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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Bases para el manejo médico de enfermedades bacterianas potencialmente implicadas en bioterrorismo: ántrax, peste, tularemia y brucelosis]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Guidelines for clinical management of bioterrorism bacterial disease: anthrax, plague, turalemia and brucellosis]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p> <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="15%" valign="top"></td>     <td width="85%" valign="top"><font size=5>Bases para el manejo m&eacute;dico de enfermedades&nbsp;    <br>  bacterianas potencialmente   implicadas en&nbsp;    <br>       bioterrorismo: &aacute;ntrax, peste, tularemia y brucelosis</font>           <p>J. M. EIROS BOUZA, M. R. BACHILLER LUQUE, R. ORTIZ DE LEJARAZU</p>           <p><i>Hospital Cl&iacute;nico &nbsp;Universitario y Facultad de Medicina. Valladolid</i></p>           <p>&nbsp;</p>     </td>   </tr> </table>  <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%" valign="top"></td>     <td width="4%" valign="top"></td>     <td width="48%" valign="top"><font size="2"><i>GUIDELINES FOR CLINICAL       MANAGEMENT OF BIOTERRORISM BACTERIAL DISEASES: ANTHRAX, PLAGUE, TURALEMIA       AND BRUCELLOSIS</i></font>           <p>&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p><i>Eiros Bouza JM, Bachiller       Luque MR, Ortiz de Lejarazu R. Bases para el manejo m&eacute;dico de enfermedades       bacterianas potencialmente implicadas en bioterrorismo: &aacute;ntrax,     peste, tularemia y brucelosis. An Med Interna (Madrid) 2003; 20: 540-547.</i></p> <hr align="left" width="30%">     <p><font size="2"><i>Trabajo aceptado</i>: 31 de marzo de 2003     <br> <i>Correspondencia</i>: J. M&ordf; Eiros Bouza. Microbiolog&iacute;a. Facultad de Medicina. Avda. Ram&oacute;n y Cajal, 7. 47005 Valladolid.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;e-mail: eiros@med.uva.es</font></p> <hr align="left">     <p>INTRODUCCIÓN </p>     <p>El conocimiento de las bases para el manejo m&eacute;dico de las v&iacute;ctimas         de armas biol&oacute;gicas obliga, al menos conceptualmente, a una breve reflexi&oacute;n         relativa al propio contenido de la frase. Las bases hacen alusi&oacute;n a los         fundamentos o apoyos en los que estriba el manejo o la actitud que como cl&iacute;nicos         debemos adoptar ante los potenciales individuos afectados. Estos, al ser conceptuados         como v&iacute;ctimas, lo son en la medida que padecen por causa ajena, en este         caso por seres vivos o alg&uacute;n elemento estructural o funcional de los         mismos destinados a ofenderles.     <br>   De un modo deliberadamente intencionado expondremos         una reflexiones relativas a los elementos para la sospecha de infecci&oacute;n         por un agente subsidiario de ser utilizado en un ataque bioterrorista, repasaremos         un esquema conceptual sencillo para la aproximaci&oacute;n al potencial paciente         y finalmente abordaremos diferentes aspectos acerca de las bacterias causantes         de &aacute;ntrax, peste, tularemia y brucelosis.     <br>   Los elementos que inducen         a sospechar una infecci&oacute;n por agentes incluidos entre los que pueden emplearse         en un ataque bioterrorista pueden explicitarse como sigue. En primer t&eacute;rmino         la constataci&oacute;n de un aumento r&aacute;pido (en el plazo de horas o d&iacute;as)         del n&uacute;mero de enfermos en una poblaci&oacute;n en la que no se conoce         la existencia de factores de riesgo (1-3). En segundo lugar la identificaci&oacute;n         de pacientes con un s&iacute;ndrome febril o con focalidad respiratoria o gastrointestinal,         que evolucionan hacia la gravedad (4). En &iacute;ntima conexi&oacute;n con este &uacute;ltimo         hecho se considera tambi&eacute;n como elemento de sospecha la asistencia a un         n&uacute;mero de casos con evoluci&oacute;n fatal mayor de lo esperado (5). Debe         tambi&eacute;n constituir un signo de alerta el hecho de atender alg&uacute;n         enfermo con una enfermedad &#8220;inusual&#8221; y descrita como producida por         un arma biol&oacute;gica entre quienes no se encuentran expuestos al agente por         su trabajo o su lugar de residencia (4,6). En &uacute;ltima instancia se debe         considerar el hecho de evaluar a un paciente con una enfermedad end&eacute;mica         de un &aacute;rea, que aparece en un tiempo no habitual o con un patr&oacute;n         cl&iacute;nico no caracter&iacute;stico (7,8).     <br>       <br> APROXIMACIÓN AL PACIENTE POTENCIALMENTE AFECTADO </p>     <p>El objetivo &uacute;ltimo al efectuar un comentario relativo a la aproximaci&oacute;n         al paciente potencialmente infectado por una bacteria implicada en un ataque         bioterrorista es transmitir una sistem&aacute;tica aplicable a cada caso. &Eacute;sta         no difiere de la recomendada para el manejo global de cualquier individuo susceptible         de valoraci&oacute;n infectol&oacute;gica general (9) y recuerda la importancia         de enfocar cada caso con raciocinio y met&oacute;dica. Aunque existen excelentes         sistemas espec&iacute;ficos que ayudan a la toma de decisiones en la asistencia         a estos pacientes (10), a nosotros nos resulta de utilidad aplicar la mec&aacute;nica         de trabajo recomendada por Bouza (11), que contempla variables relativas al paciente,         a sus antecedentes, a su s&iacute;ndrome cl&iacute;nico, y que se orienta conceptualmente         hacia un determinado agente etiol&oacute;gico y que basa su actuaci&oacute;n         en una organizaci&oacute;n secuencial en cuanto a la solicitud de ex&aacute;menes         complementarios y a la decisi&oacute;n de adoptar medidas de prevenci&oacute;n         o de iniciar terapia antimicrobiana.     <br>   Con relaci&oacute;n al paciente son datos         claves la edad, el sexo, el momento de aparici&oacute;n de los s&iacute;ntomas         y la velocidad de progresi&oacute;n de los mismos. Estas dos &uacute;ltimas variables         cobran particular fuerza ante un potencial caso originado por guerra biol&oacute;gica         (4). Al mismo tiempo, y mediante anamnesis o revisi&oacute;n del historial disponible,         es prioritario establecer una categorizaci&oacute;n del paciente como inmunocompetente         o bien como limitado por alg&uacute;n grado de inmunodepresi&oacute;n (12,13).         Para establecer esta &uacute;ltima modalidad, y como elementos que condicionan         inmunosupresi&oacute;n general cabe recordar las siguientes categor&iacute;as:         consumo cr&oacute;nico de corticoides, existencia de diabetes, broncopat&iacute;a,         cardiopat&iacute;a, nefropat&iacute;a o hepatopat&iacute;a mal controladas, situaci&oacute;n         de postrasplante, neoplasia de &oacute;rgano s&oacute;lido o leucemia/linfoma         que reciben terapia, adicci&oacute;n a drogas por v&iacute;a parenteral (ADVP)         o infecci&oacute;n por los virus de la inmunodeficiencia humana.     <br>   Los antecedentes         se pueden establecer tambi&eacute;n mediante anamnesis y pueden aludir en cada         paciente a diferentes aspectos relativos a la propia historia, a su entorno y         a su actitud personal. En la <A HREF="#t1"> tabla I</A> se ilustran 18 variables distribuidas en         la triple categorizaci&oacute;n aludida, en un intento de recomendar una sistem&aacute;tica &uacute;til         a la hora de valorar los antecedentes en un individuo potencialmente afectado         por una enfermedad infecciosa provocada por un microorganismo implicado en bioterrorismo.         Las del primer grupo aluden a aspectos inherentes a la propia historia y abarcan         circunstancias desde el nacimiento, de enfermedades previas, la existencia de         ingresos hospitalarios, de cirug&iacute;a, de transfusiones, y los antecedentes         familiares. En referencia al entorno es relevante documentar el lugar de residencia,         la existencia de alergia a f&aacute;rmacos, la toma de medicaci&oacute;n habitual,         el medio social y laboral, las actividades de ocio, el contacto con animales         y la existencia de casos similares entre convivientes. En tercer lugar y por         lo que hace referencia a la actitud personal, resulta de ayuda describir la ingesta         de alimentos y bebidas, el consumo de alcohol y tabaco, la ADVP, el comportamiento         sexual y la realizaci&oacute;n de viajes fuera de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica         durante los a&ntilde;os previos. Es importante finalizar con una pregunta abierta         donde se invite al paciente a narrar lo que &eacute;l considere de inter&eacute;s         cl&iacute;nico. Se complementa la anamnesis mediante la convencional por aparatos,         com&uacute;n a otras &aacute;reas de la medicina.