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<institution><![CDATA[,Hospital Nuestra Señora del Prado Servicio de Medicina Interna ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size=5>Cartas al Director</font></b>     <p><font size="4">Osteomielitis vertebral por<i> E. coli</i></font></p>     <p>Sr. Director:</p>     <p>La osteomielitis vertebral afecta sobre todo a adultos de más de 50 años de edad. La incidencia parece haber aumentado en los últimos años debido a un incremento de las bacteriemias nosocomiales, en gran medida por el aumento de la instrumentalización; otros factores que colaboran son la edad cada vez más elevada de la población y el incremento en la utilización de las drogas intravenosas.</p>       <p>La vía principal de acceso a la articulación es la hematógena, aunque también puede acceder el microorganismo desde tejidos blandos adyacentes y por inoculación directa por traumatismos o cirugía (1,2).</p>       <p>En el huésped normal <i>S. aureus </i>continúa siendo el microorganismo aislado más a menudo (3). En los adictos a drogas intravenosas Pseudomonas aeruginosa es el más frecuentemente aislado (4). Otras fuentes de infección incluyen las vías genitourinarias, piel y tejido blando, tracto respiratorio, endocarditis, infección dental y catéteres intravasculares infectados (1,5). La incidencia de bacilos gram negativos esta incrementada en los casos en los que la bacteriemia se ha producido tras una exploración o manejo del tracto urinario.</p>       <p>Nos parece interesante presentar un nuevo caso de osteomielitis vertebral por <i>E. coli. </i>El caso se complicó notablemente al diagnosticarse simultáneamente un infarto de miocardio reciente, sin haber tenido dolor torácico.</p>       <p>Varón de 79 años de edad, con antecedentes personales de brucelosis hace 7 años, sin complicaciones. 3 meses antes de su ingreso presentó un cuadro de dolor abdominal y fiebre alta, con molestias urinarias que fue diagnosticado de infección urinaria, remitiendo el episodio febril en unos 10 días tras iniciarse el tratamiento antibiótico. Desde entonces refería astenia, anorexia y pérdida de peso. Cinco días antes de su ingreso volvió a presentar nuevamente fiebre alta y dolor lumbar, acudiendo a urgencias, donde se realizó una ecografía abdominal que fue normal, siendo diagnosticado de infección urinaria e indicándose tratamiento con ciprofloxacino, paracetamol con codeína y omeprazol. Acudió a urgencias por persitencia de la sintomatología. A la exploración física se observaba una ligera palidez de piel. No adenopatías periféricas. A.cardíaca y pulmonar normales. Abdomen: blando, no doloroso, sin organomegalias. La movilidad de la columna lumbar estaba limitada por el dolor y las maniobras sacroiliacas eran dudosas. No se apreciaban lesiones dérmicas ni signos inflamatorios articulares.</p>       <p>Laboratorio. Hemograma: 14.000 leucocitos con una distribución normal; Htº: 31,7%, hemoglobina de 10,4 gramos/dl, 354.000 plaquetas; actividad de protrombina del 62,3%, VSG de 90 mm.</p>       <p>Radiografía de tórax: no cardiomegalia, campos pulmonares claros. Radiografía de abdomen: importantes signos degenerativos.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>ECG: infarto de miocardio anterolateral, con espacio ST muy elevado. Se solicitó una troponina I que fue de 6,37 ng/ml y la CPK era de 44 u/l.</p>       <p>Ante la sospecha de una disección aórtica se solicitó una TAC tóraco-abdominal, que mostró una aorta de calibre normal, sin imágenes de aneurisma ni disección, pequeño derrame pleural bilateral, dilatación del ventrículo izquierdo, sin derrame pericárdico. Hígado, bazo, riñones y suprarrenales normales, no adenopatías.</p>       <p>El paciente ingresó inicialmente en la UVI. Realizándose un ecocardiograma transesofágico, que mostró una dilatación del ventrículo izquierdo, sin datos de hipertrofia, escara apical y septal con aquinesia total y fracción de eyección del 20%. Mínima regurgitación mitral.</p>       <p>Durante su ingreso persistía fiebre alta y dolor lumbar. Se solicitaron diversos datos analíticos: <i>Brucella Rosa de Bengala </i>y aglutinaciones negativas. Serologías IgM a borrelia, citomegalovirus, <i>Rickettsia conorii</i>, negativas. PCR: 129 mg/l, ANA y factor reumatoide negativos. Urocultivo y coprocultivo, negativos. En 2 hemocultivos de 4 se aisló <i>E. coli</i>.</p>       <p>Gammagrafía ósea: captación patológica en el segmento vertebral de L2, espacio intervertebral y en L3, sugestivo de espondilitis y espondilodiscitis.