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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Ansiedad y depresión, reacciones emocionales frente a la enfermedad</font></b></p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Evolution of anxiety and depression detected during hospitalization in an Internal Medicine service</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="2">M. I. López Ibor</font></b></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Servicio de Psicología Clínica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En su Carta Fundacional, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud define la salud como aquel estado de bienestar f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social y no s&oacute;lo como la ausencia de enfermedad. En este contexto, la enfermedad debe entenderse como un proceso biol&oacute;gico que supone una alteraci&oacute;n estructural o funcional, un proceso psicol&oacute;gico conlleva sufrimiento y dolor y un proceso social porque supone una invalidez.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Toda enfermedad y el mismo hecho de enfermar tienen aspectos psicol&oacute;gicos y sociales que influyen en la aparici&oacute;n, manifestaci&oacute;n, curso y pron&oacute;stico, por lo que es muy importante tratar de establecer relaciones entre aspectos psicol&oacute;gicos, sociales y biol&oacute;gicos como desencadenantes de una enfermedad, m&aacute;s que una relaci&oacute;n &uacute;nica de causa-efecto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Enfermar supone enfrentarse a un mundo hasta entonces desconocido y negado. Todo individuo cuando enferma experimenta una serie de reacciones emocionales ante la enfermedad que el m&eacute;dico debe considerar. Existen muchos factores que intervienen en esas reacciones entre los que destacan la personalidad del paciente, su edad, el tipo de enfermedad, la familia y los amigos, el hospital y la personalidad del m&eacute;dico y dem&aacute;s profesionales de la salud.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cada individuo reacciona de manera diferente tras ser ingresado en un hospital, dependiendo de la naturaleza de la enfermedad, de su personalidad, y de su situaci&oacute;n vital. Algunos pacientes lo interpretan como un lugar seguro del que van a obtener cuidado y alivio en sus s&iacute;ntomas mientras que otras personas lo ven como un lugar que aumenta su ansiedad. En comparaci&oacute;n con su hogar, un hospital es un ambiente impersonal, en el que a uno, normalmente, le despojan de sus ropas, normalmente hay que compartir habitaci&oacute;n con otros, en el que tiene que adaptarse a una nueva rutina, a horarios de comidas, sue&ntilde;o y visitas y poblado de un sinf&iacute;n de caras nuevas, cada una de ellas con una funci&oacute;n concreta que desarrollar. Un hospital moderno es la empresa m&aacute;s compleja que existe. Ingresar en uno para recibir cuidados es una experiencia que no deja impasible a nadie. La medicina cient&iacute;fico-natural ha transformado edificios e instituciones creados para cuidar y albergar (tambi&eacute;n a aislar) en lugares de altas complejidad y tecnolog&iacute;a, dise&ntilde;ados para tratar f&iacute;sicamente a los pacientes m&aacute;s que a prestar atenci&oacute;n a las necesidades psicol&oacute;gicas y a la calidad de vida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los pacientes experimentan un n&uacute;mero importante de reacciones emocionales antes y despu&eacute;s de procedimientos m&eacute;dicos, que pueden ser de ansiedad (producida por un miedo al dolor o incertidumbre ante el futuro), o de depresi&oacute;n o problemas de adaptaci&oacute;n (seg&uacute;n las expectaciones que tuviera cada individuo) o de rebeld&iacute;a (frente a un destino no deseado). Lo m&aacute;s com&uacute;n es que se tenga miedo a lo desconocido, al dolor, a la posibilidad de tener una enfermedad incurable, a la destrucci&oacute;n del cuerpo o a la p&eacute;rdida de autonom&iacute;a o miedo a la muerte.