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<publisher-name><![CDATA[Arán Ediciones, S. L.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Enfermedad vascular cerebral: factores de riesgo y prevención secundaria]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital General Universitario Gregorio Marañón Servicio de Neurología ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <table border="0" width="100%"> <tr> <td width="15%" valign="top"></td> <td width="85%" valign="top"><font size=5><b>Enfermedad vascular cerebral: factores de riesgo y    <br> prevenci&oacute;n secundaria</b></font>     <p>&nbsp;</td> </tr> </table>     <p><i>Villanueva JA. Enfermedad vascular cerebral: factores de riesgo y prevenci&oacute;n secundaria. An Med Interna (Madrid) 2004; 21: 159-160.</i></p> <hr>     <p>La enfermedad vascular cerebral (EVC) es una de las primeras causas de ingreso hospitalario. Aunque sobreviene a cualquier edad, su incidencia se incrementa a partir de los 55 a&ntilde;os, edad en la que se concentra la enfermedad ateroscler&oacute;tica. Su elevada incidencia (entre 150-350 casos/100.000 habitantes/a&ntilde;o, con amplias variaciones) representa la primera causa de invalidez, un riesgo elevado de demencia adem&aacute;s de conllevar una elevada mortalidad. En efecto, alrededor de un 10% de las muertes en pa&iacute;ses industrializados tienen por causa la EVC, as&iacute; como el elevado n&uacute;mero de infartos silentes demostrados por resonancia magn&eacute;tica cr&aacute;neo-encef&aacute;lica, unas cifras que justifican el compromiso de poner en marcha todas las medidas disponibles dedicadas a su prevenci&oacute;n y tratamiento (1-3).</p>     <p>Debido a un manejo cl&iacute;nico m&aacute;s eficiente durante la fase aguda y al mejor control de los factores de riesgo, hemos asistido durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas a una importante reducci&oacute;n en la mortalidad de la EVC, posiblemente reducida en un 50%. Ciertas variaciones entre distintos estudios podr&iacute;an explicarse por diferencias en los criterios diagn&oacute;sticos aplicados (4). Los estudios epidemiol&oacute;gicos, aparte de mejorar el conocimiento de su historia natural, han demostrado que la identificaci&oacute;n de factores de riesgo evitables puede tener un impacto positivo en la prevenci&oacute;n. En otras palabras, la tragedia del ictus puede prevenirse. Las medidas de prevenci&oacute;n primaria incluyen una dieta sana, abandono de h&aacute;bitos t&oacute;xicos, como tabaco o consumo excesivo de alcohol, as&iacute; como evitando situaciones de estr&eacute;s. La detecci&oacute;n y tratamiento de la hipertensi&oacute;n arterial, dislipemias, cardiopat&iacute;as y estenosis de car&oacute;tida son puntos importantes en la prevenci&oacute;n.</p>     <p>La definici&oacute;n de ictus propuesta por la OMS (5) incluye aquellos signos cl&iacute;nicos de d&eacute;ficit focal o global con s&iacute;ntomas que persisten durante 24 o m&aacute;s horas o bien muerte sin otra causa aparente. Se excluyen de &eacute;sta definici&oacute;n los ataques isqu&eacute;micos transitorios (AIT), hematoma subdural, as&iacute; como hemorragias o infartos causados por infecci&oacute;n o tumor. Las variaciones de la incidencia observadas en estudios epidemiol&oacute;gicos de distintas regiones geogr&aacute;ficas se explican no solo por diferencias en los h&aacute;bitos de alimentaci&oacute;n sino probablemente por problemas metodol&oacute;gicos en la recogida de datos. En Espa&ntilde;a, datos recogidos en diferentes lugares del pa&iacute;s, como Alicante, Asturias, Gerona, Lugo, Murcia, Sabadell y Valencia muestran variaciones de la incidencia que oscilan entre 50 y 323 casos/100.000 habitantes/a&ntilde;o (6,7). B&aacute;sicamente coinciden con el estudio publicado en este mismo n&uacute;mero de la revista (8).</p>     <p>Es evidente que la incidencia de EVC se incrementa con la edad, especialmente a partir de los 65 a&ntilde;os. Se estima que entre pacientes mayores de 75 a&ntilde;os que superan un primer episodio de isquemia cerebral, el riesgo de sufrir un segundo ictus alcanza 50-75%. Estos datos indican la importancia de aplicar medidas estrictas de prevenci&oacute;n actuando sobre factores de riesgo que podemos modificar.