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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Fractura osteoporótica de cadera: Factores predictivos de recuperación funcional a corto y largo plazo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="15%"></td>     <td width="85%">     <p><font size=5><b>Fractura osteopor&oacute;tica de cadera. Factores predictivos de recuperaci&oacute;n funcional a corto y largo plazo</b></font></p>     <p><span style="text-transform: uppercase">T. Alarc&oacute;n Alarc&oacute;n, J. I. Gonz&aacute;lez-Montalvo</span></p>     <p><i>Unidad de Geriatr&iacute;a. Hospital Universitario La Paz. Madrid</i></p>           <p>&nbsp;</td>   </tr> </table> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%" valign="top"></td>     <td width="4%"></td>     <td width="48%"><font size="2"><i>OSTEOPOROTIC HIP FRACTURE. PREDICTIVE FACTORS OF SHORT- AND LOGN-TERM FUNCTIONAL RECOVERY</i></font></p>          <p>&nbsp;</td>   </tr> </table>      <p>Alarc&oacute;n Alarc&oacute;n T, Gonz&aacute;lez-Montalvo JI. Fractura osteopor&oacute;tica de cadera. Factores predictivos de recuperaci&oacute;n funcional a corto y largo plazo. An Med Interna (Madrid) 2004; 21: 87-96.</p> <hr width="30%" align="left">     <p><font size="2"><i>Trabajo aceptado</i>: 17 de septiembre de 2003</font></p>     <p><font size="2"><i>Correspondencia:</i> Teresa Alarc&oacute;n. Unidad de Geriatr&iacute;a. Hospital Universitario La Paz. Paseo de la Castellana, 261. 28046 Madrid.    <br> e-mail: <a href="mailto:talarcon@vodafone.es">talarcon@vodafone.es</a></font></p>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>INTRODUCCIÓN</p>     <p>La fractura de cadera de causa osteopor&oacute;tica afecta a un segmento de la poblaci&oacute;n de edad muy avanzada (1); la edad media de los pacientes que la sufren es casi 15 a&ntilde;os superior que en el caso de las fracturas vertebrales y las de mu&ntilde;eca; la mayor incidencia se produce en los mayores de 74 a&ntilde;os (2,3). La prevalencia de la fractura de cadera ha ido en aumento en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y se prev&eacute; que siga aumentando durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas, siendo actualmente ya un problema de salud p&uacute;blica de importante magnitud tanto por su elevada frecuencia como por su alto riesgo y alto coste econ&oacute;mico. El aumento mencionado no se puede explicar &uacute;nicamente por los cambios demogr&aacute;ficos (4).</p>     <p>Esta fractura puede generar un mayor &oacute; menor grado de deterioro funcional e incapacidad cr&oacute;nica tanto en la capacidad para deambular como en la realizaci&oacute;n del resto de las actividades de la vida diaria, b&aacute;sicas (o de autocuidado) e instrumentales (de relaci&oacute;n con el entorno) que se prolonga durante a&ntilde;os despu&eacute;s de haberse producido&nbsp;&nbsp; (5-8). En cohortes de mujeres de 70 a&ntilde;os con un estado previo de independencia, se estima tras la fractura una media de dependencia&nbsp; por persona de 6 a&ntilde;os, cifra que para cohortes de 80 a&ntilde;os es de 2,2 a&ntilde;os por persona (2). Por si fuera poco, esta dependencia se asocia con un mayor riesgo, no s&oacute;lo de mortalidad, sino tambi&eacute;n de no poder seguir viviendo de forma independiente en el domicilio previo (9-11) o de reingreso hospitalario durante los dos a&ntilde;os siguientes a la fractura (10,12) entre otros efectos adversos. Su trascendencia queda patente en la frase de Cleveland quien hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os dec&iacute;a que "venimos al mundo a trav&eacute;s de la pelvis y lo dejamos por el cuello de f&eacute;mur" (13).</p>     <p>Actualmente se dispone de un tratamiento quir&uacute;rgico muy efectivo para la fractura de cadera. Los pacientes son intervenidos precozmente tras la fractura y con diferentes t&eacute;cnicas encaminadas a conseguir la deambulaci&oacute;n precoz. La t&eacute;cnica anest&eacute;sica ha evolucionado y muchos de los pacientes son intervenidos con anestesia intradural (14,15). Las frecuentes complicaciones y problemas geri&aacute;tricos durante la fase aguda son bien conocidas y se previenen y tratan cada vez de forma m&aacute;s precoz y adecuada por especialistas (16-30). Todo ello ha a&ntilde;adido a los objetivos cl&aacute;sicos de la cirug&iacute;a en la fractura de cadera (reducci&oacute;n de la mortalidad, consecuci&oacute;n de una posici&oacute;n funcional del hueso y prevenci&oacute;n de la necrosis avascular) otros objetivos nuevos y m&aacute;s ambiciosos como son el retorno del paciente a su estado de deambulaci&oacute;n previa lo m&aacute;s pronto posible y el retorno al medio ambiente y al entorno social en que se encontraba antes del episodio (31,32). La cirug&iacute;a apropiada y el manejo m&eacute;dico de los pacientes es cr&iacute;tico para la recuperaci&oacute;n posterior (33). Preservar la capacidad para la deambulaci&oacute;n previa, es quiz&aacute; el objetivo m&aacute;s importante en el tratamiento de los pacientes con fractura de cadera (34,35).</p>     <p>A medida que la poblaci&oacute;n occidental envejece, se est&aacute; produciendo un incremento del n&uacute;mero de personas ancianas con dependencia de otras personas para realizar sus actividades de la vida diaria, tanto residentes en la comunidad como en instituciones. Ante este hecho existen varias l&iacute;neas de actuaci&oacute;n, no necesariamente excluyentes, siendo una de &eacute;stas la prevenci&oacute;n de la incapacidad funcional en las personas mayores para reducir su n&uacute;mero y su magnitud (36). En este contexto, es esencial conocer los mecanismos que favorecen la recuperaci&oacute;n funcional una vez que se han producido los procesos altamente incapacitantes como es el caso de las fracturas de cadera.</p>     <p>El objetivo de este trabajo es revisar el estado del conocimiento sobre este tema en el grupo de poblaci&oacute;n mayor de 65 a&ntilde;os. En concreto, la informaci&oacute;n existente en la literatura cient&iacute;fica sobre el grado de recuperaci&oacute;n funcional tras una fractura de cadera y los factores predictivos de dicha recuperaci&oacute;n a lo largo del tiempo. Para ello se estudiaron los trabajos publicados con un dise&ntilde;o prospectivo y con an&aacute;lisis estad&iacute;stico multivariante de los que existe referencia en la base de datos MedLine entre los a&ntilde;os 1966 y 2003.</p>      <p>SITUACIÓN FUNCIONAL PREVIA A LA FRACTURA DE CADERA</p>     <p>En la mayor&iacute;a de los estudios donde se menciona la capacidad para deambular previamente a la fractura la mayor&iacute;a de los ancianos, entre el 70 y el 90%, presentan una marcha independiente, con &oacute; sin bast&oacute;n (8,34,37-60), aunque otros trabajos ofrecen unas cifras inferiores (61-63). En lo referente al resto de las actividades <i>b&aacute;sicas</i> de la vida diaria las proporciones de pacientes independientes se encuentran entre el 60 y el 75% en la mayor&iacute;a de los trabajos (5,7,37,44,45,59,64-72). En los estudios realizados en poblaci&oacute;n que vive en su domicilio se encuentran mejores cifras; la prevalencia de independencia para actividades como vestirse o asearse, subir y bajar escaleras e incluso ser independiente en todas las actividades puede llegar al 85 y 90% (46,54,73-75). En los escasos estudios que refieren la capacidad previa de los ancianos para realizar las actividades <i>instrumentales</i> de la vida diaria la proporci&oacute;n disminuye, siendo independientes para estas actividades entre el 40 y el 75% (7,44,54,65,66,69,71,73-76) existiendo incluso estudios con cifras inferiores al 30% (47,64,67).</p>      <p>RECUPERACIÓN FUNCIONAL TRAS LA FRACTURA</p>     <p>La capacidad para caminar tras la fractura de cadera var&iacute;a de unos estudios a otros, dependiendo fundamentalmente de las caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n estudiada (pacientes procedentes de su domicilio, poblaci&oacute;n sin demencia, poblaci&oacute;n sin patolog&iacute;as asociadas,&hellip;), de la forma de medirla (empleo de diferentes escalas o definiciones, considerar la recuperaci&oacute;n con respecto a la situaci&oacute;n funcional previa a la fractura,&hellip;) y del tiempo de recuperaci&oacute;n considerado tras la fractura (al alta, a los 3, 6 &oacute; 12 meses, etc.).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>TASA DE RECUPERACIÓN</i></p>     <p>Las tasas de recuperaci&oacute;n de la capacidad para caminar de forma independiente con o sin bast&oacute;n son muy variables en la literatura. Oscilan, seg&uacute;n los diferentes estudios desde el 20% al 40% al alta hospitalaria (48,62,77), entre el 25 y el 55% durante los primeros meses tras la fractura (8,49,57,78,79), el 30 al 50% a los 12 meses (8,31,36,56,78,80-82,83-85),&nbsp; 72% a lo largo de los dos primeros a&ntilde;os tras la fractura (86) o 55% a los 3 a&ntilde;os (87). Otros estudios con criterios de selecci&oacute;n m&aacute;s estrictos de los pacientes ancianos con fractura dan unas cifras de recuperaci&oacute;n cercanas al 90% desde los primeros meses tras la fractura (55,58,88).</p>     <p>Otro modo de evaluar los resultados es contrastar el grado de recuperaci&oacute;n con el nivel funcional previo de los sujetos, ya que, como vimos, la situaci&oacute;n anterior a la fractura dista mucho de ser homog&eacute;nea. As&iacute; pues, si en lugar de comparar el resultado con la capacidad de deambulaci&oacute;n tras la fractura, se compara con el nivel previo de los sujetos estudiados las tasas de recuperaci&oacute;n son del 20 al 36% a los 3 &oacute; 4 meses (55,65,89), 33 al 75% a los seis meses (47,90), y del 40 al 80% a los 12 meses (34,53,55,56,65,71,73,89,91,92). Por lo general, las series publicadas muestran que el uso de ayudas instrumentales para la deambulaci&oacute;n aumenta con respecto a la situaci&oacute;n previa a la fractura (58,81,93).