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Conviene se&ntilde;alar que en ocasiones se confunde un s&iacute;ntoma como es la tristeza, con la depresi&oacute;n y &eacute;sta con un diagn&oacute;stico psiqui&aacute;trico. Sin embargo, un s&iacute;ntoma aislado no es necesariamente patol&oacute;gico (la tristeza no tiene por qu&eacute; serlo) y no constituye por s&iacute; mismo un trastorno. La tristeza es s&oacute;lo uno de los s&iacute;ntomas del s&iacute;ndrome depresivo, ciertamente uno de los m&aacute;s importantes pero, no es suficiente ni necesario para considerar que alguien tiene un cuadro depresivo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La tristeza y la depresi&oacute;n permiten sobrevivir al que las padece, en un mundo que ha perdido su sentido tras la p&eacute;rdida que las provoc&oacute; y llaman la atenci&oacute;n sobre otros valores y realidades: la del l&iacute;mite de la propia libertad. Conocer el sentido de la tristeza y la depresi&oacute;n ayuda a conocer al hombre. Tambi&eacute;n ayuda al m&eacute;dico cuando a de tratar las formas patol&oacute;gicas y a los enfermos y a sus familias a comprender lo que los tratamientos modernos pueden ofrecer. Estar enfermo- como trastorno natural- es lo m&aacute;s importante que el paciente deprimido tiene que asumir, todo lo que en el fondo le ocurre a nivel personal es generado, precisamente, por la exigencia de acomodarse al modo de experimentarse a s&iacute; mismo en la relaci&oacute;n con las realidades de su mundo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las enfermedades del coraz&oacute;n, como por ejemplo las arritmias o las enfermedades de las arterias coronarias producen mucha ansiedad y el miedo ante la muerte es constante. La insuficiencia respiratoria o la dificultad en respirar producen un estado de ansiedad agudo que se resuelve cuando la situaci&oacute;n revierte. El diagn&oacute;stico de c&aacute;ncer produce miedo y las enfermedades de transmisi&oacute;n sexual como el SIDA producen adem&aacute;s de miedo sentimientos de culpa, con frecuencia. Las enfermedades cr&oacute;nicas como una insuficiencia renal, artritis reumatoide, diabetes mellitus, producen diversas respuestas que van desde su aceptaci&oacute;n hasta su negaci&oacute;n rechazando el tratamiento. La ausencia de privacidad, miedos a la cirug&iacute;a y a otros tratamientos y el ver que otros pacientes mueren aumentar&aacute; su ansiedad.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana">Depresión y ansiedad</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Las depresiones y los trastornos de ansiedad son, y viene si&eacute;ndolo desde hace unos decenios, un tema de inter&eacute;s no s&oacute;lo por parte de los psiquiatras, sino tambi&eacute;n de los m&eacute;dicos y de la poblaci&oacute;n general. Su prevalencia es elevada y adem&aacute;s va en aumento, se sabe que una de cada cinco personas presentar&aacute; un trastorno del estado de &aacute;nimo durante toda su vida y en los pacientes con alguna patolog&iacute;a m&eacute;dica se presenta en un 10 a 20% de los casos, siendo las cifras m&aacute;s elevadas en grupos concretos de enfermedades como las cardiovasculares, las oncol&oacute;gicas o las neurol&oacute;gicas. As&iacute; la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, estima que la depresi&oacute;n unipolar, s&oacute;lo una de las causas de depresi&oacute;n, ser&aacute; la segunda causa de discapacidad en el a&ntilde;o 2020. Otro aspecto importante es que cada vez est&aacute; m&aacute;s clara su influencia negativa en la evoluci&oacute;n de patolog&iacute;as f&iacute;sicas, habi&eacute;ndose demostrado que los pacientes depresivos tienen un a mortalidad (no s&oacute;lo atribuible al suicidio) superior a la de la poblaci&oacute;n general. Por otro lado genera una discapacidad funcional mayor que el resto de las enfermedades m&eacute;dicas cr&oacute;nicas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todo esto hace que adquiera una importancia notable en todos los programas de prevenci&oacute;n y gesti&oacute;n de la salud. No es una enfermedad que concierna &uacute;nicamente al especialista, ya que a &eacute;ste s&oacute;lo llegan el 10% de los casos, pues el resto son vistos por otros m&eacute;dicos no psiquiatras o no acuden a ninguna consulta.