</p>     <p>La hemorragia cerebral tiene una elevada mortalidad, especialmente durante las 72 horas siguientes a su inicio. La mortalidad por hemorragia subaracnoidea e intracerebral se estima entre un 26 y 29%, respectivamente. La edad media de &eacute;stos pacientes es menor que la edad media de los ictus en general (56,6 a&ntilde;os y 72,1 a&ntilde;os, respectivamente) (9). La muerte durante la fase aguda a menudo depende de complicaciones m&eacute;dicas. Entre &eacute;stas se encuentra la enfermedad cardiaca, trombosis venosa profunda, tromboembolismo pulmonar, as&iacute; como infecciones de las v&iacute;as respiratorias y tracto urinario. Los ictus dejan secuelas no solo motoras y cognitivas, sino otras que pueden empeorar la calidad de vida de aquellos que sobreviven a la fase aguda. Se incluyen entre estas la depresi&oacute;n (10), propensi&oacute;n a las ca&iacute;das derivada de los d&eacute;ficit motores (11), espasticidad asociada (12), as&iacute; como la perdida del control esfinteriano (13).</p>     <p>PREVENCIÓN SECUNDARIA</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La prevenci&oacute;n secundaria es aplicable tanto en aquellos pacientes que han sufrido un infarto cerebral como aquellos otros que experimentaron un AIT. En todos ellos el riesgo de una reca&iacute;da es mayor que en la poblaci&oacute;n general. Johnston y cols. (14) siguieron pacientes diagnosticados en un servicio de urgencias de AIT. En los tres meses siguientes el 10,5% hab&iacute;a sufrido un infarto cerebral, de ellos la mitad en las 48 horas siguientes al episodio.</p>     <p>Gorelick y cols. (15), tras revisar la literatura m&eacute;dica, concluyen que tras un episodio de ictus los h&aacute;bitos que m&aacute;s influyen en una posible reca&iacute;da son el tabaco, alcohol, la actividad f&iacute;sica y la dieta. A su vez, los seis factores de riesgo m&aacute;s significativos fueron hipertensi&oacute;n arterial, historia de infarto de miocardio, fibrilaci&oacute;n auricular no valvular, diabetes mellitas, dislipemia y estenosis de car&oacute;tida asintom&aacute;tica. Podr&iacute;amos resumir diciendo que el control de todas estas variables son las bases esenciales de la prevenci&oacute;n primaria del ictus y sus reca&iacute;das.</p>     <p>Destacar&iacute;amos la hipertensi&oacute;n arterial como uno de los objetivos primordiales en la prevenci&oacute;n de la enfermedad vascular cerebral. Su importancia ha sido demostrada por los estudios HOPE (16) y LIFE (17). En el ensayo Progress (18), se incluyeron 6.105 pacientes aleatorizados a un tratamiento activo con peridompril, un IECA, con o sin un diur&eacute;tico asociado, contra placebo. En el brazo bajo tratamiento activo la reducci&oacute;n del ictus fue del 28% comparado con placebo, pero tambi&eacute;n se redujeron la incidencia de infarto de miocardio y hemorragia cerebral. El beneficio alcanz&oacute; tanto a pacientes hipertensos como normotensos. El tratamiento con f&aacute;rmacos antihipertensivos reduce la incidencia de ictus tanto en el var&oacute;n (34%), como en la mujer (38%), as&iacute; como pacientes con edad superior a 80 a&ntilde;os (34%) y j&oacute;venes hipertensos o aquellos que han sufrido un episodio cerebrovascular sea un AIT o un ictus establecido (18).</p>     <p>Podr&iacute;amos as&iacute; concluir que la disminuci&oacute;n en la incidencia de accidentes cerebro-vasculares est&aacute; m&aacute;s relacionada con la reducci&oacute;n de la presi&oacute;n arterial que con el tipo de f&aacute;rmaco antihipertensivo utilizado. La medicaci&oacute;n antihipertensiva est&aacute; indicada en pacientes que han sufrido un ictus salvo en aquellos que cursen con hipotensi&oacute;n o que exista una contraindicaci&oacute;n formal para este tratamiento (19).</p>     <p>Se ha discutido si la utilizaci&oacute;n de estatinas est&aacute; justificada en la prevenci&oacute;n de la EVC. Su utilizaci&oacute;n no solo busca una reducci&oacute;n de las cifras de l&iacute;pidos plasm&aacute;ticos. Ejerce tambi&eacute;n efectos positivos estabilizando la placa ateroescler&oacute;tica, reduce los radicales libres as&iacute; como los marcadores de la inflamaci&oacute;n, adem&aacute;s de poseer un efecto antiplaquetario (20,21). Con todo, su indicaci&oacute;n en pacientes que han experimentado un infarto cerebral o un AIT no est&aacute; en estos momentos bien establecida, a diferencia de pacientes con enfermedad coronaria o vascular perif&eacute;rica. Es de esperar que un estudio, en estos momentos en marcha, el SPARCL (22), probablemente ayudara a esclarecer si los pacientes cerebrovasculares podr&iacute;an beneficiarse de las estatinas como medida de prevenci&oacute;n secundaria.</p>     <p>En suma, existe hoy suficiente evidencia a favor de un tratamiento agresivo en el control de los factores de riesgo, una actitud puede reducir significativamente nuevas reca&iacute;das tras un episodio de isquemia vascular (16-18). Es notable que, conoci&eacute;ndose sus beneficios, la conducta m&eacute;dica no sea ni uniforme ni suficientemente agresiva, un extremo que subrayan los autores del art&iacute;culo publicado en este n&uacute;mero (8). Por último, es evidente que la terapia antiagregante o medicaci&oacute;n anticoagulante representan medidas eficaces en la prevenci&oacute;n de reca&iacute;das de la enfermedad cerebrovascular en aquellos pacientes que est&eacute; indicado.