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</front><body><![CDATA[  <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="15%" valign="top"></td>     <td width="85%" valign="top"><b><font size=5>Neumon&iacute;a en los ancianos institucionalizados</font></b>           <p>&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p><i>Pinilla Llorente B. Neumon&iacute;a en los ancianos institucionalizados. An Med Interna (Madrid) 2003; 20: 555-557.</i></p> <hr>     <p>La neumon&iacute;a es una de las infecciones m&aacute;s comunes en las personas   mayores de 65 a&ntilde;os, grupo que engloba en el momento actual a algo m&aacute;s   del 15% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, y que seg&uacute;n las previsiones   ser&aacute; del 17,9% en el a&ntilde;o 2010 y del 20,3% en el 2015. La incidencia   de neumon&iacute;a adquirida en la comunidad (NAC) es de 15,4 casos/1000 habitantes   /a&ntilde;o en las personas con edades comprendidas entre los 60 y los 74 a&ntilde;os,   y de 34,2 casos /1000 habitantes /a&ntilde;o en los mayores de 75 a&ntilde;os,   mientras que en las de edades entre 15 y 59 a&ntilde;os la incidencia es de   6 casos /1.000 habitantes/a&ntilde;o (1). Adem&aacute;s, mientras que en la   poblaci&oacute;n general la necesidad de ingreso por neumon&iacute;a es de   1 caso/1.000 habitantes /a&ntilde;o, en los ancianos llega a ser 11 &oacute; 12   veces superior. La mortalidad de la NAC en el anciano, es m&aacute;s elevada   que la que se observa en los adultos de edad media, siendo en la mayor&iacute;a   de las series entre el 20-30% (2) y hasta del 40% en los que requieren ingreso   en una unidad de cuidados intensivos. Se trata por tanto de un importante problema   de salud p&uacute;blica, ya que es la primera causa de muerte de etiolog&iacute;a   infecciosa en mayores de 65 a&ntilde;os, la quinta entre las causas de mortalidad   global, y la cuarta causa de hospitalizaci&oacute;n en dicho grupo de edad.   La neumon&iacute;a en los ancianos puede clasificarse, de acuerdo con el lugar   de adquisici&oacute;n, en neumon&iacute;a adquirida en la comunidad, neumon&iacute;a   en pacientes institucionalizados y neumon&iacute;a adquirida en el hospital.</p>     <p>   En los pacientes institucionalizados la neumon&iacute;a es la segunda causa   de infecci&oacute;n, y la que se asocia con mayor mortalidad, a la vez que   motivo frecuente de traslado de los pacientes al hospital. Ocurre entre el   2-18% de los pacientes hospitalizados por neumon&iacute;a (3). La incidencia   de neumon&iacute;a en este grupo de pacientes varia entre 0,3-2,5 episodios   por 1.000 pacientes/d&iacute;a, con una media de 1 por 1.000 pacientes/ d&iacute;a   (4,5), aproximadamente 10 veces la incidencia de NAC en la poblaci&oacute;n   anciana no institucionalizada.    <br>   Es bien conocido que las personas mayores son m&aacute;s vulnerables a las   infecciones que los j&oacute;venes y adultos. Contribuyen a esta mayor susceptibilidad   las alteraciones en la respuesta inmunitaria asociadas al envejecimiento, los   trastornos de las barreras cutaneomucosas, la comorbilidad y s&iacute;ndromes   geri&aacute;tricos, el uso de medicamentos, procedimientos m&eacute;dicos y   factores familiares y sociales, entre otros. Por otra parte, las enfermedades   acompa&ntilde;antes y el retraso en el diagn&oacute;stico que ocurre frecuentemente   como consecuencia de presentaciones at&iacute;picas de las enfermedades, contribuyen   a la mayor gravedad de los procesos infecciosos en los ancianos. El colectivo   de pacientes de mayor edad y afectos de enfermedades cr&oacute;nicas es el   que actualmente causa m&aacute;s ingresos en los hospitales. Debe tenerse especial   atenci&oacute;n en los mayores llamados fr&aacute;giles, porque presentan un   gran riesgo de sufrir complicaciones, como infecciones hospitalarias y deterioro   de su capacidad funcional.