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   El s&iacute;ndrome cl&iacute;nico         se establece mediante exploraci&oacute;n f&iacute;sica, que tiende a establecer         datos objetivos, a trav&eacute;s de una sistem&aacute;tica reglada e integral.         Tan importante es establecer una focalidad como excluirla y un particular reto         lo representa la existencia de un s&iacute;ndrome febril en ausencia de localizaci&oacute;n.         A continuaci&oacute;n es preceptivo hacer una revisi&oacute;n mental y estructurada         de los grupos de potenciales agentes implicados en la etiolog&iacute;a del cuadro:         bacterias, virus, hongos y par&aacute;sitos (14).     <br>   En &uacute;ltima instancia         procede programar una organizaci&oacute;n secuencial en cuanto a la solicitud         de ex&aacute;menes complementarios y a la decisi&oacute;n de iniciar terapia         antimicrobiana o de adoptar medidas de prevenci&oacute;n. De cara a acotar las         posibilidades diagn&oacute;sticas lo sensato es establecer una solicitud de ex&aacute;menes         complementarios que deben seguir una complejidad creciente. Por lo que respecta         al diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico la obtenci&oacute;n de muestras debe         dirigirse en funci&oacute;n de los agentes sospechados (15,16). En este momento         es necesario decidir acerca de la conveniencia de adoptar medidas de prevenci&oacute;n,         que en el &aacute;mbito que nos ocupa conllevan la activaci&oacute;n de los sistemas         de alerta sanitaria (1,2,5,7,8). Adem&aacute;s y como actuaci&oacute;n frente         al paciente es importante decidir con propiedad la necesidad de comenzar         o no un tratamiento antimicrobiano (6,17-19). </p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t1"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla1.gif" width="571" height="233"></A> </p>     <p>    <br> &Aacute;NTRAX</p>     <p>El esquema conceptual con el que abordaremos este apartado pasa por aludir   a su etiolog&iacute;a, epidemiolog&iacute;a, cl&iacute;nica, diagn&oacute;stico,   prevenci&oacute;n y tratamiento. El agente etiol&oacute;gico es el <i> Bacillus anthracis</i>,   que se visualiza como un bacilo grampositivo esporulado (20). Su distribuci&oacute;n   es mundial, comport&aacute;ndose como una zoonosis cosmopolita, end&eacute;mica   entre herb&iacute;voros (21). Tiene inter&eacute;s recordar que en el Libro del   G&eacute;nesis se alude al &aacute;ntrax o carbunco en la V de las plagas de   Egipto (22).     <br>   Sus mecanismos fundamentales de transmisi&oacute;n son el contacto,   la ingesti&oacute;n y la inhalaci&oacute;n (21,23). Al hilo de esta &uacute;ltima   modalidad es importante rese&ntilde;ar que en las formas pulmonares no existe   transmisi&oacute;n de persona a persona. Si bien el empleo de este microorganismo   como arma biol&oacute;gica se ha efectuado mediante la vehiculizaci&oacute;n   de esporos en sobres remitidos por correo postal (24,25).     <br>   El periodo de incubaci&oacute;n   de la enfermedad oscila entre un amplio rango, desde un d&iacute;a hasta ocho   semanas. De las diferentes focalidades cl&iacute;nicas que pueden presentarse   las tres m&aacute;s comunes en orden decreciente de frecuencia son la cut&aacute;nea,   la gastrointestinal y la respiratoria (26,27). La mortalidad sigue un orden inverso,   siendo las formas m&aacute;s letales las respiratorias, en menor medida las gastrointestinales   y m&aacute;s leves las formas cut&aacute;neas. En esta modalidad de carbunco   cut&aacute;neo la lesi&oacute;n suele comenzar como una p&aacute;pula pruriginosa,   que se transforma posteriormente en ves&iacute;cula ulcerada y que evoluciona   a una escara negruzca con edema acompa&ntilde;ante. La afectaci&oacute;n gastrointestinal   se inicia con n&aacute;useas y v&oacute;mitos y puede evolucionar a diarrea hemorr&aacute;gica.   Por el inter&eacute;s que reviste, ante un caso potencialmente originado en el   contexto de un ataque bioterrorista conviene resaltar que el cuadro t&iacute;pico   va precedido de una fase inicial consistente en un s&iacute;ndrome febril inespec&iacute;fico   que remeda una pseudoinfecci&oacute;n del tracto respiratorio. A continuaci&oacute;n   suele acontecer un periodo de 2-4 d&iacute;as de aparente mejor&iacute;a, para   dar paso a un empeoramiento brusco. La fase final de agravamiento cursa con disnea,   objetiv&aacute;ndose derrame pleural y mediastinitis, que en los casos letales   abocan a un fallo cardiocirculatorio (28).     <br>   En el diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico   cabe abordar en primer t&eacute;rmino las diferentes estrategias existentes,   el tipo de muestras v&aacute;lidas, las condiciones de transporte y env&iacute;o   de las mismas, as&iacute; como los elementos de contenci&oacute;n biol&oacute;gica   (29,30). Las estrategias de diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico se ajustan   al esquema convencional tal y como se refleja en la <A HREF="#t2"> tabla II</A>. Como m&eacute;todos   de diagn&oacute;stico directo pueden emplearse la visualizaci&oacute;n de los   microorganismos previa tinci&oacute;n de Gram (26), su aislamiento en medios   de cultivo usuales como caldo coraz&oacute;n cerebro (BHI) o agar sangre, la   detecci&oacute;n de ant&iacute;genos (Ag) estructurales o la identificaci&oacute;n   de su genoma, fundamentalmente mediante t&eacute;cnicas de amplificaci&oacute;n   basadas en la reacci&oacute;n en cadena de la polimerasa (PCR). El diagn&oacute;stico   indirecto asienta en la determinaci&oacute;n de anticuerpos (Ac) circulantes   en el suero del paciente, que obligan en ocasiones a la disponibilidad de un   suero de &#8220;archivo&#8221; o basal obtenido en el momento de la valoraci&oacute;n   inicial y a documentar la existencia de una seroconversi&oacute;n (aumento o   cuadruplicaci&oacute;n del t&iacute;tulo de IgG) en un suero diferido(correspondiente   a la fase de convalecencia). La aparici&oacute;n de Ac de la clase IgM es un   indicativo de infecci&oacute;n aguda.     <br>   Los tipos de muestras que resultan de   utilidad var&iacute;an en funci&oacute;n de la focalidad cl&iacute;nica (28) y pueden   abarcar desde aquellas subsidiarias de ser empleadas para efectuar un diagn&oacute;stico   directo como el exudado cut&aacute;neo, frotis far&iacute;ngeo, esputo/broncoaspirado,   heces o hemocultivos hasta al obtenci&oacute;n de dos muestras de suero (basal   y diferido) para establecer el diagn&oacute;stico indirecto.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Por lo que hace   referencia al env&iacute;o de muestras, tal y como se se&ntilde;ala en la <A HREF="#t3"> tabla III</A>, es preceptivo indicar que no existen regulaciones espec&iacute;ficas que   garanticen un transporte de agentes pat&oacute;genos absolutamente seguro. Estos   se encuadran en la denominaci&oacute;n gen&eacute;rica de &#8220;mercanc&iacute;as   peligrosas&#8221;, para las que existen disposiciones relativas al tipo de recipientes   que las deben albergar y que en esencia tienen una triple composici&oacute;n:   primario, secundario y externo. Diferentes organismos internacionales como la   Uni&oacute;n Postal Universal (UPU), la Organizaci&oacute;n Internacional de   Aviaci&oacute;n (OIAC) y la Organizaci&oacute;n Internacional de Transporte A&eacute;reo   (IATA) han elaborado recomendaciones al respecto (25). En nuestro pa&iacute;s   resulta de utilidad seguir lo establecido en los protocolos elaborados por la   Sociedad Espa&ntilde;ola de Enfermedades Infecciosas y Microbiolog&iacute;a Cl&iacute;nica   (31).Un aspecto crucial es considerar la necesidad de disponer de elementos de   contenci&oacute;n biol&oacute;gica, que pueden establecerse al menos en tres   vertientes. En primer lugar en lo que afecta al dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico   y funcional de la instalaci&oacute;n en la que se procesan muestras potencialmente   infectadas. En este sentido es importante establecer zonas de uso exclusivo,   con limitaci&oacute;n de acceso y sistema adecuado de flujo de aire. En segundo   t&eacute;rmino y por lo que hace referencia a las propias t&eacute;cnicas de   laboratorio se debe adoptar el seguimiento riguroso de un protocolo y manual   de procedimientos. En tercer t&eacute;rmino el equipo debe estar dotado de un   adecuado nivel de protecci&oacute;n que contempla desde la posibilidad de cabinas   de seguridad biol&oacute;gica de clase II hasta el control de los aparatos   a emplear (32,33).     <br>   La profilaxis de exposici&oacute;n ante un potencial contacto   con el microorganismo asienta en la adopci&oacute;n de medidas de protecci&oacute;n   universal (3,8). Las prendas que han estado expuestas se deben retirar, embolsar   y no manipular. Las zonas corporales deben lavarse con agua y jab&oacute;n de   modo convencional y las superficies se descontaminan con hipoclorito s&oacute;dico   al 10% o con fenol al 5%. Si se precisa efectuar un saneamiento ambiental se   debe utilizar vapor de paraformaldehido. La protecci&oacute;n respiratoria obliga   al empleo de m&aacute;scara con filtro y purificadores, existiendo modelos de   alto nivel de contenci&oacute;n del tipo de los &#8220;<i>self contained breathing   apparatus</i>&#8221; (SCBA). La protecci&oacute;n es extensible a la utilizaci&oacute;n   de guantes y calzado al efecto, de acuerdo con las recomendaciones dadas por   el <i> National Institute for Ocupational Safety &amp; Health</i> (NIOSH) (34,35). De   manera particular la actuaci&oacute;n ante un sobre o paquete sospechosos de   contener esporas de <i> B anthracis</i> ha sido protocolizada en nuestro pa&iacute;s,   entre otros por la normativa del Ministerio de Sanidad y Consumo (36) y por el   Departamento de Sanidad y Seguridad Social de la Generalitat de Catalu&ntilde;a   (37). En s&iacute;ntesis estas recomendaciones aconsejan minimizar el contacto,   abandonar el &aacute;rea en la que ocurre el accidente, impedir el acceso a la   misma y contactar con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. A nivel   internacional constituye una valiosa fuente de informaci&oacute;n suplementaria   la ofrecida por los <i> Centers for Diseases Control</i>, dependientes del Gobierno   de los EE.UU. (38).     <br>   La quimioprofilaxis en individuos expuestos se efect&uacute;a   con quinolonas (39). Existen vacunas basadas en la inducci&oacute;n de Ac frente   a Ag bacterianos, cuyas existencias en el momento actual son limitadas, estando   disponibles en los EE.UU. para personal militar (40,41). El tratamiento antimicrobiano   en un caso confirmado se efect&uacute;a con ciprofloxacino a dosis de 500 mg/12   horas durante ocho semanas. Son alternativas recomendables la doxiciclina (100   mgrs/12 horas/8 semanas) y la penicilina G (2 millones de U.I/ 6 horas/ 2 semanas)   (42).     <br>   Finalmente es oportuno destacar que el &Aacute;ntrax constituye un modelo   de respuesta al bioterrorismo (2,4,5,43) en el sentido de que ante un posible   ataque en el que se emplee <i> B. anthracis</i> como arma biol&oacute;gica es preceptivo adoptar una qu&iacute;ntuple estrategia, tal y como se expone en la <A HREF="#t4"> tabla IV</A>.</p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t2"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla2.gif" width="287" height="257"></A></p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t3"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla3.gif" width="299" height="220"></A></p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t4"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla4.gif" width="291" height="153"></A></p>     <p>  PESTE</p>     <p>  Est&aacute; causada por <i> Yersinia pestis</i>, que se visualiza como un bacilo gramnegativo.   Taxon&oacute;micamente se incluye en la familia <i> Enterobacteriaceae</i> (44) y constituye   una zoonosis cosmopolita, con focos de actividad mantenida en distintas zonas   de Asia y &Aacute;frica (21, 45). Los animales que act&uacute;an como reservorios   difieren en el ciclo urbano y en el salvaje, siendo las ratas comunes a ambos   (46). En el ciclo salvaje la gama de mam&iacute;feros que act&uacute;an como   tales es amplia y engloba, entre otros, a conejos, marmotas, ardillas, ratones   y gatos. El vector com&uacute;n es la pulga <i> Xenopsylla cheopis</i> y el mecanismo   de transmisi&oacute;n m&aacute;s usual es la picadura, aunque son tambi&eacute;n   potenciales v&iacute;as de transmisi&oacute;n la manipulaci&oacute;n y la inhalaci&oacute;n   (47,48).     <br>   El microorganismo posee tres determinantes de patogenicidad importantes.   De una parte los ant&iacute;genos estructurales V y W, cuya codificaci&oacute;n   es plasm&iacute;dica (49,50), de otra la estructura de la c&aacute;psula en cuanto   representa un factor de virulencia (51) y en tercera instancia la endotoxina   lipopolisac&aacute;rida (52).     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Las formas cl&iacute;nicas m&aacute;s comunes son   la peste bub&oacute;nica, la cut&aacute;nea, la septic&eacute;mica, la neum&oacute;nica   y la men&iacute;ngea (48,53). La peste bub&oacute;nica representa la forma cl&aacute;sica,   su periodo de incubaci&oacute;n oscila entre dos y ocho d&iacute;as tras la picadura,   y su inicio cursa con fiebre elevada, escalofr&iacute;os y astenia. El bub&oacute;n   consiste en una hipertrofia brusca de los ganglios linf&aacute;ticos regionales,   con dolor intenso, siendo sus localizaciones m&aacute;s frecuentes ingles, axilas   y cuello. En los casos de curso fulminate aparecen lesiones cut&aacute;neas purp&uacute;ricas   (54). Estas caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas se resumen en la <A HREF="#t5"> tabla V</A>.   Del resto de focalidades pueden destacarse que en la forma septic&eacute;mica   se documenta bacteriemia acompa&ntilde;ada de fiebre e hipotensi&oacute;n; en   la neum&oacute;nica se observan tos, hemoptisis y dolor tor&aacute;cico (53)   y en la afectaci&oacute;n cut&aacute;nea junto a un intenso dolor aparecen p&uacute;stulas, escaras y ectima.</p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t5"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla5.gif" width="290" height="140"></A></p>     <p> El diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico se puede establecer de acuerdo con   el esquema ya avanzado. Como m&eacute;todos directos se incluyen la tinci&oacute;n   de Gram, donde adem&aacute;s de las caracter&iacute;sticas rese&ntilde;adas se   manifiesta bipolaridad, y la tinci&oacute;n de Wayson (55). Tambi&eacute;n se   categorizan en esta modalidad el cultivo y aislamiento en medios habituales (Caldo   Coraz&oacute;n Cerebro, Agar Sangre y Agar Mc Conkey), la identificaci&oacute;n   de Ag estructurales y la detecci&oacute;n gen&oacute;mica mediante PCR (56-58)   o amplificaci&oacute;n de se&ntilde;al por ADN-ramificado (bDNA)(59). Entre los   m&eacute;todos de diagn&oacute;stico indirecto se emplea la hemaglutinaci&oacute;n   pasiva para documentar la existencia de Ac espec&iacute;ficos y el enzimoinmunoan&aacute;lisis   (60).     <br>   Como medidas de profilaxis se imponen aquellas inherentes a la asistencia   a una de las enfermedades cl&aacute;sicas &#8220;cuarentenables&#8221; de declaraci&oacute;n   obligatoria universal, incluyendo medidas de aislamiento respiratorio estricto   (61). Existen vacunas que contienen bacterias destruidas con formol y otras que   incluyen ant&iacute;geno V recombinante o Lipopolisac&aacute;rido capsular (62-64).   La pauta de aplicaci&oacute;n exige la administraci&oacute;n de una serie primaria   con dos dosis en un intervalo de 1-3 meses y una serie de refuerzo, aplicable   cada seis meses mientras exista riesgo de exposici&oacute;n. El tratamiento de   elecci&oacute;n se efect&uacute;a con estreptomicina a dosis de 30 mg/kg de peso   y d&iacute;a, durante diez d&iacute;as, siendo las tetraciclinas una alternativa   eficiente. De manera concomitante es necesario adoptar medidas complementarias   de soporte y si fuese necesario de monitorizaci&oacute;n hemodin&aacute;mica.   Muy recientemente Lippi y Conti han reflexionado sobre el papel determinante   que la peste ha tenido en la configuraci&oacute;n demogr&aacute;fica de Europa   (65) y apuntan a su modelo ecol&oacute;gico como de excepcional inter&eacute;s   en campa&ntilde;as de guerra biol&oacute;gica.     <br>       <br> TURALEMIA</p>     <p> Esta enfemedad se comporta como una zoonosis del hemisferio norte , cuyo reservorio   est&aacute; integrado por m&aacute;s de 250 animales diferentes, siendo los roedores   y en concreto las liebres, en Europa, los m&aacute;s frecuentemente implicados   en su transmisi&oacute;n (66,67). Esta se efect&uacute;a fundamentalmente a trav&eacute;s   del contacto con los animales o sus productos y mucho m&aacute;s raramente pueden   implicarse la inhalaci&oacute;n e incluso la picadura de garrapatas (68,69).   En nuestro entorno, y en concreto en la comarca de Tierra de Campos tuvimos la   ocasi&oacute;n de asistir a un brote epid&eacute;mico iniciado a finales de 1997   (70), en el que llegaron a contabilizarse a lo largo de 1998 hasta 600 casos   en toda la Comunidad Aut&oacute;noma de Castilla y Le&oacute;n (71-73), haci&eacute;ndose   eco del mismo otros autores en Comunidades lim&iacute;trofes (74).     <br>   Los microorganismos   causales de la misma se corresponden con la especie <i> Francisella tularensis</i>,   y se visualizan como cocobacilos gramnegativos, que se pueden clasificar en   funci&oacute;n   de sus propiedades bioqu&iacute;micas y dotaci&oacute;n enzim&aacute;tica en   tres biogrupos: <i> tularensis, palearctica</i> y <i> novicida</i> (75,76).     <br>   De las manifestaciones   y caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas de esta entidad es importante rese&ntilde;ar   que su periodo de incubaci&oacute;n oscila entre 1 y 21 d&iacute;as y que su   comienzo convencional se asemeja a un cuadro de fiebre, escalofr&iacute;os, malestar   y cefalea que se instaura, tal y como se refleja en la <A HREF="#t6"> tabla VI</A>, de manera brusca   (66,71). La modalidad cl&iacute;nica m&aacute;s frecuente es la denominada forma &uacute;lceroganglionar,   que se inicia como una p&aacute;pula roja que evoluciona a la necrosis y posteriormente   se ulcera, cursando adem&aacute;s con adenopat&iacute;as dolorosas (73). Otras   focalidades menos frecuentes son las formas &oacute;culoganglionar, orofar&iacute;ngea,   intestinal, neum&oacute;nica y tif&oacute;dica (72,77-80). Por su inter&eacute;s   en bioterrorismo destaca la forma neum&oacute;nica, que conlleva una alta mortalidad   (81).     <br>   Para su diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico directo es necesario conocer   que la manipulaci&oacute;n del microorganismo exige un nivel de seguridad adecuado   a su catalogaci&oacute;n como agente del grupo 3 (82-84). Dentro de esta modalidad,   adem&aacute;s del empleo de la tinci&oacute;n de Gram puede efectuarse su cultivo   en medios espec&iacute;ficos y la detecci&oacute;n de su genoma mediante PCR   (85,86). Entre las t&eacute;cnicas de diagn&oacute;stico serol&oacute;gico indirecto   est&aacute;n disponibles m&eacute;todos de enzimoinmunoan&aacute;lisis y microaglutinaci&oacute;n   (87,88).     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   La experiencia espa&ntilde;ola reciente en tratamiento ha avalado el   empleo de quinolonas (72,89) siendo alternativas s&oacute;lidas, previamente   recomendadas, el empleo de Gentamicina y Estreptomicina (90,91). En quimioprofilaxis   se recomienda la utilizaci&oacute;n de tetraciclinas durante dos semanas. Las   estrategias vacunales actuales emplean cepas vivas atenuadas en personas con   alto riesgo ocupacional, siendo efectivas en cuadros en los que se contrae la infecci&oacute;n por aerosoles (92,93).</p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t6"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla6.gif" width="289" height="247"></A></p>     <p>  BRUCELOSIS</p>     <p>  Se trata de una zoonosis cosmopolita, de la que Espa&ntilde;a ha sido un pa&iacute;s   tradicionalmente afectado, fundamentalmente en regiones con una caba&ntilde;a   ganadera deficientemente saneada (94). En este sentido los reservorios fundamentales   son el ganado ovino y caprino, y en menor medida tambi&eacute;n el vacuno, el   suino y otros mam&iacute;feros del entorno peridom&eacute;stico como los c&aacute;nidos   y los gatos (95). Los microorganismos de g&eacute;nero <i> Brucella</i> se comportan   como cocobacilos gramnegativos cuyas biovariedades m&aacute;s importantes son <i>   B abortus, B melitensis, B canis</i> y <i> B suis</i>&nbsp;(94). Desde el punto de vista   metab&oacute;lico muchas especies ven favorecido su crecimiento con CO2 (96,97).   La transmisi&oacute;n al ser humano puede abarcar diferentes modalidades que   van desde la manipulaci&oacute;n o el contacto directo a la inhalaci&oacute;n   o ingesti&oacute;n, sin eludir la posibilidad de ser adquirida en el contexto   de un accidente biol&oacute;gico (94,98).     <br>   Desde el punto de vista cl&iacute;nico   su caracter&iacute;stica m&aacute;s prominente es su extratordinario polimorfismo   (99). Tras un periodo de incubaci&oacute;n de 2 a 8 semanas se instaura una forma   aguda en la que los s&iacute;ntomas que aparecen son inespec&iacute;ficos y suelen   englobar la aparici&oacute;n de cefalea, sudoraci&oacute;n y fiebre ondulante,   con alguna afectaci&oacute;n focal espec&iacute;fica. De todas ellas la m&aacute;s   com&uacute;n es la focalidad osteoarticular (100), fundamentalmente en forma   de espondilitis y sacroileitis, si bien el espectro es amplio, tal y como se   refleja en la <A HREF="#t7"> tabla VII</A>, pudiendo consistir en afectaci&oacute;n gastrointestinal,   hep&aacute;tica, neurotropa (101,102), respiratoria (103), g&eacute;nitourinaria   (104), y cardiovascular (105), entre otras (106). En la actualidad, a pesar de   la controversia conceptual existente, se suele aceptar que las formas cr&oacute;nicas   de brucelosis son aquellas en las que la sintomatolog&iacute;a persiste m&aacute;s   de 12 meses.     <br>   El diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico obedece a la doble estrategia   apuntada de acuerdo con lo expresado en la <A HREF="#t8"> tabla VIII</A>. Como m&eacute;todo de   diagn&oacute;stico directo mantiene su vigencia el asislamiento con un nivel   de bioseguridad exigible a un agente de clase 3, a partir fundamentalmente de   hemocultivos (107,108), cultivo de m&eacute;dula &oacute;sea (109) o de muestras   representativas de la amplia gama de focalidades cl&iacute;nicas que es capaz   de originar. En la actualidad el rendimiento de los m&eacute;todos de cultivo   cl&aacute;sicos como el bif&aacute;sico de Casta&ntilde;eda se ha visto mejorado   por los sistemas comerciales automatizados (107). La posibilidad de detecci&oacute;n   gen&oacute;mica mediante PCR (110-112) ampl&iacute;a la sensibilidad de los m&eacute;todos   de aislamiento y cultivo. Entre las modalidades de diagn&oacute;stico serol&oacute;gico   indirecto se emplean como cribado la detecci&oacute;n de Ac aglutinantes mediante   la prueba del Rosa de Bengala (113) que pueden ser confirmados por t&eacute;cnicas   de enzimoinmunoan&aacute;lisis (114,115). En las formas cr&oacute;nicas de   detectan Ac mediante el test de Coombs antiBrucella (94).     <br>   En el tratamiento   de la Brucelosis   existe abundante experiencia en nuestro entorno (94,99,116) en el que se han   empleado diversas pautas que combinan tetraciclinas, aminogluc&oacute;sidos,   rifampicina, cotrimoxazol y quinolonas, cuyo denominador com&uacute;n es la   necesidad de ser instauradas en periodos prolongados, que oscilan entre tres   y ocho semanas   (99, 116,117).     <br>   La profilaxis de exposici&oacute;n ante un potencial ataque biol&oacute;gico   por v&iacute;a inhalada obliga a la utilizaci&oacute;n de m&aacute;scaras de   gas convencionales y al empleo de desinfectantes para la piel y superficies expuestas   (3,6,118). No existe vacuna disponible en humanos (119,120), pero son de amplia   aplicaci&oacute;n las que incluyen cepas de <i> B. abortus</i>&nbsp;biovariedad 1 en   las caba&ntilde;as de vacuno, oprino y caprino. Los &uacute;ltimos hallazgos   relativos a la secuenciaci&oacute;n de su genoma (121) facilitan el dise&ntilde;o   de vacunas eficientes, que aportar&aacute;n un innegable beneficio en salud p&uacute;blica ante el potencial empleo del microorganismo en ataques bioterroristas.</p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t7"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla7.gif" width="293" height="246"></A></p>     <p ALIGN="center"><A NAME="t8"><img src="/img/ami/v20n10/figurasweb/11tabla8.gif" width="296" height="261"></A></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  &nbsp;</p>     <p>  <i><font size="4">  Bibliograf&iacute;a</font></i>     <br>       <!-- ref --><br>   1.  Schultz CH, Mothershead JL, Field M. Bioterrorism preparedness. I: The   emergency department and hospital. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 437-455.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542572&pid=S0212-7199200300100001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  2.&nbsp;&nbsp;Flowers LK, Mothershead JL, Blackell TH. Bioterrorism preparedness. II: The community   and emergency medical services systems. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 457-476.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542573&pid=S0212-7199200300100001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  3.&nbsp;&nbsp;Mothershead JL, Tonant K, Koenig KL. Bioterrorism preparedness. III: State and federal program   and response. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 477-500.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542574&pid=S0212-7199200300100001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  4.&nbsp;&nbsp;Varkey P, Poland   GA, Cockerill FR 3rd, Smith TF, Hagen PT. Confronting bioterrorism: physicians   on the front line. Mayo Clin Proc 2002; 77: 661-672.