</p>     <p align="right">J. A. VILLANUEVA    <br> <i>Servicio de Neurolog&iacute;a. Hospital General Universitario    <br> Gregorio Marañón. Madrid</i></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="4"><i>Bibliograf&iacute;a</i></font></p>     <p align="left">1. Khaw K. Epidemiology of stroke. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1996; 61: 333-8.</p>     <p align="left">2. Pr&iacute;ncipe M, Ferretti C, Casini AR, Santini M, Giubilei F, Culasso F. Stroke, disability, and dementia. Results of a polpulation survey. Stroke 1997; 28: 531-6.</p>     <p>3. Leary MC, Saver JF. Incidence of silent stroke in the United States. Poster presented at the 26th American Heart Association Stroke Meeting, February, 2001.</p>     <p>4. Sandercock P, Molyneaux A, Warlow C. Value of computerised tomography in patients with stroke: the Oxfordshire Community Stroke Project. BMJ 1985; 290: 193-7.</p>     <p>5. Tunstall Pedoe H, for the WHO Monica Project Principal Investigators The WorldHealth Organisation. Monica Project. J Clin Epidemiol 1988; 41: 105-14.</p>     <p>6. L&oacute;pez-Pousa S, Vilalta J, Llin&aacute;s J. Incidencia de la enfermedad vascular cerebral en Espa&ntilde;a: estudio en un &aacute;rea rural de Girona. Rev Neurol (Barc) 1995: 23: 1074-80.</p>     <p>7. Caicoya M, Rodr&iacute;guez T Lasheras C, et al. Stroke Incidence in Asturias, Spain 1990-1991. Rev Neurol 1996; 24: 806-811.</p>     <p>8. Sanclemente Ans&oacute; C, Alonso Vald&eacute;s F, Rovira Pujol E, Vigil Martin D, Vilar&oacute; Pujals J. Accidentes vasculares cerebrales en la comarca de Osona. Factores de riesgo cardiovascular. An Med Interna (Madrid) 2004; 21: 161-165.</p>     <p>9. Williams GR, Jiang JG, Matchar DB, Samsa GP. Incidence and occurrence of total (first-ever and recurrent) stroke. Stroke 1999; 30: 2523-2528.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>10. Whyte EM, Mulsant BH. Post stroke depression: epidemiology, pathophysiology, and biological treatment. Biol Psychiatry 2002; 52: 253-264</p>     <p>11. Teasell R, McRae M, Foley N, Bhardwaj A. The incidence and consequences of falls in stroke patients during inpatient rehabilitation: factors associated with high risk. Arch Phys Med Rehabil 2002; 83: 329-333</p>     <p>12. Watkins CL, Leathley MJ, Gregson JM, Moore AP, Smith TL, Sharma AK. Prevalence of spasticity post stroke. Clin Rehabil 2002; 16: 515-522.</p>     <p>13. Brittain K. Stroke and continence care. Nurs Times 2001; 97: 57.</p>     <p>14. Johnston SC, Gress DR, Browner WS, Sidney S. Short-term prognosis after emergency department diagnosis of TIA. JAMA 2000; 284: 2901-6.</p>     <p>15. Gorelick PB, Sacco RL, Smith DB, Alberts M, Mustone-Alexander L, Rader D, et al. Prevention of a first stroke. A review of guidelines and a multidisciplinary consensus statement from the National Stroke Association. JAMA 1999; 281: 1112-1120.</p>     <p>16. Yusuf S, Sleight P, Pogue J, Bosch J, Davies R, Dagenais G. Effects of an angiotensin- converting-enzyme inhibitor, ramipril, on cardiovascular events in high-risk patients: The Heart Outcomes Prevention Evaluation Study Investigators. N Engl J Med 2000; 342: 145-153.</p>     <p>17. Dahlof B, Devereux RB, Kjeldsen SE, Julius S, Beevers G, Faire U, et al. Cardiovascular morbidity and mortality in the Losartan Intervention for End point reduction in hypertension (LIFE): A randomized trial against atenolol. Lancet 2002; 359: 995-1003.</p>     <p>18. Progress Collaborative Group. Randomized trial of a perindopril-based blood-pressure-lowering regimen among 6105 individuals with previous stroke or transient ischemic attack. Lancet 2001; 358: 1033-1041.</p>     <p>19. Aronow WS, Frishman WH. Treatment of hypertension and prevention of ischemic stroke. Curr Cardiol Rep 2004; 6 (2): 124-9.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>20. Rosenson RS, Tangney CC. Antiatherothrombotic properties of statins. Implications for cardiovascular event reduction. JAMA 1998; 279: 1643-1650.</p>     <p>21. Vaughan CJ, Delanty N. Neuroprotective properties of statins in cerebral ischemia and stroke. Stroke 1999; 30: 1969-1973.</p>     <p>22. Callahan A. Cerebrovascular disease and statins: A potential addition to the therapeutic armamentarium for stroke prevention. Am J Cardiol 2001; 88: 33J-37J.</p>      ]]></body>
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