</p>     <p>   Diversos estudios han utilizado an&aacute;lisis multivariantes para identificar   factores de riesgo para desarrollar neumon&iacute;a en pacientes institucionalizados   (1,5,6). Son predictores independientes el mal estado funcional, ser portador   de sonda nasog&aacute;strica, dificultad para deglutir, aparici&oacute;n de   un evento inusual como confusi&oacute;n, agitaci&oacute;n, ca&iacute;das, o   delirio, enfermedad pulmonar cr&oacute;nica, traqueostom&iacute;a, edad avanzada   y sexo masculino (4,6). Son, por tanto, los ancianos debilitados, especialmente   los que tienen riesgo elevado de aspiraci&oacute;n, los que tienen mayor probabilidad   de desarrollar neumon&iacute;a. Muchos de los episodios son causados por aspiraci&oacute;n   silente de la flora orofar&iacute;ngea y la dificultad de los mecanismos de   defensa del hu&eacute;sped para eliminar las bacterias aspiradas. La aspiraci&oacute;n   aguda de contenido g&aacute;strico produciendo una neumonitis por aspiraci&oacute;n,   se ha considerado menos frecuente como causa de &#8220;neumon&iacute;a&#8221; en   este grupo de pacientes; no obstante, Mylotte y cols. (7) en un art&iacute;culo   reciente encuentran que de 195 pacientes institucionalizados con sospecha de   neumon&iacute;a que ingresan en el hospital, dos tercios de los que ten&iacute;an   evidencia de un infiltrado radiol&oacute;gico ten&iacute;an neumonitis por   aspiraci&oacute;n en lugar de neumon&iacute;a y fueron tratados con antibi&oacute;ticos.   Por lo tanto, parece que la neumonitis por aspiraci&oacute;n puede ocurrir   m&aacute;s frecuentemente que lo se hab&iacute;a reconocido y puede ser mal   clasificada como neumon&iacute;a y tratarse con antibi&oacute;ticos. A menudo   puede ser dif&iacute;cil distinguir entre neumon&iacute;a bacteriana y neumonitis   por aspiraci&oacute;n, especialmente si la aspiraci&oacute;n no ha sido presenciada.   La presencia de v&oacute;mitos o tos durante las comidas, seguidos por dificultad   respiratoria y fiebre varias horas despu&eacute;s, pueden indicarnos que se   ha producido aspiraci&oacute;n. Sin embargo, muchos de estos episodios de aspiraci&oacute;n   no son presenciados (8).</p>     <p>   La etiolog&iacute;a de la neumon&iacute;a en ancianos institucionalizados no   est&aacute; bien establecida, sobre todo teniendo en cuenta que muchos estudios   se basan en resultados del cultivo de esputo. El problema es distinguir entre   colonizaci&oacute;n e infecci&oacute;n, especialmente con los bacilos aer&oacute;bicos   gram-negativos, que son colonizadores habituales de la orofaringe de m&aacute;s   del 50% de estos pacientes. Adem&aacute;s, en muchos casos es dif&iacute;cil   obtener muestras de esputo adecuadas para cultivo. El Streptococcus pneumoniae   es el agente infeccioso m&aacute;s frecuente aislado, seguido de <i> Haemophilus   influenzae</i> y <i> Moraxella catarrhalis</i> (5) junto con bacilos gram-negativos y S.aureus   en proporci&oacute;n variable seg&uacute;n diferentes estudios (1). Los microorganismos   at&iacute;picos incluyendo <i> Legionella sp</i>, <i> Chlamydia pneumoniae</i> y <i> Micoplasma   sp</i> son raramente identificados, aunque