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542575&pid=S0212-7199200300100001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  5.&nbsp;&nbsp;Meyer RF, Morse SA.   Bioterrorism preparedness for the public health and medical communities. Mayo   Clin Proc 2002; 77: 619-621.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542576&pid=S0212-7199200300100001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  6.&nbsp;&nbsp;Greenfield RA, Drevets DA, Machado LJ, Voskuhl   GW, Cornea P, Bronze MS. Bacterial pathogens as biological weapons and agents   of bioterrorism. Am J Med Sci 2002; 323: 299-315.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542577&pid=S0212-7199200300100001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  7.&nbsp;&nbsp;Jones J, Terndrup TE,   Franz DR, Eitzen EM Jr. Future challenges in preparing for and responding to   bioterrorism events. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 501-524.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542578&pid=S0212-7199200300100001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  8.&nbsp;&nbsp;Evans RG, Crutcher JM, Shadel B, Clements B, Bronze MS. Terrorism a public health perspective.   Am J Med Sci 2002; 323: 291-298.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542579&pid=S0212-7199200300100001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  9.&nbsp;&nbsp;Eiros Bouza JM, Espinosa Parra FJ, Moreno   Guill&eacute;n S. La rotaci&oacute;n en enfermedades infecciosas. Med Clin   (Barc) 1989; 93: 39.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542580&pid=S0212-7199200300100001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  10.&nbsp;&nbsp;Shannon M, Burstein J, Mandl K, Fleisher G. Usage of a web-based   decision support tool for bioterrorism detection. Am J Emerg Med 2002; 20:   384-385.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542581&pid=S0212-7199200300100001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  11.&nbsp;&nbsp;Bouza   E. Aproximaci&oacute;n general al diagn&oacute;stico del paciente potencialmente   infectado. En: Foz A, Roy C, eds. Patolog&iacute;a Infecciosa B&aacute;sica-Medicine.   Idepsa. Madrid, 1989: 10-14.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542582&pid=S0212-7199200300100001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  12.&nbsp;&nbsp;Eiros JM; Rodr&iacute;guez Torres A. Infecciones   en Unidades de Cuidados Intensivos. En: Conceptos actuales en Enfermedades Infecciosas   y Microbiolog&iacute;a Cl&iacute;nica, 1. Infecci&oacute;n Nosocomial. Picazo   de la Garza JJ, Romero Vivas J, eds. Ediciones Doyma SA. Barcelona, 1992: 59-76.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542583&pid=S0212-7199200300100001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  13.&nbsp;&nbsp;Eiros   JM, Hern&aacute;ndez B, Land&iacute;nez R, Fern&aacute;ndez Calvo J. Infecciones   en el paciente neutrop&eacute;nico. Forhos 2000; 3: 5-15.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542584&pid=S0212-7199200300100001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  14.&nbsp;&nbsp;Schmitt SK,   Mehta N. Systematic reviews of infectious diseases. Clin Infect Dis 2002; 34:   1515-1523.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542585&pid=S0212-7199200300100001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  15.&nbsp;&nbsp;Eiros Bouza JM, Mart&iacute;nez P, Ortiz de Lejarazu R. Procesamiento   de muestras cl&iacute;nicas para el an&aacute;lisis microbiol&oacute;gico. T&eacute;cnicas   de Laboratorio 1998; 229: 117-123.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542586&pid=S0212-7199200300100001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  16.&nbsp;&nbsp;Pavlin JA, Gichrist MJ, Osweiler GD,   Woollen NE. Diagnostic analyses of biological agent-caused syndromes: laboratoty   and technical assisstance. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 331-350.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542587&pid=S0212-7199200300100001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  17.&nbsp;&nbsp;Darling RG, Catlett CL, Huebner KD, Jarrett DG. Threats in bioterrorism. I: CDC category   A agents. Emerg Med Clin North Am 2002; 20: 273-309.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542588&pid=S0212-7199200300100001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  18.  Moran GJ. Threats   in bioterrorism. II: CDC category B and C agents. Emerg Med Clin North Am 2002;   20: 311-330.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542589&pid=S0212-7199200300100001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  19.  Atlas RM. Bioterrorism: before and after september 11. Crit   Rev Microbiol 2001; 27: 355-379.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542590&pid=S0212-7199200300100001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  20.&nbsp;&nbsp;Mourez M, Lacy DB, Cunningham K, Legmann   R, Sellman BR, Mogridge J et al. 2001: a year of major advances in anthrax   toxin research. Trends Microbiol 2002; 10: 287-293.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542591&pid=S0212-7199200300100001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  21.&nbsp;&nbsp;Whitby M, Ruff TA, Street   AC, Fenner FJ. Biological agents as weapons 2: anthrax and plague. Med J Aust   2002; 176: 605-608.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542592&pid=S0212-7199200300100001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  22.&nbsp;&nbsp;Brachman PS. Inhalation anthrax. Ann N Y Acad Sci   1980; 353: 83-93.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542593&pid=S0212-7199200300100001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  23.&nbsp;&nbsp;Cullamar EK, Lutwick LI. Inhalational anthrax. Curr   Infect Dis Rep 2002; 4: 238-243.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542594&pid=S0212-7199200300100001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  24.&nbsp;&nbsp;Webb GF, Blaser MJ. Mailborne transmission   of anthrax: modeling and implications. Proc Natl Acad Sci USA 2002; 99: 7027-7032.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542595&pid=S0212-7199200300100001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  25.&nbsp;&nbsp;Brachman   PS. Bioterrortism: an update with a focus on anthrax. Am J Epidemiol 2002;   155: 981-987.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542596&pid=S0212-7199200300100001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  26.&nbsp;&nbsp;Friedlander AM. Diagnosis and treatment of cutaneous anthrax.   JAMA 2002; 288: 43-44.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542597&pid=S0212-7199200300100001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  27.&nbsp;&nbsp;Sirisanthana T, Brown AE. Anthrax of the gastrointestinal   tract. Emerg Infect Dis 2002; 8: 649-651.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542598&pid=S0212-7199200300100001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  28.&nbsp;&nbsp;Kaya A, Tasyaran MA, Erol S,   Ozkurt Z, Ozkan B. Anthrax in adults and children: a review of 132 cases in   Turkey. Eur J Clin Microbiol Infect Dis 2002; 21: 258-261.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542599&pid=S0212-7199200300100001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  29.  Kiel JL, Parker JE,   Alls JL, Kalns J, Holwitt EA, Stribling LJ et al. Rapid recovery and identification   of anthrax bacteria from the environment. Ann N Y Acad Sci 2000; 916: 240-252.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542600&pid=S0212-7199200300100001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  30.  An&oacute;nimo.   Interim guidelines for investigation of and response to Bacillus anthracis   exposures. Morb Mortal Wkly Rep 2001; 50: 987-990.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542601&pid=S0212-7199200300100001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>  31.&nbsp;&nbsp;<a href="http://www.seimc.org/protocolos">http://www.seimc.org/protocolos</a>  </p>     <!-- ref --><p>  32.  Ressell   G. CDC issues guidelines on illnesses associated with intentional release of   biologic agents. Am Fam Physician 2001; 64: 1761-1762. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542603&pid=S0212-7199200300100001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  33.  Larson S. Protecting   against Bacillus anthracis. Occup Health Saf 2002; 71: 68-70.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542604&pid=S0212-7199200300100001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  34.  Bellamy RJ,   Freedman AR. Bioterrorism. QJM 2001; 94: 227-234.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542605&pid=S0212-7199200300100001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  35.  Henderson DA. Bioterrorism.   Int J Clin Pract 2000; 115: 32-36.