</p>     <p>La situaci&oacute;n mental de los ancianos que sufren la fractura parece influir en las tasas de recuperaci&oacute;n. Entre los pacientes con buena funci&oacute;n cognitiva, tan s&oacute;lo el 22% muestran una disminuci&oacute;n significativa en las actividades b&aacute;sicas a los 3 meses, cifra que se eleva al 60% en aqu&eacute;llos con alteraci&oacute;n cognitiva (94).</p>     <p>Las actividades b&aacute;sicas de autocuidado y las actividades instrumentales se recuperan en menor proporci&oacute;n que la capacidad para caminar a lo largo del primer a&ntilde;o tras la fractura de cadera (8,47,56,69,76,89,95). Persiste una limitaci&oacute;n en las actividades de la vida diaria incluso a los 9-10 a&ntilde;os en m&aacute;s de un tercio de los supervivientes (59,96). Sin embargo, por el contrario, existen estudios que, al comparar con la capacidad de los pacientes para caminar antes de la fractura, encuentran mayores tasas de recuperaci&oacute;n del nivel de independencia previo para las actividades b&aacute;sicas (57,65,71,92) e instrumentales (65,71) que para la recuperaci&oacute;n de la habilidad para caminar (57,65,71). </p>     <p>Entre las habilidades para realizar las actividades b&aacute;sicas que m&aacute;s se afectan tras la fractura figuran la capacidad de independencia en el ba&ntilde;o (40%) y en el vestido (25%) en los ancianos con buena funci&oacute;n cognitiva, y las transferencias (54%), el vestido (46%) y la capacidad de caminar (45%) entre aqu&eacute;llos con alteraci&oacute;n cognitiva (94).</p>     <p>La discrepancia aparente que observamos entre los resultados de las diferentes series puede venir explicada por las caracter&iacute;sticas de los grupos de pacientes estudiados en cada trabajo, conocida la gran heterogeneidad que puede presentar el grupo de poblaci&oacute;n anciana. Para profundizar en este punto, Zuckerman (7,97) ha realizado un estudio en poblaci&oacute;n sana que vive en su domicilio clasificando a los pacientes por niveles de funci&oacute;n. Sus resultados ponen de manifiesto que, inmediatamente tras la fractura de cadera, se produce una importante p&eacute;rdida de funci&oacute;n con respecto a la situaci&oacute;n previa, tanto para la capacidad de deambular, como para las actividades b&aacute;sicas y las instrumentales de la vida diaria y a partir de ese momento comienza una fase de recuperaci&oacute;n gradual hasta los 12 meses. Pues bien, son los pacientes que previamente a la fractura de cadera tienen unos niveles funcionales intermedios (ni los de alto nivel ni los de bajo nivel funcional) los que mayores p&eacute;rdidas funcionales sufren con respecto a la situaci&oacute;n previa y por tanto los que menos recuperan. Por el contrario, los situados en los dos extremos, los que ten&iacute;an muy buena situaci&oacute;n funcional previa y los muy deteriorados, presentan menores p&eacute;rdidas en su situaci&oacute;n, quiz&aacute; por diferentes razones. El trabajo de Bannister (82) pone tambi&eacute;n de manifiesto el hecho de que dependiendo del nivel funcional previo el grado de recuperaci&oacute;n es mayor o menor, sin embargo en este trabajo los pacientes con m&aacute;s movilidad (sub&iacute;an escaleras y caminaban 400 metros) antes de la fractura eran los que menos recuperaban el nivel previo funcional a los 12 meses. </p>      <p><i>TIEMPO DE RECUPERACIÓN</i></p>     <p>El tiempo de recuperaci&oacute;n considerado tras la fractura, tambi&eacute;n var&iacute;a entre los trabajos publicados. Hay estudios que ponen de manifiesto, por ejemplo, que en pacientes con fracturas de cadera pertrocantereas la capacidad para deambular independiente mejor&oacute; en m&aacute;s de un tercio de la poblaci&oacute;n estudiada entre los tres y seis meses tras la fractura, por lo que la mayor recuperaci&oacute;n no se puede esperar hasta los seis meses (98). Otros encuentran la mayor recuperaci&oacute;n a lo largo del primer a&ntilde;o tras la fractura (33,99).</p>     <p>La mayor&iacute;a de las actividades b&aacute;sicas de autocuidado y las actividades instrumentales se recuperan m&aacute;s lentamente que la capacidad para caminar a lo largo del primer a&ntilde;o tras la fractura de cadera (8,47,56,69,83,95). Otros ponen de manifiesto, que una vez recuperada la capacidad para deambular, la capacidad para realizar actividades b&aacute;sicas de alimentaci&oacute;n, vestido y aseo, se mantiene apenas sin modificaci&oacute;n a los ocho meses tras la fractura de cadera con respecto a la situaci&oacute;n previa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ancianos previamente independientes para la deambulaci&oacute;n y las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria, Katz (59) encuentra que la proporci&oacute;n de pacientes que se recuperan completamente se incrementa progresivamente durante los primeros dieciocho meses tras la fractura. A partir de los dos primeros a&ntilde;os la proporci&oacute;n persiste sin apenas cambio a lo largo de los nueve a&ntilde;os y medio del estudio. Otros estudios que han analizado algunas actividades concretas tanto b&aacute;sicas como instrumentales de la vida diaria, han encontrado que la mayor recuperaci&oacute;n se produce&nbsp; durante los primeros cuatro a seis meses tras la fractura, a&ntilde;adi&eacute;ndose una peque&ntilde;a recuperaci&oacute;n lenta hasta los doce meses (33,46,100), fundamentalmente en aquellas funciones donde se requiere de la participaci&oacute;n de los miembros inferiores (33), permaneciendo a un nivel similar a lo largo de los 5 y 10 a&ntilde;os posteriores (101).</p>     <p>El estudio de Magaziner (33) muestra un orden secuencial de recuperaci&oacute;n de la incapacidad generada por la fractura. Las actividades b&aacute;sicas relacionadas con los miembros superiores alcanzan su mayor recuperaci&oacute;n en el cuarto mes tras la fractura, seguidos de la marcha y el equilibrio a los 9 meses. Por &uacute;ltimo, las actividades instrumentales de la vida diaria y las actividades b&aacute;sicas relacionadas con los miembros inferiores a los 11 meses.</p>      <p>FACTORES PREDICTORES DE RECUPERACIÓN FUNCIONAL EN ANCIANOS TRAS FRACTURA DE CADERA</p>     <p>Despu&eacute;s de tener en cuenta todo lo anterior, parece clara la importancia de descubrir cu&aacute;les son los factores que condicionan la recuperaci&oacute;n funcional, o la ausencia de la misma, tras una fractura de cadera, as&iacute; como el momento evolutivo en el que act&uacute;an y las posibilidades que existen de actuar sobre ellos para modificarlos. Para ello, nos ocuparemos en este apartado del an&aacute;lisis de los factores predictivos de recuperaci&oacute;n funcional, tanto de la capacidad para caminar como para la realizaci&oacute;n de las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria.</p>     <p>Con el objetivo de facilitar su estudio, los hemos dividido en seis grupos que se muestran en la <a href="#t1">Tabla </a>I: factores demogr&aacute;ficos, cl&iacute;nicos, funcionales propiamente dichos, mentales (tanto cognitivos como afectivos), sociales y, por &uacute;ltimo, asistenciales.</p>     <p align="center"><a name="t1"><img src="/img/revistas/ami/v21n2/10_TABLA1.gif" width="730" height="961"></a></p>    <br>      <p><i>FACTORES DEMOGRÁFICOS</i></p>     <p>La menor edad en el momento de la fractura aparece en casi la mitad de los trabajos analizados como factor pron&oacute;stico favorable (8,30,38,41,44,48,51,53,54,69,70,73,89-91,94, 102-107). Sin embargo en estudios donde analizan periodos a corto y largo plazo de recuperaci&oacute;n (69,107), se pone en evidencia que en periodos de seguimiento cortos de 6 meses aparece la edad como predictor negativo, no apareciendo &eacute;sta en periodos de seguimiento m&aacute;s largos de 12 meses tras la fractura. Otro estudio (73) que analiza tambi&eacute;n periodos de recuperaci&oacute;n a los 3, 6 y 12 meses encuentra la edad menor de 84 a&ntilde;os como factor predictivo de recuperaci&oacute;n en los tres periodos de estudio, si bien con&nbsp; odds ratios&nbsp; progresivamente menores, de 3,8; 3,4 y 2,5 respectivamente. Estos hechos pueden ser el reflejo de una caracter&iacute;stica t&iacute;pica del envejecimiento, tras una lesi&oacute;n aguda el individuo anciano retorna m&aacute;s lentamente a su equilibrio homeost&aacute;tico. De hecho hay estudios que s&oacute;lo encuentran la edad como factor de buen pron&oacute;stico cuando es inferior a los 85 a&ntilde;os (41,53,70,73,89,105,106). A medida que presenta m&aacute;s edad la fragilidad de los ancianos es mayor (108) y su reserva fisiol&oacute;gica disminuye (109). Ante la misma p&eacute;rdida aguda, como es una fractura de cadera, la recuperaci&oacute;n va a requerir m&aacute;s tiempo y su consecuci&oacute;n va a ser m&aacute;s incierta.</p>     <p>Con respecto al sexo hay estudios donde encuentran al sexo masculino (8,30) de mejor pron&oacute;stico funcional y otros lo contrario (54,70).