su verdadera importancia permanece por   determinar. Lim y cols. en un estudio prospectivo en pacientes hospitalizados   por neumon&iacute;a en Inglaterra, comparan los pacientes institucionalizados   con los que adquirieron la neumon&iacute;a en la comunidad y encuentran que   los pat&oacute;genos implicados eran similares, siendo el <i> S. pneumoniae</i> el   m&aacute;s com&uacute;n y los g&eacute;rmenes at&iacute;picos, bacilos gram-negativos   y <i> S. aureus</i> poco frecuentes (3). La incidencia de tuberculosis en los pacientes   institucionalizados es 10-30 veces mayor que en los ancianos que viven en la   comunidad.</p>     <p>   La presentaci&oacute;n de la enfermedad puede ser at&iacute;pica, con ausencia   de los s&iacute;ntomas habituales de neumon&iacute;a, como fiebre, disnea y   tos, en muchos pacientes. Las alteraciones del estado mental, sin embargo,   ocurren en 50%-70% de estos pacientes, en los que en muchas ocasiones la forma   de presentaci&oacute;n es un cuadro confusional, malestar inespec&iacute;fico   o deterioro del estado general.</p>     <p>   La mortalidad en un metaan&aacute;lisis publicado por Fine en 1996 (9) fue   del 30,8% frente al 17,6% en ancianos no institucionalizados. Mylotte encuentra   una mortalidad del 13-41% en los pacientes institucionalizados con neumon&iacute;a   que requirieron ingreso en el hospital frente al 7-19% de los que fueron tratados   en la Residencia (4). En el caso de neumon&iacute;as bacteri&eacute;micas en   estos pacientes la mortalidad es mayor del 50%. Diversos estudios han definido   factores de riesgo de muerte entre los residentes de instituciones con neumon&iacute;a.   El estado funcional previo a la neumon&iacute;a es un factor independiente   muy importante como predictor de mortalidad (5). Otros factores incluyen demencia,   taquipnea, taquicardia, cambios del estado mental, aspiraci&oacute;n presenciada,   tratamiento con sedantes y el grado de comorbilidad (10). En el trabajo de   Bonilla y cols. publicado en este n&uacute;mero, la edad y la hipoxemia son   los dos factores pron&oacute;sticos independientes asociados a mayor mortalidad.   La mortalidad en dicho estudio fue del 29,6% en pacientes procedentes de residencias   frente al 21,6% en los procedentes de su domicilio (11). Fine y cols. (12)   han desarrollado un modelo de &iacute;ndices pron&oacute;sticos para determinar   la mortalidad a los 30 d&iacute;as de la NAC, que clasifica los episodios en   5 clases, de menor a mayor riesgo de mala evoluci&oacute;n, estableciendo a   su vez los pacientes que precisan ingreso hospitalario. Este modelo ha sido   validado en pacientes institucionalizados con neumon&iacute;a (13). Sin embargo,   su utilidad en este grupo de pacientes es limitado, dado que, por un lado,   la mayor&iacute;a de los pacientes estar&iacute;an incluidos en las clases   IV y V, y por tanto precisar&iacute;an manejo hospitalario; por otro lado,   no incluye la valoraci&oacute;n del estado funcional y adem&aacute;s requiere   realizar pruebas diagn&oacute;sticas anal&iacute;ticas que no siempre pueden   llevarse a cabo en todos los centros residenciales (12). Varios autores han   intentado desarrollar modelos predictivos de mortalidad aplicables a pacientes   con neumon&iacute;a en pacientes institucionalizados. Naughton y cols. (10)   utilizan un modelo simplificado para predecir la mortalidad a los 30 d&iacute;as   de la neumon&iacute;a, que no requiere realizar pruebas anal&iacute;ticas y   que puede ser utilizado por los m&eacute;dicos de las Residencias. Utilizan   como predictores la frecuencia respiratoria &gt; 30 respiraciones/min; frecuencia   card&iacute;aca &gt; 125 latidos/min; alteraciones agudas del estado mental   e historia de demencia, discriminando entre bajo y alto riesgo de mortalidad.   