquirida que precipitar&iacute;a el episodio cl&iacute;nico actual. En los pacientes  con un grado relativamente bajo de hipercoagulabilidad ( p.e., en aquellos con  una mutaci&oacute;n simple, como el factor V Leiden), ser&iacute;a necesario  un est&iacute;mulo cl&iacute;nico con la suficiente intensidad como para provocar  una trombosis. Por el contrario, las personas con un alto grado de hipercoagulabilidad &#8211;p.e.,  aquellos con mutaciones m&uacute;ltiples&#8211;, necesitar&iacute;an un est&iacute;mulo  relativamente menor, a menudo subcl&iacute;nico, para precipitar el tromboembolismo  (12). Por todo ello, el diagn&oacute;stico de una posible trombofilia cong&eacute;nita  deber&iacute;a reservarse a aquellos pacientes que presenten: </font></p>     <blockquote>     <p><font size="3"> &#8212;Trombosis  venosas y/o arteriales con edades inferiores a los 45 a&ntilde;os.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &#8212;Trombosis  en territorios venosos no habituales (mesent&eacute;ricas, cerebrales, hep&aacute;ticas  y pulmonares).    <br> &#8212;Trombosis venosas recurrentes en el transcurso de una anticoagulaci&oacute;n  oral (AO).    <br> &#8212;Necrosis cut&aacute;nea al iniciar la AO.     <br> &#8212;Trombosis  o p&uacute;pura fulminante neonatal.    <br> &#8212;Historia familiar de trombosis. </font></p> </blockquote>     <p><font size="3">En estos casos, el estudio debe incluir la determinaci&oacute;n de la antitrombina  III, prote&iacute;anas C y S, test de la resistencia a la prote&iacute;na C activada,  factor V Leiden, mutaci&oacute;n G20210A de la protrombina, anticoagulante l&uacute;pico  y anticuerpos anticardiolipina, factor VIII, homociste&iacute;na en plasma  y tiempo de trombina. </font></p>     <p><font size="3">  Hay que tener siempre presente el no realizar el estudio  en la fase aguda de la enfermedad, ya que puede afectar a los resultados. Tambi&eacute;n  debemos tener en cuenta que en los pacientes heparinizados carecen de valor las  determinaciones de antitrombina, y en los tratados con AO no lo tienen los resultados  de las prote&iacute;nas C y S. </font></p>     <p><font size="3">   En la toma de decisiones cl&iacute;nicas de la  ETEV, antes de iniciar el tratamiento es preciso contar con un diagn&oacute;stico  exacto, precoz y completo. </font></p>     <p><font size="3">  El dolor y el edema de aparici&oacute;n brusca en  una extremidad son los s&iacute;ntomas m&aacute;s habituales de la TVP. Sin embargo,  su baja sensibilidad y especificidad, ocasionan importantes errores diagn&oacute;sticos.  Para superar estas dificultades se utilizan los modelos cl&iacute;nicos predictivos  de TVP, el m&aacute;s sencillo y difundido es el de Wells et al (13) (alta, moderada  y baja probabilidad). En Espa&ntilde;a, Ruiz-Gim&eacute;nez et al (14) han validado  una modificaci&oacute;n del mismo. A continuaci&oacute;n la estrategia diagn&oacute;stica  debe incluir la determinaci&oacute;n del d&iacute;mero_D, sea mediante enzimoinmunoan&aacute;lisis  (ELISA) &#8211;el m&eacute;todo de referencia&#8211; o con los m&aacute;s recientes  m&eacute;todos de diagn&oacute;stico cuantitativo r&aacute;pido de utilidad en  urgencias, basados en la aglutinaci&oacute;n de part&iacute;culas de latex recubiertas  de anticuerpos monoclonales frente al d&iacute;mero-D, han demostrado su eficacia.  