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>FACTORES CLÍNICOS</i></p>     <p>Al analizar los factores pron&oacute;sticos de este grupo encontramos algunos que pueden aparecer en una fase inicial. En este momento, la ausencia de enfermedades concomitantes y, en su caso, la menor comorbilidad asociada a la fractura o un menor n&uacute;mero de diagn&oacute;sticos (30,51,73,89,94,105,110,111) as&iacute; como el&nbsp; menor riesgo quir&uacute;rgico medido mediante la escala de la American Society of Anesthesiology (41), son factores de buen pron&oacute;stico, al igual que la salud autipercibida buena o excelente (94). Con respecto al tipo de fractura hay estudios que encuentran a la fractura subcapital o intracapsular como predictiva de buen pron&oacute;stico (54,69) y, en cambio, en otros estudios es la fractura intertrocant&eacute;rea (41,106) la de buen pron&oacute;stico funcional. El no presentar previamente una fractura en la otra cadera puede ser tambi&eacute;n otro factor de buen pron&oacute;stico funcional en los ancianos (53), pero este hecho no ha sido constatado en otros trabajos (112).</p>     <p>Otros factores, que pueden estar presentes &oacute; no, en los momentos posteriores a la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica, tambi&eacute;n condicionan un mejor pron&oacute;stico. Entre ellos, la ausencia de complicaciones postquir&uacute;rgicas (38,51,69,89), incluidas la de no presentar retenci&oacute;n urinaria (70) y&nbsp; la no aparici&oacute;n de malnutrici&oacute;n (74,113), as&iacute; como la ausencia de enfermedades previas que afecten directamente la recuperaci&oacute;n funcional tras la fractura (como la enfermedad pulmonar obstructiva cr&oacute;nica, el enfisema y el accidente cerebrovascular) (107,114) o la ausencia de procesos tras la fractura que puedan alterar esta recuperaci&oacute;n como tener dolor de cadera (94,98,110) o poder cargar el peso corporal sobre el miembro afectado al alta. La existencia de dolor en la cadera determina una peor extensi&oacute;n de la pierna fracturada y esto limita, a su vez, la velocidad de la marcha y prolonga el tiempo empleado para subir escaleras tras la fractura (115).</p>     <p>Uno de los trabajos analizados encuentra que el no haber sufrido una ca&iacute;da importante es predictor de buena recuperaci&oacute;n para las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria (8). Sin embargo el trabajo no refleja c&oacute;mo fue recogido este par&aacute;metro por los investigadores. Desconocemos si se trata de una ca&iacute;da desde un nivel superior de la altura del sujeto, o bien aqu&eacute;lla que cursaba con un s&iacute;ndrome postca&iacute;da que indudablemente afecta a la posterior recuperaci&oacute;n, con recelo por parte del paciente a realizar las actividades de la vida diaria por miedo a sufrir nuevas fracturas (116,117).</p>      <p><i>FACTORES FUNCIONALES</i></p>     <p>La mayor&iacute;a de los trabajos analizados, la buena situaci&oacute;n funcional previa, tanto para la capacidad de la marcha (8,41,44,45,48,51,67,69,70,91,102-104,106,118) como para la realizaci&oacute;n de las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria (30,38,70,73,107,114) son factores predictivos de buen pron&oacute;stico de recuperaci&oacute;n funcional tras la fractura de cadera en ancianos. Algunos trabajos encuentran como factores predictivos a algunas variables concretas, como el no necesitar ayudas para la deambulaci&oacute;n anteriormente (119), subir escaleras (103,119), caminar fuera de casa o ser independiente para vestirse (53). Los pacientes que, antes de la fractura, usaban ayudas para la deambulaci&oacute;n presentan una frecuencia 2 veces mayor de no poder caminar al alta hospitalaria. Si no sub&iacute;an escaleras previamente esta frecuencia se eleva a 3,2 veces; si no realizaban la compra la frecuencia de no poder caminar aumenta 10 veces y si no sal&iacute;an de casa&nbsp; la frecuencia aumenta 11 veces (119).</p>     <p>Una vez que ya se ha producido la fractura, se han identificado como factores favorecedores de recuperaci&oacute;n la buena fuerza en la cadera afectada (98) y la presencia de fuerza a la dorsiflexi&oacute;n del tobillo en el miembro no fracturado (110), un buen nivel de fuerza en los brazos o en el apret&oacute;n de las manos (40,110), mostrando &eacute;sta &uacute;ltima una alta correlaci&oacute;n con la fuerza del cuadriceps (110). La p&eacute;rdida de masa muscular no se ha encontrado relacionada con la alteraci&oacute;n de la funci&oacute;n (110).</p>     <p>Una mejor situaci&oacute;n funcional para la realizaci&oacute;n de las actividades b&aacute;sicas en el momento del alta hospitalaria de la fase aguda (111) o a las dos semanas (53) de la fractura, al igual que ser capaz de caminar dentro de la casa con ayuda a las 2 semanas tras la fractura (53) se han encontrado como predictores de buen pron&oacute;stico funcional a los 2,5 y 12 meses de haber sufrido la fractura.</p>     <p>En lo referente a la recuperaci&oacute;n de las actividades instrumentales, estudios realizados en poblaci&oacute;n sana no institucionalizada, han encontrado que la mayor independencia previa a la fractura para la realizaci&oacute;n de estas actividades instrumentales (67,73,105), al igual que no presentar una marcha inestable previamente (67) o tener una menor edad (8) se asocian con un mayor grado de recuperaci&oacute;n de dichas actividades.</p>      <p><i>FACTORES COGNITIVOS Y AFECTIVOS</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ausencia de enfermedad mental previa a la fractura de cadera es encontrada en diversos trabajos como predictor de buen pron&oacute;stico funcional tras la fractura (45,51,70), al igual que no tener una mala situaci&oacute;n afectiva previa (69,120) o presentar capacidad cognitiva buena o no alterada tanto previamente a la fractura (45,53,106) como tras ella (8,44,104,111,114). La depresi&oacute;n tras la fractura de cadera parece estar en relaci&oacute;n con la comorbilidad y la dependencia generada (121).</p>     <p>La no aparici&oacute;n de s&iacute;ndrome confusional o delirium tras la fractura es tambi&eacute;n predictor de buen pron&oacute;stico funcional (51,67,72,122), as&iacute; como no presentar depresi&oacute;n tras la fractura (8,104).</p>     <p>Algunos aspectos psicol&oacute;gicos del paciente se han encontrado tambi&eacute;n predictores de recuperaci&oacute;n. Los ancianos que ten&iacute;an experiencia previa en otra enfermedad o lesi&oacute;n mostraban menos cambios negativos y presentaban un nivel medio m&aacute;s alto en su habilidad para la deambulaci&oacute;n a los tres meses de haber sufrido una fractura de cadera (123). Igualmente la existencia de una motivaci&oacute;n o expectativas positivas para la recuperaci&oacute;n por parte del propio paciente (44,119,122,123) son tambi&eacute;n factores predictivos de recuperaci&oacute;n, tanto a corto como a largo plazo.</p>     <p>En lo referente a la recuperaci&oacute;n de las actividades instrumentales tras la fractura, s&oacute;lo hemos encontrado un trabajo que refiere que la no aparici&oacute;n de un s&iacute;ndrome confusional en el postoperatorio se asocia a un mayor grado de recuperaci&oacute;n de estas actividades instrumentales a lo largo de un a&ntilde;o tras la fractura (67).</p>      <p><i>FACTORES SOCIALES</i></p>     <p>Diversos estudios han encontrado una serie de factores sociales previos a la fractura que condicionan buen pron&oacute;stico funcional a corto y largo plazo en los ancianos: tener contactos sociales (8,40,54) (extensi&oacute;n de la red social), salir de casa asiduamente (119), vivir previamente en domicilio (30,51,103) (no en residencia o <i>"nursing home"</i>). Con respecto al tipo de convivencia en el domicilio, el hecho de que el anciano no viva solo previamente a la fractura es encontrado como factor de buen pron&oacute;stico funcional a los 3 meses de la fractura (105), si bien otro trabajo lo encuentra como un factor predictivo negativo para la recuperaci&oacute;n en el momento del alta hospitalaria (51). Tambi&eacute;n sobre el soporte emocional que un anciano tiene en su domicilio, se ha visto que tener confidentes tiene un mayor impacto sobre la recuperaci&oacute;n de la capacidad para caminar a los 2 meses, que la cantidad de soporte social o el tipo de &eacute;ste (119).</p>     <p>Con respecto a la ocupaci&oacute;n previa de anciano, se ha encontrado que aqu&eacute;llos que ejerc&iacute;an empleos de baja cualificaci&oacute;n profesional, como es el caso de los trabajadores manuales, ten&iacute;an mejor pron&oacute;stico funcional a los 3 meses de la fractura que aquellos cuyo trabajo fue de direcci&oacute;n, t&eacute;cnicos o profesionales de alto prestigio (94).</p>     <p>Respecto a la recuperaci&oacute;n de las actividades instrumentales de la vida diaria se ha encontrado, nuevamente, que el tener contactos sociales (8) se relaciona con un mayor nivel de recuperaci&oacute;n de dichas actividades.</p>      <p><i>FACTORES ASISTENCIALES</i></p>     <p>Por &uacute;ltimo, algunos factores asistenciales durante la atenci&oacute;n sanitaria que sigue a la fractura tambi&eacute;n son capaces de condicionar un mejor &oacute; peor resultado funcional. El seguimiento cl&iacute;nico durante la fase aguda por geriatras es un predictor de buen pron&oacute;stico funcional en el momento del alta hospitalaria (17,30) y a los 3 meses de la fractura de cadera (38). Tambi&eacute;n, la realizaci&oacute;n de fisioterapia durante la fase aguda (30), as&iacute; como una mayor intensidad de ella en dicha fase (48,70,124,125) es un predictor de buen pron&oacute;stico funcional. Con respecto a la estancia hospitalaria, hay trabajos que encuentran la mayor estancia hospitalaria como predictora de mayor independencia en las trasferencias y en la deambulaci&oacute;n al alta (48). Por el contrario otros no encuentran que la estancia hospitalaria prolongada se asocie con mayor independencia en la movilidad a los 12 meses tras la fractura (110).