La probabilidad de muerte con dos o m&aacute;s predictores al comienzo de la   neumon&iacute;a fue &gt; 30%. Mehr y cols. (14) han desarrollado otro modelo   en el que incluye el estado funcional del paciente, as&iacute; como otros datos   tanto cl&iacute;nicos como anal&iacute;ticos que establece cinco grupos de   riesgo de muerte a los 30 d&iacute;as de la neumon&iacute;a, con objeto de   identificar pacientes con bajo riesgo y ayudar a sus m&eacute;dicos a tomar   decisiones en cuanto al tratamiento y derivaci&oacute;n o no del paciente a   un centro hospitalario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La Sociedad Tor&aacute;cica Americana (ATS), La Sociedad de Enfermedades Infecciosas   de Am&eacute;rica (IDSA), La Sociedad Espa&ntilde;ola de Neumolog&iacute;a   y Cirug&iacute;a Tor&aacute;cica (SEPAR), han publicado gu&iacute;as para el   manejo de la NAC, sin embargo no especifican datos para la neumon&iacute;a   de los ancianos procedentes de residencias; por lo tanto, su uso no es extrapolable   a este grupo de pacientes. En este sentido, Naughton y cols. (15) han desarrollado   unas gu&iacute;as para el tratamiento de los pacientes institucionalizados   con neumon&iacute;a, basados en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica habitual y   cuya informaci&oacute;n se obtuvo de una revisi&oacute;n retrospectiva de pacientes   con neumon&iacute;a de 11 residencias de B&uacute;falo (&aacute;rea de Nueva   York). Existe una evidencia cada vez mayor de que los pacientes con neumon&iacute;a   podr&iacute;an ser tratados satisfactoriamente en los propios centros residenciales,   sin que se objetive diferencia significativa de la mortalidad a los 30 d&iacute;as   entre los tratados en la Residencia y los tratados en el hospital (13,14).   Otros autores han observado, en los pacientes con neumon&iacute;a moderada   (&lt; 40 r.p.m.), que una proporci&oacute;n significativamente mayor de supervivientes   tratados en el medio residencial no ten&iacute;an cambios en su estado funcional   o ten&iacute;an mejor funci&oacute;n a los dos meses de seguimiento, comparado   con los que fueron tratados inicialmente en el hospital (16). Estos datos sugieren   que en los pacientes con infecci&oacute;n ligera o moderada, ser&iacute;a preferible   realizar el tratamiento en su centro institucional que en el hospital, en parte   debido al impacto negativo en el estado funcional en los pacientes tratados   en el hospital. Son necesarios estudios prospectivos para determinar que pacientes   podr&iacute;an beneficiarse de la hospitalizaci&oacute;n para el tratamiento   de la neumon&iacute;a. Naughton (15) tampoco encuentra diferencia significativa   de la mortalidad a los 30 d&iacute;as entre los que fueron tratados inicialmente   con antibi&oacute;ticos por v&iacute;a oral de los tratados con antibi&oacute;ticos   por v&iacute;a parenteral en su residencia. Algunos autores (4) consideran   que existe alguna evidencia de que el uso de quinolonas puede ser un tratamiento   aceptable de primera elecci&oacute;n tanto en los tratados en la Residencia   como en el hospital. La v&iacute;a intramuscular es una alternativa a la v&iacute;a   oral en el tratamiento de la neumon&iacute;a en los pacientes que reciben tratamiento   en las Residencias y que por diferentes circunstancias no puede utilizarse   la v&iacute;a intravenosa. Tambi&eacute;n puede utilizarse la v&iacute;a subcut&aacute;nea   para la administraci&oacute;n de algunos antibi&oacute;ticos, como la ceftriaxona,   especialmente en pacientes agitados y con tratamiento anticoagulante.