Su elevada sensibilidad y valor predictivo negativo (superior al 95%) cuando  se emplean reactivos adecuados, permite excluir con un alto grado de fiabilidad  la TVP (15). </font></p>     <p><font size="3">  El eco-Doppler o d&uacute;plex color es la prueba complementaria  de primera elecci&oacute;n (16). La flebograf&iacute;a se mantiene como &#8220;la  prueba de oro&#8221;, aunque se reserva para casos dudosos, necesidad de confirmaci&oacute;n  diagn&oacute;stica, evaluaci&oacute;n de la trombolisis, inserci&oacute;n de  filtros de cava, o para investigaci&oacute;n cl&iacute;nica. Sus inconvenientes  son que es una prueba cruenta, no exenta de riesgos y complicaciones. La imagen  directa del trombo venoso y de sus defectos vasculares es posible con la resonancia  magn&eacute;tica (RM). Este m&eacute;todo no invasor, es bien tolerado, reproducible  y exacto, hasta el punto de ser comparable en sus im&aacute;genes con la flebograf&iacute;a  (17). Conjuntamente se est&aacute;n evaluando, con resultados prometedores, la  seguridad y tolerancia de distintos contrastes para realizar venograf&iacute;as-RM  (17). La tomograf&iacute;a computarizada (TC) helicoidal ha sido utilizada para  detectar TVP, en pacientes con sospecha de EP. La combinaci&oacute;n de venograf&iacute;a-TC  y esc&aacute;ner pulmonar puede ser un m&eacute;todo preciso para el diagn&oacute;stico  de la TVP y del EP(18). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3">  La presentaci&oacute;n cl&iacute;nica de la EP var&iacute;a  desde la disnea, taquipnea y dolor tor&aacute;cico hasta la muerte s&uacute;bita.  Puede confundirse con multitud de entidades ( infarto pulmonar, neumon&iacute;a,  neumotorax, enfisema, o disecci&oacute;n a&oacute;rtica, entre otras). Al igual  que para la TVP, Wells et al (19) han dise&ntilde;ado un modelo de predicci&oacute;n  cl&iacute;nica basado en la historia cl&iacute;nica y la exploraci&oacute;n f&iacute;sica.  Las exploraciones complementarias incluyen la b&uacute;squeda del foco tromb&oacute;tico  (generalmente a nivel de las extremidades inferiores mediante eco-Doppler), estudio  de presunci&oacute;n (laboratorio, Rx t&oacute;rax y ECG) y de confirmaci&oacute;n  (gammagraf&iacute;a, TC helicoidal y arteriograf&iacute;a). La TC helicoidal  ha demostrado su &oacute;ptima sensibilidad y especificidad en el diagn&oacute;stico  del EP, as&iacute; como en el diagn&oacute;stico diferencial con entidades que  cl&iacute;nicamente simulan un EP (20). La arteriograf&iacute;a pulmonar contin&uacute;a  siendo el &#8220;patron oro&#8221; para el diagn&oacute;stico del EP, aunque  su escasa disponibilidad y el contar con un personal perfectamente entrenado  han hecho que actualmente se utilice en nuestro hospitales en muy contadas ocasiones.  La ecocardiograf&iacute;a es otro m&eacute;todo diagn&oacute;stico de EP, aunque  su papel en el diagn&oacute;stico cl&iacute;nico no est&aacute; perfectamente  definido. </font></p>     <p><font size="3">  Actualmente existe experiencia suficiente, apoyada en la evidencia  cient&iacute;fica, para recomendar la utilizaci&oacute;n de las heparinas de  bajo peso molecular (HBPM) como profilaxis de la ETEV, en distintas patolog&iacute;as  m&eacute;dico-quir&uacute;rgicas (21). Este tipo de heparinas han desplazado  definitivamente a las heparinas no fraccionadas (HNF), al poseer un perfil farmacocin&eacute;tico  superior con una semivida plasm&aacute;tica a dosis terap&eacute;uticas, de 2  a 4 veces mayor y una biodisponibilidad del 90-95% tras la administraci&oacute;n  subcut&aacute;nea, lo que permite una &uacute;nica inyecci&oacute;n diaria facilitando  su manejo cl&iacute;nico. Adem&aacute;s, tienen una relaci&oacute;n dosis-efecto  previsible, lo que permite su administraci&oacute;n a dosis fijas. Por otra parte,  para un efecto antitromb&oacute;tico equivalente, las HBPM tienen una menor capacidad  hemorr&aacute;gica que las HNF, mejorando significativamente la relaci&oacute;n  riesgo/beneficio. Tambi&eacute;n presentan una hepatotoxicidad, desmineralizaci&oacute;n &oacute;sea  y trombocitopenia mucho menor. Adem&aacute;s no atraviesan la barrera placentaria  lo que permite su utilizaci&oacute;n en embarazadas. Un aspecto destacable es  la posibilidad de administrarlas en una &uacute;nica dosis