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los trastornos depresivos alcanzan en la comunidad una prevalencia anual cerca al 5% de la poblaci&oacute;n, con una prevalencia para toda la vida de un 15%. La edad media de comienzo de la depresi&oacute;n en los diversos estudios se sit&uacute;a pr&oacute;xima a los 30 a&ntilde;os, siendo similar en los dos sexos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La prevalencia de depresi&oacute;n es significativamente m&aacute;s alta en poblaciones en contacto m&eacute;dico, como es el caso de los servicios de atenci&oacute;n primaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre los factores sociodemogr&aacute;ficos destaca el sexo, siendo la prevalencia para los trastornos depresivos el doble en la mujer que en el var&oacute;n, al menos en edades medias de la vida. Adem&aacute;s el riesgo de cronicidad es mayor en la mujer. Las diferencias entre los sexos no tienen una causa clara, pero sin duda intervienen tanto factores socioculturales (mayor expresi&oacute;n de quejas ps&iacute;quicas en la mujer, obligaciones dom&eacute;sticas y familiares), como biol&oacute;gicas (hormonales). El estado civil de "previamente casado" (separado o divorciado) es el que con m&aacute;s frecuencia se asocia a padecer trastornos depresivos mayores. Finalmente, una amplia red de apoyo social parece ser un claro factor de protecci&oacute;n de la depresi&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La depresi&oacute;n es un trastorno emocional que se caracteriza b&aacute;sicamente por alteraciones del humor, tristeza, disminuci&oacute;n de la autoestima, inhibici&oacute;n, fatiga, insomnio, pensamientos negativos y que tiene como consecuencia la disminuci&oacute;n de la actividad vital, es decir, le impide desarrollar con normalidad las actividades de la vida diaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La depresi&oacute;n y la ansiedad se consideran entidades aut&oacute;nomas en las diferentes clasificaciones diagn&oacute;sticas actuales, pero en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica ambas coexisten con frecuencia. La distinci&oacute;n de estos cuadros no resulta f&aacute;cil, ya que ambas entidades cursan con trastornos del sue&ntilde;o, alteraciones del apetito, d&eacute;ficit de atenci&oacute;n y concentraci&oacute;n, cansancio, astenia, irritabilidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las pautas principales de clasificaci&oacute;n de los trastornos del humor (afectivos) han sido seleccionados por razones pr&aacute;cticas, para permitir identificar con facilidad los trastornos cl&iacute;nicos m&aacute;s frecuentes. As&iacute;, se han diferenciado los episodios &uacute;nicos de los trastornos bipolares y de otros trastornos que presentan m&uacute;ltiples episodios, ya que gran parte de los enfermos tienen un solo episodio. Tambi&eacute;n se ha dado importancia a la gravedad por las implicaciones que tiene para el tratamiento y la asistencia. Es necesario tener en cuenta que el modo de distinguir los diferentes niveles de gravedad sigue siendo problem&aacute;tico; los tres niveles, leve, moderado y grave se incluyen aqu&iacute; por el deseo de muchos cl&iacute;nicos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La depresi&oacute;n del estado de &aacute;nimo var&iacute;a escasamente de un d&iacute;a para otro y no suele responder a cambios ambientales, aunque puede presentar variaciones circadianas caracter&iacute;sticas. La presentaci&oacute;n cl&iacute;nica puede ser distinta en cada episodio y en cada individuo. Las formas at&iacute;picas son particularmente frecuentes en la adolescencia. En algunos casos, la ansiedad, el malestar y la agitaci&oacute;n psicomotriz pueden predominar sobre la depresi&oacute;n. La alteraci&oacute;n del estado de &aacute;nimo puede estar enmascarada por otros s&iacute;ntomas, tales como irritabilidad, consumo excesivo de alcohol, comportamiento histri&oacute;nico, exacerbaci&oacute;n de fobias o s&iacute;ntomas obsesivos preexistentes o por preocupaciones hipocondríacas. Para el diagn&oacute;stico de episodio depresivo de cualquiera de los tres niveles de gravedad habitualmente se requiere una duraci&oacute;n de al menos dos semanas, aunque per&iacute;odos m&aacute;s cortos pueden ser aceptados si los s&iacute;ntomas son excepcionalmente graves o de comienzo brusco.