</p>     <p>   Dado que la infecci&oacute;n por neumococo tiene mayor incidencia y mortalidad   en los pacientes ancianos se recomienda la vacuna neumoc&oacute;cica en este   grupo de pacientes. Desafortunadamente la eficacia de la vacuna disminuye con   la edad y especialmente si la primera vacunaci&oacute;n fue a una edad avanzada.   El <i> US Centres for Disease Control and Prevention`s Advisory Committee on Inmunization   Practices</i> ha recomendado para individuos mayores de 65 a&ntilde;os que fueron   vacunados antes de los 65 a&ntilde;os, revacunaci&oacute;n despu&eacute;s de   5 &oacute; m&aacute;s a&ntilde;os de la vacunaci&oacute;n inicial. Se ha sugerido   la revacunaci&oacute;n peri&oacute;dica cada 5 a&ntilde;os en los pacientes   institucionalizados. Tambi&eacute;n se recomienda la vacunaci&oacute;n anual   contra la gripe en estos pacientes, a pesar de que su eficacia en ellos, no   es mayor del 40%.</p>     <p>   Otras medidas preventivas, como mejorar la higiene de la cavidad oral (17)   podr&iacute;an reducir la colonizaci&oacute;n por pat&oacute;genos respiratorios   y por tanto reducir los episodios de neumon&iacute;a. Controlar adecuadamente   el reflujo gastroesof&aacute;gico podr&iacute;a disminuir los episodios de   neumon&iacute;a. Actualmente no hay evidencia de que los f&aacute;rmacos antireflujo   reduzcan el riesgo de aspiraci&oacute;n del contenido g&aacute;strico. Contradictoriamente   las sondas para alimentaci&oacute;n no previenen la aspiraci&oacute;n en los   pacientes con disfagia y demencia avanzada, y deber&iacute;an utilizarse s&oacute;lo   cuando son estrictamente necesarias (18). Algunos autores sugieren, que f&aacute;rmacos,   como los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina podr&iacute;an   disminuir el riesgo de neumon&iacute;a (19), dado que aumentan la sensibilidad   del reflejo de la tos y mejoran el reflejo de la degluci&oacute;n en los ancianos   que son propensos a la aspiraci&oacute;n. La amantadina, por v&iacute;a oral,   podr&iacute;a disminuir el riesgo de neumon&iacute;a en pacientes con accidentes   vasculares cerebrales. Sin embargo, su uso no puede ser recomendado hasta que   no existan m&aacute;s estudios que lo confirmen.</p>     <p>   En el momento actual y a la vista de los datos anteriormente expuestos, debemos   considerar a la neumon&iacute;a de los pacientes institucionalizados como una   entidad separada de la NAC y de la neumon&iacute;a adquirida en el hospital.   Son necesarios m&aacute;s estudios para establecer, por un lado, los agentes   microbiol&oacute;gicos m&aacute;s frecuentes y por tanto, el tratamiento m&aacute;s   adecuado en cuanto a f&aacute;rmaco, dosis y duraci&oacute;n. Desarrollar &iacute;ndices   pron&oacute;sticos espec&iacute;ficos para este grupo de pacientes y determinar   que pacientes se beneficiar&iacute;an de ingreso en el hospital y cuales de   tratamiento en su centro institucional, como refieren Bonilla y cols. en el trabajo publicado en este n&uacute;mero (11).</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4"><i>Bibliograf&iacute;a</i></font></p>     <p>1.&nbsp;&nbsp;Marrie TJ. Community-acquired pneumonia in the elderly.   Clin Infect Dis 2000; 31: 1066-1078.