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542606&pid=S0212-7199200300100001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>  36.&nbsp;&nbsp;<a href="http://www.msc.es">http://www.msc.es</a>  </p>     <p>  37.&nbsp;&nbsp;<a href="http://www.gencat.es/sanitat">http://www.gencat.es/sanitat</a>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  38.&nbsp;&nbsp;<a href="http://www.nih.cdc.gov">http://www.nih.cdc.gov</a>  </p>     <!-- ref --><p>  39.  Hart   CA, Beeching NJ. Prophylactic treatment of anthrax with antibiotics. BMJ 2001;   323: 1017-1018.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542610&pid=S0212-7199200300100001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  40.  Reuveny S, White MD, Adar YY, Kafri Y, Altboum Z, Gozes   Y et al. Search correlates of protective immunity conferred by anthrax vaccine.   Infect Immun 2001; 69: 2888-2893.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542611&pid=S0212-7199200300100001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  41.  Marshall E. Anthrax vaccine begins a   new round of tests. Science 2002; 295: 427-429.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542612&pid=S0212-7199200300100001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  42.  Montello MJ, Ostroff C,   Frank EC, Haffer AS, Rogers JR. 2001 anthrax crisis in Washington DC: pharmacists&#8217; rol   in screening patients and selecting prophylaxis. Am J Health Syst Pharm 2002;   59: 1193-1199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542613&pid=S0212-7199200300100001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  43.  Bull JJ, Parrish CR. Microbiology. A binding contract for   anthrax. Science 2002; 297: 201-202.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542614&pid=S0212-7199200300100001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  44.  Dykhuizen DE. Yersinia pestis: an   instant species?. Trends Microbiol 2000; 8: 296-298.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542615&pid=S0212-7199200300100001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  45.  Gage KL, Dennis DT,   Orloski KA, Ettestad P, Brown TL, Reynolds PJ et al. Cases of cat-associated   human plague in the Western US, 1977-1998. Clin Infect Dis 2000; 30: 893-900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542616&pid=S0212-7199200300100001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  46.  Hinnebusch   BJ. Bubonic plague: a molecular genetic case history of the emergence of an   infectious disease. J Mol Med 1997; 75: 645-652.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542617&pid=S0212-7199200300100001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  47.  Paskewitz SM. Transmission factors   for insect-vectored microorganisms. Trends Microbiol 1997; 5: 171-173.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542618&pid=S0212-7199200300100001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  48.  Enscore   RE, Biggerstaff BJ, Brown TL, Fulgham RE, Reynolds PJ, Engelthaler DM et al.   Modeling relationships between climate and the frequency of human plague cases   in the southwestern United States, 1960-1997. Am J Trop Med Hyg 2002; 66: 186-196.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542619&pid=S0212-7199200300100001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  49.  Pettersson   J, Holmstrom A, Hill J, Leary S, Frithz-Lindsten E, von Euler-Matell A et al.   The V-antigen of Yersinia is surface exposed before target cell contact and   involved in virulence protein translocation. Mol Microbiol 1999; 32: 961-976.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542620&pid=S0212-7199200300100001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  50.  Radnedge   L, Agron PG, Worsham PL, Andersen GL. Genome plasticity in Yersinia pestis.   Microbiology 2002; 148: 1687-1698.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542621&pid=S0212-7199200300100001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  51.  Fields KA, Nilles ML, Cowan C, Straley SC. Virulence   role of V antigen of Yersinia pestis at the bacterial surface. Infect Immun   1999; 67: 5395-5408.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542622&pid=S0212-7199200300100001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  52.  Kawahara K, Tsukano H, Watanabe H, Lindner B, Matsuura   M. Modification of the structure and activity of lipid A in Yersinia pestis   lipopolysaccharide by growth temperature. Infect Immun 2002; 70: 4092-4098.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542623&pid=S0212-7199200300100001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  53.  Cleri DJ, Vernaleo   JR, Lombardi LJ, Rabbat MS, Mathew A, Mart R et al. Plague pneumonia disease   caused by Yersinia pestis. Semin Respir Infect 1997; 12: 12-23.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542624&pid=S0212-7199200300100001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  54.  Moake   JL. Thrombotic trombocytopenic purpura: the systemic clumpnig &#8220;plague&#8221;,   Annu Rev Med 2002; 53: 75-88.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542625&pid=S0212-7199200300100001100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  55.  Russell P, Nelson M, Whittington D, Green   M, Eley SM, Titball RW. Laboratory diagnosis of plague. Br J Biomed Sci 1997;   54: 231-236.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542626&pid=S0212-7199200300100001100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  56.  Higgins JA, Ezzell J, Hinnebusch BJ, Shipley M, Henchal EA.   5&#8217; nuclease PCR assay to detect Yersinia pestis. J Clin Microbiol 1998;   36: 2284-2288.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542627&pid=S0212-7199200300100001100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  57.  Neubauer H, Meyer H, Prior J, Aleksic S, Hensel A, Splettstosser   W. A combination of different polymerase chain reaction (PCR) assays for the   presumptive identification of Yersinia pestis. J Vet Med B Infect Dis Vet Public   Health 2000; 47: 573-580.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542628&pid=S0212-7199200300100001100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  58.  Neubauer H, Sprague LD, Hensel A, Aleksic S,   Meyer H. Specific detection of plasmid Yersinia isolates by PCR. Clin Lab 2000;   46: 583-587.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542629&pid=S0212-7199200300100001100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  59.  Iqbal SS, Chambers JP, Brubaker RR, Goode MT, Vald&eacute;s   JJ. Detection of Yersinia pestis using branched DNA. Mol Cell Probes 1999;   13: 315-320.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542630&pid=S0212-7199200300100001100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  60.  Rasoamanana B, Leroy F, Boisier P, Rasolomaharo M, Buchy P, Carniel   E et al. Field evaluation of an immunoglobulin G anti-F1 enzyme-linked immunosorbent   assay for serodiagnosis of human plague in Madagascar. Clin Diagn Lab Immunol   1997; 4: 587-591.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542631&pid=S0212-7199200300100001100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  61.  Inglesby TV, Dennis DT, Hendrerson DA, Barlett JG, Ascher   MS, Eitzen E et al. Plague as a biological weapon: medical and public health   management. Working Group on Civilian Biodefense. JAMA 2000; 283: 2281-2290.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542632&pid=S0212-7199200300100001100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  62.  Heath   DG, Anderson GW Jr; Mauro JM, Welkos SL, Andrews GP, Adamovicz J et al. Protection   against experimental bubonic and pneumonic plague by a recombinat capsular   F1-V antigen fusion protein vaccine. Vaccine 1998; 16: 1131-1137.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542633&pid=S0212-7199200300100001100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  63.  Williamson   ED, Eley SM, Stagg AJ, Green M, Russell P, Titball RW. A single dose sub-unit   vaccine protects against pneumonic plague. Vaccine 2000; 19: 566-571.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542634&pid=S0212-7199200300100001100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  64.  Feodorova   VA, Devdariani ZL, Nazarova LS. Adjuvant effect of anti-idiotypic antibodies   to Yersinia pestis lipopolysaccharide. J Med Microbiol 1999; 48: 751-756.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542635&pid=S0212-7199200300100001100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  65.  Lippi   D, Conti AA. Plague, policy, saints and terrorists: a histotical survey. J   Infect 2002; 44: 226-228.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542636&pid=S0212-7199200300100001100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  66.  