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un aspecto importante en el diagn&oacute;stico diferencial de la depresi&oacute;n es la relaci&oacute;n de los s&iacute;ntomas depresivos, las enfermedades m&eacute;dicas y el uso de f&aacute;rmacos. Las relaciones entre ellos son variadas. Es posible que la enfermedad m&eacute;dica cause depresi&oacute;n, que la propicie en alguien susceptible o que la depresi&oacute;n sea secundaria a los problemas generados por la enfermedad m&eacute;dica o que ambas coexistan por azar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En las enfermedades neurol&oacute;gicas son frecuentes los s&iacute;ntomas depresivos, sucede tanto en las demencias como en los accidentes cerebrovasculares o ictus, en los que hasta en un 25% de los casos se cumplen criterios de depresi&oacute;n mayor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En enfermedades metab&oacute;licas como la diabetes, la incidencia de depresi&oacute;n es tres veces superior a la de la poblaci&oacute;n general.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se sabe que los pacientes depresivos tienen una mortalidad de origen cardiovascular aumentada, los criterios de depresi&oacute;n mayor se cumplen en un 25% de los sujetos con un infarto de miocardio reciente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, dentro de las enfermedades infecciosas, los pacientes con SIDA sufren con frecuencia cuadros depresivos mayores adem&aacute;s de los trastornos adaptativos. Los pacientes oncol&oacute;gicos presentan cl&iacute;nica de depresi&oacute;n en un 25% de los casos, la frecuencia es mayor en determinados tumores (cabeza de p&aacute;ncreas, digestivos).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los f&aacute;rmacos, en especial algunos f&aacute;rmacos cardiovasculares (como betabloqueantes) y hormonales (anticonceptivos orales y corticoides), neurol&eacute;pticos y anticolin&eacute;rgicos son capaces de causar cl&iacute;nica depresiva. Dentro de las sustancias, el abuso de alcohol, es por su frecuente consumo una causa importante de sintomatolog&iacute;a depresiva.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 4th edition. Washington. American Psychiatric Association; 1994.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607309&pid=S0212-7199200700050000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Goodwing FK, Ghaemi SN: An introduction to an historial review of mood disorders: En New Oxford Textbook of Psychiatry, eds: Gelder MG, L&oacute;pez Ibor JJ Jr, Andreasen NC. Oxford University Press; 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607310&pid=S0212-7199200700050000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Grau A, Comas P, Su&ntilde;er R, Pel&aacute;ez E, Sala L, Planas M. Evoluci&oacute;n de la ansiedad y de la depresi&oacute;n detectada durante la hospitalizaci&oacute;n en un servicio de Medicina Interna. An Med Interna (Madrid) 2007; 24: 212-216.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607311&pid=S0212-7199200700050000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. ICD-10 International Classification of Mental and Behavioural Disorders: Clinical descriptions and Diagnostic Guidelines. Ginebra. 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Boundaries of major depression: an evaluation of DSM-IV criteria. Am J Psychi 1998; 155, 172-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607314&pid=S0212-7199200700050000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. L&oacute;pez Ibor JJ. Las neurosis como enfermedades del &aacute;nimo. Editorial Gredos. Madrid; 1966.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607315&pid=S0212-7199200700050000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. L&oacute;pez-Ibor Ali&ntilde;o JJ, Ortiz Alonso T, L&oacute;pez-Ibor Alcocer MI. Lecciones de Psicolog&iacute;a M&eacute;dica. Barcelona: Masson; 1999.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607316&pid=S0212-7199200700050000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. L&oacute;pez-Ibor Ali&ntilde;o JJ. Las Depresiones. Progresos en su diagn&oacute;stico y tratamiento. Barcelona: Toray; 1977.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607317&pid=S0212-7199200700050000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Priest RG, Baldwin D. Depression and Anxiety. Eds Mart&iacute;n Dunitz LTD UK; 1992.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=607318&pid=S0212-7199200700050000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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