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El hecho de no necesitar un traslado a residencias o a unidades de convalecencia tras la fase aguda son factores pron&oacute;sticos de mejor nivel de recuperaci&oacute;n funcional a los 6 (69,113) y a los 12 meses tras la fractura (69).</p>     <p>La no existencia de reingresos hospitalarios en los 12 meses siguientes al alta es un predictor de buena recuperaci&oacute;n de la habilidad para caminar al cabo de esos 12 meses y de una mayor independencia en las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria en este mismo periodo de tiempo, al igual que en las actividades instrumentales (8).</p>      <p>CONCLUSIONES FINALES</p>     <p>La mayor&iacute;a de los ancianos que sufren una fractura de cadera tienen previamente una situaci&oacute;n funcional bastante buena en lo referente a su capacidad para caminar. En el resto de las actividades de la vida diaria, la proporci&oacute;n de mayor o menor independencia reflejada en los estudios publicados viene m&aacute;s marcada por las caracter&iacute;sticas de la muestra estudiada. Como regla general, a m&aacute;s edad se encuentra mayor frecuencia de discapacidad; as&iacute;, en las personas mayores de 75 a&ntilde;os la dependencia para actividades b&aacute;sicas es dos veces m&aacute;s com&uacute;n que entre las personas de 45-64 a&ntilde;os (126), aumentando igualmente con la edad la dependencia para actividades instrumentales (127).</p>     <p>Una proporci&oacute;n importante de pacientes ancianos tras sufrir la fractura, no recuperan la capacidad para caminar, y los que si recuperan la deambulaci&oacute;n suelen precisar un mayor uso de ayudas instrumentales. Otras actividades de la vida diaria se recuperan en menor medida. Si se tiene en consideraci&oacute;n el nivel prefractura la proporci&oacute;n de pacientes que recuperan la situaci&oacute;n previa disminuye. Durante los seis primeros meses se produce la mayor recuperaci&oacute;n, si bien es posible continuar mejorando hasta los doce meses tras la fractura. Por &uacute;ltimo, la variabilidad de los resultados entre diferentes estudios es grande.</p>     <p>La edad puede ser un factor que influya en la recuperaci&oacute;n de los pacientes ancianos, pero hay muchos otros factores que influyen en esta recuperaci&oacute;n. Se encuentran en la literatura hasta 11 factores cl&iacute;nicos predictivos de recuperaci&oacute;n, 6 factores funcionales, 8 mentales, 4 sociales y 6 derivados de la propia asistencia sanitaria recibida por los pacientes. De todos estos factores, como muestra la <a href="#t2">Tabla II</a>, hay algunos que han sido encontrados predictivos de recuperaci&oacute;n tanto a corto como a largo plazo. Sobre la mayor&iacute;a de ellos s&oacute;lo se podr&iacute;a actuar antes de producirse la fractura de cadera, de forma preventiva mediante pol&iacute;ticas sanitarias de detecci&oacute;n de patolog&iacute;as y tratamiento de incapacidades funcionales en la poblaci&oacute;n anciana. Sobre otros, la actuaci&oacute;n durante la fase aguda de hospitalizaci&oacute;n va a ser fundamental. El tratamiento quir&uacute;rgico adecuado para evitar dolor en la cadera y poder cargar lo m&aacute;s precoz posible, el seguimiento cl&iacute;nico precoz y estrecho de estos pacientes para evitar complicaciones postquir&uacute;rgicas y el tratamiento adecuado de ellas, el manejo integral del paciente anciano para lograr la mayor independencia al alta de la fase aguda en las actividades b&aacute;sicas de la vida diaria, as&iacute; como la prevenci&oacute;n, detecci&oacute;n y tratamiento de enfermedades como el s&iacute;ndrome confusional agudo o la depresi&oacute;n, la realizaci&oacute;n precoz de fisioterapia y el seguimiento durante esta fase aguda por especialistas en geriatr&iacute;a, son, todos ellos, factores sobre los que se puede actuar para mejorar el pron&oacute;stico funcional de los pacientes y, como consecuencia, disminuir la incapacidad generada.</p>     <p align="center"><a name="t2"><img src="/img/revistas/ami/v21n2/10_TABLA2.gif" width="365" height="975"></a>    <br> <img src="/img/revistas/ami/v21n2/10_TABLA2CON.gif" width="360" height="290"></p>    <br>      <p>Las personas ancianas que sufren una fractura de cadera forman un grupo muy heterog&eacute;neo, por lo que es necesario identificar en cada paciente individual aquellos factores que pueden influir en su recuperaci&oacute;n funcional a corto y medio plazo. Se precisa una valoraci&oacute;n (detecci&oacute;n, diagn&oacute;stico y tratamiento de patolog&iacute;as) integral de los pacientes ancianos, no s&oacute;lo limitada a la esfera cl&iacute;nica, para conseguir los mejores resultados (128). Para un futuro pr&oacute;ximo, convendr&iacute;a desarrollar mejor el entendimiento de los factores que afectan a la historia natural de la recuperaci&oacute;n tras la fractura de cadera (1,69,90), lo cual, adem&aacute;s de mejorar el resultado funcional, permitir&iacute;a la comparaci&oacute;n entre los diferentes grupos de estudio y m&eacute;todos de trabajo. A la luz de las evidencias ya disponibles seria muy beneficioso la elaboraci&oacute;n de gu&iacute;as y protocolos de cuidados m&eacute;dico-quir&uacute;rgicos para los pacientes que ingresan en el hospital con este problema.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>AGRADECIMIENTOS</p>     <p>A las bibliotecarias del Hospital Universitario La Paz, Carmen Guerra Linares y Ana M&ordf; de Santiago Puchol por su amable colaboraci&oacute;n en la b&uacute;squeda de la bibliograf&iacute;a presentada en este trabajo.</p>      <p>&nbsp;</p>     <p><i><font size="4">Bibliograf&iacute;a</font></i></p>     <!-- ref --><p>1. Serra JA, Garrido G, Vid&aacute;n M, Mara&ntilde;&oacute;n E, Bra&ntilde;as F, Ortiz J. Epidemiolog&iacute;a de la fractura de cadera en ancianos en Espa&ntilde;a. An Med Interna (Madrid) 2002; 19: 389-395.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548381&pid=S0212-7199200400020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Cabas&eacute;s JM, Carmona G, Hern&aacute;ndez R. Incidencia, riesgo y evoluci&oacute;n de las fracturas osteopor&oacute;ticas de cuello en las mujeres en Espa&ntilde;a, a partir de un modelo de Markov. Med Clin (Barc) 2000; 114 (Supl. 2): 63-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548383&pid=S0212-7199200400020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Graafmans WC, Ooms ME, Bezemer PD, Bouter LM, Lips P. Different risk profiles for hip fractures and distal forearm fractures: a prospective study. Osteoporosis Int 1996; 6: 427-431.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548385&pid=S0212-7199200400020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Kannus P, Niemi S, Parkkari J, Palvanen M, Vuori I, J&auml;rvinen M. Hip fractures in Finland between 1970 and 1997 and predictions for the future. Lancet 1999; 353: 802-805.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548387&pid=S0212-7199200400020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Norton R, Butler M, Robinson E, Lee-Joe T, Campbell AJ. Declines in physical functioning attributable to hip fracture among older people: a follow-up study of case-control participants. Disabil Rehabil 2000; 22: 345-351.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548389&pid=S0212-7199200400020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Wolinsky FD, Fitzgerald JD, Stump TE. The effect of hip fracture on mortality, hospitalization, and functional status: a prospective study. Am J Pblic health 1997; 87: 398-403.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548391&pid=S0212-7199200400020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Zuckerman JD, Koval KJ, Aharonoff GB, Skovron ML. A functional recovery score for elderly hip fracture patients: II. Validity and reliability. J Orthop Trauma 2000; 14: 26-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548393&pid=S0212-7199200400020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Magaziner J, Simonsick EM, Kashner TM, Hebel JR, Kenzora JE. Predictors of functional recovery one year following hospital discharge for hip fracture: a prospective study. J Gerontol Medical Sci 1990; 45: M101-M107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548395&pid=S0212-7199200400020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. Svensson O, Str&ouml;mberg L, &Ouml;hl&eacute;n G, Lindgren U. Prediction of the outcome after hip fracture in elderly patients. J Bone Joint Surg (Br) 1996; 78B: 115-118.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548397&pid=S0212-7199200400020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Fox KM, Hawkes WC, Hebel JR, Felsenthal G, Clark M, Zimmerman SI, et al. Mobility after hip fracture predicts health outcomes. J Am Geriatr Soc 1998; 46: 169-173.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548399&pid=S0212-7199200400020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Jalovaara P, Virkkunen H. Quality of life after primary hemiarthroplasty for femoral neck fracture. 6-year follow-up of 185 patients. Acta Orthop Scand 1991; 62: 208-217.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548401&pid=S0212-7199200400020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Kirke PN, Sutton M, Burke H, Daly L. Outcome of hip fracture in older Irish Women: a 2-year follow-up of subjects in a case-control study. Injury 2002; 33: 387-391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548403&pid=S0212-7199200400020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Cleveland M, Bosworth DM, Thompson FR, Wilson HJ, Ishizuka T. A ten year analysis of intertrochanteric fractures of the femur. J Bone Joint Surg (Am) 1959; 41: 1399-1408.