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<institution><![CDATA[,Hospital de Cabueñes Servicio de Medicina Interna ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p> <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="15%" valign="top"></td>     <td width="85%" valign="top"><font size=5><b>Adicción a drogas: consumo y       consecuencias en    <br>       continuo cambio</b></font>           <p>&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p><i>Guti&eacute;rrez del R&iacute;o C. Adicci&oacute;n a drogas: consumo y consecuencias en continuo cambio. An Med Interna (Madrid) 2003; 20: 501-503.</i></p> <hr>     <p>El consumo de drogas y la adicci&oacute;n que producen se ha llegado a considerar   una enfermedad cr&oacute;nica; ha generado una amplia y variada literatura   sobre el tema. Se conoce en nuestro pa&iacute;s desde la d&eacute;cada de los   a&ntilde;os 70, coincidiendo con la llegada del Hach&iacute;s (1,2). Posteriormente,   hemos asistido a una progresiva evoluci&oacute;n, con la aparici&oacute;n de   distintos perfiles, tanto de consumo de sustancias, como de v&iacute;a de administraci&oacute;n   utilizada o de patolog&iacute;a asociada al mismo.    <br>   En los a&ntilde;os 80 adquiere gran importancia el consumo de Hero&iacute;na.   Esta sustancia revoluciona, de alguna forma, el mundo de la drogadicci&oacute;n   pues conlleva un incremento de los problemas delictivos y de salud; todo esto   genera un aumento de la demanda de atenci&oacute;n, as&iacute; como de la morbi-mortalidad   asociada (3,4). Esta adicci&oacute;n se generaliza en una poblaci&oacute;n   con una edad media joven, entre los 20 y 30 a&ntilde;os, seg&uacute;n se recoge   en la literatura; en el estudio de Cobos y cols., la edad es a&uacute;n mayor,   lo que podr&iacute;a deberse al momento en que se realiza el trabajo y, al   hecho de que el 50% de los pacientes llevaban m&aacute;s de 10 a&ntilde;os   de adicci&oacute;n (1,5,6).    <br>   Por otro lado, al menos inicialmente, la v&iacute;a preferente de consumo fue   la intravenosa (i.v.), lo que unido a la marginalidad que conllevaba la adicci&oacute;n   a estas sustancias, con altas tasas de inestabilidad laboral, comisi&oacute;n   de acciones delictivas, deficiente estado nutricional y pobre higiene, dio   lugar a un elevado n&uacute;mero de complicaciones infecciosas (2,3,7). En   este sentido, la aparici&oacute;n de infecciones se podr&iacute;a decir que   sigue la ruta del t&oacute;xico, desde su llegada al organismo: infecciones   de partes blandas (celulitis, abscesos, piomiositis...), infecci&oacute;n por   virus de hepatitis B, C, virus de inmunodeficiencia humana (VIH), etc. Esta &uacute;ltima   infecci&oacute;n, como es bien conocido y, al menos hasta la llegada de la   terapia denominada HAART, conllevaba una creciente inmunodepresi&oacute;n con   la consiguiente aparici&oacute;n de infecciones oportunistas (candidiasis,   toxoplasmosis, neumon&iacute;a por <i> Pneumocistis carinii</i>, etc.). Adem&aacute;s   existen otras infecciones, tambi&eacute;n presentes en la poblaci&oacute;n   general, pero que aqu&iacute;, quiz&aacute;s por las condiciones ya comentadas,   son m&aacute;s prominentes: neumon&iacute;as bacterianas, tuberculosis, etc.   (1,3-5,8-10).    <br>   En cualquier caso, en este colectivo las infecciones, no llegar&iacute;an s&oacute;lo   por v&iacute;a i.v., si no que dada la marginalidad referida, se genera importante   promiscuidad sexual, con lo que presentan, con frecuencia, enfermedades de   transmisi&oacute;n sexual que, siempre, deber&iacute;an ser un centinela sobre   una posible de infecci&oacute;n por VIH; de hecho, en la actualidad, se est&aacute; observando   que la categor&iacute;a de transmisi&oacute;n m&aacute;s frecuente est&aacute; dejando   de ser el consumo de drogas por v&iacute;a parenteral, para ser la v&iacute;a   sexual (2,4,8,10-12).    <br>   Por todo lo referido, la mayor&iacute;a de los pacientes que ingresan en un   hospital general lo hacen en los servicios de Medicina Interna, seguido de   los de Obstetricia, dado que las pacientes adictas se encuentran en una edad   f&eacute;rtil; no obstante, conviene destacar que la poblaci&oacute;n femenina   adicta a drogas representa, en todas las series, alrededor de, s&oacute;lo,   un 20% (1,2,11).    <br>   Como cab&iacute;a pensar, todas estas complicaciones se han asociado a estancias   medias elevadas, fundamentalmente, en el caso de ingresos relacionados con   la infecci&oacute;n por VIH, as&iacute; como a frecuentes reingresos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   No obstante, la adicci&oacute;n a drogas se ha ido modificando con el paso   del tiempo y, en los a&ntilde;os 90, asistimos al declive del uso de la v&iacute;a   i.v. a favor de otras, probablemente en relaci&oacute;n con las numerosas campa&ntilde;as   divulgativas sobre el riesgo del uso de dicha v&iacute;a y el temor a la infecci&oacute;n   por VIH (3,5,8,13). Por esto, llama la atenci&oacute;n que, en el trabajo de   Cobos y cols., la v&iacute;a m&aacute;s utilizada por los pacientes, en el   a&ntilde;o 1999, (fecha en que se lleva a cabo el estudio), sea la i.v.; esto   pudiera estar en relaci&oacute;n con lo que, ya ellos mismos indican: se trata   de un trabajo retrospectivo y no tienen posibilidad de recoger si segu&iacute;a   siendo utilizada dicha v&iacute;a, lo que, por otro lado, explicar&iacute;a   el escaso n&uacute;mero de infecciones de partes blandas recogidos (6); en   este aspecto, destacar que este tipo de infecciones no siempre ingresan en   los hospitales, sino que frecuentemente son atendidos en los centros de Atenci&oacute;n   Primaria o en los servicios de Urgencias.    <br>   Pero el abandono de la v&iacute;a i.v. y el uso de otras, como la v&iacute;a   fumada, no supone que no existan complicaciones; as&iacute; se ha observado,   sobre todo desde la segunda mitad de los a&ntilde;os 90, un incremento del   asma, consider&aacute;ndose la insuflaci&oacute;n de hero&iacute;na un hecho   fuertemente relacionado (14).    <br>   Adem&aacute;s del cambio de v&iacute;a de acceso, a favor del consumo de sustancias   fumado, inhalado o por v&iacute;a oral, se observ&oacute; la irrupci&oacute;n   de otras drogas como Coca&iacute;na, con sus correspondientes complicaciones   org&aacute;nicas y, as&iacute;, su uso puede implicar:    <br> &#8212;   Aumento de los cuidados de salud (ingresos, morbi &#8211; mortalidad, estancias,   etc.) e, incluso, tambi&eacute;n se pueden incrementar los costes en la atenci&oacute;n   de hijos de madres adictas en el embarazo (15).    <br> &#8212;   Desarrollo de insuficiencia renal cr&oacute;nica, en relaci&oacute;n con mayor   estr&eacute;s, mayor abuso de sustancias, etc. (16).    <br> &#8212;   Tampoco podemos olvidar que su consumo se asocia, al igual que el de la Hero&iacute;na,   al desarrollo de infecciones; en cambio, los ingresos por causas gastrointestinales   o traum&aacute;ticas son menos frecuentes que con el consumo de otras sustancias   como marihuana o alcohol (17).    <br> &#8212;   Desarrollo de patolog&iacute;a cardiaca (taquicardias, procesos coronarios,   etc.). En este aspecto, recientemente, Weber y cols., indican que los pacientes   usuarios de Coca&iacute;na que acuden por dolor tor&aacute;cico y no presentan   cambios isqu&eacute;micos en el electrocardiograma o elevaci&oacute;n de la   troponina, durante un periodo de observaci&oacute;n de 9 a 12 horas, tienen   baja probabilidad de infarto agudo de miocardio o muerte en los 30 d&iacute;as   posteriores al alta (18).    <br> &#8212;   Trastornos neuropsiqui&aacute;tricos con alucinaciones, desarrollo de demencias,   hemorragias, etc.    <br>   En los a&ntilde;os 90, tambi&eacute;n, se apreci&oacute; un aumento del consumo   de anfetaminas, probablemente en relaci&oacute;n con la crisis econ&oacute;mica   y la elevada tasa de desempleo (19).    <br>   Tampoco, se puede olvidar el resurgir del Cannabis, el mantenimiento de la   adicci&oacute;n a Benzodiacepinas por v&iacute;a oral y, el creciente consumo,   sobre todo en poblaci&oacute;n muy joven, de alcohol; con estas dos &uacute;ltimas   sustancias se observa mayor deterioro cognitivo y distres psicol&oacute;gico   que con la dependencia a otras drogas (20).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Y, en esta continua evoluci&oacute;n en el mundo de la drogadicci&oacute;n   aparecen las &#8220;drogas de dise&ntilde;o&#8221; o de &#8220;s&iacute;ntesis&#8221;,   es decir, sustancias sintetizadas en laboratorios clandestinos, que incluyen:   derivados de las feniletilaminas (MDMA, MDA, MDEA y otras anfetaminas, speed,   etc.), arilciclohexaminas (PCP y ketamina), opioides de s&iacute;ntesis (a-metilfentanilo,   3-metilfentanilo), derivados de la metacuolona o el oxibato s&oacute;dico (21),   (22).    <br>   Generalmente se consumen en discotecas de m&uacute;sica &#8220;tecno&#8221; o   en macrofiestas, en cantidades ingentes, acompa&ntilde;adas de otras m&uacute;ltiples   drogas como alucin&oacute;genos, Coca&iacute;na, Flunitrazepam, etc. Dan lugar   a frecuentes intoxicaciones, visitas a los servicios de Urgencias o s&iacute;ndrome   de secreci&oacute;n inadecuada de ADH por reposici&oacute;n de l&iacute;quidos   inadecuada; por otro lado, estas drogas pueden derivar, a m&aacute;s largo   plazo, en complicaciones neurol&oacute;gicas, al afectar al sistema dopamin&eacute;rgico   y serotonin&eacute;rgico (22-24).    <br>   Existe, por tanto, un amplio arsenal de sustancias de consumo, partiendo de   las consideradas legales hasta las de nueva aparici&oacute;n, con una cambiante   ruta de administraci&oacute;n y de caracter&iacute;sticas epidemiol&oacute;gicas;   por ello, a pesar de la amplia literatura existente se requieren m&aacute;s   estudios que permitan trazar un dibujo del consumidor, en cada momento, as&iacute; como,   de las potenciales complicaciones, con vistas a intentar una prevenci&oacute;n   eficaz. En este sentido, han contribuido mucho los Centros de Atenci&oacute;n   y Seguimiento de drogodependencias (CAS) que se han encargado de prescribir   sustancias sustitutivas como Metadona, de preconizar los beneficios del cambio   de la v&iacute;a de administraci&oacute;n de la droga, de luchar contra la   extensi&oacute;n del VIH, de extender programas de vacunaciones o controles   ginecol&oacute;gicos (25-27); tambi&eacute;n ha sido muy importante la labor   de los servicios de Medicina Interna &#8211; Unidades de Enfermedades Infecciosas,   con un mayor control de la infecci&oacute;n por VIH, intentando una mayor adherencia   de los pacientes al tratamiento y, por tanto, una mejor&iacute;a en su calidad de vida.