diaria en lugar de  cada 12 horas. Los distintos estudios realizados avalan directamente esta posibilidad,  pauta que simplifica notablemente el tratamiento de estos enfermos (21,22). En  los &uacute;ltimos a&ntilde;os se est&aacute; propugnando el tratamiento a largo  plazo de la ETEV en los pacientes con c&aacute;ncer, no solo por su acci&oacute;n  anticoagulante, sino por su acci&oacute;n antitumoral mediada por mecanismos  muy diversos: su efecto sobre la angiog&eacute;nesis, la adhesi&oacute;n celular,  la expresi&oacute;n de los oncogenes, la proliferaci&oacute;n celular, y la apoptosis.  Si todo esto es cierto, el papel de la s HBPM en el futuro tratamiento del c&aacute;ncer  puede aportar resultados actualmente inconcebibles (23). Recientemente, se ha  registrado en nuestro pa&iacute;s la indicaci&oacute;n del fondaparinux s&oacute;dico,  un compuesto sint&eacute;tico que inhibe espec&iacute;ficamente el factor Xa,  para la prevenci&oacute;n de la ETEV en pacientes sometidos a cirug&iacute;a  ortop&eacute;dica mayor. Los resultados de distintos ensayos cl&iacute;nicos  demuestran que su administraci&oacute;n se asocia con una reducci&oacute;n significativa,  superior al 50%, en la frecuencia de las TVP asintom&aacute;ticas en comparaci&oacute;n  con la enoxaparina, lo que permite suponer que, en ausencia de flebograf&iacute;a,  su utilizaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica diaria puede acompa&ntilde;arse de  una disminuci&oacute;n similar en la frecuencia de la TVP y EP sintom&aacute;ticas  (24). Los objetivos del tratamiento de la ETEV son tanto a corto como a largo  plazo. A corto plazo se tratar&iacute;a de prevenir la extensi&oacute;n del trombo,  evitar el EP y disminuir el riesgo de recurrencia, mientras que a largo plazo  deber&iacute;a lograr disminuir las recidivas tard&iacute;as, y evitar el s&iacute;ndrome  postromb&oacute;tico (SPT) y la hipertensi&oacute;n pulmonar. </font></p>     <p><font size="3">  El abordaje terap&eacute;utico  de la ETEV puede realizarse con diferentes estrategias (25): terap&eacute;utica  anticoagulante, para prevenir el crecimiento del trombo existente, trombolisis,  para lograr la lisis del mismo, interrupci&oacute;n de la vena cava inferior  con un filtro, para interceptar el paso del trombo, y la tromboembolectom&iacute;a  quir&uacute;rgica. </font></p>     <p><font size="3">  La elecci&oacute;n de una estrategia terap&eacute;utica concreta  se realiza en funci&oacute;n de la gravedad del cuadro cl&iacute;nico y su forma  de presentaci&oacute;n, mientras que la intensidad y duraci&oacute;n del tratamiento  se deciden en funci&oacute;n de los factores de riesgo que presenta el enfermo.  En la mayor&iacute;a de los casos se utiliza el tratamiento anticoagulante y  s&oacute;lo en una minor&iacute;a, habitualmente los casos que cursan con EP  masivo, flegmasia cer&uacute;lea dolens, o contraindicaciones a los AO, es  preciso recurrir a los otros tipos de tratamiento. </font></p>     <p><font size="3">  En cuanto al tratamiento  a largo plazo  de la ETEV hay que tener presente una serie de datos importantes (25): el riesgo  de recurrencia con AO est&aacute; en relaci&oacute;n con los niveles de anticoagulaci&oacute;n  inadecuados, con que el paciente presente un cuadro de trombofilia cong&eacute;nita,  que aumenta en gran medida el riesgo de recurrencia, y con una serie de factores  de riesgo adquiridos (c&aacute;ncer, hiperhomocisteinemia, anticoagulante l&uacute;pico  y/o anticuerpos anticardiolipina,...). El tratamiento con AO conlleva un riesgo  de complicaciones hemorr&aacute;gicas que alcanzan hasta el 13% de incidencia  de hemorragias menores, que estan en relaci&oacute;n con una serie de factores: </font></p>     <blockquote>     <p><font size="3"> &#8212;Intensidad  de la anticoagulaci&oacute;n.     <br> &#8212;Edad del paciente.     <br> &#8212;Asociaci&oacute;n  con otros procesos como el c&aacute;ncer, antecedentes de hemorragia gastrointestinal  o cerebrovascular e insuficiencia renal cr&oacute;nica.    <br> &#8212;Uso concomitante  de antiagregantes plaquetarios.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &#8212;Calidad del control biol&oacute;gico de  la AO.     <br> &#8212;Duraci&oacute;n de la AO (mayor incidencia en la fase inicial). </font></p> </blockquote>     <p><font size="3">Para  evitar los inconvenientes de la AO se ha ensayado en distintos trabajos el  uso de las HBPM en el tratamiento a largo plazo de la ETEV (26).En todos ellos  se  ha demostrado que tanto la tasa de recurrencias, como la incidencia de complicaciones  hemorr&aacute;gicas mayores fue siempre menor en los grupos de pacientes tratados con HBPM que con AO, bien es verdad que sin alcanzar significaci&oacute;n estad&iacute;stica. </font></p>     <p><font size="3">Ante estos resultados, el uso de las HBPM podr&iacute;a constituir el tratamiento  de elecci&oacute;n en (26): </font></p>     <blockquote>     <p><font size="3"> &#8212;Embarazadas.     <br> &#8212;Pacientes con hipersensibilidad  a los AO o que presentan cualquier tipo de contraindicaci&oacute;n para el  uso de los mismos.     <br> &#8212;Pacientes tratados con dosis terap&eacute;uticas de AO  que presentan episodios recurrentes de ETEV.    <br> &#8212;Pacientes en los que es dificultoso realizar monitorizaci&oacute;n de laboratorio de los AO. </font></p> </blockquote>     <p><font size="3">Un problema a&uacute;n  pendiente de resolver es el tiempo que debe mantenerse la AO. La duraci&oacute;n  depende del equilibrio entre el riesgo de recurrencia y el de complicaciones  hemorr&aacute;gicas. La recomendaci&oacute;n cl&aacute;sica consist&iacute;a  en mantenerla durante un per&iacute;odo de tres meses. Sin embargo, en los &uacute;ltimos  a&ntilde;os se han realizado distintos estudios prospectivos dirigidos espec&iacute;ficamente  a evaluar la duraci&oacute;n adecuada del tratamiento anticoagulante. En estos  ensayos, cuando se incluyen pacientes con un primer episodio de ETEV, se demuestra  que la incidencia de recurrencia es significativamente menor cuando se administra  la AO durante per&iacute;odos largos de tiempo. Sin embargo, el beneficio obtenido  al prolongar la administraci&oacute;n durante 6-12 meses se pierde al detener  el tratamiento y seguir el curso evolutivo de los enfermos durante 24 meses  (27). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3">  Con respecto a los pacientes que padecen un segundo episodio de ETEV,  existen estudios  que demuestran que la tasa de recurrencias fue significativamente menor entre  los que recibieron tratamiento por per&iacute;odos m&aacute;s largos (8,6 frente  a 2,7%). </font></p>     <p><font size="3">  Por tanto, y hasta que dispongamos de resultados m&aacute;s concluyentes  se aconseja que en aquellos pacientes con un primer episodio de ETEV, si los  factores de riesgo son transitorios, la duraci&oacute;n del tratamiento sea de  3 meses. Si los factores de riesgo son continuos el tratamiento debe ser indefinido,  y si padecen trombofilia, de 6-12 meses (&iquest;permanente en d&eacute;ficits  de antitrombina III, prote&iacute;nas C y S, homocigotos para el factor V Leiden  y anticuerpos antifosfol&iacute;pido?). Para los pacientes con trombosis idiop&aacute;tica  de 6-12 meses, y para los que padezcan dos o m&aacute;s episodios de ETEV,  tratamiento permanente (28). </font></p>     <p><font size="3">  Por &uacute;ltimo, se&ntilde;alar que las HBPM tambi&eacute;n  han proporcionado una magn&iacute;fica oportunidad para el tratamiento domiciliario  de las TVP. En este sentido, cada instituci&oacute;n debe adaptar los criterios  