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548405&pid=S0212-7199200400020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Schroder HM, Erlandsen M. Age and sex as determinants of mortality after hip fracture: 3,895 patients followed for 2.5-18.5 years. J Orthop Trauma 1993; 7: 525-531.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548407&pid=S0212-7199200400020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. March LM, Cameron ID, Cumming RG, Chamberlain AC, Schwarz JM, Brnabic AJ, et al. Mortality and morbidity after hip fracture: can evidence based clinical pathways make a difference? J Rheumatol 2000; 27: 2227-2231.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548409&pid=S0212-7199200400020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Harrington MG, Brennan M, Hodkinson HM. The first year of a geriatric-orthopaedic liaison service: an alternative to &quot;orthogeriatrics&quot; units? Age Ageing 1988; 17: 129-133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548411&pid=S0212-7199200400020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Zuckerman JD Sakales SR, Fabian DR, Frankel VH. Hip fractures in geriatric patients. Results of an interdisciplinary hospital care program. Clin Orthop 1992; 274: 213-225.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548413&pid=S0212-7199200400020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Whitaker JJ, Currie CT. Non-orthopaedic problems in the elderly on an acute orthopaedic unit: The case for geriatrician input. Health Bulletin 1989; 47: 72-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548415&pid=S0212-7199200400020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. Mullen JO, Mullen NL. Hip fracture mortality. A prospective, multifactorial study to predict and minimize death risk. Clin Orthop 1992; 280: 214-222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548417&pid=S0212-7199200400020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Ogilvie-Harris DJ, Botsford DJ, Worden Hawker R. Elderly patients with fractures: improved outcome with the use of care maps with high-quality medical and nursing protocols. J Orthop Trauma 1993; 7: 428-437.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548419&pid=S0212-7199200400020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Gilchrist WJ, Newman RJ, Hamblen DL, Williams BO. Prospective randomised study of an orthopaedic geriatric inpatient service. Br Med J 1988; 297: 1116-1118.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548421&pid=S0212-7199200400020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>22. Elliot JR, Wilkinson TJ, Hanger HC, Gilchrist NL, Sainbury R, Shami S y cols. The added effectiveness of early geriatrician involvement on acute orthopaedic wards to orthogeriatric rehabilitation. N Z Med J 1996; 109: 72-73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548423&pid=S0212-7199200400020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Antonelli Incalzi R, Gemma A, Capparella O, Bernabei R, Sanguinetti C, Carbonin PU. Continuous geriatric care in orthopaedic wards: a valuable alternative to orthogeriatric units. Aging Clin Exp Res 1993; 5: 207-216.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548425&pid=S0212-7199200400020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Vid&aacute;n M, Moreno C, Serra JA, Mart&iacute;n J, Riquelme G, Ortiz J. Eficacia de la valoraci&oacute;n geri&aacute;trica durante el ingreso hospitalario para cirug&iacute;a de fractura de cadera en el anciano. Rev Esp Geriatr Gerontol 1998; 33 Suppl 1: 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548427&pid=S0212-7199200400020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Reig Puig L, Fern&aacute;ndez L&oacute;pez M, Castellsagues Pique J. Evaluaci&oacute;n de un protocolo de tratamiento preoperatorio en ancianos intervenidos por fractura. Rev Esp Geriatr Gerontol 1996; 31: 199-204.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548429&pid=S0212-7199200400020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. S&aacute;nchez Ferr&iacute;n P, Ma&ntilde;as Maga&ntilde;a M, Asunci&oacute;n M&aacute;rquez J, Dejoz Preciado MT, Quintana Riera S, Gonz&aacute;lez Ortega F. Valoraci&oacute;n geri&aacute;trica en ancianos con fractura proximal de f&eacute;mur. Rev Esp Geriatr Gerontol 1999; 34: 65-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548431&pid=S0212-7199200400020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>27. Abizanda Soler P, Oliver carbonell JL, Luengo M&aacute;rquez C, Romero Rizos L. Resultados y beneficios de la creaci&oacute;n de un equipo de valoraci&oacute;n y cuidados geri&aacute;tricos en el Hospital General de Albacete: an&aacute;lisis del primer a&ntilde;o de funcionamiento. Rev Esp Geriatr Gerontol 1998; 33: 195-201.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548433&pid=S0212-7199200400020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Cruz Jentoft AJ, Serra Rexach JA, L&aacute;zaro del Nogal M, Gil Gregorio P, Ribera Casado JM. La eficacia de la interconsulta geri&aacute;trica en pacientes ancianos ingresados en traumatolog&iacute;a. An Med Intern (Madrid) 1994; 11: 273-277.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548435&pid=S0212-7199200400020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>29. Gonz&aacute;lez Guerrero JL, Garc&iacute;a Mayol&iacute;n N, Lozano Pino G, Alonso Fern&aacute;ndez T, Pi&ntilde;as Trejo B. ¿Es rentable un geriatra en un servicio de Traumatolog&iacute;a? Rev Esp Geriatr Gerontol 1999; 34: 266-271.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548437&pid=S0212-7199200400020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Gonz&aacute;lez-Montalvo JI, Alarc&oacute;n T, S&aacute;ez P, B&aacute;rcena A, Gotor P, Del R&iacute;o M. La intervenci&oacute;n geri&aacute;trica puede mejorar el curso cl&iacute;nico de los ancianos fr&aacute;giles con fractura de cadera. Med Clin (Barc) 2001; 116: 1-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548439&pid=S0212-7199200400020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31. Miller ChW. Survival and following hip fracture. J Bone Joint Surg (Am) 1978; 60-A: 930-934.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548441&pid=S0212-7199200400020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. Craik RL. Disability following hip fracture. Phys Ther 1994; 74: 387-398.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548443&pid=S0212-7199200400020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33. Magaziner J, Hawkes W, Hebel JR, Zimmerman ShI, Fox KM, Dolan M, et al. Recovery from hip fracture in eight areas of function. J Gerontol Soc Sci 2000; 55A: M498-M507.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548445&pid=S0212-7199200400020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>34. Larsson S, Friberg S, Hansson LI. Trochanteric fractures. Mobility, complications and mortality in 607 cases treated with the sliding-screw technique. Clin Orthop 1990; 260: 232-241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548447&pid=S0212-7199200400020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. Egol KA, Koval KJ, Zuckerman JD. Functional recovery following hip fracture in the elderly. J Orthop Trauma 1997; 11: 594-599.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548449&pid=S0212-7199200400020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36. Siu AL, Beers MH, Morgenstern H. The geriatric &quot;medical and public health&quot; imperative revisited. J Am Geriatr Soc 1993; 41: 78-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548451&pid=S0212-7199200400020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Knobel H, D&iacute;ez A, Arnau D, Alier A, Campodarve I, Superv&iacute;a A, et al. Secuelas de la fractura osteopor&oacute;tica de f&eacute;mur en Barcelona. Med Clin (Barc) 1992; 98: 441-444.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548453&pid=S0212-7199200400020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>38. Serra JA, Vid&aacute;n M, Garc&iacute;a D, Mara&ntilde;on E, &Aacute;lvarez L, Moreno A, Garcia-Delgado I, Ortiz J. Modelo de tratamiento secuencial ortop&eacute;dico-geri&aacute;trico y rehabilitador en ancianos con fractura de cadera. Rev Esp Geriatr Gerontol 2000; 35 Suppl 1: 42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548455&pid=S0212-7199200400020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>39. Van-Dortmont LM, Oner FC, Wereldsma JC, Mulder PG. Effect of mental state on mortality after hemiarthroplasty for fracture of the femoral neck. Eur J Surg 1994; 160: 203-208.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548457&pid=S0212-7199200400020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>40. Cummings StR, Phillips SL, Wheat ME, Black D, Goosby E, Wlodarczyk D, et al. Recovery of function after hip fracture. The role of social supports. J Am Geriatr Soc 1988; 36: 801-806.