</p>     <p align="right">C. GUTIÉRREZ DEL RÍO    <br> <i>Servicio de Medicina Interna. Hospital de Cabue&ntilde;es.    <br> Gij&oacute;n. Asturias</i></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="left"><i><font size="4">Bibliografía</font></i></p>     <p align="left">1.&nbsp;&nbsp;Muga R. Adicci&oacute;n a drogas y unidades de desintoxicaci&oacute;n.   Med Clin (Barc) 1991; 97: 337-339.</p>     <p align="left">2.&nbsp;&nbsp;Guti&eacute;rrez del R&iacute;o C, Casanueva Guti&eacute;rrez   M, Nu&ntilde;o Mateo J, Fern&aacute;ndez Bustamante J, Mor&iacute;s de la Tassa   J. Unidad de desintoxicaci&oacute;n hospitalaria: cuatro a&ntilde;os de experiencia.   Factores ambientales. An Med Interna (Madrid) 1998; 15 (11): 584-587.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">3.&nbsp;&nbsp;Torres-Tortosa M, Ruiz L&oacute;pez de Tejada M, Fern&aacute;ndez   El&iacute;as M, P&eacute;rez P&eacute;rez C, Fern&aacute;ndez Conejero E, Ugarte   I et al. Cambios en la v&iacute;a de administraci&oacute;n de la hero&iacute;na   y frecuencia de infecci&oacute;n por el virus de la inmunodeficiencia humana.   Med Clin (Barc) 1995; 104: 249-252.</p>     <p align="left">4.&nbsp;&nbsp;Barrio G, de la Fuente L, Cam&iacute; J. El consumo de drogas   en Espa&ntilde;a y su posici&oacute;n en el contexto europeo. Med Clin (Barc)   1993; 101: 344-355.</p>     <p align="left">5.&nbsp;&nbsp;De la Fuente I, Barrio G, Vicente J, Bravo MJ, Lardelli P. Intravenous   Administration Among Heroin Users Having Treatment in Spain. J Epidemiol 1994;   23: 805-811.</p>     <p align="left">6.&nbsp;&nbsp;De los Cobos Calleja T, Casanueva Guti&eacute;rrez M, Jov&eacute; Gonz&aacute;lez   C. Perfil de los usuarios de drogas ingresados en un hospital. An Med Interna   (Madrid) 2003; 20: 504-509.</p>     <p align="left">7.&nbsp;&nbsp;Fern&aacute;ndez J, L&oacute;pez C, Arim MJ, Alameda J. Cambios   en la v&iacute;a de administraci&oacute;n de drogas en heroin&oacute;manos.   Rev Clin Esp 1993; 193: 76-77.</p>     <p align="left">8.&nbsp;&nbsp;Guti&eacute;rrez del R&iacute;o C, Casanueva Guti&eacute;rrez   M, de la Fuente Garc&iacute;a B, Gallo Alvaro C, Alcalde Fern&aacute;ndez MLG,   Mor&iacute;s de la Tassa J. Unidad de desintoxicaci&oacute;n hospitalaria:   cuatro a&ntilde;os de experiencia. Tratamiento e infecciones. An Med Interna   (Madrid) 1998; 15 (10): 528-530.</p>     <p align="left">9.&nbsp;&nbsp;Grupo de trabajo para estudio de infecciones en drogadictos.   Estudio multic&eacute;ntrico de las complicaciones infecciosas en adictos a   drogas por v&iacute;a parenteral en Espa&ntilde;a: an&aacute;lisis de 11645   casos (1977-1988). Enf Infec y Microbiol Clin 1990; 8: 514-519.</p>     <p align="left">10.&nbsp;&nbsp;Cherubin ChE, Joseph D, Sapira MD. The Medical Complications   of Drug Addiction and the Medical Assessment of the Intravenous Drug Users:   25 Years Later. Ann Intern Med 1993; 119: 1017-1028.</p>     <p align="left">11.&nbsp;&nbsp;Avi&ntilde;&oacute; Rico MJ, Hern&aacute;ndez Aguado I, P&eacute;rez   Hoyos S, Garc&iacute;a de la Hera M, Ruiz I, Bohimar Monrull F. Incidencia   de la infecci&oacute;n por el virus de la inmunodeficiencia humana tipo I (VIH   1) en usuarios de droga por v&iacute;a parenteral. Med Clin 1994; 102: 369-373.