</p>       <p align="left">TAC columna lumbar: disminución de la altura del disco L2-L3 con destrucción lítica de los platillos vertebrales (<a href="#f1">Fig. 1</a>). También se apreciaba una pequeña masa que protruye hacia el margen anterior del cuerpo vertebral y contacta con la raíz aórtica. Fue informado de espondilitis y espondilodiscitis.</p>     <p align="center"><a name="f1"><img src="/img/revistas/ami/v21n1/12_fig1.gif" width="325" height="301"></a></p>    <br>       <p>Se realizó tratamiento con ciprofloxacino por vía oral durante 6 semanas y gentamicina parenteral durante 2 semanas, además se añadió al tratamiento ácido acetilsalicílico, enalapril y paracetamol-codeína.</p>       <p>La evolución fue favorable, el dolor lumbar disminuyó hasta desaparecer a las dos semanas, pudiéndose retirar los analgésicos y no volvió a presentar fiebre. Dos meses después estaba asintomático, afebril y la VSG había descendido a 30 mm.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El dolor localizado y la sensibilidad a la palpación de los segmentos afectados se presenta en el 90% de los casos en la osteomielitis vertebral. Habitualmente el dolor es insidioso y progresa lentamente en 3 semanas a 3 meses (1,5,6)</p>       <p>La fiebre y la leucocitosis están presentes en el 50% de los casos. La velocidad de sedimentación globular estará elevada y se puede utilizar como guía pronóstica durante el tratamiento (5).</p>       <p>La región lumbar se encuentra afectada en el 45% de los casos, seguida de la columna torácica con un 35% (1,5).</p>       <p>En la osteomielitis hematógena, los hemocultivos positivos pueden obviar la necesidad de realización de una biopsia ósea, cuando hay indicios radiológicos (5). La bacteriemia se detecta en un 50% de los casos (1) Las imágenes anteroposterior y lateral mostrarán un estrechamiento del espacio intervertebral. Una TAC o RNM pueden revelarar alteraciones rápidamente y detectar con eficacia las complicaciones (7,8). La gammagrafía con Tc 99 también puede detectar anomalías vertebrales con mayor precocidad (5).</p>       <p>En el tratamiento se administran antibióticos durante 4 a 6 semanas. Habitualmente no es necesario la realización de una cirugía a cielo abierto, salvo en los casos en los que existe extensión de la infección, como abscesos paravertebrales o epidurales o cuando el tratamiento médico fracase (1,5,6).</p>       <p>Se debe comprobar cuidadosamente el estado neurológico del paciente. La fusión ósea espontánea tiene lugar en 1 a 12 meses después del tratamiento antibiótico apropiado (5). El desbridamientos transpedicular percutáneo y la disectomía, al eliminar el hueso necrótico infectado, acelerarán la cicatrización e impedirán la progresión con destrucción y deformidad ósea (9).</p>       <p><b>F. Marcos Sánchez, A. Aragón Díez, F. Árbol Linde, I. Albo Castaño, A. Viana Alonso</b></p>     <p><i>Servicio de Medicina Interna. Hospital Nuestra Señora del Prado. Talavera de la Reina, Toledo</i></p>       <p>&nbsp;</p>     <p>1. McHenry MC, Easley KA, Locker GA. Vertebral osteomyelitis: Long-term outcome for 253 patients from 7 Cleveland –Area Hospitals. Clin Infect Dis 2002; 34: 1342-1350.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Carragee EJ. Pyogenic vertebral osteomyelitis. J Bone Joint Surg Am 1997; 79: 874-880.</p>      <p>3. Jensen AG, Espersen F, Skinhoj P, Frimodt-Moller N. Bacteremic Staphylococcus aureus spondylitis. Arch Intern Med 1998; 158: 509-517.</p>      <p>4. Sapico FL, Montgomerie JZ. Vertebral osteomyelitis in intravenous drug abusers: Report of three cases and review of the literature. Rev Infect Dis 1980; 2: 196-206.</p>      <p>5. Mader JT, Calhoun J. Osteomielitis. En Enfermedades Infecciosas. Principios y práctica, de Mandell, Douglas y Bennett. Editorial Panamericana. Madrid 2002; 1436-1451.</p>      <p>6. Torda AJ, Gott T, Bradbury R. Pyogenic vertebral osteomyelitis: analysis of 20 cases and review. Clin Infect Dis 1995; 20: 320-328.</p>      <p>7. Carragee EJ. The clinical use of magnetic resonance imaging in pyogenic vertebral osteomyelitis. Spine 1997; 22: 780-785.</p>      <p>8. Dagirmanjian A, Schils J, McHenry M, Modic MT. MR imaging of vertebral osteomyelitis revisited. Am J Roentgenol 1996; 167: 1539-1543.</p>      <p>9. Rath SA, Neff U, Schneider O, Richter HP. Neurosurgical management of thoracic and lumbar vertebral osteomyelitis and discitis in adults: a review of 43 consecutively treated patients. Neurosurgery 1996; 38: 926-933.</p>        ]]></body>
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