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548459&pid=S0212-7199200400020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>41. Koval KJ, Skovron ML, Aharonoff GB, Meadows SE, Zuckerman JD. Ambulatory ability after hip fracture. Clin Orthop 1995; 310: 150-159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548461&pid=S0212-7199200400020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. Carrasco VH, Jim&eacute;nez JM, Garc&iacute;a R, Fern&aacute;ndez N, Petidier R, Guill&eacute;n F. Estudio epidemiol&oacute;gico de fractura de cadera en ancianos de un &aacute;rea de salud de Madrid: resultados a tres meses de seguimiento. Rev Esp Geriatr Gerontol 2001; 36 (Suppl2): 30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548463&pid=S0212-7199200400020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>43. Dolk T. Influence of treatment factors on the outcome after hip fractures. Upsala J Med Sci 1989; 94: 209-221.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548465&pid=S0212-7199200400020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>44. Mossey JM, Mutran E, Knott K, Craik R. Determinants of recovery 12 months after hip fracture: the importance of psychosocial farctors. Am J Public Health 1989; 79: 279-286.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548467&pid=S0212-7199200400020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. Marottoli R, Berkman LF, Cooney LM. Decline in physical function following hip fracture. J Am Geriatr Soc 1992; 40: 861-866.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548469&pid=S0212-7199200400020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>46. Thorngren K-G. Optimal treatment of hip fractures. Acta Orthop Scand 1991; 63 Suppl 241: 31-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548471&pid=S0212-7199200400020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47. Tinetti ME, Baker DI, Gottschalk M, Williams ChS, Pollack D, Garrett P, et al. Home-based multicomponent rehabilitation program for older persons after hip fracture: a randomized trial. Arch Phys Med Rehabil 1999; 80: 916-922.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548473&pid=S0212-7199200400020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>48. Guccione AA, Fagerson TL, Anderson JJ. Regaining functional independence in the acute care setting following hip fracture. Physical Ther 1996; 76: 818-826.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548475&pid=S0212-7199200400020001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>49. Calder SJ, Anderson GH, Harper WM, Jagger C, Gregg PJ. A subjective health indicator for follow-up. A randomised trial after treatment of displaced intracapsular hip fractures. J Bone Joint Surg (Br) 1995; 77-B: 494-496.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548477&pid=S0212-7199200400020001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50. Stark A, Brostrom A, Barrios C, Walheim G, Olsson E. A prospective randomized study of the use of sliding hip screws and ender nails for trochanteric fractures of the femur. Int Orthop 1002; 16: 359-362.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548479&pid=S0212-7199200400020001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>51. Van Breukelen AM, Brielsman JC, Knippenberg B, Slaets JP. Assessment of mobility and dependence following hip fracture surgery. J Am Geriatr Soc 1997; 45: 119-120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548481&pid=S0212-7199200400020001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52. Tolo ET, Bostrom MP, Simic PM, Lyden JP, Cornell CM, Thorngren KG. The short term outcome of elderly patients with hip fractures. Int Orthop 1999; 23: 279-282.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548483&pid=S0212-7199200400020001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>53. Kitamura Sh, Hasegawa Y, Suzuki S, Sasaki R, Iwata H, Wingstrand H, et al. Functional outcome after hip fracture in Japan. Clin Orthop 1998; 348: 29-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548485&pid=S0212-7199200400020001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>54. Borgquist L, Nordell E, Lindel&ouml;w G, Wingstrand H, Thorngren KG. Outcome after hip fracture in different health care districts. Rehabilitation of 837 consecutive patients in primare care 1986-88. Scand J Prim Health Care 1991; 9: 244-251.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548487&pid=S0212-7199200400020001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>55. Koval KJ, Aharonoff GB, Rosenberg AD, Berstein RL, Zuckerman JD. Functional outcome after hip fracture. Effect of general versus regional anesthesia. Clin Orthop 1998; 348: 37-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548489&pid=S0212-7199200400020001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>56. Michel JP, Hoffmeyer P, Klopfenstein Cl, Bruchez M, Grab B, D'Epinay ChL. Prognosis of functional recovery 1 year after hip fracture: typical patient profiles through cluster analysis. J Gerontol Medical Sci 2000; 55A: M506-M515.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548491&pid=S0212-7199200400020001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57. Espaulella J, Guyer H, Diaz-Escriu F, Mellado-Navas JA, Castells M, Pladevall M. Nutritional supplementation of elderly hip fracture patients. A randomized, duble-blind, placebo-controlled trial. Age Ageing 2000; 29: 425-431.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548493&pid=S0212-7199200400020001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>58. Plamer RM, Saywell RM, Zollinger TW, Erner BK, LaBov AD, Freund DA, et al. The impact of the prospective payment system on the treatment of hip fractures in the elderly. Arch Intern Med 1989; 149: 2237-2241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548495&pid=S0212-7199200400020001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>59. Katz S, Heiple KG, Downs ThD, Ford AB, Scott CP. Long term course of 147 patients with fracture of the hip. Surgery Gynecol Obstet 1967; 124: 1219-1230.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548497&pid=S0212-7199200400020001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>60. Campion EW, Jette AM, Cleary PD, Harris BN. Hip fracture: a prospective study of hospital course, complications, and costs. J Gen Intern Med 1987; 2: 78-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548499&pid=S0212-7199200400020001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>61. Michelson JD, Myers A, Jinnah R, Cox Q, Natta MV. Epidemiology of hip fractures among the elderly. Clin Orthop 1995; 311: 129-135.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548501&pid=S0212-7199200400020001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>62. Leung KS, Shen WY, Hui PW. Gamma nails and dynamic hip screws for peritrochanteric fractures. A randomised prospective study in elderly patiens. J Bone Joint Surg (Br) 1992; 74B: 345-351.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548503&pid=S0212-7199200400020001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>63. Barrios C, Walheim G, Brostr&ouml;m LK, Olsson E, Stark A. Walking ability after internal fixation of trochanteric hip fractures with ender nails or sliding screw plate. A comparative study of gait. Clin Orthop 1993; 294: 187-192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548505&pid=S0212-7199200400020001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>64. Espino DV, Palmer RF, Miles TP, Mouton ChP, Wood RC, Bayne NS, et al. Prevalence, incidence, and risk factors associated with hip fractures in community-dwelling older mexican americans results of the hispanic EPESE study. J Am Geriatr Soc 2000; 48: 1252-1260.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548507&pid=S0212-7199200400020001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>65. Koval KJ, Aharonoff GB, Su ET, Zuckerman JD. Effect of acute inpatient rehabilitation on outcome after fracture of the femoral neck or intertrochanteric fracture. J Bone Joint Surg (Am); 80A: 357-364.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548509&pid=S0212-7199200400020001000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>66. Koval KJ, Aharonoff GB, Rokito AS, Lyon T, Zuckerman JD. Patients with femoral neck and intertrochanteric fractures. Are they the sane? Clin Orthop 1996; 330: 166-172.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548511&pid=S0212-7199200400020001000066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>67. Young Y, Brant L, German P, Kenzora J, Magaziner J. A longitudinal examination of functional revovery among older people with subcapital hip fractures. J Am Geriatr Soc 1997; 45: 288-294.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548513&pid=S0212-7199200400020001000067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>68. Pitto RP. The mortality and social prognosis of hip fratures. A prospective multifactorial study. Int Orthop 1994; 18: 109-113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548515&pid=S0212-7199200400020001000068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>69. Jette AM, Harris BA, Cleary PD, Campion EW. Functional recovery after fracture. Arch Phys Med Rehabil 1987; 68: 735-740.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548517&pid=S0212-7199200400020001000069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>70. Myers A, Palmer MH, Engel BT, Warrenfeltz DJ, Parker JA. Mobility in older patients with hip fractures: Examining prefracture status, complications, and outcomes at discharge from the acute-care hospital. J Orthop Trauma 1996; 10: 99-107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548519&pid=S0212-7199200400020001000070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>71. Youm T, Aharonoff G, Zuckerman JD, Koval KJ. Effect of previous cerebrovascular accident on outcome after hip fracture. J Orthop Trauma 2000; 14: 329-334.