Cross TJ Jr, Penn RL. Francisella tularensis (Tularemia).   En: Mandell GL, Bennett JE, Dolin R, eds. Mandell, Douglas, and Bennett&#8217;s   Principles and Practice of Infectious Diseases. 5&ordf; ed. Churchill Livingstone,   Philadelphia, 2000; Vol 2: 2393-2402.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542637&pid=S0212-7199200300100001100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  67.  Choi E. Tularemia and Q fever. Med   Clin North Am 2002; 86: 393-416.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542638&pid=S0212-7199200300100001100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  68.  Stewart SJ. Tularemia: association with   hunting and farming. FEMS Immunol Med Microbiol 1996; 13: 197-199.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542639&pid=S0212-7199200300100001100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  69.  T&auml;rnvik   A, Sandstr&ouml;m G, Sj&ouml;stedt A. Epidemiological analysis of tularemia   in Sweden 1931-1993. FEMS Immunol Med Microbiol 1996; 13: 201-204.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542640&pid=S0212-7199200300100001100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  70.  Eiros   Bouza JM, Rodr&iacute;guez Torres A. Tularemia. Rev Clin Esp 1998; 198: 785-788.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542641&pid=S0212-7199200300100001100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  71.  Bachiller   Luque P, P&eacute;rez Castrill&oacute;n JL, Mart&iacute;n Luquero M, Mena Mart&iacute;n   JF, de la Lama L&oacute;pez-Areal J, P&eacute;rez Pascual P et al. Descripci&oacute;n   preliminar de un brote epid&eacute;mico de tularemia en Valladolid. Rev Clin   Esp 1998; 198: 789-793.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542642&pid=S0212-7199200300100001100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  72.  P&eacute;rez Castrill&oacute;n JL, Bachiller Luque   P, Mart&iacute;n Luquero M, Mena Mart&iacute;n FJ, Herreros V. Tularemia epidemic   in northwest Spain: clinical description and therapeutic response. Clin Infect   Dis 2001; 33: 573-576.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542643&pid=S0212-7199200300100001100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  73.  Eiros JM, Hern&aacute;ndez B, Labayru C, Vega T,   Ruiz Cos&iacute;n C. Tularemia:       experiencia desde Castilla y Le&oacute;n.   En: Picazo JJ, Bouza E, eds. Infecci&oacute;n 2002. Servisistem 2000 SL. Bilbao,   2002: 243-266.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542644&pid=S0212-7199200300100001100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  74.  Montejo M, P&eacute;rez-Irez&aacute;bal J, Gonz&aacute;lez   de Z&aacute;rate P, Aguirrebengoa K, Vicente JM, Mart&iacute;nez E et al. Tularemia:   descripci&oacute;n de 16 casos procedentes de la Comunidad de Castilla y Le&oacute;n.   Rev Clin Esp 1998; 198: 794-798.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542645&pid=S0212-7199200300100001100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  75.  Pearson AD. Francisella. En: Parker MT,   Collier LH, eds. Topley &amp; Wilson&#8217;s Principles of Bacteriology, Virology   and Immunity (8&ordf; ed), vol 2. Systematic Bacteriology. Edward Arnold. London   1990: 595-597.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542646&pid=S0212-7199200300100001100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  76.  Gurycova D. First isolation of Francisella tularensis subsp.   tularensis in Europe. Eur J Epidemiol 1998; 14: 797-802.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542647&pid=S0212-7199200300100001100072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  77.  Luotonen L, Tapiainen   T, Kallioinen M, Luotonen J. Tularemia of the middle ear. Pediatr Infect Dis   J 2002; 21: 264-265.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542648&pid=S0212-7199200300100001100073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  78.  Steinemann TL, Sheikholeslami MR, Brown HH, Bradsher   RW. Oculoglandular tularemia. Arch Ophthalmol 1999; 117: 132-133.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542649&pid=S0212-7199200300100001100074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  79.  Bellido-Casado   J, P&eacute;rez-Castrill&oacute;n JL, Bachiller-Luque P, Mart&iacute;n-Luquero   M,, Mena-Mart&iacute;n JF, Herreros-Fern&aacute;ndez V. Report of five cases   of tularemic pneumonia in a tularemia outbreak in Spain. Eur J Clin Microbiol   Infect Dis 2000; 19: 218-220.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542650&pid=S0212-7199200300100001100075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  80.  Fern&aacute;ndez-Jorge MA, Ramos Casado   L. Afectaci&oacute;n pulmonar en la tularemia. An Med Interna 2001; 18: 32-34.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542651&pid=S0212-7199200300100001100076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  81.  Shapiro   DS, Schwartz DR. Exposure of laboratory workers to Francisella tularensis despite   a bioterrorism procedure. J Clin Microbiol 2002; 40: 2278-2281. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542652&pid=S0212-7199200300100001100077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  82.  Labayru   C, Palop A, L&oacute;pez-Urrutia L, Avellaneda C, Maz&oacute;n MA, Alberte A   et al. Francisella tularensis: puesta a punto en el diagn&oacute;stico microbiol&oacute;gico   tras un brote epid&eacute;mico. Enferm Infecc Microbiol Clin 1999; 17: 458-462.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542653&pid=S0212-7199200300100001100078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  83.  Berdal   BP, Mehl R, Haaheim H, Loksa M, Grunow R, Burans J et al. Field detection of   Francisella tularensis. Scand J Infect Dis 2000; 32: 287-291.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542654&pid=S0212-7199200300100001100079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  84.  Fournier   PE, Bernabeu L, Schubert B, Mutillod M, Roux V, Raoult D. Isolation of Francisella   tularensis by centrifugation of shell vial cell culture an inoculation eschar.   J Clin Microbiol 1998; 36: 2782-2783.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542655&pid=S0212-7199200300100001100080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  85.  De la Puente Redondo VA, Garc&iacute;a   del Blanco N, Guti&eacute;rrez Mart&iacute;n CB, Garc&iacute;a Pe&ntilde;a FJ,   Rodr&iacute;guez Ferri EF. Comparison of different PCR approaches for typing   of Francisella tularensis strains. J Clin Microbiol 2000; 38: 1016-1022.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542656&pid=S0212-7199200300100001100081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  86.  Johansson   A, Ibrahim A, Goransson I, Eriksson U, Gurycova D, Clarridge JE 3rd et al.   Evaluation of PCR-based methods for discrimination of Francisella species and   subspecies   and development of a specific PCR that distinguishes the two major subspecies   of Francisella tularensis. J Clin Microbiol 2000; 38: 4180-4185.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542657&pid=S0212-7199200300100001100082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  87.  Bevanger   L, Maeland JA, Kvan AI. Comparative analysis of antibodies eight years later.   Clin Diagn Lab Immunol 1994; 1: 238-240.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542658&pid=S0212-7199200300100001100083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  88.  Due&ntilde;as AI, Ortega M, Garrote   I, de Frutos M, Guti&eacute;rrez P, Garc&iacute;a-Pascual A et al. Diagn&oacute;stico   de laboratorio y evoluci&oacute;n serol&oacute;gica de pacientes con tularemia.   Med Clin (Barc) 2000; 114: 407-410.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542659&pid=S0212-7199200300100001100084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  89.  Chocarro A, Gonz&aacute;lez A, Garc&iacute;a   I. Treatment of tularemia with ciprofloxacin. Clin Infect Dis 2000; 31: 623.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542660&pid=S0212-7199200300100001100085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  90.  Enderlin   G, Morales L, Jacobs RF, Cross JT. Streptomycin and alternative for the treatment   of tularemia: rewiev of the literature. Clin Infect Dis 1994; 19: 42-47.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542661&pid=S0212-7199200300100001100086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  91.  Risi   G, Pombo DJ. Relapse of tularemia after aminoglycoside therapy: case report   and discussion of therapeutic options. Clin Infect Dis 1995; 20: 174-175.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542662&pid=S0212-7199200300100001100087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  92.  