de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n de pacientes seg&uacute;n sus posibilidades  y entorno (diagn&oacute;stico r&aacute;pido de las TVP, protocolos adaptados,  consentimiento informado, existencia de un programa espec&iacute;fico, recursos  humanos extrahospitalarios). No todos los pacientes son candidatos a tratamiento  ambulatorio. Un porcentaje de ellos (complejos, o con posibilidad de presentar  complicaciones) debe ingresar y permanecer la totalidad o parte del tratamiento  de la fase aguda de la enfermedad en el hospital (29). </font></p>     <p align="right"><font size="3">F. GABRIELA BOTELLA     <br> <i>  Servicio de Medicina Interna.&nbsp;    <br>  Hospital Cl&iacute;nico Universitario. Valencia</i> </font></p>     <p><font size="3">     <br>  </font><font size="4"><i>  Bibliograf&iacute;a</i></font><font size="3">     <br>      <br>  1.  Ascari E, Siragusa S, Piovela F. The epidemiology of deep vein thrombosis  and pulmonary embolism. Haematologica 1995; 80 (Supl. 2): 36-41.   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3">  2.  Heit JA,  Silverstein MD, Mohr DN, Petterson TM, Lohse CM, O&#8217;Fallon WM. The epidemiology  of venous thromboembolism in the community. Thromb Haemost 2001; 86: 452-463.   </font></p>     <p><font size="3">  3.  Montes  J, Rey G, Mediero A. Variaciones estacionales en la morbimortalidad por tromboembolismo  pulmonar en Galicia. An Med Interna (Madrid) 2003; 20: 457-460. </font></p>     <p><font size="3">  4.  Rosendo  A, Fern&aacute;ndez D, Lucio R, Latorre J. Epidemiolog&iacute;a. In : G&uuml;ell  J, Rosendo A, editors. Enfermedad Tromboemb&oacute;lica venosa (E.T.E.V). S&iacute;ndrome  Postromb&oacute;tico. Barcelona: EDIKA MED; 1995 p. 1-5.   </font></p>     <p><font size="3">  5.  Bonal de Falgas  J. Comit&eacute; de profilaxis de la enfermedad tromboemb&oacute;lica. Estudio  econ&oacute;mico de la E.T.E.V. Incidencia de TVP y costos de los tratamientos.  Bolet&iacute;n del Comit&eacute; de Profilaxis de la Enfermedad Tromboemb&oacute;lica  1992; 4: 3-25.   </font></p>     <p><font size="3">  6.  Gabriel F, Labi&oacute;s M, Bras&oacute; JV. Trombosis venosa  profunda: presente y futuro. Med Clin (Barc) 2000; 114: 584-596.   </font></p>     <p><font size="3">  7.  Echegaray  M, Alonso J, Ar&aacute;nzazu M, Ab&iacute;nzano M, Gonzalez C, Solano M. Tromboembolismo  pulmonar: evoluci&oacute;n a largo plazo y epidemilog&iacute;a cl&iacute;nica.  An Med Interna (Madrid) 2003; 20: 451-456.   </font></p>     <p><font size="3">  8.  Schmid-Sch&ouml;nbein GW, Takase  S, Bergan JJ. New advances in the understanding of the pathophysiology of chronic  venous insufficiency. Angiology 2001; 52: S 27-S 28.   </font></p>     <p><font size="3">  9.  Berqvist D, Burmark  VS, Frisell J, Hallbook T, Lindblad B, Risberg B. Low molecular weight heparin  once daily compared with conventional low-dose heparin twice daily. A prospective  double-blind multicentre trial on prevention of postoperative thrombosis. Br  J Surg 1986; 73 (3): 204-208. </font></p>     <p><font size="3">  10.  Geerts WH, Heit JA, Clagget GP, Pineo GF,  Colwell CW, Anderson FA Jr. Prevention of venous thromboembolism. Chest 2001;  119 (Supl. 1): 132 S-175 S. </font></p>     <p><font size="3">  11.  Rosendaal FR. Risk factors for venous thrombosis:  prevalence, risk, and interaction. Semin Hematol 1997; 34: 171-187. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3">  12.  Schafer  AI. Venous thrombosis as a chronic disease. N Engl J Med 1999; 340: 955-956. </font></p>     <p><font size="3">  13.  Wells  PS, Anderson DR, Bormanis J, Guy F, Mitchell M, Gray L, et al. Value of assessment  of pretest probability of deep-vein thrombosis in clinical management. Lancet  1997; 350: 1795-1798. </font></p>     <p><font size="3">  14.  