</p>     <p align="left">12.&nbsp;&nbsp;L&oacute;pez de Munain J, C&aacute;mara MM, Santamar&iacute;a   JM, Zuri&ntilde;e Zubero, Baraia-Etxaburu J, Mu&ntilde;oz J. Caracter&iacute;sticas   cl&iacute;nico-epidemiol&oacute;gicas de los nuevos diagn&oacute;sticos de   infecci&oacute;n por el virus de la inmunodeficiencia humana. Med Clin (Barc)   2001; 117: 654-656.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">13.&nbsp;&nbsp;Torres-Tortosa M, Fern&aacute;ndez-El&iacute;as M, Ugarte I,   Ruiz L&oacute;pez de Tejada M. Cambios en la v&iacute;a de administraci&oacute;n   de drogas en heroin&oacute;manos.     <br>   Rev Clin Esp 1993; 193: 76-77.</p>     <p align="left">14.&nbsp;&nbsp;Krantz AJ, Hershow RC, Prachand N, Hayden DM, Franklin C, Hryhorczuk   DO. Heroin insufflation as a Trigger for patients with life-threatening asthma.   Chest 2003; 123: 510-517.</p>     <p align="left">15.&nbsp;&nbsp;Mena M, Corvalan S, Bedregal P. Health care expenditures among   the offspring of cocaine paste consumers. Rev Med Chil 2002; 130 (11): 1241-8.</p>     <p align="left">16.&nbsp;&nbsp;Norris KC, Thornill-Joynes M, Tareen N. Cocaine use and chronic   renal failure. Semin Nephrol 2001; 21: 362-366.</p>     <p align="left">17.&nbsp;&nbsp;Weintraub E, Dixon L, Delahanty J, Schwuartz R, Johnson J, Cohen   A, Klecz M. Reason for medical hospitalisation among adult alcohol and drug   abusers. Am J Addict 2001; 10: 167-177.</p>     <p align="left">18.&nbsp;&nbsp;Weber JE, Shofer FS, Larkin GL, Kalaria AS, Hollander JE. Validation   of a brief observation period for patients with cocaine-associated chest pain.   N Engl J Med 2003; 348: 487-488.</p>     <p align="left">19.&nbsp;&nbsp;Wermth L. Methamphetamine use: Hazards and social influences.   J Drug Educ 2000; 30: 423-433.</p>     <p align="left">20.&nbsp;&nbsp;Paraherakis A, Charney DA, Gill K. Neuropsychological functioning   in substance-dependent patients. Subst Use Misuse 2001; 36: 257-271.</p>     <p align="left">21.&nbsp;&nbsp;Ochoa E. Drogas de dise&ntilde;o. Med Clin (Barc) 2002; 119:   375-376.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">22.&nbsp;&nbsp;Abanades S, Farr&eacute; M. Drogas de dise&ntilde;o. Med Clin   (Barc) 2003; 121: 38.</p>     <p align="left">23.&nbsp;&nbsp;Espinosa G, Miro O, Nogue S, To-Figuera J, S&aacute;nchez M,   Coll-Vinnent B. Intoxicaci&oacute;n por &eacute;xtasis l&iacute;quido: estudio   de 22 casos. Med Clin (Barc) 2001; 117: 56-58.</p>     <p align="left">24.&nbsp;&nbsp;Abanades S, Iglesias ML, Echarte JL, Puig-Dou J, Roset PN, Farr&eacute; M.   Gammhydroxibutirate: a novel toxicological emergency. Methods Find Exp Clin   Pharmacol 2001; 23: 326.</p>     <p align="left">25.&nbsp;&nbsp;Pedrol E, &Aacute;lvarez MT, Deig E, Andr&eacute;s I, Ribell   M, Soler A. Urgencias motivadas por pacientes controlados en un centro de atenci&oacute;n   y seguimiento de drogodependencias. Med Clin (Barc) 2003; 121: 18-20.</p>     <p align="left">26.&nbsp;&nbsp;Suelves JM, Brugal MT, Cayla JA, Torralba L. Cambios en los   problemas de salud provocados por la coca&iacute;na en Catalu&ntilde;a. Med   Clin (Barc) 2001; 117: 581-583.</p>     <p align="left">27.&nbsp;&nbsp;Cabot E, Soler A, Olid F, Tornero JC, Torrents A, Pedrol E,   et al. Consumo de atenci&oacute;n urgente derivada de la adicci&oacute;n a drogas. Emergencias 1997; 9 (Supl. 1): 238.</p>      ]]></body>
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