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548521&pid=S0212-7199200400020001000071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>72. Marcantonio ER, Flacker JM, Michaels M, Resnick NM. Delirium is independently associated with por functional recovery after hip fracture. J Am Geriatr Soc 2000; 48: 618-624.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548523&pid=S0212-7199200400020001000072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>73. Koval KJ, Skovron ML, Polatsch D, Aharonoff GB, Zuckerman JD. Dependency after hip fracture in geriatric patients: a study of predictive factors. J Orthop Trauma 1996; 10: 531-535.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548525&pid=S0212-7199200400020001000073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>74. Koval KJ, Maurer SG, Su ET, Aharonoff GB, Zuckerman JD. The effects of nutritional status on aoutcome after hip fracture. J Orthop Trauma 1999; 13: 164-169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548527&pid=S0212-7199200400020001000074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>75. Johson MF, Kramer AM, Lin MK, Kowalsky JC, Steiner JF. Outcomes of older persons receiving rehabilitation for medical and surgical conditions compared with hip fracture and stroke. J Am Geriatr Soc 2000; 48: 1389-1397.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548529&pid=S0212-7199200400020001000075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>76. Wathne RA, Koval KJ, Aharonoff GB, Zuckerman JD, Jones DA. Modular unipolar versus bipolar prosthesis: a prospective evaluation of functional outcome after femoral neck fracture. J Orthop Trauma 1995; 4: 298-302.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548531&pid=S0212-7199200400020001000076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>77. Thomas M, Eastwood H. Re-evaluation of two simple prognostic scores of outcome after proximal femoral fractures. Injury 1996; 27: 111-115.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548533&pid=S0212-7199200400020001000077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>78. Barnes B, Dunovan K. Functional outcomes after hip fracture. Phys Ther 1987; 67: 1675-1679.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548535&pid=S0212-7199200400020001000078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>79. Kiel DP, Eichorn A, Intrator O, Silliman RA, Mor V. The outcomes of patients newly admitted to nursing homes after hip fracture. Am J Public Health 1994; 84: 1281-1286.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548537&pid=S0212-7199200400020001000079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>80. Sosa M, Segarra MC, Limi&ntilde;ana JM, Hern&aacute;ndez D, Gonz&aacute;lez A, Betancor P. Morbilidad y mortalidad de la fractura osteopor&oacute;tica de la extremidad proximal del f&eacute;mur tras un a&ntilde;o de seguimiento. Med Clin (Barc) 1993; 101: 481-483.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548539&pid=S0212-7199200400020001000080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>81. Poor G, Atkinson EJ, Lewallen DG, O'Fallon WM, Melton LJ. Age-related hip fractures in men: clinical spectrum and short-term outcomes. Osteoporosis Int 1995; 5: 419-426.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548541&pid=S0212-7199200400020001000081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>82. Bannister GC, Gibson AG, Ackroyd CE, Newman JH. The fixation and prognosis of trochanteric fractures. A randomized prospective controlled trial. Clin Orthop 1990; 254: 242-246.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548543&pid=S0212-7199200400020001000082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>83. Lund B, Hogh J, Lucht U. Trochanteric and subtrochanteric fractures. One year follow-up of a prospective study of Ender and McLaughlin osteosynthesis. Acta Orthop Scand 1982; 1981; 52: 649-655.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548545&pid=S0212-7199200400020001000083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>84. Kyo T, Takaoka K, Ono K. Femoral neck fracture. Factors related to ambulation and prognosis. Clin Orthop 1993; 292: 215-222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548547&pid=S0212-7199200400020001000084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>85. Cameron ID, Lyle DM, Quine S. Cost affectiveness of accelerated rehabilitation after proximal femoral fracture. J Clin Epidemiol 1994; 47: 1307-1313.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548549&pid=S0212-7199200400020001000085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>86. Lu-Yao GL, Keller RB, Littenberg B, Wennbeg JE. Outcomes after displaced fractures of the femoral neck. A meta-analysis of one hundred and six published reports. J Bone Joint Surg (Am) 1994; 76: 15-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548551&pid=S0212-7199200400020001000086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>87. Clayer MT, Bauze RJ. Morbidity and mortality following fractures of the femoral neck and trochanteric region: analysis of risk factors. J Trauma 1989; 29: 1673-1678.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548553&pid=S0212-7199200400020001000087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>88. Karumo I. Recovery and rehabilitation of elderly subjects with femoral neck fractures. Ann Chir Gynaecol 1977; 66: 170-176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548555&pid=S0212-7199200400020001000088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>89. Koot VC, Peeters PH, Jong JR, Clevers GJ, Van der Werken CH. Functional results after treatment of hip fracture: a multicentre, prospective study in 215 patients. Eur J Surg 2000; 166: 480-485.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548557&pid=S0212-7199200400020001000089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>90. Eastwood EA, Magaziner J, Wang J, Silberzweig SB, Hannan EL, Strauss E, et al. Patients with hip fracture: subgroups and their outcomes. J Am Geriatr Soc 2002; 50: 1240-1249.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548559&pid=S0212-7199200400020001000090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>91. Meadows SE, Zuckerman JD, Sakales SR, Frankel VH. Ambulatory ability after hip fracture: a prospective in geriatric patients. Orthop Trans 1991; 15: 700.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548561&pid=S0212-7199200400020001000091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>92. Gruson KI, Aharonoff GB, Egol KA, Zuckerman JD, Koval KJ. The relationship between admission hemoglobin level and outcome after hip fracture. J Orthop Trauma 2002; 16: 39-44.8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548563&pid=S0212-7199200400020001000092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>93. Brostr&ouml;m LA, Barrios C, Kronberg M, Stark A, Walheim G. Clinical features and walking ability in the early postoperative period after treatment of trochanteric hip fractures. Results with special reference to fracture type and surgical treatment. Ann Chir Gynaecol 1992; 81: 61-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548564&pid=S0212-7199200400020001000093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>94. CreeM, carriere KC, Soskolne CL, Suarez-Almazor M. Functional dependence after hip fracture. Am J Phys Med rehabil 2001; 80: 736-743.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548566&pid=S0212-7199200400020001000094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>95. Borgquist L, Nilsson LT, Lindel&ouml;w G, Wiklund I, Thorngren KG. Perceived health in hip-fracture patients: a prospective follow-up of 100 patients. Age Ageing 1992; 21: 109-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548568&pid=S0212-7199200400020001000095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>96. J&oacute;nsson B, Johnell O, Redlund-Johnell I, sembo I. Function 10 years after internal fixation. Acta Orthop Scand 1993; 64: 645-646.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548570&pid=S0212-7199200400020001000096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>97. Zuckerman JD, Koval KJ, Aharonoff GB, Hiebert R, Skovron ML. A functional recovery score for elderly hip fracture patients: I. Development. J Orthop Trauma 2000; 14: 20-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548572&pid=S0212-7199200400020001000097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>98. Walheim G, Barrios C, Stark A, Brostr&ouml;m LA, Olsson E. Postoperative improvement of walking capacity in patients with trochanteric hip fracture: a prospective analysis 3 and 6 months after surgery. J Orthop Trauma 1990; 4: 137-143.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548574&pid=S0212-7199200400020001000098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>99. Carrasco VH, Jim&eacute;nez JM, Garc&iacute;a R, fern&aacute;ndez N, Petidier R, Guill&eacute;n F. Estudio epidemiol&oacute;gico de fracturas anuales de cadera en ancianos de un &aacute;rea de salud de Madrid. Datos al a&ntilde;o de seguimiento. Rev Esp Geriatr Gerontol 2002; 37 Suppl 1: 48-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548576&pid=S0212-7199200400020001000099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>100. Ceder L, Thorngren KG, Walld&eacute;n B. Prognostic indicators and early home rehabilitation in elderly patients with hip fractures. Clin Orthop 1980; 152: 173-184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548578&pid=S0212-7199200400020001000100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>101. Borgquist L, Ceder L, Thorngren KG. Function and social status 10 years after hip fracture. Prospective follow-up of 103 patients. Acta Orthop Scand 1990; 61: 404-410.