</p>  2.&nbsp;&nbsp;&Aacute;lvarez-Sala JL, Serrano R. Neumon&iacute;a en el anciano.   Med Clin (Barc) 2001; 117: 446-451.     <p>3.&nbsp;&nbsp;Lim WS, Macfarlane JT. A prospective comparison of nursing home   acquired pneumonia with community acquired pneumonia. Eur Respir J 2001; 18:   362-368.</p>     <p>4.&nbsp;&nbsp;Mylotte JM. Nursing home-acquired pneumonia. Clin Infect Dis   2000; 35: 1205-1211.</p>     <p>5.&nbsp;&nbsp;Muder RP. Pneumonia in residents of long-term care facilities:   epidemiology, etiology, management, and prevention. Am J Med 1998; 105: 319-30.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>6.&nbsp;&nbsp;Loeb M, Mcgreer A, McArthur M, Walter S, Simor AE. Risk factors   for pneumonia and other lower respiratory tract infections in elderly residents   of long-term care facilities. Arch Intern Med 1999; 159: 2058-2064.</p>     <p>7.&nbsp;&nbsp;Mylotte JM, Goodnough S, Naughton BJ. Pneumonia versus aspiration   pneumonitis in nursing home residents: diagnosis and management. J Am Geriatr   Soc 2003; 51: 17-23.</p>     <p>8.&nbsp;&nbsp;Marik PE. Aspiration pneumonitis and aspiration pneumonia. N   Engl J Med 2001; 344: 665-671.</p>     <p>9.&nbsp;&nbsp;Fine MJ, Smith MA, Carsan CA, Mutha SS, Sankey SS, Weissfeld   LA et al. Prognosis and outcomes of patients with community-acquired pneumonia.   A meta-analysis. JAMA 1996; 275: 134-141.</p>     <p>10.&nbsp;&nbsp;Naughton BJ, Mylott JM, Tayara A. Outcome of nursing home-acquired   pneumonia. Derivation and application of a practical model to predict 30 day   mortality. J Am Geriatr Soc 2000; 48: 1292-1299.</p>     <p>11.&nbsp;&nbsp;Bonilla AB, G&oacute;mez MJ, Robles F, Vilalta E, Pedreira C.   Neumon&iacute;a en el anciano institucionalizado: Criterios de derivaci&oacute;n   y/o clasificaci&oacute;n pron&oacute;stica. An Med Interna (Madrid) 2003; 20:   558-562.</p>     <p>12.&nbsp;&nbsp;Fine MJ, Auble TE, Yealy DM, Hanusa BH, Weissfeld LA, Singer   DE et al. A prediction rule to identify low-risk patients with community-acquired   pneumonia. N Engl J Med 1997; 243-250.</p>     <p>13.&nbsp;&nbsp;Mylotte JM, Naughton B, Maszarovics Z. Validation and application   of the pneumonia prognosis index to nursing home residents with pneumonia.   J Am Geriatr Soc 1998; 46: 1538-1544.</p>     <p>14.&nbsp;&nbsp;Mehr DR, Binder EF, Kruse RL, Zweig SC, Madsen R, Popejoy L   et al. Predicting mortality in nursing home residents with lower respiratory   tract infection: the Missouri LRI study. JAMA 2001; 286: 2427-2436.</p>     <p>15.&nbsp;&nbsp;Naughton BJ, Mylotte JM. Treatment guideline for nursing home-acquired   pneumonia based on community practice. J Am Geriatr Soc 2000; 48: 82-88.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>16.&nbsp;&nbsp;Fried TR, Gillick MR, Lipsitz LA. Short-term functional outcomes   of long-term care residents with pneumonia treated with and without hospital   transfer. J Am Geriatr Soc 1997; 45: 302-306.</p>     <p>17.&nbsp;&nbsp;Yoneyama T, Yoshida M, Ohrui T, Mukaiyama H, Okamoto H, Hoshiba   K et al. Oral care reduces pneumonia in older patients in nursing homes. J   Am Geriatr Soc 2002; 50: 430-433.</p>     <p>18.&nbsp;&nbsp;Gillick M. Rethinking the role of tube feeding in patients with   advanced dementia. N Engl J Med 2000; 342: 206-210.</p>     <p>19.&nbsp;&nbsp;Yamaya M, Yanai M, Ohrui T, Arai H, Sasaki H. Interventions to prevent pneumonia among older adults. J Am Geriatr Soc 2001; 49: 85-90.</p>      ]]></body>
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