Ruiz-Gim&eacute;nez N, Friera A, Sanchez P, Caballero  P, Rodriguez-Salvanes F, Suarez C. Trombosis venosa profunda en miembros inferiores  en un servicio de urgencias. Utilidad de un modelo cl&iacute;nico de estratificaci&oacute;n  de riesgo. Med Clin (Barc) 2002; 118: 529-533. </font></p>     <p><font size="3">  15.  Larsen TB, Stoffersen E,  Christensen CS, Laursen B. Validity of D-dimer tests in the diagnosis of deep  vein thrombosis: a prospective comparative study of three quantitative assays.  J Intern Med 2002; 252: 36-40. </font></p>     <p><font size="3">  16.  Fraser JD, Anderson DR. Deep venous thrombosis:  Recent advances and optimal investigation with US. Radiology 1999; 211: 9-24. </font></p>     <p><font size="3">  17.  Fraser  DG, Moody AR, Morgan PS, Martel AL, Davidson I. Diagnosis of lower-limb deep  venous thrombosis: a prospective blinded study of magnetic resonance direct  thrombus imaging. Ann Intern Med 2002; 136: 89-98. </font></p>     <p><font size="3">  18.  Larsson EM, Sunden P, Olsson  CG, Debatin J, Duerinckx AJ, Baum R, et al. MR venography using an intravascular  contrast agent: results from a multicenter phase 2 study of dosage. AJR Am  J Roentgenol 2003; 180: 227-232. </font></p>     <p><font size="3">  19.  Wells PS, Ginsberg JS, Anderson DR, Kearon  C, Gent M, Turpie AG, et al. Use of a clinical model for safe management of  patients with suspected pulmonary embolism. Ann Intern Med 1998; 129: 997-1005. </font></p>     <p><font size="3">  20.  Garg  K, Sieler H, Welsh CH, Johnston RJ, Russ PD. Clinical validity of helical CT  being interpreted as negative for pulmonary embolism: implications for patient  treatment. AJR Am J Roentgenol 1999; 172: 1627-1631. </font></p>     <p><font size="3">  21.  Claggett GP, Anderson  FA, Geerts W, Heit JA, Knudson M, Lieberman JR. Prevention of venous thromboembolism.  Chest 1998; 114: 531S- 560S. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3">  22.  Egger B, Schmid SW, Naef M, Wildi S, Buchler  MW. Efficacy and safety of weight-adapted nadroparin calcium vs heparin sodium  in prevention of clinically evident thromboembolic complication in 1190 general  surgical patients. Diag Surg 2000; 17: 602-609. </font></p>     <p><font size="3">  23.  Hettiarachchi RJ, Lok J,  Prins MH, Buller HR, Prandoni P. Undiagnosed malignancy in patients with deep  vein thrombosis: incidence, risk indicators, and diagnosis. Cancer 1998; 83:  180-185. </font></p>     <p><font size="3">  24.  Monreal M. Fondaparinux en la profilaxis de la trombosis en cirug&iacute;a  ortop&eacute;dica. &iquest;Una revoluci&oacute;n?. Med Clin (Barc) 2003; 120:  775-776. </font></p>     <p><font size="3">  25.  Prins MH, Hutten BA, Koopman MMW, Buller HR. Long-term treatment  of venous thromboembolic disease. Thromb Haemost 1999; 82: 892-898. </font></p>     <p><font size="3">  26.  Lopez-Beret  P, Orgaz A, Fontcuberta J, Doblas M, Martinez A, Lozano A, et al. Low molecular  weight heparin versus oral anticoagulants in the long-term treatment of deep  venous trombosis. J Vasc Surg 2001; 33: 77-90. </font></p>     <p><font size="3">  27.  Agnelli G, Prandoni P, Santamar&iacute;a  MG, Bagatella P, Iorio A, Basan M, et al. Three months versus one year of oral  anticoagulant therapy for idiopathic deep venous trombosis. N Engl J Med 2001;  345: 165-169. </font></p>     <p><font size="3">  28.  Hyers T, Agnelli G, Hull RD, Morris TA, Samama M, Tapson  V, et al. Antithrombotic therapy for venous thromboembolic disease. Chest 2001;  119: 17S-93S. </font></p>     <p><font size="3">  29.  Levine M, Gent M, Hirsh J, Leclerc J, Anderson D, Weitz J.  A comparison of low-molecular-weight heparin administered primarily at home  with unfractionated heparin administered in the hospital for proximal deep-vein  thrombosis. N Engl J Med 1996; 334: 677-681. </font></p>      ]]></body>
</article>