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548580&pid=S0212-7199200400020001000101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>102. Cheng CL, Lau S, Hui PW, Chow SP, Pun WK, Ng J, Leong JCY. Prognostic factors and progress for ambulation in elderly patients after hip fracture. Arch Phys Med Rehabil 1989; 68: 230-233.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548582&pid=S0212-7199200400020001000102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>103. Hannan EL, Magaziner J, Eastwood EA, Silberzweig StB, Morrison RS, McLaughlin MA, et al. Mortality and locomotion 6 months after hospitalization for hip fracture. Risk factors and risk-adjusted hospital outcomes. JAMA 2001; 285: 2736-2742.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548584&pid=S0212-7199200400020001000103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>104. Mossey JM, Knott K, Craik R. The effects of persistent depressive symptoms on hip fracture recovery. J Gerontol Medical Sci 1990; 45: M163-M168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548586&pid=S0212-7199200400020001000104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>105. Koval KJ, Skovron ML, Aharonoff GB, Zuckerman JD. Predictors of functional recovery after fracture in the elderly. Clin Orthop 1998; 348: 22-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548588&pid=S0212-7199200400020001000105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>106. Pag&eacute;s E, Cuxart A, Iborra J, Olana M, Bermejo B. Fracrturas de cadera en el anciano determinantes de mortalidad y capacidad de la marcha. Med Clin (Barc) 1998; 110: 687-691.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548590&pid=S0212-7199200400020001000106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>107. Eisler J, Cornwall R, Strauss E, Koval K, Siu A, Gilbert M. Outcomes of elderly patients with nondisplaced femoral neck fractures. Clin Orthop 2002; 399: 52-58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548592&pid=S0212-7199200400020001000107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>108. Alarc&oacute;n T, Gonzalez-Montalvo JI. Fragilidad y envejecimiento. En: Riob&oacute; P, Rapado A, eds. Papel de la nutrici&oacute;n en el hueso durante la vejez. Madrid: Fondo Editorial FHOEMO; 1998, p. 39-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548594&pid=S0212-7199200400020001000108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>109. Larson EB. Health promotion and disease prevention in the older adult. Geriatrics 1988; 43: 31-39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548596&pid=S0212-7199200400020001000109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>110. Visser M, Harris TB, Fox KM, Hawkes W, Hebel R, Yahiro JY, et al. Change in muscle mass and muscle strength after a hip fracture: relationship to mobility recovery. J Gerontol Medical Sci 2000; 55A: M434-M440.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548598&pid=S0212-7199200400020001000110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>111. Bernardini B, Meinecke C, Pagani M, Grillo A, Fabbrini S, Zaccarini C, et al. Comorbidity and adverse clinical events in the rehabilitation of older adults after hip fracture. J Am Geriatr Soc 1995; 43: 894-898.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548600&pid=S0212-7199200400020001000111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>112. Di Monaco M, Di Monaco R, Manca M, Cavanna A. Functional recovery and length of stay after recurrent hip fracture. Am J Phys Med Rehabil 2002; 81: 86-89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548602&pid=S0212-7199200400020001000112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>113. Espaulella J, Guyer J, Mallado J, D&iacute;az F, Castells M. Cambios en la situaci&oacute;n funcional seis meses post-fractura de f&eacute;mur. Predictores en la fase hospitalaria. Rev Esp Geriatr Gerontol 2000; 35: 40-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548604&pid=S0212-7199200400020001000113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>114. Svensson O, Str&ouml;mberg L, &Ouml;hl&eacute;n G, Lindgren U. Prediction of the outcomes after hip fracture in elderly patients. J Bone Joint Surg (Br) 1996; 78-B: 115-118.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548606&pid=S0212-7199200400020001000114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>115. Lamb SE, Morse RE, Grimley J. Mobility after proximal femoral fracture: the relevance of leg extensor power, postural sway and other factors. Age Ageing 1995; 24: 308-314.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548608&pid=S0212-7199200400020001000115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>116. Alarc&oacute;n T, Gonz&aacute;lez JI. Ca&iacute;das en los ancianos. En: Salgado A, Gonz&aacute;lez JI, Alarc&oacute;n T, eds. Fundamentos pr&aacute;cticos de la asistencia al anciano. Barcelona: Masson, S.A. 1996, p. 91-98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548610&pid=S0212-7199200400020001000116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>117. Salva A. Consecuencias psicol&oacute;gicas de las ca&iacute;das: el s&iacute;ndrome postca&iacute;da. En: L&aacute;zaro del Nogal M. Evaluaci&oacute;n del anciano con ca&iacute;das de repetici&oacute;n. Grupo de trabajo de ca&iacute;das de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Geriatr&iacute;a y Gerontolog&iacute;a. Madrid: Fundaci&oacute;n Mapfre Medicina; 1997, p. 63-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548612&pid=S0212-7199200400020001000117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>118. Beloosesky Y, Epelboym B, Weiss A, Grosman B, Hendel D. Functional gain of hip fracture patients in different cognitive and fnctional groups. Clin Rehabil 2002; 16: 321-328.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548614&pid=S0212-7199200400020001000118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>119. Fox HJ, Pooler J, Prothero D, Bannister GC. Factors affecting the outcome after proximal femoral fractures. Injury 1994; 25: 297-300.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548616&pid=S0212-7199200400020001000119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>120. Ostir GV, Goodwin JS, Markides KS, Ottenbacher KJ, Balfour J, Guralnik JM. Differential effects of premorbid physical and emotional health on recovery from acute events. J Am Geriatr Soc 2002; 50: 713-718.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548618&pid=S0212-7199200400020001000120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>121. Mutran EJ, Reitzes DC, Mossey J, Fernandez ME. Social support, depression, and recovery of walking ability following hip fracture surgery. J Gerontol Soc Sci 1995; 50B: S354-S361.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548620&pid=S0212-7199200400020001000121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>122. Cobey JC, Cobey JH, Conant L, Weil UH, Greenwald WF, Southwick WO. Indicators of recovery from fractures of the hip. Clin Orthop 1976; 117: 258-262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548622&pid=S0212-7199200400020001000122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>123. Borkan JM, Quirk M. Expectations and outcome after hip fracture among the elderly. Int J Aging Hum Dev 1992; 34: 339-350.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548624&pid=S0212-7199200400020001000123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>124. Levi SJ. Posthospital setting, resource utilization, and self-care outcome in older women with hip fracture. Arch Phys Med Rehabil 1997; 78: 973-979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548626&pid=S0212-7199200400020001000124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>125. Hoenig H, Rubenstein LV, Sloane R, Horner R, Kahn K. What is the role of timing in the surgical and rehabilitative care of community-dwelling older persons with acute hip fracture? Arch Intern Med 1997; 157: 513-520.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548628&pid=S0212-7199200400020001000125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>126. Katz S. Assessing self-maintenance: Activities of living, mobility, and instrumental activities of daily living. J Am Geriatr Soc 1983; 31: 721-727.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548630&pid=S0212-7199200400020001000126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>127. Spector WD, Katz S, Murphy JB, Fulton JP. The hierarchical relationship between activities of daily living and instrumental activities of daily living. J Chron Dis 1987; 40: 481-489.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548632&pid=S0212-7199200400020001000127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>128. Zuckerman JD, Fabian DR, Aharanoff G, Koval KJ, Frankel VH. Enhancing independence in the older hip fracture patient. Geriatrics 1993; 48: 76-78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=548634&pid=S0212-7199200400020001000128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body><back>
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<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
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