Waag   DM, McKee KT, Sandstr&ouml;m G, Pratt Ll, Bolt CR, England MJ et al. Cell mediated   and humoral immune responses after vaccination of human volunteers with the   live vaccine strain of Francisella tularensis. 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Rev Elev M&eacute;d V&eacute;t Pays   Trop 1987; 40: 335-339.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542665&pid=S0212-7199200300100001100090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  95.  Wallach JC, Samartino LE, Efron A, Baldi PC. Human   infection by Brucella melitensis: an outbreak attributed to contact with infected   goats. FEMS Immunol Med Microbiol 1997; 19: 315-321.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542666&pid=S0212-7199200300100001100091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  96.  Cloeckaert A, Grayon   M, Verger JM, Letesson JJ, Godfroid F. Conservation of seven genes involved   in the biosynthesis of the lipopolysaccharide O-side chain in Brucella spp.   Res   Microbiol 2000; 151: 209-216.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542667&pid=S0212-7199200300100001100092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  97.  Moreno E, Moriy&oacute;n I. Brucella melitensis:   a nasty bug with hidden credentials for virulence. Proc Natl Acad Sci USA 2002;   99: 1-3.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542668&pid=S0212-7199200300100001100093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  98.  Fosgate GT, Carpenter TE, Chomell BB, Case JT, DeBess EE, Reilly   KF. Time-space clustering of human brucellosis, California, 1973-1992. Emerg   Infect Dis 2002; 8: 672-678.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542669&pid=S0212-7199200300100001100094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  99.  D&iacute;az R, Maravi-Poma E, Fern&aacute;ndez   JL, Garc&iacute;a-Merlo S, Rivero-Puente A. Brucelosis: estudio de 222 casos.   IV. Diagn&oacute;stico de la brucelosis humana. Rev Clin Esp 1982; 166: 107-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542670&pid=S0212-7199200300100001100095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  100.  Kubler   PA, Klestov AC. Osteoarticular brucellosis with long latent period. Clin Rheumatol   2001; 20: 444-446.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542671&pid=S0212-7199200300100001100096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  101.  Ayala-Gayt&aacute;n JJ, Orteg&oacute;n-Baqueiro H,   de la Maza M. Brucella melitensis cerebellar abscess. 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Int J Infect Dis 2001; 5: 232-234.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542674&pid=S0212-7199200300100001100099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  104.  Kadikoylu G, Tuncer G, Bolaman Z, Sina   M. Brucellar Orchitis in Innerwest Anatolia Region of Turkey: a report of 12   cases. Urol Int 2002; 69: 33-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542675&pid=S0212-7199200300100001100100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  105.  Kula S, Erer D, Buyukates M, Tunaoglu   FS, Olgunturk R, Ozdogan EM. Brucella endocarditis: case report and review   of the literature. J Heart Valve Dis 2001; 10: 486-488.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542676&pid=S0212-7199200300100001100101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  106.  Gungur K, Bekir NA,   Namiduru M. Ocular complications asssociated with brucellosis in an endemic   area. Eur J Ophthalmol 2002; 12: 232-237.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542677&pid=S0212-7199200300100001100102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  107.  Navas E, Guerrero A, Cobo J, Loza   E. Faster isolation of Brucella spp.from blood by isolator compared with BACTEC   NR. Diagn Microbiol Infect Dis 1993; 16: 79-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542678&pid=S0212-7199200300100001100103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  108.  Sumerkan B, Gokahmetoglu   S, Esel D. Brucella detection in blood: comparison of the BacT/Alert standard   aerobic bottle, BacT/Alert FAN aerobic bottle and BacT/Alert enhanced FAN aerobic   bottle in simulated blood culture. Clin Microbiol Infect 2001; 7: 369-372.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542679&pid=S0212-7199200300100001100104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  109.  Gotuzzo   E, Carrillo C, Guerra J, Losa L. An evaluation of diagnostic methods for brucellosis-the   value of bone marrow culture. J Infect Dis 1986; 153: 122-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542680&pid=S0212-7199200300100001100105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  110.  Navarro   E, Fern&aacute;ndez JA, Escribano J, Solera J. PCR assay for diagnosis of human   brucellosis. J Clin Microbiol 1999; 37: 1654-1655.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542681&pid=S0212-7199200300100001100106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  111.  Zerva L, Bourantas   K, Mitka S, Kansouzidou A, Legakis NJ. Serum is the preferred clinical specimen   for diagnosis of human brucellosis by PCR. J Clin Microbiol 2001; 39: 1661-1664.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542682&pid=S0212-7199200300100001100107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  112.  Casanas   MC, Queipo-Ortu&ntilde;o MI, Rodr&iacute;guez Torres A, Ordu&ntilde;a A, Colmenero   JD, Morata P. Specificity of a polymerase chain reaction assay of a targed   sequence on the 31-kilodalton Brucella antigen DNA used to diagnose human brucellosis.   Eur J Clin Microbiol Infect Dis 2001; 20: 127-131.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542683&pid=S0212-7199200300100001100108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  113.  Smits HL, Basahi MA,   D&iacute;az R, Marrodan T, Douglas JT, Rocha A et al. Development and evaluation   of a rapid dipstick assay for serodiagnosis of acute human brucellosis. J Clin   Microbiol 1999; 37: 79-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542684&pid=S0212-7199200300100001100109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  114.  Osoba AO, Balkhy H, Memish Z, Khan MY, Al-Thagafi   A, Al Share B et al. Diagnostic value of Brucella ELISA IgG and IgM in bacteremic   and non-bacteremic patients with brucellosis. J Chemother 2001; 13 (Suppl 1):   54-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542685&pid=S0212-7199200300100001100110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  115.  Gad El-Rab MO, Kambal AM. Evaluation of a Brucella enzyme immunoassay   test (ELISA) in comparison with bacteriological culture and agglutination.   J Infect 1998; 36: 197-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542686&pid=S0212-7199200300100001100111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  116.  Colmenero JD, Queipo-Ortu&ntilde;o MI, Reguera   JM, Su&aacute;rez-Mu&ntilde;oz MA, Mart&iacute;n-Carballino S, Morata P. Chronic   hepatosplenic abscesses in Brucellosis. Clinico-therapeutic features and molecular   diagnostic approach. Diagn Microbiol Infect Dis 2002; 42: 159-167.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542687&pid=S0212-7199200300100001100112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  117.  Yayli   G, Isler M, Oyar O. Medically treated splenic due to Brucella. Scand J Infect   Dis 2002; 34: 133-135.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542688&pid=S0212-7199200300100001100113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  118.  Miller JM. Agents of bioterrorism. Preparing for   bioterrorism at the community health care level. Infect Dis Clin North Am 2001;   15: 1127-1156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542689&pid=S0212-7199200300100001100114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  119.  Lamb A. Biological weapons: the facts not the fiction.   Clin Med 2001; 1: 502-504.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542690&pid=S0212-7199200300100001100115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  120. Frank SA, Jeffrey JS. The probability of severe   disease in zoonotic and commensal infections. Proc R Soc Lond B Biol Sci 2001;   268: 53-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542691&pid=S0212-7199200300100001100116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  121.  DelVecchio VG, Kapatral V, Redkar RJ, Patra G, Mujer C, Los   T et al. The genome sequence of the facultative intracellular pathogen Brucella melitensis. Proc Natl Acad Sci USA 2002; 99: 443-448.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=542692&pid=S0212-7199200300100001100117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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